Disclaimer: South Park es propiedad de Trey Parker y Matt Stone.


Capítulo 8


La noche estaba yendo tal como Cartman había dicho. Nadie en el lugar parecía notar nada extraño en ninguno de los dos. La única queja que Stan había tenido para con su mejor amigo había sido por el hecho de que llegaron con cierto retraso. Wendy ya había servido la cena y algunos de los compañeros de trabajo de Stan ya se habían retirado. Kyle se disculpó, argumentando que había tenido que pasar por Cartman.

—Bueno, desde que nos reencontramos el lunes en la oficina y me ayudó con… ya sabes, nos pusimos al tanto de lo ocurrido el último año.

Stan asintió lentamente.

—Pues me alegra que ya estés un poco mejor, culón —dijo Stan, sonriendo divertido.

—Ja, muy gracioso, Hippie. Estoy seguro de que tú y Wendy estaban deseando mi muerte.

Por supuesto, Stan sabía que Cartman no lo decía en serio, así que después de eso los tres amigos soltaron una carcajada. De pronto había sido como si todavía fueran tres niños de cuarto grado esperando el transporte escolar en la parada del bus.

Stan se disculpó, pues tenía que ir a despedir a sus compañeros de trabajo, quienes ya se retiraban. Así pues, solamente quedaron los amigos más íntimos de la familia anfitriona, todos nativos de South Park, salvo por Butters y su esposa Lexus.

—Tenías razón —susurró Kyle. Solo él y Cartman permanecían sentados en un rincón de la sala.

—Te lo dije —respondió el otro con cierto aire de suficiencia que provocó una sonrisa en el pelirrojo.

Kyle pasó la mirada por la habitación. En otro rincón de la habitación, Wendy charlaba amenamente con Bebe y Lexus, quien se abstuvo del alcohol y tomaba algo de agua mineral debido a su avanzado estado de embarazo. Ese sería el segundo hijo de ella y Butters, según el médico, era una niña. Además del embarazo de Lexus, la próxima boda de Clyde y Bebe era también el tema de conversación.

Kyle notó que Butters, Clyde, Token y Jimmy hablaban animadamente de temas variados, mientras se servían unas copas en el minibar de Stan –un regalo de bodas de su tío Jimbo, el cual Stan se ocupaba de llenar con unas cuantas botellas cuando tenía un evento en casa–. No veía a Craig por ninguna parte. Supuso que era natural, él y Stan no se llevaban bien desde la niñez. Era curioso que la mayoría de los allí presentes eran nativos de South Park. Había sido un tanto extraño que casi todos los chicos de la generación hubieran optado por no irse tan lejos de casa, y eligieron Denver tanto como lugar de estudio como para más tarde hacer su vida adulta.

Stan se acercó al minibar y recogió la copa que Clyde le ofrecía, luego regresó a dónde estaban Kyle y Cartman.

—Entonces, Eric, ¿cómo te las arreglaste a pesar de estar un año sin trabajar? —preguntó mientras se sentaba en la butaca que formaba una L en conjunto con el sofá en dónde los otros dos estaban sentados.

—Oh, bueno, ser dueño del treinta por ciento del despacho ayuda un poco. No puedo permitirme los lujos excesivos que me daba antes, cuando trabajaba y ganaba todos mis casos, pero al menos vivo dignamente.

—Aun así, es muy desconsiderado de tu parte cortar todo contacto de la nada. Sé que debes haberte sentido muy deprimido por lo de Patty…

—Stan… —Kyle le interrumpió.

El anfitrión se dio cuenta de cómo el rostro de Cartman se apagaba a la mención de su ex prometida y se sintió mal por mencionarla tan a la ligera.

—Lo siento…

—No —restó importancia Cartman—, no importa. Ha sido un año… Creo que debería empezar a superarlo.

Kyle le sonrió, lo tomó de la mano y la apretó ligeramente para demostrar su apoyo, lo que hizo a Eric sonreír agradecido.

