¡Love, yes I Do!
By: HybridVirus

Disclaimer: Hetalia y sus personajes son pertenencia de sus respectivos dueños, solamente soy dueña de Rafaela y no hay ninguna ganancia con esto, más que darles amor a las relaciones de mi país con otros países; solo soy una fan que escribe para fans.

–Habar

"Pensar"

Flashback

Pd: Se aceptan donaciones en PP :La descalabran:

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Capitulo I

El suave resplandor del sol entrando por las ventanas del departamento, llenaba todo con su cálido resplandor. La perezosa brisa meciendo las ramas de los árboles, haciendo bailar a las hojas en un gentil vals que resonaba junto al armonioso canto de las avecillas; mismo que se veía groseramente interrumpido por el eco de gritos llenos de desesperación e ira, el distintivo resonar de cristales rompiéndose, junto a un sinfín de objetos siendo arrojados enardecidamente contra el piso y las paredes del lugar retumbaba en las cercanías del recinto que hasta hace poco, había sido ocupado por un joven matrimonio lleno de esperanzas en un buen futuro para los dos.

El eco de los decididos pasos del rubio resonó en el tétrico y momentáneo silencio que se había apoderado del departamento, sus orbes se posaron sobre la fotografía que se encontraba enmarcada por un hermoso cuadro dorado en el pequeño recibidor. Sus orbes azules como el cielo reflejaban una molestia e ira completamente fuera de control. Su mirada se deslizo sobre la fotografía dirigiéndole un gesto lleno de repugnancia, misma que desapareció de inmediato al ver el gesto repleto de molestia en sus propios orbes, esos mismos ojos azules que lo miraban desde la fotografía.

Un escalofrío le recorrió la espina dorsal al ver la forma despectiva en la que el mismo Alfred F. Kirkland Jones lo miraba desde la fotografía. La mirada azul lo juzgaba y reclamaba por todas las decisiones que había tomado a lo largo de los meses pasados. El rubio apretó los dientes al ver la forma altiva en que su cuerpo se encontraba pasmado en la fotografía, los hombros hechos hacia atrás y su cabeza ligeramente hacia arriba, como si lo que mirara frente a él fuera indigno de su atención y su tiempo. Como si se avergonzara de ser el simple despojo de hombre que se encontraba frente a la fotografía.

–¡Eres un imbécil!

Grito furibundo el ojiazul al mismo tiempo que tomaba la fotografía para arrojarla hacia el suelo, el eco del cristal rompiéndose gracias al impacto fue seguido por el sonoro 'crack' de la madera cediendo gracias a sus pisadas. La exaltada respiración del rubio resonaba en el silencioso lugar. Un desesperado sollozo escapo de los pálidos labios del joven hombre, mientras desviaba la mirada buscando evitar al orgulloso y desgraciado pedazo de cabron, que se encontraba en la fotografía ataviado con un smoking negro. Un tembloroso jadeo escapo de sus labios al ver a la mujer con la que compartía la fotografía.

–¡Eres una desgraciada!

Grito el rubio al mismo tiempo que hundía los dedos en su cabello, intentando controlar todo el sinfín de emociones que no dejaban de bombardear a su conciencia y su corazón. La pequeña sonrisa que se encontraba en los rojizos labios de la joven mujer, vestida con un resplandeciente vestido blanco y que se encontraba abrazada a uno de los brazos del cabron de Alfred F. Kirkland Jones. A diferencia del obviamente molesto rubio que aparecía en la fotografía, la joven pelicastaña sonreía gentilmente, sus ojos resplandecían como quien sabe que no tiene opción en las decisiones que se han tomado, pero aun así se encuentra llena de esperanzas sobre el futuro que vendrá.

–Baby please…

Jadeo entre llantos el rubio, mientras se desplomaba de golpe hacia el suelo. Las gruesas lagrimas que se derramaban de sus ojos le parecían la lección más agridulce, que hubiera tenido la desdicha de aprender en su vida. Los recuerdos que se encontraban encerrados en el departamento lo estaban ahogando sin control alguno. Besos de bienvenida que había evitado a mas no poder, desayunos ignorados en las mañanas cuando ambos salían a trabajar, cenas a las que jamás llegaba porque había cosas más importantes, aniversarios de meses que jamás quiso celebrar de ningún modo. Que irónico era, que le había tomado que su esposa se fuera para darse cuenta de cuanto la quería. Le había tomado escuchar las palabras de su hermano, para darse cuenta de que ya no había vuelta atrás.

