Disclaimer: South Park es propiedad de Trey Parker y Matt Stone.


Capítulo 15


Si los vampiros pudieran vomitar, Kyle lo habría hecho. Incluso cuando eso no cambiaría nada. Había tomado una vida inocente. ¿Cómo podría seguir después de eso?

Sintiendo el amanecer sobre él, Kyle pensó en dar media vuelta y salir de Denver. Buscar algún camino poco transitado, estacionar el coche y salir a esperar a que el sol lo quemara. Si tuviera más tiempo, podría haber hecho una pira funeraria como Liane.

«No mereces eso», se dijo. No después de lo que había hecho esa noche.

Golpeó el volante con furia. Podía sentir la sangre de ese niño inocente recorriendo sus venas, dando calor a su cuerpo y coloreando su piel de un tono que, de aparecer ante los mortales, no notarían su piel de palidez preternatural.

No dio la vuelta, ni tampoco regresó al departamento de mala muerte en el que ahora residía. Sin importarle los límites de velocidad, aceleró el coche en dirección a la casa de Cartman. Esperaba que él estuviera allí. Era el único que comprendería cómo se sentía…

Recordó lo que había percibido de él horas atrás en la reunión. ¿Era correcto cargarlo con sus problemas cuando él tenía sus propias preocupaciones? Sin embargo, ¿con quién más podría ir?

Gruñó al sentirse tan frustrado. Era tarde para dar media vuelta. No llegaría a su refugio a tiempo antes del amanecer.

«Podrías acabar con todo», dijo una parte de él.

No iba a hacerlo.

Detestaba su nueva existencia, se odiaba por lo que había hecho, y sabía que no habría nada que jodiera más a Kenny que privarlo de su juguete preferido. Pero, si hacía eso, ¿qué pasaría con sus padres?, ¿con Ike? Si hacía eso, su ausencia se notaría. Su madre movería cielo y tierra buscándolo. La policía encontraría su coche tarde o temprano, pero no quedaría nada de él que pudiera darles una pista de que había pasado. Había visto lo que ocurría con el cuerpo de un vampiro al ser arrojado a las llamas, el sol seguramente sería incluso peor que eso. No quedarían ni sus huesos, nada con que pudieran identificarlo. Su familia pasaría el resto de su vida preguntándose qué había pasado, sin un cuerpo que enterrar. Eso era lo más doloroso que podría hacerles. Podía imaginar a su madre durante cada uno de sus cumpleaños, o durante las fiestas de fin de año, esperando junto al teléfono una llamada de su hijo desaparecido que jamás recibiría.

Por más que odiara ser lo que era, Kyle se dio cuenta de que no tenía la fuerza para acabar con todo. No mientras su familia viviera. Y Cartman había enfrentado eso solo durante un año…

Recordó lo que sintió al ver a Eric unas horas atrás, como pensó que estaba sumido en un pozo tan profundo que… Liane ya no estaba, ya no tenía a Patty. No había nada más que atara a Eric Cartman a ese mundo.

—Por favor, no cometas una estupidez.

Se sintió un poco hipócrita por pedirle eso, cuando solo unos momentos atrás él había pensado en terminar con todo.

Podía sentir el amanecer a menos de una hora de distancia cuando estacionó el coche frente a la cochera de la tranquila casa de suburbios en la que vivía Eric Cartman.

Sintiendo el miedo, se apresuró a dirigirse a la puerta. Esta se abrió antes de que pudiera llamar. Con sus sentidos desarrollados de un vampiro, Eric debió darse cuenta de que llegaba desde que había girado en la esquina de la calle.

Cartman lo miró, sus ojos parecían los de un muerto, de una forma muy literal.

Kahl, pensé que tú… —Eric se hizo a un lado para dejar que su amigo pasara—. Fue demasiado arriesgado venir a esta hora.

