Disclaimer: South Park es propiedad de Trey Parker y Matt Stone.
Capítulo 6
La habitación estaba en penumbras y sumida en un silencio tenso. Cartman se encontraba sentado en el sofá, con la mirada fija en ningún punto en particular. Kyle estaba sentado en una butaca, observándolo expectante a que comenzará a relatar lo ocurrido. Sabía que no era algo fácil. Su encuentro anterior con Patty en el centro lo decía todo. Así que esperó pacientemente hasta que Eric estuviera listo para hablar.
—Todo estaba muy bien —comenzó finalmente—. El viaje de un mes iba justo como lo planeamos. Estábamos tan felices cuando recorrimos Roma, Madrid, París y otras tantas ciudades. Las vacaciones perfectas y las últimas que pasaríamos como novios. En menos de medio año seríamos marido y mujer. ¿Qué podía ser mejor que eso?
»Entonces, como indicaba nuestro itinerario, la siguiente ciudad fue Londres. Patty estaba radiante. Me confesó que desde su niñez siempre había sido su sueño visitar la capital británica. Generalmente, las chicas sueñan con París y sus veladas románticas en la torre Eiffel. No, Patty: ella soñaba con Londres. Por eso fue la última parada del viaje. Incluso redujimos el tiempo de estancia en las otras ciudades, al grado de que lo máximo que solo estuvimos un par de días en algunas de ellas, con tal de pasar la mayor parte del tiempo posible en su amada Londres.
»¿Por qué le gusta tanto Londres? No lo sé realmente, quizá porque su abuelo era de allí y desde niña le contaba toda clase de historias sobre la ciudad. Me confesó que incluso ella nunca ha estado segura del porqué. Soñaba con recorrer los museos, sabes que siempre ha sido una intelectual, igual que tú, Kahl. Y soñaba con visitar la Torre de Londres y tratar de confirmar si es cierto que aún están allí los fantasmas de quienes murieron presos en ese lugar. Después de todo, siempre le ha atraído lo paranormal. Su idea de una cita romántica es ir a ver una película de terror. Y puede que eso es precisamente lo que le atrae tanto de esa ciudad: las historias de niebla y callejones sombríos.
Cartman se detuvo. Sus ojos estaban húmedos con lágrimas de sangre mientras recordaba y describía todas esas cosas que definían a Patty Nelson.
Kyle hizo amago de ponerse de pie y acercarse a él, pero Cartman lo contuvo con un gesto de la mano. Luego, enjugándose los ojos con un pañuelo, continuó con su relato:
—Desde la primera noche, luego de llegar al hotel, comenzó a revisar las carteleras de teatro. Quería visitar los museos durante el día, e ir a todas las obras teatrales y otros espectáculos similares por la noche. Cuando vio que La mujer de negro estaba en cartelera en el teatro Apollo, no dudó en reservar inmediatamente dos entradas. Una historia clásica de fantasmas, con una vieja casa embrujada en la que pesaba una maldición y la figura de un espectro que amenazaba la paz de cualquiera que osase entrar en su morada. Todo un clásico moderno del terror, dijo, disfrazado con la esencia de una clásica obra gótica. Sencillamente, tenía todos los elementos que le encantaban combinados en una sola obra. Consiguió entradas para la función del sábado por la noche de nuestro primer fin de semana en la ciudad.
»Se sintió fascinada por las reconstrucciones de los fósiles en el museo de Ciencia Natural, muchos de ellos de los primeros que fueron descubiertos cuando la ciencia se interesó en descifrar los misterios de esos enormes reptiles. Y yo, a pesar de que la ciencia nunca ha sido lo mío, me contagie de su entusiasmo. Su sola expresión, cuando el guía nos hablaba de los fósiles descubiertos y estudiados por tal o cual paleontólogo famoso de siglos pasados, era suficiente para conseguir eso. En el Museo Británico se repitió la historia. Allí se quedó fascinada viendo la piedra Roseta durante casi media hora.
