KIYOHIME

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Pocas cosas podían transgredir su humanidad tanto como la energía emanada desde aquella construcción natural hundida en medio del blanco manto a su alrededor. Si algo podía asegurar, era la completa humildad abandonando su cuerpo; Se adentraron embebidos de la noche gorgoteante, sumidos en el silencio de su propia percepción anulada por el brillo centellante de las estrellas tatuadas en las paredes de cal.

Aquello no parecía terrenal, y a la vez, dibujaba entre fósiles la perfección natural del mundo. El silencio entre ambos se vio vanamente sofocado por el goteo constante de un charco lejano.

Se adentraron en la cueva únicamente iluminados por el destello del rayo en las paredes. Inconscientes de su rumbo notaron como la nieve en sus pies era remplazada por césped vivido; por su parte, la laguna subterránea frente a ellos latía en aguas calmas y peces brillantes vibrantes en poder. Aquel lugar estaba construido entre la electricidad de un ambiente sofocado por la confrontación de temperaturas y la quietud de una brisa lejana.

Sakura observó como el poder en su compañero parecía reflejar el blanco resplandor de un mando nunca antes rebelado ante sus ojos.

- Su fuerza alimenta tu chakra…

Sasuke asintió sigiloso, con los ojos clavados entre las profundidades no exploradas.

- No exactamente – aseguró sagaz- Me invita a pertenecer.

La incapacidad en Sakura para evidenciar aquel sentimiento la llevó a identificar su desconocimiento con una explicación demasiado terrenal. A veces olvidaba el pasado divino en sus compañeros y la conexión inexplicable del origen natural en su poder.

- ¿tendrá alguna relación con nuestra misión? – se atrevió a cuestionar entre la penumbra de los destellos azulados.

La duda tacita desapareció en el instante en que Sasuke tomó lugar junto al agua. La mano del muchacho se introdujo entre el flujo comenzando a brillar en comunión con los seres vivos bajo el espejo.

- Es hermoso – susurró sorprendida- ¿Cómo te sientes?

Sasuke cerró los ojos exhalando el tibio deslumbre frente a su mirada. Se sentía extrañamente cómodo; asintió irguiéndose junto a la muchacha, la realidad tumbó su corazón cuando comprendió que la noche los había atrapado a kilómetros del campamento.

- No debemos estar aquí – reflexionó turbado ante el instinto que lo había llevado a involucrar a Sakura en aquel asunto.

- No parecías permitir opciones. – lamentó la chica tras un suspiro.

El muchacho exhaló audiblemente frustrado.

- ¿Crees que hemos arruinado esta misión? – cuestionó la chica dejando caer su cuerpo sobre el césped resplandeciente- nunca he fallado una misión… bueno… solo una vez…

La mirada del pelinegro se posó cuidadosamente en Sakura.

- Fue tras conformar el nuevo equipo 7 – explicó serena mientras sus manos jugueteaban con las luces del rayo bajo sus palmas.

Elevó la vista hacia el hombre de pie frente a ella. Notó claramente como la mirada del muchacho se inmutó ante aquellas palabras.

- Lo recuerdo – soltó culpable.

- De cualquier modo, si fallamos… no tendremos otra oportunidad– agregó alarmada.

Sasuke consideró las palabras siguientes en un intento por aportar calma, sin embargo, antes de emitir algún sonido, su atención fue captada por un eco conocido emanado desde las cuencas de la caverna: No necesitó meditar mayormente aquel ruido. Sabía perfectamente su origen.

Su ónix oscuro resplandeció en el carmín profundo, clavando fuertemente su palma en la katana bajo su abrigo.

Sakura lo observó preocupada antes de erguirse de pie junto al muchacho. El sonido desconocido ante sus oídos llegó a ella como un derrumbe constante.

- ¿Qué es eso? – susurró expectante en un intento por ajustar su visión.

De pronto, el brillo de la katana trinó vibrante junto al rayo. El sonido siguiente retumbó frente a sus ojos en el instante exacto en el cual una gran serpiente hizo su aparición desde la oscuridad.

