Los personajes de Ranma 1/2 pertenecen a Rumiko Takahashi. Este Fan Fiction está escrito solo con fines recreativos y sin ánimo de lucro.
Warabigami
Capítulo 8
/1/
Akane se escondió una vez más bajo su cobija mientras Ranma reía. La luz tenue de la lámpara de escritorio iluminaba a los chicos sentados en medio de la oscura habitación. Era de noche, acababan de ver una de las películas de terror que tanto le gustaban a Akane, pero que al final la asustaban tanto que no podía dormir.
– ¿De verdad crees en esas boberías, Akane? ¡Es solo una película! – dijo Ranma con un tono burlón.
– ¿Qué tal si es real? Parecía muy real... – dijo Akane sacando solo el rostro de la cobija que usaba como capucha.
– ¿Cómo va a ser real una mujer que flota y se mete por la ventana a matarte?
Akane se quedó con la mirada fija en la ventana de su habitación. Afuera había solo penumbra y la figura oscura de los árboles. Se aferró más a su cobija y cerró los ojos con fuerza.
– ¡Bu! - gritó Ranma para asustarla, lo que la tomó desprevenida y la hizo gritar.
– ¡Eres un bobo! – habló en susurro – Nos van a escuchar, no tienes permiso para estar aquí. – dijo Akane.
Ranma se movió para quedar junto a ella, pegados a la cama.
–Las niñas son tan fáciles de asustar. O-yuki no es real, es solo una película. No va a hacerte daño.
– ¿Era muy bonita, verdad? ¿Cómo podía ser tan malvada? - dijo Akane temblorosa y con pequeñas lágrimas en los ojos.
– Yo te protegeré – el niño hizo un puño con la mano y la miró confiado. – Si O-yuki viene por ti, no la dejaré tocarte.
–¿Y si quiere llevarte?
– No lo hará...
– ¿Cómo lo sabes?
– Ella está buscando un esposo... – se encogió de hombros – yo soy solo un niño.
– Es verdad, pero ¿qué tal si viene cuando seamos mayores?
– Le diré que no quiero casarme con ella...
– ¡Pero te obligará!
– No, le diré que ya tengo a alguien con quien casarme...
Akane lo miró con curiosidad.
– ¿Quién?
– Secreto. – contestó Ranma sacándole la lengua en un gesto travieso.
Akane refunfuñó. Dejó caer la parte de la cobija que cubría su corto cabello, un poco más relajada. Si él decía que la protegería, estaba segura de que lo haría.
– Es hora de dormir. – Akane se levantó del suelo y subió a su cama.
– Bien, me iré a casa.
– ¿Por qué no te quedas a dormir? Tu papá no se dará cuenta.
– No creo que esté bien quedarme a dormir en la habitación de una niña.
– A mí no me importa.
Ranma se ruborizó.
– Nos vemos mañana Akane. – saltó hacia la ventana y se quedó un momento en el marco, mirándola desde su posición. Akane tenía el rostro preocupado, pero resignado, al ver a su amigo dispuesto a irse.
– Tengo miedo, Ranma. – dijo la niña con voz temblorosa.
– No seas miedosa, piensa en algo que te haga feliz.
Ella lo miró, pensativa.
–Estar contigo me hace feliz.
Ranma sintió cosquillas en el estómago y una explosión de alegría. Le gustaba estar con Akane y le gustaba que a ella también le agradara su compañía. Él no tenía a nadie, solo un padre distante y a veces cruel. Era su primera amiga y quería cuidarla.
–Está bien, pero me iré en cuanto te duermas.
– Gracias, Ranma. – dijo Akane con los ojos llenos de brillo.
Se acostó junto a ella, lo suficientemente separado para no tocarla. Dijo que se iría cuando ella se durmiera, pero en la comodidad de la cama de Akane, la cercanía de su calor en esa noche fría, el dulce olor que emanaba (¿era el cabello recién lavado? ¿Era la fragancia de su ropa?) y la tranquilidad de su rostro al descansar, se quedó profundamente dormido en cuestión de minutos.
