¡Love, yes I Do!
By: HybridVirus

Disclaimer: Hetalia y sus personajes son pertenencia de sus respectivos dueños, solamente soy dueña de Rafaela y no hay ninguna ganancia con esto, más que darles amor a las relaciones de mi país con otros países; solo soy una fan que escribe para fans.

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Capítulo VII

La sensación de una mano aferrándose a su muñeca, hace que la mirada ambarina se encuentre con las resplandecientes opalinas de Allister. El resto de sus acompañantes se adelantan a entrar en la oficina del juez, mientras que la puerta se cierra detrás de Miguel, quien se asegura de alejar a Feliks de la misma, para que no se inmiscuya en lo que sea que el novio tiene que compartir, antes de que el juez vuelva legal la traición que el mayor de los Kirkland llevara a cabo en contra de los deseos de su madre.

Las manos del pelirrojo toman con cuidado las de Rafaela, procurando presionarlas gentilmente en su agarre. Intentando hacerle saber que no hay riesgo alguno en sus palabras, Solamente necesita… que ella le deje escuchar aquello que necesita, antes de que ambos se hundan en un matrimonio que podría destrozarlos, si no dejan en claro lo que esperan y desean del contrario.

–¿Enserio quieres esto?

La mirada de Rafaela se posa sobre los orbes de su prometido, consciente de que sus palabras son justificables. Desde niños sabían que las cosas no siempre salían como querían. Pues durante toda su vida habían convivido, sabiendo que en algún momento serian familia. Ese era el plan original, unir ambas familias con un matrimonio. Esos habían sido los deseos tanto de su padre, como del señor Kirkland. Una forma de unir la compañía y saber que ambas familias jamás estarían en riesgo, cuando ellos ya no estuvieran en el mundo.

Pero el tiempo se había llevado al Sr. Kirkland antes de lo esperado, aunque no lo suficientemente pronto… como para que el hombre no dejara su contrato prenupcial arreglado. Había convivido con sus hijos gracias al deseo de ambos hombres, e incluso había aceptado a su prometido cuando ambos padres, compartieron con ambos elegidos que algún día seria su deber, el de unir sus apellidos como una sola familia.

–Te conozco y me conoces…

Las manos de Rafaela se aferran con fuerza a las de Allister, consciente de que así es como todo debió de ser desde el principio. Antes de que la madre de los herederos Kirkland insistiera en que, un matrimonio con Alfred seria mil veces más fructífero que uno con Allister. Sabía que las palabras de la Sra. Kirkland no eran verdad, porque era consciente de que nunca había compartido las mismas cosas con Alfred, que había compartido con Allister al crecer y empezar a tolerarse a regañadientes.

Ambos sabían desde jóvenes que no tenían ninguna otra opción, más que cumplir con aquello esperado de ambos. Quizás seria esa la razón que los llevaría a aceptar, el deseo de la madre de Allister porque su lugar fuera tomado por Alfred en el contrato.

Quizás fuera el miedo que tenían de arruinar todo, que irónicamente era justo lo que había pasado entre ella y Alfred. Para la sorpresa de Allister, después de que todo quedara sellado entre su hermano y Rafaela, el mismo se habría visto envuelto en un nuevo compromiso, sin siquiera ser consultado al respecto sobre ello.

–¿No es así, Allister?

Los pulgares del más alto se deslizan gentilmente, contra el dorso de la mano que sujeta casi con desesperación. Ahora ambos saben que en verdad no hay ninguna otra decisión, al menos no para ellos. Y quizás de un modo ridículo tampoco se sienten listos, para delegar semejante responsabilidad hacia el resto de sus hermanos menores. ¿Por qué hacer semejante cosa, cuando no saben que esperar detrás de semejante decisión?

No, la única oportunidad verdadera de ser libres es esta. La que debieron de llevar acabo a pesar de todos sus miedos y de la incertidumbre. Porque a pesar de que todo parecía estar mal, había una cosa que ambos primogénitos sabían sin la menor duda. Siempre se preocupaban el uno por el otro, desde que les habían enseñado que tenían que trabajar como un equipo, para conseguir todo aquello que desearan.

