¡Love, yes I Do!
By: HybridVirus

Disclaimer: Hetalia y sus personajes son pertenencia de sus respectivos dueños, solamente soy dueña de Rafaela y no hay ninguna ganancia con esto, más que darles amor a las relaciones de mi país con otros países; solo soy una fan que escribe para fans.

Pd: Se aceptan donaciones en PP :La descalabran:

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Capítulo XII

El ceño del pelirrojo se frunce levemente ante el silencio en la casa, ha pasado un rato desde la partida de sus suegros. Curiosamente la comida había pasado de un modo bastante agradable, a pesar de las miradas que la Sra. Díaz le arrojaría al joven matrimonio, cada vez que su suegro se encontraría distraído.

Así que la calma no le resultaba como algo extraño en este lugar, una casa tan grande con un solo inquilino era algo extremadamente silencioso. Pero eso había cambiado con la llegada de la segunda habitante de la edificación.

Es a causa de esto que el silencio le parece simplemente extraño, Rafaela siempre hacia algún tipo de ruido, por más silenciosa que intentara ser. Así que teóricamente debería de poder escucharla, aunque no se encontraran en el mismo cuarto.

–¿Rafaela?

El eco de sus pasos vuelve hacia sus oídos, mientras se acerca a la puerta de la habitación frente a la suya. El susurro de sus nudillos retumba entre la calma, para ser respondidos por un penetrante silencio, que le hace entrecerrar los ojos.

Sin anunciarse por una segunda vez Allister abre la puerta, para encontrarse con la habitación que le ha entregado a Rafaela.

Sus ojos se entrecierran porque a pesar de que todo está acomodado y ordenado, la cama se encuentra sin ser hecha y el escritorio en la esquina se desborda por completo de papeles.

Haciéndole saber que su esposa ha estado trabajando en algo por ratos. ¿Quizás ha tenido que salir hacia la oficina? Pero… ¿Por qué no le ha dicho nada al respecto?

Los ojos del escoces se posan sobre el pequeño resplandor rojizo, que proviene del oscuro balcón donde la puerta corrediza se encuentra cerrada. Haciéndolo que camine hacia las cortinas, para moverlas y arquear una ceja ante la visión de la mujer que se encuentra tendida en el suelo, con un cigarrillo entre sus dedos.

–¿Qué estás haciendo?

Pregunta el joven con un tono que es una clara mezcla, entre incredulidad y gracia. Los pies de Allister se mueven procurando no acercarse a Rafaela, para cerrar el cristal detrás de él y apoyarse en la baranda del balcón, al mismo tiempo que saca sus propios cigarrillos de su bolsillo.

Es curioso porque el silencio reaparece en ese mismo instante, pero esta vez no parece llevar consigo ningún tipo de opresión. Puede disfrutar de la brisa que acaricia su piel, y de la compañía cuyas expectativas de su persona, le resultan como algo más agradable, que todo lo que su familia espera de él.

–Tenía mucho tiempo sin ver las estrellas, en el departamento no había espacio para hacer algo así.

Los ojos de Allister se posan sobre la silueta en el suelo, percatándose por fin de lo relajada que se ve Rafaela a diferencia de esa vez, que llego llorando a su oficina. Los pasos del joven lo llevan hacia su tranquila compañía, para seguir el ejemplo de la mexicana y recostarse a su costado en el suelo.

Un suave 'hmm' escapa de los labios de la ojimiel, mientras se recorre hacia el costado para hacerle un poco más de espacio al europeo. Uno de los brazos de Allister se coloca detrás de su cabeza, al mismo tiempo que acepta el cigarro que le es ofrecido para encender el suyo.

–Podemos arreglar el jardín, y así no tendrías que hacerlo aquí.

El jardín era otra de las tantas pruebas, que en verdad nunca se había preocupado por dedicarle tiempo a la propiedad. No era verdaderamente necesario, pues solo la usaba para dormir y no quería dedicarle tiempo al lugar, en el que tendría que vivir junto a Natalia.

Quizás por eso es que le parecía tan extraño, el estarlo compartiendo con Rafaela. Cuando compro la propiedad en un intento, por no ceder la casa familiar a una completa extraña… Jamás habría pensado que se las ingeniaría, para acabar casándose con quien debió de ser su esposa desde el principio.

–No seas exagerado, ¿Ya no recuerdas como hacíamos esto en el césped de tu casa?

Una divertida exhalación escapa de su nariz, porque si recuerda a la perfección esas noches en las que mirarían las estrellas, también la forma en que su padre los dejaría pasear por el jardín, donde terminarían rodando por la hierba después de empujarse el uno al otro, cuando los adultos se encontraban entretenidos en otras cosas.

Si debía de ser honesto… esto era mil veces preferible, a terminar casado con Natalia. Rafaela podía ser insolente e incluso, problemática sobre algunas cosas. Pero era algo con lo que Allister ya sabía lidiar, era sencillo ver cuando algo la molestaba y por lo mismo sabia como resolverlo sin gran problema.

–Eras odiosa, ¿Cómo podría olvidarlo?

