Warabigami
por Jade Haze
Capítulo 2
/1/
Los claveles rojos brillan como gotas de sangre fresca sobre la tumba de su madre. Son grandes, relucientes, y están acomodados en un ramo. Akane cree ver un ligero atisbo de rocío sobre ellos y sabe que no hace mucho tiempo que están ahí. Da un vistazo hacia ambos lados, pero cerca de ella no hay nadie, ni una sola alma, ni siquiera el hombre que se encarga de la limpieza del cementerio. Regresa su vista a las flores misteriosas y luego mira el pequeño ramo que ella lleva en sus manos, los compara y el suyo sale perdiendo. Su economía no está del todo bien últimamente y viajar de Tokio a Okinawa en un día no era nada barato.
«¿De dónde habrán salido?»
Una brisa juega con su cabello. A pesar de que aún es otoño el aire frío ya comienza a sentirse, sobre todo a tan tempranas horas del día. Coloca sus humildes flores junto a las otras y se da tiempo para hacer unas oraciones. Abre los ojos y sonríe con nostalgia. Perdió a su madre hacía trece años, pero durante los años posteriores su padre nunca dejó morir su recuerdo y lo mantuvo presente mediante relatos, fotografías, y el pequeño altar que hasta la fecha tiene en su habitación. Recuerda la bella fotografía . Aún puede verla con su sonrisa afable y sus ojos llenos de ternura. El sol resplandece tras de ella mientras la consuela porque el clavel que le ha comprado se ha roto. Le dice que todo estará bien, la estrecha entre sus cálidos brazos. Akane aspira su aroma y seca sus lágrimas en su ropa, que siempre despedía una suave fragancia.
—Mamá — dice, y su voz se mezcla con el ruido de las olas del mar—. ¡Voy a enseñar artes marciales en la universidad!
Guarda unos segundos de silencio antes de continuar, como si esperara a que su madre asimilara la noticia.
—Seguro que ya lo sabes, pero quería contártelo. Estoy muy emocionada, no sé si lo haré bien ¿Tú qué crees? Estarás pidiendo por mí, ¿verdad? Sabes que es una gran oportunidad.
A pesar de que está sonriendo, su corazón está oprimido. Las artes marciales fueron su único refugio cuando la perdió. Era la forma en la que canalizaba toda su tristeza, su frustración y su ira.
—Kasumi insiste en que deje de pelear y comience mi entrenamiento para el matrimonio —suelta una risita apenada y luego baja la mirada —. Sabes que soy un desastre en la cocina, no sé bordar, ni tejer, ni nada de esas cosas en las que ella es buena.
Akane mira a la inscripción donde está tallado el nombre de su madre y se detiene especialmente en su apellido: Tendo. Su madre se había convertido en la esposa de Soun Tendo, y lo había hecho con tanta gracia y dedicación que su padre la glorificaba en cada oportunidad. Pero ella… ella es tan diferente. En tan sólo diez meses se convertirá en la señora Hibiki —qué extraño sonaba aquello— y está más que segura de que será la peor esposa del mundo. Su vista se nubla y de un tallón saca las lágrimas de sus ojos antes de que rueden por las mejillas.
—¿Estás decepcionada de mí? — hace una pausa antes de continuar—. Papá a veces parece estarlo. De todas las mujeres del Japón, creo que soy la única que no puede hervir ni agua — ríe, pero su sonrisa vuelve a opacarse —.Quisiera saber, si estuvieras aquí ¿qué querrías para mí?
Pasa unos minutos contemplando la tumba, pero no obtiene más respuesta que otra brisa de aire, esta vez un poco más cálida, lo suficientemente agradable como para hacerla sonreír. Con pesar, se despide de su madre y toma su camino, no sin antes echarle un vistazo a los claveles que llegaron antes que los suyos.
Siguen resplandeciendo, tan rojos como la sangre.
/2/
Ya es de noche cuando Ranma llega al Nekohanten. Lo primero que ve al entrar es a Jia Li limpiando las mesas mientras tararea una canción. La chica de cabello rojizo está a punto de decir que ya no hay servicio cuando ve a Ranma entrar con una expresión de fastidio y una pequeña mochila al hombro.
