Hola, debo avisarte que la historia contiene temas delicados; secuestro, sexo explícito, síndrome de Estocolmo, mafia, drogas, asesinatos, y más.

Si decide seguir leyendo, es tu responsabilidad, y quiero aclarar que yo no obligo a nadie a continuar. Por favor, toma la historia con madurez y espero que seas consiente que es solo una historia más de ficción. Espero que lo tomes con madurez.

Twilight es de Stephanie Meyer, 365 DNI es de Blanka Lipińska. Yo solo me divierto con ambas historias y personajes.


Isabella (POV)

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Cuando desperté de nuevo estaba enrollada en una bola y todavía con el pijama azul que Alice me había prestado. Afuera permanecía oscuro y otra vez no sabía si esta terrible noche seguía pasando o si sería otra nueva. Recordé esas películas de vampiros donde viven en un castillo oscuro y que duerme en ataúdes, esas películas de Hollywood que te mostraban a creaturas con grandes colmillos que vivían siempre en la oscuridad porque el sol los quemaba. A lo mejor ellos son vampiros, y me quieren por mi sangre.

Unos ruidos provenientes de la ventana me sacaron de mis divagaciones. Desde el jardín, se escuchaban voces masculinas silenciosas. Con cuidado me puse la bata y salí al balcón buscando a los dueños de las voces entre las penumbras, pero no vi a nadie. Los sonidos eran demasiado silenciosos para estar cerca. Supuse que algo estaba pasando al otro lado de la propiedad.

Me mordí el labio mientras analizaba todo lo que mi vista lograba distinguir. Me maravillé del tamaño de la casa mientras mi vista se movía hacia la derecha, el jardín bastante amplio, el césped, estaba ligeramente iluminado con candelabros para exteriores que colgaban de los árboles, debo decir que era hermoso. Los caminos que atravesaban el jardín tenían luces a los costados, y pude distinguir que uno de ellos terminaba en una gran alberca que se ubicaba al fondo.

Mi vista regresó hacia la izquierda, no era tan diferente al otro extremo, pero en lugar de una alberca, el pasto y grandes decoraciones eran lo único que se distinguía. El muro que dividía la propiedad del mundo exterior parecía tallado de piedras muy antiguas, mi vista lo examinó hasta que me topé con un living para exteriores que adornaba el gran jardín, supuse que pasar las tardes ahí sentada leyendo sería una experiencia agradable.

De nuevo los murmullos me sacaron de mis pensamientos.

Con mi curiosidad atacando de nuevo, me acerqué a la puerta y probé girar la manija, la puerta aún no estaba cerrada. Salí de la habitación y durante mucho tiempo me pregunté si debía dar un paso adelante o si debía volver atrás.

La curiosidad ganó y me moví por el oscuro pasillo en dirección a las voces que venían hacia mí.

Era una calurosa noche de septiembre, las cortinas de luz en las ventanas soplaban al viento con olor a mar. La casa estaba tranquila en la oscuridad… Me pregunto cómo se veía durante el día.

Sin Emmett, perderse en la maraña de pasillos y puertas era bastante obvio, al poco tiempo no tenía ni idea de dónde estaba. Lo único que distinguí fue que los sonidos de las conversaciones de los hombres eran cada vez más claros. Caminando a través de la puerta ligeramente entreabierta, llegué a un enorme pasillo con ventanas gigantescas que dan a la entrada. Me acerqué al cristal y me apoyé con las manos en el enorme marco, escondiéndome en parte detrás de él.

En la oscuridad vi a Edward y a algunas personas que estaban de pie. Un hombre estaba arrodillado delante de ellos, gritando algo en italiano. Su rostro fue traicionado por el horror y el pánico cuando miró en dirección al vampiro.

Edward se quedó tranquilo con las manos en los bolsillos de sus sueltos pantalones oscuros. Le daba palmaditas al hombre con una mirada helada y esperaba el final del argumento del sollozo. Cuando se calló, Edward le dijo en voz baja una o dos frases, luego sacó una pistola de detrás del cinturón y le disparó en la cabeza.