Afuera, las estrellas.
/2/
Akane se adentró nerviosa en la residencia de estilo oriental tradicional. Era una enorme casa que evidentemente había sido construida décadas atrás. Desde la entrada habían tenido que atravesar un pequeño puente, pues un enorme y hermoso estanque lleno de peces koi rodeaba la casa. Había plantas de todo tipo y algunos árboles de cerezo que en ese momento no tenían flor, pero que seguramente en primavera adornarían la casa de una manera hermosa. No era en extremo lujosa, pero era una casa bellísima, cuidada hasta el más mínimo aspecto, acogedora. Akane no podía entender por qué Ranma vivía en el viejo local del Neko Hanten en lugar de vivir en aquél lugar con su madre.
Un sonriente hombre mayor corrió la puerta principal para recibirlos con alegría.
– ¡Bienvenido, Ranma!.
–Ito-san, estoy en casa.– dijo mientras se retiraba los zapatos.
– Y veo que trajiste compañía... ¿quién es esta linda señorita?
– Akane Tendo – contestó Akane apresurada con una reverencia – Mucho gusto.
– Wataru Ito, soy el asistente de la señora Saotome. – replicó el hombre haciendo también una pequeña reverencia – el gusto es mío… ¡Qué alegría tener a una jovencita visitándonos por fin! – el hombre miró a Ranma con una complicidad que Akane no notó y que él ignoró.
El hombre estaría cerca de cumplir los 60 años. Vestía casualmente, pero aún así se podía notar cierta formalidad en su presencia. Tenía un rostro afable y una forma de hablar amigable que le hizo a Akane disipar un poco la ansiedad que estaba sintiendo.
Nodoka Saotome apareció sonriente en el recibidor ataviada en un hermoso kimono azul, que combinaba con sus ojos. Tenía el cabello recogido en un perfecto moño y el rostro ligeramente maquillado. Abrió los brazos ampliamente para recibir a su hijo, quien le correspondió el abrazo.
Akane sintió su corazón latir rápidamente. De verdad estaba muy nerviosa y no entendía por qué. No creía tener motivo para estarlo y sin embargo así era. Quizá porque la madre de Ranma se le antojaba como un mito. De niños, Ranma había dicho que no tenía madre, pero no podía explicar por qué, así que asumieron que había muerto... y ahora después de tantos años ahí estaba. Parada a unos pasos atrás de Ranma, observó la diferencia de estatura y complexión de Nodoka y su hijo. Ella, a pesar de ser alta, parecía menuda y pequeña en comparación a él. En ese momento, al observarlos juntos, le pareció conmovedor: lo habían separado de su madre siendo muy pequeño y había vuelto a ella convertido en un hombre.
Sintió los grandes ojos de Nodoka sobre ella. Eran iguales a los de Ranma, brillantes y transparentes.
–Así que tú eres Akane – le dijo con una gran sonrisa y una voz apacible.
Las mejillas de Akane enrojecieron, hizo una pequeña reverencia que Nodoka contestó de la misma manera.
– Sí, mucho gusto. Soy Akane Tendo.
Nodoka se adelantó hacia ella y tomó las manos de Akane entre las suyas.
– Soy Nodoka Saotome. Estoy feliz de conocerte.
Las manos de Nodoka eran cálidas y suaves. Viéndola más de cerca pudo apreciar mejor su encanto; sus facciones eran femeninas, delicadas y se parecía tanto a Ranma... notó líneas de expresión en su rostro, sin duda había sido una madre joven. Tenía la piel tersa y los pequeños labios pintados de rosa, además de una hermosa voz melodiosa y acogedora.
– ¿Puedo abrazarte? – preguntó Nodoka.
Akane asintió aún ansiosa pero con una sonrisa. Recibió el caluroso abrazo de Nodoka que se sintió protector, tal como había sentido el de Ranma hacía unas horas. Tal vez era algo de familia.
– Ranma me ha hablado mucho de ti... – dijo mientras el muchacho se sonrojaba y fingía mirar a otra parte -... tenía tantas ganas de conocerte y agradecerte tanto... – la volvió a estrechar entre sus brazos.