»El viernes, desde muy temprano, me arrastró hasta la Biblioteca Británica, dónde pareció incluso más feliz. Allí bromeó un poco, me susurró: "Según Lovecraft, debería haber un Necronomicón en algún lugar de este edificio. ¿No sería increíble encontrarlo y confirmar que es real?" Claro, ella realmente no creía eso. El libro es falso, todos lo saben. Eso no evitó, sin embargo, que jadeara cuando dio con una ficha del libro en uno de los archiveros. Claro, la bibliotecaria nos confirmó lo que sabíamos: era una ficha falsa. Una o dos veces a la semana alguien cola una, algunas muy bien elaboradas, en los ficheros de la biblioteca para jugar bromas a los fanáticos de Lovecraft. Pasa en todas las bibliotecas dónde se supone debe haber uno, al parecer. La bibliotecaria le permitió conservar la ficha, como recuerdo de las personas que buscan hacer real lo imaginario.
»Y el sábado por la noche, tomamos el taxi frente al hotel para ir a la función en el teatro Apollo. Se podría decir que fue allí cuando todo se fue a la mierda.
Cartman detuvo su relato. Parecía estar buscando las palabras exactas para continuar. Finalmente, lo hizo, con un tono de voz bajo y dolido:
—Fue antes del comienzo de la función, cuando recién nos habían ubicado en nuestros lugares a espera que las luces se apagaran y el telón fuera alzado. A nuestro lado derecho se sentó un joven de aspecto elegante. En esos momentos Patty me comentaba en voz baja algunos datos sobre la obra. Que si tal o cual actor británico famoso tenían un papel en la obra, ese tipo de cosas. Sabes que a Patty le emocionan esas cosas culturales: desde visitas a museos y exposiciones de arte, hasta obras teatrales e incluso la ópera.
A Kyle le pareció escuchar un tono de rabia en la última palabra.
—Antes de que siquiera nos diéramos cuenta, ese extraño joven de cabellera rubia y modales refinados, se había colado en nuestra conversación. Incluso le aclaró a Patty algunas técnicas empleadas en teatro, tanto en el montaje como en la actuación. Patty estaba encantada y prestaba especial atención a cada una de sus palabras. En un principio me encontré realmente molesto con esa situación. ¿Quién era este inglés de mierda que se atrevía a hablarle de esa forma a Patty? Y lo peor era que yo estaba atrapado en medio de la conversación de ambos, sin poder hacer nada más que contestar con monosílabos cuando se me incluía en la misma.
»Fue un alivio para mí el momento en que las luces se apagaron y se anunció que la obra estaba comenzando. No puedo decir que haya disfrutado del espectáculo. Me sentí intranquilo durante toda la función. Podía sentir la mirada de ese rubio clavada en mí todo el tiempo, lo que me hacía removerme nervioso en mi asiento. Cada tanto volvía la mirada tratando de sorprenderlo, el tipo, sin embargo, parecía estar muy concentrado en la representación. Invariablemente, cuando desviaba la vista, la sensación regresaba. Fueron dos horas completamente desesperantes que parecieron eternas. Traté de prestar atención a la obra, mientras pasaba el brazo por los hombros de Patty, quien estaba muy emocionada por ver una verdadera puesta en escena británica en uno de los teatros más famosos de Londres.
»Cuando el telón se cerró por última vez y las luces volvieron a encenderse, inmediatamente sentí como la mirada de ese hombre se apartaba de mí. Eso fue un alivio. Me levanté junto con Patty para apresurarme a la salida, lo único que quería hacer era volver al hotel y pasar una agradable noche de sueño. No contaba con que ese rubio fuera a adelantarse a mis planes y, antes de que me diera cuenta, estábamos los tres en una mesa de un restaurante del centro de Londres listos para una cena tardía.