—¿Has hablado con tu madre últimamente? —preguntó Stan para desviar la atención de ese tema tan sombrío.

Cartman soltó un suspiro.

—La verdad es que no. Me he ocupado de que no le falte nada, sin embargo. Le deposito quinientos dólares en una cuenta bancaria cada semana para que se mantenga sin tener que, ya sabes…

Stan asintió. No era un secreto el oficio de Liane Cartman. Cuando los niños se burlaban de ella, más que nada para molestar a Eric; ahora Stan se sentía culpable por eso. De imaginar lo mal que debía haberlo pasado la mujer, sola y teniendo que criar a un hijo por su cuenta, sin ayuda económica de nadie más… Realmente como niños habían sido un montón de mocosos sin tacto ni sentido común.

—Bueno, tal vez deberías llamarla. No quiero que pienses que me estoy metiendo o algo… —Guardó silencio un momento—. Lo siento, no me corresponde.

—No me asustes, hippie, ¿qué es lo que pasa?

Stan cerró los ojos y respiró profundamente.

—Puede que no sea nada. No sé. Ayer hablé con mi madre para que me confirmara si vendrían. No pudieron estar aquí, como ves. El viejo se puso mal de nuevo. Le advertimos una y otra vez sobre que no debe beber tanto, pero simplemente no entiende.

—No divagues tanto, hippie.

—Eh, sí, lo siento. —Volvió a respirar profundamente—. Mamá dijo hace un par de semanas que tu madre no se siente nada bien, Cartman. No sé, insisto, deberías llamarla o algo.

Cartman sintió de pronto como algo dentro de él se rompía. Durante todo ese año había tenido miedo a lo que pasaría si volvía a ver a su madre. Ella era posiblemente la única persona que notaba algo extraño en él si se encontraban nuevamente. Nadie lo conocía tan bien como su madre, ni siquiera Patty. Liane Cartman le había criado por sí misma, haciendo su mejor esfuerzo, y no era hasta ahora que se daba cuenta de todos los sacrificios que había hecho por él, por cumplir todos sus caprichos de infancia, porque jamás le faltará la más mínima cosa.

Ahora, al escuchar de boca de Stan que su madre podría estar enferma de algo grave… No, no quería pensar esa posibilidad. No era iluso, sabía que su madre no viviría por siempre. Sí esperaba, en cambio, que ella estaría allí por un largo tiempo, aunque él tuviera que conformarse con verla y cuidarla desde la distancia.

—No es nada grave, ¿verdad? —preguntó en un hilo de voz.

Notó como Kyle se contenía para no abrazarlo y besarlo para de esa manera hacerle saber que él estaba allí. Se habían puesto de acuerdo en tratar de contener el trato tan íntimo que habían estado teniendo los últimos días por esa noche, y así evitar atraer sobre sí más atención de la necesaria.

—No lo sé realmente, Cartman —respondió Stan—. Mamá no me dio muchos detalles. Por eso te digo que la llames, o mejor aún, vayas a verla.

Cartman asintió con gravedad.

—¿Sabes? —continuó Stan, Kyle notó que ya tenía un poco las copas por encima, o de otra manera no estaría tratando el tema con tan poco tacto—, siempre que vamos a South Park pregunta por ti. Eres lo único que tiene, después de todo.

—Eso lo sé, no tienes que repetírmelo.

—Entonces, deja de lamentarte y ve a verla.

Kyle notó que Cartman comenzaba a molestarse, debía desviar la atención de manera rápida a otro tema, antes de que su compañero perdiera el control. Algo le decía que no sería agradable.

—No nos has dicho cómo te fue en tus primeros días en tu nuevo puesto —dijo para cambiar de tema.

Su amigo apuró el contenido de la copa antes de contestar.

—Bueno, las cosas han estado algo agitadas. Los últimos días ha habido demasiados homicidios en los barrios bajos y no tenemos muchas pistas.

