Disclaimer: South Park es propiedad de Trey Parker y Matt Stone.
Capítulo 5
La noche del jueves, el día de la primera audiencia en la corte del caso Pirrup, lo primero que Kyle hizo tras despertar fue revisar su teléfono. Tenía mensajes de Bebe, algunos de Stan y, como de costumbre, varios de su madre. Se levantó de la cama. A su lado, Eric seguía durmiendo, por lo que besó su frente y luego salió de la habitación. El sol ya se había ocultado tras las montañas, aunque la luz no había desaparecido del todo.
Todavía no se acostumbra al hecho de que, a determinada hora, justo cuando el sol ya no estaba en el firmamento, sus ojos simplemente se abrían y toda la movilidad volvía a su cuerpo. Cuando ocurrió durante la segunda noche, se incorporó de golpe sintiendo que iba a hiperventilar, mientras todos los recuerdos difusos de lo ocurrido desde su encuentro con Cartman hasta que se había quedado dormido en sus brazos, lentamente se aclaraban. Se giró a ver a Eric y por un momento temió que estuviera muerto. En algún momento, durante el día, había dejado de abrazarlo y ahora yacía tendido a su lado con las manos sobre su pecho en una posición que recordaba a un hombre yaciendo en su féretro durante su funeral. Lo único que desmentía eso era el acompasado movimiento de su pecho, aunque era tan ligero que seguramente para un humano debía resultar imperceptible.
Sacudió la cabeza para despejar esos recuerdos y se dirigió a la sala para escuchar sus mensajes de voz.
Bebe le confirmó que pudo estar en la corte con Phillip, pero le urgía a que la llamara lo antes posible. Eso solamente significaba una cosa: el juicio no iba muy bien. Suspiró ante eso. Ya lo esperaba, así que ahora únicamente restaba mantener la esperanza de que las cosas no estuvieran tan mal.
El primer mensaje de Stan le pedía que se comunicará cuanto antes. El segundo era igual, aunque sonaba algo preocupado. Su amigo tenía motivos. Había estado tratando de evitar el momento lo más posible, no quería que Stan lo viera convertido en un monstruo, por más que no tenía forma de saber que estaba ocurriendo. Había un tercer mensaje:
«¡He estado tratando de comunicarme por tres días! ¡Por favor, Kyle, responde! Si pasa algo podemos ayudarte. Wendy también está preocupada».
Cerró los ojos mientras se dejaba caer en el sofá y las lágrimas de sangre volvían a deslizarse por sus mejillas. Los mensajes cada vez más desesperados y preocupados de su madre no lo ayudaron a sentirse mejor.
—¿Kahl? —La voz de Eric lo hizo levantar la cabeza y enjugarse las lágrimas.
Su compañero estaba de pie en el pasillo observándolo con una expresión de tristeza en el rostro.
—¿Alguna vez el dolor se detiene? —preguntó con voz temblorosa.
Como toda respuesta, recibió una negación con la cabeza.
—Aprendes a vivir con él, pero es todo.
Kyle esperaba una respuesta como esa, no obstante, eso no quitaba que fuera aún más desalentadora.
Permanecieron en silencio unos momentos, mientras Kyle miraba el teléfono como si fuera un instrumento diseñado para torturarlo. Cartman se acercó a él y se sentó a su lado. No era necesario decir nada de momento, su mera presencia resultaba reconfortante: no estaba tan solo como pensaba. Kyle no pudo evitar preguntarse cómo había hecho Eric para no enloquecer durante ese año forzado a enfrentarse a la soledad de la noche por sí mismo; sin nadie con quien hablar o siquiera hacer algo tan simple como sentarse al lado de un amigo, sabiendo que entendía lo que estaba pasando.
Finalmente llamó a Bebe. Efectivamente, las cosas en el caso Pirrup no estaban nada bien. Las inconsistencias encontradas por él y Eric no habían sido suficientes para voltear las cosas a su favor.
—Realmente —dijo Bebe—, no creo que Phillip se sienta mejor con otra persona que no sea tú en la corte. Su nerviosismo no ayuda en nada a su situación. Sé que el médico te dijo que debías alejarte un poco de todo esto, pero deberías considerar ocuparte de este juicio.
