Warabigami
por Jade Haze
Capítulo 3
/1/
—Esto detendrá la sangre.
—¡Estás loca, te van a regañar por haber arruinado tu vestido nuevo!
Un trozo de tela rosa cubre la herida del pequeño Ranma. Ha caído del árbol que estaba trepando después de haber sido atacado por una ardilla y las piedras del suelo rasparon toda su pierna. Aunque las heridas no son profundas, la sangre pululaba de su piel. Su padre le había enseñado a curarse a sí misma, así que sabía cómo actuar en esos casos. Pese a que Ranma se negó rotundamente a que hiciera algo por él, Akane lo obligó a aceptar su ayuda.
—Gracias — dice Ranma entre dientes.
Ella le sonríe, pero está algo preocupada. Su madre le ha dicho que las heridas como esas se infectan y pueden provocar enfermedades más graves. Es imperante que algún adulto les ayude.
—Te llevaré a casa para que mamá te cure —le dice.
—¡No es necesario! — grita Ranma —además no puedo caminar mucho.
Akane se agacha frente a él ofreciéndole la espalda para que suba a ella. Ranma abre los ojos con gran sorpresa y sus mejillas vuelven a arder.
—¡No! ¡Nunca!
—¿Por qué no? — pregunta Akane molesta.
—Porque puedo caminar, por lo menos de aquí a mi casa.
—Cuando hagas presión al caminar, sangrará mucho más. ¡No seas necio, sube!
—¡No quiero! ¡No, no, no y no!
—¿¡Por qué!?
—No voy a permitir que una niña me cargue.
—No seas bobo, estás herido.
—No me duele.
—¡Estabas llorando del dolor! ¡Sube!
—¡He dicho que no!
Pero pronto el niño se encuentra sobre la espalda de Akane. No es mucho más pesado que ella, y Akane es una chica fuerte. Es una niña ¡una niña lo estaba cargando! Ahora sí todos pueden reírse de él. Pero es una niña diferente, es tan agradable… y su cabello huele tan bien, huele a algodón de azúcar, a chicle, a miles de flores, al pastel más delicioso. Y la tela de su ropa es suavecita, y desprende también un olor muy ténue, pero dulce. Sí, es una niña, pero es la mejor niña de todas.
/2/
Avienta el bolso sobre el sillón y después se tumba sobre él. Cierra los ojos, los siente pesados y secos. Se frota las sienes y pasa sus manos por el cabello en un intento de tranquilizarse. Ha sido un día extremo, pesado, entrenó con el maestro Yamato y parecía que habría querido matarla de cansancio. Lo único que necesita es un baño, pero no cree tener fuerzas para prepararlo en ese momento. A pesar de todo se levanta y enciende el calentador. Se quita la ropa y mientras el agua cae sobre su cuerpo se pone a reflexionar sobre los sucesos del día.
El impacto de haberse reencontrado con Ranma Saotome la dejó sin habla durante algunos segundos, mientras que el chico parecía no haberse sorprendido. Era probable que él ya supiera que estaría allí y no le había tomado por sorpresa. Pero si lo sabía, ¿por qué no fue a buscarla antes? Después de haberse saludado por primera vez después de trece años, la trató con la indiferencia con la que se trata a una persona que sólo se ha visto un par de veces en la vida. Yamato preguntó si se conocían de alguna parte y Ranma se limitó a contestar que en algún momento vivió en el mismo barrio que ella, nada más. Luego de eso y de unas palabras que Akane no recuerda, salió del lugar sin decir una palabra más, diciendo que estaría en el Café del Gato por si acaso lo necesitaba. Akane sintió el impulso de ir tras él, pero Yamato comenzó a explicarle algunas situaciones que tenía que tomar en cuenta a partir de su nuevo contrato y Akane hizo un esfuerzo mayúsculo para contenerse y concentrarse en lo que le atañía.
No quiso preguntar a Yamato nada al respecto, aunque la curiosidad le mataba por dentro. El profesor tampoco parecía muy interesado en la situación, así que por el momento lo dejó pasar. Por supuesto que cuando salió de su entrenamiento, no encontró a Ranma por ninguna parte.
Ahora tiene que esperar un par de semanas más para volverlo a ver, Yamato le ha citado en dos semanas. Podría ir y preguntarle dónde vive Ranma y buscarlo y… ¡No! Es imposible. El chico se había comportado como si ella sólo hubiera sido… y es que… ¿qué fue realmente? Quizá es ella quien sobrevaloró mucho lo que sucedió. Entonces qué valía todo ese tiempo que pasó pensando…
—¿Por qué te fuiste?