»El rubio se presentó como Kenneth McCormick. —Una mueca de desagrado se formó en su rostro—. Esa fue la primera vez que vi a Kenny. Debo confesar que, si hubiera sabido lo que eso significaría, hubiera cancelado todo ese viaje para regresar a casa de inmediato. No sé si en ese momento él había decidido joderme la vida, lo único que puedo decir es que en un principio su presencia me resultaba desagradable. La manera en la que encantaba a Patty y la forma en la que su mirada penetrante se clavaba en mí, lo único que hacía era ponerme nervioso.
»Kenny es un empresario de teatro, que de hecho es el dueño de la compañía que montó la obra en el teatro Apollo. Es bastante conocido en el mundo cultural de Londres. Se hace pasar por una especie de heredero de cierta fortuna muy antigua que invierte su tiempo y dinero en toda clase de eventos culturales; pero en especial en el teatro y en la ópera. Cuando está en Londres, asiste prácticamente a todas las obras que se están representando en la ciudad, a veces varias veces a la misma en una sola semana. Para el maldito todo es parte de una gran representación. Le gusta lo teatral.
Apretó los puños y se puso de pie. Avanzó algunos pasos, sintiendo la mirada de Kyle fija en él, hasta quedar de pie frente a las fotografías de su infancia. Notó el marco dónde debería estar la vieja fotografía tomada en la parada del bus escolar. Solamente quedaban cenizas dentro del marco de cristal. Frunció el ceño mientras se preguntaba que podría haber pasado con esa fotografía.
—¿Qué sucedió en la cena? —preguntó Kyle en voz baja luego de unos momentos.
Cartman regresó al sofá. Se pasó la mano por el cabello y luego prosiguió:
—Kenny se mostró completamente encantador, encandilando con su sonrisa y sus modales a Patty, tal como había hecho en el teatro. La conversación cultural continuó, mientras el rubio nos sugería cuáles obras y eventos similares deberíamos ver antes de dejar Londres. La vida nocturna de la ciudad, dijo, es mucho más fascinante que la diurna.
»En cierto momento, Patty se excusó para ir al tocador. Así que me quedé completamente solo con Kenny.
»Sin Patty allí presente, la mirada penetrante de Kenny se centró completamente en mí. Hizo un montón de preguntas: de dónde veníamos, porque estábamos en Londres, que me parecía la ciudad, si era un entusiasta del teatro y la cultura como mi novia, a que me dedicaba… —Cartman soltó un suspiró cansado—. Sus cuestionamientos cada vez se volvían más personales. Por algún motivo parecía interesado en todo lo que respectaba a mi vida. Yo trataba de evitar la mayoría de esas preguntas, no ser demasiado minucioso en las respuestas. A él eso parecía no importarle. Ahora sé por qué: no necesitaba escuchar las respuestas completas, para él cada pensamiento que pasaba por mi cabeza, por más pequeño que fuera, era como si lo dijera en voz alta.
—¿Él puede leer la mente? —preguntó Kyle con un deje de miedo en su voz.
—Oh, por supuesto. Es por eso que sabe cosas que no debería.
—¿Tú puedes hacer eso?
—Algunas veces. —Volvió a ponerse de pie y esta vez fue a la ventana. Corrió la cortina para ver hacia la calle. Estaba completamente vacía. Era natural, pasaba de la una de la mañana—. Nos volvemos más fuertes con el tiempo y nuestras habilidades crecen.
Cartman regresó al sofá para retomar la historia:
—Me sentí aliviado cuando Patty regresó. Todas esas preguntas personales habían conseguido algo que pocas veces pasa: ponerme nervioso. Afortunadamente, la cena terminó en ese momento y nos despedimos de Kenny. Rechacé su oferta de llevarnos al hotel y regresamos en taxi. Creí que esa sería la última vez que lo veríamos y eso sin duda hubiera sido lo mejor.