El cuerpo del hombre cayó en el camino de piedra.

Mis ojos se abrieron cómo platos al ver el espectáculo, y solté un fuerte gemido que traté de suprimí con mis manos, pegándolas a mi boca. Sin embargo, fue tan fuerte que el vampiro apartó los ojos del hombre que estaba delante de él y me miró. Su mirada fría e impasible, cómo si la acción que acababa de realizar no le hubiera impresionado en lo absoluto.

—Mierda —susurró mientras me miraba. Le dio el arma al hombre que estaba a su lado mientras yo me deslizaba hasta el suelo.

Traté desesperadamente de tomar aire, pero desafortunadamente no tuve éxito.

Sólo podía oír mi corazón latiendo más y más lentamente y la sangre latiendo en mi cabeza, empezó a oscurecerse delante de mis ojos, y mi estómago indicó claramente que en un momento habría algo sobre la alfombra. Con las manos temblando nerviosamente, traté de desatar el cinturón de mi bata, que parecía estar cada vez más apretado, bloqueando mi capacidad de respirar.

Vi la muerte de un hombre. En mi cabeza, como una película feroz, se reproducía la imagen de un tiroteo. La escena repetida causó que el oxígeno se drenara completamente de mi cuerpo. Me di por vencida en esto y dejé de luchar. Con el resto de mi conciencia grabé que, mientras se afloja el cinturón de mi bata, dos fríos dedos en mi cuello tratan de sentir un pulso débil.

Una mano se deslizó a través de mi espalda y cuello hasta que me agarró la cabeza y la otra bajo mis piernas medio dobladas. Sentí que me movía, quería abrir los ojos, pero no podía levantar los párpados. Se escucharon algunos sonidos a mí alrededor pero no podía distinguir de quien eran las voces.

—Isabella, respira. —alguien me ordenó.

Este acento, pensé. Sabía que me abrazaban los brazos de Edward, los brazos de un hombre que hace un momento le había quitado la vida a alguien. Sentí que me movían por el aire, de repente algo sedoso se colocó debajo de mi espalda, la cama supongo, todavía estaba luchando con mi respiración, la cual, aunque se estaba volviendo cada vez más estable, no era lo suficientemente profunda para darme todo el oxígeno que necesitaba.

Edward abrió mi boca con una mano y deslizó una píldora bajo mi lengua con la otra.

—Relájate nena, es una cura para el corazón. —dijo al ver mi intento de escupirla— El doctor que te está cuidando lo dejó para ti.

Después de un tiempo mi respiración se hizo mas constante, más oxigeno llegaba a mi cuerpo y mi corazón de un golpe loco se ralentizo hasta un tarso tranquilo.

—¿Qué sucedió? —escuché a lo lejos la voz preocupada de Alice, pero mis ojos pesaban demasiado cómo para mirarla. —¿Qué le hiciste?

Sus palabras alarmadas fueron casi un zumbido en mis oídos, mis ojos pesaban mucho cómo para mantenerlos abiertos, y mi mente comenzaba a ser consumida por la oscuridad. Sentí que algo tocaba mi espalda, y me quede dormida, de nuevo.

Para cuando abrí los ojos, había luz en la habitación. Estoy recostada en la blanca ropa de cama, la bata del pijama que Alice me había prestado, se había ido. ¿El vampiro me tocó? Ese pensamiento no parecía muy agradable, a pesar de que Edward era impresionablemente guapo.

Los eventos de la noche anterior me asaltaron. Con horror me cubrí la cara con la colcha. Todas sus palabras, trescientos sesenta y cinco días que me dio para enamorarme de él, la información que tiene de mi familia, la infidelidad de Jacob y la muerte de ese hombre, creo que fue demasiado en una sola noche.

—No te he tocado —escuché una voz silenciada por el edredón— sólo te traje a la habitación.

