¡Love, yes I Do!
By: HybridVirus
Disclaimer: Hetalia y sus personajes son pertenencia de sus respectivos dueños, solamente soy dueña de Rafaela y no hay ninguna ganancia con esto, más que darles amor a las relaciones de mi país con otros países; solo soy una fan que escribe para fans.
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Capítulo IX
Los rallos del sol se cuelan juguetonamente por las entreabiertas cortinas, mientras los pájaros cantan alegremente entre las ramas de los árboles. La apacible calma de la mañana, se ve rota por el insistente 'Ring' de un teléfono haciendo, que la pareja que aún permanece en la cama gruña entre dientes, ante el incesable y molesto sonido que no parece dar muestra alguna de detenerse en algún momento.
Un sonoro 'Tch' escapa de Allister al mismo tiempo, que extiende la mano para tomar el celular que se encuentra sonando en la mesita de noche. Sus ojos se entrecierran en un gesto de molestia al ver todas las llamadas perdidas, que aparecen en las notificaciones del teléfono.
Todas y cada una de ellas le pertenecen al hermano, con el que no tiene ningún deseo de entablar una conversación por el momento.
–Hmm…
Los orbes opalinos se cierran mientras deja caer el teléfono sobre la cama, permitiéndose reacomodarse en su lugar, para no despertar a la dormida mujer que se encuentra aferrada a su costado.
Las hebras castañas acarician la nariz del escocés, dejándole saber que en algún momento de la noche, Rafaela se había movido para quedar aún más pegada a su cuerpo. La mano del europeo se desliza sobre las costillas de su compañera, para disponerse a continuar durmiendo.
Por la posición del sol que entra por la ventana, ya es bastante tarde como para que vaya a la oficina. Y la idea de ausentarse del trabajo le parece realmente agradable, al menos hasta que su cerebro reaccione sobre cuanto trabajo tendrá que atender mañana, que retome de forma normal su rutina diaria.
El insistente tono del teléfono resuena de nuevo en la habitación, dejándole saber que Arthur no se detendrá hasta que atienda su llamada.
–Más te vale, que esto sea importante…
Sisea quedamente el escocés, a la par que busca hacer el menor ruido posible al acomodar su rostro hacia otro lado, intentando no despertar a Rafaela. '¿Dónde está?' gruñe la molesta voz del briton en su oído, haciendo que una de las cejas rojizas se eleve en un gesto curioso.
Aunque no está seguro de que habla su hermanito, tiene una vaga idea al escuchar la forma en que Arthur parece intentar contenerse de estrangularlo a través del aparato en su oído.
–¿Dónde está qué? Arthur, tienes que aprender a ser más específico.
Una adormilada sonrisa aparece en el rostro de Allister, al escuchar los gritos que escapan del rabioso rubio, quien no deja de acusarlo de estar procreando problemas en la familia. '¡Deja de jugar y dile a Rafaela que vuelva!' gruñe la molesta voz del segundo hijo favorito de su madre.
El escocés se estira perezosamente en la cama, a la par que sus ojos se dirigen hacia la figura de Rafaela, quien se abraza aún más a su costado buscando reacomodarse después de que Allister, se moviera ligeramente de lugar.
–¿Oh, entonces ya sabes lo que hizo Alfred?
Pregunta el mayor de los Kirkland, esperando escuchar que clase de plan tendría su hermano, para intentar compensar la ruptura del contrato que Alfred y Rafaela habían firmado antes de casarse.
El repentino silencio del inglés le arranca una divertida risa, es simplemente increíble ver como su hermano sabe lo que ha ocurrido, y aun así se atreve a perturbar su mañana estando más que consciente de que Alfred, ha cometido un error inaceptable para la cabeza de su familia.
–Rafaela no está interesada en seguir con Alfred, y nadie puede obligarla a permanecer a su lado.
Allister ignora las quejas de su hermano en la línea telefónica, el mismo que lo está acusando de proteger a la mujer en vez de su familia. 'No seas ridículo Arthur, estoy protegiendo a nuestra familia.' Sisea la fastidiada voz del mayor contra el micrófono del teléfono.
