Disclaimer: South Park es propiedad de Trey Parker y Matt Stone.
Capítulo 12
Cuando Cartman abrió los ojos la siguiente noche, los recuerdos de todo lo sucedido llegaron a él de forma tan abrumadora que le costó mucho levantarse de la cama. No quería enfrentar la posibilidad de que lo que Kenny hizo con Liane no hubiera funcionado. De ser así y su madre no tenía esa segunda oportunidad que estúpidamente trató de darle, no sabía si podría soportarlo. Finalmente, se incorporó de la cama en medio de la vieja habitación de su infancia.
La mayoría de las cosas que había dejado allí tras marcharse a la universidad estaban ahora en cajas almacenadas en algún lugar del desván. Si acaso había unos pocos cambios de ropa en los armarios, que su madre se empeñaba en mantener para cuando la visitaba, y algunos libros que dejó olvidados por allí. Al igual que en la otra habitación, las cortinas habían sido reemplazadas por mantas gruesas que impedían el paso de la luz durante el día.
Avanzó hacia la puerta. Al salir al pasillo, de manera instintiva, su mirada giró en dirección a la puerta de la habitación de Liane. Sintió como si un trago amargo pasara por su garganta. La casa estaba en un silencio sepulcral, no tenía idea de dónde estaba Kahl –esperaba encontrarlo en la planta baja, aunque su oído no lo podía captar en la casa–. Avanzó unos pasos, y entonces notó algo en la habitación de Liane. La inconfundible voz de Kenny.
Se tensó. ¿Qué carajo hacía él en la pieza de su madre?
Tragándose el miedo a cualquier cosa que pudiera encontrar allí dentro, se acercó y abrió la puerta para echar un vistazo. Al igual que la noche anterior, el lugar estaba iluminado únicamente por la luz de las velas, las cuales eran completamente nuevas. Kenny estaba sentado en una de las sillas, vestido de manera elegante con un traje, como si se dispusiera a salir esa noche. Tenía las piernas cruzadas y una sonrisa pícara en el rostro.
Aunque lo que más llamó su atención fue el hecho de que la puerta del armario de su madre estaba abierta, y alguien allí parecía estar removiendo entre los vestidos y las cajas con zapatos que su madre guardaba. De hecho, sobre la cama vacía, se encontraban montones de ropa apilada.
—Eric, finalmente te dignas a pararte por aquí —dijo el rubio—. Tu alimentación debe ser muy mala para que tu sueño de muerte se extendiera más de tres horas luego del anochecer.
Antes de que pudiera responder, Liane Cartman salió de su armario. Eric perdió el aliento en cuanto la vio. Parecía haber rejuvenecido diez años. Su piel completamente lisa y blanca, el cabello creció convirtiéndose en una melena de hebras color castaño que caían por su espalda como una cascada; totalmente diferente a los mechones descuidados y delgados que tenía un par de días atrás. Estaba vestida con un camisón de color negro, confeccionado con una tela tan delgada que no cubría para nada sus dos pequeños y perfectos pechos.
—¡Eric! —dijo ella con una voz que bien podría ser la de una chiquilla, mientras cruzaba la habitación a toda velocidad y se abrazaba a él—. Por fin despiertas. Quería verte desde hace horas, pero...
Cartman no sabía qué hacer, la miraba con una expresión de confusión total. Estaba prendida de su cuello de una forma que no era para nada maternal.
—Lia… Madre. —Se interrumpió al pensar que no era correcto utilizar su nombre de pila para llamarla, después de todo ella era...
—Oh, Eric, olvídate de esas inhibiciones humanas.
Esto hizo que Kenny soltara una carcajada divertida.
—Vamos, Liane, es natural que Eric esté un poco confundido. No todos los días la mujer que te crio te recibe de esa manera.
Cartman no tenía idea de cómo interpretar ese comentario por parte de Kenny. ¿Le estaba ayudando acaso? No, eso no podía ser.
—Escucha, Liane, querida, ¿por qué no terminas de vestirte? La noche no es eterna, por más que nos gustaría. Y hoy es una noche muy especial.
Liane se separó de Eric, mientras asentía, y regresaba al armario.
—¿Qué está pasando? —preguntó Eric en un susurró duro a Kenny.
