Warabigami

Capítulo 5

/1/


Son las tres de la mañana, imposible dormir. Ha estado dando vueltas en la cama por horas. Afuera las calles vacías, las luces mercuriales (algunas sirven, otras no) y los gatos maullando, dando un concierto desafinado. Es una noche fría, el invierno se acerca. Los pronósticos dicen que será el más frío que haya tenido Japón en cientos de años. Akane piensa en lo difícil que fue el invierno pasado sin calefacción, no podía costearla. Ahora tiene un buen trabajo, una mejor paga y su padre le pide que lo deje todo por…

…Ranma.

Está molesta. Ya no es una chiquilla, pronto cumplirá 22 años. Su padre, sin embargo, sigue tomando decisiones por ella. Y últimamente, Ryoga, su prometido, parece querer hacer lo mismo. Eso le avergüenza. Ella, que se mostraba a los demás como una mujer fuerte, una que aconsejaba a sus amigas para que ningún hombre se aprovechara de ellas. Ella, Akane Tendo, dejaba que dos hombres le dijeran qué hacer.

Tenía gran respeto por su padre. Él no era cualquier hombre en su vida. Era Soun Tendo, un artista marcial legendario que en su juventud se había encargado de representar a Tokio y dejar su nombre muy en alto. Akane lo admiraba. Después de la muerte de su madre, había quedado devastado y aún así había criado a tres hijas por su propia cuenta, sin ayuda de nadie. El duelo por la pérdida de su esposa lo había cambiado, ya no era el hombre de personalidad alegre y despreocupada, la muerte lo había ensombrecido y sin embargo trató de ser un padre amoroso para ella y para sus hermanas. Ella había decidido hacerlo sentir orgulloso. Creía que debía compensarlo por la muerte de su esposa, la vida le había pedido mucho y sentía que era su deber volverlo a hacer sonreír. Era una hija devota y nada le hacía más feliz que ver feliz a su padre. Por eso haría todo lo que él le pidiera.

Así que, cuando a los 16 años le comunicó la idea de comprometerla con su amigo de toda la vida, Ryoga Hibiki, opuso poca resistencia. No había nada que le hiciera más ilusión a su padre que conservar y levantar el Dojo Tendo, el que había pertenecido a su familia por cientos de años. El Dojo había tenido una mala racha, con Soun en duelo y cuidando a tres niñas, no había mucho dinero. Ryoga provenía de una familia con historia en las artes marciales. Sus padres no se dedicaron a ellas, pero su abuelo sí y él deseaba seguir sus pasos. Esto sentaba maravilloso a Soun, quien veía en Ryoga a un digno heredero. Además, la familia Hibiki había prosperado en los negocios y, aunque no eran ricos, disponían de un buen capital. Si no lograban levantar el Dojo Tendo, pensaba Soun, al menos tendría la seguridad de que su hija estaría protegida.

La que surgió con la idea del matrimonio arreglado había sido la madre de Ryoga, quien había notado la afección que su hijo sentía por Akane. La conocían desde pequeña y sabían que era una chica de buen corazón. Era amable y generosa, además de ser bella y saludable. La señora Hibiki, romántica empedernida, solo era capaz de imaginar la hermosa vida familiar que les esperaba y, por supuesto, pensaba en sus futuros nietos, que en sus visiones eran idénticos a su hijo.

Pese a lo mucho que Akane quería a Ryoga, a veces sentía que vivía bajo su sombra; al menos como artista marcial. Akane era, en teoría, la heredera del Dojo Tendo, sin embargo, sabía que el verdadero heredero era Ryoga. Una vez que el compromiso se hizo oficial, su padre dejó de entrenarla y se dedicó enteramente a su futuro yerno. No solo él, pronto Ryoga se convirtió en el favorito de los maestros de artes marciales en la región (no que ella tuviera una oportunidad siquiera, pero…) algo con lo que ella solo podía soñar. Entonces, Ryoga se convirtió en el eje de las familias, todo giraba alrededor de él, siempre era el mejor, siempre era el orgullo, siempre lo tomaban en serio. Akane no podía negar que sentía algo de celos y se dedicó a entrenar por su cuenta. Todos los días dedicaba horas y horas a su entrenamiento. Cada vez que la veía golpeada y ensangrentada, Kasumi le insistía en que dedicara más tiempo a aprender a cocinar (¡un desastre!) y a las labores domésticas. Nabiki le recordaba lo poco atractiva que se estaba volviendo y la instaba a explotar su belleza física. Su padre… bueno su padre no hablaba de otra cosa sino de lo buena esposa que había sido su madre y cómo esperaba que ella lo fuera también para Ryoga. Los Hibiki, por su parte, solo estaban interesados en una cosa: nietos. A veces sentía que ese era el papel que le tocaría desempeñar en su vida: la madre de los hijos del gran artista marcial.