Kyle asintió. Stan trabajaba en la unidad de homicidios violentos. Recordaba que Sharon muchas veces le había pedido que pidiera su cambio a otra unidad, sin mucho éxito. La verdad no le extrañaba, Stan estaba comprometido con su trabajo. Antes de ingresar a la universidad, había aspirado a ser veterinario. Sin embargo, cuando estaban en el último grado de secundaria, un par de maleantes habían entrado a asaltar la tienda de su tío Jimbo. La cosa se puso fea y Ned, su amigo y socio en la tienda de armas, resultó herido de bala y posteriormente murió en el hospital. La manera tan negligente en la que el departamento de policía del Condado Park trató ese crimen había orillado a Stan a decidirse por una carrera como policía. Necesitaba creer que podía hacerse justicia.

Cartman, olvidado de momento el asunto de su madre, intercambió una leve mirada con Kyle. El incremento de las estadísticas de crímenes violentos estaba relacionado con ellos de una u otra manera.

—No saben la suerte que tienen de ejercer derecho civil y no criminal —dijo Stan—. He visto tantas cosas horribles allí. Pero, bueno, alguien tiene que intentar hacer justicia por esas pobres personas.

—Podría ser peor —agregó Kyle—. No trabajas con víctimas vivas. Dicen que los delitos sexuales son mucho peor.

Stan asintió.

—¿Sabes? Siempre pensé que esas cosas que ponían en la Ley y el Orden no podían superar a la realidad. —Stan jugó con la copa vacía girándola entre sus manos antes de seguir—. La realidad es más cruda.

Dejó la copa sobre la mesa del café.

—El hedor de la carne quemada, Kyle, creo que es algo que jamás olvidaré.

Kyle dio un respingo ante eso. Sí, él tampoco lo olvidaría, ya que cada noche presenciaba los cuerpos sin vida, siendo consumidos por el fuego, respirando ese olor acre y sofocante. Además, el hecho de que Stan mencionara específicamente la carne quemada no parecía un buen presagio para él.

—Bueno —dijo Stan—. Yo no debería estar hablando de esto. Se supone que es clasificado. —Soltó una carcajada sin gracia—. Guarden el secreto, por favor.

Cartman parecía un tanto pensativo y Kyle supo que pensaba algo parecido a lo que él mismo intuía. Cuando escuchó las últimas palabras de Stan, asintió lentamente.

—Considero que deberías ir a descansar —dijo Eric con voz grave—. Ya has bebido demasiado esta noche.

Stan le dedicó una sonrisa amistosa.

—Sí, creo que tienes razón.

Stan echó la cabeza hacia atrás. Se quedó viendo hacia el techo por un momento. Luego, volvió la mirada a Kyle un instante.

—Ahora que te veo bien, Kyle, pareces un poco pálido.

El pelirrojo giró la mirada hacia Cartman, este le hizo un gesto únicamente perceptible para él indicándole que mantuviera la calma.

—Bueno, he estado enfermo está semana, amigo —se apresuró a responder.

—Sí, debe ser eso —murmuró Stan.

Soltó un leve suspiro.

Kyle notó que Lexus y Butters ya se despedían de Wendy.

—¡Stan! —lo llamó su esposa.

El aludido se giró en su dirección.

—¿Sí?

—Butters y Lexus ya se van.

Se puso de pie y fue a despedirlos.

—Gracias por venir.

—No hay de que, Stan —respondió Butters—. Felicidades por tu nuevo puesto.

—Gracias de nuevo.

—Bueno, tenemos que ir a recorrer a Stephen —dijo Lexus—. No le gusta dormir en casa de sus abuelos, aunque lo más seguro es que ya esté dormitando en el sofá. Gracias por la deliciosa cena y la maravillosa velada.

—No hay porque —dijo Wendy—. Luego hay que ponernos de acuerdo para preparar todo sobre la fiesta de bebé.

