RETORNO

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El camino vacilante rumbo a Konoha parecía un recorrido conocido, sin embargo a travesar la espesa yerba marchita con Naruto a cuestas enlentecía su paso abismantemente. Enfrentar el mundo tras lo ocurrido entre ellos parecía un golpe de realidad palpitante. La nieve bajo sus pies únicamente resonaba en los nítidos recuerdos de lo vivido dentro de la prisión.

Se detuvieron cuando el atardecer se alzó deslumbrante entre tonos anaranjados y rojizos, Naruto aún desmayado parecía esta vez descansar cual niño en los brazos de su madre. Se recuperaba lentamente conforme su equilibrio parecía florecer en los cuidados brindados por la pelirosa.

Hablar menos de lo adecuado era una ardua labor para sobrellevar con tanta resistencia a cuestas. Traspasar los límite en su cercanía parecía un determinante peligroso especialmente si se encontraban a campo abierto. Sin embargo, la confianza instaurada permanecía estática, en silencio, expectante. Enmarcada en la contemplación de la pesadilla por donde transitaban.

Conseguir alimento en aquellas circunstancias era aún más difícil de lo esperado. Pero las provisiones se habían terminado y sus estómagos comenzaban a resentir el hambre; alzaron las tiendas de campaña junto a un precipicio que los resguardaría del frío nocturno, y sin más demoras antes que la oscuridad arrasara nuevamente, Sasuke se dispuso rumbo al humedal congelado. Extender la electricidad a lo largo del agua parecía simple y eficaz a la hora de alimentarse, sin embargo, debía reconocer el respeto hacia la vida que había surgido en su interior tras todo lo acontecido en su existencia, incluso si aquello significaba demorar su alimento, prefería apresar únicamente lo necesario para sobrevivir. Aunque aquella no fuera su actividad de caza predilecta.

- Naruto no debe quedar sin resguardo – soltó al sentir los pasos a través de la nieve.

La muchacha sonrió ante aquella familiaridad, Sasuke se preocupaba, siempre se preocupaba aunque se esforzara por permanecer desinteresado.

- Solo estamos a cien metros del campamento, no pasará nada – respondió tomando lugar frente al orificio circular sobre el hielo.

- ¿Lo habías hecho antes? – cuestionó observando la escarcha bajo sus pies trisarse debido al peso de ambos sobre la gruesa capa de hielo en que se había convertido la laguna.

- No – respondió con dificultad.

Quiso expresar su incomodidad, sin embargo, el ego en su interior le impidió desmoronar su orgullo. Pescar con una extremidad se había convertido en una de las tantas situaciones difíciles de realizar aun pese a sus esfuerzos.

Sakura no pudo evitar la sonrisa que escapó inconsciente ante la imagen del muchacho tensando el hilo con su boca.

- Yo lo haré – ofreció desanudando el nudo mientras liberaba la hebra plástica de los labios del pelinegro.

La observó moverse con ligereza posicionando sus manos sobre el carrete atado a la madera.

- Soy experta en esto – se mofó divertida.

- ¿ah sí? – cuestionó el pelinegro con un bufido de incredulidad.

- Parte del entrenamiento con Lady Tsunade consistía en practicar con peces vivos. – respondió altanera- luego los regresaba al agua … pero sacarlos era el problema.

Sasuke asintió cautivo en el hielo acumulado sobre el rosa pálido ante el frío. Existían muchos aspectos en la chica que difícilmente hubiese podido imaginar.

Para ella, el silencio instaurado no incomodó su labor. Únicamente la distraían los ojos fijos sobre su perfil. Fue tan intensa la complicidad en sus cuerpos que los segundos trascurridos únicamente dejaron mella en el nuevo hielo sobre sus cabellos; el muchacho se acercó para retirar la escarcha de las hebras congeladas, disfrutando el roce de sus yemas con el suave toque de estas sobre la piel blanquecina.

Sakura no alcanzó a girar su rostro cuento el hilo en sus manos se tensó soltándose a través del hielo. Se inclinó rápidamente para sostenerlo mientras luchaba contra un contrincante digno anclado en el extremo oculto bajo el agua.

La pelirosa entre la dura batalla llevada a cabo con el gran pez, observó a Sasuke incorporarse a su lado pasmado ante la envergadura trasparentada a través del hielo congelado.

- ¡Es enorme! – exclamó radiante- ¡Y es hermoso!

