Warabigami
Por Jade Haze
Capítulo 7
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Tan feliz en medio de sus padres, con una tarta, figuras de colores y diez velas encendidas, el coro insiste «que pida un deseo, que pida un deseo» y Akane, con sus manos bien juntas, acerca sus labios al fuego. Las mejillas se tornan naranjas, como el cielo de esa tarde, y al soplar las llamas desaparecen. Algunas fotografías para el recuerdo, la niña sonriendo en su vestido tan rosado como su piel lozana.
Ranma, sentado junto a Ryoga y sus padres, piensa que él nunca ha tenido una fiesta de cumpleaños. Ni siquiera sabe cuándo es. ¿Por qué habría de importarle la fecha en la que llegó a este mundo? No hace una diferencia para nadie. Se lo había preguntado a su padre y éste sólo le dijo que se conformara con saber que tenía nueve años.
¿Cómo sería tener a su padre y madre junto a él, celebrando su nacimiento? No puede negar que la felicidad de su amiga es contagiosa, pero tampoco puede evitar sentirse fuera de lugar. La madre de Akane es la mujer más bella que ha visto en su vida, su padre es fuerte, honesto y divertido. Sus hermanas mayores son lindas y la consienten todos los días. Ryoga también tiene lo suyo: su madre no es tan hermosa como la de Akane, pero el amor por su hijo se nota a kilómetros de distancia, su padre tiene un trabajo, una casa enorme y tres comidas al día.
¿Por qué él no puede tener eso también?
—¿Qué tienes ahí, jovencito? — pregunta una dulce voz tras de él.
—Nada— esconde sus manos tras la espalda.
La mujer se agacha para quedar a su altura. El olor a flores le llega a la nariz, pero no sabe si es ella o las plantas del jardín en el que se está ocultando. La enorme y cálida sonrisa de la señora Tendo lo reconforta.
—Cualquier cosa que le des — toca su naricilla con el dedo índice — sólo por venir de ti, Akane lo apreciará con todo su corazón.
—Pero… sus regalos… —titubea —todos son muy bonitos.
—¿Y el tuyo no lo es?
—Es que… — armándose de valor el niño le muestra en sus manos lo que tanto ha escondido.
Los ojos de la mujer se enternecen como nunca. Siente el impulso de abrazar con todas sus fuerzas al pequeño niño.
—Yo creo que es precioso. Los claveles son nuestras flores favoritas. Akane estará feliz de saber que pasaste tiempo haciendo esto para ella.
—¿De verdad?
—Te lo prometo.
Cuando la encuentra lejos de Ryoga, Ranma se arma de valor para acercarse a ella.
—Fe-Feliz cumpleaños —dice extendiendo el brazo.
Al ver la florecilla de origami rojo que tiembla en la mano de Ranma, los ojos de Akane brillan. La toma y acerca hacia sí, pretendiendo olerla. Después sonríe, una sonrisa que Ranma jamás podrá olvidar, esa sonrisa que le dio la satisfacción de hacer feliz a alguien por primera vez en su vida.
—Es muy linda, Ranma. Gracias.
Su rostro se torna de mil colores, la mirada puesta en el cielo aún anaranjado. Se queda ahí sin decir mucho, tratando de disfrutar de esa sonrisa que le hace olvidar que ha pasado nueve años de su vida en soledad.
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Su mente ha estado ausente desde los acontecimientos del Dojo Tendo. ¿Cuál era la mejor forma de abordar lo que había sucedido? Ni siquiera se sentía con el valor de mirar a Akane a la cara. ¿Debió seguirla cuando salió corriendo? ¿Debió llamarla unas horas después? ¿Debería hablarle? ¿Debería dejarla en paz? ¿Pedir perdón? ¿Fingir que no le importa y seguir con su actitud fría? ¿Cuál era la manera correcta de actuar? ¿De qué forma la lastimaría menos? Aunque estaba consciente del dolor que le podía causar, no fue sino hasta que se hizo real que midió las consecuencias de lo que había hecho. No debió volver, no debió seguirles el estúpido juego.