Poco a poco fui bajando mi escudo para mirar a Edward. Estaba sentado en una gran silla junto a la cama. Esta vez llevaba un atuendo mucho menos formal, pantalones grises de chándal y una camiseta blanca sin mangas que mostraba sus hombros perfectos y sus brazos bellamente esculpidos. Estaba descalzo y con el pelo cobrizo en todas direcciones; si no fuera por el hecho de que se veía fresco, habría pensado que acababa de salir de la cama.

—Esme te acostó —continuó— Yo no estaba en la habitación. Te prometí que no pasaría nada sin tu permiso, aunque no te voy a negar que tengo curiosidad. Sobre todo por la idea de que estabas inconsciente, indefensa y estaba seguro que no podrías darme otro golpe. —levantó las cejas con diversión y lo vi sonreír por primera vez.

Una maldita sonrisa torcida que podría derretir a quien sea. Su semblante era despreocupado y satisfecho. Parecía olvidar por completo los hechos dramáticos de la noche anterior.

Me levanté y me apoyé en la enorme cabecera de madera.

Edward, aun con su sonrisa juvenil y juguetona, puso la pierna derecha sobre la rodilla izquierda y me miró cómo esperando las palabras de mi boca.

—Mataste a un hombre… —susurré y las lágrimas llegaron a mis ojos— Le disparaste y lo hiciste tan simple como si te compraras otro par de zapatos.

Los ojos verdes del vampiro se volvieron helados, la sonrisa desapareció de su cara. La tranquilidad en su rostro fue reemplazada por la máscara de seriedad que ya conocía.

—Traicionó a su familia, a mí —se inclinó un poco—Te lo dije, creo que pensaste que era una broma. No acepto la desobediencia, Isabella, y nada es más importante para mí que la lealtad

Se alejó lo máximo que su silla le permitió, tomó un suspiro y se sentó en el borde de la cama.

—Aun no estás lista para todo esto, y presenciando cosas cómo la de ayer, probablemente nunca lo estés. —sus ojos se opacaron.

Pasó sus dedos por mi cabello, como si estuviera comprobando que yo era real. En un momento dado, me pasó la mano por debajo de la cabeza y me agarró fuertemente contra la piel. Tiró su pierna izquierda a través de mi cuerpo y se sentó sobre mí, inmovilizándome. Su respiración se aceleró y sus ojos se iluminaron con deseo y ferocidad animal.

Estaba muerta de miedo, y estoy segura que se notaba en mi cara. Al parecer, Edward vio ese miedo y claramente estaba dudando.

Después de lo de anoche, supe que este hombre no estaba bromeando, si quiero que mi familia esté segura y tranquila, tengo que aceptar las condiciones que me puso.

El vampiro me apretaba la mano en el pelo cada vez más fuere, su nariz viajaba por mi cara, sus fosas nasales se dilataban mientras absorbían aire, estaba oliendo mi piel. Quise cerrar los ojos para fingir que no me conmovía, pero me sentía hipnotizada por su mirada salvaje. No podía ocultar que era un hombre hermoso, y muy de mi tipo. Ojos verdes, cabello rebelde, labios maravillosos y bellamente esculpidos, ligera barba de unos días, que justo ahora cosquilleaba en mis mejillas. ¡Y ese cuerpo! Largas y torneadas piernas envueltas a mí alrededor, hombros poderosos, un pecho musculoso y torneado que se podía notar a raves de la camiseta ajustada.

—El hecho de que no haga nada sin tu permiso, no significa que pueda detenerme —murmuró mirándome a los ojos.

Su mano en mi pelo tiró con fuerza, empujándome más profundamente en la almohada. Tragué el gemido que amenazaba con salir de mi garganta. Edward suspiró con ese sonido. Suavemente y con lentitud, deslizó su pierna derecha entre mis muslos y se aferró a mí con su hombría. Sentí en mi cadera cuanto me deseaba. Pero volví a sentir miedo.

—Quiero tenerte, Isabella, quiero que seas mía —me pasó la nariz por la cara— Cuando eres tan frágil e indefensa, me excitas mucho. Quiero follarte como nadie más lo ha hecho, quiero hacerte daño y a la vez consuelo. Quiero ser tu último amante.