– Gracias por invitarme.
Se adentraron en la casa, directo al enorme salón de invitados. Todo el lugar estaba iluminado por la luz natural y tenía una decoración minimalista y tradicional. En el salón, había diferentes objetos adornando las paredes. Entre pinturas y pergaminos, había una colección de katanas colgando en la pared de manera horizontal. Akane las miró con detenimiento, ¿serían simple adorno?
– Mi madre proviene de una familia de samurais.– le dijo Ranma al verla impresionada por la colección.
Eso quería decir que él también provenía de una familia de samurais, aunque hablara de manera ajena al respecto. Las artes marciales habían sido una constante en su familia desde hacía cientos de años. No había duda que Ranma llevaba un talento natural en la sangre. Akane reparó en las fotografías al blanco y negro que adornaban un mueble de caoba. Hombres impresionantes vestidos con yoroi, mujeres hermosas vestidas con kimono. La misma Nodoka en su juventud posando con el primer premio de algún torneo de artes marciales.
– ¡Eh! ¡Es usted, señora Saotome! – dijo Akane impresionada, señalando a la fotografía.
Nodoka soltó una risita.
– Era buena. – contestó orgullosa.
La mirada de Akane se posó en una fotografía a color, en ella, está Nodoka un poco más mayor, pero aún con remanentes rasgos de su adolescencia, tendría unos 23 años. Se le ve con una enorme sonrisa, sosteniendo en brazos a su primer y único hijo, quien aparece en la imagen con los ojos bien abiertos, mirando curioso a la cámara. Akane se sintió de nuevo conmovida. Ranma había sufrido por no tener a su madre con él, pero sin duda ella también había padecido la separación de su hijo. Quiso hacer un comentario sobre lo tiernos que se veían, pero le pareció que quizá era un tema delicado.
Observó a Nodoka que conversaba animadamente con Ranma. No parecía una mujer común, su postura y la forma grácil de moverse le otorgaban un encanto excepcional. Era una mujer que llamaba la atención a donde quiera que iba, justo como su hijo. Ambos tenían este aire imponente y delicado a la vez, además de una belleza que no pasaba desapercibida. Ahí, los dos juntos, le parecieron un par increíble.
Se dirigieron hacia una enorme mesa decorada con sumo cuidado. Había comida suficiente para veinte personas, por lo que Akane se preguntó si esperaban a más invitados.
–Creo que me excedí un poco con la comida... – dijo Nodoka contemplando la mesa mientras se llevaba una mano a la mejilla. –... pero Akane, si esto no te gusta podemos conseguir otra cosa, Ito-san lo hará con gusto.
– Muchas gracias, todo es perfecto. – dijo Akane avergonzada moviendo las manos frente a ella.
Se sentaron a comer. Akane se percató de que hacía horas que no probaba bocado. En realidad había estado muy deprimida los últimos días como para tener apetito, pero curiosamente en ese momento se sentía muy animada y hambrienta. Comió de todo con entusiasmo ante la mirada sorprendida de Ranma que nunca había visto a una mujer comer así y de una sonriente Nodoka que se veía muy complacida de que Akane disfrutara la comida.
Akane detuvo los palillos en su boca cuando se percató de que los tres la miraban curiosos, Ranma con asombro, Nodoka con deleite e Ito con diversión.
– ¡Una jovencita muy sana!– exclamó Ito.
– Como mujeres debemos alimentarnos bien, querida Akane. Me da mucho gusto que estés disfrutando.
–Tal vez quieras dejar un poco para los demás.– dijo Ranma con tono burlón.
Akane le dio un codazo en las costillas, desatando las carcajadas del señor Ito.
Después de la comida, Nodoka llevó con gran orgullo a la mesa una pequeña tarta de chocolate que había horneado y decorado ella misma. Desde que Ranma había regresado a su vida se había encargado de prepararle un pastel cada cumpleaños y ese no era la excepción, sin embargo, en esa ocasión debía compartirlo con Akane y Nodoka se esmeró aún más.
