¡Love, yes I Do!
By: HybridVirus
Disclaimer: Hetalia y sus personajes son pertenencia de sus respectivos dueños, solamente soy dueña de Rafaela y no hay ninguna ganancia con esto, más que darles amor a las relaciones de mi país con otros países; solo soy una fan que escribe para fans.
Dedicado con mucho cariño a CuteMuffin
Pd: Se aceptan donaciones en PP :La descalabran:
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Capitulo III
Un abrumador silencio se apodero del par de jóvenes que se encontraban en la oficina, los orbes miel se colocaron sobre la figura del ojiverde quien aún se encontraba en una rodilla frente a ella. La luz del sol que entraba por la ventana, le daba un resplandor abrumador a la verde mirada del pelirrojo que se mantenía firme sobre la silenciosa mujer frente a él. El pálido rostro del europeo se encontraba tranquilo y relajado, como si no acabara de hacer una propuesta fuera de toda razón a la pelicastaña. La joven mujer carraspeo levemente intentando encontrar su voz, y darse tiempo para que su cerebro reaccionara a la pregunta del mayor. Una nerviosa risa escapo de los sonrosados labios de la joven, para ponerse repentinamente de pie.
–Creo que debo llevarte a casa, obviamente estas borracho.
Los ojos de Allister se entrecerraron con un deje de molestia, al mismo tiempo que se erguía para interponerse en el camino de la más pequeña de los dos. El alto hombre negó con la cabeza para tomar la bronceada muñeca de la mexicana, asegurándose de no permitirle que se acercara a la puerta de la oficina. El ojiverde respiro profundamente mientras acercaba de nuevo a la ojimiel al sillón ocasional, para que tomara asiento de nuevo. El pelirrojo se mantuvo de pie mientras entregaba la pequeña caja roja a la joven mujer, para que la castaña se tomara todo el tiempo que necesitara para que sus ojos apreciaran con detenimiento y cuidado el anillo que le había ofrecido junto a su propuesta.
–No estoy borracho.
Añadió en un tono entre molesto y cansado, al mismo tiempo que empezaba a caminar alrededor de donde la ojimiel se encontraba sentada. Sus ojos se cerraron al mismo tiempo que exhalaba cansadamente, para mover la cabeza intentando estirar su cuello para liberarse de la tensión en el mismo. Esto sería mucho más complicado de lo que había esperado, pero desde el inicio estaba listo para que no fuera algo sencillo. Sabía que Rafaela no estaría del todo dispuesta a aceptar su propuesta, pero no tenía otra opción más que la de convencerla y rehusarse a aceptar un 'no' de parte de la pelicastaña. Esta opción era lo más conveniente para ambos, y necesitaba que Rafaela lo entendiera.
–¿Qué crees que dirá tu familia cuando se enteren de lo que paso?
La mexicana trago en seco al saber de sobra, que ella misma no había dicho aun nada, porque estaba consciente del escándalo que se armaría. Su padre estaría furioso, al igual que su madre; pero estaba más que segura de que para ambos de sus padres, el hecho de que su primogénita se divorciara sería una cuestión vergonzosa y por la que no estarían dispuestos a pasar. Así que existía una enorme probabilidad de que no aceptaran su idea del divorcio, y que le exigieran que mantuviera su matrimonio con Alfred, por el bien de ambas familias y de la compañía. Aunque eso significara que ella tuviera que sufrir de por medio al lado del rubio.
–Estoy seguro de que tu padre dirá, que el divorcio no es una opción.
Menciono el pelirrojo al mismo tiempo que se detenía detrás del sillón en el que se encontraba la pelicastaña. Asegurándose de colocar ambas manos sobre sus hombros y presionar gentilmente la piel bajo sus extremidades en un silencioso gesto de apoyo para la cabizbaja mujer 'Mi madre estará de acuerdo con él' añadió el mayor al mismo tiempo que deslizaba las manos sobre los bronceados brazos, hasta detenerse sobre las menudas manos que aun sujetaban la pequeña caja roja entre sus dedos. 'Te dirán que debes seguir con Alfred' con un lento movimiento el europeo levanto las manos de la mexicana con las propias, 'Te dirán que es por el bienestar de todos' procurando acercar el reluciente anillo a su rostro para que lo apreciara mejor.