Cuando Cologne propuso volver a Tokio y participar en el torneo de artes marciales nacional, vio una oportunidad de remediar lo que su padre había hecho. En realidad, alejado de los planes de Cologne, lo que él pretendía era ganar el torneo, conseguir el dinero y dárselo a los Tendo, regresar lo que su padre se había robado. Creía ilusamente que eso podría cambiar las cosas y que así recuperaría el tiempo perdido. Volver a ver a Akane, continuar lo que había quedado inconcluso, repetir el pasado. Quizá, si remediaba lo que su padre había hecho, él podría continuar esa promesa de cuidarla por siempre. Por eso volvió a Nerima. Nunca quiso causarle dolor y la carga que sentía era un peso que llevaba a cuestas desde muy joven, pero quería verla. La extrañaba desde el día en que se fue. A lo largo de los años había vuelto a Nerima en algunas ocasiones y había aprovechado para buscarla, pero siempre la admiraba a la distancia. Con la gran culpabilidad que sentía no era capaz de acercarse a ella y saludarla, mirarla a los ojos, aunque se muriera de ganas. La veía a lo lejos, cada vez más alta, cada vez más hermosa, más genial. Su cabello crecía y su belleza también. Se veía feliz, siempre rodeada de amistades, sonriendo. ¿Quién era él para arruinarle la vida? Después se enteró que estaba comprometida, iba a casarse, tenía la vida hecha y él no tenía derecho a irrumpirla.
Entró en el clan de Cologne cuando abandonó definitivamente a su padre. Aquel se había dedicado a beber, jugar y perder dinero, ya no a las artes marciales. Había perdido lo poco que tenía y Ranma decidió que era tiempo de separarse de él. Ya tenía 15 años. Viajó de aquí a allá, haciendo trabajos temporales para sobrevivir en las montañas de China, aprendiendo el idioma y entrenando diariamente. Hasta que se encontró en la aldea Amazona. Perdido en la traducción, acabó comprometido con Shampoo, la bisnieta de Cologne, compromiso que se disolvió después cuando esta quedó embarazada de otro hombre. Cologne, sin embargo, vio el gran potencial que tenía y lo tomó como discípulo. Pronto, Ranma superó a todos: a Shampoo, a Mousse, a Yamato y estuvo cerca de vencer a Cologne. Entonces comenzó a pelear en pequeños torneos, dejando a los mejores artistas marciales en ridículo y ganando premios que se iban acumulando. Ranma era el peleador más fuerte de China, y Cologne se enorgullecía de ello.
Pero las cosas no fueron bien para el clan en las montañas. Después del embarazo y deshonra de Shampoo y el hecho de que dos de sus mejores peleadores fueran japoneses, fueron expulsados de la aldea. Cologne y su clan se instalaron entonces en Japón, donde se ganaban la vida con su restaurante, pero eso no era suficiente para ella. Entonces Cologne tuvo una idea: apoderarse de todos los Dojos de la región. Ya no quedaban muchos y los que quedaban habían sido fáciles de obtener; casi todos se encontraban en bancarrota, sin un heredero que siguiera la tradición. Para Ranma y Yamato había sido sencillo derrotar a quien les hiciera frente. La forma de operar era sencilla, Ranma y Yamato retaban a los dueños, si ellos perdían, entregarían una fuerte cantidad de dinero al dueño del Dojo, si ellos ganaban el Dojo era suyo. La cuestión era que ellos, naturalmente, siempre ganaban.
Cologne entonces decidió moverse a Tokio. Ahí, puso sus ojos en el Dojo Tendo. A pesar de tener alumnado, las deudas eran muchas y no podría sostenerse mucho tiempo. Además, el hecho de que perteneciera a un discípulo de su eterno rival, Happosai, era un incentivo extra. Así que retaron al Dojo Tendo, sin embargo, Soun había rechazado la oferta que le habían hecho por medio de un intermediario. Su razón: su hija, la heredera, no podría hacer frente y aún faltaban tiempo para que hubiera un heredero varón. Pero el patriarca estaba dispuesto a aceptar el reto una vez que su hija estuviera casada con el que representaría al Dojo. Así que esperarían a que Ryoga y Akane estuvieran casados oficialmente para volver a retarlos.