Los colores del arcoíris se reflejaban con el atardecer lejano, brillando en matices verdes escamados.

La muchacha asediada por aquel balanceo constante se dispuso a tomar firmemente el hilo en sus manos y sin medir la fuerza aplicada cerró los ojos aplicando más energía de la necesaria.

- ¡Shannaro! –gritó en el instante que el pez atravesó el hielo saltando sobre los aires para caer sobre su cuerpo. La fuerza desmedida la lanzó fuertemente hacia atrás de espaldas al piso con el hilo enredado sobre su cuerpo y presa sobre su pecho.

Se mantuvo en aquella posición unos segundos intentando recobrar sus pensamientos, sin embargo fue el sonido del hielo trisándose lo que liberó la congoja en su estómago.

Se sentó sobre el rio congelado para observar al pelinegro caminar hacia ella con una sonrisa en el rostro.

- Experta pescando… -musitó sarcástico.

- ¡No es divertido! – exclamó en falso enojo antes de reír conforme el pez se retorcía en sus piernas.

El muchacho extendió su brazo en señal de conformidad, sin embargo, el hielo comenzó a fracturarse desde el agujero por donde pescaban hasta su posición alejada de la orilla.

- Salgamos de aquí –sugirió Sakura cogiendo la mano para posicionarse junto al Uchiha.

Se observaron mientras a su alrededor el crujir bajo sus pies no parecía intimidar su complicidad.

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Abrió los ojos confundido. Bajo la tela gris pudo reconocer lo que era su tienda de campaña. Sin embargo los recuerdos vagos le impedían determinar su ubicación.

A lo lejos podía evidenciar arboles fracturarse y lo que parecían copos de nieve caer sobre la tierra infértil; sacudió su cabeza reconociendo la absoluta soledad a su alrededor mientras acudía fuera de las telas en busca de sus compañeros.

Una carcajada lejana llamó inmediatamente su atención y sin pensarlo se incorporó rápidamente entre el tambaleo de sus tobillos. De pronto, una situación inadvertida pasmó sus sentidos. A su alrededor pese a la nieve, el sol resplandecía majestuoso.

Lo observó boquiabierto, embelesado, sintiendo paralelamente la energía nuevamente en su pecho fluía excitada. Despavorido entre adrenalina y ráfagas de chakra desembocando en cada extremidad, se dispuso caminar consciente de la supremacía en su condición.

Se acercó hacia el sonido atrayente en lo que reconoció la voz de Sakura a tan solo cien metros. Entre ramas secas y sin intenciones escondidas se plantó frente a sus compañeros con una sonrisa en el rostro. Sin embargo, su ánimo se desmoronó ante lo observado.

Sakura se apresuró junto a Naruto dejando al Uchiha de pie tras ella. Sonrojada por lo expuesto ordenó su cabello rápidamente sin dar cabida a la exposición.

- ¡Has despertado! –conjeturó caminando hacia el rubio estático.

El muchacho asintió revuelto mientras el beso observado de mantenía paralizado en su retina.

- Estoy algo confundido – musitó de pronto intentando aclarar su perspectiva- ¿Cuánto tiempo dormí?

El pelinegro se incorporó lentamente junto a sus compañeros saludando al Uzumaki con un leve asentimiento.

- Vamos rumbo hacia Konoha – soltó Sakura aprovechando la distracción en el rubio. El sonido de su estómago llenó el espacio a su alrededor- … comamos algo por favor.

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- ¿Cuando dices que han llegado? – cuestionó Tsunade con ambas manos sobre las caderas.

- Esta tarde – soltó Kakashi observando la panorámica a través del cristal cargado por una blanquecina capa de escarcha.

- Esos mocosos... ¿Y por qué no se han presentado junto a los demás? – alzó su tono indignada- ya es media noche.

Kakashi elevó los hombros preocupado antes de exhalar largamente.

- Confió en ellos, deben necesitar un poco de descanso – espetó retomando su lugar junto al escritorio.

- Descanso –soltó la mujer tras un bufido- aun no es momento para descansar y ellos lo saben muy bien.

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Estar en su casa le recordó los momentos antes de partir fuera de la aldea. Sus pensamientos y dudas parecían aun latentes en el ambiente. tal cual las había dejado antes de partir. sin embargo, podía asegurar ahora se encontraba en mejores condiciones para afrontar los miedos sobre su vida y las inseguridades en su realidad.