–Yo en cambio, te ofrezco escapar de dicha situación a mi lado.
Sabía que no era un diamante, pero estaba consciente de que era mil veces mejor que el anillo que su hermano le había ofrecido a la pelicastaña. Los diamantes le parecían tan falsos, solo eran parte de un compromiso hueco como el de su hermano con la ojimiel. ¿Por qué le entregaría una piedra que, prácticamente le recordaría sobre las promesas vacías hechas por alguien, que la había lastimado? No, la elección había sido correcta. Había pasado horas buscando el anillo perfecto; solo porque no estuviera enamorado de Rafaela, no quería decir que tendría que darle cualquier cosa para que se conformara. Puede que no se quisieran, pero eso no cambiaría que cumpliría con esforzarse en reparar el daño causado por Alfred.
–Solo tienes que decir 'Si'.
(¯ `v´¯ )
`.¸.´
El suave murmullo de sus pasos resonó gentilmente en el desierto estacionamiento del edificio. Sus orbes se mantuvieron firmes sobre la silueta del hombre que había insistido en acompañarla hasta el automóvil, para asegurarse que nada malo le pasara en el camino. Una parte de ella se preguntaba si Allister estaba más bien preocupado porque no cometiera alguna locura, pero para ser honesta Alfred no valía tanto como para atentar contra sí misma. Claro estaba herida, ofendida, molesta e indignada. ¿Quién no lo estaría de encontrarse en su lugar? No podía decir que tenía el corazón roto por completo, porque desde el principio sabía que Alfred no la quería, eso era de esperarse en un matrimonio arreglado. Pero supuso que con el tiempo al menos se tendrían un poco de aprecio, en vez de eso le había tocado darse cuenta de que el imbécil la engañaba, y para poner más sal en la herida, descubrir que la engañaba en el lugar en el que cohabitaban, había sido algo de lo más bajo que hubiera esperado del estadounidense.
–¿Qué respuesta me darás?
Pregunto la tranquila voz del pelirrojo mientras se dirigía hacia la puerta del piloto, al escuchar la alarma del jaguar rojo sonar anunciando que se encontraba abierto. Una divertida sonrisa se apodero de los labios de la dueña de las hebras castañas, al ver la forma en la que Allister se encontraba sosteniendo la puerta abierta para ella. Admitiría que el amargado niño con quien ella solía jugar hace muchos años atrás, era un excelente partido. Allister era educado y firme, tenía esta forma de hacerte sentir seguro y capaz de enfrentar al mundo mientras te encontraras a su lado. Pero lo que él le estaba pidiendo era simplemente descabellado.
–No me presiones Allister, te dije que lo pensaría.
Sentencio la ojimiel mientras entraba al auto, y se colocaba el cinturón de seguridad. La mano del escoces se colocó sobre el techo del vehículo, al mismo tiempo que se inclinaba para quedar lo más cerca posible de la joven mujer, asegurándose de clavarle los ojos para que esta no desviara su mirada de él. 'Tienes la costumbre de pensar demasiado' menciono el dueño de los orbes verdes para entregarle de nuevo la cajita roja a la pelicastaña. Asegurándose de que esta se mantuviera en las manos de la mexicana, para después alejarse un poco de esta, intentando darle un poco de espacio 'No te tomes mucho tiempo' menciono el más alto al mismo tiempo que se recargaba contra el interior de la puerta.
–No creo que me debas dar esto aún.
Susurro la ojimiel mientras deslizaba los dedos sobre la aterciopelada caja roja que el mayor había colocado en sus manos. Aun recordaba vagamente ese día cuando Alfred le había entregado una pequeña cajita blanca muy similar a la que estaba sujetando en ese mismo instante. Un gesto molesto se apodero de las bronceadas facciones de la chica, recordaba de sobra la pesada sensación de esa caja en la que se había encontrado ese anillo, el mismo que Alfred le había dado para que se casaran. El oro dorado y el azul diamante en el mismo le recordaba a cierta mujer de cabellera plateada. La misma que había contribuido parcialmente a terminar de destruir aquello que nunca había tenido fuertes cimientos, y que tampoco se había siquiera empezado a forjar.