–Si… te conozco.

Una de las manos del pelirrojo se desliza sobre las hebras castañas, acomodando algunos cuantos mechones rebeldes detrás de la oreja de Rafaela. Esta vez estaba decidido a hacer lo correcto, aunque lo estuviera haciendo por un deseo un tanto egoísta. No necesitaría preocuparse nunca más de su antigua prometida, o de que alguien intentara apuñalarle como había hecho su hermano. Sabía que podía confiarle su espalda a Rafaela, y que no habría una mejor persona para ayudarle con las secuelas de esta locura.

–Si estas dispuesta a casarte conmigo, prometo estar siempre a tu lado.

El pulgar de Allister se desliza contra la mejilla de su futura esposa, prometiéndose a sí mismo no cometer una segunda vez el mismo error, que los separo gracias a sus decisiones. Finalmente, el más alto extiende su brazo en la dirección de Rafaela, la mano de la ojimiel se aferra a su extremidad mientras ambos intentan evitar pensar, en cómo solían hacer lo mismo cuando eran unos niños y caminaban por el jardín, todo gracias a que el Sr. Kirkland insistía en que era lo correcto.

–Si quieres casarte conmigo, estoy dispuesta a apoyarte con tus decisiones.

No hay necesidad de que ambos intenten alargar lo inevitable, no ahora que están seguros de que esta es la mejor opción que tienen. La única que les brindara confianza, seguridad, felicidad e incluso un deje de amistad con una persona, en la que saben que pueden confiar por encima de todas las cosas. La puerta se abre dejándoles entrar finalmente, a la oficina donde el resto de sus acompañantes parecen suspirar aliviados de que ambos, estén dispuestos a continuar con la decisión que han tomado.

(¯ `v´¯ )
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Un apacible silencio se cierne sobre el par de hombres en la pequeña terraza, del restaurante en el que todos se encuentran compartiendo risas e historias, después de la improvisada ceremonia. El inconfundible aroma del humo del tabaco que llena sus pulmones, era el único curioso espectador de la charla que ambos hombres parecen estar intentando postergar.

–¿Qué es lo que planean hacer?

La mirada de Allister se posa sobre la silueta de su cuñado, intentando entender la socarrona sonrisa que se apodera de sus facciones. Hay algo divertido e incluso acusador en los ojos de Miguel, algo que parece advertirle sobre los riesgos de sus acciones. Riesgos que Allister conoce mejor que nadie, y que sabe lo alcanzaran en cualquier momento, al menos tiene algo de tiempo hasta que Alfred valla a llorar con su madre.

Pero eso ya es algo irrelevante, no hay riesgo alguno ahora que Rafaela y él están casados legalmente ante los ojos del mundo. Gracias a los favores que ha tenido que cobrar, se puede permitir estar calmado al estar un paso adelantado ante la respuesta de la mujer, que lo trajo a este mundo. Todo lo demás vendrá lentamente hacia él, ahora que tiene a Rafaela como apoyo no tiene que sentirse preocupado, ante las acciones que sus hermanos y su adorada madre intenten en su contra.

–No lo tomes a mal Allister, no tengo problema alguno contigo…

Los ojos del pelirrojo se entrecierran al escuchar el claro 'Tu hermano en cambio, es otra historia.' Que escapa de los labios del norteño. Una parte de él está consciente de que Alfred es otra variable del problema, que tendrá que mantener bajo control en cuanto se entere de que utilizo su firma, para poder casarse con su exesposa. Pero ese será un puente que cruzará en el momento, en que el mismo llegue ante él. De nada sirve el preocuparse antes del tiempo indicado.

–Pero esto no durara mucho, si ambos no procuran explicarle esto a mi padre.

Menciona el mexicano al mismo tiempo que exhala el humo de su cigarro, mientras le dirige una mirada un tanto cómplice al escoces. Un sonoro 'Tch' escapa de los labios del más bajo, mientras se asegura de continuar con su propio cigarro. Por supuesto que sabe que tiene que lidiar con eso, preferentemente a la brevedad posible. Pero es más sencillo decirlo, que en verdad hacerlo. En especial cuando no sabe que reacción, pueda tener el patriarca de la familia Díaz.