/3/
—Te lo digo, Cologne, esa chica Tendo tiene talento. Con un poco de entrenamiento del bueno podría patear unos cuantos traseros chinos — dice Yamato mientras devora un plato de tallarines.
—Una japonesa jamás podría patear mi trasero —contesta Shampoo desde la cocina, lo que provoca la risa del profesor.
Ya han cerrado el Neko Hanten, pero Yamato y Ranma siguen conversando en la mesa central mientras Cologne bebe té, Shampoo y Jia Li lavan los trastos y Mousse está al fondo limpiando las mesas. Ryota Yamato es discípulo de Cologne, aunque su entrenamiento con la china había comenzado hacía veinte años en las montañas de Hengshan.
—¿Crees que con entrenamiento sea capaz de vencer a Saotome? — pregunta Mousse.
Yamato ríe y le da unas palmadas en la espalda a Ranma, quien permanece inmutable.
—Nadie en Japón es capaz de vencer al gran Ranma Saotome. Por eso lo trajimos ¿no es así?
Cologne sopla a su taza de té. Parece estar muy concentrada en sus pensamientos.
—¿Cuándo piensas hablar con Soun Tendo? —pregunta.
—No lo sé, pero pienso hacerlo una vez que se acerque la fecha. Aún faltan dos meses para el torneo— contesta Ranma.
—¿Y la chica?— pregunta Cologne.
Por primera vez en toda la conversación Ranma levanta su vista hacia ella.
—¿Qué hay con la chica?
—¿Estás seguro de que puedes hacer esto sin involucrarte de más?
—¿De qué estás hablando vieja momia?
—No le hables así a tu maestra — dice Yamato.
—Al diablo con los formalismos— dice Ranma irritado— Creo que ya había quedado claro a lo que vinimos.
Cologne suelta una sonora carcajada.
—Nosotros lo tenemos claro, pero tú me preocupas — da un sorbo a su té —eres un hombre con una fuerza física extraordinaria, ex yerno, pero ¿tus emociones son igual de fuertes?
—¿Estás insinuando que no soy lo suficientemente fuerte para hacer esto?
—Eso lo veremos— dice Cologne.
—Ya lo veremos— responde Ranma.
/4/
Akane corre por las calles de Nerima con una incontenible emoción en su cara. Se ha olvidado de cargar su bolso, pero la tarjeta del metro es lo único que necesita para llegar de Shijuku a Nerima, así que además de las llaves es lo único que carga. Entra al dojo Tendo con su característica rapidez y llega hasta la sala, pero no están ahí. Sube las escaleras lo más rápido que le permiten sus piernas y antes de abrir, observa el patito que aún cuelga sobre la puerta. Una sonrisa de alegría se forma en su rostro y las lágrimas invaden sus ojos.
—¡Nabiki!
Nabiki está sentada sobre la cama junto a Kasumi. Akane corre hacia su hermana mayor y la aprieta en un efusivo abrazo.
—Akane, baby.
—¡Nabiki! ¡Te extrañé tanto! —dice sin soltarla.
—No olvides que soy frágil, hermanita. ¡Qué fuerza tienes!
—¿Por qué no nos dijiste que vendrías? ¡Eres malvada!
—Quería darles una sorpresa. Me dieron algunos días libres en el trabajo y como no podía permitir que tu fiesta de compromiso fuera un desastre, me decidí a venir.
—¿Estás trabajando?
—¿No te lo dijo Kasumi? ¡Vaya! Estoy trabajando en una empresa importante. No gano mucho porque aún soy estudiante, pero espero que me asciendan cuando me gradue.
—¡Eso es fantástico! —dice Akane emocionada.
—Si que lo es, Nueva York es impresionante, es la mejor ciudad del mundo.
A su hermana se le nota el cambio. Su cabello es diferente de la última vez que la vio, incluso el color es más claro. La ropa es tan distinta a la que usaba cuando vivía en Nerima.
—Traje algunos regalos— dice Nabiki tomando una gran caja celeste con un moño plateado y entregándoselo a Akane—pero éste es el más importante
—¿Qué es? — pregunta curiosa y emocionada.
—Considéralo un regalo de bodas adelantado.
Akane desata el moño y abre la caja, cuando saca el contenido no puede creerlo. Es un precioso vestido color oro, con tules, gasas y muchos brillos. Le parece que era como el de las princesas de las que solía leer cuando era niña.
—¿Es para mí? — pregunta con una gran sonrisa en el rostro —Es bellísimo.
—Lo escogí para tu fiesta de compromiso… pero ahora que te veo bien creo que vas a tener que subir un poco de peso para que te quede bien.