—Bebe, realmente en estos momentos… —Suspiró. Hizo una pausa antes de responder—. Veré que puedo hacer. Consultaré al médico. Gracias por todo. —Colgó.
Respiró profundamente una vez, antes de marcar a la siguiente persona en su lista. El teléfono sonó varias veces antes de que respondieran.
—¡Kyle! —La voz de Sheila se escuchó al instante, sin dejarle siquiera saludar—. ¡Ya era hora! ¡He estado muy preocupada! —Era más que obvio, a pesar de que Kyle no era más un niño, eso no quitaba el hecho de que su madre llamara cada tres días para asegurarse de que todo estaba bien. A veces pensaba que se detendría el día que finalmente encontrará una buena chica judía y se casara, aunque últimamente eso parecía cada vez más imposible. Y con los acontecimientos de tres noches atrás… En fin, ahora no había posibilidad alguna de que pasara—. No respondes llamadas en casa, ni el celular y en tu oficina me dicen que te has reportado enfermo los últimos días. ¿Tienes idea de lo preocupados que nos tienes a tu padre y a mí?
—Lo siento mamá…, yo… —Se mordió el labio sin saber qué decir—. Quería llamar antes, pero las cosas han estado complicadas.
—¿Estás bien? —La preocupación en el tono de Sheila Broflovski no hacía más que incrementar la culpabilidad y el dolor de Kyle por lo que tenía que hacer a su familia y amigos: aislándolos de su vida casi por completo. Eso es mejor que nada, se dijo, si tuviera que renunciar definitivamente a ellos no sabía si podría soportarlo—. Si estás muy mal, dímelo, Kyle. ¿Quieres que vaya para allá? Estaré allí mañana mismo a primera hora.
—No es necesario, mamá, ya me siento mejor. El doctor dice que solamente fue la presión por trabajar tanto sin tomarme tiempo para descansar. Un par de semanas de descanso y todo estará bien.
—Bien, únicamente espero que estés siendo sincero. Si es algo peor y no lo dices…
—No te preocupes, mamá, todo está bien. Te llamaré pronto, lo prometo. Ahora creo que debo volver a descansar.
—Está bien, cuídate mucho, Bubbe.
—Lo haré, mamá. Te amo, y dile a papá que también lo amo.
Antes de que Sheila pudiera agregar algo más, Kyle le había colgado.
Bajó el teléfono mientras soltaba el aire que había estado sosteniendo durante la mayor parte de la conversación.
—Lo siento, Kahl —se disculpó Eric, mientras lo acercaba en un abrazo reconfortante.
—No es tu culpa.
—Lo es. Si no fuera por mí, Kenny posiblemente nunca hubiera sabido de…
Se interrumpió cuando Kyle le hizo una señal para que no siguiera.
—Kenny te hizo esto y luego me lo hizo a mí. No es tú culpa, es suya. Él decidió maldecirnos.
Cartman asintió, aunque eso no hacía que su culpa disminuyera.
—Al contrario —siguió Kyle—, considero que debo agradecerte. Si no fuera por ti no podría soportar todo esto. Gracias.
Volvió a levantar el teléfono y se preparó para marcar al último número de su lista.
—Solamente esta llamada y luego iremos a… —Dudó un poco, pero finalmente terminó con un susurró—: Cazar.
El teléfono de la casa de Stan sonó varias veces hasta que finalmente Wendy respondió.
—Buenas noches —saludó él.
—¡Kyle! No sabes lo preocupados que estábamos. Stan lleva tres días tratando de localizarte.
—Sí, lo sé. Perdonen, no había podido llamar antes. ¿Se encuentra Stan? —Kyle sabía que el trabajo de su amigo en el Departamento de Policía de Denver a veces le hacía volver a casa hasta muy tarde. Era curioso, mientras que él y Cartman habían estudiado leyes, su amigo criminología y ahora era parte del cuerpo de policía de la ciudad.
—Ha estado llegando tarde últimamente. Lo ascendieron.
—Oh, así que lo consiguió. —Stan se había graduado a la cabeza de su clase, pero antes de poder ser un detective del departamento propiamente dicho, tenía que pasar varios años de estudio extra en la academia de policía y, por supuesto, algunos años de servicio como un policía común.