El rubio simplemente le sonrió desafiante.
—Es una noche maravillosa, eso es todo, y la hermosa Liane me acompañará.
—¡No! —espetó Cartman—. Ni creas que te dejaré solo con ella...
—¡Eric! —el grito de Liane le sorprendió. Por un momento la voz había vuelto a ser la de su madre—. No seas grosero con Kenny. Discúlpate.
Cartman sintió como si un balde de agua le cayera encima. ¿Tenía acaso idea ella de quien era Kenny realmente y de lo que le había hecho a él? Oh, sí, ya imaginaba la actuación que debía estar representando para Liane: mostrándose como un educado caballero inglés de modales y actitudes refinadas. Esa misma actuación que utilizó para encandilar a Patty, mientras lentamente enredaba sus asquerosos tentáculos alrededor suyo para romper su compromiso y finalmente transformarlo en un monstruo.
Decidió que por el momento no diría nada. Quizá era momento de mostrarle a Kenny lo maldito bastardo que podía ser él también. Tal vez rescatar un poco de sus viejas mañas de niño no estaría nada mal.
—¿Qué pasa, Eric, no ibas a disculparte? —preguntó Kenny, burlón.
Cartman simplemente le envió una mirada molesta.
—Lo siento, Kinny...
El rubio frunció un poco el entrecejo ante esa respuesta. El tono en que había dicho la última palabra parecía implicar una burla más que otra cosa. Afortunadamente, antes de que pudiera decir cualquier cosa, Liane salió de nuevo del armario. Traía un vestido de noche de color negro en las manos, sosteniéndolo frente a su cuerpo en un intento por ver cómo le quedaría.
—¿Qué te parece este, Kenny querido? ¿Me queda bien?
—Liane, preciosa, cualquiera que uses es perfecto. —El rubio se giró para sonreírle de una forma muy seductora.
Eric sintió hervir su sangre de tan solo escuchar la manera en la que ese maldito le hablaba a Liane.
—Esta noche es especial, quiero lucir algo de acuerdo a eso.
—Lo sé, querida, lo sé. Creo que Eric es un tacaño. Debió gastar menos en una boda que al final canceló y más en vestirte como a una reina.
El aludido le fulminó con la mirada nuevamente. Sabía que cada una de sus palabras estaba diseñada para lastimarle. La manera en la que sonreía, cruel y, hasta cierto punto, con placer, se lo decía todo.
—Oh, Eric se esforzó en darme una buena vida.
—Es lo menos que te mereces, luego de todo lo que te hizo pasar.
—¡Bueno, basta ya! —gritó Cartman totalmente fuera de sí.
—¡Eric! —reprendió Liane nuevamente.
—No —dijo mientras daba un paso hacia Kenny—, no me trago ni por un segundo tu actuación de «niño bueno». ¿Por qué no le dices la verdad, Kinny? Qué fuiste tú el que malogró todos mis planes y me maldijo con la sangre. Eh, háblale de cómo jugaste conmigo y te encargaste de que Patty y yo...
Kenny se levantó.
—Lo que hice, querido Eric, fue salvarte de una vida fútil e insignificante. No estás hecho para ser un simple mortal atrapado en trivialidades humanas.
Cartman apretó los puños.
—No te correspondía decidir eso —espetó.
—Pero tú sí lo decidiste por Liane. ¿No enviaste a tu querido Kyle a buscarme para pedirme ayuda? ¿No me suplicaste ayer con la mirada que resolviera tu error y salvará a tu madre?
Eric sintió esas palabras como puñetazos.
—No te atrevas... —No pudo terminar de hablar. Liane estaba de pie entre ambos.
—Basta, por favor —pidió ella—. Esta es mi noche especial, Eric. Nada de luchas absurdas por esas cosas que están en el pasado.
—Mamá, este sujeto...
—No, no me interesa saberlo. Solo, por favor, deja de lado esas cosas esta noche. Aunque sea por mí, Eric. ¿Puedes hacer eso por tu madre?
La mirada de Eric se encontró con la de Liane. Los ojos color chocolate, que él había heredado de ella, le transmitían una cantidad de emociones que resultaban abrumadoras. Vio el miedo, la incertidumbre, la curiosidad y el deseo reflejados en ellos. Y a la vez, en el fondo de todo eso, una melancolía por las cosas pasadas que simplemente era demasiado para él. Tuvo que apartar la mirada y asentir levemente con la cabeza, para luego susurrar un leve: lo intentaré.