—Podríamos arreglarlo— dice Kasumi.
—¿Por qué no te lo pruebas? —sugiere Nabiki.
Después de unos minutos Akane aparece ante ellas. El vestido le queda un poco grande en el área del pecho, pero por lo demás, le va a la perfección.
—¡Te ves preciosa! —dice Kasumi juntando las manos.
—¿Tú crees?— pregunta Akane mientras se mira al espejo de cuerpo completo.
—Pero sí necesitaremos arreglarlo un poco.
—Pero…— la emoción de pronto desaparece del rostro de Akane— habíamos decidido que usaría el kimono.
—¡Ah! No sean tan cuadradas, chicas —dice Nabiki rodando los ojos —No pasará nada si rompemos la tradición.
—Somos una familia de artistas marciales, la tradición es importante —contesta Akane consternada.
—Escucha, cariño, no gasté mil dólares en tu vestido para que me digas que no vas a utilizarlo.
—¿¡Mil dólares!? — Akane hace la conversión en su mente… el vestido que tenía puesto podría pagar la renta de su departamento por seis meses.
—¿Pagaste todo ese dinero por un vestido?
—¡No es nada! —dice Nabiki — considéralo un pago por todas esas veces que tomé fotografías sin tu permiso y las vendí a Kuno…
—… y a Daisuke —dice Akane.
—Sí, a él…
—Y a Hiroshi.
—Sí…
—Y a Gosunkugi…
—Sí, ya entendí hermanita. Dejemos el pasado atrás. Lo importante es que te ves hermosa con ese vestido y tendrás que usarlo para la fiesta ¿de acuerdo? Tienes que lucir preciosa ese día para que Hibiki tenga en claro lo que se está llevando.
—Creo que él ya lo sabe— dice Kasumi.
Akane sonríe. Cuando le recuerdan a Ryoga en su estómago se crea un revoltijo. Mientras las hermanas mayores conversan detalles de la fiesta de compromiso, Akane ha vuelto ha su ropa habitual. De pronto alguien llama a la puerta.
—Yo iré— dice Akane.
—Ordené ramen—dice Nabiki sacando algunos billetes y entregándoselos a Akane —paga con esto.
Baja hacia la entrada principal y se encuentra con una chica de cabellos púrpura esperando con bandejas en las manos.
—Entrega para Tendo Nabiki —dice la chica en un difícil japonés.
—Sí, ¿cuánto es?
—Tres mil yens.
Mientras espera a que le de el cambio, Akane observa con atención a la chica. Es un poco más alta que ella, pero con una belleza impresionante, casi exótica. Conoce todos los restaurantes de ramen cercano y nunca la ha visto, así que debe ser nueva en el empleo. Mira a su delantal y ve una inscripción bordada: Café del Gato.
—¡Gracias! Hasta luego —dice la chica después de entregar el cambio.
¿Café del Gato? ¿Dónde ha escuchado ese nombre antes?
—Ah, ¡muero de hambre! Alguien avise a papá que la comida llegó —dice Nabiki tras de ella.
—Café del Gato… —dice Akane para ella misma.
—Es un nuevo restaurante chino —responde Kasumi mientras pone la mesa —abrieron hace un mes, más o menos.
—¿Chino? — pregunta Akane y algo enciende dentro de ella—¡Chino!
De pronto sale corriendo en dirección de la repartidora ante el asombro de sus hermanas. Recordó en dónde había escuchado ese nombre. En la última conversación Ranma había dicho a Yamato que estaría en el Café del Gato. Y resultaba que el Café del Gato era un nuevo restaurante chino que había llegado hace un mes, exactamente cuando Yamato llegó. ¿Tendrían algo que ver? Dobla en la esquina y de pronto ve los cabellos morados de la chica ondeando con el viento. La chica va en bicicleta, así que Akane corre desesperadamente tras de ella, pero no logra ir a la par. Por fin da vuelta en una callezuela con poca iluminación. La chica detiene la bici y entra al local mientras Akane se queda tras un poste observando. Espera por unos minutos, pero lo único que ve salir son clientes, uno tras otro. ¿Debería entrar?
No le toma mucho tiempo decidirse a ingresar al Nekohanten. Es un restaurante chino común y corriente, y aunque ya es muy tarde está a reventar de gente. Da un vistazo alrededor, sin estar segura de lo qué está buscando. Logra ver a la repartidora atendiendo la mesa de dos hombres con una sonrisa tierna y coqueta.
—Bienvenida, señorita.
Una chica de cabello rojo oscuro le provoca un sobresalto. Parece tener unos diesciséis años, y por la dificultad con la que pronuncia el japonés, deduce que también es china.