—Descubrí que, con mis sentidos de vampiro, conducir a alta velocidad es más fácil que cuando yo…

Cartman asintió indicando que lo sabía. En otra época, se habría burlado de él por su «hipocresía judía» al no respetar las leyes de tránsito. Kyle nunca creyó que extrañaría esas burlas. Escucharlas ahora significaría que todo estaba bien, que esa pesadilla jamás había pasado.

Se detuvo un momento. Podía ver la culpabilidad en el rostro de Cartman.

—¿Por qué piensas que fue un riesgo venir?

Cartman se tensó.

—¿Eric?

—Tuviste que haber cruzado toda la ciudad para llegar hasta aquí —dijo al fin.

Kyle cerró los ojos.

—Sabías que Kenny estaba planeando esto.

Recordó el aspecto de Cartman en la reunión del despacho. ¿Se debía a eso?

—Lo siento, Kahl, yo…

—Lo ayudaste.

Cartman no se defendió de esa acusación. Su mirada era toda la respuesta que Kyle necesitaba.

¿Por qué? Cartman odiaba a Kenny tanto como él. Nunca lo habría ayudado a fraguar algo así. En especial porque, en cierto sentido, Kenny le había hecho a él lo mismo en aquella granja de Inglaterra.

No, Cartman lo dijo: cuando asesinó a aquella familia en busca de sangre, Kenny lo tenía muerto de hambre. La bestia dentro de Eric, y no el hombre, había hecho eso. A diferencia de él, Kyle tenía el control, y aun así…

—Me tiene por los huevos —dijo Cartman.

En otras circunstancias, quizá Kyle habría reído con alivio. Eso era algo que el viejo Eric Cartman, con el que creció y, a regañadientes, aprendió a apreciar, habría dicho. Pero el tono, la forma en que pronunció cada palabra, mostraban desesperación y una furia reprimida que no sabía cómo desahogar.

Recordó que Eric desapareció luego de todo el asunto con Liane. Incluso llegó a pensar que había terminado con su existencia. También, recordó como Kenny se había agachado junto a él a susurrarle algo al oído, algo que deliberadamente no quiso que él escuchara. ¿Era por eso que él…?

—¿Qué pasó?

La mirada que Cartman le dio expresaba tal dolor que, por un momento, Kyle decidió que si ahora mismo Eric decidiera hacer una pira funeraria como la de su madre lo ayudaría. Nadie debía seguir vivo soportando un dolor como ese.

—Tengo una hija…

Kyle parpadeó. Las palabras de Cartman tardaron un momento en registrarse en su cerebro. Una hija… Eric Cartman tenía una hija.

Un recuerdo vago llegó a su mente. Meses atrás, cuando por coincidencia se encontraron con Patty, hubo un detalle al que no le había tomado importancia, uno que, de no ser por sus nuevas capacidades, seguramente habría olvidado: el olor a talco para bebé.

—¿Patty…?

Cartman asintió.

—Al parecer, los anticonceptivos fallaron una de todas esas veces que estuvimos juntos en ese viaje a Europa —respondió Cartman, sonriendo de forma amarga y sin gracia—. O tal vez ese bastardo hizo algo…

Se llevó las manos al cabello en un gesto desesperado.

—El caso es que no lo sabía, pero él sí…

Kyle se mordió el labio. El recuerdo de su encuentro con Patty en el centro de Denver unos meses atrás volvió con más fuerza. Lo radiante que se veía ella, el olor del talco para bebé… No le dijo nada a Cartman en esa ocasión pensando que se había dado cuenta, y también porque podía no ser nada. Tal vez simplemente había cargado al bebé de alguien más recientemente.

—¿Qué les hizo? —preguntó, aunque sentía que tal vez esa era una de esas respuestas que en realidad no le gustaría saber.

—Nada. —Sintió alivio, el cual solo duró un instante—: Al menos por ahora. Pero, sabes que podría, ¡dijo que lo haría si yo no…!

Kyle se dejó caer en el sofá. Ya no tenía la fuerza para recriminar a Cartman por haber ayudado a Kenny en su trampa de esa noche. ¿Qué habría hecho él si a quien amenazaran fuera a su familia? En realidad, Kenny sí que lo había hecho, aunque Kyle siempre lo sintió como una burla más que como algo real.