Las ocho cabezas y una cola vibraron letárgicas frente a sus ojos.

Cubrió su rostro del estruendo de polvo y agua ante el chapoteo de los peces huyendo despavoridos hacia las profundidades de la antes pacifica laguna.

Los ojos del reptil se clavaron en ellos taladrando hasta su inconsciente. Amarillos y antiguos parecían hablar entre el siseo proveniente de sus lenguas.

Un escalofrío removió su cuerpo.

- no mires sus ojos. – la llamó despabilando su concentración.

La chica asintió turbada ante el hipnotismo perturbador y antes de mover sus piernas, cayó paralizada contra el suelo.

- No… no puedo… – intentó soltar ahogada en la agonía del sonido tenue desprendido desde su garganta.

Sasuke se ubicó junto a ella emitiendo palabras que no pudo comprender. Sin embargo, entre un pestañeo repentino, la tranquilidad volvió a su alrededor.

Ya no había serpiente.

Ya no estaba Sasuke junto a ella.

La soledad reinó entre la calma absoluta.

El aire se hacía espeso y sus extremidades parecían ajenas.

Se recompuso rápidamente con la respiración agitada y el corazón en su garganta. La incomprensión azotó sus pensamientos incapaces de controlar sus músculos temblar desequilibrados.

- Pero qué está ocurriendo - susurró intentando hallar al muchacho entre la quietud del paisaje- Sasuke… ¿Dónde estás? – lo llamó atemorizada.

Recorrió la cueva imaginando que aquello únicamente debía ser parte de un espejismo. Sin embargo, sintió el herbaje rozar sus dedos con tanta naturalidad que aquello ciertamente parecía la realidad.

Intentó mantener la calma para poder concentrar su instinto. Fue entonces, cuando lo observó reptar desde las profundidades de la laguna, en un intento por retomar hacia la superficie.

Fue en su ayuda en cuanto sus piernas se movieron con ligereza, sin embargo, al llegar, el horrible panorama la obligó a retorcerse entre gritos y el terror de aquella alucinación. Sasuke se encontraba desangrado con su cuerpo mutilado en un charco de sangre. Gélido y tan blanco como la nieve, mientras la corriente del agua lo aplastaba contra la canto de piedras brillantes.

De pronto, la víbora insaciable, se alzó entre la oscuridad paralizando sus pensamientos y en un locuaz movimiento, la fornida cola se lanzó contra ella lanzando su humanidad contra las rocas. Sintió sus huesos tronar y la sangre no dudó en descender desde su boca. Cayó de rodillas al piso mientras el dolor invadía sus sentidos. Pulmones colapsados, costillas fracturadas, piernas laceradas.

En un pestañeo el liquido rojo recorriendo sus brazos había desaparecido. La sorpresa la impactó cuando en el tambaleo de la impresión perdió el equilibrio cayendo de lleno contra la hierva.

Calmó su respiración irguiéndose vigorosa. Sin claridad de lo ocurrido.

Nuevamente se encontraba sola.

Tranquilizó su respiración y observó sus manos vibrar entre la angustia.

El estruendo de la tierra desmoronándose llamó velozmente su atención. Acudió a su encuentro esperanzada por una respuesta.

A lo lejos, en las fauces de la cueva, Sasuke luchaba ferozmente con aquella bestia de 8 cabezas.

La chica quiso unirse a la lucha, pero sus pies se detuvieron en seco cuando tras un movimiento serpentil, la víbora se alzó contra el pelinegro desmembrando su cuerpo en una ágil mordida repentina. Sus cabezas inferiores devoraron su cuerpo mientras la katana inservible caía ruidosa entre las rocas.

- ¡!no! – gritó nuevamente cuando sintió gotas rojas dibujar su rostro en el instante en que la cabeza del muchacho caía inerte frente a sus pies.

Sin embargo, tras un nuevo pestañeo, se encontraba sola en la quietud de la paz.

