Hola, debo avisarte que la historia contiene temas delicados; secuestro, sexo explícito, síndrome de Estocolmo, mafia, drogas, asesinatos, y más.

Si decide seguir leyendo, es tu responsabilidad, y quiero aclarar que yo no obligo a nadie a continuar. Por favor, toma la historia con madurez y espero que seas consiente que es solo una historia más de ficción. Espero que lo tomes con madurez.

Twilight es de Stephanie Meyer, 365 DNI es de Blanka Lipińska. Yo solo me divierto con ambas historias y personajes.


Isabella (POV)

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El Restaurante al que vinimos con Jacob estaba a pocos kilómetros de Taormina, desdé ahí podías notar todos los puntos importantes de la ciudad. El pueblo que estaba en las rocas era uno de los puntos que habíamos planeado para el recorrido.

De pronto la nostalgia y la rabia me invadieron. ¿Y si Jacob, Sam y Leah están siguiendo el plan? ¿Y sí nos encontrábamos con ellos? ¿Cómo actuarían? ¿El vampiro los asesinaría, tal y como hizo con aquel hombre?

Sacudí mi cabeza para alejar esos pensamientos, y me removí inquieta en mi asiento, lo cual, por supuesto, no pasó desapercibido para Edward.

—Salieron de la isla ayer —dijo cómo si leyera mis pensamientos. ¿Cómo supo que pensaba en eso? Lo miré interrogante, pero ni siquiera se dignó a mirarme.

Sentí una pequeña mano tomar la mía, me sobresalté un poco por el gesto, pero mi mirada buscó los ojos de Alice. Ella me miraba con una pequeña sonrisa alentadora, y dio un suave apretón. Le sonreí agradecida.

El trayecto fue relativamente corto, a pesar que el silencio que nos rodeaba, no fue para nada incómodo. Cuando por fin llegamos a la ciudad. Los turistas y los locales le inyectaban vida a la ciudad, las calles estrechas y pintorescas abarrotadas con cientos de restaurantes y tiendas exclusivas y costosas que me llamaban. ¿Marcas así de exclusivas en un lugar que se encontraba prácticamente al fin del mundo?

El coche se detuvo y el conductor salió para abrirnos la puerta, el vampiro me ayudó a salir del todoterreno que, debo admitir, era bastante alto para mí. Me giré a mirar a Alice y casi me parto de risa ahí mismo. El escalón le llegaba casi a la altura de la cadera, y un saltó así para ella era cómo saltar de un acantilado, sorprendentemente tenía más agilidad que yo, y con un suave impulso, sus pies tocaron el suelo con la delicadeza de una bailarina de Ballet.

Después me di cuenta de que nos acompañaba otro coche, del que salieron tres hombres vestidos de negro. Edward no les tomó importancia y tomó mi mano para arrastrarme a una de las calles principales. Sus hombres nos siguieron a una distancia que se suponía no debía llamar la atención. Algo bastante grotesco, si de verdad no querían ser vistos, una ropa más casual habría sido estupendo, aunque claro esconder una pistola habría sido difícil.

La primera tienda que visitamos fue la boutique de Robert Cavelli. Cuando cruzamos el umbral, la vendedora se nos lanzó casi corriendo, dándonos la bienvenida. Un elegante hombre salió de la parte de atrás y saludó a Edward y a su hermana con dos besos en la mejilla, mientras le decía algo en Italiano, luego se volvió a mí.

—Bella —dijo agarrándome las manos. Irónicamente dijo mi nombre y me hizo un cumplido que me sonrojó.

—Mi nombre es Antonio, y te ayudaré a elegir el vestuario adecuado —comenzó a hablar en mi idioma.—Talla 36, me parece.

—A veces 34, depende de la talla del sostén —le sonreí— No fui muy bendecida —dije risueña señalando mis pechos.

—¡Oh cielos! —Antonio gritó. —A Roberto Cavalli le encantan estas formas. Vamos dejemos que Don Cullen descanse y espere las consecuencias de pedirme ayuda.

Edward se sentó en el sofá de tela plateada que parecía satén. Antes de que sus nalgas tocaran la almohada, ya había una botella de Perignon de la casa, fría y esperando ser servida. Alice me sonrió y me empujó a los vestidores.