El amanecer estaba cada vez más cerca. Podía sentir que el sol despuntaría en el oriente en menos de veinte minutos. La rigidez del sueño de muerte comenzaba a afectarlo.

Vio a Eric una vez más. No soportaba ver su miseria. Debía haber algo que pudiera hacer por él…

—Tal vez podrías…

Cartman alzó la mirada. Kyle había usado ese tono de voz, el mismo que empleaba cuando se le ocurría una idea. Si bien Eric era una mente maestra de los planes enrevesados, siempre había algo que no tomaba en cuenta, y se convertía en su perdición. Kyle no era así: cuando quería joder a alguien lo hacía bien. Cartman sabía que por eso nunca dejó de ser su amigo. Si había alguien que pudiera ponerle un alto cuando se le pasara la mano en alguna de sus tramas, ese sería Kyle. En cierto sentido, se convirtió en su brújula moral.

El maldito sol estaba sobre de ellos. Notó que Kyle apenas si podía mantenerse despierto.

—¿Kahl?

—Podrías sacarlas de Denver —dijo él por fin. De pronto la rigidez del sueño de muerte pareció desaparecer. Su mente estaba demasiado activa ahora como para permitirse ser vencido por eso.

—Patty jamás querría irse…

—Entonces, ve con ella.

Kahl, no puedo…

—Sí, sí puedes. Sé que no quieres acercarte a ella, que temes lastimarla. Lo entiendo. Yo también temo hacerlo si me acerco a mi familia. —Se mordió el labio—. Pero no tienes otra opción.

—Ella debe odiarme —musitó Eric dolido.

—No lo hace. ¿Viste su mirada esa noche, cuando nos encontramos? Había dolor, cierto, pero no odio. Además, puedes encandilarla, sumirla en el hechizo de la misma forma en que Kenny lo hace.

Cartman lo había considerado antes, no se atrevió. Eso sería caer al nivel de Kenny. Incluso él tenía más moral que eso. Sin embargo, si eso las sacaba de sus garras, lo haría.

—Incluso si me atreviera, ¿a dónde las llevo?

A pesar de la cercanía del sol, Kyle se puso de pie y caminó alrededor de la sala, pensando.

—El bastardo es poderoso, y tiene los recursos para encontrarte a donde quiera que vayas. —No podían hacer eso sin tomar en cuenta los recursos de su enemigo, uno que había tenido casi medio milenio para reunir riquezas e influencia—. Pero, hasta ahora, no se había atrevido a venir a Estados Unidos. Siempre actuó solamente en Europa.

Cartman asintió. Como su abogado en Denver, Eric echó un vistazo a muchos de sus negocios. Kenny estaba metido en toda clase de empresas relacionadas con la cultura, pero rara vez actuaba personalmente fuera de Europa.

—Dijiste que los otros vampiros le dejaron Londres. Él me lo dijo esta noche, y sé que no mentía, al igual que tú, porque tenemos los mismos instintos: somos territoriales. Considerando eso, ¿y si nunca actuó fuera de Europa porque temía a otros vampiros?

Cartman nunca lo había pensado así. Sacudió la cabeza.

—Aun así, vino a Denver…

—Desde que llegaste, ¿alguna vez viste otro vampiro aquí?

Cartman negó con la cabeza.

—Tal vez es por eso: era un territorio libre hasta que llegaste. Pero eso no quiere decir que no haya otros. Este es un país muy grande. Cualquiera podría esconderse en sus ciudades. Si es de ese modo en Denver, imagina como es en las más grandes.

Todo eso tenía sentido, pero…

—Eric, conviviste más tiempo con él que yo: dos meses. Él te enseñó cosas. ¿No mencionó algo? ¿Algún lugar del mundo que estuviera prohibido?

Cartman sintió como si alguien hubiera encendido un foco sobre su cabeza, igual que en los dibujos animados.

—Nueva York —dijo con un susurro—. Me advirtió sobre jamás acercarme a Nueva York.