– Está deliciosa. – dijo Akane.
– Gracias, Akane querida. Soy buena cocinera, no así repostera, me alegra que te guste.
– ¿Eh? ¡Pero si todo lo que prepara es delicioso! – añadió con algo de amargura y un poco para sí misma – ya quisiera yo cocinar la mitad de bien que usted.
– Ah, solo es cosa de práctica, cariño, y hacerlo con amor, por supuesto. Seguro cuando le cocines a esa persona especial te sorprenderás de lo bien que cocinas. – contestó Nodoka sonriente.
¿A esa persona especial? Lo había intentado en su fallido entrenamiento para el matrimonio. Akane se sonrojó al recordar cómo había intoxicado a Ryoga que, caballeroso como siempre, había accedido a comerse todo su estofado, aunque eso le costara una visita a la clínica del Doctor Tofú. Desde entonces no había intentado preparar nada, por seguridad de todos.
–Yo te podría enseñar algunas cosas, si así lo deseas – dijo Nodoka – puedes venir cuando quieras y cocinaremos juntas.
–¿En serio, señora Saotome? – dijo Akane entusiasmada – ¡Me encantaría!
Aunque la invitación la hacía feliz, sintió de pronto un dejo de tristeza. Esa era la clase de cosas que una mujer debía aprender de su madre, pero la suya ya no estaba para enseñarle. La extrañaba, muy especialmente el día de su cumpleaños. La madre que la había traído al mundo no estaba para celebrar con ella. Había pasado tanto tiempo y a la vez se sentía como si hubiera sido ayer.
– ¿No es una coincidencia hermosa que cumplan años el mismo día? Eso quiere decir que no han pasado un día en este mundo sin que no haya estado el otro.– dijo Nodoka en una voz que parecía un suspiro, interrumpiendo los pensamientos de Akane.
Ranma pareció atragantarse con el té que estaba bebiendo. ¡Qué cosas decía su madre! Miró a Akane de reojo, parecía pensativa. Ella encontró su mirada y le sonrió alegre.
Qué chica.
/3/
Nodoka condujo a los jóvenes por un pasillo al final de la casa, que conducía a un anexo que parecía ser parte de la residencia. Entraron en un enorme lugar oscuro y Nodoka encendió las luces. La habitación era en realidad el enorme vestidor de una hermosa tienda. Había unos enormes espejos al fondo del lugar y cómodos sillones para que las compradoras pudieran sentarse. En las paredes se dibujaban figuras tradicionales del Japón, en sus colores llamativos y toques dorados. Alrededor, había unas elegantes perchas de las que colgaban hermosos y lujosos kimonos de todos las tonalidades y estampados imaginables.
Ranma se dejó caer sobre uno de los sillones sin prestar mucha importancia a lo que había alrededor, a Akane le dio la impresión de que él había estado ahí antes. Se acercó con curiosidad y asombro a los kimonos que colgaban entre las luces. ¡Eran muchísimos! Verdes, rojos, azules, rosados… otros en colores más sobrios y elegantes.
–Mi familia materna se dedicó a la fabricación de kimonos y heredé el negocio. – explicó Nodoka. – ¿Verdad que son lindos? – dijo al notar los ojos brillantes de Akane observando las telas de seda.
– ¡Son hermosos! – dijo impresionada – ¡Eh! ¿Estos son furisodes? – preguntó Akane sorprendida al notar unos kimonos con largas mangas, telas de seda y bordados brillantes.
–¿Te gustan? – preguntó Nodoka.
–Son bellísimos. Siempre quise uno, pero no podría comprármelo ni en sueños, solo los veo en los aparadores.
–¿Por qué no te pruebas uno?
–¿En serio? – preguntó emocionada.
–¡Claro! Elige el que más te guste.
Akane miró emocionada los kimonos, nunca había tenido la oportunidad de usar uno tan elegante, ni siquiera en la celebración de sus 20 años. Incluso rentarlo era demasiado caro, así que ni siquiera lo intento. Lo cierto es que alguna vez había fantaseado con vestir uno de esos y verse tan femenina como nunca había podido. Cuando encontró uno que le gustó, lo tomó con cuidado y se dirigió al vestidor.