Antonio nos llevó docenas de vestidos, y Alice se encargó de ponerme uno por uno. Ante mis ojos solo volaban las montañas de ropa que se pasaban entre ellos. La pila de ropa que me habían preparado, se podía comprar con un piso en Seattle. Durante más de una hora, Alice me obligaba a salir del vestidor y modelar la ropa que me ponía. Pero me vi satisfecha cuando los cambios que había decidido que me gustaban, fueron empaquetados en hermosas cajas y bolsas.

En las siguientes tiendas, la situación fue muy similar; Una calurosa y eufórica bienvenida y un sinfín de cambios de ropa que pasaban por mi cuerpo. Prada, Louis Vuitton, Chanel, Louboutin, en todas las tiendas pasábamos mínimo una hora.

Edward se sentaba y hojeaba el periódico o las revistas, hablaba por teléfono o revisaba algo en su Iphone. No parecía interesado en mí para nada. Por un lado me alegre, pero por otro lado era molesto. Esta mañana no pudo alejarse de mí y ahora tiene la oportunidad de verme modelar cada una de estas maravillosas creaciones de diseñadores reconocidos y parece que no tenía ganas de hacerlo.

Por supuesto que no iba a permitir que desalentara mi idea de estar mimada y divertida cómo Julia Roberts en Pretty Womman. Casi podía escuchar la canción de fondo, casi.

Victoria´s Secret nos saludó con alegres tonos de rosa, ese color estaba en todas partes, en las paredes, en los sofás, las vendedoras. Me daba la impresión de que había caído en una máquina de algodón de azúcar y estaba a punto de vomitar.

—Esta es la última tienda, ya no tenemos más tiempo —Edward le dijo severamente a Alice, ella pareció decepcionada pero sonrió con malicia.

Me quedé de pie mientras la veía correr de un lado a otro mientras arrastraba a más de una vendedora. Ellas ágilmente atrapaban cualquier cosa que Alice les lanzara y las ponían en el mostrador.

—Ven, Bella —la duende me llamó mientras me invitaba a entrar al vestidor. Cuando entré había grandes montañas de trajes de baño y ropa interior. — No tienes que probarte todo, sólo quiero saber si la talla que elegí es la correcta.

Se desvaneció a la vez que deslizaba una pesada cortina rosa que me separaba del resto de la tienda. Miré recelosa la montaña de telas y encajes junto a mí.

¿Para que necesito tantas bragas? No creo que haya tenido tantas en toda mi vida.

Me enredé en el montón y noté cierto patrón, encaje, encaje fino, encaje grueso, encaje, y quizás algo de algodón. Genial, sonreí con ironía. Elegí un conjunto de encaje de color azul eléctrico, estaba combinado con seda. El sujetador se ajustaba perfectamente a mis pechos pequeños. Descubrí que aunque no era una Jessica Rabbitt, mi busto se veía muy tentador. Me incline y deslicé mis piernas por el encaje de la media tanga. Mientras me enderezaba vi a Edward detrás de mí. Se apoyaba en el vestidor, con las manos en los bolsillos y me miraba de arriba abajo.

Me giré hacia él con enfado.

—¡Largo! —chillé enfadada— Largo o si no…

—¿O si no que? —me miró retadoramente. Nos quedamos unos momentos mirándonos fijamente, ambos nos tirábamos dagas con los ojos, pero ninguno parecía ceder.

Caminé sensualmente hacia el —O te garantizó que será la última vez que lo veas. —le amenacé.

Me tomó de la barbilla y me empujó hasta el fondo del vestidor. Estaba paralizada, su cuerpo bloqueaba cada uno de mis movimientos. Su pulgar rozaba mis labios con tranquilidad, por supuesto que solo quería mostrarme su dominio.

—No te muevas —gruñó. Me miró de arriba abajo y gimió en silencio. —Estas guapa —siseo entre dientes.

—Yo lo elegí y yo decido cuando verlo —me ronroneo en el oído. Me soltó y salió dejándome con las palabras en la boca.

Me quedé allí un rato, con algo de enfado y de felicidad. Por fin comenzaba a entender las reglas del juego y ya había encontrado unos puntos sensibles de mi oponente.