–Regresa…

(¯ `v´¯ )
`.¸.´

Un fastidiado suspiro escapo de los labios del rubio al ver la puerta de la oficina principal, sus orbes giraron con molestia al recordar la seria voz de su hermano mayor exigiéndole que se presentara en la oficina, no tenía sentido alguno que le diera vacaciones y que ahora le llamara de la nada para que se presentara de ipso facto en las instalaciones de la compañía. Sin el más mínimo decoro el rubio abrió la puerta, una sonrisa socarrona se dibujó sobre sus labios al ver la forma en que la secretaria del pelirrojo, se encontraba inclinada sobre la palma de sus manos contra el escritorio de la oficina, como si intentara conseguir que el ojiverde posara los ojos en su figura.

Alfred…

Menciono el mayor, al mismo tiempo que continuaba leyendo las hojas del reporte que había sido entregado por la mujer a la que no parecía importarle que ya no se encontraban solos en la oficina y que continuaba en la misma posición, sin importarle que el rubio pudiera ver de mejor forma sus muslos gracias a la corta falda que llevaba puesta. El ceño del pelirrojo se frunció al señalar un error en el informe y solo recibir una nada discreta sonrisa de parte de la ojiazul, lo que le gano un gesto lleno de fastidio y una orden para que se retirara de la oficina.

Rafaela estuvo aquí

Añadió el mayor al mismo tiempo que se masajeaba las sienes, el día estaba resultando completamente fatal, la asistente no dejaba de cometer errores para poder entrar a pedir ayuda y en vez de poner atención, no hacía más que coquetear. Fuera de eso y los detalles de la compañía, ahora tenía encima la estupidez causada por su hermano. Los orbes verdes se entrecerraron en un gesto lleno de molestia, mientras mantenía firme su mirada sobre la del rubio que sus padres siempre habían consentido tanto. Esa era la única explicación que tenía para todo lo que se les vendría encima por el actuar del rubio. Siempre tenían que reparar todas las estupideces que Alfred hacía, claro que ahora todo lo que su madre le exigía desde hace un año, tenía mucho más sentido a sus ojos.

¿Sucedió algo?

Pregunto el rubio con un gesto lleno de incomodidad al ver la forma en que los orbes verdes lo miraban, como si se tratara de un depredador a punto de devorar a una indefensa presa que no se esperaba el actuar del enemigo. El oji verde se puso de pie al mismo tiempo que tomaba su cigarrillo y lo llevaba hacia sus labios, para colocarse finalmente frente al rubio y sentarse sobre el escritorio de caoba que en algún momento había pertenecido al padre de ambos. El pelirrojo arrojó una bocanada de humo, respirando profundamente el aroma del tabaco que era lo único que, por momentos podía hacerle olvidar el estrés de ser quien tenía que lidiar con las estupideces de sus hermanos.

Se podría decir que si, sabes que mi deber es velar por el bien de la familia.

Menciono el dueño de las resplandecientes esmeraldas, mientras le arrojaba una molesta mirada que le arranco un repentino escalofrió al ojiazul. Un gesto lleno de duda se apodero del rubio, al entender que su esposa le había mentido y no se encontraba fuera de la ciudad, más porque había tenido la oportunidad de ir a hablar con Allister. Los orbes verdes parecían congelar el aliento del rubio, al ver la silenciosa rabia que se desprendía del hermano que, había sido criado para ser despiadado a la hora de proteger a su familia. El más joven apretó las manos ante la incertidumbre que se estaba apoderando de su estómago ¿Qué diablos le había dicho Rafaela a su hermano para ponerlo tan molesto?

Ella quiere divorciarse, porque la engañas.