¿Qué más pruebas necesita Allister de que Arthur no estará de su lado, en cuanto exponga su matrimonio? Su hermano menor seguramente será una de las principales personas, que querrán ver su cabeza rodar ante su decisión.
'¡No lo parece Allister, pareciera que estas dejando que tu cuñada haga lo que le plazca!' la mano del europeo se presiona contra su sien, para masajearla ante las quejas del menor. Esta es la razón por la que jamás debió de permitir, que su madre metiera las manos en su vida.
Ahora no dejaran de molestar con que estaba tramando algo, para poder deshacerse de los niños favoritos de su señora madre. Los huesos del escocés crujen al mismo tiempo que se estira, para adelantar la sentencia que es consciente de igual modo llegara, ahora que Arthur sabe que ha accedido al divorcio de Rafaela.
–Arthur, el contrato fue escrito por papá. Se debía respetar al pie de la letra, si tú y Alfred tienen una queja, vayan a llorarle a la única persona que se siente capaz de ignorar las ordenes de nuestro padre.
La mirada de Allister se coloca sobre los orbes miel, que se encuentran entrecerrados en un gesto pensativo. El pulgar del hombre presiona un botón para cortar de golpe, la voz de su hermano y así pellizcar una de las mejillas de la pensativa mujer.
Para proseguir a ponerse de pie, sabiendo que ahora es imposible dormir, no después de que la cuenta regresiva para la reacción de su madre ha empezado.
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El golpeteo de unos pasos acercándose hace que Allister levante la vista, para encontrarse con los ojos de su esposa.
Un gesto repleto de curiosidad se posa sobre las facciones de Rafaela, al ver los pantalones de mezclilla que el escocés lleva puestos, junto con la camisa de vestir celeste que hace que su cabello, se vea de un tono aún más vibrante de lo que ya es.
Los dedos de Allister dejan libre el ultimo botón de su camisa, al mismo tiempo que introduce el celular en uno de sus bolsillos. '¿Qué quieres desayunar?' pregunta el hombre con un tono tranquilo, mientras toma las llaves del auto para salir de la habitación.
Más vale que aprovechen el día, porque no sabe cuándo tendrá la oportunidad de volver a faltar a la oficina.
–¿Estás seguro de que me dejaras elegir?
Los pasos de ambos bajando las escaleras, le hace percatarse del eco que demuestra que son las únicas personas en el lugar.
Es curioso porque es solamente en este instante, que se da cuenta de lo solitaria que es la casa. Ha vivido en ella por un año, pero ahora que se detiene a pensarlo… en verdad solo llega a la misma para dormir.
En el transcurso de todos esos meses, no se ha preocupado por pasar más que el tiempo realmente necesario en el lugar. Incluso sabe que la nevera se encuentra vacía, debería decir que le sorprendía que hubiera un juego de vasos, porque siempre solía tomar agua embotellada.
Una voz en su cabeza susurra sobre cómo toda su vida, gira en torno a la practicidad de no perder tiempo innecesariamente.
–Acabamos de casarnos, creo que tienes derecho a tomar tus propias decisiones.
Los ojos de Rafaela resplandecen ante la curiosa forma, en que su esposo está prácticamente diciéndole que en verdad tiene, una total libertad sobre los aspectos más ridículos de su vida.
Las palabras de Allister son una discreta promesa, una que le dice que enserió velaran porque ambos sean felices. Y que exista una armonía entre las decisiones de los dos.
Una socarrona sonrisa se apodera de los labios de la ojimiel, alistándose para ver que tanto puede jugar con la paciencia de su compañero.
'Lo que sea que quieras, solo tienes que decirlo y lo haremos realidad.' Los labios de Rafaela se cierran abruptamente, ante las inesperadas palabras del escocés. No hay malicia alguna en las mismas, tampoco puede notar la socarrona sonrisa que reconoce, como ese gesto con el que Allister la molesta siempre.
–¿Qué sucede?
El rostro de la mexicana arde completamente fuera de control, intentando explicarse porque las palabras del susodicho, la avergüenzan de semejante forma.