Había algo allí, algo lo suficientemente fuerte como para que Kenny le temiera. Si llevaba a Patty y a su hija allí…

Negó con la cabeza.

—No creo que saltar de la sartén al fuego sea buena idea.

Kyle sonrió.

—Sí, lo que hay allí debe ser peor que Kenneth McCormick. Aunque, recuerda la Amenaza Fantasma: al menos ese algo no los está buscando a ustedes.

Cartman asintió. Tenía todo el sentido del mundo. Incluso si lo que había allí lo destruía, al menos Patty y su bebé estarían a salvo.

Con el sol sobre de ellos, no pudieron hacer más planes por el momento, así que se retiraron a dormir.

- SP -

Kenneth McCormick tenía recursos ilimitados. Era un bastardo listo, manipulador y un tremendo hijo de puta. Sin embargo, incluso él no esperaba que sus chiquillos pudieran conspirar para sacarle una de sus palancas de chantaje más útiles. Conocía los planes de Cartman cuando era un mocoso en aquel pueblo de las montañas, no por nada era tan buen abogado. Lo mismo Kyle. Destrozó tantos planes fraguados por el entonces «culón» que hasta podrían considerarse némesis el uno del otro.

Trabajando juntos eran imparables. Kenny confiaba en que eso jamás pasaría. La naturaleza solitaria e individualista de los suyos le daba ese seguro. No contó con que ellos pudieran superar eso para trabajar como uno.

Cartman se encontró con Patty en un par de ocasiones durante los siguientes meses. Al comienzo usando la coartada de no querer repetir los mismos errores de su padre. No era realmente una mentira. Si Kenny no existiera, estaba seguro de que habría tratado de ser todo lo que Tenorman nunca fue con él. Sabiendo lo que significaba crecer sin un padre, no habría permitido nunca que su hija pasara por eso.

Le contó a Patty la verdad editada. Sobre cómo su madre, en su lecho de muerte, le confesó quién era su padre. También cómo se enteró, a través de algún amigo en común (el cabrón de Kenny, sin quererlo, se convirtió en la excusa perfecta para esto), sobre la existencia de Rachel, su hija.

De hecho, por más que Cartman odiaba admitirlo, Kenny era muy bueno en ocultar las cosas. El incendio en la casa Tenorman fue tan perfectamente disfrazado como un accidente, que ni siquiera el mejor criminalista del FBI habría podido determinar la verdad. De igual forma, usó sus encantos para que el médico forense de Paso al Infierno estuviera cien por ciento convencido de haber recibido el cuerpo de Liane Cartman. Y su médico moriría jurando haberla visitado en su última tarde con vida y certificado su muerte unas horas después (de hecho, lo hizo, solo que no había cuerpo que ver en el lugar). Los documentos legales sobre su muerte también estaban en orden, e incluso se había incinerado a alguien quien supuestamente era Liane Cartman en la funeraria local. Esas cenizas, posteriormente, fueron trasladadas a la cripta familiar en Nebraska.

Cartman tuvo que soportar la recriminación de sus familiares por haber realizado el funeral sin avisar a nadie. No es que le importara, quizá nunca más volvería a ver a esas personas. Desde la muerte de su abuela, en realidad él y su madre no habían vuelto a verlos. Ahora que Mabel Cartman ya no vivía, ¿por qué deberían de soportar sus constantes críticas por no ser una «familia cristiana adecuada»?

No le gustó jugar con la mente de Patty. Odió cada momento el cómo con sus poderes vampíricos y sus habilidades manipuladoras, era mucho más fácil jugar con su mente que cuando fingía ser un niño inocente para salirse con la suya en South Park. Encender la vieja llama del amor entre ellos de esa forma no es algo que hubiera querido. Pero, era la única manera de ponerlas fuera del alcance de Kenny.

Kyle, mientras tanto, mantenía el juego del gato y el ratón para distraer al bastardo.