Me puse mi vestido. Tomé el conjunto que había usado y salí del vestuario con ella. La vendedora llegó hasta mí corriendo pero yo la pasé con indiferencia. Vi a Edward de pie hablando con su hermana.

Llegue a su lado y le lancé el conjunto de encaje.

—¡Ya la puedes ver! —le chillé y salí enojada de la tienda.

Los tres hombres de seguridad ni siquiera se movieron cuando los pasé. Sólo miraron a Edward y se quedaron de pie. Corrí a través de las calles llenas de gente, cuestionándome que estaba haciendo en realidad. Vi unas escaleras entre dos edificios, gire y corrí hacia ellas, volví a girar en la primera calle que encontré y después de un rato vi otra escalera. Subí aún más alto y me encontré a dos cuadras más lejos de donde me escapé.

Vi a dos policías que avanzaban en mi dirección. Volví a correr hacia ellos mientras maldecía mis zapatos, mi calzado era hermoso, pero no era apropiado para correr.

—¿Pueden ayudarme? —les dije agitada— Me secuestraron, ¿Pueden ayudarme?

Ellos me miraron sorprendidos y comenzaron a mirarse entre ellos.

—Buongiorno signiore —el mayor habló mirando por sobre mi hombro. Le hizó una señal a su compañero y ambos se alejaron del lugar.

No puedo soportar un año así, pensé mientras me giraba temerosa.

—Creo que te perdiste, muñeca —Edward volvió a mencionar esas palabras, recordándome el día que lo conocí. Se acercó tranquilamente hacia mí.

—Si querías correr, quizás debiste considerar un cambio de calzado —dijo divertido. —A veces es inútil luchar, nena. Tienes que aceptar la situación.

Reprimí el impulso de rodar los ojos. El vampiro me ignoró y siguió hablando.

—Puedes volver difícil este año para ambos, o puedes ser parte de la aventura que el destino te dio.

—No fue el destino —siseé molesta— Fuiste tú —me acerqué molesta en su dirección.

—A veces debes crear tu propio destino —se encogió de hombros. —Debemos volver a casa. ¿Quieres correr hasta allí o nos ahorramos ese esfuerzo? Los chicos están más en forma que yo.

Sabía que no tenía más remedio que volver con él, pero por un segundo, sentí que lo hacía porque en verdad quería hacerlo.

—Debemos regresar ahora. Hay un gimnasio y una piscina en casa. Si deseas ejercitarte hay mejores y más cómodas maneras de hacerlo.

Me extendió la mano pero lo ignoré y bajé las escaleras donde hasta donde estaban los hombres de seguridad esperándonos. Los pasé con una cara de desaprobación y me acerque a la camioneta. Entre y di un portazo.

—Eso fue… entretenido —dijo Alice a mi lado, su sonrisa burlona se parecía a la de su hermano. Yo me hundí en el asiento enfurruñada.

Edward de unió unos minutos después, y pasó todo el viaje de regreso hablando por teléfono. No tengo idea de que tema era, el italiano no era tan sencillo a pesar que entendía unas pocas palabras. Pero su tono tranquilo y objetivo decía que no era nada grave.

La puerta del coche se abrió un joven de cabello rubio y un porte casi militar extendió su mano para ayudar a bajar a la duende, después me ayudó a mí. Corrí al edificio sin mirar el lugar que había sido mi pesadilla desde anoche. Alice venia corriendo detrás de mí.

—Error —dijo risueña cuando giré en la puerta equivocada.

La miré agradeciéndole la pista y seguí corriendo por la casa.

—A la izquierda, Bella —me dijo antes de que girara el ultimo pasillo erróneamente. Por fin pude llegar a mi habitación.

—En un momento Emmett traerá toda la ropa que compramos hoy. ¿Necesita algo más? —preguntó mirándome atenta.

—Sí, me gustaría una copa antes de la cena.

La mujer italiana sonrió y me guiñó un ojo, luego desapareció por la oscuridad del pasillo.

Entré al baño, me quité el vestido y cerré la puerta. Me paré en la ducha y abrí el agua fría. Fue cómo tocar el cielo, mis músculos se relajaron y mi piel se refrescó. Me lavé el pelo, me puse acondicionador y me recargue en la pared. Tuve un momento para pensar en lo que pasó esta mañana, y lo que pasó en la tienda. Estaba confundida, Edward era tan complicado e impredecible.