Nodoka se sentó en el sillón al lado de Ranma, quien fingía estar aburrido, las manos detrás de la nuca y una pierna cruzada sobre la otra.
–¿Lo has pensado? – preguntó Nodoka.
–¿Qué…?
–Venir a vivir conmigo.
–Ah… bueno… es que… – Ranma evitó la mirada de su madre –…aún tengo asuntos que arreglar y quizá después de eso regrese a China un tiempo a terminar mi entrenamiento.
–Ya veo.
–Estoy agradecido por la invitación – continuó Ranma – es solo que no estoy acostumbrado a estar en un mismo sitio por tanto tiempo.
–Tal vez es hora de que lo intentes. –comentó Nodoka – Tratar algo diferente… tener una vida más… ¿normal? ¿Encontrar a alguien especial?
–Eso no es algo que me interese ahora. Estoy concentrado en mi entrenamiento… – su expresión cambió de la indiferencia a la timidez –…tal vez después.
– Es una jovencita muy agradable.
– ¿Qué?
– Akane-chan, por supuesto.
– Ah... – contestó Ranma sin saber bien qué decir.
– Me agrada mucho. – dijo sonriente – Es muy bonita también.
– ¿Bonita?– refunfuñó Ranma – Es muy poco femenina, torpe, tiene mal carácter...
– Una mujer puede tener muchos defectos... – dijo Nodoka pensativa – …pero ante los ojos correctos, ella será perfecta.
– Dudo mucho que...
– ¿Qué tal?
Akane salió del vestidor ataviada en el kimono. Era negro, de mangas largas y estampados florales en colores lavanda, rosados y azules. El obi de seda azulada se ceñía a su pequeña cintura. Había dejado suelto su largo cabello oscuro y jugaba con un mechón mientras los miraba entre apenada y emocionada, esperando su reacción.
–¡Oh, Akane, te ves preciosa! – Nodoka la miró enternecida mientras se acercaba a ella. –¿No crees que se ve preciosa, Ranma?
Ranma tosió nervioso y miró hacia el otro lado.
–No lo sé – dijo fingiendo indiferencia – esas son cosas de mujeres.
Akane frunció el ceño y apretó los labios. ¿Era tan difícil hacerle un cumplido? ¡Ese tonto! Le costaba trabajo ser femenina y lucir arreglada, pero eso no significaba que esas cosas le fueran indiferentes. Al fin y al cabo ¿a qué chica no le gustaba recibir halagos de vez en cuando? Y ahí estaba ese bobo… sin poder decirle una palabra amable.
–Oh, vamos – exclamó Nodoka – Luces como toda una muñeca, Akane – dijo mientras la tomaba de los hombros para que se girara hacia el enorme espejo – eres una hermosa mujer.
Akane bajó la mirada apenada, se miró al espejo y sonrió. Era verdad que lucía bonita. Se percibió, de hecho, un poco mayor (¿sería que estaba cumpliendo años?). El color negro la hacía ver elegante y refinada, como una versión más madura de ella misma. Se notaba diferente. Le parecía que las cosas a su alrededor estaban cambiando muy rápido, incluyéndola a ella. Por muchos años las cosas habían permanecido en un estado de calma y tranquilidad y desde que Ranma había vuelto a su vida, todo le parecía un poco más caótico. Sentía que algo estaba pasando dentro de ella y le asustaba, a la vez que le emocionaba.
Ranma la observó a través del reflejo del espejo. Por supuesto que se veía preciosa, pero se sentía incapaz de admitirlo en voz alta. Su delgada figura estaba completamente cubierta por el kimono, su piel pálida contrastaba bellamente con la seda oscura y sus manos delgadas y finas se asomaban de entre las largas mangas del furisode. Su rostro afilado, sus labios rojos como cerezas, los ojos castaños y la forma tímida en la que miraba su propio reflejo le concedían un encanto que ella ni siquiera era capaz de imaginar.