—Bienvenido, xiān sheng Saotome.
Ranma sólo levanta la mano en señal de saludo. Se dirige a las escaleras del segundo piso cuando Shampoo se interpone en su camino, consigo lleva a su pequeño hijo Jin. El niño extiende sus pequeños brazos hacia Ranma entre quejidos, él lo toma entre sus brazos y lo carga en el aire. Está agotado, hacer un viaje así en menos de veinticuatro horas ha acabado con su característica vitalidad, pero aún así siempre tiene tiempo para el pequeño.
—¿Me extrañaste? —le pregunta.
—Sí —contesta con una voz dulce —.Mamá me regaña todo el tiempo cuando tú no estás.
—Eso es porque la haces enojar.
—Pero yo me porté bien —dice el niño recostando su rostro en el hombro de Ranma.
Ranma ríe y le da unas palmaditas en la espalda.
—Entonces mi deber es castigar a tu madre por tratarte tan injustamente.
Shampoo cruza los brazos y los mira con los ojos entrecerrados.
—Sigue consintiéndolo y el castigado será otro —dice en chino—. Abuela está muy enojada porque te has ido sin decirle a donde.
—Cologne sabe que no me gusta que se metan en mis asuntos —contesta Ranma.
Shampoo posa una de sus manos sobre la cintura y se queda viendo al vacío. Tuerce un poco los labios, no le gusta nada la actitud que Ranma ha tenido desde que llegaron a Japón. Se ha comportado muy frío con Cologne y con ella, incluso con el pequeño Jin. A veces lo encontraba muy quieto, con la mirada perdida en algún lugar, distraído. Ya no hace comentarios graciosos y sonríe poco. Definitivamente algo está perturbando su mente.
—¿Quieres que te prepare algo de cenar? —dice Shampoo adelantándose a la cocina.
—No es necesario. Tomaré un baño e iré a dormir. Estoy cansado.
Shampoo lo observa alejarse con el niño en brazos. Ni siquiera la miró a los ojos durante toda la plática. Algo anda mal y ella va a descubrir de qué se trata.
/3/
Akane respira agitada, hay gotas de sudor en su frente que pronto se deslizan por el contorno de su rostro. Trae puesto sugi amarillo, el que usaba para entrenar cuando era adolescente. Ya no le queda muy bien, los pantalones le quedan cortos y se pegan mucho a sus caderas, los hombros los siente un poco apretados, sin embargo le gusta practicar con ese gi, cree que le trae buena suerte.
—¡Te pedí que me atacaras, no que jugaras conmigo! —le grita a su contricante.
Ryoga está en el otro extremo del dojo. Ha dejado su posición de combate y ahora está relajado frente a ella. La mira con detenimiento. Akane sabe que está esperando el momento preciso para atacarla y eso exhalta sus nervios.
En un parpadeo Ryoga está tras de ella. Da una patada a sus piernas y la hace caer. Akane se incorpora en un salto, impulsándose con los brazos y dando un par de vueltas en el aire. Cae justo en el lugar donde Ryoga estaba antes y le lanza una serie de interminables patadas al área del rostro. Ryoga las esquiva, pero no con tanta facilidad con la que lo hacía hace algunos años. Sus piernas han crecido y tienen mayor alcance. Además es muy hábil, demasiado rápida, casi como él. Parece que vivir y entrenar sola le ha ayudado a mejorar.
Ryoga piensa en derribarla con un golpe —uno que pueda soportar — en el abdomen, pero su brazo es interceptado por ella, quien lo toma y lo lanza por encima de su cuerpo. Escucha el sonido del cuerpo de Ryoga golpear contra la duela del dojo, pero en breve él ya está listo para atacar de nuevo. Él da un golpe a su hombro para desequilibrarla y entrelaza una de sus piernas con la de ella. Akane cae al suelo y él se coloca sobre ella.
—¿Esto es jugar contigo?
