Warabigami

Capítulo 6


/1/

Akane no recordaba mucho del padre de Ranma, pero entre más escarbaba en sus memorias la imagen de Genma Saotome se aclaraba más. Era un hombre alto y corpulento, de piel bronceada. Cubría su calvicie con un pañuelo y usaba lentes. Por lo general siempre tenía el ceño fruncido y la mirada penetrante. No se parecía nada a Ranma, que tenía facciones mucho más delicadas y nobles. Recordaba también verlo frecuentemente en su casa, sin prestarle mucha atención (en realidad él tampoco reparaba mucho en ella), bebiendo y jugando shōgi con su padre (en aquellos tiempos cuando él aún era feliz), disfrutando de la tarde. Cuando Genma iba a la casa, Ranma podía pasar más tiempo con ella. Akane notaba que Genma no ponía atención a Ranma, no la suficiente. Constantemente su madre tenía que alimentarlo (¡y vaya que comía!) y Akane era quien le ayudaba a realizar sus tareas escolares. Pero eso realmente no le importaba, siempre y cuando tuviera la oportunidad de estar más tiempo con él.

Pero un día desapareció, llevándose a Ranma consigo, y en su casa jamás se volvió a hablar de él. Parecía que ninguno de los dos había existido. Soun le había prohibido mencionar el nombre de Ranma en la casa, cuando ella, desesperada, le pidió que lo buscara. Su madre, en cambio, la abrazaba y consolaba cuando ella lloraba por su querido amigo. Poco a poco y con el tiempo ella dejó de llorar, pero no de extrañarlo. Siempre que tenía miedo se preguntaba qué haría el valiente Ranma en su situación. Vinieron los doce años y los chicos a su alrededor empezaron a crecer. Se preguntaba si él había crecido también. ¿Seguía practicando artes marciales? Vinieron los quince y veía a las parejas que comenzaban a formarse en el instituto. ¿Ranma tendría novia? A veces lo buscaba entre los estudiantes que paseaban por las calles de la ciudad, pensando que tal vez había vuelto y andaba por ahí de la mano con alguna chica. A veces fantaseaba con que entraba a su salón, iba directo a su silla, le tomaba la mano entre las suyas y...

Pero era solo una fantasía y, seguramente, el Ranma que ella imaginaba no era para nada como el real. Su recuerdo era cada vez más borroso, lo cierto era que no tenía ni mínima idea de cómo se vería. Ya no recordaba el sonido de su voz, que seguramente para esas alturas ya había cambiado.

Dejó de fantasear con el recuerdo de Ranma y poco a poco dejó de esperar que regresara. Después del compromiso con Ryoga casi lo olvidó por completo. Solo en ocasiones muy específicas recordaba al chico de la trenza y era verdad que, en ocasiones, seguía buscándolo entre la multitud de las calles de Tokio o en el metro. Pero su corazón se había hecho a la idea de que no iba a volver y que debía guardarlo como una dulce memoria.

Al oír el nombre de Genma, todos esos recuerdos regresaron a su mente.

– ¿Ranma, qué no es... tu padre? - dijo absorta.

Ranma no contestó. Se levantó de la mesa bruscamente y salió del Neko Hanten, ante la mirada confundida de todos.

Akane se levantó tras él y lo siguió.

– ¡Espera! ¡Ranma, espera! - corrió para alcanzarlo.

– ¿Qué quieres? - contestó él, sin voltear a verla.

– ¿Dije algo malo?

No. No había dicho algo malo. O quizá sí, el nombre de su padre era en sí una maldición. Lo odiaba, había arruinado su vida. No solo lo había separado a corta edad de su madre, también lo había separado de Akane. Lo había apartado de quien lo había querido y a quien había querido y se sentía robado. Lo había sometido a entrenamientos duros, crueles y a veces innecesarios. Era verdad que gracias a esos entrenamientos era el artista marcial que era, pero a veces él se preguntaba si no hubiera sido mejor vivir una vida de chico normal, junto a su madre, no estar moviéndose de escuela y de hogar en cada oportunidad. Lo odiaba y hacía años que no sabía de él, pero aún más odiaba lo que había hecho hace algunos años...

– Lo siento – dijo Akane con voz dulce – No volveré a mencionarlo.

Mejor que no lo hiciera.


.

.