Pero nadie contaba con el efecto que Akane volvería a tener en Ranma. Al principio se trataba de saldar una deuda, pero al volver a verla, tan sonriente y cálida como la recordaba, todo plan de Cologne podía irse al diablo. Lo que sentía era la necesidad de protegerla de cualquier daño, incluso de él mismo. Ella era su debilidad. Tanto entrenamiento del cuerpo no había hecho duro su corazón. Por eso, odiaba que se hubiera enterado de lo que pasó y más aún de la forma en que lo había hecho. Pero ahora, estaba decidido. Participaría en el torneo de artes marciales, ganaría el dinero para pagar las deudas del Dojo y mandaría al diablo los planes de Cologne. Probablemente sería expulsado del clan, pero ya no le importaba. Era verdad que el honor era importante, pero ella lo era más.
Solo que... ahora que Akane sabía la verdad... ¿lo despreciaría? Seguramente no querría verlo otra vez, nunca jamás...
Aún así, y con el corazón temeroso, dejó el clavel rojo en el casillero que tenía una placa con el nombre 'Tendo Akane'.
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–De verdad estoy muy feliz hoy. — dice una pequeña Akane pensativa.
Estaban en el tejado del Dojo Tendo. A Akane jamás se le habría ocurrido subir ahí —demasiado peligroso, diría mamá— pero cuando Ranma le sugirió la idea (para que podamos ver mejor las estrellas, dijo) no le pareció tan alocada y se olvidó del riesgo que conllevaba. La verdad es que con su amigo se sentía protegida, como si nada malo pudiera pasar en el mundo si él estaba a su lado.
— Todos estaban muy felices en tu festejo. —contestó Ranma.
— Nuestros papás son muy graciosos, hacen reír a todos.
Ranma quiso decir algo sobre las bromas de su padre, pero se quedó observando el cielo en completo silencio.
—Ranma…—
—¿mmm?
—Gracias.
—¿Por qué?
—Por mi regalo.
—Ah. – contestó el niño enrojecido por completo.
—Me gustó mucho.
—Seguro que te gustó más el de Ryoga.- dijo volteando hacia otro lado.
—¡No!... Bueno, claro que me gustó pero… quiero decir, me gusta mucho tu regalo.
—Es sólo…
—¡No! De verdad me gusta mucho. Lo conservaré por siempre.
—Bueno.
Qué feliz. Cientos de miles de millones de fuegos artificiales explotaron desde su estómago y subieron hacia su garganta. ¿Así se sentía la felicidad?
—¿Ranma?
—¿mmm?
—Cuando sea tu cumpleaños yo también te daré un regalo especial.
—Ah…
—¿Cuándo es?
—Eh… pues
—¿Quieres que adivine?
—No… yo…
Akane lo miró intrigada.
-Yo...no lo sé.
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– Akane, te ves terrible querida.
Akane no contestó y siguió avanzando por los pasillos del edificio, hacia los casilleros.
–¡Aiko! - su amiga la golpeó con el codo – Eso no fue nada amable. Seguramente Akane la pasó estudiando, ¿verdad amiga? La prueba de hoy estaba especialmente difícil.
–Sí... eso. – Akane contestó con indiferencia. Es verdad que tenía un aspecto terrible. Se había puesto la primera ropa que había encontrado y unos zapatos deportivos, el cabello recogido en una coleta baja hecha sin esfuerzo alguno. Sin embargo, lo que delataba su pésima condición eran sus ojos hinchados y las terribles ojeras que se marcaban debajo de estos.