–Lo elegí para ti y mi deber es entregártelo.
Una cálida sensación se apodero de su estómago al recordar al orgulloso pelirrojo, que se había colocado en una rodilla para proponerle matrimonio. El mismo que prácticamente le estaba diciendo que él se había tomado exclusivamente el tiempo para ir y buscar este anillo para ella. Una agridulce sonrisa se apodero de sus labios, al recordar la forma en que un día cierto rubio simplemente se había acercado a ella, para dejar la cajita blanca con su anillo sobre la mesa, y sin dirigirle una mirada o una sola palabra, se había retirado del lugar como si no hubiera necesidad alguna de malgastar su tiempo con ella. ¿Quizás fuera por esa situación, que esta cajita entregada por Allister, parecía pesar mucho menos?
–Eres tu quien debe decidir, si lo aceptas o lo rechazas.
Esa extraña sensación se apodero de nuevo de su estómago, mientras intentaba sonreírle al pelirrojo. Buscando disimular los nervios que parecían estar apoderándose de sí misma. La piel de la ojimiel se erizo al sentir la forma en que los dedos del escoces se encargaban de acomodar algunas hebras rebeldes detrás de su oreja, para después deslizarse lentamente sobre su mejilla y finalmente colocarse bajo su barbilla, para hacer que los orbes caramelo se posaran sobre las resplandecientes esmeraldas que parecían pedirle que escuchara la razón en sus palabras.
–Yo te necesito
Susurro el pelirrojo al mismo tiempo que colocaba su otra mano detrás de su nuca, asegurándose de entrelazar sus dedos con las castañas hebras. La respiración de ambos era lenta y relajada, como quien se encuentra atrapado en el océano en una jaula mirando a un tiburón acechar en los alrededores, estaban conscientes del riesgo, pero la calma y majestuosidad del momento… bien parecía valer la pena. La frente de Allister se presiona gentilmente contra la de Rafaela, sus alientos están tan cerca que ambos se entremezclan dejándoles apreciar el aroma del Whisky, que compartieron hace unos cuantos minutos atrás en la oficina del más alto. La sensación es íntima y placentera, algo que tiene ya tiempo sin sentir porque dichas cosas no pasaban en su fallido matrimonio. El casi imperceptible roce de los labios de ambos, está prácticamente a unos cuantos centímetros de alcance y es en ese mismo instante que el ojiverde se incorpora para cerrar gentilmente la puerta del auto, no sin antes usar sus fatales palabras contra la mexicana.
–Y tú me necesitas…
(¯ `v´¯ )
`.¸.´
Un cansado suspiro escapo de los labios de la pelicastaña mientras caminaba por la tranquila calle. La fresca brisa del nublado día hacia que pareciera ser mucho más tarde de lo que en verdad marcaba la hora del reloj. El eco de sus vagos pasos le llevaron a caminar sin rumbo alguno por los alrededores. Sus orbes se entrecerraron en un gesto de fastidio al recordar como había salido corriendo del edificio, como si el mismísimo diablo se hubiera aparecido ante ella, al ver el auto de Alfred llegar a las oficinas y detenerse junto al suyo. No entendía que razón tendría el rubio para buscarla después de todo lo que había pasado entre ellos, pero fuera lo que fuera, no estaba dispuesta a hacer una escena en la oficina frente a todos los empleados, no en su división al menos.
–Chingada madre…
Gruño entre dientes la pelicastaña mientras miraba alrededor, sus orbes se posaron en la siguiente tienda y sin pensarlo mucho entro para intentar hacer tiempo hasta recibir el mensaje de su asistente informándole sobre la partida del rubio. El que Alfred estuviera en la oficina le molestaba a mas no poder ¿Quién se creía que era para invadir su trabajo? Una pequeña vocecilla murmuro en su cabeza que debería de dar gracias que el rubio aun no informaba a sus padres del hecho de que había abandonado el departamento, ni de que la hubiera acusado de haberlo dejado para intentar divorciarse de él. Porque de haberlo hecho, sus padres ya la estarían buscando ellos mismos para hacerse cargo de devolverla al lado de Alfred.