La voz de Wendy se escuchó un poco más baja. Al parecer, Marshall, el hijo de Wendy y Stan, había entrado a la habitación. Era un niño de cinco años. Preguntó a su madre quien llamaba y Wendy le respondió que era su tío Kyle. Luego le dijo que regresara a la cama.
—Sí —volvió Wendy a la conversación—. Desde el martes ya es detective. Se suponía que no empezaría a trabajar en su nuevo puesto hasta el próximo lunes, sin embargo, al parecer surgió algo que lo obligó a empezar desde ayer mismo.
—Espero que en nada muy peligroso.
—Bueno, no ha querido darme detalles. Dice que es algo muy horrible y puede provocarme pesadillas. Espero que no sea el caso del Incendiario.
Kyle dio un respingo ante eso. Era el apodo que algunos medios habían puesto al hipotético responsable de los extraños asesinatos con cuerpos incinerados hallados por toda la ciudad, bajo la teoría que no tenía nada que ver con pandillas o droga, sino con un asesino serial. En cierto sentido, era lo segundo, de acuerdo a lo que sabía ahora. Bueno, tal vez sería mejor decir que eran dos asesinos en serie. Tres si contaba a Kenny.
—¿Qué hay de ti? —La voz de Wendy le sacó de tus cavilaciones—. Bebe nos dijo que habías estado enfermo. Fui a buscarte a tu piso hace un par de días, pero no estabas.
—Eh, sí, no te preocupes. Solo fue algo de cansancio.
—Trabajas demasiado.
—Es lo que todos, incluso el médico, me dicen. No obstante, ya estoy mejor. Aproveché las vacaciones forzadas para hacer algunos pendientes ajenos al trabajo, por eso no he estado en casa estos días.
—Si es cansancio, deberías quedarte en casa, Kyle. —La voz de Wendy sonaba como un reproche casi maternal. Básicamente, ella se había tomado la misión de «cuidar» de Kyle, puesto que vivía solamente y sin novia conocida. Sabía que ese hecho había creado algunos rumores a su alrededor, rumores que la verdad le daban igual y más ahora que las banalidades mortales parecían esfumarse de su mente.
—Lo sé. No te preocupes, he estado descansando lo suficiente. Tengo que irme, saluda a Stan de mi parte y felicítalo.
—Claro. Cierto, casi lo olvido. El próximo sábado tendremos una cena para celebrar su ascenso a detective. Sería un placer que nos acompañaras.
—Gracias por la invitación. Yo… —Respiró profundamente para calmarse—. Trataré de estar allí. Buenas noches, Wendy.
Su amiga le indicó que la reunión sería a las ocho de la noche del sábado. Y luego colgó.
—Hay que inventar algo mejor que esa excusa de «el médico ordenó que descansara debido al estrés y la presión del trabajo» —dijo Cartman en cuanto Kyle terminó de hablar.
—Lo sé. Es solamente que…
—Ya se nos ocurrirá algo —interrumpió Eric.
El pelirrojo asintió. Sí, pero debía ser cuanto antes.
—¿Qué harás con respecto a la fiesta de Stan?
La pregunta tomó por sorpresa a Kyle. Era bastante claro que únicamente podía hacer una cosa.
—No puedo ir, ¿no es obvio?
—Sería más sospechoso que no fueras —replicó Eric—. Ya suficiente hay con que estés evadiendo a Stan. Sospechará que algo más pasa y entonces lo tendremos encima. Sabes cómo es, sobre todo en lo que respecta a su supermejor amigo.
La mirada de Kyle se ensombreció un poco al pensar en eso. Stan y él estaban tan unidos que seguramente todo ese aislamiento, aunque no fuera por más de una semana, comenzaba a desesperarlo. Es decir, debía resultar algo completamente extraño que de pronto haya cortado todo contacto y ni siquiera le avisara nada sobre su supuesto estado de salud, permitiendo que se entera por Bebe y otros conocidos comunes. Oh, y las visitas al bar. Generalmente, acudían a tomar copas dos o tres noches por semana a un bar de la calle Logan, cerca de la catedral de la Inmaculada Concepción. Recordó que precisamente la noche del lunes, en la cual se había encontrado con Eric y Kenny en su despacho por primera vez, le había cancelado debido al trabajo del caso Pirrup. Eso no hizo más que acrecentar su culpa.