Me sentí deslumbrada, realmente no tenía nada con que pelear y nada que me motivara a huir. En Seattle ya no me esperaba nada, pero no perdí nada, porque realmente nunca lo tuve. Ahora solo podía dejar que la corriente me arrastrara.

Es momento de aceptar la situación, Isabella—mi voz interior resonó en mis oídos. —Tienes a un sexy y millonario italiano a tu disposición —rodé los ojos, mi yo interna puede ser muy diferente a mí — ¡Gózalo!

Quizás la otra Isabella tenía razón, si voy a permanecer un año en esta situación, quizás podría sacar provecho. Sonreí maliciosamente mientras hacia un pequeño baile de alegría. Cuando me tranquilicé, me enjuagué y me envolví en una toalla para salir del baño.

Docenas de cajas y bolsas llenaban el dormitorio, y me sentí superada por la emoción de verlas. Tenía un plan.

Encontré el logó de Victoria´s Secret y saqué el conjunto de encaje azul. De la caja de a un lado saqué un vestido corto y trasparente de color negro. Tomé la botella de champagne que estaba junto a la chimenea. Me serví una copa y lo vacié en solo un suspiro. Me serví otro poco y saqué los cosméticos.

Cuando terminé, mis ojos estaban sutilmente marcados y mi piel blanca tenía una ligera capa de maquillaje, mis labios brillaban por el carnoso lápiz labial de Chanel. Había secado mi melena castaña y la sujeté en un moño alto.

—Bella, la cena está lista —la voz de Emmett resonó detrás de la puerta.

—Dame dos minutos —grité.

Me puse la ropa interior, el vestido y mis tacones altos sin tiras en las piernas. Me paré frente al espejo y sonreí. Me veía divina, el vestido me quedaba como guante, el encaje resaltaba entre la fina tela del vestido. Me veía elegante y provocadora.

Me bebí una tercera copa del líquido burbujeante y decidí que estaba lista.

Salí de la habitación y Emmett abrió los ojos exageradamente, tomó mi mano y me hizo dar una vuelta sobre mis talones.

—Te ves… luces… ¡Wow! —balbuceó buscando la palabra correcta.

—Sí, sí… Lo sé. Gracias —respondí mientras le giñaba un ojo coquetamente.

—Esos tacones están de infarto —susurró y me ofreció su brazo. Lo tomé y me dejé arrastrar por el pasillo.

Salimos a la terraza donde desayunamos hoy. Estaba iluminado por cientos de velas, Edward estaba parado detrás de la mesa, mirando hacia otro lado. Solté el enorme brazo del hombre que me acompañaba.

—Seguiré sola —le dije sin despegar mis ojos de Edward. El enorme joven italiano desapareció sin decir ninguna palabra.

Al escuchar el sonido de los tacones golpeando contra el suelo de piedra, mi acompañante se dio la vuelta. Llevaba pantalones negros de vestir y una camisa del mismo color con las mangas arremangadas. Observó cada paso que dí. Con sensualidad me senté en un extremo de la mesa y lo miré intensamente.

—¿Me servirías un trago? —pregunté mordiéndome el labio inferior.

—Te ves maravillosa —dijo en un suspiro.

—Tengo hambre —hablé mientras le echaba una mirada aburrida. Con su cuchara golpeo suavemente su copa y una mujer de cabello caramelo, vestida con un delantal blanco se acercó a servirnos. Se acercó a mí y su rostro en forma de corazón me sonrió amigablemente.

—Espero que te gusté, Bella. —su voz era tierna— Preparé comida italiana especialmente para ti.

—Gracias —susurré perdida en sus cálidos ojos. La mujer se apresuró a servirle a Edward, él también le sonrió con agradecimiento.

Comimos en silencio, la comida era deliciosa y delicada y de vez en cuando noté al vampiro dándome miradas. Después del postre me recargué en mi silla y tome una copa de vino en mi mano, mientras miraba a mi acompañante con interés.