Liane sonrió con calidez.
—Gracias. —Acto seguido, acortó el espacio entre ambos y depositó un suave beso en sus labios.
Se apartó de nuevo, volviendo a remover entre su ropa. Tomó el vestido de noche negro que había dejado sobre la cama y sin más comenzó a vestirse.
—Oh, Eric, te garantizo que esta será una noche inolvidable —dijo Kenny ante eso—. Creo que únicamente mi futura cita con el Pelirrojo podrá superarla.
Eric frunció el ceño ante esas palabras, pero no dijo nada.
Aunque, por otro lado, las palabras de Kenny despertaron su curiosidad. ¿En dónde se había metido Kahl? Ahora estaba completamente seguro de que no estaba en la casa.
—No te preocupes por el pelirrojo —dijo Kenny—. Está ocupado en una visita familiar.
Eric entrecerró los ojos.
—No habrás hecho algo.
—Ni siquiera me acerqué, lo juro. Algún vecino nos vio llegar y le fue imposible escaparse del asunto.
Eric no estaba seguro si creer eso o no, aunque prefirió no discutir nada.
—¿Qué tal me veo? —preguntó Liane modelando el vestido para ellos.
—Maravillosa —respondió Kenny—. Ese vestido te hace ver más preciosa, querida Liane.
Ella se giró entonces un poco, posando su mirada en su hijo.
—¿Qué dices tú, Eric?
—Te ves hermosa —respondió él siendo sincero.
Kenny se acercó a Liane y le ofreció el brazo.
—Nuestra noche comienza ahora, querida.
Eric los siguió mientras salían de la habitación y bajaban las escaleras. Al llegar a la puerta principal, Kenny se giró a verlo sin borrar la sonrisa cruel de su cara.
—Lo siento, querido Eric, pero me temo que esta noche especial solamente es entre Liane y yo.
—Un carajo si crees que te dejaré solo con ella.
—¡Eric, ese lenguaje! Y ya no eres más un niño para andarme celando.
La miró con incredulidad. ¡Dios, le había hablado como si fuera un niño pequeño y celoso porque su madre tiene un nuevo novio! Dio un paso adelante. No iba a dejar que Liane saliera sola por allí acompañada de ese monstruo. Entonces, se detuvo. Sintió una presión extraña en la cabeza, al tiempo que parecía como si la temperatura de la habitación estuviera aumentando. O tal vez era su propia temperatura.
—No te ves nada bien —dijo Kenny en una mezcla de preocupación fingida y burla—. Deberías volver arriba, descansar un rato, y luego ir a buscar una buena presa.
—¡Tú! —gruñó.
—Descansa, querido —dijo Liane con voz maternal, antes de abandonar la casa del brazo de Kenny.
Cartman retrocedió unos pasos, luego de que la puerta se cerrara suavemente. Se sentó en el segundo escalón de la escalera. El calor comenzaba a disminuir y la presión en su cabeza había desaparecido del todo. Con la respiración agitada y el cuerpo humedecido en sudor sanguinolento, Eric dio un golpe a la pared con tal fuerza que la estrelló. Estaba seguro de que ese malestar tan extraño había sido ocasionado por Kenny con el único objetivo de evitar que los siguiera.
Echó la cabeza hacia atrás, mientras en su mente daba una y mil vueltas a todo lo que acababa de pasar. La actitud extraña de Liane, el hecho de que Kenny se comportara extrañamente tan cordial con ella y ella a su vez cayera en su juego. Sentía deseos de levantarse de allí, de recorrer todo el maldito pueblo en busca del lugar al cual habían ido.
La puerta se abrió de pronto, y la conocida figura de Kyle entró a la habitación al tiempo que cerraba la puerta tras de sí. Se recargó allí suspirando de una forma que le hacía ver demasiado humano.
—¿Kahl? —preguntó Eric extrañado. El pelirrojo tenía la ropa desaliñada como si acabara de escalar un árbol—. ¿Qué rayos pasó?