Se sonrojó en la oscuridad: ser madre. Nunca se lo había planteado, o sí lo había hecho, pero no en serio. Desde que la comprometieron sabía que eso era parte de su destino, ambas familias esperaban que procrearan muchos hijos. Y ella lo había dado por sentado, sin siquiera detenerse a pensar si eso era lo que deseaba. Nabiki hablaba de cómo recorrería el mundo, haría todo cuanto pudiera y quisiera y, quizá después, tendría un hijo. Kasumi había nacido para ser madre, con esa hermosa sonrisa y actitud angelical y abrigadora. Pero ella… bueno, de ella se esperaba que se convirtiera en madre y entre más pronto mejor. La idea la abrumaba. Le gustaban los niños, creía que podía ser una buena madre (una amorosa, como la suya), pero le aterraba tener hijos solo porque así lo esperaban de ella. Estaba segura de que quería tener hijos por amor, no por deber.

Pero eso es lo que se esperaba de ella, después de todo, su vida había sido controlada en casi todos los aspectos. Su padre y sus suegros habían insistido en que ella y Ryoga debían casarse tan pronto cumplieran los 18 años, pero ella pidió la oportunidad de estudiar. Mudarse fuera de casa e ir a la universidad había sido su acto más grande de rebeldía, uno que su padre aceptó a regañadientes. Él temía que en la universidad, Akane perdiera el rumbo que se había marcado para ella. Había muchos distractores: hombres, amistades, fiestas, alcohol y diversión. Por eso, ella había hecho el compromiso de evitar todo cuanto pudiera. Se dedicaría cien por ciento a estudiar y así lo había hecho. Era la mejor estudiante de su clase y en toda su estancia nunca había asistido a una sola fiesta. Ni hablar del alcohol o cosas peores. No debía decepcionar a nadie. El tiempo de las clases lo dedicaba a aprender y el que tenía libre, a trabaja, siempre en empleos mal pagados y absorbentes. Ahora había conseguido un puesto en donde era respetada, (no iba negar que algunas miradas de los estudiantes aún eran incómodas), donde la tomaban en serio, donde la consideraban al mismo nivel que a los profesionales y su padre le pedía que lo dejara. Y todo por Ranma, un chico al que no habían visto en 12 años. Recordaba las tardes de verano en su casa de Nerima. Ranma, Ryoga y ella alimentando a los peces del estanque. El matrimonio Tendo viéndolos a lo lejos, bebiendo te frío. La campanilla de viento, rebanadas de sandía fresca. Soun Tendo siendo gentil con el niño Ranma, riendo con él, una risa tan característica de una personalidad relajada que había desaparecido.

Ranma era solo un niño… un poco salvaje… pero un niño tierno…

¿En qué momento se volvió persona non grata?


/2/

Ranma lanza patadas al aire. Está furioso. Ya han pasado varios días desde su encuentro con Ryoga Hibiki y desde entonces tampoco ha visto a Akane. No quiere verla. Temía el día en que se hiciera realidad, verlos juntos, juntos como los había conocido, mucho más crecidos, por supuesto. Ryoga, más o menos de su misma altura y complexión, ya no era un niño, era un hombre evidentemente fuerte. Akane lucía minúscula a su lado. Ranma golpea con furia el saco de entrenamiento que tiene frente a sí. Siente furia con otra ella, contra él. Nada se había detenido cuando él se fue de Nerima, la vida siguió y seguramente seguiría una vez que se fuera de nuevo. El verlo ahí, junto a ella, significaba su derrota. Él no había podido cumplir su promesa y ahora Akane le pertenecía a otro.