Dijo todas esas palabras y sus caderas se frotaron rítmicamente contra mi cuerpo. Me di cuenta de que el juego en el que estaba a punto de participar acababa de empezar. No tenía nada que perder, podía entregarme y pasar los siguientes trescientos sesenta y cinco días con la seguridad de que amaneceré viva, o bien, luchar en contra de este hombre, que estaba condenado a fracasar de antemano. Puse lentamente mis manos detrás de mi cabeza, recargadas en la almohada, mostrándole rendición. Edward al ver esto soltó mi pelo y entrelazó sus dedos con los míos.

—Mucho mejor, nena —susurró.— Me alegra de que lo hayas entendido.

Edward seguía empujando su cadera, con su impresionante polla, contra mi cadera.

—¿Me quieres a mí? —pregunté levantando ligeramente la cabeza, de modo que mi labio inferior tocaba su barbilla.

Gimió y antes de que me diera cuenta, su lengua estaba invadiendo mi boca. Me soltó de las manos para que pudiera comenzar a acariciarlo. Ocupado con los besos, no se dio cuenta de cómo me escapé de su abrazo. Levanté la rodilla derecha y lo empujé lejos de mí, mientras lo golpeaba en la mejilla con mi mano liberada.

—¡¿Este es el respeto que me das?! —grité— Ayer, por lo que recuerdo, dijiste que ibas a esperar mi permiso, eso no implica las malas intenciones detrás de tus palabras.

El vampiro estaba quieto, como si estuviera congelado, cuando volvió su cabeza hacia mí, sus ojos estaban tranquilos y sin emociones.

—Si me golpeas de nuevo…

—¿Qué?¿Vas a matarme? —le ladré antes de que terminará.

Edward se sentó en la cama y me miró por un largo rato. Después soltó una carcajada limpia y sincera, se veía joven, y probablemente lo era, pero no tenía intenciones de descubrir su edad.

—¿Si no eres italiana… —preguntó— por qué tienes éste temperamento?

—¿A cuántas americanas conoces?

—Contigo es suficiente para mí —dijo divertido y se levantó de la cama. Se volvió hacia mí y me anunció con una sonrisa —Será un año genial, pero tengo que apresurarme, porque me estas agotando la paciencia, nena.

Caminó hacia la puerta, pero antes de cruzar el umbral, se detuvo y me miró.

—Trajeron tus cosas y Emmett acomodó tus maletas en el armario. Creo que para alguien que sólo planeaba vacacionar cinco días, es una cantidad sorprendente de zapatos.

Tenemos que cuidar tu vestuario, así que cuando vuelva, iremos a comprarte ropa. Esta es tu habitación, a menos que encuentres otra que te gusté más, entonces la cambiaremos. Todos los sirvientes saben quién eres, si necesitas algo, llama a Emmett o a Alice. Los conductores y coches están a tu disposición. Tendrás protección que intentará no llamar la atención.

—Quiero mi celular y mi computadora —le dije recelosa. — Dile a tus esbirros que los traigan.

—Te los daré cuando sea el tiempo. Y aun así tendremos que discutir los términos de usos.

Lo miré con los ojos abiertos y me pregunté cómo me sentía con todo esto. No podía concentrarme, el olor de Edward seguía presente en mi rostro.

La tensión de su erección pulsaba en sus pantalones, absorbiendo toda mi atención. Incuestionablemente y sin lugar a dudas, me deseaba.

No pude responder a la pregunta de que si deseo vengarme de Jacob por su traición, o si sólo quiero demostrarle a Edward lo dura que soy.

—La residencia cuenta con una playa privada, motos acuáticas y lanchas, pero por ahora no está permitido su uso. —Edward seguía hablando— Hay una piscina en el jardín, alguno de mis hermanos te mostrará todo, ellos serán tus asistentes personales y tus traductores en caso de ser necesario, alguna de las personas de la casa no hablan inglés. Lo elegí porque siento que se pueden llevar bien.

