¡Love, yes I Do!
By: HybridVirus
Disclaimer: Hetalia y sus personajes son pertenencia de sus respectivos dueños, solamente soy dueña de Rafaela y no hay ninguna ganancia con esto, más que darles amor a las relaciones de mi país con otros países; solo soy una fan que escribe para fans.
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Capítulo VIII
El susurro del viento meciendo las hojas de los árboles, y arbustos del jardín resuena por toda la silenciosa casa. Los dedos de Rafaela se aferran al vaso de cristal en su mano, mientras sus ojos se mantienen fijos sobre las danzantes hojas. Hay algo extrañamente familiar en la forma que el viento, las arranca del abrigo y seguridad que representa el seguir unido al firme tronco del árbol. Si lo piensa con cuidado, en verdad no es tan diferente de esas hojas que desaparecen con la brisa.
Su hermano y sus hermanas, han tenido la libertad de tomar sus propios caminos, algo elegido completamente por ellos… mientras que ella tiene que permanecer unida a la compañía de su padre. "Alguien debe continuar con lo que he iniciado hija." Un cansado suspiro escapa de la mujer al recordar la sentencia, que su padre había colocado sobre sus hombros. La misma que la llevaría a no tener libertad, en otras tantas elecciones de su vida.
–¿No puedes dormir?
Los ojos de Rafaela se deslizan entre la oscuridad de la cocina, hasta detenerse en la entrada de la misma. Lleva tanto tiempo perdida en sus pensamientos, que sus ojos pueden ver con precisión la silueta de Allister entre la penumbra. La tensión en sus hombros se relaja levemente, para llevar el vaso hacia sus labios intentando no pensar demasiado, en cómo es que continúa sacrificándose, por aquellos que tanto quiere.
Si se detiene a pensarlo, las circunstancias de este matrimonio son simplemente absurdas para ambos. Es justamente por eso… que es bastante extraño el saber, que le basta con ver a su esposo para relajarse a pesar de estar en un lugar, completamente desconocido para ella. El suave susurro de los pasos del hombre la hace posar su mirada, sobre la silueta que se acerca sin preocupación alguna hacia su persona.
–¿Te he despertado?
Pregunta la ojimiel al mismo tiempo que ladea levemente la cabeza hacia un costado, no necesita que empiecen mal esta relación. Aunque sabe que a diferencia de Alfred, ella y Allister tienen una historia de aceptación de sus destinos. Una que les llevo a forjar una amistad que empezaría a regañadientes, y que al final pasaría a convertirse en la base del apoyo mutuo, cuando Allister había tomado control de la posición de su padre al fallecer el Sr. Kirkland.
El destello del cigarrillo del más alto, resplandece entre las sombras que envuelve al recién forjado matrimonio. Los ojos de ambos se encuentran fijos en el otro, como si estuvieran analizando algún movimiento inesperado de parte del contrario. La cabeza de Allister niega ante la pregunta de su esposa, sabiendo de sobra que la misma es un intento de distraerlo de la propia. Los dedos del hombre toman el blanco cilindro entre sus labios, para extenderlo en la dirección de Rafaela ofreciéndole la pequeña luz escarlata.
–Desde que somos niños, sé que no te gusta dormir en lugares que desconoces.
Los dedos de Rafaela toman con cuidado el cigarrillo que le es extendido, intentando ignorar la forma en que su piel se eriza, en el instante en que sus dedos y los de Allister se encuentran. Una parte de ella quiere reír a carcajadas, porque es absurdamente familiar el gesto de este hombre, compartiendo el vicio con ella. Después de todo sería el mismo Allister, quien le ofrecería su primer cigarro cuando apenas eran un par de adolescentes.
Algo que ambos habían mantenido con el paso de los años, y que había desaparecido en el momento en que… se había casado con Alfred. Los ojos de Rafaela se cierran mientras permite que el humo ingrese a sus pulmones, para después liberarlo al mismo tiempo que recuerda la forma en que, el pelirrojo habría contribuido a fomentar su lado rebelde durante esos años. Una sonrisa se apodera de los labios de la mujer, para extender el cilíndrico objeto de vuelta a su dueño.