Akane no responde. En esa posición le es difícil recuperar el aire para poder hablar. Pero lo que más le pesa es que aún no es lo suficientemente hábil, a pesar de que Ryoga nunca utiliza toda su fuerza contra ella. La suelta del agarre y Akane puede incorporarse, algo apenada. Se talla el brazo que le ha quedado un poco adolorido y se sienta sobre sus piernas.
—Has mejorado mucho —dice Ryoga.
—No lo suficiente— responde Akane
—Ya lo lograrás. Practicas mucho.
—Quizá simplemente no sirva para esto— dice con fastidio.
—¿Cómo dices eso Akane? Sabes bien que no es cierto.
Akane hunde su barbilla en el pecho. Está molesta. Ella comenzó a entrenar un año antes que Ryoga, sin embargo él tenía una habilidad natural para las artes marciales y a pesar de su duro entrenamiento, nunca podía vencerlo. Nunca podía ser tan buena como él.
Ryoga se recuesta sobre la duela del dojo y cierra los ojos. Akane sigue sentada y abrazando sus rodillas.
—No tiene caso que te frustres por ello ahora. Sólo necesitas seguir entrenando y ya.
Se incorpora para quedar justo a la altura de ella.
—Estoy seguro de que te irá muy bien, eres la fuerte y terca Akane Tendo, ¿se te olvida?
Le da un fugaz beso en la mejilla que hace que Akane se sonroje.
Le sonríe. Sí, todo irá bien.
/4/
Está observándola a la distancia mientras ella está parada en el medio del gimnasio. No trae puesta ropa tradicional, más bien ropa deportiva que marca demasiado bien su cuerpo. «Mala idea teniendo un alumnado de diez hombres en edad fértil» piensa. Ve cómo se recoge el cabello largo en una coleta para que no le estorbe durante el entrenamiento. No es tan alta como él esperaba, pero definitivamente ha crecido. Ha crecido mucho.
Akane tiene la mirada firme a su frente, pero de pronto parece quebrarse un poco y se toca el vientre. Dentro de ella su estómago está dando vueltas como loco y de pronto siente que va a vomitar. Está demasiado nerviosa, sólo faltan algunos minutos para que sus nuevos alumnos entren por la puerta. Una puerta que ella observa mientras aprieta y relaja los puños.
—Lo harás bien — le grita Ranma y su voz retumba en todo el gimnasio.
Akane voltea y lo ve ligeramente recostado contra el marco de la entrada trasera, sonriéndole. Es él de nuevo, el chico de la prueba. Abre la boca para decir algo y su cuerpo está a punto de avanzar hacia él, pero en ése momento la puerta se abre y un grupo de jóvenes con trajes deportivos naranjas comienza a entrar. El chico da la vuelta para alejarse y Akane no tiene oportunidad de hablarle, aunque quiso gritarle que se detuviera. Está demasiado perturbada de nuevo, pero se obliga a hacer un esfuerzo para poder concentrarse en su clase.
Frente a ella, un total de diez estudiantes la observan con curiosidad. Nota que algunos están a la defensiva, y otros cuantos la miran con un gesto divertido. Ahora sí va a vomitar. Siente la necesidad de salir corriendo y olvidarse de todo, pero es algo que no puede hacer. Necesita controlarse.
—Bien— respira profundamente —. Mi nombre es Tendo sensei y…
/5/
Entra a la oficina seguida por el profesor Yamato y no puede ocultar su sorpresa al ver que el chico de la trenza está sentado en una de las sillas hojeando un libro en chino, con las piernas descansando sobre el escritorio.
—Al fin tengo la oportunidad de presentarlos—dice Yamato mientras busca su encendedor en los bolsillos.
Ranma levanta la vista por encima del libro, lo cierra con pesadez y se pone en pie frente a ellos. Akane tiene que levantar la vista para poder mirarlo a los ojos, es alto, mucho más que ella. Otra vez viste ropa china, pero en color blanco.
Le mira los ojos, de fuego azul, el cabello negrísimo y largo, los labios discretos… y piensa que…
—Tendo, éste es…
…no puede ser que después de tanto tiempo de estarlo esperando...
—...Saotome…
…haya vuelto así como así…
—...Ranma Saotome…
…sin siquiera intentar buscarla.