»Nuestra visita a Londres continuó como estaba planeada, sin que nada extraño ocurriera durante el día. Pero, una vez la noche caía, independientemente de si estábamos cenando en algún restaurante o saliendo de un espectáculo, incluso si simplemente bajábamos al bar del hotel a tomar unas copas, sentía la inconfundible presencia de los ojos de Kenny fijos en mí. Al principio traté de ignorarla, convencerme de que se trataba de mi imaginación, dado lo desagradable que me había resultado la intromisión de ese sujeto en nuestro viaje perfecto. Eso fue hasta que me pareció verlo entre las multitudes, siempre observándonos de reojo y de tal manera que al volverme no era capaz de localizarlo, comencé a tener la idea paranoica de que realmente me estaba vigilando.
»Patty lo notó, ciertamente. Lo nerviosa que se tornaba mi actitud cuando la noche llegaba era casi imposible de ocultar. Llegó a pensar que estaba enfermo y me obligó a ir en busca de un médico para un chequeo rápido. Obviamente no encontró nada. ¡Era únicamente esa maldita sensación de ser observado, de que una vez la noche había caído no importaba a dónde fuera, los ojos azules y penetrantes de Kenneth McCormick estaban fijos en mí!
»Cinco días después de nuestro primer encuentro, mientras asistíamos a un festival de fuegos artificiales en el Hampstead Heath, volvimos a toparnos con él.
»La conversación de cultura entre él y Patty regresó por un momento; aunque, conforme la noche avanzaba, su atención se fue centrando cada vez más en mí. Pronto esas preguntas personales que tanto me habían molestado en el restaurante cinco días atrás, regresaron. Parecía querer cuestionar todo en nuestra relación, pues esta vez ese era el tema principal. Cómo nos conocimos, en qué momento habíamos comenzado a ser tan cercanos, cuando concretamos el noviazgo y cómo nos comprometimos.
»En cierto momento tuve un desliz y pregunté con más dureza de la pretendida el porqué de tanta insistencia en nuestras vidas privadas. Eso molestó un poco a Patty, quien me dio un pequeño codazo de advertencia. McCormick, por su parte, simplemente se rio. Se disculpó, pues según él era un romántico empedernido y le gustaba saber todos los detalles cada vez que veía a una pareja tan unida. Patty entonces le cuestionó si él tenía a alguien especial.
»Soy una persona libre, respondió, si es eso lo que quiere saber, señorita Nelson. A lo largo de mi vida he tenido mis romances, algunos que parecían increíblemente fuertes, otros que se desvanecieron rápidamente como una tormenta de verano y muchos que acabaron en tragedia. A pesar de eso, no me rindo. Si mi amada Inglaterra no me da a la persona adecuada, tal vez pruebe suerte fuera de ella.
Cartman hizo otra pausa. Su rostro tenía una expresión de completa furia.
—En algún momento de esa noche, sin que ninguno de los dos fuera capaz de darse cuenta, el maldito se alimentó de Patty.
Kyle alzó la mirada, completamente horrorizado de escuchar eso.
—No la mató, obviamente —siguió Eric antes de que el pelirrojo pudiera formular cualquier pregunta. Soltó un suspiro cansado y se recargó en el sofá para tranquilizarse un poco antes de continuar—. Había mucha gente allí, y las farolas del parque estaban apagadas de tal manera que se disfrutará mejor de los fuegos artificiales. También, y es algo que pude confirmar más tarde, es posible que Kenny haya jugado con nuestras mentes para que no nos percatáramos de nada. El punto es que Patty comenzó a sentirse muy cansada a eso de las once de la noche. Me urgió que regresáramos al hotel y yo accedí al ver que realmente se veía mal. Iba a pedir un taxi del hotel, cuando Kenny me detuvo. Se ofreció a llevarnos él mismo. Esta vez no lo rechacé. Estaba demasiado preocupado por Patty como para pensar en eso.
»Nos llevó al hotel en su deportivo rojo e incluso me ayudó a llevar a Patty a la habitación para que se recostara. Luego lo acompañé de regreso al vestíbulo del hotel para despedirlo. Le agradecí todo lo que había hecho, pero él le restó importancia. Se pondrá bien, dijo, sin embargo, creo que debes traer un médico para ella a primera hora de la mañana. Dicho eso, se despidió poniendo su mano derecha en mi hombro.