—¿Cuántos años tienes? —lo interrumpí. Soltó la manilla y se apoyó en el marco de la puerta. Según yo, los capos de la mafia son viejos, ¿No?

—No soy Capo di tutti capi… ellos son más viejos, soy un Don. Pero es una historia demasiado larga, así que si estás tan interesada, te la explicaré más tarde.

Se dio la vuelta y se perdió por el largo pasillo. Me quedé un rato recostada allí, analizando sus últimas palabras. Pensar en toda la situación fue agotador sin embargo, decidí no darle muchas vueltas.

Por primera vez tuve la oportunidad de ver la propiedad a la luz del día, Mi habitación tenia probablemente unos ochenta metros cuadrados y había todo lo que una mujer podría querer. En el costado había un gran armario cómo si fuera Sex and The City, sólo que estaba casi vacío. Las cosas que formaban mi equipaje llenaron únicamente la centésima parte de una enorme habitación. Las estanterías de zapatos no estaban llenas, y las docenas de cajones sólo tenían un forro de satén para la joyería.

Además del armario, también tenía a mi disposición un cuarto de baño gigante que había utilizado para ducharme. En ese momento estaba demasiado aturdida para notar su impresionante mobiliario.

La gran cabina abierta tenía una función de sauna de vapor y chorros de masaje transversales.

En el tocador de espejo, me encantó descubrir los cosméticos de todas mis marcas favoritas: Dior, YSL, Guerlain, Chanel y muchas otras. En la parte superior del lavabo había botellas de perfume, entre las cuales encontré mi querido Touch of pink de Lancôme. Al principio me pregunté cómo lo sabía, pero bueno, él lo sabe todo. Sobre todo si lo vio en mi equipaje o si alguno de sus hermanos se lo diría.

Me di una larga ducha, me lavé el pelo con tranquilidad y me aseguré de que me sintiera cómoda con el resultado. Cuando terminé fui al vestidor para elegir mi ropa. Afuera hacia treinta grados, así que busqué un vestido largo y ligero, era de color frambuesa y sin espalda, lo acompañe con unas sandalias altas de color blanco.

Mis planes eran secarme el pelo, pero para cuando terminé de vestirme ya estaba seco.

Sin mirarme en el espejo decidí salir por el pasillo.

La casa se parecía a una villa de la Dinastía, sólo que en versión italiana. Era enorme e impresionante. Mientras caminaba husmeando por las habitaciones, descubrí más retratos de la mujer de la visión de Edward. Eran hermosas y estaban en distintas tomas y poses, y aun no dejaba de ser sorprendente el parecido que tenía la mujer conmigo.

Bajé al jardín sin toparme con nadie en el camino. Vaya servicio, pensé.

Descubrí el descenso a la playa. De hecho, había un puerto deportivo donde se encontraba una hermoso Yate blanco y varias motos de agua.

Me quité los zapatos y subí al barco. Me sorprendí al descubrir que las llaves estaban puestas, mi corazón dio un vuelco emocionado y por mi cabeza pasó un plan malévolo, que incluía romper las prohibiciones del vampiro. Tan pronto como mis dedos rozaron el llavero, una voz gruesa detrás de mí me hizo brincar en mi lugar.

—Hubiera preferido que me avisaras que íbamos a viajar —me di la vuelta asustada y vi al enorme italiano con hoyuelos en las mejillas— me hubiera vestido más cómodo.

—¡Emmett! —dije emocionada— Sólo quería ver si las llaves eran las correctas —una sonrisa idiota se plantó en mi rostro.

—Te aseguro que son las correctas y si quieres nadar… estoy seguro que lo podremos arreglar después de desayunar.

¡El desayuno! No creo que pueda recordar la última vez que comí. Realmente no sé cuántos días pasé durmiendo, ni siquiera sé que día es, o la hora. Mi estómago rugió al pensar en comida, tenía mucha hambre, pero debido a todas las emociones que he tenido últimamente, me olvide por completo de alimentarme.