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Abrió los ojos ahogando un grito.

Había repetido aquella escena durante días completos.

Cada vez más largas, cada vez más dolorosas.

De cualquier modo, todos sus esfuerzos terminaban en el muchacho muerto de alguna abominable manera.

Sucumbió ante la hierba, de rodillas cuenta el suelo mientras sus manos acunaron el brillo resplandeciente del pasto húmedo. Era tan real que dolía.

Aspiró el aroma de las flores y en su organismo de plasmó el Jasmín fresco.

Malditamente existente.

A esa altura ya tenía claro que aquello era un Genjutsu. Sin embargo, sus esfuerzos vanos no lograban romper el hilo. Peor aún, ser consciente de su fantasía no evitaba el dolor ante cada vivencia; cada ilusión duraba más tiempo, siendo en aquel instante lo suficientemente eterno para durar horas completas de absurda lucha. Daba igual, de cualquier modo, la serpiente lastimaba su cuerpo y su compañero terminaba sucumbido en un charco de sangre. La última vez aún grabada en su retina, simplemente destrozó su corazón. Las lagrimas afloraron culpables mientras el cadáver inerte yacía abatido nuevamente ante sus pies. La impresión se apoderó de su cordura cuando la descomposición avanzó a una velocidad descomunal. Piel, musculo, hueso, polvo.

¿y si acaso aquello era real?

La herida en su costado sangraba desgarradora. Aun podía sentir los colmillos de la bestia clavados en su abdomen. Traspasando su cuerpo hasta la medula, y peor aún, el dolor, era tan real como su mente podía considerar. La carne visible se ahogaba en sangre y su abdomen plano se había dividido en llagas profundas.

Durante las últimas oportunidades había intentado huir de la caverna, pero su esfuerzo vano acababa en un pestañeo repentino. Nuevamente en el césped, igual de cansada, igual de herida. Su cuerpo no se regeneraba, su chacra no existía.

"Hipnótica en su danza, mortal en su esencia. El sueño más hermoso, el respiro más eterno"

El recuerdo de aquella frase llegó a su mente en el instante en el cual notó aquel engaño.

Aquello claramente era parte de su misión. Sin embargo, el sibilante sonido en cada inhalación le daba entender que no resistiría mucho tiempo en aquellas circunstancias. Pese a ello, su chakra no curaba sus heridas y su mente no lograba asimilar la ilusión en sus llagas.

Los segundos de meditación fluían en conjunto con el estruendo a su alrededor. Nuevamente el pelinegro luchaba imperturbable contra la serpiente. Decidió que esta vez no ayudaría, sin embargo, su mente se resistía. No podía mantener la calma mientras el muchacho era devorado por el reptil.

- Es falso, no es él. Es falso. – susurró dejando caer su rostro contra la hierba.

Los recuerdos de su encuentro contra Kakashi llegaron a su mente como un flashback inoportuno. En aquel entonces le debían quitar los cascabeles, y su sensei, conocedor de sus debilidades, había formado un espejismo del Uchiha que ellos fácilmente habían anulado. Sin embargo, las condiciones eran muy diferentes.

- Él no está aquí – culminó mientras nuevamente el muchacho era desgarrado frente a sus ojos- aunque no interfiera, él muere… y si interfiero, terminaré por agotar mi energía.

Un pestañeo.

Paz. Silencio.

Nuevamente la lucha lejana llegó a sus oídos.

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Abrió los ojos afligida reconociendo la luz atacar sus ojos con tanta fuerza que fue necesario cubrir su rostro con sus brazos.

- ¡Sakura-chan!

Escuchó la voz de Naruto y su corazón comenzó a latir en desosiego.

Reconoció su cuerpo horizontal y con los ojos cerrados se incorporó desorientada; la bocanada de aire reinó en sus pulmones y el oxigenó la trasgredió aliviando de a poco el dolor en sus células.