Cerró los ojos con cansancio antes de seguir:
—Tenía razón, por supuesto. No tomó mucha sangre de Patty, solo la suficiente para que se sintiera mal y crear una excusa natural para llevarnos al hotel él mismo. Así no se veía raro que supiera donde nos hospedábamos, a pesar de que en ningún momento se lo habíamos dicho. Y claro, el doctor confirmó que no era más que una leve anemia. No requería transfusión, por suerte. Un par de días de descanso y comida saludable y pasaría. Eso sí, nos recomendó que, de seguir paseando por la ciudad, procurara que no se fatigara demasiado. Le agradecí al doctor y el resto del día lo pasé cuidando de Patty. Vimos algunas películas y series de la televisión inglesa y comimos en la habitación.
»Cuando oscureció, me llamaron de la recepción para avisar que el joven Kenneth esperaba vernos. Fui a recibirlo al vestíbulo y mientras subíamos a la habitación lo puse al tanto del estado de salud de Patty. Pareció aliviado de que no fuera nada serio. —Otra mueca de molestia y desagrado se dibujó en su rostro ante eso—. El cabrón es un excelente actor, hay que decirlo. Mientras conversaba, en cierto momento dijo que tenía la esperanza de que Patty estuviera mejor para llevarnos a un restaurante que, aseguró, debíamos visitar para probar su platillo más famoso antes de dejar Londres. Desafortunadamente, dijo, dicho platillo solamente se sirve una noche del mes, dada su exclusividad. Patty insistió en que debía acompañar a Kenny. No era justo que ambos nos perdiéramos de eso. Yo no quería dejarla, pero al final consiguió convencerme. O tal vez fue él y sus juegos mentales.
»Abandoné el hotel junto con Kenny y nos dirigimos a ese restaurante en su coche deportivo. Él aún no me agradaba, y si hacía eso era en un esfuerzo por convivir con ese nuevo amigo de Patty. Joder, incluso acababa de invitarlo a la boda; cosa que el rubio agradeció de manera hipócrita. Creo que para entonces ya había decidido que esa boda jamás llegaría. Mientras viajábamos en su coche, prosiguió con sus preguntas incómodas y personales. Entonces me preguntó si alguna vez había tenido la curiosidad de estar con otro hombre. No tenía idea de que responder. Y por un momento sentí verdadero pánico. Él se rio ante esa reacción.
»No soy marica, respondí como niño a la defensiva ante las bromas de sus amigos. Y él solamente se rio más fuerte.
»Eric, no tienes nada de que avergonzarte, me dijo. Todos deben haber sentido algo de curiosidad en algún momento. Luego, mientras hacía alto en un semáforo, se volvió un poco hacia mí, sonriendo seductoramente, mientras agregaba: siendo sincero, eres muy apuesto. Patty tiene suerte.
»¿Qué hay de ti?, pregunté en un intento de desviar su atención. ¿Acaso tú…?
»Se encogió de hombros antes de responder que no le hacía asco a nada. Luego dijo que haber nacido y crecido en la época moderna era una gran bendición. Si decidieras tener un amante masculino, la sociedad no te condenaría de la forma en que lo habría hecho en épocas pasadas, salvo para esa minoría que vivía estancada en el pasado más conservador. Puedes estar seguro, dijo, de que no acabarías como Oscar Wilde: desprestigiado y con una condena en la prisión por faltas contra la moral y el buen nombre de un caballero.
»Fue en ese momento que me percaté que no estábamos en una zona precisamente poblada de Londres. De hecho, casi todo lo que se veía en las cercanías eran edificios de oficinas que a esa hora estaban completamente vacíos. Kenny detuvo el coche en el estacionamiento de uno y aclaró que era el edificio en dónde tenía las oficinas de la mayoría de sus empresas. Además, en el último piso tenía un departamento de lujo.