Emmett, con un gesto familiar, señaló el descenso de la barca, tomé la mano que me ofrecía y me llevo al embarcadero.

—Me tomé la libertad de preparar el desayuno en el jardín, hoy no hace mucho calor, así que será agradable —me dijo con una sonrisa inocente.

Bueno, lo pensé un poco, treinta grados es una temperatura agradable. ¿Por qué no?

El enorme italiano me condujo a través del laberinto, hasta una hermosa terraza en la parte trasera de la mansión. Casi estaba segura de que uno de los balcones que son visibles en esta parte del jardín, pertenece a mi habitación, la vista me era muy familiar. En el piso de piedra había un toldo improvisado, que era sorprendentemente familiar a los que tenían en el restaurante donde los vi por primera vez. Tenía gruesos soportes de madera a los que se fijaban enormes lonas blancas para protegerse del sol. Bajo un techo ondulado, una mesa de madera perfectamente colocada, con cómodos sillones con cojines blancos y una entusiasta Alice que parecía rebotar en su asiento.

Frente a ella estaba un desayuno verdaderamente real; Platos de queso, aceitunas, panqueques, fruta, huevos, tostadas, todo lo que me gustaba. Me senté frente a Alice y Emmett desapareció.

—Pensé que te agradaría la idea de tener compañía —Alice me sonrió. Yo asentí emocionada. Emmett regresó con varias revistas en las manos.

—Pensé que les gustaría ver las novedades —delante de nosotros había varias revistas de moda y espectáculos. Se sentó junto a mí y atacó la comida con rapidez, Alice y yo soltamos unas risillas y nos apresuramos a tomar un poco de la comida, antes de que Emmett se la terminará toda.

Durante el desayuno ninguna menciona palabra alguna, y se los agradezco interiormente, no estaba preparada para lidiar con los últimos temas. Las delicias en mi plato rápidamente se agotaron y aparentemente, comer demasiado no era lo mejor después de varios días de hambre. Me sentía enferma y cansada.

Al fondo del jardín, noté un sofá con almohadas blancas y un dosel extendido sobre él. A la vista parece un lugar perfecto para esperar una muerte por indigestión.

—Adelante —Alice me animó. Le di una leve sonrisa y me puse en marcha en esa dirección.

Me quité los zapatos y crucé el jardín sintiendo el césped en mis pies. La vista era grande y hermosa, pequeños barcos en el mar se agitaban a un ritmo lento, a lo lejos el agua azul pedía moverse y las monumentales rocas que sobresalían de las profundidades eran una promesa de vistas maravillosas para los amantes del buceo. El viento fresco y agradable soplaba desde el mar y el azúcar que acababa de consumir me hacía desear aún más ese sofá blanco.

—¿Vas a dormir otro día completo? —un susurró silencioso me despertó.

Abrí los ojos, Edward estaba sentado en el borde del sofá mirándome suavemente.

—Te eche de menos —dijo llevando mi mano a su boca y depositando un dulce beso— Nunca le había dicho eso a nadie, nunca lo había sentido de verdad. Todo el día con el pensamiento de que estabas aquí, y yo no podía volver a ti.

Aun seguí aturdida por mi siesta, el sofá estaba demasiado cómodo y no estaba en mis planes levantarme de él. Me estiré perezosamente arrastrando a mi vestido junto a mis movimientos. El vampiro se puso de pie y se quedó mirándome con ojos salvajes y hambrientos.

—¿Puedes no hacer eso? —preguntó lanzándome una mirada de advertencia —Si tu provocas a alguien, ten en menté las consecuencias.

Alcé la vista y me puse de pie para quedar frente a él. Sin mis zapatos, apenas le llegaba a la barbilla.

—Simplemente me estiro, es un reflejo natural de cuando me despierto, pero si te molesta, por supuesto que no lo hare de nuevo en la presencia de su majestad —dije con cara ofendida.

—Creo que sabes exactamente lo que haces, pequeña —dijo Edward levantándome la barbilla con el pulgar. —Pero ya que te levantaste, podemos irnos, hay cosas que necesito hacer antes.