Fue entonces, cuando la nebulosa en su vista se despejó que pudo notar lo que reconoció como un cuarto de hospital como tantos en los que había trabajado durante su vida.

Su cuerpo ardía, sin embargo, ya no existía sufrimiento físico. De pronto el ambiente ya no era espeso.

- ¿esto es real? -cuestionó en un hilo de voz cuando se encontró frente a frente con el Uzumaki.

- No te muevas Sakura- chan. Estás muy débil.

El rubio la observó intranquilo interponiéndose velozmente entre la chica y el grupo de hombres de pie junto a la puerta.

- Todos están aquí porque no nos hemos movido de tu lado, pero no es necesario que hables…

Sin embargo, pese a oír con claridad, la mirada esmeralda únicamente se plasmó de lleno en el muchacho de pie junto al umbral. La contemplación oscura afilada en preocupación intentaba vanamente mantener la cordura.

Las lagrimas en la muchacha fluyeron ahogadas, casi como un sollozo desesperado. Y antes de ser consciente en sus acciones, su organismo instintivamente se abalanzó contra él en un abrazo desgarrador. Sus manos vibrantes subieron para atarse vigorosas entre las hebras azuladas. Lo atrajo contra su cuerpo con tanta intensidad que el equilibrio falló viéndose tambaleantes durante el segundo eterno en el cual sus pies se elevaron en un abrazo de auxilio.

La quietud en Sasuke no logró impactar su confrontación. No podía importar menos la cantidad de ojos sobre su cuerpo. No cuando había permanecido durante semanas observando al Uchiha caer sucumbido a espantosas muertes.

- Estás vivo – susurró cuando sus pies regresaron a las baldosas y sus manos entumecidas comenzaban a deslizarse lentamente por el cuello del pelinegro hasta alcanzar el pecho fornido. Enterró allí su rostro en un esfuerzo por sentir los latidos vividos colarse hasta sus oídos.

El brazo del muchacho permaneció a un lado de su cuerpo, intranquilo. La preocupación por Sakura era abismante, sin embargo, tan controlado como pudo, mantuvo su cuerpo firme frente al Raikage junto a ellos. No, no podía demostrar el aprecio que su insensato corazón luchaba por ocultar, no cuando sobre su espalda aún existían apreciaciones mal debidas respecto a su actitud pasada.

Empuñó su mano bajo su ropa en un intento absurdo por calmar la insana necesidad de apretar a la chica contra su cuerpo. Sin embargo, pese a sus esfuerzos, entrecerró los ojos por un segundo disfrutando del suave roce de la muchacha mientras su mentón rosaba fugazmente la coronilla rosa; La humedad en su pecho parecía la consecuencia de las lágrimas derramadas provocando el fragmento en su capacidad para mantener su estoicismo.

- Estoy aquí – fue capaz de soltar cuando tras la prolongación de aquel abrazo, se vio obligado a separar a la chica suavemente.

La tomó desde el abdomen y en un acto de calma, separó sus cuerpos unos centímetros. Sakura asintió perdida en el arrastre de cada silaba. El ronquido abrasador se apoderó de su mente logrando un tambaleo en su posición. Su mirada enrojecida se posó anhelante en la dicotomía del pelinegro. Lo quiso besar y lo deseo, más que todo lo ambicionado durante su vida. El afán en sus ojos caló tan profundo en Sasuke, que lograr tranquilizar su respiración fue una labor más ardua de lo esperado. Tragó la saliva en su garganta y necesitó alejarse para no sucumbir a la suplica frente a su cuerpo; casi podía escuchar un "por favor" deslizándose desde los suaves labios de la chica. Castos pétalos anhelantes.

Naruto aclaró su garganta acercándose a sus compañeros, ya era suficiente con las especulaciones sobre su equipo como para además dejar en evidencia lo que realmente ocurría entre ellos.

Sakura limpió sus ojos siendo recién consciente de la presencia junto a sus cuerpos.

- Lo siento…yo… - susurró tras una repentina reverencia al líder de la aldea.

