Disclaimer: South Park es propiedad de Trey Parker y Matt Stone.
Capítulo 7
Kyle se acomodó el traje y la corbata mientras veía su reflejo en el espejo.
Era extraño ver en sí mismo los cambios que la sangre de Kenny provocó en su cuerpo. Los ojos verdes más brillantes, que a su vez habían adquirido un cierto aire de crueldad felina. Los ojos de un depredador. La piel blanca, actualmente con un ligero rubor debido a la sangre de su última víctima corriendo por sus venas, y extremadamente lisa. Toda imperfección, desde la más ligera arruga o fantasma de acné de adolescencia, borrada de la piel; salvo por unas pecas casi imperceptibles, excepto para sus ojos de vampiro.
Su cabello adquirió por su parte una tonalidad de rojo más intensa, además de ya no tener un aspecto afro, a pesar de haber crecido un poco, al grado de que unos momentos atrás se vio en la necesidad de cortarlo, aun cuando apenas la semana anterior había ido a la peluquería. A decir verdad, le molestaba tener el cabello muy largo y fue realmente molesto descubrir que crecía al menos cinco centímetros en una sola noche. La sangre era caprichosa, por lo que podía ver, empeñada en crear seres de determinadas características.
Contrario a la creencia popular, a pesar de ser monstruos, los vampiros estaban diseñados para ser depredadores capaces de encandilar a sus presas, deslumbrándolas con su belleza de tal manera que bajaran toda su guardia. Pero también eran bestias que atacarían sin piedad a una presa cuando la necesidad se presentará.
Dio un último suspiro para despejar su mente de todas esas reflexiones y se apartó del espejo.
Se encontraba en su departamento por primera vez desde la madrugada del miércoles, lo cual ahora le resultaba extraño. El proceso de venta sería lento, sobre todo porque había decidido que lo mejor sería venderlo amueblado. Las pocas cosas que conservaría podía meterlas fácilmente en su coche y el de Eric para llevarlas a casa del último. Todavía tenía que contratar a una compañía de bienes raíces para comenzar los trámites. Lo haría la próxima semana, sobre todo porque tenía que encontrar una compañía a la que no le importara enviar a uno de sus agentes durante la noche para mostrarle el departamento.
Salió del baño y tomó su maletín del sofá antes de salir hacia el pasillo. Revisó su reloj de pulsera mientras esperaba el elevador. Las diez con veinte. Tiempo suficiente. Mentalmente, seguía algo molesto con Bebe por arreglar eso tan repentinamente. No se sentía aún lo suficientemente preparado para enfrentarse a otras personas, mucho menos sin Cartman para ayudarlo. Aunque había dicho que esperaría en las cercanías para intervenir, fingiendo un encuentro casual, en caso de ser necesario, eso no le quitaba para nada la preocupación y la sensación de que algo saldría completamente mal esa noche.
Subió a su coche y lo condujo hacia la salida del estacionamiento. Era extraño ver que era noche de viernes y el contador de la gasolina tenía más de tres cuartas partes del tanque. Eso le recordó que toda esa semana prácticamente no lo había usado para nada.
Mientras conducía en dirección al restaurante, su mente divagaba en los acontecimientos de unas horas atrás.
Nada más despertar vio que tenía un mensaje de Bebe en el que le pedía se comunicara urgentemente con ella. Cosa que hizo de inmediato.
—Phillip dejará el caso —fue lo primero que escuchó de Bebe—. Quiere hacer un arreglo.
—¿Cómo?
—La audiencia lo dejó un poco peor de lo esperado. Llamó al despacho a primera hora de esta mañana y pidió una reunión urgente. Obviamente, tuve que presentarme en tu lugar. No quiere seguir con esto. Dice que no tiene caso, que debió intentar un arreglo antes de llegar tan lejos.
Kyle cerró los ojos.
—Conociendo a estas mujeres, pedirán una cifra grande. En primer lugar, es lo que esperan.