—H-hola.
—¿Le preparo una mesa o quiere ordenar algo para llevar?
—No… yo… —sigue mirando con nervios alrededor de la clientela —pensé que había un error con mi orden, pero ahora que recuerdo todo está bien… ya me voy.
—Está bien— contesta la chica un poco extrañada.
Akane se da la vuelta y sale del lugar sin percatarse de que alguien la había estado observando fijamente.
—¿La viste?
—¿A quién? —pregunta Shampoo.
—A la chica que acaba de entrar — contesta Cologne.
—Acabo de entregar una orden a su dirección, pensé que vendría a quejarse por algo.
—Es Akane Tendo.
—¿¡Qué dices abuelita!? ¿¡Esa es Akane Tendo!? — Shampoo estuvo a punto de tirar el plato que sostiene en sus manos.
—¿Dónde está Ranma?
—Arriba.
—Espero que no se haya dado cuenta de que vino.
—Akane Tendo — Shampoo cruza los brazos frente a ella con una expresión molesta —Al menos yo soy mucho más bonita que ella.
Cologne la observa hasta que sale del lugar. No pretendía que Akane o los Tendo no encontraran su ubicación, siendo tan obvia, pero no pensaba que lo harían tan rápido.
/5/
Es el día de su fiesta de compromiso y Akane está nerviosa. Nabiki le ha persuadido para que use el vestido dorado y no conforme con ello le ha llevado a comprar zapatos altos y después al salón de belleza. Mientras las empleadas arreglan sus uñas, Akane se ve en el espejo frente a ella. Es una suerte que no le moleste su aspecto. No está acostumbrada a usar maquillaje, joyas ostentosas o peinados elegantes. Sin embargo su rostro parece muy natural y femenino, es algo que puede soportar, aunque eso no disipa sus nervios.
Una vez que han terminado el arreglo, Akane y Nabiki toman un taxi a casa. Nabiki le ha repetido mil veces que cuide el maquillaje y tenga mucho cuidado, pues conoce lo torpe que puede llegar a ser su hermana en algunas ocasiones. Cuando el auto dobla en la calle siete, Akane puede observar el letrero del Neko Hanten. Estuvo ahí hace una semana y sin embargo no lo había podido sacar de su cabeza. De pronto alguien conocido sale desde adentro. Es Ranma, quien lleva de la mano a un pequeño niño de cabellos oscuros. Akane, asombrada, voltea en el asiento para observarlos mejor, pero han dado la vuelta en el callejón.
—¡Detenga el auto! —grita al taxista quien frena abruptamente.
—¿Qué pasa, Akane? —pregunta Nabiki asustada.
—Hay algo que necesito hacer, sigue sola a casa, no tardaré mucho —dice mientras abre la puerta.
—Pero… pero…
—Llegaré en un rato más, ¿de acuerdo? Confía en mí.
—Baby, tu fiesta de compromiso es en unas horas, ¿qué rayos pasa?
—Estaré ahí a tiempo, por favor —dice mirando hacia el callejón.
—¡Vas a arruinar tu maquillaje! —es lo último que le grita Nabiki antes de que desaparezca.
Corre desesperada por el callejón, pero ya se le han adelantado demasiado. Cuando por fin consigue alcanzarlos ellos ya están en el parque. Es, el parque. Es donde se conocieron. Siente su corazón latir incontrolable y no sabe si es porque ha corrido mucho o porque está nerviosa. Él estaba solo, Ryoga y ella llegaron a jugar, como lo hacían todas las tardes, y entonces a ella le pareció buena idea hablarle. Ahora, tantos años después, él está de nuevo ahí, pero acompañado de un niño.
Se esconde tras un árbol, cerca de ellos. Lo observa jugar y divertirse con el niño, quien se siente maravillado por la cantidad de flores que hay a su alrededor. Es un niño hermoso. Debe tener unos cinco años e incluso desde su perspectiva, puede ver que tiene unos ojos preciosos, rojos como sangre. Son iguales a los de la chica repartidora. Ella debía ser su madre. ¿Entonces Ranma y ella…?
—¿Es costumbre tuya espiar a la gente mientras se divierte en el parque?
Es él. Ha estado tan inmersa en sus pensamientos que bajó la guardia y ahora la ha encontrado.
—Yo no… yo… no estaba… sólo pasaba por aquí.
Ranma sonríe de lado, una sonrisa burlona. Está a punto de decir algo más pero de pronto el pequeño Jin está de su lado.
—¿Quién es ella? — pregunta el niño.
—Una vieja amiga. Dile hola.
—Hola— dice el niño en un dificultoso japonés.