Los orbes de Rafaela se desvían del perfil de Allister, para apresurarse hacia el lado del copiloto. Solamente para que su piel se erice al sentir una mano, que se coloca gentilmente sobre su espalda baja.
El corazón de la pelicastaña late completamente fuera de control, al percibir el calor que se desprende del cuerpo de su esposo. El mismo que puede jurar se encuentra a escasos milímetros de su persona, mientras que el europeo se inclina levemente para abrirle la puerta del auto.
Con un rápido movimiento la menor se adentra en el vehículo, buscando desesperadamente restarle importancia, a las inesperadas sensaciones en su cuerpo.
–¿Estas bien? Tu cara está realmente roja…
El ronroneo del motor del auto siendo encendido, le hace corresponder a la curiosa mirada que le dedica el heredero de los Kirkland. No hay un solo gesto que demuestre que Allister, está jugando con ella de ningún modo.
El repentino eco de un 'Ring' resuena en el automóvil, haciéndola agradecer la distracción para no tener que compartir la causa de su sonrojo.
La americana se muerde el labio inferior al ver el nombre en la pantalla de su teléfono, para después colocar el movil en silencio. No hay forma en que atienda la llamada, porque esa mujer jamás la llama a esta hora.
Un repentino terror se apodera rápidamente de su estómago, entendiendo que quizás... su padre ha compartido finalmente las noticias, con la persona cuya posible reacción la aterra.
–Estoy bien, no te preocupes.
Una de las pobladas cejas del pelirrojo se arquea, al ver la nerviosa sonrisa que aparece sobre los labios de su esposa. Lentamente el auto empieza a moverse, haciéndola suspirar al saber que, aunque Allister no está convencido con su respuesta, pero no la presionara por el momento para que le diga lo que sucede.
El repentino 'ring' del teléfono del pelirrojo en las bocinas del auto, la hace dirigir una mirada hacia la pantalla en el centro del tablero.
Los ojos de Rafaela se entrecierran levemente, al ver los dígitos que aparecen en la pantalla. Los mismos le resultan realmente familiares por alguna razón… los ojos de la latina se abren en un claro gesto de sorpresa, al finalmente reconocer el numero.
Con un rápido movimiento, la latinoamericana intenta aferrar su mano a la de Allister, quien se encuentra presionando el botón en el volante, para atender la llamada. Un repentino vértigo se apodera de ambos, al reconocer la molesta voz que proviene de las bocinas.
–¡Ángela Rafaela Josefina Díaz Fernández, explícame cómo diablos es que te divorciaste, y se te ocurrió la brillante idea de casarte con el hermano de tu exesposo!
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Un gesto fastidiado se acomoda sobre las facciones del europeo, mientras se dedica a empujar el carrito por los pasillos del centro comercial. 'Solo arroja algo al carro…' comenta el molesto Allister, al mismo tiempo que gruñe entre dientes sobre como el día no puede empeorar.
¿Cómo es que paso de un simple desayuno en la calle, a tener que venir en una expedición a comprar quien sabe que aparatejos para la cocina?
Una de las cejas de la mexicana se arquea incrédulamente, al ver el molesto gesto del gruñón hombre que arroja miradas fulminantes, hacia los curiosos ojos que se posan sobre su persona.
Rafaela intenta disimular la gracia que le causa, la incomodidad de Allister al no llevar su traje puesto. Pero es comprensible ya que tiene muchos años, vistiendo ese tipo de ropa todos los días.
–Cariño... te recuerdo que fuiste tú, quien quiso ver a tu suegro ayer.
Menciona en un tono despreocupado la mujer, para tomar finalmente un juego de sartenes y colocarlos en el carrito. Por el tipo de vida que Allister lleva, el vacío estado de la cocina y el hecho de que tuvieron que salir a desayunar, Rafaela no necesita más pruebas de que el hombre, no se ha preocupado más que por tener lo estrictamente necesario en su casa.
Algo que simplemente no les va a funcionar, ahora que han recibido una llamada de su propia madre. Un suspiro escapa del joven matrimonio, al recordar los gritos de la furiosa mujer exigiéndoles que se dirigieran enseguida a la casa de los Díaz. Algo que los dos se habían rehusado a hacer, bajo la excusa de necesitar cosas para la casa.