—Lo sé —dijo Bebe—. Y se lo dije. Vencerlas en juicio es lo mejor, las deja descubiertas ante la sociedad y terminan siendo ellas las que pagan para reparar los daños que sus calumnias le causaron a su nombre. Además, tengo entendido que en un primer momento fue él quien quiso ir a las cortes.
No era exactamente así. Phillip Pirrup en un primer momento estuvo más que dispuesto para un arreglo fuera de corte. Esto hasta que su hermana y su cuñado, Joe Gargery, decidieron intervenir. La señora Gargery insistió que las cosas fueran a juicio. Nadie difamaría el nombre de la familia Pirrup si podía evitarlo. Utilizando el renombre de los padres de Phillip, que en paz descansen, presionó a su hermano hasta que finalmente se vio forzado a buscar un abogado, llegando así al despacho de abogados Cartman & Black, en dónde se le asignó el caso a él.
—Creo que solo tú puedes convencerlo —dijo Bebe—. Esta noche, de ser preciso.
—Realmente, Bebe, no creo que…
—Tiene que ser hoy, lo siento. —Se hizo un breve silencio—. También está en riesgo el buen nombre del despacho y lo sabes. Irse a un arreglo fuera de corte en derechos de autor es algo que se espera. En un asunto como este, por otro lado, es admitir que en verdad algo sucedió.
—Lo sé —interrumpió Kyle. Tirar la toalla en ese momento era básicamente hundir el nombre de la familia Phillip y llevarse parte del prestigio del despacho con ellos.
—Eres el único que puede convencerlo —insistió Bebe.
Kyle se sintió de pronto entre la espada y la pared.
—Creo que puedo arreglar una cena o algo esta misma noche.
—Bebe, yo…
—Por favor, Kyle. En realidad, me importa poco el renombre del despacho. No se puede estar arriba sin uno que otro altibajo. Pero, lo que esas mujeres hacen es desprestigiar a quienes de verdad fueron víctimas. —Bebe suspiró—. Merecen ser aplastadas y exhibidas ante la corte y la sociedad como lo que son.
Kyle sintió que se arrepentiría de eso, pero… Tomó aire, tratando de despejar su cabeza, y finalmente decidió ir contra ese instinto que le urgía a declinar tal opción:
—¿Piensas que pueda ser entre las diez y media y once de esta noche, en el restaurante francés cerca de la catedral? Lo conoces, supongo.
—¡Por supuesto! Arreglaré todo. Gracias, Kyle.
Colgó.
Y ahora, allí estaba, aparcando el coche frente al restaurante. Se apeó del vehículo tras unos segundos, le pasó las llaves al valet y se acomodó el traje y la corbata una última vez antes de entrar. Podía escuchar cada conversación del restaurante, mezcladas con los sonidos de los cubiertos, chocando con los platos, el burbujeo de las copas de champán y otros licores y bebidas.
Cerró los ojos, se concentró como Eric le enseñó y «desconectó» esos sonidos. Se acercó al anfitrión para qué lo guiará a la mesa reservada por Bebe.
—Kyle —saludó ella mientras se ponía de pie para recibirlo.
Era una mujer alta, que esa noche iba ataviada en un sobrio traje gris de aspecto profesional. Sus largos rizos rubios recogidos en un sencillo moño color negro.
—Barbara —devolvió el saludo con un leve asentimiento de cabeza.
Notó al joven rubio, quien también se puso de pie. Phillip Pirrup iba elegantemente vestido con un traje negro y una corbata de moño de color azul. Llevaba el cabello rubio, corto y pulcramente peinado, como en cada una de sus reuniones desde que lo había contratado.
—Un placer verlo de nuevo, señor Pirrup —saludó Kyle—. Lamento no haber podido atenderlo hasta hoy.
—Eh, no se preocupe, señor Broflovski. —Kyle notó como Phillip se ruborizaba un poco al tiempo que le daba la mano—. Entiendo que ha estado enfermo. Espero que ya se sienta mejor.
—Sí, por supuesto. —Kyle le sonrió.
Mientras se sentaba a la mesa y pedía algo sencillo, notó que ni el joven Phillip ni Barbara le quitaban los ojos de encima.