La pieza de sus padres abandonada únicamente le confirmó uno de sus grandes temores, ellos aún permanecían hospitalizados o tal vez no habían soportado la enfermedad. La culpa otra vez invadió su corazón. No se perdonaría aquellos momentos de tranquilidad entre tantas lagrimas a su alrededor. Había sido descuidada y débil. Demasiada humana para cargar sobre sus hombros una responsabilidad tan abismante.

Cubrió su cabello lo mejor posible y se dispuso a caminar por la aldea en busca de provisiones. Habían decidido presentarse al amanecer, cuando sus ideas se encontraran claras nuevamente; sin embargo, el dolor atravesó su pecho cuando evidencio los estragos en las calles desiertas y todas las tiendas desmoronadas. Pocos habían salido ilesos de la enfermedad y el resto había sucumbido ante la oscuridad incesante. Las personas que lograron sobrellevar aquello no tenían fuerzas pasa subsistir ante la helada constante.

Sin provisiones y sin ayuda externa la Aldea de la hoja perecía marchita.

Necesitaba estar sola, y a la vez, sus entrañas clamaban por ser reconfortadas. Necesitaba calor en todo aquel vago mundo de caos. Pensar en su futuro luego de la restauración parecía una lejana suposición considerando la terrible realidad vivida.

Caminó tambaleante soportando la congoja en su alma. Sabía que estaría allí, lo presentía. El pelinegro al igual que ella necesitaba al menos unas horas de descanso. Un poco de distención para retomar su parsimonia entre el mar de acciones inconscientes a las que se habían acostumbrado aquellos días en solitario.

Y es que todo había ocurrido demasiado repentino.

Naruto los había observado en la ribera del rio, y entonces el silencio instaurado entre los tres se había transformado en una constante carga sobre sus hombros. Tal vez el rubio simplemente necesitaba una explicación al respecto. De cualquier forma, una vez arribaron a Konoha se distanciaron acordando reunirse nuevamente al amanecer. Demasiada tensión como para correr hacia Kakashi. Demasiado miedo al fracaso.

Demasiado miedo a ser descubiertos.

Abrazó su cuerpo alzando el rostro hacia el segundo piso de apartamentos. Dispuesta a subir las escaleras su ánimo se nubló al observar una mujer de pie frente a la habitación.

Se ocultó tras la muralla meditando lo adecuado de escuchar la conversación, sin embargo, antes de atreverse a cruzar nuevamente el pasillo lejos de allí, ya se encontraba demasiado atenta en lo escuchado.

- ¡Solo deja que entre unos minutos! –exclamó la chica decepcionada.

- Karin – soltó el muchacho indiferente.

-Me lo debes – refutó la peliroja tras recomponer su seriedad - yo no olvido que me lo debes.

Sakura se mantuvo expectante unos minutos, con los puños cerrados y el sudor frio corriendo por su nuca. Tal vez en otras circunstancias aquello no era de su interés. Sin embargo, conocía lo ocurrido entre ellos y no pudo evitar la ansiedad ante las claras intenciones en la muchacha.

El sonido de la puerta cerrándose sobresaltó su concentración.

Mordió su labio inferior ante las locuras cruzando su mente. sin embargo, la única voz que decidió escuchar fue la de ella necesitando permanecer allí hasta que la chica saliera del apartamento; cruzó los brazos sobre su pecho y aparcó su espalda a la pared de asfalto.

Con el ceño fruncido consideró reiteradas veces lo patético en su condición. Permanecer bajo el frio cuidando la entrada hacia el apartamento de un hombre no era parte de la nueva Sakura resuelta, madura y desconectada de sus sentimientos. Simplemente era la confirmación a sus temores. Continuaba en ella la carencia de orgullo suficiente como para esperar su turno en la fila.

Indignada, observó en su reloj la validación a su dramática agonía. Había transcurrido casi hora desde el ingreso de Karin en la habitación. El nudo en su estómago se intensificó al no oír señales de enfrentamiento o algún indicio de lo acontecido dentro de aquellas cuatro paredes.

Harta de la incertidumbre cubrió su cuerpo con mayor intensidad ante la inclemencia de la nieve, y se dispuso a desaparecer de la faz de la tierra.

Camino rauda hacia su casa, con los brazos cruzados y el corazón en la boca.

No podría mantener parquedad si no aclaraba las cosas con el Uchiha. Mantener compañerismo o amistad en medio de aquella incertidumbre devoraba de angustia sus suposiciones. Realmente incluso si lograban detener la pesadilla, Sasuke retomaría su camino fuera de Konoha dejándola sumida en el olvido.