»De inmediato le cuestioné que carajo hacíamos allí si se suponía que nos dirigíamos a un restaurante para una cena exclusiva. Kenny sonrió de manera enigmática como toda respuesta. Luego, acortando el espacio entre ambos y acercando su rostro al mío, de tal manera que podía sentir su aliento fresco sobre mí, susurró: vas a casarte con Patty en menos de seis meses, tal vez esta será la última oportunidad que tengas para experimentar nuevas sensaciones.
»Traté de empujarlo. ¿Qué rayos se creía? Pero eso simplemente hizo que su sonrisa se ensanchara a la vez que acortaba más el espacio entre ambos. Mi corazón comenzó a latir aceleradamente, sus ojos azules, de mirada intensa y lujuriosa, me paralizaron. De alguna manera era como si Kenny hubiera apagado ciertas partes de mi cerebro con tan solo mirarme fijamente a los ojos. Prácticamente, tenía sus labios sobre los míos. Me las arreglé para susurrar un 'no' tan quedo que, por un momento, pensé únicamente había sido un pensamiento fugas o, incluso, mi imaginación. Quizá fue así, pero para Kenny era igual de todas formas. Mi mente era un libro abierto para él en esos momentos.
»Tu mente dice no, no obstante, tu amiguito de abajo me dice todo lo contrario. Y nada más susurró eso, me percaté de una creciente erección en mis pantalones.
»Aun sonriendo, besó mis labios y luego bajó hasta mi cuello. Me quedé completamente paralizado y perdido en las sensaciones, a pesar de que mi mente gritaba que todo eso era un error, que debía salir de ese horrible trance y largarme de allí para regresar con Patty. Qué lo mejor era olvidar todo eso, y tratarlo como lo que era: una suerte de pesadilla lúcida (pues dolía más engañar a Patty que el hecho de que mi sexualidad estuviera siendo probada de esa manera). A pesar de todos esos pensamientos, de pronto me encontré correspondiendo a Kenny y sus atenciones.
Se hizo el silencio. Kyle miraba a Cartman con una mezcla extraña de sentimientos muy diversos. Rabia, ante lo que Kenny le había hecho; frustración por no poder hacer mucho para remediar el dolor en sus palabras más que escuchar su historia; y deseos de ir en busca de ese rubio cabrón y acabarlo con sus propias manos, por jugar así con las vidas de sus amigos. Esperó pacientemente hasta que Eric se recompuso lo suficiente como para continuar:
—Me perdí en las sensaciones que Kenny me provocaba. Cuando me di cuenta, me había quedado dormido, y ahora el rubio me despertaba para que bajara de su coche ya de regreso en el hotel. Por alguna razón olía fuertemente a alcohol y me sentía muy mareado. Era como si estuviera ebrio, aunque algo en mi mente me decía que era imposible, ya que no recordaba haber tomado una sola copa en toda la noche. De hecho, la mayoría de los recuerdos de la noche eran flashbacks ininteligibles que mi mente no podía procesar del todo.
»Kenny me acompañó hasta mi habitación. Comprobamos que Patty dormía y luego se despidió de mí, al tiempo que dejaba una tarjeta en mi mano con un número. Llama, dijo, cuando quieras mientras aún estés en Londres, por la noche. De inmediato alguien vendrá a recogerte y podremos repetir lo de esta noche.
»Aun atontado, simplemente asentí, antes de dirigirme a la cama. Kenny me detuvo. Señaló al mueble que se encontraba cerca de la habitación y dijo: Mejor duerme en el sofá, no querrás despertar a tu linda novia. Dicho eso, dio media vuelta y salió cerrando la puerta. De inmediato el seguro de la misma se accionó como si lo hiciera una mano invisible.
»Cuando desperté por la mañana, toda sensación de haber tenido una noche alocada con el rubio desapareció, salvo por una cosa: no podía sacar de mi mente las ganas de marcar al número que me había dado. Me contuve hasta la noche y traté de pasar ese día lo mejor que pude con Patty. Aunque, algo estaba mal, y estoy seguro de que ambos lo sabíamos. Creo que para esas alturas los juegos mentales de Kenny comenzaban a crear un conflicto inminente en nosotros. Quedaban tres días más para regresar a casa, y parecía que toda la magia inicial se estaba agotando. Tratamos, sin embargo, de que las cosas volvieran a como estaban al principio.