—Hola— responde Akane y se agacha para quedar a su altura. En efecto, el niño tiene los ojos rojizos de la china… y el cabello negro de él. No tiene más duda, es su hijo —Soy Akane— le dice con una sonrisa un poco nerviosa.
—Yo soy… Jin— contesta el niño.
—Nihao Jin— dice Akane. Es de las pocas palabras en chino que conoce. El niño le sonríe con ternura, a Akane le sigue pareciendo precioso.
—Aún no puede hablar el japonés— interviene Ranma.
—Ese es un problema porque no puedo hablar chino — Akane le sonríe.
El niño le ofrece una de las flores que ha cortado, es pequeña y de color rosado.
—Xiéxie — le dice Akane.
—Parece que le agradas —dice Ranma.
—Y… ¿también le enseñas artes marciales? —pregunta Akane mientras se incorpora. El niño corre hacia los juegos.
—Tiene talento natural para eso, lo trae en la sangre. Su madre es una amazona.
Akane siente un enredo de nervios en su estómago. Hay cosas que preferiría no saber, pero que necesita saber.
—Ah… su madre es… la chica del cabello morado.
—Shampoo —dice Ranma mientras observa al niño.
—Shampoo —repite Akane.
—Luce muy joven como para tener un hijo de esa edad.
Ranma la mira con divertida curiosidad.
—Perdona, ha sido una indiscreción.
—Shampoo acaba de cumplir veintiún años. Tuvo a Jin cuando tenía diesciséis.
—Debió ser…—Akane mira hacia el sueño tratando de encontrar las palabras correctas —difícil para ustedes, a esa edad.
—¿Cómo?
—Sí, es decir, no estaban preparados ¿verdad?
—Sin duda nos tomó por sorpresa.
—Pero, deben estar muy orgullosos de él no… Se parece mucho a ti.
—¿A mí? — Ranma la mira con el rostro desencajado.
—Sí.
Ranma suelta una sonora carcajada. Akane levanta una ceja, ¿qué es tan gracioso?
—Jin no es mi hijo.
—¿Ah no? — pregunta sorprendida.
—No. Es hijo de Shampoo. Por supuesto ya que no tiene un padre, debo ser como uno para él.
—Ah… Entonces Shampoo y tú…
—No —dice negando con la cabeza— Shampoo fue mi prometida por un tiempo, todo por una estúpida ley del pueblo de las amazonas que dice que si una amazona es vencida por un hombre, éste debe casarse con ella. Yo llegué a su aldea y había un combate entre mujeres, el premio era una gran dotación de comida. Yo no sabía que ese era el premio y estaba hambriento así que me lo comí. Shampoo enfureció y me retó. Con todo y que son muy fuertes no pudo vencerme, así que la derroté. Después me llevaron con su abuela y ella nos comprometió sin mi consentimiento. Como no tenía un lugar en el cual vivir y la abuela de Shampoo es una gran artista marcial, me quedé con ellos.
Akane lo mira perpleja, tiene que procesar demasiada información.
—Pero un par de años después Shampoo tuvo un desliz con un chico de otra tribu y bueno… Jin es el resultado de aquello.
—¿Un desliz?
—Por supuesto mi compromiso con ella se rompió.
—Debiste haber sufrido mucho.
—En realidad no. Mi orgullo estaba herido y fui el hazme reír de todo el pueblo durante un tiempo, pero estaba más cómodo de haber roto el compromiso sin necesidad de separarme de mi maestra.
—Entrenaste en China…
Ranma sonríe, parece que va a decir algo, pero antes de que Akane continúe, cambia la conversación.
—Parece que vas a un lugar importante.
Akane repara en su maquillaje, el peinado y los zapatos altos que lleva puestos. El resto de su ropa parece normal —una camiseta negra, unos jeans sin mucha gracia— pero por lo demás es evidente que tiene algo importante que hacer.
—Eh, sí… hoy es… mi fiesta de compromiso.
—¡Ah! ¿Y qué haces aquí parada perdiendo el tiempo?
—Yo… eh… Pasaba por aquí… vengo del salón.
—¿En esos zapatos? —pregunta Ranma con una ceja enarcada.
De pronto Akane baja su mirada y nota que uno de sus zapatos comienza a apretar más que el otro. Mira con atención y ve que su tobillo se está hinchando. Ha corrido con los tacones durante un largo tramo y se ha lastimado. Genial. Ahora ¿cómo volverá a casa?
—Bien… creo que, creo que tengo que regresar al dojo—dice dándose la vuelta, pero al apoyar su pie, siente miles de ajugas atravesarle el tobillo y suelta un quejido.