Cerró los ojos, respiró profundamente y luego respondió casi en un susurro:
—Lo sé. —Tardó un poco en tranquilizarse y luego añadió aún en voz baja—: Sin embargo, no puedo evitar pensar que en cuanto me vea sospechara algo.
—Iré contigo.
Kyle lo miró ahora con verdadera sorpresa. Cartman lo tomó de la mano y apretó un poco para darle confianza.
—Aprovecharemos para que aprendas a mezclarte entre los humanos sin que siquiera noten nada. Incluso hay una forma de aparentar que estás comiendo y bebiendo.
—Stan se dará cuenta, nos conoce muy bien —insistió.
—Tal vez noté algo, pero si es una cena para celebrar su ascenso, lo más posible es que haya suficientes invitados allí como para mantenerlo a él y a Wendy distraídos. Funcionará, créeme.
—¿Estás seguro?
—Por supuesto, lo he hecho antes. Colarme a fiestas, bailes, bares atestados de gente. Incluso me he alimentado entre la multitud.
—Eso es muy atrevido.
Eric sonrió de medio lado.
—Hay toda clase de métodos para conseguirlo. —Su semblante se puso más serio—. Kenny lo llama el pequeño trago: te cuelas entre los invitados y tomas un pequeño sorbo de cada uno de ellos. Los otros no lo notan. Quizá piensen que te estás besando con tus víctimas. Y estas, a su vez, están tan alcoholizadas y aturdidas que ven todo como un sueño o simplemente no se enteran de que ha pasado algo.
Kyle no sabía si sentirse sorprendido por lo atrevido y riesgoso que sonaba el hecho de colarse entre los mortales y alimentarse de esa forma; o por la facilidad con la que los humanos podían ser engañados. Pero entonces recordó un detalle.
—¿Qué hay con las marcas de mordida?
—Hay un truco muy bueno para eso Kahl: antes de apartarte de tu víctima, perforas tu lengua con tu colmillo; luego, dejas una gota de sangre en las heridas por dónde sacaste la sangre. Estas se cerrarán casi al instante y sin dejar huellas.
Kyle asintió. Eso tenía sentido. Las heridas de un vampiro cicatrizaban y desaparecían rápidamente sin dejar rastros, sonaba lógico que una gota de su sangre pudiera hacer eso en una herida pequeña de un mortal.
Se quedó un momento pensando en lo que Eric le había dicho. La idea le resultaba realmente atrayente. Ver a Stan, a Wendy y a Marshall; y seguramente Bebe, Clyde, Token y otros amigos suyos y de Stan también estarían allí. Realmente quería ir a verlos, ya que no sabía cuándo podría darse otra oportunidad para eso.
—Bien, iremos —aceptó.
Eric sonrió y luego se puso de pie.
—Vamos, hay que ir a cazar antes de que la sed se acumule.
- SP -
Eran cerca de las once de la noche cuando Cartman y Kyle iban de regreso al coche del primero. Avanzaron tranquilamente por el centro de Denver, disfrutando un poco de la brisa fresca que llegaba esa noche desde las montañas Rocosas. Un viento imbuido del aroma de los árboles y pinos de las montañas entre los que habían crecido y les traía reminiscencias de los viejos días de la infancia. Una época sin duda más feliz e inocente.
Justo cuando cruzaban la calle Logan, cerca de la catedral, Kyle no pudo evitar desviar la mirada en dirección al bar en el que solía tomar copas con Stan. Eric también lo veía, pero por otro motivo. Justo en ese momento su mirada se cruzó con alguien a quien no esperaba volver a ver. Patty lucía radiante mientras dejaba el bar en compañía de algunas de sus compañeras de la boutique en la que trabajaba. Cartman se detuvo con la mirada fija en ella. Seguía provocándole todas esas sensaciones que le recordaban su romance iniciado en la universidad, y que, de haber continuado su vida sin la interrupción de Kenny, habría concluido en una boda durante diciembre pasado.
Kyle se dio cuenta y trató de instar a Cartman a seguir caminando, pero era tarde. Patty se había percatado de la presencia de ambos, al igual que sus amigas. Una de ellas pareció también urgir a la chica de cabello negro que lo mejor era irse de inmediato.