»Lo que terminó de arruinarlos fueron dos cosas: una pequeña decaída por parte de Patty esa mañana, seguramente consecuencia de la visita nocturna de Kenny; y mi distanciamiento hacia ella cada vez más grande conforme se acercaba la noche. Comenzaba a sentir unas ganas desesperadas de ver a Kenny, aunque mi mente no podía procesar del todo el porqué.
Volvió a detenerse en ese punto.
—¿Cómo…? —preguntó Kyle—. ¿Cómo es posible que Kenny pudiera alterar sus pensamientos y manipularlos?
Cartman sonrió sin diversión.
—No lo sé realmente. Es como si él fuera una especie de virus capaz de infectar el cerebro de las personas, como si fueran computadores, para alterarlos y hacerlos comportarse de las maneras que quiere. Otra posibilidad, que es incluso más terrible, es que tenga una suerte de habilidad que le permite influenciar a la gente. Es… Como uno de esos clásicos diablillos de las caricaturas que susurran cosas terribles a los personajes. O como un director teatral capaz de influir en sus actores. Únicamente que nosotros no nos damos cuenta de que de hecho formamos parte de su obra.
Kyle asintió, mientras sentía miedo. Si todo eso que Eric decía era cierto, entonces Kenny era un ser terriblemente peligroso. ¡Dios, si podía manipular a la gente de esa manera, no había un límite respecto a lo que pudiera hacer! Si quería podría conquistar el mundo.
—Cuando la noche cayó —prosiguió Cartman—, no pude resistirme más y llamé al número que Kenny me había dado. Sin preocuparme por inventar una excusa a Patty, salí del hotel y me encontré con un coche negro que esperaba por mí. No vi al conductor, ya que la puerta trasera se abrió automáticamente para que subiera, y el chofer estaba aislado en una cabina.
»Mi nerviosismo aumentaba conforme el auto se movía a través del tráfico de Londres. Finalmente, nos detuvimos en el estacionamiento del mismo edificio de la noche anterior. Kenny me esperaba en la puerta en cuanto bajé del coche. No perdió tiempo y me saludó con un beso en la boca.
»Bienvenido, dijo, vamos, tengo muchas cosas que mostrarte, querido Eric.
»Le seguí al interior del edificio. Tomamos un elevador privado que nos llevó automáticamente al último piso, a su departamento. Nada más salir, él ya había comenzado a devorarme a besos y yo correspondía a todo. Perdí mi voluntad, me volví loco; me había confundido, metiéndose hasta lo más profundo de mi psique. Me tenía contra un sofá, mientras besaba y mordía mis labios sin compasión alguna al grado de hacerme sangrar. El sabor metálico de mi sangre parecía excitarlo de sobremanera. Ahora entiendo por qué. —Cartman rio sin diversión—. Él llamaba a la sangre el vino de los vinos. Luego, con cierto deje de burla, aseguró que pronto yo también podría disfrutarlo de la misma forma que él. Pero primero tenía que hacer algo: cortar todas las ataduras con mi antigua vida, comenzando por Patty.
»Eso hizo un clic en mi cabeza. Por un momento fui libre de su influjo maligno. ¡No podía hacerle eso a Patty…, a mí mismo!
»"No obstante, vas a hacerlo", insistió él. "La amas más que a nada en este mundo, y por eso vas a dejarla, o de otra manera tendré que matarla. Ya lo he decidido, Eric, tú eres mío."
»Y sabía que sus amenazas no eran vagas. Me sumí de nuevo en el trance, permitiendo que hiciera conmigo lo que le viniera en gana.