–Veo que aun sigues siendo el mismo altanero, y directo chiquillo con el que crecí.
Los labios de Allister se curvan en una sonrisa socarrona, al recordar todas las veces en que Rafaela se quejaría por sus palabras sin filtro. Siempre mirándolo indignada para después quejarse de la forma, en que exponía detalles que Rafaela no quería que tomara en cuenta. Pero es difícil ignorar todo lo que saben el uno del otro, porque conocen desde sus miedos, a sus gustos y disgustos, e incluso saben aquellas indiscreciones de las que ambos eran participes, y que habían ocultado tanto de los adultos, como de sus propios hermanos.
–Cariño, siempre te ha gustado que no me ande con rodeos.
Una risa escapa finalmente de los labios de la mujer, intentando disfrazar la familiaridad y calidez que se esparce por su pecho, al escuchar el apodo que el ojiverde usaría para llamarla desde que eran niños. El mismo que utilizaba para apaciguar a su padre, después de que ambos chiquillos peleaban por alguna ridiculez. Es extraño darse cuenta de cuanto había extrañado… que la llamaran de ese modo.
(¯ `v´¯ )
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Los orbes opalina se mantienen fijos sobre el sonriente rostro frente a él, es sencillo ver como Rafaela finalmente se permite relajarse. Aunque no ha escuchado una respuesta a sus palabras, está seguro de que su esposa no se siente a gusto en el lugar, y por lo mismo no es capaz de conciliar el sueño. Es curioso para Allister, saber que a pesar de todo este tiempo separados. Es realmente sencillo retomar los viejos hábitos que su padre ha inculcado en él.
Los mismos son cosas tan simples… que sabe no tienen la menor relevancia en el resto del mundo. Sin embargo, eran la base de la relación que ambos compartían desde chicos. Desde abrir la puerta en el restaurante al despedirse del resto de sus acompañantes, a extenderle el brazo para que camine a su lado. Hasta la consideración de saber… que Rafaela siempre tiene problemas para dormir en un lugar nuevo, lo mismo que le evita poder conciliar el sueño.
–¿Quieres acostarte conmigo?
El escoces no puede evitar la risa que escapa de su persona, al apreciar el tono rojo que se apodera por completo del rostro de su compañía. O quizás sea simplemente su imaginación, y todo se deba a causa de la pequeña luz de su cigarro. El sonoro '¿¡Que!?' escapando de los labios de Rafaela, le dice que en verdad no ha imaginado nada y la vergüenza se encuentra carcomiendo por dentro a su pequeña esposa.
Hay algo realmente curioso en la incrédula mirada de Rafaela en ese instante, los ojos de ambos se han adaptado lo suficiente a la oscuridad, como para poder percibirse gracias al casi imperceptible resplandor de la luna, que entra por el ventanal a un costado de donde están. Tampoco puede negar que le resulta graciosa la forma, en que los ojos de Rafaela se encuentran abiertos de par en par, mientras sus labios se mueven intentando formar palabras. Dejándole ver el nerviosismo de la mujer, ante su inesperada propuesta.
–Cariño… ¿Lo has olvidado?
Pregunta Allister en un tono divertido, a la par que se acerca hacia la nerviosa mujer. Las manos del escoces atrapan a su esposa entre él y la isla en la que la susodicha se encuentra recargada. Ambas miradas se encuentran fijas la una en la otra, mientras que el corazón de la menor empieza a latir desbocadamente en su pecho. No hay forma alguna en la que Allister, le esté insinuando que hagan eso, simplemente porque ella no puede dormir.
La mexicana traga en seco ante la socarrona sonrisa del más alto, haciendo que se pregunte si enserio… van a… 'No tenemos que hacerlo…' susurra gentilmente Allister, consiguiendo que un aliviado suspiro escape de Rafaela, permitiendo que el aliento de ambos se mezcle gracias a la cercanía de sus cuerpos. Los dedos del europeo toman el mentón de la latinoamericana, para no perderse la expresión que sabe aparecerá en el rostro de Rafaela con sus palabras.