Kyle y Cartman también se levantaron.

—Bueno, creo que también debemos irnos —dijo Cartman—. Vivo algo lejos y todavía debo llevar a Kyle a su departamento del centro.

—Fue un placer volver a verte, Cartman —dijo Wendy. Ambos se encontraban en términos más amistosos que en la infancia, sobre todo cuando ella aceptó que de hecho él sí había madurado mucho entre la secundaria y la universidad.

—Gracias por todo.

—Felicidades de nuevo, amigo —Kyle le dio un abrazo amistoso a Stan.

—Tenemos que ponernos de acuerdo para ir a tomarnos unas copas entre semana.

—Sí, trataré de llamarte —mintió el pelirrojo.

—Kyle —Bebe llamó su atención—. Me enteré del asunto de Phillip. Creo que debí cerciorarme de que estaba bien. No sabía que su hermana lo había echado de la casa. Perdón por hablar de eso aquí, pero si no te lo digo ahora no sé cuándo podré hacerlo.

Kyle negó con la cabeza.

—Tengo la sensación de que no fue así. Estoy seguro de que Phillip se marchó por su propia voluntad.

Bebe pareció un tanto extrañada por esto.

—¿Seguro?

—No conoces como es su hermana. En fin, hablaremos luego. Ahora únicamente quiero ir a descansar.

—Oh, por supuesto.

Kyle y Cartman se despidieron de Clyde, Bebe, Token, Jimmy y Wendy para salir de la casa. Eran cerca de la medianoche y el cielo sobre Denver estaba despejado.

Una vez que se alejaron en el coche, Cartman soltó algo de aire.

—¿Te preocupa lo que dijo Stan? —le preguntó a Kyle.

El otro asintió.

—Está en la unidad de homicidios violentos —dijo—. Creo que era prácticamente imposible que no estuviera investigándonos.

—No sabe nada…, es decir, es imposible que sospechen, ¿verdad?

—Descuida —le tranquilizó Cartman—. Ya te lo dije, es infalible. No hay manera en la que puedan rastrearnos. Pero tal vez aun así habrá que probar el pequeño trago por un tiempo. Ya sabes, disminuir un poco la cantidad de cadáveres. La otra noche en aquel club lo hiciste muy bien.

Kyle asintió.

—¿Qué hay con respecto a tu madre?

Cartman detuvo el coche. La verdad es que no quería pensar en las posibilidades que las palabras de Stan podían implicar.

—No lo sé —respondió finalmente, poniendo el coche de nuevo en marcha.

Se hizo un silencio momentáneo. Kyle no quería interrumpir, pues sabía que Cartman necesitaba reflexionar un poco sobre eso.

—¿La has visto? —preguntó finalmente.

—No desde diciembre, cuando fui por el cumpleaños de Ike.

—¿Cómo estaba? —No pudo esconder un poco su aflicción.

Kyle no sabía qué responder. No quería aumentar la preocupación de Eric, pero tampoco podía mentirle.

—Se veía algo cansada y un poco resfriada —respondió con sinceridad—. Además, no dejaba de preguntar por ti. Quería saber si te había visto y si estabas bien.

Cartman cerró los ojos un momento.

—Dios, soy un desastre —dijo—. Traté de protegerla de mí mismo y lo único que conseguí fue lastimarla.

—Eric —susurró Kyle—, trataste de hacer lo mejor que pudiste. Yo… —Tomó algo de aire y lo soltó lentamente—. Creo que haré lo mismo —admitió.

—Tu madre sería capaz de ir a tumbar la puerta de tu departamento si haces lo mismo que yo.

—Para entonces ya lo habré vendido.

—Entonces contratará al mejor detective privado que pueda pagar para encontrarte, y llevará tu foto a todos los programas de personas extraviadas.

Kyle sonrió amargamente porque sabía que Eric tenía toda la razón.

—No cometas el mismo error que yo.

—No sabes si realmente ella está tan mal.