Cuando niños, Ryoga le agradaba. Eran de la misma edad y estaba tan interesado en las artes marciales como él. Sin embargo, las disputas comenzaron cuando ambos se encontraron en la necesidad constante de atraer la atención de Akane. Ranma buscaba cualquier pretexto para alejarlo, dejarlo fuera de los juegos y los paseos. Era feliz cuando él no estaba alrededor. Para su mala suerte, Akane sentía que debía cuidar a Ryoga todo el tiempo, aunque era un niño fuerte físicamente, era débil de carácter y perdidizo. Y así, Ryoga dejó de agradarle. Verlo de nuevo, convertido en un adulto le hacía hervir la sangre. Él había ganado, él se había quedado al lado de Akane todo este tiempo, como prometió.


Ya está– dijo Akane mientras apretaba la mano de Ryoga entre la suya – así no te perderás.

Ranma los miraba sintiendo algo de amargura. ¡Ese tonto de Ryoga! Se perdía a cada rato y asustaba a Akane. La última vez, Ranma lo había perdido a propósito, como un juego, pero después de un par de horas desaparecido y los padres de Ryoga llamando a la policía, entendió que no era divertido. Desde entonces, Akane no hacía más que tomar su mano para caminar a cualquier parte. Eso le molestaba, él nunca había tomado la mano de Akane para caminar. Esa mañana, se dirigían a la pastelería por unas tartaletas que regalarían por el Día de las Madres. Akane había invitado a Ranma con reserva porque no quería hacerlo sentir mal, pero Ranma insistió en que los acompañaría, no dejaría que ella y Ryoga pasaran tanto tiempo juntos y a solas.

¡Mira todos esos pastelitos! – gritó Akane emocionada tras el aparador. Frente a ella, un aparador con tartaletas, pasteles y bizcochos de diferentes colores y sabores. Estaba realmente emocionada, quería llevarle el más lindo a su mamá.

Les daré dos por el precio de uno si son para sus mamás – les dijo sonriente el vendedor.

Akane juntó sus manos, emocionada. –¿En serioooo?

¡Oh! – exclamó el vendedor – Pero ustedes son tres… mmm, ¿qué descuento les podré hacer por tres pasteles?

No se preocupe – dijo Ryoga mirando a Ranma con desdén – Él no va a comprar.

¡Oh! ¿Pero por qué, jovencito? ¿No tienes dinero?-

No, es que…– dijo Ranma casi en un susurro.

No tiene mamá– replicó Ryoga.


– ¡Idiota! – gritó Ranma mientras atestaba un puñetazo con al costal. Un silencio se hizo en el gimnasio vacío, era casi de noche.

– ¿Quién es idiota? – contestó una dulce voz femenina desde atrás.

Ranma salió abruptamente de sus pensamientos. Era Akane. Estaba vestida con un enorme jersey y unos mallones que se ajustaban a sus piernas. La cabellera larga, recogida en una coleta alta, con algunos cabellos fuera que enmarcaban su rostro. La miró ahí parada con los brazos en jarras y su furia incrementó. No quería verla. Estaba tan absorto en sus recuerdos que ni siquiera la notó entrar al lugar, lo que era extraño porque él siempre estaba alerta.

– Tú, por supuesto. – dijo Ranma para después patear el costal otra vez con fuerza.

– Cada que pienso que no puedes ser más grosero, te superas. – respondió Akane volteando los ojos.

– Debes ser idiota para estar con el patético de Ryoga Hibiki.

Akane se molestó.

– Para tu información, él ganó el torneo nacional de artes marciales el año pasado. Venció a 50 competidores. – dijo con orgullo.

– Eso no significa nada. – dijo Ranma volteando a verla con una sonrisa engreída.

– ¿Según quién? ¿Tú?

– Yo podría darle una paliza con los ojos cerrados. Lo habrías visto si me hubieras dejado– dijo acercándose lentamente a ella.

Tenía el pulso acelerado, no sabía si era la furia que sentía o algo más. Acercándose lentamente a ella pudo percibir su olor. Ese olor delicado tan característico de Akane, que hacía que su corazón se reconfortara. Ella por su parte quiso retroceder intimidada al verlo acercarse a ella, pero no quiso darle el gusto. Ranma estaba furioso, lo podía ver en sus ojos azules, pero algo le decía que él era incapaz de hacerle daño.

– ¿Qué es lo que tienes en contra de Ryoga? – preguntó Akane desafiante.