"Se me acaba el tiempo"
Un tembloroso jadeo escapo de la ojimiel al mismo tiempo que presionaba sus manos contra el cristal de la vitrina frente a ella. El cansancio en su rostro era notorio, al darse cuenta de que no podía negar la realidad de las palabras de Allister, las mismas que estaban siendo completamente correctas. Cada día que dejaba pasar, sería un día más en el que estaba en riesgo de que sus padres se enteraran de la situación, y si lo hacían antes de que ella tomara una decisión, todo sería perjudicial para ella. No podía darle más vueltas al asunto, tenía que tomar una decisión en este mismo instante. Solo había dos opciones, divorciarse y aceptar la ayuda de Allister para que su padre no se pudiera negar, o ceder nuevamente y vivir en un matrimonio donde siempre seria engañada y vista como un simple estorbo como había sucedido con Alfred.
–¿Buenas tardes, le puedo ayudar en algo?
Los orbes miel se posaron en la rubia cobriza de ojos verdes que le sonreía amigablemente desde el otro lado de la vitrina de cristal. Lentamente la mano de Rafaela se introdujo en sus bolsillos para tomar la misma cajita, que el dueño de las esmeraldas le había entregado hace tres días atrás. Ya había tenido tiempo de sobra para pensar en los pros y los contras de la situación. Estaba de sobra convencida de su respuesta, aunque había estado intentando evadirla por el miedo a que todo esto se desmoronara entre sus manos. Quizás su orgullo la llevaría a cometer la segunda locura más grande de su vida, pero al menos esta vez sería por su propia decisión, solamente de ella y de nadie más. Al menos eso le podía agradecer a Allister, el hecho de que el hombre le diera la oportunidad de tomar esa decisión por sí misma. Sería algo que siempre atesoraría en su corazón.
–Quiero un reloj que haga juego con este anillo.
Los orbes verdes de la chica resplandecieron completamente emocionados al ver el anillo que se encontraba en la pequeña caja de joyería. Sus cejas se movieron en un gesto sugerente al abrir la vitrina, al mismo tiempo que un tono soñador escapaba de sus labios 'No siempre respondemos a un anillo con un reloj' La rubia rebusco entre todos los relojes de caballero hasta posarse en aquellos que cumplían con lo solicitado por la pelicastaña, para acomodar los mismos sobre la vitrina. Sus ojos miraron con emoción la forma en que la ojimiel tomaba el anillo para compararlo con cada uno de los relojes que descansaban sobre el cristal. Rafaela deslizo lentamente los dedos sobre el material de los diferentes relojes, hasta que sus manos tomaron uno entre todos ellos.
–Este es el correcto…
Susurro la dueña de los irises caramelo al tomar el reloj cuyas correas de piel eran de un imponente color negro, la caja de la maquinaria era de un tono muy parecido al tono rosegold de su anillo, mientras que la cara interior de la maquinaria era de un blanco perlado justo como la perla en el centro de dicha pieza de joyería; las manecillas y segundero compartían el mismo tono oro rosado que la caja y estas se veían adornadas por pequeñas figuras de un color verde esmeralda. Sus ojos se posaron en la sonriente joven que había vuelto con una caja roja, para guardar el reloj que tendría que entregar a la brevedad posible a Allister, como respuesta a su proposición. La pelicastaña entrego su tarjeta a la rubia que no dejaba de verla con un adorable sonrojo en sus mejillas, al mismo tiempo que le preguntaba ¿Estas feliz?
¿Estaba feliz? La pregunta era bastante inocente, y no era nada raro de preguntar en esta situación, pero enserio ¿se encontraba feliz? Estaba feliz de no tener que compartir más tiempo con una persona que no la había apreciado; estaba feliz de que ya no tendría que soportar una vida a su lado; ya no tendría que estar preguntándose siempre porque no podían siquiera tener una conversación decente. Una pequeña sonrisa se acomodó sobre sus labios al ver a la emocionada chica cerrar ambas cajas y colocarlas juntas en una pequeña bolsa que extendió rápidamente a la mexicana.