Soltó un suspiro nuevamente antes de responder:
—Tuve que salir por la ventana de mi vieja habitación. Mi madre insistía en que me quedara. Le dije que te estaba acompañando por la enfermedad de Liane, y , por tanto, no podía hacerlo. Y bueno...
—Se puso pesada —completó Eric.
Su compañero asintió con la cabeza.
—Ya sabes como es. «Eric puede cuidarse solo. Podrás ir a verlo mañana». Y eso cuando no me estaba atosigando por preguntas sobre mi supuesta enfermedad.
Se apartó de la puerta. El olor de la sangre mezclada con el aroma de Eric y la marca clara del puñetazo en el muro hizo que se olvidara momentáneamente de sus propios problemas y se acercara a su amigo.
—¿Qué sucedió? —preguntó con voz queda—. No me digas que Liane…
Eric negó con la cabeza.
—Supongo que no estabas aquí cuando Kenny llegó.
Kyle negó con la cabeza.
—Casi en cuanto me desperté, vi la cantidad masiva de llamadas perdidas de casa de mis padres. Supe que ella ya sabía que estaba aquí y tuve que contestar. Y antes de que pudiera hacer nada más, estaba en su puerta llamando para la cena.
—Esa mujer es una controladora obsesiva.
—Bueno, no puedo hacer mucho, es mi madre. —Se recargó en el muro, sin apartar la mirada de Eric—. ¿Qué fue lo que hizo ese desgraciado?
Cartman soltó un leve suspiro.
—No tengo idea de qué está pasando, Kahl —dijo sincerándose por completo, algo que jamás habría hecho de niño, pero que notó en los últimos días era un verdadero respiro para su alma—. Cuando desperté ya era muy tarde. No tenía idea de que pudiera quedarme tanto tiempo sumergido en el sueño de muerte. Es decir, generalmente, a un determinado tiempo luego del anochecer, simplemente abro los ojos. Esta vez no fue así. Cuando salí de la habitación en primera instancia no me pareció que hubiera nada extraño. Salvo porque la casa estaba en completo silencio. Y entonces, escuché a Kenny en la habitación de Liane. Ella estaba con él. Salieron, como un par de amantes, a una cita.
—Dios… Eric…
—No pude detenerlos, y ahora no tengo idea de dónde están.
Se levantó, alzando su brazo para ver el reloj de su muñeca. Diez minutos para la media noche.
—Soy patético —dijo—. En mi desesperación por ayudarla, acudí al mismo diablo. ¿Qué pasará si Kenny la enreda en sus juegos? ¿Y si la pone en mi contra? No quiero pensar en tal posibilidad, no quiero pensar en que ella podría ponerse de su lado.
—Tal vez solo está encandilada —dijo Kyle—. Como un insecto encandilado por la luz. Dijiste que Kenny le hizo eso a Patty: la deslumbró a tal grado de que ella jamás sospechó nada extraño en él. Quizá haga lo mismo con Liane.
Cartman hizo una mueca.
—Pensé en eso también. Aunque, no sé por qué, tengo el presentimiento que ella realmente sí sabe quién y cómo es Kenny realmente, pero por alguna razón le está siguiendo el juego.
—No creo que ella lo haga —dijo Kyle—. Eric, Liane Cartman es una de las mejores personas que jamás conocí. Deberías saberlo, es tu madre después de todo. A pesar de su reputación, a pesar de los errores que pudo haber cometido en ciertos ámbitos, sabes que siempre fue una mujer amable que se preocupaba por los demás y sobre todo por ti. Si ella sabe quién es Kenny realmente, y de hecho sospecha lo que te hizo, no se pondrá de su lado.
Cartman se mordió el labio. En ese momento, más que un adulto, parecía un niño confundido y dolido.
—Quiero pensar eso, Kahl. —Su voz era un susurro en un tono bajo y triste—. Se lo dije… Le grité lo que Kenny había hecho. Ella se limitó a enviarme una mirada triste y me pidió que por esa noche me olvidara de eso. Es una noche especial para ellos, por algún motivo.
Luego de eso, se hizo un silencio. Kyle no se apartó del muro junto a las escaleras en dónde estaba recargado. Eric se quedó viéndole desde el lugar en donde se encontraba, al pie de las mismas.