– Entonces... – continuó Aiko. –...¿qué haremos por tu cumpleaños? Conozco un lugar de karaoke fantástico, es muy popular entre los jóvenes últimamente... sé que a ti no te gusta el alcohol pero...
Akane de pronto cayó en cuenta de que era su cumpleaños. El shock del día anterior y la tristeza que le sobrevino le había hecho olvidar por completo que ese día cumplía 22 años. Normalmente lo celebraría con Ryoga y su familia, pero durante las últimas horas se había dedicado a evitar a todo mundo. Bueno, definitivamente no se sentía con el ánimo de hacer una fiesta de cumpleaños, comer tarta y mucho menos cantar. Lo último que quería hacer era celebrar ese día. Pasarla bajo las cobijas sonaba como un mejor plan.
– En realidad, este año no quiero hacer nada...
– ¡Vamos, Akane! No seas aguafiestas... podemos invitar a los chicos de la clase... Mira que tú no te preocupas en conseguir novio porque ya estás comprometida, pero ¿qué hay de nosotras? No somos tan populares como tú...
– Aiko, yo no soy popular...
– ¿Dices que no eres popular? ¿Entonces qué significa eso?
Aiko apuntó hacia el casillero de Akane, señalando el clavel rojo que entresalía de las rejillas. Akane lo tomó con sorpresa, viéndolo como si fuera un objeto de lo más misterioso, de pronto sintió un pinchazo de emoción en su estómago, seguido por una profunda sensación de tristeza.
– ¿Dice de quién es? - preguntó Aiko emocionada.
– No...- contestó Akane, pero ella sabía exactamente quién lo había dejado ahí.
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Ranma yacía sobre el futón de su habitación. Durante las últimas horas no había hecho mas que pensar, pensar y darle vueltas a lo mismo. Quizá todo sería mejor si simplemente desapareciera. Regresar a China no parecía una mala idea después de todo. Quizá era hora de empezar una nueva vida, dejar a Akane vivir en paz seguir su camino, después de todo, ella ya tenía un destino fijado. Tal vez él también podría encontrar a alguien, casarse, tener hijos... o quizá su destino era dedicarse totalmente a las artes marciales y vivir su vida en soledad. Tampoco parecía tan mala idea... pero ninguna posibilidad se comparaba a la remota posibilidad de estar con ella. ¿Qué se sentiría estrecharla en sus brazos, besar sus labios, sentir su cuerpo suave, despertar junto a ella cada mañana, vivir el resto de su vida a su lado? Cada vez que pensaba en eso se adentraba en una ensoñación de la cual se tenía que obligar a salir. Lo suyo era un caso patético, habían pasado 12 años y aún seguía pensando en su primer amor. Una mujer que ni siquiera lo correspondía, que no lo había visto en mucho tiempo, que quizá se había olvidado de él y de todas las cosas que pasaron juntos. Una mujer que, para variar, iba a casarse con otro hombre del que seguramente estaba enamorada. Él no tenía ninguna posibilidad y aún así, no podía evitarlo. Ir a donde ella estaba, lo atraía como un imán.
Era un caso terrible. Él, un artista marcial, había aprendido a no dejarse llevar por las emociones. Sin embargo, ella lo dejaba desarmado. Se sentía estúpido, ni siquiera había pasado tanto tiempo con ella, ahora de adulta. Pero bastaba con mirarla a los ojos para que se sintiera de nuevo como un niño necesitado de afecto.
Akane le había dado tanto... y ahora ella sufría por su culpa.
Se incorporó abruptamente sobre el futón. No podía dejar las cosas así.
/6/
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Los dos claveles, uno fresco y reluciente y el otro hecho de papel, descolorido y algo maltratado por el tiempo. Akane los observaba con pena en el rostro. Todo lo que había podido ser si él no se hubiera ido... ¿qué habría sido de los dos? A los diez años eran muy jóvenes para si quiera darse cuenta, pero en su relación de niños había amor, un amor del que cuida, del que protege, del que da ánimos y limpia las lágrimas. Solo que en ese entonces la vida era más fácil, no había obligaciones que cumplir ni expectativas para llenar. ¿Qué habría sido de ellos dos si él se hubiera quedado?