La repentina sensación de haber sido golpeado de lleno en el estómago y de perder el aire se apodero de Alfred, mientras abría sus ojos a mas no poder y miraba la viva molestia en los orbes verdes frente a él. El ceño fruncido de Allister y la forma en que su cruda mirada lo juzgaba, le decía todo lo que tenía que saber. Su hermano le creía a Rafaela… no tenía la menor duda de ello. Allister Kirkland creía en las palabras de Rafaela Díaz. El rubio se puso de pie de golpe, mientras sudaba en frio al no entender por qué su hermano le creería a su esposa, antes que creer en las palabras de su misma sangre.

Eso es ridi-

Un tembloroso jadeo escapo del rubio al ver la forma en que el pelirrojo introducía una mano en la pequeña bolsa que se encontraba en su escritorio. Los orbes azules se llenaron de pánico al ver la lencería negra que su hermano sostenía en sus manos y que se encontraba poniendo en exhibición para el rubio 'Ella me aseguro que esto no le pertenece' comento en un tono acusador la voz del ojiverde, mientras le arrojaba al rubio la prenda que desprendía un muy notorio aroma de perfume y el de ciertos fluidos corporales. Los dedos de Allister se entrelazaron los unos en los otros, mientras su barbilla se colocaba sobre sus manos.

¿Qué hace esto en su casa, si ella me jura que no se ha acostado contigo?

(¯ `v´¯ )
`.¸.´

Un sonoro 'Tch' resonó en la puerta del departamento al ver el deplorable estado del rubio que se encontraba aun llorando hecho un ovillo en el piso. El suave murmullo de los pasos que se acercaban a su persona le llenaron de esperanza el corazón, esperando ver a la mujer que había escapado justo enfrente de sus narices y que él jamás habría sospechado sería capaz de semejante cosa, mientras empezaba a darse vuelta en el piso lleno de cristales donde yacía la fotografía de su boda, de la cual no quedaba nada en lo más mínimo del matrimonio que debió ser.

–Alfred

Gruño entre dientes el mayor, mientras se adentraba en el departamento que se encontraba de cabeza. Los orbes esmeraldas se deslizaron sobre el destrozado departamento que se encontraba en pésimo estado, los cuadros llenos de fotografías estaban destrozados y regados en el piso, no quedaba nada intacto de la mesa de centro de la sala que solía ser puro cristal, los muebles se encontraban tirados y la fotografía de la boda de su hermano menor, había quedado completamente despedazada igual que su ahora prácticamente destrozado matrimonio.

–Tienes que firmar esto.

Menciono el pelirrojo mientras empujaba al rubio con la punta de sus zapatos, haciéndolo que se colocara boca arriba en el suelo. Un gesto lleno de molestia se apodero de las facciones de su pálido rostro, aunque está consciente de que el rubio se merece todo lo que está sintiendo en este instante. No puede evitar el sentir la molestia en su interior al verlo sufrir. Las manos del más alto se aprietan en un puño al recordar que no solo Rafaela ha sido afectada. Su familia se encuentra en riesgo en caso de que él no pueda llegar a un acuerdo con la herida mujer, y él mismo se encuentra afectado de varias formas por la estupidez de Alfred.

–¿Qué es eso…?

Susurro la áspera voz del rubio, su garganta se encuentra seca y destrozada después de llorar, gritar y suplicar por horas en el frio suelo, por algo que el mismo sabe no pasara. El rubio se pone de pie tambaleantemente, para después tomar los papeles en las manos del ojiverde. Sus cansados e hinchados ojos por tanto llorar se abren aún más, mientras gruesas lagrimas vuelven a escapar de los orbes azules. El rubio niega rápidamente al ver las palabras en el papel y la firma de la pelicastaña en la misma ¿Enserio Rafaela está decidida a terminar con su matrimonio? ¿Tan molesta esta con él que envía a su propio hermano, para que se vea obligado a firmar esos condenados papeles? El rubio niega insistentemente con la cabeza, para ser tomado bruscamente de los hombros por su hermano.

–¡Se un hombre Alfred, afrenta las consecuencias de tus actos!

Grito el escoces al mismo tiempo que lleva al rubio hacia el estudio que sabe se encuentra en el departamento. Sin miramiento alguno arrumbo al destrozado ojiazul en la silla y coloco una pluma sobre el escritorio, señalando insistentemente a los papeles mientras ese gesto lleno de furia, se apodera de nuevo de sus pálidas facciones 'Firma Alfred' el corazón del dueño de los orbes celestes, se retuerce en su interior al escuchar la agresiva orden del mayor, quien se ve listo para entrar en un ataque de ira ante el rubio, que actúa como si fuera el único afectado por la decisión de la pelicastaña.