De igual forma, Kenny podía ser todo lo astuto que quisiera, pero no conocía los recovecos legales de Estados Unidos como ellos. En especial Cartman. Aprendió mucho de su tío Stinky, ese viejo zorro astuto había sido incluso peor que él en sus maquinaciones. Por fortuna, nunca manchó el despacho con sus negocios turbios. La familia de Token únicamente lo soportó como socio porque sabían que había casos en su país que no podrían haber ganado sin alguien con una mentalidad como la de él. Eric podía ver muy bien de dónde sacó esa parte de su personalidad.

Aprovechando eso, arregló todo para garantizar que cuando Patty se mudara a Nueva York con su hija, no habría rastros que Kenny pudiera seguir. Confiaba en que nunca la buscaría allí, como Kyle dijo. Ocultar el rastro era solo para que, si alguna vez intentaba dar con ellas para usarlas en su contra, buscaría por todas partes menos allí.

Sabía que para que la treta funcionara tendría que asegurarse de mantener a Patty bajo su «encanto» de vampiro por un largo tiempo, quizá durante el resto de su vida. No le gustaba, pero al menos tenía el tiempo para hacerlo. Técnicamente, tenía todo el tiempo del mundo.

El plan funcionó a la perfección.

Hasta cierto punto, era aterrador como podía engañar a Patty, alguien que siempre fue suspicaz hasta del más mínimo detalle cuando le ocultaba algo, como si fuera una niña pequeña. El poder de un vampiro sin duda era aterrador, aunque él ya había tenido una prueba de eso como mortal, cuando Kenny…

Al comienzo, Cartman pensó en enviarlas solas a Nueva York. Luego, sostuvo a la pequeña Rachel en sus brazos, y supo que jamás podría dejarla, aunque fuera un monstruo.

Arregló todo para que su parte del despacho pasará a Kyle, de tal forma en que Kenny no se enterara hasta que le llegara su renuncia como su abogado, cuando ya estuviera en Nueva York lejos de su alcance.

Por supuesto, se sintió mal de tener que dejar solamente a Kyle. Por más que su amigo insistiera que estaba bien y que encontraría el modo de lidiar con Kenny por su cuenta. Lo importante era que Patty y Rachel estuvieran a salvo.

—Tal vez, si puedo, algún día los visite.

Sabían que Kenny estaría más vigilante que nunca cuando supiera que uno de sus juguetes se le había escapado de las manos, así que mantenerse en contacto sería muy peligroso. A Kyle no le importaba ser el centro de atención (más de lo que ya era) con tal de ayudarlos.

En cierto sentido, se dio cuenta, hacer todo eso le volvió a dar un poco de rumbo a su existencia. Atrás quedaron los pensamientos suicidas que tuvo aquella noche, cuando tomó la vida de un niño inocente e indefenso. Desde esa noche, hizo el voto personal de nunca más caer tan bajo.

De hecho, el hacer toda esa trama enrevesada (digna de los mejores días de su infancia en South Park) le hizo darse cuenta de que había muchas formas de joder a Kenneth McCormick, incluso si no tenía sus mismos poderes. Y cómo lo disfrutó.

- SP -

La noche en que Cartman llegó a Nueva York, se percató de inmediato la sensación de que estaba entrando a un lugar en el que no era bienvenido. Sin embargo, quien fuera que se ocultara allí, era cauteloso. A diferencia de Kenny, quien habría ido de inmediato a deshacerse de quien se atreviera a entrar a su territorio, el amo de esta ciudad le dejó saber que estaba allí y lo estaba vigilando, sin presentarse.

Cartman sintió deseos de tragar saliva como un simple mortal.

Se contuvo. En cambio, miró a Patty y a su hija. Su querida esposa (tal vez no habría un papel legal como tal, pero ellos dos serían eso hasta que la muerte los separara) estaba radiante.

No eran las mejores circunstancias, y Eric sabía que nunca dejaría de culparse por mantener esos secretos con ella, aun así, no se arrepentía de decidir hacer eso.

Escapar de Kenneth McCormick le dio una sensación de paz que no creyó posible desde la noche en que la sangre maldita se deslizó por su garganta.