El reloj cucú ubicado en la sala, que Liane había heredado de su madre al morir, marcó la medianoche.
—Tal vez solo debas darle tiempo —dijo Kyle—. Recuerdo la primera noche: no tenía idea de qué hacer. Luchaba por tener un poco de control sobre mí, pero todo me abrumaba y me distraía. ¡Dios!, creo que, si no hubieras estado allí, Kenny se habría aprovechado de mi estado para…, nada agradable.
Eric asintió.
—Con ella todo parece tan distinto. Es como si de alguna forma fuera consciente de todo y a la vez no. —Suspiró—. No sé realmente cómo expresarlo.
Antes de que ninguno de los dos pudiera decir nada, el sonido de las sirenas llenó el ambiente. Dos patrullas pasaron velozmente por la calle frente a la casa. No le prestaron la menor atención a ese hecho. Un par de minutos después, más sirenas, esta vez el sonido era distinto. Camiones de bomberos, una ambulancia y dos patrullas más.
—Algún incendio —dijo Eric.
Se puso de pie al escuchar como una de las ventanas del segundo piso se abría. Luego las risas inconfundibles de Liane y Kenny.
Ambos, Eric y Kyle, alzaron la mirada al verlos bajar por las escaleras. Ella tenía la ropa manchada de sangre en varios lugares. Reían, como dos adolescentes que acabaran de hacer alguna maldad de la cual habían conseguido escapar muy apenas.
Kyle relacionó dicha actitud con las sirenas que había escuchado unos momentos atrás. ¿Sería posible que ellos...? No, tal vez Kenny, Liane Cartman, por otro lado, era incapaz de hacer lo que estaba pensando, ¿verdad?
—¡Oh, debieron estar allí! —dijo ella—. Fue muy divertido.
—¿Qué fue lo que hicieron? —preguntó Kyle con tono horrorizado.
La mujer dejó de reír y posó su mirada en el pelirrojo. Acto seguido, bajó corriendo las escaleras y se prendió de su cuello. Kyle le dedicó una mirada entre sorprendida y asustada. La mujer sostenía al pelirrojo por la barbilla mientras parecía analizar su rostro.
—Oh, Kyle —dijo—. Estás hermoso. —Luego de eso le robó un beso en los labios.
—¡Madre! —medio gritó Eric.
—Oh, por favor, Eric —dijo ella, soltando a Kyle y girándose hacia su hijo—. Te dije que dejaras de lado esos generalísimos. A estas alturas, luego de lo ocurrido, no estamos para eso.
Eric no dijo nada más, hasta que la carcajada divertida de Kenny rompió el silencio incómodo.
A lo lejos se escucharon más sirenas, lo cual atrajo de nuevo la atención de Kyle respecto a lo que fuera que habían hecho esos dos y su posible relación con las patrullas, las ambulancias y los coches de bombero que llenaban las calles.
—¿Qué sucedió? —volvió a preguntar.
—Por favor, Kyle, no seas tan serio —dijo Liane—. Son nimiedades que no vienen al caso.
Eric observó las manchas de sangre en el vestido y en la piel de Liane. Kenny, por otro lado, se mantenía tan pulcro como cabía esperar de alguien narcisista como él. A decir verdad, también estaba algo asustado con respecto a que podría haber pasado en esa «noche especial».
—Liane, por favor —pidió.
La mujer soltó un suspiro.
—No puedo negarte nada, Eric, querido —dijo—. Hoy saboree un plato de venganza.
—La dulce venganza de la sangre —agregó Kenny con sorna.
—¿Venganza? ¿De quién? —preguntó Eric completamente extrañado. No sabía de nadie en el pueblo con quien su madre tuviera problemas. Al menos del tipo que podían llevarla a cometer homicidio.
La mujer se acercó a su hijo y le acarició el rostro.
—No sabes cómo me alegra que te parezcas al abuelo y no a él.
La confusión de Eric no hizo más que aumentar.
Ella se apartó de él con una expresión de completa pena. A Eric le dieron ganas de abrazarla y consolarla.
—¿Conoces a Jack Tenorman, supongo?
—Por supuesto —respondió Eric—. El jugador de los Broncos. Se retiró hace un par de años. Era una celebridad local cuando éramos niños. Casi todos lo admirábamos. Excepto Kyle, quien prefería el baloncesto al fútbol.