—¿Estás bien?
—Sí, estoy bien —dice quejándose.
Ranma se agacha para observar su pie.
—No parece, tu tobillo está hinchado.
—Son los zapatos— resuelve Akane.
—Tu casa está lejos de aquí— dice Ranma.
—Estaré bien.
—Vamos, Jin— le grita al niño, quien de inmediato corre hacia ellos. Ranma se agacha de espaldas frente a ella ante su sorpresa.
—Sube, te llevaré.
—¿Estás loco? ¡N-No lo haré!
—¿Por qué?
—Porque… porque…
—Si caminas seguirá doliendo y vas a llorar tanto que te arruinarás esa cara.
—¡No voy a llorar! —grita.
—Anda, sube.
—Olvídalo, tomaré un taxi.
—Pasaremos por el Neko Hanten, dejaré a Jin y te llevaré a casa, ¿de acuerdo?
—¡No!
Pero no le queda otra opción. No puede dar un paso más sin sentir que muere de dolor e incluso llegar a la calle para pedir un auto le sería imposible. Sin estar segura aún, sube a su espalda sintiendo aún una sensación de irrealidad. Se abraza a su cuello para no caerse, con el corazón latiéndole a mil por hora. No es precisamente lo que esperaba que sucediera así que está tan nerviosa que no puede pronunciar palabra alguna. Durante el trayecto, Jin platica con Ranma en chino, por lo que no puede entender y Akane sigue tan nerviosa y tan abrumada por los recuerdos que cree que va a explotar. Es él, es Ranma. Es el niño a quien ella había cargado en su espalda trece años atrás. Había vuelto después de tanto tiempo, lo encontró de nuevo y él se comportó como si no le hubiera importado y ahora está ahí llevándola a casa en su espalda en el día de su fiesta de compromiso. ¡Era una locura! Ni siquiera tiene el valor para iniciar una conversación. Hay tanto que quiere preguntarle pero no sabe si será lo suficientemente fuerte para sacar a relucir tantos recuerdos.
Cuando llegan al dojo Tendo Akane espera a que la suelte sobre el suelo para entrar, pero él se queda observando a la puerta con detenimiento.
—Si te dejo aquí tendrás que caminar cuarenta pasos para entrar a tu casa.
¿Cuarenta pasos? Lo recuerda bien. Se divertían contanto los pasos desde la puerta hasta la entrada… él lo recuerda. Cuarenta pasos.
—Tengo una mejor idea.
—¿Qué?
Y de pronto están saltando sobre el techo. En un instante en el jardín trasero, y al otro en el árbol junto a la ventana de su antigua habitación.
—Desde aquí ya podrás entrar sola.
Akane lo ve con una mirada tan frágil que de pronto hace que a él se le ericen los vellos de la piel, pero se esfuerza demasiado en que ella no lo note. Akane cree que va a llorar, pero al mismo tiempo siente una felicidad inundándole el cuerpo.
—Gracias, Ranma— dice.
—De nada —sonríe tratando de controlarse —Entra.
Con algo de esfuerzo Akane logra entrar por la ventana de su habitación y se queda viéndole desde su posición. Él le sonríe y le hace una señal de despedida con la mano. De pronto ella tiene un deja vú, la sensación de que ha vivido esa situación antes.
—Felicidades por tu compromiso.
—Gracias.
—¡Nos vemos! —dice y luego desaparece en la obscuridad.
Ella se queda en la ventana, viendo hacia el árbol. Todo es tan irreal que ni siquiera está segura de que ha pasado. ¿Es un sueño? ¿Tiene que pellizcarse para despertar?
—Akane, ¿estás lista? — alguien llama detrás de la puerta.
—¡Ya… ya voy!— grita sobresaltada.
¡La fiesta! Lo ha olvidado por completo. Mira al reloj, las siete. Tiene media hora para estar lista. Corre al armario por el vestido y se observa al espejo, es una suerte que su maquillaje esté intacto, aunque su cabello si se ha estropeado un poco. Quizá es mejor dejarlo suelto, después de todo es así como le gusta a Ryoga. En vano trata de arreglar los cabellos que se le han soltado, así que decide dejarlo libre. Observa la ropa interior que Nabiki ha dejado en su cama. Le dijo que no sería necesario usar sujetador, ya que el vestido tiene el soporte necesario y además «no hay mucho que sostener».