–Lo mejor que pueden hacer, es ir a dar la cara. Antes de que tu suegro escuche lo que hicieron por otra boca.

Los ojos de Allister se posan sobre el relajado rostro de Miguel, el mismo parece estar realmente despreocupado ante la decisión de su hermana. Quizás los Díaz saben un poco más de la situación con Alfred, de lo que él piensa y esto en verdad no les molesta en lo más mínimo. Tal vez no sea tan complicado como supone, después de todo originalmente era el quien debía casarse con la hija mayor del señor Díaz. Puede que haciéndole ver que honestamente desea compensar su error, y así se permitiría que todo entre ambos se arreglara.

–Si lo tienen de su lado, mama tendrá que controlarse… aunque no quiera.

El escoces no hace más que asentir al entender las palabras del más alto, nunca ha habido roces entre ellos. Al contrario, Allister disfruta la idea de que ambos se llevan bastante bien, es por eso que no piensa mucho cuando Miguel se acerca de la nada hacia su persona, no hay nada que grite sobre agresión en el rostro del susodicho, así que Allister le permite acercarse todo lo que desee. Para repentinamente verse sujetado del cuello de su traje y acercado hacia la silueta de Miguel de un solo tirón.

A pesar de la cercanía y de la repentina agresión que puede ver en los ojos de su cuñado, entiende de sobra las intenciones del más alto. Así que, por esta vez, se dejara llevar por las emociones de Miguel. La forma en que sus ojos rebuscan en su rostro, es la misma que el suele usar para distinguir cuando alguien le miente. La misma en que busca algún punto débil en la fachada de seguridad que sus contrincantes intentan portar en su presencia.

–Si te atreves a lastimar a mi hermana, yo mismo me hare cargo de ti.

Sentencia con finalidad la voz del mexicano, al mismo tiempo que da un paso hacia atrás. Dejándole saber que debe procurar ocultar a Alfred de los Díaz por un tiempo, al menos hasta que las cosas se enfríen un poco entre las ofuscadas emociones de su nueva familia política. Una de las manos del más alto le palmea el hombro en un gesto, amigable para después arrojar su cigarrillo hacia el cenicero y mirar sobre su hombro con esa sonrisa tan maliciosa, que sabe Miguel comparte con su esposa.

–Bienvenido finalmente a la familia Allister.

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Los orbes verdes se entrecierran al golpear de nuevo sus nudillos, contra la madera de la puerta. Su mirada rebusca entre los alrededores del pasillo, intentando encontrar a alguno de los vecinos de su hermano. Un molesto quejido escapa de Arthur, para volver a insistir con golpear la puerta. El susurro de movimiento en el interior, le permite relajarse finamente para tomar sus cosas y prepararse para el combate, que probablemente se ha librado en el interior de la residencia de su hermano.

–¡Alfred!

Chilla el angustiado rubio al ver el deplorable estado de su hermano menor, el maletín y saco de Arthur caen al suelo, mientras que se apresura a tomar a su hermano entre sus brazos. Las ojeras debajo de los orbes cerúleos son un claro indicador de que las cosas, si están realmente mal entre ambos habitantes del departamento. Los apresurados pasos de Arthur lo llevan hacia el interior, donde se apresura a recostar al rubio en el sofá.

No hay forma en que pueda explicar, la presión que se encuentra en su pecho. Le es casi imposible, el aceptar que este delgado y maltrecho hombre, sea su pequeño y engreído hermanito. Pero no puede negar la triste realidad, lo que sea que ha pasado aquí. Ha destrozado por completo la calma de Alfred.

–¿Alfred donde esta Rafaela?

El repentino eco del llanto que escapa del rubio, le hace perder el aliento y le obliga a abrazarlo hacia su pecho. Intentando protegerlo de todo lo que se encuentra alrededor. Su corazón le duele de una forma que no puede describir, no hay forma en la que pueda perdonar a Rafaela por permitir que su hermano se encuentre en semejante estado. ¿Cómo diablos se atrevió a abandonarlo de tal forma?

