¡Love, yes I Do!
By: HybridVirus

Disclaimer: Hetalia y sus personajes son pertenencia de sus respectivos dueños, solamente soy dueña de Rafaela y no hay ninguna ganancia con esto, más que darles amor a las relaciones de mi país con otros países; solo soy una fan que escribe para fans.

Pd: Se aceptan donaciones en PP :La descalabran:

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Capítulo X

El repentino estruendo de la puerta golpeándose contra la pared, hace que las resplandecientes esmeraldas se posen, sobre la molesta silueta del breton que su asistente, se encuentra empujando en un intento por evitar su ingreso a la oficina.

Los ojos de Allister vuelven a los documentos en sus manos, suspirando cansadamente ante la realidad de que Arthur, es apenas la punta del iceberg al que tendrá que enfrentarse en el transcurso de estos días.

–Estoy seguro de que ninguno de mis hermanos, se atrevería a entrar de semejante forma a mi oficina.

El cuerpo de ambas personas en la puerta, se tensa al reconocer ese tono de voz. El mismo que es una clara advertencia, para que alguien siga sus indicaciones al pie de la letra, o se arriesgue a sufrir las consecuencias de sus actos.

La piel de la francesa se eriza por completo, al entender que ella también va incluida en esa amenaza. Con un rápido movimiento la mujer empuja al rubio, para asegurarse de cerrar la puerta detrás de ella.

Los zafiros de Francoise se entrecierran en un gesto molesto, para mantenerse fijos sobre los ojos del cuarto hijo de los Kirkland. Arthur no es una visión que en verdad le resulte desagradable, pero sus acciones que pueden meterla en un sinfín de problemas, lo hacen ser muy poco atractivo a sus ojos.

–Sr. Kirkland, el señor Arthur de contabilidad quiere verlo.

Menciona la dueña de las hebras rubias, al mismo tiempo que presiona el botón del comunicador en su escritorio. Un incrédulo gesto se apodera de las facciones del inglés, al escuchar las palabras de su hermano salir del aparato.

–Dile que espere, estoy ocupado en cosas más importantes.

Los labios de Arthur se fruncen al escuchar la forma, en que su hermano se atreve a pedirle porque espere. ¿Enserio Allister está intentando darle una lección, por entrar a sus dominios sin anunciarse? Esto ralla en los límites de la locura, porque ya no es un niño que debe ser educado por su hermano mayor.

La mano de Arthur se alza para dejarla ver la caja, que mantiene celosamente en su agarre. Un gesto incrédulo se apodera de las facciones de Francoise, para extender la mano en una clara indicación, porque le entregue el objeto que lleva en su mano.

–Anúnciame de nuevo, solo a él se lo pienso entregar.

Las manos de la chica se cierran en un puño, al mismo tiempo que siente la molestia crecer en su interior, este idiota en verdad disfruta de hacerle la vida imposible y de complicar su trabajo.

Una gentil sonrisa se coloca sobre el rostro de la europea, para presionar el botón en el comunicador. Preparándose para informar al jefe, sobre las vergonzosas acciones del hombre a cargo del departamento contable.

–Sr. Kirkland… sé que suena loco, pero su hermano ha secuestrado su almuerzo, y dice que solo se lo entregara a usted.

La sonrisa de Francoise se agranda al ver el intenso tono escarlata, que se apodera del avergonzado rostro de Arthur. Quien no hace más que apretar los dientes, para después arrojarle una mirada que raya en un obvio deseo, porque la fulmine un rayo en ese mismo instante.

Tan perdido se encuentra en su molestia con la mujer, que no se percata del instante en que la puerta de la oficina es abierta. Sus ojos se encuentran con la arqueada ceja de su hermano mayor, haciéndolo pensar en que quizás habría sido mejor esperar porque lo recibieran.

–Después de esta reunión, quiero que prepares tu departamento para una auditoria.

Los ojos de Arthur se cierran con pesadez, solamente para asentir ante lo que sabe ya no es una pregunta. Es una clara orden que no puede ignorar, pero lo mejor que puede hacer es intentar mantener a su hermano contento.

En especial porque lo que está a punto de decirle, puede meterlo en un sinfín de problemas. Usualmente no disfruta de desafiar las elecciones de Allister, pero un divorcio sería desastroso para su familia.