Cuando se quita la blusa, no tiene idea de que él sigue ahí. Aún cuando ha luchado contra su propia voluntad, lo que está pasando es más fuerte que él. Ya se había ido, pero bastaron unos segundos para darse cuenta de que no quería dejar de verla. Él no tenía idea de que iba a cambiarse —o bueno, quizá una ligera sospecha —simplemente quería verla. Le gustaba observarla sin que ella se diera cuenta, aprenderse sus movimientos, ver cómo mordía su labio cuando no estaba segura de algo, cómo aprietaba los puños cuando enfurecía, cómo pasaba su cabello detrás de la oreja cuando le estorbaba en la cara. Le gustaba escucharla tarareando una canción, le gustaba la onda que hacía la falda de su vestido cuando daba una vuelta. Le gustaba creer que ella pensaba en él cuando sonreía sin razón aparente. Y ya son trece años de la última vez que la vio así, de esa manera, sin que ella se diera cuenta.
Aunque las cosas son diferentes ahora y eso es lo que atormenta ese pequeño momento. Ella no es la niña tierna e inocente con pijama de conejitos a la que observaba leer, jugar, cantar. Y él, por supuesto, no es aquél niño que la miraba sin ninguna otra intención que grabársela en la memoria. Es por eso que su razón le dice que se largue de ahí inmediatamente.
Se pone de espaldas hacia ella, para no verla mientras se quita la ropa. Quizá deba esperar un momento y luego voltear. Siente su corazón latiendo con violencia, las mejillas encendidas y una especie de rigidez en el cuerpo. ¿Ya ha pasado suficiente tiempo? ¿Ya podrá voltear? La tentación es demasiada y le carcome los nervios, así que se decide a girar. Mala idea. Ella está de espaldas a él, y puede ver perfectamente su espalda blanca, marcada por el ejercicio. La línea curva que hace su cintura, los pequeños hoyitos que se forman donde termina su espalda. Su torso largo… ¿en qué momento había crecido tanto?
Está dispuesto a irse, es suficiente, comienza a sentirse como un estúpido adolescente de preparatoria, pero entonces su cuerpo se queda inmóvil. Ella ha volteado hacia la ventana y desabrochado su sostén por la parte de adelante. En un parpadeo sus pechos han quedado al descubierto. La temperatura corporal de Ranma aumenta algunos grados y se ordena voltear inmediatamente, pero su cuerpo se niega a seguir la orden. En lugar de ello, sus ojos siguen observando. No es que nunca hubiera visto una mujer desnuda—y alguna le había causado admiración—pero ella… ella es diferente. Ella es Akane. La chica de la que había estado enamorado cuando era niño. La última vez que la vio su pecho aún era plano, sus piernas eran cortas y su cara redonda. Y esos ojos que la vieron eran ojos de niño. Ahora la ve como un hombre, y un montón de sensaciones se han agregado a lo que sintió cuando la vio por primera vez hace trece años. Se siente culpable, pero no puede evitar sonreír. Es más hermosa de lo que él pudiera haber imaginado.
—Genial, Saotome, ahora eres un mirón —dice para sí mismo mientras se da un golpecillo en la cabeza.
Haciendo un terrible esfuerzo —y temiendo que Akane lo descubriera— se aleja a saltos del lugar, cayendo sobre la calle principal del dojo Tendo. Está a punto de regresar caminando cuando escucha tras de sí unas pisadas suaves y casi imperceptibles. Sonríe, sabe quién es.
—¿Quién eres tú? —pregunta el hombre tras de él— ¿Y qué hacías en el dojo Tendo?
Ranma gira a verlo. A pesar de la oscuridad y del paso de los años, logró reconocerlo. Con las manos dentro de su pantalón, avanza hacia él.
—¿Ya no me reconoces, viejo amigo?
La luz mercurial lo ilumina mejor y entonces Ryoga Hibiki puede ver con detenimiento quién es, por supuesto que lo reconoce.
—Sa…Saotome.
—El mismo.
Han cambiado mucho, aunque lo esencial sigue ahí. Ranma sigue llevando el cabello largo, aunque ahora lo es tanto que tiene que trenzarlo. Sus ojos azules siguen siendo igual de brillantes y la soberbia no se ha ido de su semblante. Ryoga ha crecido tanto como él y ya no lleva la estúpida banda que cargaba en la cabeza durante su infancia y adolescencia, lleva el cabello más recortado. Sin embargo, hay algo que se mantiene intacto y es la tremenda tensión que siempre estuvo entre ellos.
—¿A qué has vuelto? —pregunta Ryoga con desdén.
—¿Qué? ¿No te alegras de verme?
—No bromees, Saotome. Te fuiste hace unos años sin decir una palabra y ahora regresas como si nada hubiera pasado… Dilo ya, ¿a qué has regresado a Nerima?
—No tengo que darte explicaciones— chasquea la lengua.