—Eric —ella rompió el silencio. Su tono era neutral, aunque se podía notar un pequeño temblor.
—Ha pasado mucho tiempo, Patty —consiguió decir Eric, controlando sus sentimientos de la manera en la que solamente pueden hacer los seres como él.
—Un año. Espero que te esté yendo bien.
—Podría decirse que así es. —Luego, en un tono un poco más relajado, agregó—: Trato de seguir.
—También yo.
La tensión era cada vez más palpable, y la manera mecánica en la que sus voces parecían salir de sus labios, indicaban que nada allí estaba bien.
Cartman no podía apartar la mirada de Patty. Era la primera vez que la veía con sus ojos de vampiro. Una mujer delgada y alta, con una brillosa cabellera negra. Sus ojos ahora podían notar algunas imperfecciones que cuando humano nunca pudo ver, al ser cosas mínimas. Uno de sus párpados estaba ligeramente cerrado, menos de un milímetro, pero perceptible a sus ojos de vampiro. Sin embargo, eso incrementaba su belleza a su parecer. La belleza de un mortal, de un ser no condenado a la noche eterna.
No quería apartar la mirada de ella. Quería grabar su imagen por siempre en su mente. Era Patty, su Patty. Si pudiera, la tomaría allí mismo entre sus brazos y nunca más la dejaría ir. Imaginó que cambios podría causar en ella su sangre, incrementando su belleza. Y entonces, compartirían la eternidad.
Cerró los ojos queriendo apartar tan atrocidad de su mente. No podía hacerle eso. Por más que lo deseara con toda su alma, ya que era precisamente esa la razón por la cual se había autoimpuesto la pena de jamás volver a verla.
—Me alegra que estés bien —dijo Cartman, casi en un susurro.
—Sí, igualmente —respondió ella.
Cartman notó el nudo que comenzaba a formarse en sus palabras. Kyle, por supuesto, también lo noto. Las amigas de Patty hacían todo lo posible por llevársela de allí.
—Tengo que irme —dijo ella finalmente, mientras se alejaba—. Me alegro de que te esté yendo bien. —Era como si fuera lo único que podían decirse entre sí, quizá porque eran incapaces de encontrar las palabras para expresar los verdaderos sentimientos encontrados que se desarrollaban dentro de ambos. En ese momento Patty reparó en la presencia de Kyle y eso pareció ser un alivio al no tener que centrarse exclusivamente en Eric—. Oh, Kyle, gusto en verte.
—Igualmente, Patty, ten buenas noches —respondió el pelirrojo.
El grupo de chicas se alejó hasta la intersección con Logan y luego desaparecieron de la vista. Kyle notó algo más, no sabía si Cartman lo había notado también, pero decidió no decir nada: Patty llevaba consigo el inconfundible aroma del talco de bebé.
Cartman soltó un suspiro en cuanto la perdió de vista.
—Eric —susurró Kyle. Podía notar el dolor en el rostro de su amigo ahora que Patty ya no estaba presente—. Aún la amas. —No era una pregunta.
—Siempre.
No era necesario que respondiera, pero tenía que sacarlo. La presencia de Patty había removido muchas cosas dentro de él. Las memorias de ese viaje por Europa, de ese encuentro con Kenneth McCormick, retornaron con toda su fuerza. Jamás lo dejarían, estarían presentes dentro de su mente por toda la eternidad; o al menos así lo creía él.
—¿Qué sucedió? —preguntó Kyle—. ¿Qué sucedió realmente en Londres?
El pelirrojo había comprendido que Cartman necesitaba contar todo eso. Había estado solo todo ese año, únicamente acompañado por su dolor y los recuerdos. Era momento de que los dejará ir. Las últimas noches había estado allí para él, y ahora quería devolverle el favor.
—No es momento —respondió Eric, evasivo.
Kyle lo sujetó fuertemente por el hombro, haciéndole saber sin palabras que no se zafaría tan fácilmente de eso.
—Vamos a casa, Kahl. No quiero hablar de eso en la calle.
Su compañero asintió y continuaron avanzando por la acera en dirección al coche.