Así que necesita evitarlo a toda costa, necesita convencer a la cabeza de la familia… antes de que su madre tome cartas en el asunto.

(¯ `v´¯ )
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Los ojos de Arthur se deslizan sobre las superficies de la espaciosa oficina, consciente de que a pesar que su hermano es el nuevo dueño, aun puede ver los mismos colores y mobiliario que su padre conservaba en el lugar.

Es agridulce ver que no hay verdaderamente cambio alguno en la oficina. Excepto porque no es el hombre pelirrojo que lo crio, quien se encuentra del otro lado del escritorio. Casi pareciera como si Allister se empeñara, en mantener vivo el recuerdo de su padre a como diera lugar.

–¿No dirás nada Arthur?

Los orbes del breton se posan sobre el sereno rostro de su hermano, quien continúa leyendo los documentos en sus manos. El rostro de Allister siempre ha sido pálido, pero Arthur está acostumbrado a distinguir las discretas ojeras debajo de sus ojos.

Mismas que curiosamente parecen notarse un poco menos hoy, como si su hermano finalmente estuviera tomándose el tiempo para descansar. Incluso su postura parece ser un poco más relajada de lo normal, como si no tuviera preocupación alguna por el momento.

–¿Desde cuándo bebes café?

El té es usualmente la bebida que su familia prefiere, así que le sorprende percibir el aroma que se desprende del curioso vaso, que se encuentra en el escritorio. La monstruosidad es de un flamboyante tono rosado, decorado con un montón de pequeños ajolotes sonrientes.

Los dedos del pelirrojo se aferran a la manga de silicón, que evita que el calor del mismo lastime su piel. Para después llevar el vaso hacia sus labios, y beber sin el menor índice de molestia el líquido, que Arthur insiste es inferior en todos los aspectos al té.

–Es robado, pero no creo que eso sea por lo que estás aquí.

Un gesto pensativo aparece sobre el rostro del inglés, intentando explicarse porque su hermano tomaría semejante monstruosidad, cuando era bastante obvio que no lo necesitaba.

Las manos del ojiverde se aferran discretamente a sus rodillas, para posar su mirada sobre los calculadores ojos de aquel, que reconoce como el hijo favorito de su padre.

–Hermano, estoy aquí para pedirte que reconsideres tu decisión…

Arthur traga en seco al ver la forma en que las facciones de Allister, se fruncen levemente en lo que el menor reconoce, como un discreto gesto de molestia al ser cuestionado.

Pero su hermano no sabe, lo que puede suceder en caso de que no acceda a dar un paso atrás con semejante acción. Tampoco necesita que lo sepa, lo único que Arthur quiere es evitar esa situación a como dé lugar.

–Se mas especifico Arthur, ¿Qué es lo que me quieres decir?

Ambas miradas se encuentran en un silencioso duelo, del que ninguno de los Kirkland tiene el deseo de retirarse como el perdedor. A pesar de que Arthur sabe que las intenciones de su hermano son buenas, no hay forma en la que pueda permitir que Rafaela se retire de esta familia.

No cuando los riesgos por semejante acción, son peores que los beneficios que pudieran tener. Las cosas se saldrán de control si ambas familias, se separan a causa de este problema.

El abismo entre las dos será algo peligroso, en especial si el Sr. Díaz tiene exigencias a las que no se podrían negar, gracias a la cláusula de compensación del contrato prenupcial.

–Por favor, te suplico que des un paso atrás con el divorcio de Alfred.

(¯ `v´¯ )
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El ceño de Allister se frunce al ver la clara preocupación, que su hermano busca ocultar de sus ojos. Pero es simplemente imposible, que le pueda engañar ya que conoce a cada uno de los menores al derecho y al revés.

Arthur sabe algo con respecto a esta situación, algo que no quiere o no tiene el menor deseo de mencionarle. Pero que es bastante obvio, le está carcomiendo por dentro. Al menos lo suficiente como para hacerlo salir de su zona de confort.

–¿Cómo resolverías, esta situación Arthur?

El rubio traga en seco para tensarse al saber, que su hermano no está tomando en cuenta sus palabras. Pero que igual le dará la oportunidad de intentar convencerlo, aunque no vaya a cambiar su decisión.