Lo que sigue al nombre "Ranma Saotome" no lo escucha. Después creería haber entendido algo de China y de un grupo, pero en aquél instante brotan de la fuente de su memoria recuerdos, palabras, imágenes… abrazos.
«¿Ranma…?»
/6/
—… Saotome. Tengo nueve años.
—Yo soy Akane, tengo nueve también, pero pronto cumpliré diez. Y éste es Ryoga Hibiki, es mi mejor amigo, creo que irán a la misma escuela.
El pequeño Ryoga mira al recién llegado con recelo. Es un poco más alto que él y Akane se ha portado demasiado amable desde que se lo encontraron escalando un árbol en el parque donde suelen jugar. ¿Qué tiene de bueno ése chico para que Akane inicie una conversación con él? ¿Que estuvo en China? ¿Qué de fantástico tiene China? Eso no lo hace mejor que ellos.
—Ya que vas a vivir en el barrio, podríamos ser amigos —dice Akane extendiéndole la mano.
El chico la mira con timidez, pero al final levanta su mano y estrecha la pequeña mano de Akane. Ella le sonríe, y la sonrisa es tan grande que los ojos desaparecen de su rostro, y entonces Ranma siente sus mejillas arder.
—Tenemos que ir a casa, Akane— dice Ryoga —. Tía nos está esperando.
—¿Quieres venir? —pregunta Akane a Ranma.
—¿Qué?— dice Ryoga molesto, pero tratando de que el niño no lo escuchara —. ¡Él no puede venir!
—¿Por qué? —le pregunta Akane con inocencia.
—Pues… por que… ella… ¡preparó nikkumari!, y siempre prepara sólo para ti y para mí… y…
—Mamá siempre prepara muchos nikkumari… Si quieres puedes venir a cenar con nosotros.
—¡Akane! —grita Ryoga.
—No es necesario… yo… no tengo hambre— dice Ranma apenado.
—Si quieres podríamos ir con tu mamá a pedirle permiso —insiste Akane —. Yo lo haré, si quieres, podría conocer a mi mamá y... ella es muy buena, estoy segura de que se llevarán bien.
—Yo…
De pronto el mundo se ha encogido para Ranma. Está apretando los puños y mira hacia el suelo.
—Yo no tengo mamá.
Akane parpadea varias veces. De pronto se siente mal por haberle dicho eso. No sabía lo que era vivir sin una mamá, ni siquiera pensaba que eso fuera posible. En su pequeño mundo, todo niño tenía un papá y una mamá.
—Entonces… ¿Vives con tu papá?
—Sí pero… casi nunca está en casa…— dice sin levantar la mirada.
—¿Entonces no hay problema si nos acompañas? —Ranma la mira a los ojos, otra vez está sonriéndole y la tristeza súbita que le embargó al recordar a su madre se disipa al ver las mejillas tan rosadas de su nueva amiga—. No tardaremos mucho, y seguro que te van a gustar. Mamá cocina delicioso.
Él la mira y entonces se siente muy afortunado de haberla encontrado. La vida en Nerima ya no le parece tan mala después de todo.
/7/
Ranma hace una pequeña reverencia. Luego la mira y le sonríe con una complicidad en el rostro que ella conocía muy bien.
—Mucho gusto, soy Ranma Saotome.
—A-Akane Tendo —atina a decir, aún sin estar segura de que fuera necesario.
—Tendo es estudiante de sexto, es hija de un gran artista marcial, Soun Tendo… ¿has oído hablar de él?
Ranma asiente varias veces, la diversión no desaparece de su rostro.
—Ranma...—dice Akane en un susurro mientras sus ojos comenzaban a arder.
Él le sonríe. Las sonrisa traviesa e infantil que ella recordaba. La sonrisa que forma parte de sus recuerdos más tristes y bellos. Era él. El niño cuyas palabras la tranquilizaban, quien hacía todo por protegerla, con quien siempre estaba peleando, pero que siempre estuvo dispuesto a limpiar sus lágrimas. Hasta el día en que se fue.
—Has crecido, Akane.