Liane asintió.
—No me digas que tú…
No tenía sentido. Era absurdo que su madre quisiera vengarse de aquel jugador. Hasta donde sabía, no se conocían más que de vista —algo relativamente normal, teniendo en cuenta que el pueblo no era muy grande—, entonces, ¿por qué?
—Mataste a Jack Tenorman —dijo Eric.
Ella asintió.
—De hecho —dijo Kenny—, eso fue más allá. Casi como tú en aquella granja, querido Eric. ¡Se ensañó por completo con el tipo y su esposa!
Los otros dos dirigieron miradas asustadas e inquisitivas a la mujer frente a ellos. Liane se miró las manos, tenía algo de sangre seca en las uñas, y las cerró en un rictus de furia contenida.
—No tienes idea —dijo en voz baja— de cuánto tiempo tuve que tragarme la furia contra ese hombre. Cuántas noches lloré por su culpa luego de la forma que me utilizó y de lo que nos hizo.
Alzó la mirada. Su rostro estaba cubierto con lágrimas de sangre.
—¿Tienes idea de lo difícil que fue? Verlo aparecer en televisión, con su familia, como un padre orgulloso y un esposo modelo. Y mientras, yo tenía que mentirte cada vez que preguntas en dónde estaba tu padre. Tenía que limitarme a abrazarte sin saber que más hacer o decir cada vez que volvías llorando de uno de esos días de campo de padre e hijo en la escuela.
—¡Dios! —susurró Cartman.
—Jack Tenorman es… Él era… —susurró Kyle, antes de tener que ir a ayudar a Eric, quien casi no podía sostenerse en pie. Lo llevó al sofá para que se sentara.
—¿Por qué? —quiso saber él.
Liane Cartman, aun mirando la sangre en sus manos, contestó de una forma que su hijo no esperaba:
—¿Por qué no? Me usó como sexo pasajero tras una pelea con su esposa. Jamás quiso responsabilizarse de nada. ¿Sabes qué hizo cuando fui a exigirle que mínimo diera una pensión para tu mantenimiento? ¡Me echó encima a sus abogados! ¡Me amenazó con enviarme a prisión y arrebatarte de mis manos para entregarte a alguna agencia de adopción! Yo simplemente no puedo perdonarlo por lo que nos hizo. Tragué tanto tiempo todo esto, que me quemaba por dentro.
Hizo una pausa.
—Pero ahora está muerto. Gracias a esta sangre, a esta nueva fuerza, pude finalmente hacerlo pagar por todo.
La casa quedó envuelta en un silencio absoluto. Nadie dijo nada más conforme la madrugada se agotaba. Finalmente, casi de manera automática, cada quien se retiró a dónde fuera que pasarían el día.
- SP -
Un incendio. Los cuerpos quedaron irreconocibles, aunque estaba más que claro que se trataba del matrimonio Tenorman. No parecía haber rastros de que el incendio fuera provocado, o debido a un corto circuito. Ante la imposibilidad de probar como se había generado realmente y en espera a los resultados de la autopsia, el informe policiaco de momento indicaba que se trataba de un accidente, sin especificar cómo o de que tipo.
- SP -
De nuevo despertó tarde. Esta vez, en cambio, el ambiente se sentía extraño. Tan pronto como salió de la cama, se dio cuenta de que ese día de verdad estaba completamente solo en la casa. Encontró una nota sobre la mesa de noche. La caligrafía, aunque algo apresurada, sin duda era de Kyle. Era una nota escueta con una única frase:
«La vieja cabaña abandonada al otro lado de la charca Stark».
Se apresuró a salir de la casa y abordar su coche. Condujo hasta aquel lugar. Cuando eran niños, Kyle, Stan y él solían pescar allí durante los veranos. No sabía a qué se debía la nota de Kahl, aunque algo dentro de él le decía que no podía ser nada bueno.
Luego de recorrer un tramo de bosque, encontró al pelirrojo de pie, cerca de la cabaña. Esta había sido reducida a una enorme pila de madera en el centro del claro, junto al lago en el que se encontraba.
—Eric —susurró Kyle en cuanto lo vio llegar.