—Entiendo que piensa seriamente en arreglar el asunto fuera de corte —dijo Kyle, tratando de desviar la atención al tema por el que estaban allí.
—Sí. —Había un cierto deje de miedo en la voz de Phillip.
Kyle frunció el entrecejo un poco. De pronto una palabra le llegó a la mente, como susurrada por alguna voz que solo él podía escuchar: amenaza.
¿Qué sabía realmente de Phillip Pirrup? Bebe tenía razón, todo el tiempo estaba nervioso, como si creyera que las personas pudieran lastimarlo en cualquier momento. Y alguien, posiblemente una de sus acusadoras, estaba aprovechando eso para hacer que se echara para atrás.
—Supongo que entiende las implicaciones de hacer eso ahora.
—La señorita Stevens me lo explicó. Pero yo…
Kyle suavizó la mirada.
—Phillip, entiendo que la audiencia no fue del todo bien. Sin embargo, es solamente la primera de muchas. Estoy seguro de que si analizamos todo con más detalles podremos dar la vuelta al juicio.
—Por supuesto —concordó Bebe sonriendo al rubio para tranquilizarlo—. Nos tomaron por sorpresa, eso es todo.
—No —negó Phillip—. Usted hizo un gran trabajo, señorita Stevens, y usted también, señor Broflovski. Yo lo arruiné. Si seguimos…
Kyle entonces hizo algo que en otra circunstancia no se habría atrevido, al menos no antes de todo lo que había pasado en su vida esa semana: tomó la mano derecha de Phillip entre las suyas y trató de transmitirle tranquilidad. Y entonces, como un shock eléctrico, le llegó un trozo de conversación, una voz amenazante: Muerte, termina esto o habrá muertes. Fue solo un segundo, y fue gracias a todas sus nuevas habilidades como vampiro que Kyle no lo demostró, pues sus instintos lo estaban guiando para mantener las apariencias de tal forma que ni siquiera Bebe notara absolutamente nada extraño en él, justo como Eric le había dicho que pasaría.
—No va a pasar nada —siguió Kyle con voz suave—. El juez se dará cuenta de que todo esto es una calumnia y ellas tendrán que pagar. La justicia estará de nuestro lado, se lo aseguro.
Kyle notó como el sonrojo de Phillip se incrementó, así que decidió soltar su mano y alejarse un poco.
Pasó un momento, hasta que finalmente el chico se atrevió a hablar:
—¿Realmente cree que podemos ganar?
—Estoy completamente seguro. —Y así era. No había ni un ápice de duda en las palabras de Kyle. Bebe tenía razón, no iba a dejar que esas mujeres se salieran con la suya, aprovechándose de alguien tan inocente como Phillip Pirrup para obtener dinero fácil.
—He estado revisando algunos documentos del juicio —dijo Bebe luego de un momento—. Considero que he encontrado algunos puntos que pueden ser un importante soporte a la hora de apoyar nuestra defensa.
Justo en ese momento se sirvió la comida. Kyle no había prestado mucha atención al menú. Según Eric, daba igual lo que pidiera, lo importante era crear la ilusión de que estaba comiendo. Era como los trucos de un mago: distraer a sus compañeros humanos de tal manera que no notaran absolutamente nada. La forma de mover los cubiertos, incluso de llevarse la bebida a la boca, todo se hacía con una secuencia tal de movimientos que era básicamente hipnosis.
Luego de cenar, Bebe se ocupó de señalar los puntos que había encontrado. Era ya pasada de la media noche cuando abandonaron el restaurante. Bebe fue la primera en retirarse, pues su novio, Clyde, ya la esperaba para llevarla a casa. Antes de subir al coche, se acercó a Kyle y le susurró al oído:
—Creo que la enfermedad te sentó realmente bien, estás muy guapo.
El pelirrojo sonrió un poco nervioso ante eso. Cuando Bebe tomaba algunas copas se ponía algo atrevida.