La miraba embelesado cuando se encontró con los ojos de Akane en el reflejo. Avergonzado, apartó la vista hacia otro lugar fingiendo demencia. Akane sonrió complacida, lo había atrapado contemplándola. Se miró de nuevo al espejo, esta vez con un poco más de seguridad y levantó su cabello en un moño improvisado.
–Este es mi regalo de cumpleaños para ti. – dijo Nodoka cálidamente.
–¿Eh? Oh no, no puedo aceptarlo es muy costoso y…
–Por favor acéptalo – dijo Nodoka tomando una mano de Akane entre las suyas. – Me harías muy feliz.
Akane la miró conmovida. Realmente era una mujer muy dulce.
–G-Gracias, señora Saotome.
–Llámame tía – sonrió. – Iré por una caja para que te lo lleves a casa.
Nodoka desapareció tras una puerta. Entre los dos chicos se hizo un incómodo silencio. De repente, Ranma se levantó del sofá donde fingía aburrimiento y se acercó a Akane, la miró fijamente a los ojos, intimidándola un poco. Era demasiado alto (¿cómo podía un niño crecer tanto?) y la miraba serio. Akane se inclinó ligeramente hacia atrás al sentir la cercanía. De pronto, Ranma acercó una mano a su rostro y pellizcó su mejilla, dejándola enrojecida.
–¡Ouch! ¿Por qué has hecho eso? – gritó Akane entre sorprendida y molesta, tocando su adolorida mejilla.
–Pareces un fantasma.
/4/
Tus ojos brillan como las estrellas
Este pecho enamorado está ardiendo como una llama
Incluso si el color del cielo nocturno se desvanece
mientras pinta los cielos
Nuestros corazones nunca cambiarán
Una vieja canción suena en el salón al tiempo que la noche cae. Ito la acompaña, desafinando terriblemente en los agudos y provocando la risa de todos. Habían empezado a beber sake hacía un rato, todos excepto Akane, quien se sorprendió de ver a Ranma tomarlo sin ningún reparo, pues tenía la idea de que no era algo que los jóvenes de su edad hicieran.
–¡Ah! Tendo-san, tiene que probar este sake – dijo Ito después de tomar su décimo vaso – Es bueno para la salud y la relajación.
Nodoka le acercó el pequeño vasito que Akane tomó en sus manos instintivamente.
–Eh… no estoy segura, es que yo nunca he probado y…
–¡Siempre hay una primera vez! – dijo Ito alegre.
–¡Siempre la hay! – secundó Nodoka.
–Oye, oye. Déjenla en paz – dijo Ranma molesto – ya ha dicho que no está segura no…
–¡Lo haré! – dijo Akane decidida.
–No tienes que…– dijo Ranma.
–Si no lo hace nos traerá mala suerte. – comentó Ito.
–No queremos mala suerte. – dijo Nodoka.
–No queremos mala suerte. – repitió Ito entre risas.
Ito sirvió el pequeño vasito de Akane, quien observó la bebida fijamente, analizándola. De pronto sintió la mano de Ranma sobre su brazo.
–No tienes que hacerlo…
–Lo haré– dijo Akane antes de tomarse todo el contenido del vaso de un jalón. –¡Agh! – exclamó haciendo una mueca de asco.
–¡Oye, oye! ¡Despacio!
Akane miró con diversión el rostro desencajado de Ranma y se unió a las risas de Ito y Nodoka. Ranma hizo una mueca de molestia, no entendía qué les parecía tan divertido.
Tus ojos brillan como las estrellas
Este pecho enamorado está ardiendo como una llama
– ¡Oh, esa canción…! – exclamó Nodoka con emoción. – Solía bailarla en mi juventud.
–Aún es joven, Nodoka-san – comentó Ito.
– Ito-san es un excelente bailarín. – dijo Nodoka dirigiéndose a los chicos.
– Eso me hizo muy popular entre las mujeres.
– Me encantaría poder bailar, pero tengo dos pies izquierdos.– dijo Akane.