– Tonto...- dijo abrazando sus piernas y escondiendo su cara entre las rodillas.
De pronto escuchó un golpe en la puerta.
– Lo que sea, solo déjelo en la puerta. - contestó Akane desde adentro.
– Akane, soy yo... Ranma.
Hubo un silencio que se sintió larguísimo para ambos.
– Vete.
Otro silencio.
– Sé que soy la última persona que quieres ver ahora mismo, pero...
Akane se levantó del sillón y se acercó a la puerta. Se quedó parada frente a ella, sabiendo que del otro lado se encontraba Ranma, pero sin encontrar el valor para abrirla y encararlo. Él fue capaz de sentir la presencia de Akane en la cercanía, a pesar de no poder verla.
– Akane... solo dame la oportunidad de hablar contigo, escúchame por favor.
Otro largo silencio. Al menos ella no había dicho que no, por lo que comenzó a hablar.
– Mi padre siempre fue una persona horrible. – atinó a decir Ranma sabiendo que ella estaba escuchando del otro lado de la puerta – Me separó de mi madre cuando era muy pequeño, decía que me convertiría en el mejor artista marcial del mundo... pero sus entrenamientos eran crueles y extremos. Pasé hambre, frío, soledad... no sabía nada de mi madre, si tenía hermanos o no, no conocía nada más que él, mi padre era mi mundo.
Ranma suspiró. Era la primera vez que hablaba de eso con alguien. Ponerlo en palabras era difícil.
– Esa fue la vida que tuve hasta que llegué a Nerima. Y te conocí a ti. Tú fuiste la primera persona que me trató con amabilidad... aunque a veces eras un poco... bueno, tenías tu carácter… – soltó una risita triste –…Y después tu mamá me trató como a otro de sus hijos. Ella fue tan dulce... pero mi padre, bueno, mi padre tenía deudas... aún las tiene, me imagino, y siempre ha sido un vividor. Nunca se ha ganado nada de manera honesta.
Akane se había sentado en el suelo, con la espalda contra la puerta.
– Es verdad, Akane. Él robó el dinero de tu familia y huyó. Huimos.
Akane sintió las lágrimas acumularse en sus ojos de nuevo. Escucharlo de su propia voz era aún más doloroso.
– Yo no lo supe hasta mucho después, solo sufría porque me habían separado de... ustedes, sin explicación alguna. La vida fue cruel después, yo tenía que ir a donde él iba. Derrochó el dinero y volvió a pedir prestado, a robar más y estafar...
Si yo hubiera podido detenerlo, Akane, lo habría hecho pagar con mis propias manos. Pero era un niño. No pude hacer nada.
Después me dijo que tu madre había muerto. Lloré. Días enteros.
Ranma sabía que Akane lo escuchaba del otro lado, su voz se quebró.
– La quería. Y también la extraño.
Después de un largo momento en silencio, la puerta se abrió. Frente a él estaba una Akane con los ojos enrojecidos e hinchados de tanto llorar, el cabello despeinado (aún así, hermosa, pensó). Su primer impulso fue abrazarla, pero temió que ella lo rechazara. Akane se dio la vuelta y se dejó caer derrotada sobre el sillón en donde había pasado las últimas horas. Subió las piernas y abrazó sus rodillas, dejó caer su cabeza hacia ellas. No quería ver a Ranma. Este la siguió y cerró la puerta tras de sí. Se sentó al lado de ella sin invitación, con cautela. Observó rápidamente el pequeño departamento, frente a él había un mueble con una pequeña televisión y al lado un portarretrato con una fotografía de alguien que él reconocía bien: la madre de Akane. Junto al retrato dos claveles rojos: uno real y fresco, otro de papel, ligeramente dañado por el tiempo.