Los ojos de Rafaela se posan en la ligera sonrisa, que se encuentra sobre los labios del escoces. Arqueando la ceja al ver la forma, en que Allister gira el rostro para poder mirarla a los ojos, erizándole así la piel ante las emociones que cree distinguir ahí.

Pero que seguramente se está imaginando… porque toda la vida, se han dedicado a fastidiarse el uno al otro. Es prácticamente una segunda naturaleza, que han adoptado desde que son niños.

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El silencio entre ambos se torna en algo apacible y agradable, algo que no tiene que ser roto por palabras innecesarias. Porque se conocen gracias a todo el tiempo que han pasado juntos desde pequeños, así que es sencillo para ambos saber…

Cuando el contrario tiene algo en su interior, porque siempre serian la única opinión honesta que encontrarían entre las presiones y las inseguridades.

La sensación de una mano presionándose discretamente contra la suya, la hace respirar temblorosamente porque sabe, que Allister no hace cosas de este tipo… a no ser que haya una razón detrás de sus acciones.

Sin detenerse a pensarlo demasiado, la extremidad de Rafaela se aferra con cuidado a la pálida mano, sin presionar mucho sus dedos contra los del escoces.

–Necesito saber si eres consciente de que… ¿Nunca fue mi intención lastimarte?

Los dedos del europeo se entrelazan con los suyos, dejándola respirar finalmente porque no quiere presionar más de lo que debe. Siempre ha existido una delgada línea entre ellos, una que divide a la mitad su curiosa amistad y el deber que ambos tienen con su familia.

Quizás sea el momento adecuado de detenerse a pensar… ¿Qué es lo que son? Los ojos de Rafaela se entrecierran en un claro gesto de duda, porque tiene una idea de a que se refiere su esposo.

Pero no por eso le piensa hacer la vida sencilla, él mismo dijo que era una odiosa y eso no había cambiado mucho con el paso de los años.

–¿A qué te refieres Kirkland?

Los dedos de Allister se aferran a su mano, en un intento por encontrar las palabras correctas. Podría haber ignorado el elefante en la habitación, pero una parte de él dice que cuando Rafaela se entere de eso, que le ha ocultado intentando no lastimar sus sentimientos y su orgullo, va a terminar durmiendo en el jardín.

Quizás no sea una mala idea colocar un área techada, en caso de que alguna situación que la haga enojar de verdad ocurra en el futuro. Un hombre prevenido vale por dos, así que empezara a hacer los preparativos mañana.

–Cuando mi madre me dijo que serias infeliz, me detuve a pensarlo y supuse… que estaba en lo correcto.

Los orbes miel se posan sobre la tensa quijada del pelirrojo, no hay forma de negar la tensión en su cuerpo y de que puede escuchar sus dientes crujir.

Sin duda alguna recordar esas cosas, los hace sentir molestos a ambos porque podrían haberse ahorrado muchas situaciones, si tan solo hubieran seguido el plan original de sus padres.

–Mi padre no pasaba mucho tiempo en casa, y pensé que pasarías por lo mismo que ella a mi lado…

La mirada de la joven se desvía de la silueta de su acompañante, pero aun así se asegura de presionar la mano que sujeta con sus dedos. En lo que espera sea un claro gesto de apoyo, porque sabe que para Allister no es sencillo decir estas cosas.

No cuando ambos saben la tristeza, que se oculta detrás de la historia del matrimonio Kirkland Jones.

–Nunca quise que te casaras con Alfred, pero los gemelos se rehusaron y Arthur… bueno sabemos que él es incapaz de desobedecer a mi madre.

El labio inferior de Rafaela se hunde entre sus dientes, al saber la razón detrás de ambos pelinaranjas a rehusarse a semejante acción.

Una que parece que sus hermanos no compartieron con él, lo cual le resulta como algo bastante sensato porque ni siquiera ella misma, la puede aceptar como algo verdadero.

–Te aseguro que mi decisión, no tuvo absolutamente nada que ver con Natalia…

Un repentino vértigo se apodera de su estómago, porque ese nombre le trae recuerdos muy desagradables. En los que aparece su exesposo, y una de las hermanitas de un viejo amigo que hizo en la universidad.

La europea ya se inmiscuyo en su vida una vez, entonces… ¿Qué diablos tiene que ver Natalia Braginski, en su segundo matrimonio?

La mirada esmeralda se posa sobre las furiosas gemas, pertenecientes a la mujer que se encuentra jalando su mejilla para que la mire a los ojos.

Allister no hace nada más que suspirar con la nariz, porque ahí está la furia que reconoce de sobra. Esa que sabe que no puede ser calmada, mientras Rafaela no le quiera escuchar.

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La diestra de Allister se aferra a la extremidad que Rafaela no deja de jalar, en un claro intento por escapar de su agarre. Pero no hay forma en la que le permita huir, antes de que le dé una oportunidad para explicarse.

Ni siquiera le ha dicho nada aun, y la mujer ya está reaccionando como un furioso animal arrinconado. Preparándose para escapar ante el menor descuido de su parte.

La siniestra de Allister se asegura de atrapar el otro brazo de la latina entre sus cuerpos, al mismo tiempo que la atrae hacia su pecho en un intento, por controlar a la quejumbrosa mujer. Que no deja de mirarlo de la misma forma, en que su madre lo hizo toda la tarde.