En el mar, el verano es hermoso. O al menos así se ve en sus recuerdos. Los adultos están en sentados en grupo, lejos de la orilla de la playa. La risa de la señora Tendo se cuela entre los sonidos, una voz tan dulce y suave, una risa encantadora. Ahí está el matrimonio Hibiki, el matrimonio Tendo y… alguien más.
Los niños juegan en el agua, supervisados por Kasumi, que recién ha cumplido los 13 años. Es la mayor de todos y ha demostrado ser madura y maternal desde muy corta edad, así que no tiene problema en encargarse de los más pequeños. Akane, Nabiki, Ranma y Ryoga disfrutan de las olas y juegan a ser piratas y sirenas y animales de mar.

Ryoga sale del agua, dice que necesita ir al baño. Kasumi lo sigue con la mirada, asegurándose de que llegue con los adultos. De pronto, al regresar su vista, los niños no están donde antes. Logra ubicar a Ranma y a Nabiki, pero no a Akane. Grita su nombre, con miedo y desesperación, esperando que tal vez también hubiera salido del agua. El mar está inquieto y Akane no aparece. Ranma se percata de los gritos de Kasumi, que los adultos no escuchan. Desesperado busca a Akane con la mirada y la ve, las olas la han atrapado. Solo logra ver por momentos su bañador de rayas y los brazos pidiendo auxilio. Sin pensarlo dos veces se mete más en el agua, nada hasta ella, quien se sujeta a su cuello con la poca fuerza que le queda, hasta que él la lleva a la orilla.

Después vino la conmoción. Los adultos gritan –un poco tarde– al ver salir al niño arrastrando a Akane por la orilla, parece inconsciente. Su madre corre desesperada, grita su nombre, le da palmaditas en las mejillas para que reaccione. Akane despierta y ve que todos la rodean, pero su mirada se concentra en su preocupada madre y el asustado Ranma.

Gracias, Ranma – le dice Akane con los ojos llorosos y una tierna sonrisa – me salvaste.

Él le sonríe, las piernas aún le tiemblan por el susto, pero está aliviado de que se encuentre bien. No le quita la mirada hasta que su padre se la lleva en brazos hacia la posada donde se hospedan.

Gracias, Ranma. – le dice la señora Tendo con su voz aterciopelada, a punto de quebrarse. – Qué buen niño eres.

Y lo abrazó fuertemente para después darle un beso en la frente.

No creas que porque salvaste a Akane ella te va a querer más.

Ranma lo miró con el ceño fruncido mientras le daba una mordida a su rebanada de sandía. Había pasado un rato desde el accidente y los adultos habían prohibido a los niños volver al agua. Todos estaban pendientes de Akane, aunque esta estaba como si nada hubiera pasado, contenta y entusiasmada como siempre.

A ella no le gustas. Solo te tiene lástima.

Ranma engulló lo que quedaba de la sandía de un solo bocado.

¿Te gusta Akane? – le preguntó Ranma, con los ojos entrecerrados. Ryoga se sonrojó ante la pregunta.

¿Qué– qué dices?

Porque a mí me gusta Akane. Quiero estar con ella siempre y puedo cuidarla. Me convertiré en el hombre más fuerte del mundo, me voy a casar con ella y la cuidaré siempre – dijo Ranma, firme y con una sonrisa de oreja a oreja. Se sentía orgulloso de su hazaña de ese día. Había quedado como un héroe ante todos y la forma en la que Akane lo miraba desde el accidente le hacía cosquillas en el estómago. Estaba feliz. No importaba lo que Ryoga le dijera, estaba feliz.

¡Falta que Akane te quiera! – gritó Ryoga, molesto – ¡A mí también me gusta! ¡Yo también puedo cuidarla! ¡Yo también voy a cuidarla! Es mi mejor amiga, antes de que tú llegaras ella estaba conmigo, solo conmigo. ¡No puedes decir que tú vas a cuidarla! Además, nuestros papás dicen que nos casaremos.

Ryoga calló, apretó los puños de la rabia. Tenía tanto coraje que quería llorar. De pronto se le ocurrió una idea.

Hagamos algo – dijo obteniendo la atención de Ranma.

¿Qué dices? – preguntó Ranma llevándose otra rebanada de fruta a la boca.

Tú quieres estar con Akane por siempre y yo también, pero no puede estar con los dos – dijo Ryoga muy serio – solo uno puede ganar.

Ranma levantó una ceja confundido.

Ganará el que nunca se vaya de su lado, el que siempre esté con ella y la cuide, el que nunca la haga llorar.