–Si en verdad la quisieras, no la habrías engañado.

Siseo el dueño de las resplandecientes esmeraldas, con una voz llena de veneno en su dirección. 'Decidiste acostarte con otra mujer' murmuro la molesta voz de su hermano, mientras sus ojos parecían atravesarlo con flechas de hielo '¿En verdad pensaste que ella no se enteraría?' un tembloroso jadeo escapo de los labios del rubio, mientras intentaba ignorar las palabras de aquel que estaba poniéndose por completo del lado de su esposa 'En este instante, estamos en las garras de los afectados' añadió con un tono definitivo el más alto, haciendo que el rostro del rubio se pusiera aún más pálido de lo que ya estaba.

–Podemos negociar, si le damos el divorcio que quiere.

Menciono con finalidad el alto pelirrojo, al mismo tiempo que veía como el rubio entendía que se encontraban entre la espada y la pared, al haber perdido el favor de la ojimiel. El rubio se cubrió el rostro al mismo tiempo que se mordía el labio inferior. Quería suplicarle a su hermano por que intentara convencerla de que le diera una segunda oportunidad. Pero si su esposa le estaba echando al infernal sabueso de Allister, quería decir que no estaba dispuesta a aceptar nada de lo que Alfred le pidiera. Solo le quedaba esperar que su hermano pudiera convencerla de que no hiciera esto. Con pesadez firmo el documento, asegurándose de extenderlo hacia el serio hombre que lo tomo sin más miramientos.

–Estás haciendo lo correcto Alfred, estas salvando a tu familia.

'Por favor Allister….' El tembloroso susurro de la súplica del rubio llego a los oídos del mayor, quien se dio la vuelta levemente para ver a su hermanito, abrazarse a sí mismo con una mirada que asqueaba por completo al más alto. 'Dile que podemos resolver esto juntos…' murmuro el rubio mientras mantenía su suplicante mirada sobre esos helados orbes que poseía su hermano mayor. El mismo hombre que había dado la vuelta y sin más, había abandonado el lugar dejándolo completamente solo en lo que ahora era su destrozado hogar.

"Esto solo lo podemos resolver ella y yo"

Continuara…

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Hybrid-Virus

Yo! Buen día lectores, espero que se encuentren bien en este lindo día. Esto salió de la nada, estaba escribiendo una idea con Gringolandia y de ahí nació esto. No se si pueda hacerle justicia a Escocia, ¡pero daré mi mejor esfuerzo! Quería Romance, Angst y Fluff. Así es como toda esta idea apareció de la nada.

Me he dado cuenta que sin una canción no puedo escribir a gusto, a veces la letra no tiene que parecerse en nada a la historia. Pero igual la música es necesaria. El titulo de esta historia esta tomado del nombre del primer ending de 'La Venganza de Orphen', el cual se llama justamente 'Love, Yes I Do' que vendría a ser algo como 'Amor, Si acepto'.

Rafaela y Alfred apenas tienen un año de casados, su relación tuvo muchos altibajos, porque como bien se menciona esto fue un matrimonio arreglado. Ninguno de los dos se quería casar, pero bueno las cosas pasaron y Rafaela acepto eventualmente la situación.

Hubo un intento de parte de Rafaela por que la relación funcionara, pero Alfred en verdad no se esforzó y repentinamente se da cuenta que hubo cambios radicales en la forma en la que la pelicastaña actuaba con él. Aunque eso despertó una advertencia en el rubio, decidió ignorarla y en uno de sus descuidos, Rafaela se dio cuenta de que no solo, no quería estar bien con ella, sino que además de eso, también la estaba engañando.

Sin más por el momento, dejen un review y nos vemos en la próxima actualización.

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"Formemos parte de la línea de reviews, cuando leamos un fanfic con un personaje que nos gusta y no es muy común ver, de un fandom olvidado o de una historia que nos guste; dejemos un review, porque esa persona escribe para nosotros y que mejor forma de inspirarla y darle combustible para seguir"