Las manos de Alfred se aferran con fuerza a sus brazos, para después rebuscar entre su ropa desesperadamente. La mano del menor de los Kirkland sale triunfal de sus pantalones, sujetando con fuerza el teléfono de su hermano para empezar a presionar las teclas en la pantalla. Los dedos de Alfred escriben con desesperación un nombre, para después presionar el botón verde que iniciara una llamada. Su aliento se detiene en sus pulmones, mientras escucha el susurro del artefacto en su mano.

–Por favor contesta…

La mirada de Arthur se mantiene fija sobre el perturbado Alfred, para dirijirse hacia la puerta y cerrarla detrás de sí. Sus pasos lo llevan de nuevo hacia el menor de los Kirkland. Intentando entender porque su hermano se encuentra, tan desesperado porque Rafaela responda una llamada. El sonido del buzón de voz resuena en el oído de Alfred, haciéndolo apretar el teléfono en su mano. Al mismo tiempo que presiona su otra mano contra su rostro, intentando entender porque Rafaela se rehúsa a contestar también las llamadas de Arthur.

–Por favor Artie…

Solloza el joven de pálida piel al mismo tiempo que se abraza, contra el cuerpo de su hermano favorito. Arthur siempre le ha ayudado cuando más lo necesita. Siempre ha resuelto todo aquello que Alfred no puede arreglar, siempre ha estado a su lado para apoyarlo. A diferencia de su hermano Allister, quien le dijo que intentaría convencer a Rafaela de volver. Arthur no fallaría en traer de vuelta a Rafaela a casa… ¿Verdad? Él siempre podía arreglar todo lo que se pusiera en sus caminos.

–¿Puedes traer a Rafaela de vuelta?

Pregunta en un tono tembloroso el menor, a la par que continúa aferrándose con desesperación al torso de Arthur. Hay algo realmente lamentable en ver las gruesas lágrimas, que escapan de los irritados ojos de Alfred. El rostro de su hermano se presiona contra su estómago, restregándose contra este, en un intento de ocultar las amargas lágrimas, que jura lo mataran si no les permite escapar. Para demostrar su arrepentimiento, a las cuatro paredes que han visto un sinfín de peleas entre él y su esposa.

–Necesito... disculparme con ella.

Lloriquea el joven con una entrecortada voz, mientras su aliento empieza a agitarse, al recordar la forma en que los ojos de Allister lo juzgaban. Por un instante juraría que había visto en su hermano, la mirada repleta de reproche de su padre. La misma que le decía que había tenido un único trabajo, uno simple pero extremadamente importante para todos ellos. Podría incluso jurar que cuando su hermano le exigió que firmara el divorcio, había visto la indignación en esos ojos verdes, la vergüenza e incluso molestia al haberle entregado el deber, que originalmente el mayor debía de haber llevado a cabo.

–… No debí escuchar a mamá.

Continuara…

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Hybrid-Virus

Yo! ¡Tenemos actualización doble! Es algo realmente fuera de toda cordura en mi ser, pero ya estaba casi terminado y preferí arrojar ambos capítulos de una buena vez. Ah, después de meses finalmente está hecho. Ahora si Allister y Rafaela ya están casados, lamentablemente para todos nosotros Arthur está a punto de toparse con semejante noticia. De igual modo Arthur entrara en modo mama luchona, para intentar arreglar los problemas de su bendición y regresarle a su mama postiza, que honestamente es lo que Rafaela parecía ser en esa relación. Obviamente la mama de Allister no estará contenta con las noticias, e intentará resolver la situación de un modo bastante peculiar.

La madre de Alfred tiene de cierto modo la culpa, de los altibajos en la relación de Alfred y Rafaela. Esto se debe a todas las indicaciones, que la misma le ha dado a Alfred. Así que la idea de un matrimonio que Alfred tiene, ha sido influenciada por su madre. Igual eso no justifica haberse metido con la prometida de su hermano, pero el precavido Alfred no ha mencionado esto absolutamente a nadie.

Sin más por el momento, dejen un review y nos vemos en la próxima actualización.

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