—Lo que hagas o no hagas me tiene sin cuidado, sólo te advierto una cosa: aléjate de Akane.
—¿Alejarme? — dice Ranma con fingida confusión —Me temo que eso no será posible, mi querido amigo.
—¿De qué estás hablando?
—¿Es que no te lo ha dicho?
—¿¡Decirme qué!?
—¡Oh! —Ranma simula sorpresa —Entonces no te lo ha dicho.
—¡Habla!
—Trabajaremos juntos, en la universidad Waseda. Rayos, me pregunto porqué no te lo habrá dicho.
—¿¡Qué!?
—No te preocupes, Hibiki. Seguramente se le olvidó decirte, aunque ya pasaron dos semanas desde que le dieron el contrato. Ya sabes que es muy distraída.
—¡Te advierto que…!
—De todas formas, amigo…
—¡Yo no soy tu amigo!
—… si estoy en Nerima, no es por Akane.
—Estoy comprometido con ella y nos vamos a casar, ¿entiendes?
—Woah, ¿por qué tanta agresividad?
—¡Lárgate de Tokio!
—Me temo que eso no será posible por el momento.
—Entiéndelo bien, aléjate de Akane.
Ranma ríe sarcasticamente.
—No tienes nada de que preocuparte, no tengo interés en tu prometida de pechos planos.
—¿¡Cómo te atreves!?— Ryoga se lanza contra él, pero Ranma lo esquiva con facilidad.
—¡Tranquilízate! Es tu fiesta de compromiso, no deberías estar peleando aquí. Entra ya que se te va a hacer tarde. Dale mis saludos a tu prometida.
La forma en la que dice esa última palabra lo irrita hasta el límite, pero antes de que Ryoga pueda preparar otro ataque, Ranma ha desaparecido. Aprieta los puños del coraje, ¿qué rayos hacia Saotome en Nerima? ¡Más de dos semanas y Akane no se lo había dicho! ¿Qué motivo tendría para ocultarle algo así? No sabe, pero tiene que averiguarlo.
Akane tendrá que contestar muchas preguntas.
Á
Notas:
Sé que quizá están pensando una cosa: ¿el chico desaparece un día sin explicación, vuelve trece años más tarde, se encuentra con la chica y ninguno de ellos se pide una explicación? Si se ponen a pensar, no es tan increíble. Han pasado tantos años y han pasado por tantas cosas que Akane no está segura de cómo reaccionará si le pregunta. Piensen en un amigo entrañable del colegio, o de la primaria, verlo después de tanto tiempo... seguro que muchas cosas se han olvidado, la relación ya no es tan estrecha como lo era entonces. Las situaciones son diferentes. Seguro que conforme avance la historia entenderán porqué Ranma tomó esa actitud tan valemadre.
Estoy muy contenta de cómo ha salido este capítulo. Primero, para las que venían sufriendo sin razón —si es que alguien sufrió por esta causa—: JIN NO ES HIJO DE RANMA, YEY! Y lo mejor es que Shampoo no tiene derecho a sufrir por él (aunque de verdad esté enamorada) ya que lo deshonró. ¿Cómo la ven? A mí me ha fascinado cómo se dio esta situación. Me gustaría saber qué piensan al respecto.
Pero por sobre todas las cosas quiero saber qué opinan de nuestro peeking boy, Ranma. Oigan, tienen que entenderlo, estaba enamorado de Akane. El chico es un hombre y tiene sus necesidades, y como nunca tendrá la oportunidad de verla desnuda porque SE LE VA A CASAR, pues tenía que aprovechar en ese momento. Me sorprendió mucho esta escena y espero que logre transmitir lo que verdaderamente sentía nuestro Ranma y no lo tomen por un mirón pervertido, porque no es así. Confiesen que si estuvieran en su lugar, también lo harían.
Estoy muy emocionada con esta historia que me gustaría poder seguir escribiendo por horas y horas, hasta acabarla. Sin embargo mi espalda duele y necesito dormir y hacer cosas de humanos.
Agradezco las reviews que me han dejado hasta el momento. Mi corazón explota de tanta felicidad. Me emocionó ver a mis antiguas lectoras (no dejaré "La Reina...", lo juro) con todo su incondicional apoyo y a las personas que quizá no me habían leído antes pero que gustan de esta historia. Les agradezco mucho, si tienen oportunidad de dejarme un comentario se los agradecería mucho.
Gracias a mis queridísimas Ele, Lum, Jorgi y Sophy por la bienvenida a la historia, y a , akane192530 y kikyo4 por sus reviews, espero no decepcionarlas en esta entrega. ¡Nos vemos!
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