–Hmm… tu y yo consumamos este matrimonio, hace mucho tiempo atrás ¿Lo recuerdas?
La repentina sensación de un golpe en su pecho, le arranca finalmente una sonora carcajada. Mientras que sus manos se aferran a las muñecas, de su abochornada agresora. El rostro de la mexicana sería capaz de causar la envidia de los tomates y las fresas, que palidecerían con el intenso tono rojo que se ha apoderado de su piel. '¡Eres un cabron Allister!' gruñe con molestia la mujer al mismo tiempo, que intenta empujarle para que la libere de su agarre.
Las manos del escoces se aferran a los costados de Rafaela, para atraparla contra su pecho. Un gesto molesto se apodera de las facciones de la mujer, mientras continúa escuchando las risas del odioso hombre, con el que se ha terminado casando. Tal parece que Allister se había vuelto aún más desvergonzado, para atreverse a mencionar ese pequeño detallito, del que no habían vuelto a hablar después de que el hecho ocurriera.
–Oh vamos, ¿No me digas que ahora que estamos casados, te avergüenza haberlo hecho conmigo?
El rostro de Rafaela se oculta finalmente en el pecho del escoces, rehusándose a caer en el juego favorito del Kirkland mayor. El de fastidiarla y avergonzarla hasta que discutan por alguna tonteria, justo como pasaría cuando eran un par de niños que no se agradaban para nada, y buscaban cualquier excusa para molestarse el uno al otro. La sensación de una mano acariciando su cabello, le saca de sus ensoñaciones, haciéndola que se percate de la cercanía que se encuentran compartiendo. La misma que debe admitir… no es nada desagradable.
–Anda vamos a dormir.
(¯ `v´¯ )
`.¸.´
La luz de la lámpara ilumina levemente la habitación, dejando que sus ojos se deslicen sobre las desnudas paredes. La visión del librero en la esquina de la recamara, se encuentra prácticamente grabada en sus corneas. Puede ver algunos viejos trofeos, mismos que recuerda a la perfección… porque ella misma asistió a las ceremonias de premiación. También reconoce varios de los libros en uno de los estantes, el recuerdo de Allister leyéndole algunos de ellos aún se encuentra grabado en su mente.
El suave movimiento de la figura en el otro extremo de la cama, la hace mantenerse quieta. Sus ojos se posan sobre las alborotadas hebras escarlatas, que se encuentran anidadas en la esponjosa almohada. La respiración de Allister es lenta y profunda, haciéndole saber que el mayor en verdad se ha quedado dormido sin el mayor problema, a pesar de que se encuentra invadiendo su cama y su habitación.
Los orbes miel se posan de nuevo sobre el librero, intentando entender la razón detrás de las fotografías que se encuentran en la repisa superior. Para Rafaela es sencillo comprender porque en la segunda repisa hay fotos, en las que sus hermanos y ella aparecen junto a todos los hijos de los Kirkland. Algunas otras donde aparece ella con Seamus, Noah y Allister. Incluso hay fotografías de Alfred, Arthur y ella juntos, pero todas estas son fotografías de cuando eran niños.
Su mirada sube de nuevo hacia la repisa superior, deslizándose por las fotografías donde ella y Allister están solos. En una puede ver la forma en que paseaban por el jardín de los Kirkland, mientras se dirigían caras molestas a pesar de caminar con los brazos entrelazados. Una fotografía del primer baile al que habían asistido juntos, también podía distinguir en uno de los marcos el primer intento de cita que alguna vez habían tenido. La cual había sido un fiasco, pero los había hecho reír completamente fuera de control.
Una sonrisa aparece en el rostro de Rafaela, al ver la fotografía que habían tomado esa vez que ambos habían escapado de clases. Cuando habían actuado como unos simples adolescentes despreocupados, y se habían ocultado en un cine para ver todas las funciones del día. La misma fotografía por la que habían sido castigados, por un mes con deberes extra cuando sus padres se enteraron, porque Seamus y Noah también habían hecho su propio escape el mismo día.