– Todo pasó muy rápido... - dijo Akane con voz ronca después de un incómodo silencio. -... poco después de que te fuiste. No sabíamos...
Las lágrimas comenzaron a brotar otra vez de sus ojos.
– No sabíamos que estaba enferma, jamás imaginamos que... y después el dinero, mi padre hipotecó el Dojo... vendimos todo lo que teníamos, pero no fue suficiente...
Ranma se arrodilló a su lado e hizo una pequeña reverencia.
– Lo siento. Lo siento, Akane. Sé que nada podrá remediar lo que pasó, pero quiero que sepas que lo siento.
Ella miró su cabeza inclinada. Sentía el corazón partido en dos. Sabía que Ranma no tenía la culpa de lo que había pasado, sino por el contrario, era una víctima más. El único culpable era Genma Saotome y odiaba que Ranma se sintiera así por la culpa de su padre.
– ¿Recuerdas la canción que nos cantaba?
–Warabigami... - contestó él mirándola a los ojos. Notó cómo ella los contraía, llenos de lágrimas.
– Cada vez recuerdo menos su voz... -
La abrazó, Akane se aferró a su camisa y lloró, lloró todo lo que no había podido llorar en años. Lloró porque cuando perdió a su madre, la única persona que quería que estuviera con ella era Ranma y él se había ido. Él la abrazó contra su cuerpo, sintiendo su calidez mientras sus ojos también se llenaban de lágrimas. Era un sentimiento agridulce, finalmente podía abrazarla, sentirla tan cerca, oler su cabello, sentir su piel suave, pero Akane... lo último que él quería era causarle dolor y de alguna forma siempre terminaba haciéndolo. Le dolía verla así y al mismo tiempo sentía que era un privilegio tenerla entre sus brazos. Si él pudiera protegerla... si él pudiera...
Akane solía hacerse la fuerte. Si algo la caracterizaba era su optimismo y carácter alegre y por tanto era difícil que dejara que la vieran llorar. Sin embargo, desde que Ranma había vuelto a su vida, sus emociones la sobrepasaban. Ahí en sus brazos parecía que podía llorar sin tener que pretender, ni aguantarse las ganas, sentía su abrazo como un lugar seguro, el pecho fuerte y cálido, el sonido de su corazón, el olor de su piel imperceptible para otros, todo le hacía sentir que las cosas estarían bien, que no importaba qué pasara en el mundo mientras ella estuviera en ese abrazo.
– No estoy enojada contigo – dijo Akane después de que su llanto amainó – No quiero que pienses eso.
Ranma aflojó un poco el abrazo.
– Lo que pasó, no fue tu culpa.
– ¿No me odias?
Akane se separó de él para poder verlo frente a frente. Negó con la cabeza y una tierna sonrisa.
– Bueno un poco.
– ¿Qué? ¿Por qué? – preguntó Ranma, consternado.
– ¿Por qué no me buscaste antes? Cuando regresaste...
– Em, pues sí... sí lo hice... solo que...
Akane lo miró interrogante.
– Bueno, estabas comprometida y...
– ¿Y?
– ...no quería causarte problemas.
– ¿Qué problemas? Bueno... es verdad que siempre causabas problemas...
– ¡Oye!
Akane rió.
– Lo decidieron nuestros padres.
– ¿Qué?
– El compromiso.
– Ah. - contestó Ranma desviando la mirada - Al final de cuentas debes estar feliz, Ryoga es un buen partido, supongo.
Akane guardó silencio por unos segundos, como pensando bien lo que debía contestar.
– Es un buen hombre – atinó a decir.
– ¿Qué hay de ti?
– ¿De mí?
– ¿Tienes a alguien...?
– Bueno... es verdad que soy muy popular con las chicas. - Akane puso los ojos en blanco mientras Ranma tenía una expresión arrogante en el rostro. - Pero me he concentrado en mi entrenamiento. No tengo tiempo para romances y esas boberías.
– Ya veo...