–Una mujer no tiene que preocuparse por saber bailar, el hombre es el que debe llevar el ritmo. Déjeme enseñarle.
Extendió la mano hacia Akane, que la tomó con entusiasmo, para guiarla al centro del salón. El hombre se paró frente a ella, y puso una mano un poco arriba de su cintura, apenas tocándola. Con la otra mano sostuvo la de Akane quien instintivamente le colocó una mano sobre el hombro.
– Solo escuche la música y déjese llevar. – miró sus pies – Haga lo mismo que yo.
El hombre comenzó a balancearse de un lado a otro al ritmo de la música, Akane miraba fijamente a sus pies para asegurarse de que no lo pisaría (y aún así lo hizo). Aunque no era un ritmo difícil, de pronto lo perdía entre risas. Era buena para dominar su cuerpo en las artes marciales, pero no tanto para el baile.
– ¡Lo siento! – dijo Akane riendo.
La mirada divertida de Akane se topó con la de Ranma que la observaba desde el otro lado de la habitación, sentado junto a su madre. La miraba sonriendo, inclinado hacia atrás, los brazos cruzados y las largas piernas estiradas hacia adelante. Era la primera vez que lo veía tan relajado.
– Ahora tú, Ranma. – Ito lo llamó con la mano.
Ranma negó frenéticamente con la cabeza y agitó las manos frente a sí.
– Yo no sé bailar.
– Bueno, es hora de que aprendas. – dijo Nodoka empujándolo para que se pusiera de pie.
– Un artista marcial no baila.
–Yo lo hacía en mi juventud – dijo Nodoka. – Es su cumpleaños – añadió en un susurro – se merece un baile.
Contra su voluntad, se puso de pie y se acercó a la pareja. Trataba de guardar la compostura y no mostrar su vergüenza pero los movimientos rígidos y la mirada esquiva delataban su nerviosismo. Akane sonreía, de alguna manera le complacía ver su vulnerabilidad.
–Primero te colocas frente a ella. No tan cerca. Después...
Ranma colocó la mano en la cintura de Akane, que tensó su cuerpo ante el contacto.
– La mano más arriba – dijo Ito recolocando la mano de Ranma. – Nunca toques la cintura de una señorita sin pedirle permiso antes.
Ranma se puso de mil colores, Akane y Nodoka soltaron una risita.
– Ahora, tú eres quien va a guiarla, un paso a la izquierda y otro a la derecha… uno, dos, uno, dos, ¡Relájate, muchacho!
– Esto es ridículo – masculló Ranma evitando la mirada de Akane.
– A mí me gusta. – dijo Akane sonriendo alegremente.
Soy feliz… soy más feliz cuando estoy contigo.
No te dejaré ir hasta que muera…¿estás de acuerdo?
La miró a los ojos. Ella estaba ligeramente ruborizada (¿era el alcohol?), sus mejillas color durazno resaltaban de su piel pálida. Sus ojos lo miraban intensamente, Ranma sentía el corazón latir a mil por hora, incluso temió que llegara a escucharse. Pero no era necesario que escuchara el latido de su corazón, Akane sentía sus manos sudorosas y su rostro ruborizado. La sonrisa de Akane era hermosa, se notaba que realmente estaba pasando un buen rato. No podía creer que unas horas antes estuviera llorando en sus brazos. Aunque era bella cuando lloraba, la Akane que le gustaba ver era la que tenía en frente. Sonriente, alegre, divertida y en tranquilidad.
Nodoka los miró con ternura. Normalmente, su hijo era rudo y frío, pero ahí, con esa chica en brazos, se había vuelto tierno y dócil. Era evidente lo mucho que Akane había significado para él, después de todo lo que le había contado, pero... ¿sería posible que la afección hubiera crecido hasta convertirse en algo más? Particularmente, no podía evitar reconocer la forma en la que Ranma miraba a Akane. Hacía muchos años, otro hombre Saotome la había mirado así.
Suspiró. Si esa iba a ser otra historia de amor, esperaba que tuviera un final feliz.