La figura de un hombre apoyado en la puerta de su casa, provocó la sorpresa en sus corazonadas.

- ¡Sakura-chan! – exclamó el rubio descubriendo su capucha.

- Naruto… -confirmó frente al muchacho.

- Te espero hace horas – soltó risueño con los labios morados y la nariz escarchada.

- ¿Qué haces aquí? – cuestionó invitándolo a ingresar en su hogar sin detenerse a meditar mayormente en aquel acto desinteresado.

- Pensé que podríamos comer algo – ofreció señalando la bolsa en su mano.

- ¿!Dónde has conseguido eso?! –exclamó la muchacha tomando los alimentos entre sus manos.

- Conozco esta aldea mejor que nadie – confesó señalando su pecho con el pulgar de su mano vendada.

Sakura lo observó clavando su vista en aquellas vendas.

- ¿Cómo está Hinata? – cuestionó luego de una larga pausa mientras introducía la sopa instantánea en una cacerola sobre el fuego.

El silencio en el Uzumaki únicamente intensificó su interés.

- No la has visitado... – concluyó con ambas manos sobre sus caderas.

De pronto la confesión en sus miradas fue interrumpida por el sonar de la puerta.

Sakura caminó hacia la entrada deteniéndose súbitamente en el umbral ante la figura bajo la nieve.

- Sasuke… - musitó desinteresada.

- ¡Sasuke! – exclamó el rubio uniéndose tras la pelirosa- ¿también vienes a cenar con Sakura-chan? – soltó risueño.

La mirada en los hombres se cruzó indeterminada. Culminada por el silencio espectral que los rodeo.

El aroma de la comida quemándose salvó a Sakura de la incomodidad en su rostro.

- Bien, creo que no hay forma en que cenemos comida decente – concluyó intentando sofocar la sopa pegada al aplicar agua sobre lo rostizado.

- Yo lo arreglo – comentó Naruto haciéndose cargo de la cocina.

Sakura posicionó sus manos sobre sus cadera evitando cruzar miradas con el pelinegro descalzo junto a la mesa donde hace tan solo unos meses habían estado planificando su viaje fuera de Konoha.

- bien… Tengo una idea – soltó la pelirosa subiendo las escaleras hacia su habitación- Tsunade- sama trajo esto en mi cumpleaños -gritó desde la segunda planta.

Bajó la escalera con la botella en sus manos y la cinta de regalo atada al cuello largo y delgado.

- Sakura… - llamó Sasuke con los ojos entrecerrados y con claras intenciones de abandonar el lugar.

- No, Sasuke, escucha – interrumpió tenaz- no estamos celebrando nada, porque no hay nada que celebrar. Más bien… - tragó saliva temerosa- tan solo debemos beber.

Naruto se incorporó junto a sus compañeros, con la cuchara de madera en una mano y los ojos abiertos en expectación.

- Debemos reconocer que nuestras vidas han estado desmoronadas desde hace meses. Quizás no es la mejor forma pero… Naruto no me veas así – soltó ante la mirada divertida del muchacho mientras destapaba la botella y se acercaba hacia el estante de copas- tú ni siquiera sabes si aún te quieres casar con Hinata– lanzó mordaz sirviendo una copa y empujándola hacia el pecho del muchacho.

- ¡Hey! – exclamó el Uzumaki perplejo.

- Y tú Sasuke… -sirvió la copa y la ofreció al pelinegro sin embargo fue incapaz de determinar las palabras en sus pensamientos- tu solo bebe.

El muchacho aceptó la copa entre sus dedos con el ánimo menoscabado y la mirada fija en la pelirosa.

- Y tú bebes por..? –cuestionó el rubio probando un sorbo del licor.

Sakura sirvió su copa y sin preámbulos la bebió completamente. El gesto de disgusto duró lo suficiente como para provocar en su nariz una mueca divertida.

- Mi problema continua siendo el mismo– soltó caminando nuevamente hacia la cocina con las piernas tambaleantes y el equilibrio desestabilizado no sin antes dedicar una mirada acusadora al pelinegro junto a ellos - tengo una botella por cada cumpleaños - agregó desde la otra habitación.

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Hola hola

He tenido meses terribles. terribles. Pero al menos con salud.

Cuéntenme que tal sus vidas!

ah y vi en Twitter algunas recomendaciones sobre esta historia :3 GRACIIIAS

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