Un tembloroso jadeo escapa de los labios de Arthur, para explicarle a su hermano porque dejar ir a Rafaela es algo inaceptable. ¿El Sr. Díaz querría continuar con esto después de enterarse? No, indudablemente perderían todo su apoyo, en cualquier decisión que hubiera que tomar.

¿El Sr. Díaz sería capaz de olvidar este percance? Una parte de él dice que eso es algo simplemente imposible, si él estuviera en el lugar del hombre intentaría despedazarlos por sus acciones.

–No creo que podamos hablar con el Sr. Díaz, nuestra mejor opción es hablar con Rafaela.

Si los Díaz se enteraban de esto, no tendrían el modo de contrarrestar sus exigencias. No se podía saber nada sobre las acciones de Alfred, esto tenía que permanecer oculto únicamente entre ellos. Estaba seguro de que podían arreglar una compensación aceptable para Rafaela.

A lo largo de su vida, Arthur se ha visto como muchas cosas. Como un hermano menor, también como un hermano mayor. Pero principalmente como alguien que estima a la figura del hombre, en el que se ha convertido el hijo al que su padre siempre le exigiría más que al resto.

Allister había librado una batalla tras otra desde la muerte de su padre, los había procurado sin rechistar. Dando prioridad a las necesidades que tanto ellos como su madre tenían, así que era el momento de intentar aligerar su carga. En especial cuando sabía que este tema era algo realmente delicado.

–Ella te estima Allister, sé que si alguien puede hablar con ella… eres tú.

Ninguno de sus hermanos trataba a Rafaela como una extraña, pero cuando su madre había insistido en que Allister se echara atrás con el matrimonio, el resto de sus hermanos mayores se había rehusado, a siquiera pensar en casarse con la hija del señor Díaz.

La cabeza del mayor se ladea al mismo tiempo, que procura continuar escaneando los documentos en sus manos. El susurro de la pluma deslizándose sobre el papel, le deja saber que su hermano se encuentra buscando otro tipo de palabras, en un claro intento por no compartir nada de más con él.

–Si alguien la puede convencer de arreglar esta situación... eres tú.

Lo que sea que Arthur sabe, debe de ser algo realmente importante. Esa tiene que ser la razón por la que está aquí, intentando encontrar un punto neutral sin tener que revelarle absolutamente nada.

Esto es más que suficiente para hacerle ver, que enserio ha tomado la decisión adecuada al casarse de este modo tan poco convencional.

–Si Rafaela no quiere una compensación para mantenerse con Alfred, ¿Qué harías Arthur?

Los ojos del breton se entrecierran al entender la pregunta de su hermano, siempre era una posibilidad que a pesar de ser Allister quien lo pidiera, Rafaela no aceptaría volver con el Kirkland que la engaño. Especialmente porque la heredera de los Díaz, era una criatura realmente orgullosa en algunos aspectos.

–…Podríamos intentar mantenerla en la familia, no creo que el Sr. Díaz nos dé la oportunidad de casarnos con alguna de sus otras hijas.

Esta era la cruda realidad, si perdían a Rafaela… no habría forma de unir el trabajo de sus padres, además de que tendrían que ceder una parte de las acciones de su familia. Porque ningún padre en su sano juicio, aceptaría que otra de sus hijas se casara dentro de la misma familia.

–¿Quizás uno de los gemelos pueda casarse con ella? Rafaela quiere bastante a Seamus, no creo que se rehúse a estar con él…

Una parte de Arthur sabe que está siendo ridículo, los gemelos ya se rehusaron a casarse con ella una vez. Esa es la verdadera razón por la que Allister, tuvo que aceptar a Alfred como reemplazo. El menor de los Kirkland nunca había sido una verdadera opción, hasta que el mayor cedió a los deseos de su madre.

–¿Por qué no tú, Arthur?

La piel del joven se eriza con un deje pánico, al escuchar la voz de su hermano. No solo son sus palabras, es la forma en la que las dice y el modo en que sus ojos, lo miran en algo que Arthur sabe es una forma de juzgarle silenciosamente, como si se encontrara rebuscando en lo más profundo de su ser.