—¿Qué está pasando, Kahl?
—Ella va a hacerlo. —Se mordió los labios—. Liane le pidió a Kenny que le ayudara con eso.
Antes de que Cartman pudiera decir más, la pila de manera comenzó a arder llenando la noche con su luz rojiza.
—¿Qué demonios? —preguntó Eric al ver a su madre de pie muy cerca de la pira. Kenny estaba también en las cercanías—. ¡Liane!
Ella se giró dedicándole una última sonrisa cansada.
—Creo que no aproveché muy bien la última noche que me disté, Eric —dijo—. Tal vez debí pasarla contigo, en lugar de centrarme en la venganza. Lo siento.
Dio un paso hacia atrás, en dirección al fuego. Eric se acercó.
—No —susurró—. No hagas esto, por favor.
—Viví una vida, Eric, no sé si buena o mala, pero una vida a final de cuentas. Yo ya estaba preparada para abrazar la muerte. Ahora debo hacerlo. Yo no tengo la fuerza para aguantar esto, lo sé. Lo siento.
Y tras decir eso, saltó hacia atrás. Su cuerpo se transformó en una bola de fuego casi al instante en que tocó las llamas. No hubo gritos de dolor, sino simplemente un cuerpo ardiendo con una facilidad que en un cuerpo humano hubiera sido completamente imposible. Un extraño olor que difería mucho de la carne quemada de un humano se percibió en la zona. Era difícil describirlo: una extraña mezcla del hedor metálico de la sangre –dulce para los vampiros– y carne quemada.
Eric corrió, únicamente para ser detenido de golpe por Kenny, quien lo arrojó hacia atrás. Cayó sentado sobre la nieve, y casi al instante sintió como los brazos de Kyle lo sostenían por la espalda.
—¡Mamá! —musitó como un niño desamparado.
No podía apartar los ojos de la pira funeraria, la cual seguía ardiendo arrojando su resplandor sobre los tres vampiros presentes. Se quedó allí con la vista fija en las llamas, durante casi dos horas, mientras el fuego parecía bailar burlón, tras haberle arrebatado a su madre, hasta que lentamente se consumió. Al final solamente quedaron cenizas, humo y unas pocas brasas, aún encendidas de un color rojo vivo. No había rastro alguno de un cuerpo. Los vampiros no dejan tras de sí más que cenizas color blanco al quemarse.
Kenny, con una extraña mirada solemne en el rostro, se acercó y tomó un puño de las cenizas de Liane. Las mantuvo en sus manos, dejando que el viento otoñal las dispersara en dirección al lago. Así continuó, puño tras puño, hasta que casi no quedaba nada de aquellas cenizas blancas.
Terminado ese trabajo, el vampiro rubio se giró y caminó en dirección a dónde Kyle aún sostenía a un abrumado Cartman.
—Está hecho —dijo—. Solo queda que cumplas tu parte del trato, pelirrojo.
Kyle se levantó de golpe completamente furioso.
—¿Eso es todo lo que te importa?
—Yo ayudé a Eric, justo como querías. Luego de que le di mi sangre a Liane, ella fue libre por completo de hacer lo que quisiera. Eligió morir. No puedes culparme por eso.
Eso no evitó que el pelirrojo apretara los puños hasta que sus nudillos se pusieron blancos.
—No pienso pagarte nada, cabrón.
Kenny sonrió malicioso.
—Ya veo, así que no tienes palabra, pequeño Kyle. —Se acercó a él. Kyle sintió de nuevo como se paralizaba ante el poder que emanaba de Kenny. El rubio acarició su rostro un momento, antes de robarle un apasionado beso—. Mejor será que te lo creas mejor antes de incumplir nuestro trato —susurró sin apartar su rostro del pelirrojo más que unos centímetros—. Mi venganza no es algo que quieras experimentar.
Kenny miró a Eric, se agachó y susurró algo a su oído. Kyle fue incapaz de escucharlo, supuso que porque Kenny así lo quiso. Luego, el vampiro rubio se apartó de ambos para desaparecer, de tal forma que pareció como si se hubiera fundido con la noche misma.
En el lugar únicamente quedaron Kyle y Eric. El primero entre asustado y furioso. El segundo completamente destrozado.