Akane bajó la mirada, un poco avergonzada por querer saber detalles al respecto.
– ¿Y Shampoo?
– Ya te había explicado lo de Shampoo.
– Es muy bonita.
– No lo había notado - dijo Ranma rascándose la cabeza.
Akane sonrió. Después, un silencio incómodo. No podían mirarse a los ojos, Ranma movía una de sus piernas constantemente, ansioso.
– ¿Dónde está tu padre ahora? - preguntó finalmente Akane.
– No lo sé. Hace mucho que no sé de él. Creo que así es mejor para todos.
– Siento mucho que hayas sufrido tanto por su culpa. No lo merecías.
– Ahora estoy bien.
– Me alegra, Ranma. – le sonrío. Ranma se ruborizó como un adolescente. Akane era aún más bonita cuando sonreía.
– Además... ahora tengo a mi madre.
– ¿Cómo?
– La encontré.
– ¿Quéeeeee? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Dónde...? – Akane estaba verdaderamente sorprendida.
– Hace un par de años, vive en Itabashi.
– ¿De verdad? ¡Ranma eso es maravilloso! - juntó sus manos ilusionada, sus ojos brillaban con alegría. – ¿Te presentaste ante ella? ¿Qué fue lo que te dijo? ¿Cómo fue todo? Ah, ¡Quisiera conocerla! ¿Es justo como la imaginaste?
– Bueno... todo fue extraño al principio pero... nos hemos vuelto más cercanos últimamente. Ella es... mucho mejor de lo que había imaginado.
– Eso me hace de verdad feliz, Ranma.
– Gracias, Akane.
Por primera vez, Ranma le sonrió sinceramente. Akane se perdió un momento en sus ojos. Qué diferente se veía ahora como un adulto. Sus facciones varoniles pero a la vez delicadas, además, era fuerte e impresionante. Era fácil creer que de verdad era popular con las chicas. Sintió cosquillas en su estómago y un poco de vergüenza. Ella jamás se había interesado por ver a los chicos como sus amigas y es verdad que Ryoga también era atractivo, pero su rostro le era tan familiar que mirarlo se había vuelto una costumbre.
Akane tomó en sus manos los claveles que Ranma le había regalado y se sentó de nuevo junto a él.
– Gracias por el regalo, otra vez...
Ranma giró la cabeza hacia el otro lado mientras miraba el techo.
– Ah, eso... sí.
– Lo guardé. – sostuvo el clavel de papel frente a ella, Ranma también lo miró – Me recuerda tiempos más felices. ¿Recuerdas ese día? Yo lo recuerdo tan claramente... te dije que te iba a hacer un regalo en tu cumpleaños... pero no sabías qué día era...
Ranma tomó el clavel de papel de las manos de Akane y lo sostuvo, mirándolo detenidamente. ¿Había pasado ya tanto tiempo? La textura del papel se sentía igual que en ese entonces y Ranma recordó vívidamente cuando lo estaba haciendo para Akane. Una época más feliz de su vida donde no tenía preocupaciones, donde era feliz con cosas simples, donde no había cinismo, ni dolor, ni engaños.
– Ahora lo sé.
– En serio, ¿cuándo es? – preguntó Akane con sorpresa.
– Bueno, de eso quería hablarte ya que... mi madre quiere conocerte también y me ha pedido que... que te invite... ella preparó una celebración hoy.
– ¿Una celebración? ¿Por qué?
– Pues... hoy es mi cumpleaños también.
CONTINUARÁ
FIN DEL CAPÍTULO 7
Nota de la autora:
Muchísimas gracias a todas las personas que se han dado el tiempo de dejarme un review, lo aprecio muchísimo y me inspira a seguir escribiendo. Sobre todo, estoy muy contenta de ver que hay lectoras que seguían la historia desde el 2013, en serio muchísimas gracias me alegraron mucho.
Prometo que ya el siguiente capítulo habrá más romanticismo XD y menos rollo, jaja.
Déjenme saber que les pareció :).
JH