Allister no sabe lo que está pasando, una parte de él insiste en que en verdad no tiene idea del problema, que se les vendrá encima ahora que su madre está furiosa. Pero es bastante obvio que el heredero de su padre, ya tiene sus sospechas y conjeturas sobre esta situación.

–Yo… no creo que eso sea sensato…

El que Rafaela se divorcie y se case con él… implicaría una sentencia de suicidio familiar; su madre jamás le dejaría vivir en paz después de semejante traición a sus planes y deseos.

Él no puede hacer eso, tiene que ser uno de los hijos mayores, solamente así evitarían todo el caos, que sabe está a punto de ser liberado por las acciones de su madre.

–No tienes de que preocuparte, los Díaz no romperán relaciones con nosotros.

El susurro de la puerta abriéndose llama la atención de ambos, para posarse sobre el sonriente pelinaranja que se adentra con su perezoso andar. Los brazos de Seamus se estiran al mismo tiempo, que arquea una de sus cejas al ver a Arthur en el sillón ocasional.

–¿Sucede algo?

Pregunta el irlandés al mismo tiempo que continúa caminando, hasta colocarse a un lado de la silla del mayor de todos los hermanos. Un gesto incrédulo se apodera de las facciones del rubio, al concentrarse en la forma en que Allister se asegura de tomar su maletín y otros artículos personales.

–Ya me hice cargo de Rafaela, todo estará bien Arthur… no hay nada de qué preocuparse.

No hay el menor gesto de duda en los orbes esmeralda, mientras que el menor de los kirkland intenta entender las acciones de su hermano, quien obviamente se encuentra preparándose para salir de la oficina.

Algo que es simplemente irreal a sus ojos, porque Allister nunca sale de la compañía hasta las altas horas de la noche.

–Seamus estas a cargo, Arthur tiene que entregarte la auditoria del departamento contable.

Un gesto repleto de horror se apodera de las facciones del inglés, al ver la maléfica sonrisa que se hace presente en los labios del mayor de los gemelos.

Allister no puede estar haciéndole esto, Seamus disfruta de hacerle la vida imposible y sin duda lo va a torturar hasta que el mayor vuelva a la oficina.

Cosa que no parecerá suceder ese mismo día, si toma en cuenta las palabras del pelirrojo que se rehúsa a dirigirles una segunda mirada, al mismo tiempo que sale por la puerta.

Dejándolo a la merced del sonriente demonio irlandés, solamente con sus palabras como una última indicación.

–Espero que se comporten, no quiero enterarme de que hicieron un caos en mi ausencia.

Continuara…

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Hybrid-Virus

Yo! Buen día lectores, espero que estén teniendo un excelente inicio de fin de semana. Al menos para aquellos que descansan los sábados :'V

Tenemos finalmente un nuevo capítulo de esta historia, podemos ver que me gusta que Francoise moleste a Arthur, porque sus reacciones gruñonas son simplemente adorables.

Allister tiene la manía de tomar las cosas de Rafaela, esto es gracias a la costumbre que aún conserva de cuando eran niños, en la que se molestaban el uno al otro escondiendo sus cosas. Dicha situación terminaría siempre con miradas molestas y gestos groseros detrás de las espaldas de los adultos.

Podemos ver que Arthur sabe algo, que no le está contando a su hermano. Tal parece que la madre de Allister, ya se ha enterado del problema de Alfred y de la solución que el mayor de sus hijos piensa darle al problema.

La interrogante del capítulo es ¿De qué lado estará Arthur, cuando llegue el momento en que Allister y su madre se encuentren? Por una parte, pareciera que del de su hermano… pero como bien dicen, el bretón no suele llevarle la contraria a su progenitora.

Por lo que podemos ver todos los Kirkland saben, que Rafaela no cedería en sus decisiones. Al menos no a manos de ninguno de ellos, quien probablemente podría ser tomado a cuenta fuera Seamus, pero el único que podría conseguir una respuesta beneficiosa seria Allister.

Esa es la razón por la que Arthur le pide a su hermano, que intente convencer a Rafaela porque acepte una compensación por las acciones de Alfred, sin saber que el mismo Allister ya ha compensado a Rafaela, no solo con su matrimonio, sino que también ha cumplido las órdenes del contrato nupcial.

Sin más por el momento, dejen un review y nos vemos en la próxima actualización.

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