- Será mejor que vuelvas a la cama Sakura- chan- soltó el rubio tras la chica.

Los hombres se observaron cautelosos frente a los miedos surgidos, mientras la pelirosa tambaleante seguía su camino guiada por el Uzumaki.

- ¿Cuántos días estuve inconsciente? – cuestionó la mujer con su cuerpo de pie junto a la camilla.

- Solo un par de horas – soltó Sasuke en preocupación.

- Es imposible – susurró la pelirosa con la respiración agitada- he permanecido allí al menos una semana. Yo… yo te vi morir, tantas veces… esa maldita serpiente, me azotó contra la cueva cada vez que intenté interponerme entre ustedes… yo… yo te vi morir

El Raikage asintió comprendiendo la situación.

- Debemos asesinar esa bestia – soltó el líder sin despegar su mirada del Uchiha junto a ellos. Pese a las circunstancias, no lograba olvidar lo ocurrido en el pasado- otro poder ocular así, no puede andar libre por el mundo. Ya es suficiente con nuestros problemas actuales.

La clara referencia enfureció la tranquilidad en el azabache.

Sasuke, aun aparentemente reformado, no parecía alguien en quien fiar su confianza; el muchacho notó la susceptibilidad y sin mayor preámbulo cerró los ojos exhalando con prepotencia.

- Su nombre es Kiyohime. Es la serpiente madre. Será mejor no interferir – su voz sosegada, colmó la entereza en los lideres.

- Tus consejos no son bien recibidos – soltó uno de los consejeros junto al Raikage.

El bufido en el muchacho fue la demostración misma de su indignación.

- Cuéntanos ¿Cómo has logrado salir vivo de allí? – interrogó el líder mientras la seriedad calaba en su fisonomía.

Ciertamente, si antes debían ser cautelosos respecto a Sasuke, era evidente el cambio físico y la ascendente diferencia en su capacidad.

Los ojos de la serpiente, no eran la única mirada peligrosa entre sus dominios.

- Llegamos a un acuerdo – soltó el pelinegro tempestuoso.

- ¿Qué le podría interesar a una serpiente de 8 cabezas? – arremetió curioso.

El Uchiha se mantuvo en silencio sin dar cabida a especulaciones.

Naruto frotó su nuca compungido.

- No se deben preocupar – soltó el rubio en un intento por destensar el ambiente- Sasuke no haría nada contra el País del Rayo.

El Raikage suspiró antes de hacer tronar su cuello.

- Naruto ¿Debo dejar todo en tus manos nuevamente? – la voz rasposa resonó estruendosa ante los presentes.

El Uzumaki con el sudor acumulado tras su nuca y una sonrisa no libre de preocupaciones, asintió antes de exhalar satisfecho.

- Me encargaré de esto, de veras – agregó sereno.

Los hombres asintieron y sin despegar la vista del pelinegro, abandonaron la habitación cautelosos.

El orgullo en el Uchiha parecía fragmentado ante aquella visión. La comparación abismante entre él y una bestia, le recordó el pasado tormentoso vivido por Naruto. Aquella carga no era coincidencia, lo sabía, y también podía ver el sentimiento instaurado en el Uzumaki. Naruto pese a su aspecto, se encontraba en la misma nebulosa de inseguridades. Aquello simplemente era parte del vínculo que indudablemente unía sus vidas.

- Vaya que no eres bienvenido por estos lados eh – soltó Naruto tras unos segundos de silencio- al menos deberías intentar ser más amable.

Sasuke chasqueó su lengua sin mayor interés en ello.

- Su cordialidad no me importa – refutó dando por zanjado aquel tema.

- No nos dirás que has negociado con la serpiente? – cuestionó el rubio interesado

El silencio en su compañero se perdió en la mirada fija del Uchiha; sus ojos clavados en la muchacha permanecieron allí por más tiempo del adecuado.

- No por el momento – respondió sin mayor interés.

Naruto negó con la cabeza.