»Por la mañana regresé al hotel. Patty estaba muy molesta, lo que demostró casi al instante. La tensión se manifestó en pequeñas peleas hasta que no soporte más y bajé al bar a embriagarme. Más tarde, cuando la noche se acercaba nuevamente, regresé a la habitación y me di una ducha. Sin siquiera excusarme con Patty, nuevamente hice la llamada. Y durante toda la noche me entregué al placer enfermizo que Kenny me proporcionaba.
»Cuando regresé de nuevo al hotel, Patty lanzó su ultimátum. Sabía que tenía un amante, pero estaba dispuesta a olvidar si yo dejaba atrás a esa persona, quien quiera que fuese, y regresaba con ella a casa al día siguiente. No pude hacerlo, pues esa misma noche estaba de nuevo en brazos de Kenny.
»"Vas a regresar", me ordenó, "cancelarás la cuenta del hotel, tomarás tus cosas y llevarás a Patty al aeropuerto. Te asegurarás que abordé ese avión y se marche de Londres. Luego, regresaras aquí y me esperarás hasta que la noche caiga".
»Y así lo hice.
»No puedo borrar el rostro dolido y furioso de Patty cuando la dejé en el aeropuerto esa tarde. Me perseguirá siempre. Pero sabía que no había nada que hacer. Era la única manera en la que ella podía estar a salvo.
Cartman se detuvo en ese punto. El reloj marcaba que eran casi las cuatro de la mañana. Quedaba poco tiempo para el amanecer y sabían que era momento de retirarse a descansar hasta la noche siguiente. No obstante, antes de poder hacer eso, sentía que debía cerrar su historia.
—No recuerdo mucho de lo que pasó los siguientes días. Todo es extraño y borroso. Solamente sé que en determinado momento sentí que moría, mientras Kenny finalmente me desangraba hasta el punto sin retorno. Y cuando sentí que el oscuro, aunque suave, abrazo de la parca era mi liberación, su sangre se derramó en mi garganta, trayéndome de nuevo a este mundo, atando mi alma a un cuerpo que ya estaba muerto.
»Así, durante semanas el hechizo oscuro de Kenny se mantuvo, mientras me educaba como a un pequeño niño al que debía enseñarle todo de nuevo.
»Maté por primera vez. Su nombre era Roger, un triste hombre solitario y viudo que había perdido todo a causa de las apuestas y el alcohol. Y varios días después traté de suicidarme con un revólver. Luego, sufrí la masacre de aquella pobre familia de granjeros a causa de la sed, alejándome cada vez más de mi humanidad.
»Finalmente, me las arreglé para recuperar mis documentos personales, los cuales fueron ocultados por Kenny, y robé el suficiente dinero para pagar por el pasaje de regreso a casa. Tomé el primer vuelo nocturno de Londres a Nueva York que pude encontrar, y de esa forma regresé a los Estados Unidos. Casi dos meses atrás había salido de mi país convencido de que pasaría las mejores vacaciones con mi prometida, y ahora regresaba sin nada. La perdí a ella, perdí mi identidad, mi humanidad. Todo por el capricho de un vampiro.
»Creo que te das una idea de cómo ha sido mi existencia desde entonces: tuve que cortar al mínimo toda relación con las personas que amo, mientras continuó segando vidas para mantenerme hasta tener el valor suficiente para acabar con todo.
»Y ahora, Kenny me ha alcanzado, y a través de mí te encontró a ti.
»Lo siento, Kahl, no sabes realmente cuanto…
—No —le cortó el pelirrojo, mientras se ponía de pie, y esta vez era él quien abrazaba a Eric para protegerlo—. Te lo dije: no es tu culpa, y no debes pensar bajo ninguna circunstancia que te culpo por esto. Es culpa de Kenny, únicamente de Kenny.
Cartman se mordió el labio inferior.
—Kahl…
—No importa.
Asintió. Permanecieron así, en silencio, unos minutos.
—Hay que ir a descansar —finalmente Kyle rompió el silencio. Eric asintió y ambos se marcharon a la habitación para pasar el día en su sueño de muerte.