–¿¡No jodas Allister, estabas comprometido cuando nos casamos!?

Es curioso que este tipo de miradas de parte de la Sra. Díaz e incluso de Natalia, no provocarían ninguna clase de emoción en su persona. Pero le resultaba bastante notorio, que no podía decir lo mismo cuando quien lo hacía era su esposa. Quizás fuera porque a diferencia de las otras, sabía que Rafaela podía ser peligrosa… si debía de ser eso.

Esa es la única explicación razonable… porque la otra seria, que sentía algo por la odiosa chiquilla que le hacia la vida imposible. Y eso era simplemente burdo, absurdo, insulso e incluso ridículo… además de inaceptable.

Las manos del pelirrojo relajan su agarre un poco, porque puede ver ese gesto que sabe a la perfección antecede las lágrimas de la mujer. Maldición, no tenía ni una semana de haberse casado y ya la estaba haciendo llorar.

¿No se supone que su palabra valía oro, como diablos había roto su promesa con el paso de apenas unos cuantos días?

No, seguramente esto era un chantaje… porque recordaba a la perfección como Rafaela acostumbraba hacer eso, para conseguir lo que quisiera de él cuando eran niños y así evitar que lo acusara con su padre.

Los ojos del europeo se entrecierran en un deje de molestia, porque no se puede permitir pensar que está siendo suave con ella, porque se sienta mal gracias a sus acciones. No, seguro es el recuerdo de que cuando eran niños, tenía que pasar días comportándose bien por haberla hecho llorar.

No, no tenía absolutamente nada que ver con eso, estaban juntos porque así lo habían decidido sus padres, y eso era la realidad. No había nada más ahí… estaba totalmente seguro de eso. No tenía nada que ver con que Rafaela, había sido su primer todo desde que eran unos chiquillos.

–No fue por mi propia decisión, apenas tú y Alfred estuvieron casados. Mi madre me informo de esto.

Gruñe entre dientes el ojiverde, al mismo tiempo que intenta evitar la clara intención de la americana, porque su cabeza le dé un golpe en la quijada.

Quizás debió esperar un poco más para decirle esto… No, si se enteraba por otra parte, las cosas se pondrían mil veces peor, solo tenía que esperar hasta que Rafaela se cansara.

Solamente cuando no pudiera moverse, ni fuera capaz de seguir intentando pelear en su contra, es en el instante que podría razonar con ella sobre esto.

Primero tenía que dejarla sacar la molestia en su interior, después podrían hablar tranquilamente como un par de adultos razonables, que saben que se casaron por su paz y bienestar…

Y no porque usaron esto como una excusa, porque ninguno de los dos es lo suficientemente maduro para aceptar que se aprecian… y se quieren el uno al otro.

–No pude rehusarme a causa de un contrato, pero necesito que entiendas… que te aprecio y prefiero mil veces estar contigo, que con Natalia el resto de mi vida.

El cese de movimiento junto a la sed de pelea de su esposa, es tan repentino que el mismo Allister jura que una parte de él le dice, que enserio hay algo peligroso en el ambiente. El silencio que antes era algo realmente agradable, pasa a convertirse en algo sofocante y abrumador.

Continuara…

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Hybrid-Virus

Yo! Buen día lectores, espero que estén pasando una excelente mañana. A que no se esperaban una actualización doble para esta historia. Pues sorpresa para todos, espero que esto sea algo grato para disculparme por mi ausencia. ;D

Uff finalmente tenía que haber drama con estos dos, porque no todo puede ser miel sobre hojuelas para el matrimonio, que se rehúsa a aceptar que enserio se quieren.

El fantasma de Natalia es algo que va a seguir a estos dos, por un buen de tiempo porque como bien dice Allister, su compromiso fue fijado por su madre después de sacar a Rafaela de la ecuación.

Romper un contrato que afectaría a la compañía, es algo que Allister obviamente no haría. Así fue como termino atado a Natalia, pero gracias a las acciones tanto de ella como Alfred, pudo zafarse del mismo antes de que todo quedara finalmente plasmado en papel.

Al casarse con Rafaela Allister afianza su libertad, y dominio sobre la parte de la compañía que le pertenece a su padre. En pocas palabras, la madre de Allister se queda atada de manos, y así la familia de Natalia no puede hacer nada al respecto.

Ya que sería mil veces más escandaloso que se supiera, la verdadera razón por la que Allister decidió desechar su compromiso, y optar por casarse con otra persona. (Claro hombre, porque no es escandaloso que te casaras con tu cuñada). Así que podemos decir que casarse, era lo más conveniente tanto para Allister como para Rafaela.

Sin embargo, ambos mencionan que estaban juntos por sus padres, algo que ya no es una realidad. Porque esta decisión es completamente de ellos, por lo que en algún momento van a tener que aflojar, y aceptar que se eligieron por algo más que simple "Comodidad", aquí la incógnita verdadera es ¿Cuál de los dos cederá primero?

Sin más por el momento, dejen un review y nos vemos en la próxima actualización.

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