- Como sea ¿Qué información has conseguido de Kiyohime? – insistió

- Lo suficiente – culminó más tosco de lo adecuado.

El rubio comprendió aquello como un mensaje complejo, y sin preámbulos asimiló la indirecta.

- Bien… iré por una enfermera para que revise a Sakura, y luego hablaremos sobre esto ¿no? – soltó tras un suspiro.

- No es necesario, estoy bien. – arremetió la chica con la culpa sobre sus hombros. Si la misión se retrasaba, ella era la única culpable nuevamente- ya nos hemos retrasado mucho.

El mentón del Uchiha le indicó al rubio el camino recorrido por el Raikage, y en menos de lo pensado, Naruto atravesó el umbral con las manos en los bolsillos y los ojos entrecerrados; haciendo caso omiso a la mujer, cerró la portilla tras de sí, tan lentamente como pudo. Por supuesto que no traería una enfermera, Sakura podía ser realmente muy inocente.

De alguna forma, todos los sentimientos en su corazón no dejaban de invadir su ánimo. Porque bajo toda su lucha y buenas intenciones, existía la masculinidad de su orgullo fraccionada en pedazos; pese a lo ocurrido, no había logrado trastornar en Sakura ni un ápice de sus sentimientos hacia él.

Las palabras de Shikamaru rondaban su mente entre los deseos de su carne; Frotó su rostro con ambas manos mientras se dejaba caer en la sala de espera. Debía aplacar aquello o terminaría derrumbado.

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Se observaron estáticos, notando la corriente eléctrica fluir por sus espaldas.

- Estabas sumida en un Genjutsu fuerte – habló el muchacho- ¿Es posible que estés bien?

- Sasuke, solo… -su voz entre cortada se fragmentó en la impotencia de su condición. Porque no, no estaba bien. Había sentido el dolor físico durante días, la impotencia y frustración de sus aptitudes y la dolora muerte del muchacho tan vivida como jamás lo imaginó- fue horrible.

Sasuke suspiró compungido, había sido su responsabilidad llevar a Sakura hasta allí. Sin embargo, jamás imaginó aquello.

La muchacha se recompuso de pie y se acercó lentamente. La aflicción en Sasuke parecía trasparente ante su mirada; tragó la saliva acumulada en su garganta y esta vez, sin tapujos, estrecho a la chica contra su cuerpo hundiendo profundamente su rostro en el hueco del cuello expuesto; Su brazo antes sumido en la contención, se apoderó de la cintura ofrecida, y con la intensidad de su exigencia, clavó en Sakura su respiración. Los recuerdos volvieron a su mente como una imagen tenebrosa que hace años no había experimentado.

La serpiente los había atacado y en tan solo un segundo Sakura yacía lejana en un profundo sueño.

Intentó romper la ilusión, sin embargo, el poder de aquella bestia era abismantemente mayor a lo que sus ojos humanos podían aspirar.

Su fuerza física intentó derrotarla, no obstante la velocidad de los 16 ojos clavados sobre su rostro, hacían de la serpiente un enemigo estruendoso.

La chica sudaba y gritaba aterrada, a medida que los minutos de lucha transcurrían. Sasuke lo sabía. Cada minuto en una ilusión parece una eternidad doliente.

Fue allí, cuando las opciones se habían terminado, y se vio a si mismo desesperado. Cuando optó por ofrecer un trato arriesgado; Para su sorpresa, el interés de aquel reptil, únicamente recaía en una roca brillante. Una roca que ellos bien conocían.

La lucha del equilibrio únicamente dependía de un guardián buscando el objetivo de su destino.


Hola Hola Hola!

Como están?

Yo aquí nuevamente, un poco más libre de mi vida loca, y con un poquito de tiempo para terminar esta historia.

UUUY es que me gusta mucho lo que está por venir.

Aún amo escribir sobre Naruto, solo que estoy más ocupada que hace 3 años.

No olviden dejar su mensajito, critica, saludos. Ya somos pocos por FF así que debemos hacernos notar!

Saludos!