Ranma lo miró con curiosidad. Eso parecía fácil. Él no tenía intenciones de irse, había demostrado que podía cuidarla y, por el contrario, siempre la hacía reír.

¿Es un trato? – insistió Ryoga.

Yo nunca haría llorar a Akane.

¿Tienes miedo de perder, Saotome?–

No. Yo nunca pierdo. Hecho. – dijo estrechando la mano de Ryoga.

A lo lejos, una sonriente Akane los llamaba para comer.


/3/

– Nada en particular – contestó Ranma tratando de controlar su coraje y pretender que no le afectaba. – Simplemente no permito que nadie me hable así. Si tú lo permites, está bien, pero yo no lo haré. No sé con quién cree que está hablando.

– ¿Te refieres al otro día? – dijo inocentemente Akane – No deberías tomártelo tan en serio. Ryoga es un buen hombre, solo… – se encogió de hombros – supongo que sintió celos o algo así – se avergonzó frente a su misma aseveración.

– ¿Celos? – dijo burlón – Oh, no veo motivos para que sintiera celos. – Ranma se quitaba las vendas de las manos. – Para que se quede tranquilo, dile que a mí me gustan las chicas con un poco más de… ya sabes… – hizo ademán de tocar unos pechos.

– Eres un cretino, pervertido. – dijo Akane completamente avergonzada mientras crecía su aura de furia.

– ¿Quieres pelear? – preguntó Ranma con expresión divertida.

Akane adoptó una posición de combate. Su aura roja crecía cada segundo. Lo miró desafiante. Akane era una mujer temerosa de las películas de terror y las historias de fantasmas, también se asustaba con facilidad en la obscuridad y a veces incluso las tormentas la ponían nerviosa. Pero cuando se trataba de un combate, jamás tenía miedo. No le asustaban los golpes, ni la sangre, ni los hematomas y dolores del día siguiente, al contrario, todo le generaba una adrenalina que le hacía sentir más viva. Apartó los rebeldes cabellos que cubrían su rostro y lo miró desafiante. Él, aún con su sonrisa burlona, pero maravillado de ver a esa Akane que no conocía. Ninguno de los dos sabe que, a lo lejos, un interesado profesor los observa curioso, con un cigarro en la boca. Akane se lanza contra él, aunque sabe que no tiene oportunidad. Yamato solo escucha los golpes sordos de las patadas detenidas por los antebrazos de Ranma. Son patadas rápidas, que hubieran derribado a cualquiera sin dificultad. Pero a Ranma no, los entrenamientos por los que había pasado habían sido tan duros y rudos con su cuerpo que detener los golpes de Akane era pan comido para él. Akane se detuvo para tomar aire. Ver que no podía hacerle ni un rasguño la hizo enfurecer más. Volvió a atacar, ahora con los puños, Ranma, soberbio, detenía los intentos de golpe con una sola mano. Pelear contra él era inútil, no había forma de tocarlo siquiera. Sin embargo, lo que más enfurecía a Akane es que él ni siquiera intentaba pelear con ella, simplemente estaba ahí deteniendo los golpes.

– ¡Pelea! – gritó con furia. Estaba enojada con él. No por el comentario sobre su cuerpo, sino por todo. Por los años que se había ido, por la indiferencia con la que la trató al regresar, por las lágrimas que había derramado por él.

– No voy a pelear con una mujer. – dijo Ranma sereno.

Esto hizo enfurecer más a Akane quien se abalanzó contra él con múltiples y rápidos puñetazos. Ranma los esquivaba con diversión hasta que en cierto momento ella perdió el equilibro y trastabilló.

Atento – pensó Yamato a lo lejos mientras daba otra bocanada a su cigarro.

Él extendió sus brazos para tratar de sostenerla y en ese momento ella le atestó una patada en el abdomen que lo hizo retroceder y perder el aliento por unos segundos.

– Eso… fue… trampa… – dijo Ranma recuperándose.

Pero Akane no escuchó, se volvió a lanzar contra él, haberlo golpeado por fin había generado en ella una fuerte descarga de adrenalina y estaba dispuesta a hacerlo otra vez, pero al estar cerca de él, Ranma, de un solo movimiento, bloqueó sus brazos, la tomó por la cintura fuertemente y la inclinó hacia atrás, sosteniendo el peso de Akane con su brazo izquierdo, inclinándose un poco él también. En esa posición, él podía sentir el calor de Akane en su cuerpo, los jadeos por el cansancio y su corazón latiendo rápidamente. Sus rostros quedaron uno frente al otro, muy juntos. Qué hermosa era, así de cerca, con las mejillas rojas y el sudor cayendo de su frente.