—Fue un placer verlo de nuevo, señor Broflovski —dijo Phillip dándole la mano una última vez. Luego, con una mirada un tanto de añoranza, preguntó—: ¿Cree que podría estar en la próxima audiencia?
Kyle soltó el aire.
—Lo siento mucho, joven Phillip. —El semblante del rubio se entristeció un poco—. Como su abogado debería poder hacer más. Puede estar seguro, sin embargo, que estoy haciendo todo lo posible para apoyar esto, incluso aunque no puedo presentarme en la corte.
Phillip asintió.
—No se preocupe, señor Broflovski —dijo finalmente—. Lo mejor es que cuide de su salud.
Kyle le sonrió nuevamente en agradecimiento y Phillip le devolvió la sonrisa de manera tímida.
—Bueno, debería apresurarme para conseguir taxi —dijo el joven Pirrup mientras comenzaba a alejarse.
—Espere un momento —pidió Kyle, al tiempo que el valet le entregaba las llaves de su coche—. Es demasiado tarde para que tome un taxi. Lo llevaré a casa de su hermana.
Phillip se detuvo un momento y miró a Kyle, quien ya había abierto la puerta del copiloto para él.
—Realmente, no es necesario, señor Broflovski…
—Insisto.
Phillip de pronto se vio completamente desarmado ante eso. Se ruborizó un poco mientras observaba a aquel pelirrojo de intensos ojos verdes. Desde la primera vez que se encontraron en su oficina había pensado que Kyle Broflovski era un hombre muy guapo. Sin embargo, algo había pasado desde la última vez que lo viera. No podía decir que era, solo que ese algo le había conferido a Kyle un porte y un magnetismo que hacía imposible rechazarle nada.
Con un breve asentimiento de cabeza, el joven Phillip aceptó la invitación de Kyle. El pelirrojo cerró la puerta tras él, dio la vuelta para subir al asiento del piloto, y arrancó. Se formó un silencio mientras Kyle se dirigía hacia la casa del matrimonio Gargery, en dónde sabía vivía el joven Pirrup.
—Señor Broflovski, si no es mucha molestia, podríamos ir a Five Points.
Kyle le dedicó una mirada extrañada al joven Pirrup.
—Ya no me quedó en casa de mi hermana —admitió el joven Pirrup algo avergonzado—. Y por ahora todo lo que puedo pagar es un pequeño piso de Five Points.
—Five Points es peligroso, joven Phillip.
—Lo sé. —Se mordió el labio inferior—. Con lo que gané con mis cuentos es lo único que puedo pagar. Aunque, creo que podría vender pronto una novela.
Kyle se detuvo en un semáforo y le dedicó una mirada inquisitiva al joven junto a él.
—Es por eso que no quería seguir con el juicio.
—Sí —admitió él bajando la mirada, claramente avergonzado—. Yo realmente no tengo cómo pagarles. Mi hermana, bueno, ella…
Kyle frunció levemente el ceño y aparcó el coche junto a una acera.
—Si se trata de eso, no se preocupe, cubriré todos los gastos.
Phillip levantó el rostro.
—No, por favor, no tiene que hacer esto. Yo… Estoy seguro de que mi nueva novela venderá bien. Mi editor también lo cree. No tiene que gastar su dinero.
—Phillip —reprochó Kyle—, no es problema, se lo aseguro. Tómelo como un préstamo, si desea. Luego podrá pagármelo. Además, ya lo dijo la señorita Stevens: ganaremos. No lo dude ni por un momento.
El joven asintió con la cabeza, aunque aún algo reticentes.
—Lo llevaré a Five Points, pero solo para que recoja sus cosas. Tengo un pequeño departamento en el centro que no estoy utilizando debido a mis problemas de salud, puede quedarse allí si lo desea.
—No tiene que molestarse, en serio.
—Insisto.
Por algún motivo, la idea de dejar a Phillip en Five Points, rodeado de algunas de las peores personas de Denver, no le agradaba para nada a Kyle. Trataba de convencerse de que se debía únicamente a que era su cliente y como su abogado tenía un deber moral de asegurarse de que estuviera en condiciones de afrontar el juicio. Aunque, tal vez fuera otra la razón: Five Points era uno de sus principales lugares de caza, por alguna razón le resultaba chocante que Phillip estuviera tan cerca del lugar donde se alimentaba.