—¿Irnos? ¿A dónde?

—Tengo que hacer algunas cosas en el continente, y tu me acompañarás. Después de todo, sólo me quedan trescientos cincuenta nueve días.

Edward estaba claramente entretenido y su humor despreocupado le dio la apariencia de un adolescente coqueto que quiere deslumbrar a todas las de su clase.

La tensión, el miedo y el deseo de ambos se sentía en el aire. Me pareció que ambos nos habíamos sincronizado para sentir las mismas emociones, pero la única diferencia era que probablemente teníamos miedo por cosas diferentes.

El vampiro tenía las manos en los bolsillos de su pantalón oscuro y su camisa del mismo color, abierta por la mitad, me daba una vista a su perfecto pecho. Se veía sensual y apetitoso mientras el viento le revolvía aún más el cabello. Volví a sacudir la cabeza, desechando los pensamientos erróneos.

—Yo no voy a ir a ningún lado … —me atraganté al tratar de sonar molesta.

—No era una oferta —me miró furioso— Vamos.

Me tomó de la muñeca, recogió mis zapatos de la hierba y se dirigió al interior de la casa. Cruzamos un largo pasillo y nos encontramos en la entrada. Me frené en seco.

El horror de la noche anterior volvió a mí como una descarga eléctrica.

En un parpadeo, Alice se encontraba delante de mí, sus pequeñas manos acariciaban mis hombros en un gesto reconfortante.

Ambos me arrastraron hacia la camioneta negra que se encontraba a unos metros de nosotros. Pestañeé nerviosamente en un intento de salir de la pesadilla y recomponer mi postura.

—Creo que deberíamos cambiar la entrada —Alice le dijo a su hermano.— O la perderemos cada vez que intente salir de la casa.

—Su corazón está muy acelerado —declaró el vampiro con calma.

—Bella, tienes que calmarte o te daremos la medicina de nuevo —Alice me sacudió tratando de hacerme reaccionar. —No quiero que vuelvas a dormir por bastantes horas.

Edward me jaló y me puso en su regazo. Me abrazó, mi cabeza quedó recargada en su pecho a la altura de su corazón, sus dedos se enredaron en mi cabello acariciándolo rítmicamente.

—Cuando era pequeño, mi madre solía hacer eso —dijo en un tono suave. — La mayoría de veces ayudó.

Estaba lleno de contradicciones. Primero la personalidad de bárbaro insensible, peligroso, inobjetable y gobernado, pero a la vez su personalidad sensible, cariñosa y gentil. La combinación de todas estas partes me asustó y me fascino al mismo tiempo.

Después de un tiempo, estaba completamente calmada y mi corazón latía de forma constante. Nos subimos a la camioneta acomodándonos los tres en el asiento trasero. El vampiro le dijo algo en italiano al conductor y apretó un botón, lo que hizo que el cristal que teníamos delante se cerrara dándonos privacidad.

—Gracias —les susurré a ambos. —¿Dónde estamos?

La vista que pasaba por la ventana era hermosa, y noté que siempre era cuesta arriba.

—La casa está en las laderas de Taormina, y vamos rumbo a la ciudad —me respondió Edward sin apartar su vista del cristal.

—Ese es el Etna —Alice gritó emocionada señalando la hermosa montaña que se encontraba cruzando el mar. —La leyenda cuenta que Zeus solía esconder a Tifón ahí, un moustro de unas seis cabezas que aun trata de escapar.

—Así que —carraspeé— Tifón no se enamoró de Zeus es trecientos sesenta y cinco días.

Alice trató de ocultar su risa, Edward me miró furioso, y yo solo sonreí con malicia.


*Capo di tutti capi: es una expresión en italiano para referirse al jefe de jefes en las organizaciones criminales, primordialmente de la mafia.


¡Hola de nuevooooo! Honestamente no tengo mucho que decir jajaja Pero creo que hoy podré subir 3 caps. ¿Les agrada la idea?