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/2/

Otro día, otra fiesta de compromiso. Esta vez para celebrar con los abuelos de Ryoga, que habían venido desde muy lejos a convivir con los futuros esposos. Habían visto a Akane en pocas ocasiones, ya que vivían en Hokkaidō, pero siempre la trataban con mucho cariño. Aún así, Akane estaba un poco harta de las celebraciones del compromiso... ¿Cuántas fiestas había que ofrecer antes del casamiento? Era cansado. Las mismas preguntas de siempre: ¿dónde vivirán? ¿Cuántos hijos tendrán? Mejor que sea rápido, estás en la mejor edad para un embarazo, ¿qué cocinará? (!) ¿ella trabajará o se quedará en casa? ¡Qué hartazgo! Pero el colmo había sido cuando la abuela de Ryoga le había preguntado frente a todos si aún era virgen.

Se volvió a mojar la cara. Menos mal que el maquillaje que Nabiki le había ayudado a hacerse era a prueba de agua. Se había arreglado de manera sencilla, con un vestido discreto, un poco amplio, corto y blanco, medias negras para cubrir sus piernas del fresco y zapatos bajos. El cabello perfectamente lacio y oscuro, con un pequeño broche de mariposa en su cabello. Los labios rojos, las mejillas color durazno. Se sentía linda, pero a la vez ajena.

Iba camino de vuelta al Dojo, donde se celebraba la fiesta, cuando oyó la voz severa de su padre hablando con alguien en una habitación contigua. Con curiosidad acercó su oído a la puerta corrediza y escuchó una voz familiar que la puso alerta. Para confirmar sus sospechas, deslizó la puerta un poco, lo suficiente para ver.

Lo que vio adentro la dejó estupefacta. Ahí estaba él, Ranma Saotome con las rodillas y las palmas de las manos contra el suelo en una clara reverencia dogeza. ¿Ranma le estaba pidiendo perdón a su padre? ¿Pero... por qué?

Ryoga, que había ido a buscarla, apareció por detrás de ella corriendo la puerta por completo. Gritó con furia cuando vio a Ranma, ataviado con su ropa china en color blanco.

– ¿¡Cómo te atreves!? -

Ranma se puso de pie. Mirando directamente a Akane, que lo veía atónita.

– Este no es tu asunto.

– Suficiente de ti, ¡Lo arreglaremos de otro modo!

Ranma se puso a la defensiva, sus piernas se tensaron y frunció el ceño. Soun, aún sereno, levantó la mano para indicarle a Ryoga que se calmara.

– Vete, Saotome Ranma. Y no vuelvas. No eres bienvenido.

La presencia de Ranma lo hacía sentir amenazado, Ryoga se comportaba fuera de sí. Frente a Ranma Saotome, no era el chico prudente y cabal de siempre.

– ¿Papá? ¿Qué...? - preguntó Akane.

– ¡Lárgate! – gritó Ryoga encolerizado. Se adentró en la habitación y caminó hacia Ranma, que se mantuvo estático en su lugar.

– ¿Ranma?

– Lo siento, Akane – contestó Ranma con una voz derrotada.

– Él robó el dinero de tu familia – dijo Ryoga precipitadamente.

– ¿Qué...?

Soun palideció. De ninguna forma quería que Akane se enterara de eso. Había mantenido el secreto durante muchos años para proteger a sus hijas, sobre todo a la menor.

– Él y su nefasto de su padre le robaron todo el dinero a tus padres, por eso no pudieron pagar el tratamiento para que tu mamá se recuperara.

Akane sintió una puñalada en el pecho, de pronto las piernas parecían fallarle al sostenerla. Percibió su corazón acelerándose y las náuseas en la boca del estómago.

– ¿Es... es... verdad? – preguntó con voz quebrada, pasando la mirada entre su padre y Ranma.

Vio cómo Ranma agachó la cabeza y cerró los ojos. Soun ahora miraba a Ryoga aún con incredulidad, se sentía traicionado pues él le había contado esa historia en secreto.

– ¿Papá? – Akane sentía las lágrimas acumularse en sus ojos. – ¿Esa es la razón por la que mamá murió?

Su padre no contestó. ¿Qué podía decirle que no la lastimara?

– ¿Ranma? – llamó Akane en un hilo de voz.

Ranma la miró también. Las lágrimas también se habían acumulado en sus ojos azules. El rostro duro tan característico del chico cambió por uno visiblemente avergonzado y dolido. Para Akane fue suficiente. Sin decir palabra salió corriendo del lugar y del Dojo, con las lágrimas cayendo por sus mejillas. Ranma sintió la necesidad de seguirla, pero ¿qué podía decirle que no la lastimara? ¿Qué podía decirle que consolara su corazón? Quizá podía alcanzarla y tratar de darle alguna explicación, pero aún así ella ya estaría muy lejos de él.

– Le pagaré hasta el último yen. – dijo Ranma a Soun rompiendo el silencio que se había hecho en la habitación.