–Sí, realmente feliz
Añadió la ojimiel al saber que esta vez estaba decidiendo por sí misma, aunque su decisión le causaría un dolor de cabeza bastante intenso en el futuro, pero al menos compartiría dicho dolor de cabeza con el pelirrojo. Con un gentil movimiento de mano la ojimiel se despidió de la jovencita, para tomar su teléfono y marcar el número de la persona que necesitaba ver en ese mismo instante. El suave tono del marcado resonando en su oído, le avisaba que la llamada se encontraba en curso; quizás estaba esperando demasiado. Allister siempre se encontraba ocupado y lo más seguro fuera que no pudiera responder a su llamada. Pero al menos las cosas no quedarían en su conciencia. Un gesto lleno de sorpresa se apodero de la ojimiel al escuchar la voz del pelirrojo preguntar en un tono relajado '¿Qué sucede?' apenas después de que el tono había sonado solamente dos veces.
–¿Allister, puedes venir por mí?
Continuara…
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Hybrid-Virus
Yo! ¡Buen día lectores espero que se encuentren muy bien en este día tan lindo! Hoy amaneció fresco en esta parte del norte, pero está bastante agradable. Hoy traigo una nueva actualización para esta historia. Me sorprende toda a gente que ha leído esto. Lo que no me sorprende es que no dejen reviews. Estos lectores fantasma :insértese meme de grumpycat:
¡Ah! el reloj de Allister, sabían qué hace un buen de tiempo atrás en algunas partes del mundo, como México y España cuando el hombre entregaba un anillo de compromiso, se acostumbraba a que las mujeres correspondieran a esto entregando un reloj, que seguiría dentro de la familia al igual que el anillo. Al día de hoy ya no es tan común, pero hay que recuperar las cosas chidas, así que aquí está mi apoyo al movimiento del reloj.
Finalmente, Rafaela se decide a aceptar la propuesta de Allister. El pelirrojo busca aprovechar la situación creada por Alfred, para no tener que contraer su propio matrimonio con Natalia, mismo que fue arreglado por su madre. Esa es la razón de que le diga a Rafaela "Te necesito" Ya que al final del día, el mantener a ambas familias unidas debería de tener más peso para los padres de ambos, que un matrimonio beneficioso en el que el escoces no quiere estar inmiscuido. Del mismo modo Rafaela sabe que necesita a Allister, porque serían él y Seamus los únicos que la apoyarían en rehusarse a aceptar las exigencias de sus padres por que vuelva con Alfred, de ahí viene el "Y tú me necesitas".
Al final del día justo como lo dijo el escoces, este es el mejor arreglo para todos. Rafaela consigue divorciarse, Allister consigue no casarse con la prometida que se acostó con su hermano, ambas familias se mantienen unidas y la compañía a salvo. Ambos jóvenes son conscientes de que, aunque la situación es parecida a la de tener que casarse a la fuerza, ambos se sienten un tanto tranquilos porque ambos están tomando sus propias decisiones, en vez de verse obligados a estar en algo que no quieren. Las personas suelen ser de ese modo, se sienten más dispuestas a aceptar los riesgos cuando se trata de algo que ellos han elegido, en vez de algo que se ven obligados a hacer.
Alfred en cambio sigue pensando que la situación tiene arreglo y que Rafaela esta simplemente molesta, por eso es que creyendo que las cosas aún tienen solución. Se ha mantenido silencio para poder encontrar a la pelicastaña, y pedirle que detenga las cosas, para resolverlo como un par de adultos, dejando atrás la vergonzosa situación. El rubio cree que enserio hay una posibilidad, porque sabe que su hermano es bastante convincente, y en verdad cree que Allister solo usara los papeles firmados para negociar con su esposa. Cosa que, si habrá de suceder, pero será para el beneficio de la familia, no para el de Alfred.
Sin más por el momento, dejen un review y nos vemos en la próxima actualización.
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"Formemos parte de la línea de reviews, cuando leamos un fanfic con un personaje que nos gusta y no es muy común ver, de un fandom olvidado o de una historia que nos guste; dejemos un review, porque esa persona escribe para nosotros y que mejor forma de inspirarla y darle combustible para seguir"