Un bostezo escapa finalmente de los labios de la somnolienta mujer, para posar nuevamente la mirada sobre la espalda de Allister. No quiere pensar demasiado en lo que significan las fotografías, porque en verdad es irrelevante a estas alturas. Han pasado tantas cosas juntos, que enserio no quiere ver cosas donde no las hay. Simplemente son un par de amigos, que se encuentran en una penosa situación ¿No es así?
–¿…Allister?
Pregunta Rafaela con una entrecortada voz, intentando asegurarse de que su acompañante se encuentra dormido. Es curioso pensar que siempre se ha sentido a gusto, con la silenciosa compañía de su amargado amigo de la infancia. Si alguien más le dijera que aprendería a tolerar a Allister, se habría reído y negado absolutamente todo. Pero parece que quien había estado equivocada todo este tiempo… había sido únicamente ella.
Con unos cuantos movimientos la piel de Rafaela se desliza sobre las blancas sabanas, dejándola que acorte la distancia que existe entre sus cuerpos. La mexicana jura que la cama es tan grande, que la hace sentir diminuta y es irónico pensar, que esta no era la primera vez que hacía algo como esto. Algún día tendría que admitirse a sí misma, la realidad de porque nunca se rehusaba a aceptar la invitación de Allister, para compartir su cama desde que eran niños.
El pecho de la pelicastaña se presiona contra la espalda del dormido europeo, para después colocar el brazo sobre su costado, el repentino movimiento de su compañero de cama hace que la ansiedad se apodere de su cuerpo. Explicar su cercanía es algo que no quiere, ni puede hacer sin sentirse avergonzada. Un suspiro de alivio escapa de la mujer, al ver como Allister no hace más que girar para acomodar su espalda contra el colchón.
El brazo del pelirrojo se coloca contra la espalda de la mexicana, para presionarla sin duda contra su costado, haciendo que Rafaela se quede estática ante la repentina acción. La mejilla de la latina se encuentra sobre el pecho del escoces, siendo movida por el gentil vaivén de su respiración. La caricia de una mano colocándose sobre la suya, le hace suspirar aliviadamente para finalmente cerrar los ojos, siempre puede culpar a Allister de esta situación mañana que despierten.
Rafaela se acurruca por fin contra el pecho de su esposo, sin percatarse del par de orbes verdes que se abren discretamente, para después exhalar con calma… finalmente ambos podrán dormir.
Continuara…
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Hybrid-Virus
Yo! Espero que estén teniendo un excelente día lectores, aquí tenemos una nueva actualización para esta historia. Lo sé, es bastante sorpresivo que se actualice una tercera vez el mismo fic. Pero las cosas simplemente se acomodaron para que sucediera.
Ok entonces a partir de aquí podemos ver, que tanto Rafaela como Allister han convivido lo suficiente el uno con el otro. Esto se ha llevado a cabo desde que eran niños, por el simple hecho de que ambos terminarían casándose. Ese era el plan original, por eso en capítulos anteriores se menciona "Como debió ser desde el principio."
Algo que no paso porque Alfred termino puesto en el medio, gracias a la insistencia de su madre. Más adelante sabremos cómo es que la madre de Allister lo convenció, para que accediera a permitir que Alfred y Rafaela se casaran.
Gracias a esta convivencia que ambos han tenido, podemos saber que ambos han pasado por muchas cosas juntos. Desde los pleitos absurdos de un par de niños, a la adolescencia donde se escondían para fumar juntos, a la adultez joven donde ocurrió la "consumación del matrimonio" que menciona Allister, a la separación que vivieron cuando Allister tomo control de la parte de la compañía de su padre.
A pesar de toda esta situación, ambos se tienen cierto cariño y aprecio que no puede ser negado por aquellos que los conocen en verdad. Algo que es bastante notorio principalmente, para los gemelos irlandeses ya que son quienes más tiempo han compartido con ellos. Quise mencionar esto porque no quería que pensaran que esos dos se habían dado un revolcón en el mirador. Es decir, si hubo cosas ahí, pero no llegaron a tanto. xD
Sin más por el momento, dejen un review y nos vemos en la próxima actualización.
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