– No quiero nada de ti, joven Saotome. Desaparece de nuestras vidas y en especial de la de mi hija.

Afuera, empezaba a llover.


/3/

– Seguramente se ha ido por unos días, pronto volverá, verás que no es nada. - La madre de Akane acaricia el cabello de la niña que ha estado llorando en su regazo.

– ¿Por qué no me dijo a dónde iría? Ya pasó una semana, mamá, él no se iría sin despedirse de mí, ¿verdad mamá?

– Yo tampoco entiendo, pequeña Akane. – contestó su madre con una voz dulce.

La señora Tendo miró los ojos color avellana de su hija (que eran idénticos a los suyos), rojos e hinchados por haber llorado tanto. Le partía el alma verla sufrir, pero era mejor que su hija estuviera triste algunos días a contarle la verdad. No era algo que una niña debiera saber. Destruiría su espíritu e inocencia y eso jamás se lo perdonaría. Además, quería tanto a Ranma (y ella misma también) que no podía contarle lo que en realidad había pasado. Era mejor guardar el secreto mientras se pudiera y por ello había hecho prometer a su esposo que nunca le contaría la verdad a sus hijas. No importaba qué, ellas no debían enterarse, en especial Akane.

–¡Él dijo que iríamos juntos a la secundaria...! ¡Dijo que él y yo...!

Akane se vio interrumpida por un ataque de tos de su madre, uno violento. Había sido un verano tan divertido y emocionante que no había notado cómo la apariencia de su mamá se había estado debilitando: se le veía más pálida, más cansada y esos ataques de tos que cada vez eran más frecuentes...

–¿Mamá?

La madre de Akane miró la palma de su mano después de haberla llevado a la boca para tratar de detener su tos.

La sangre brillante contrastaba con su blanca piel.


/4/

Aunque el maquillaje era a prueba de agua, esta vez sí se había corrido en su rostro dejándole los ojos de acuarela. La gente miraba extrañada a la chica del vestido blanco caminando bajo la lluvia sin un paraguas, pero ella difícilmente reparaba en ellos. Estaba perdida en sus pensamientos. Las lágrimas que caían de sus ojos se mezclaban con el agua de la lluvia. Había caminado sin rumbo fijo durante horas, tratando de huir de lo que había pasado en el Dojo Tendo. Había revivido su dolor. Es verdad que era una niña, pero recuerda todo con claridad. Los días brillantes y los de oscuridad, y le había costado tanto salir de la penumbra. Después de que su madre murió creyó que no volvería a sonreír. Creía que era injusto, que no se merecían lo que les estaba pasando. Eran una familia feliz, unida, su padre amaba a su madre con locura y el amor de los dos las protegía a ellas. Pero todo pasó tan rápido, la enfermedad y la muerte, ni siquiera tuvieron tiempo de procesarlo antes de que ocurriera. No hay nada que hacer, dijeron los doctores y su joven madre tuvo que resignarse a morir y ellos a perderla. Pero... ¿y si Ryoga estaba diciendo la verdad? ¿Y si había una oportunidad para ella que fue robada porque no tenían dinero? ¿Su padre le había contado todo? En realidad él nunca habló de nada con ellas y era un tema muy doloroso para sacar a colación.

Estaba dolida. Lo que sentía era una mezcla de enojo con la más profunda tristeza y decepción. Ahora veía el rostro de Genma Saotome con claridad en sus recuerdos, era el hombre al que le habían dado toda la confianza del mundo y que de un día para otro les había arrebatado todo... y era el padre de Ranma. Ella lloraba por él mientras ellos huían a quién sabe dónde con el dinero de sus padres. Así habían pagado la amistad, la hospitalidad. El dolor atravesaba su corazón como una daga.

Sentía un inevitable odio crecer en sus adentros.


continuará

FIN DEL CAPÍTULO 6


Nota de la autora:

Publiqué esta historia por primera vez en 2013. Después pasaron muchas cosas que me hicieron abandonar la escritura, pero esta historia jamás salió de mi mente, así que después de un gran hiatus he decidido terminarla. Me da un poco de tristeza porque sé que gente que la siguió en aquel entonces ya no se pasa por aquí y lamento mucho la decepción que seguramente se llevaron. También me da nostalgia ver que la comunidad de escritores y lectores de aquél entonces ya no existe, pero bueno han pasado casi diez años, ups.

Agradezco también los comentarios y mensajes privados que me dejaron a través de los años, pero entonces me era imposible continuar con este Fan Fiction.

Espero que les guste y si lo leyeron hace años y aún andan por aquí, por favor déjenme un mensaje, nada me haría más feliz.

Un abrazo,

JH.