/5/
Habían salido a tomar aire al enorme jardín ahora oscuro, después de que Akane sintiera un fuerte mareo que la hizo perder el equilibrio. Estaban sentados en el tejado de la casa, observando el cielo nocturno en medio del silencio del lugar.
–¿Te sientes mejor? – preguntó Ranma.
–Sí, mejor.
–¡Serás boba! ¿Qué creías que iba a pasar?
Akane rió divertida. Ranma notó que aunque había tomado muy poco alcohol, había sido suficiente para afectarla.
– ¿Qué tiene de divertido? ¡No debes andar por ahí aceptando alcohol a cualquiera que te lo ofrezca! Incluso pediste más…
–Tú lo tomaste también.
–Sí, pero estoy acostumbrado.
– Me estaba divirtiendo…
Su voz… su linda voz.
–Solo no... no lo hagas de nuevo, ¿de acuerdo? – agregó – No si no hay alguien cerca de ti que te cuide.
–Estás aquí– Akane apoyó su cabeza en el hombro de Ranma, cuyo cuerpo se estremeció ante el gesto.
Y su olor… ¿era el cabello recién lavado? ¿Era la fragancia de su ropa?
–Tu mamá es genial. ¿Cómo te sientes de haberla encontrado? Debió sentirse irreal – dijo Akane mirando hacia el cielo.
–Bueno… al principio fue difícil, pero nos hemos acostumbrado al otro…
–¡Y es bellísima!
–No entiendo cómo pudo fijarse en mi padre.
–Pero si no se hubiera fijado en tu padre, tú no estarías aquí.
–Quizá soy un error en esta línea temporal. – dijo con amargo humor, con las manos tras la nuca.
–¡No seas tonto! Solo… me alegra que la hayas encontrado. ¡Me alegra mucho!
Estuvieron en silencio un rato, en donde solo se escuchaba el ruido de las hojas movidas por el viento. Era un silencio cómodo, en el que se limitaron a sentir la presencia del otro. Habían tenido momentos así cuando eran niños. Tranquilos, respirando pausadamente y sin preocupaciones. ¡Si pudieran quedarse en ese momento de paz para siempre!
– Feliz cumpleaños.
En un movimiento rápido e impulsivo, Akane lo besó. Fue un beso que apenas duró unos segundos, pero lo suficiente para impactarlo. Ni siquiera fue capaz de cerrar los ojos, lo tomó completamente por sorpresa. Sintió los labios cálidos y suaves de Akane sobre los suyos y su respiración cercana. Cuando pensó si quiera en corresponderle, ella ya se había separado de él y lo miraba con sus grandes ojos y una tímida sonrisa. El rostro de Ranma estaba completamente enrojecido y, una vez más, su corazón latía a toda velocidad. De pronto sintió el cuerpo ligero y miles de cosquillas en su abdomen. Tuvo el impulso de abrazarla, de tomarla por la cintura y continuar el beso, pero se quedó inmóvil, viéndola aún, emocionado y asombrado por su belleza.
– Te extrañé, Ranma.
Akane apoyó de nuevo su cabeza en el hombro de Ranma. Era capaz de oír su corazón latir rápidamente y sentía el calor que emanaba de su cuerpo. Sonrió con los ojos cerrados. Estar con él de alguna manera se sentía como estar en casa. Después de un prolongado silencio, se quedó dormida.
Ranma ahí, con la vista fija frente a sí, incapaz de decir una sola palabra, con las mejillas aún encendidas y los fuegos artificiales dentro de su cuerpo.
Arriba, las estrellas.
CONTINUARÁ
NOTA DE LA AUTORA:
Me ha costado un montón publicar este capítulo, por más y más que lo revisaba le encontraba algo qué arreglar, pero bueno, aquí está. Espero que les haya gustado y lo disfruten tanto como yo. Me encanta escribir esta historia.
Muchas gracias por sus comentarios, mensajes privados y reviews, me hacen sonreír y me impulsan a seguir escribiendo.
Un saludo y nos leemos la próxima.
JH