No hubo respuesta. Quería ser optimista como Kyle, sin embargo, la forma en la que el universo lo había tratado el último año le indicaba que no podía ser tan simple.

—Voy a llamarla, en cuanto despierte mañana por la noche.

—Buena idea.

No se dijo nada más. Cartman continuó conduciendo en silencio hasta llegar a la casa.

- SP -

Cartman esperó con nerviosismo en la línea. Su mente repasaba una y otra vez a toda velocidad las posibles implicaciones de esa llamada. Quizá estaban haciendo una tormenta en un vaso de agua y realmente no pasaba nada con su madre. Pero, si resultaba que realmente era algo muy malo, no tenía idea de cómo reaccionaría al respecto. No se hacía la idea de vivir en un mundo en el que su madre ya no existiera, por más que el último año prácticamente la hubiera eliminado de su vida.

—¿Hola? —Cuando la voz suave de Liane Cartman se escuchó al otro lado, Eric sintió como su respiración se detenía.

Por un momento fue incapaz de decir nada. Y luego, justo cuando Liane estaba por colgar seguramente pensando que era una broma, las palabras salieron en un susurró:

—Hola, ma'.

Se hizo el silencio. Por un momento Eric pensó que ella no había escuchado y colgaría en cualquier momento.

—¿Eric? —La voz surgió temblorosa y cargada de toda clase de emociones—. ¿Eres tú?

Cartman cerró los ojos, mientras una lágrima de sangre se deslizaba desde su ojo derecho.

—Sí, soy yo… —Se relamió los labios con nerviosismo—. Lamento no haberte llamado antes. Yo…

—¡Oh, Eric! —lo interrumpió su madre con voz llorosa—. ¡Me alegro tanto escucharte! —Un acceso de tos interrumpió sus palabras. Sonaba realmente mal—. Lo siento, yo…

—Ma', ¿estás bien? —preguntó Cartman con preocupación.

—No te preocupes, Eric —respondió su madre tratando de sonar calmada—. He estado un poco enferma. Eso es todo. Nada que unos buenos antibióticos no curen.

—¿Estás segura? No me agrada nada cómo sonaba esa tos.

—No te preocupes —insistió ella—. Mejor dime, ¿tú estás bien? Lo de Patty fue tan repentino, y luego comenzaste a evitarme. Pensé que harías una locura, Eric. No sabes la incertidumbre que he pasado este último año. Y luego ninguno de tus amigos ni nadie en el despacho eran capaces de decirme nada sobre ti.

—Lo siento por eso, ma' —se disculpó genuinamente.

Liane tuvo otro acceso de tos de varios minutos.

Eric escuchaba a través del auricular del teléfono como su madre luchaba para recuperarse y seguir hablando. Fue terriblemente frustrante estar allí de pie, sin poder hacer nada más que escucharla.

—Lo siento de verdad, Eric.

—Mamá, ¿qué te ha dicho el médico? Supongo que has ido a ver uno.

—Una infección pasajera, no te preocupes.

Pero la tos volvió a contradecir sus palabras.

—Mamá, por favor no me mientas. Si es algo grave…

—Descuida, Eric, de verdad.

Sin embargo, no importaba cuánto tratara de ocultarlo. Se había dado cuenta, era tan grave como Stan había dejado entrever: los accesos de tos, la forma en la que su respiración indicaba que los pulmones batallaban para hacer su función de manera óptima. Podía imaginarla acostada en la cama, con la piel pálida y gruesas ojeras bajo sus ojos, mientras una cantidad enorme de frascos con pastillas ocupaban el lugar de las novelas de bolsillo que normalmente tenía en la mesita de noche.

—Mamá, voy a ir a verte… Pronto.

Colgó.

Cerró los ojos y tuvo que hacer un enorme esfuerzo para no soltarse a llorar como un crío.

Su madre estaba muriendo, su instinto de vampiro se lo decía.