Se detuvieron frente a un edificio destartalado y de un color opaco que funcionaba como pensión de mala muerte. Kyle acompañó al joven Phillip y le ayudó a recoger sus cosas. No era mucho: una pequeña maleta con un par de cambios de ropa, un ordenador portátil, una impresora, una caja de plástico llena de libros y otra con algunos productos de higiene personal.
Subieron las cosas al asiento trasero del coche. Justo en ese momento el casero, un hombre con sobrepeso y apariencia desaliñada, salió muy molesto a exigir un pago que se le debía. Kyle sacó su chequera del maletín y rápidamente expidió un cheque para el hombre, quien exigía se pagará el mes completo. No deseando discutir con el hombre, Kyle escribió la cantidad, cien dólares, y le entregó el cheque.
Menos de una hora después, Kyle dejó a Pip completamente instalado en su departamento.
—Realmente, señor Broflovski, no me gustaría importunar.
—Yo insisto, joven Phillip. Además, como le he dicho, no utilizó este departamento desde hace algún tiempo. De hecho, pienso venderlo… amueblado y todo.
Antes de marcharse, Kyle dedicó una última mirada a Phillip, notando nuevamente el rubor que adquirían sus mejillas cada vez que sus miradas se encontraban.
—Gracias —dijo Phillip—. Yo… no tengo como pagarle todo lo que ha hecho por mí.
—Descuide, no es problema.
Kyle le dejó las llaves y finalmente abandonó la habitación.
Una vez en su coche, echó la cabeza hacia atrás y suspiró varias veces. Todo el asunto había sido un poco más complicado de lo que supuso que sería.
—Tienes muy buen gusto, Pelirrojo.
Kyle se giró de golpe hacia el lugar del copiloto para encontrar la conocida figura de Kenny, quien lo miraba con una sonrisa pícara.
—Largo —gruñó.
Esto ensanchó la sonrisa de Kenny.
—Lo sé —alzó las manos como si le estuvieran apuntando con un arma—, te había dicho que una semana, pero debes comprenderme: es demasiado tiempo para estar sin tu agradable compañía, y más viendo las personas tan hermosas con las que te relacionas.
La furia de Kyle cada vez era mayor.
Kenny, sin perder la sonrisa de su rostro, deslizó su mano derecha hasta tocarle la mejilla, lo que le hizo tensarse al tiempo que se paralizaba. Podía sentir lo que Cartman le advirtió: Kenny se estaba metiendo con su mente.
—Es una buena presa —susurró el rubio—, podríamos subir ahora, mi Kyle, y beber su sangre. Tengo muchas cosas que mostrarte sobre cómo usar nuestra seducción natural, y ese lindo espécimen, Phillip, ¿no?, puede ser un buen material de práctica.
Eso hizo reaccionar a Kyle. Tomó la mano de Kenny y la apretó hasta que sintió los huesos crujir.
El rostro del rubio se convirtió en una mezcla de sorpresa y furia.
—Aléjate de él —siseó amenazante.
Kenny liberó su mano del agarre de Kyle. Su rostro volvió a su aspecto jovial de costumbre.
—Bien, bien, es tu presa, no me meteré.
Abrió la puerta del coche, para luego desaparecer como si se hubiera esfumado en el aire.
Kyle cerró los ojos y apoyó la cabeza contra el volante. Tardó unos momentos en tranquilizarse. El miedo se estaba incrustado dentro de él. Miedo por Phillip. Todavía tenía que descifrar si como creía alguien lo había amenazado, y ahora a eso se sumaba el temor a que Kenny fuera a hacerle algo.
Luego de todo lo que había pasado en su vida por culpa del vampiro rubio, y de lo que Eric le había contado, tenía fuertes motivos para pensar que Kenny haría cualquier cosa para envolverlo en su juego, cualquiera que este fuera.