Se perdieron en la mirada del otro por unos segundos.

Escucharon un lento aplauso a lo lejos que los sacó de la ensoñación. Rápidamente, Akane se incorporó y se alejó de Ranma, apenada.

– ¡Maravilloso! – exclamó Yamato.

– ¿Qué quieres? – increpó Ranma ligeramente enfadado.

– Eres buena Akane, muy buena – dijo mientras le palmeaba la espalda. – ¿Quizá deba entrenarla? ¿Al estilo chino? – se dirigió a Ranma –Estoy seguro de que en poco tiempo te igualaría.

Ranma lo miró intentando contener su enojo. No contestó nada.

Akane se entusiasmo. ¿De verdad era posible que el profesor Yamato la entrenara? Admiraba la forma de pelear que había visto de los dos, el solo pensar algún día poder hacerlo así la emocionaba.

– ¿De verdad, Yamato–sensei?

– ¿Por qué no? – contestó Yamato divertido, viendo a Ranma de reojo. – Por supuesto primero tendríamos que obtener la aprobación de Cologne.

– ¿La abuela? – preguntó Akane con inocencia.

La sola mención del nombre de Cologne le erizó los vellos a Ranma.

– ¿Por qué no le hacemos una visita y de paso comemos ramen?

Akane juntó las manos ilusionada. Ranma lo miró con odio. Sabía que lo hacía a propósito, pero no lo lograría. Lo que sea que estuviera planeando, no lo lograría. Él estaría ahí para proteger a Akane de esas sanguijuelas.


/4/

El Neko Hanten era relativamente nuevo en el barrio pero ya se había consolidado como el mejor restaurante de comida china. Tenía clientela casi todo el día desde la apertura hasta la hora de cierre, en especial hombres que gustaban del trato y la apariencia de Jia Li y Shampoo. Las chicas de ojos rojizos y caminar felino resultaban atractivas para los comensales masculinos y desataban la envidia de las mujeres. A Jia Li no le hacía mucha gracia. No gustaba de los hombres y mucho menos de sus invitaciones a salir que tenía que rechazar con un limitado japonés; a Shampoo le daban igual los hombres que visitaban el restaurante y le ofrecían el cielo y las estrellas, el hombre que ella quería no la volteaba ni a ver. Al menos no la veía como un hombre ve a una mujer. Él no reía con ella, no era atento, no se interesaba más de lo normal por su vida. No negaba que recibir regalos y cumplidos de otros hombres alimentaba su ego, pero Ranma era capaz de destruirlo con unas cuantas palabras de rechazo. En vano había tratado de ofrecerle sus besos, sus brazos, su cuerpo. Él siempre la ignoraba. Hasta se había preguntado si sería que a Ranma le gustaban los hombres, ¿cómo era posible que no cediera ante su belleza, cuando los demás la encontraban irresistible? Todos estos años temía que la razón de que él se rehusara constantemente a sus encantos fuera otra mujer. Y cada día que pasaba en Nerima esa teoría parecía ser más y más real.

Miró con resentimiento a la chica de cabello obscuro que reía en una mesa del restaurante.

Akane jugaba con el niño que Ranma tenía en su regazo. Lo hacía reír. Siempre había sido buena con los niños y aunque no se veía a si misma como una madre aún, era feliz jugando con sus sobrinos y los pequeños que en ocasiones cuidaba cuando hacía de niñera. Ella siempre había sido así, cuidaba a los demás, no importaba que tan malcriado, desagradable o vil, Akane era capaz de mostrarle bondad y ablandarlo.

Shampoo se acercó a la mesa donde estaban los cuatro, acompañados por Mousse que fanfarroneaba sobre sus duros entrenamientos en China. Traía consigo la charola y los cuencos llenos de ramen.

Solo Yamato reparó en ella mientras se acercaba, mirando con ojos profundos y asesinos a Ranma y Akane que,entretenidos con el niño, compartían algunas risas.

¡Hola, Shampoo! – gritó – ¡Oh, míralos! – dijo en chino, seguro de que Akane no podría entender. – ¿No parecen una familia feliz?