Si su madre descubría que le habían mentido, sin duda alguna los despellejaría apenas pudiera ponerles las manos encima. Esta vez ninguno de los dos se salvaría, porque estaba furiosa con ambos. Todo gracias a que se habían atrevido, a tomar una decisión por su propia cuenta.
–Pensé que tendríamos más tiempo, antes de lidiar con tu loca madre.
Los ojos de Allister se desvían de inmediato, al ver la molesta mirada que Rafaela le dirige. 'Si mi madre está loca, entonces la tuya es una desquiciada.' El pelirrojo se encoge de hombros, para demostrar que está totalmente de acuerdo con las palabras de la mexicana, consiguiendo ser golpeado por un paño que es arrojado en su dirección.
'¿Enserio necesitamos esto?' pregunta el hombre al mismo tiempo, que apunta a todos los utensilios de cocina que se encuentran amontonándose en la estructura metálica. 'Puede que tú no, pero yo no acostumbro comer fuera.' Los ojos de Allister se colocan sobre la silueta de la mujer, que continúa caminando delante de él.
'De hecho, tendrás que compartir un juego de llaves conmigo.' Menciona como si nada la pelicastaña, mientras le jala para arrojar algunas cuantas cosas más en el interior del carrito. '¿De qué hablas, pensé que volveríamos juntos?' los ojos de la mexicana se colocan sobre la curiosa mirada, que le dirige su confundido acompañante.
–Yo vuelvo temprano a casa, mientras que tú te quedas hasta muy tarde en la oficina.
Los labios de Allister se separan, para verse repentinamente silenciado por un gesto de Rafaela, en el que los labios de la mujer se fruncen levemente 'Espero que no vayas a decir, que me quede en tu oficina a esperarte.' Los ojos de Rafaela giran al notar el repentino silencio de su esposo. Para después continuar con la lista mental de cosas que sabe necesita.
Al menos Allister tendrá la excusa de trabajar hasta tarde, para librarse de tener que lidiar con su suegra. Ella en cambio no tiene semejante suerte, porque la matriarca de los Díaz sabe perfectamente, en que horarios se encuentra en la oficina, y también es consciente de que mañana es el día en el que descansa.
A diferencia de su esposo… Rafaela si está atrapada entre las garras de la señora Díaz. Si tiene un poco de suerte, a su madre se le ablandara el corazón y la dejara tranquila mañana.
Después de todo acaba de casarse y quizás se apiade de ella, pensando que pasara el fin de semana descansando con su esposo.
No hay nada de lo que deba preocuparse, su mamá no intentara arrancarle la cabeza. Aún la necesita viva y en buen estado para darle nietos, y si las cosas se salen de control… siempre puede usar a su papá como escudo.
Continuara…
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Hybrid-Virus
Yo! Buen día lectores, espero que estén teniendo una excelente noche. Tenemos una segunda actualización en el día, lo cual es bastante sorprendente si debo de ser honesta. Principalmente tomando en cuenta todo el trabajo que tuve hoy, pero que mas da posponer el resto para mañana. xD
Creo que esta es la primera vez, que uso el nombre completo de Rafaela. Pero quería demostrar la molestia de su madre, al usar su nombre completo. Ya saben es como ese momento en que te quedas "Oh diablos, enserio estoy en problemas."
Pobre Arthur, no tiene la menor idea de que su hermano, ya le robo la esposa al Alfred. Pero Allister sabe que el cejon no va a ver bien, el hecho de que se casara con Rafaela. Pronto conoceremos a la mamá de Allister y el desmadre empezara en grande.
Por el momento disfrutemos estos momentos, en que los dos se demuestran mas cariño, del que Rafaela y Alfred compartieron al estar casados por un año entero. Este par se quiere, pero no saben aceptar sus sentimientos. Mas que nada poque suponen, que todo viene de su extenso compromiso.
Sin más por el momento, dejen un review y nos vemos en la próxima actualización.
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