Púdrete – contestó Shampoo duramente mientras le quitaba el niño a Ranma y se iba.

– Adiós, Jin – dijo Akane mientras se despedía con la mano de Jin, que le devolvió el gesto a lo lejos.

"Creo que no le agrado" quiso decir Akane. Pero se lo guardó para sí.

Ranma metió sus palillos en el plato de Akane, sacando un bocado de ramen y devorándolo rápidamente.

– ¡Oye qué te pasa!

– Se ve delicioso. – contestó Ranma relajado.

– ¡Tú tienes el tuyo! – dijo Akane ligeramente molesta. – Al menos deberías tener educación y pedirlo antes de tomarlo.

Ranma se encogió de hombros demostrando que no le importaban sus reclamos.

La verdad es que Ranma solo quería asegurarse de que en la comida de Akane no había algún veneno o una de esas pociones mágicas que Shampoo y Cologne gustaban de usar.

Ya era de noche. Mousse contaba historias antiguas sobre un hombre que se transformaba en pato y unas pozas encantadas en alguna región lejana de China, historia que Akane escuchaba entretenida y con asombro mientras cenaba. A lo lejos, Jia Li la observaba:

Es bonita, ¿verdad? – preguntó a Shampoo.

¡No es bonita! ¡Es una chica plana y desgarbada!

A mí me parece lindísima. ¿Crees que le gusten los hombres?

Shampoo hubiera deseado que no.

Jia Li se unió a la conversación en la mesa. Pronto se adaptó al grupo. Reía y hacía chistes en su complicado japonés y enseñaba a la invitada algunas palabras en chino también. Ya entrados en la plática, Shampoo pudo observar cómo Jia Li peinaba rápidamente a Akane con dos moños en la cabeza, justo como ellas, al estilo chino. Akane reía encantada, Yamato también, Mousse les tomaba fotografías con una vieja cámara, todos parecían estar pasando un buen momento, excepto Ranma, que estaba ahí con los brazos cruzados, en seriedad total y en un estado de alerta imperceptible para los demás.

¿Por qué tan serio, yerno? – preguntó una voz rasposa tras él.

La voz de Cologne hizo que sus instintos despertaran. Se acercó un poco más a Akane, que seguía en las nubes, listo para cualquier cosa. Sus piernas y brazos firmes para atacar si fuese necesario.

La vieja carcajeó al sentir el aura de combate de Ranma.

– ¿Qué tenemos aquí? La niña Tendo.

Akane hizo una pequeña reverencia desde su asiento.

– Buenas noches, abuela – dijo sonriente – la comida aquí es realmente deliciosa.

Ranma las miraba atento, a la defensiva.

– ¡Qué bueno que te guste! – contestó Cologne en un perfecto japonés, sin acento. – Ranma, hubieras avisado que tendríamos invitados hoy.

Tú sabes que nunca la traería aquí. – contestó Ranma en chino.

– En realidad la traje yo, Cologne. Vinimos a buscar tu aprobación. Verás, Akane es una artista marcial, ella quería saber si es posible que la entrenemos.

Cologne rió de nuevo.

– ¿La hija de Soun Tendo? ¿Mi discípula? ¡Oh, si Happy estuviera aquí para ver esto!–

– ¿Happy? – preguntó Akane curiosa.

– Happosai – replicó Cologne – El fue el Maestro de tu padre.

Esa era nueva información para Akane. Difícilmente su padre hablaba del pasado, Akane sabía poco sobre su entrenamiento, su preparación como artista marcial, solo aquello que con sumo cuidado Soun le había revelado.

– Yo tengo mi historia con Happosai. – dijo Cologne con falsa nostalgia – Él fue el maestro de Soun y Genma.

Ranma la miró fulminante, pero esta fingió no percatarse.

– ¿Genma? – dijo Akane sumiéndose en sus pensamientos, tratando de recordar dónde había escuchado ese nombre antes.

– ¡Happy se moriría de celos si tú también fueras mi discípula! ¡La hija de Soun Tendo y el hijo de Genma Saotome!

– ¿Genma Saotome? – Akane miró a Ranma, que estaba a punto de explotar de la ira. –Ranma, ¿que no es… tu padre?

Iba a matar a esa vieja momia.

Continuará…


Fin del capítulo 5

JH 2022