—Así que… —dejé la frase al aire. —Por lo que sé, todos hemos visto "El padrino", aunque no sé cuánta verdad hay en esa película sobre ti.

—¿Sobre mí? —preguntó sorprendido. —No hay nada ahí sobre mí.

—¿A que te dedicas?

—Hago negocios — dijo receloso.

—Edward, esperas que durante un año obedezca tus órdenes y acepte que me cortejes. Creo que tengo el derecho de saber en qué me meteré

—Tienes derecho a saber lo que necesitas —sorbió un trago de su copa— Soy el director de una corporación, tengo compañías, hoteles, restaurantes, clubes… Fui elegido cabeza de esta familia tras la muerte de mi padre. No es lo que pedí, no tuve alternativa.

—Yo tampoco hubiera venido a Sicilia —dije molesta.

—Eso va a cambiar —afirmó con seguridad. —Sólo necesito que me ayudes un poco.

—¿Ayudarte? —pregunté confundida.

—Es que ya no tengo la fuerza para alejarme de ti, Isabella, —dijo levantándose de su asiento y acercándose a mí. La diferencia entre éste momento y los anteriores donde lo tuve cerca, era que ahora solo sentía curiosidad y emoción, no había miedo en mi sistema.

—Enséñame a ser amoroso contigo. Enséñame a enamorarte. —susurró frotando sus dedos en mi mejilla. —Enséname a ser el hombre que deseas.

Sus ojos verdes me miraron. Pude notar que su mirada se volvía cristalina, los músculos de su rostro se relajaron, parecía que le habían quitado varios años de encima. Pero su expresión parecía estar cubierta de miedo y dolor.

—Isabella —sus labios pronunciaron mi nombre cómo una caricia. —Ya no tengo la fuerza para dejarte ir.

Me congelé. Un hombre tan peligroso, tan poderoso y fuerte, me estaba pidiendo permiso, amor y afecto.

Inconscientemente mis manos viajaron por el aire hasta tocar su rostro. Las comisuras de sus labios se levantaron en una sonrisa torcida.

—Tu celular y tu laptop te están esperando en tu habitación —abrí la boca para decir algo, pero él levantó la mano sin dejarme empezar. — Antes de que interrumpas te diré como será.

—Llamarás a tus padres, y les dirás que te han ofrecido un nuevo puesto en uno de los mejor hoteles de Sicilia. Y que tu prueba durará un año, ese fue el trato. De esta manera no tendrás que mentir, demasiado. Tus pertenencias ya fueron sacadas del apartamento de Jacob, así que no te preocupes por eso.

—¿Algo más? —le pregunté impactada.

—Si consideras necesario visitar a tu familia, supongo que tendré que viajar contigo.

Lo miré cómo si tuviera un tercer ojo. Resignada a que no podría hacerlo cambiar de opinión, me levante de la silla y me dirigí al jardín. El césped estaba húmedo y el aire tenía un ligero aroma y sabor a mar. Caminé en la oscuridad y llegué al sofá en el cual tomé una siesta en la mañana. Sabía que él no resistiera la tentación y me seguiría.

—Te sientes bien aquí, ¿Verdad? —preguntó sin acercarse demasiado a mí.

En realidad, tenía razón. No me sentía extraña, inadaptada, al contrario, era como si hubiera pasado toda mi vida aquí. Además ¿qué chica no querría estar en ésta hermosa casa, con servicio y comodidades personalizadas?

—No tengo salida, así que sólo me resigno a aceptar la situación —respondí encogiéndome de hombros.

El sonido de su celular nos sacó de un silenció tranquilo. Edward miró la pantalla y se dispuso a responder. Con un paso tranquilo me acerqué a la casa. Estaba cansada, un poco borracha y confundida. Me llevó un tiempo pero finalmente llegué a la habitación y me dejé caer sobre la cama. Ni siquiera sentí cuando Morfeo me arrastró al mar de los sueños.

Me desperté sintiendo la calidez del sol en mi rostro. Una mano pesada se ceñía a mi cintura. Varios flashes de las últimas noches me asaltaron con la realidad.

Estaba durmiendo junto a Edward, su torneado brazo mantenía su agarre en mi cintura, su cara estaba cubierta con pequeños mechones de su bronce pelo, y su cuerpo, tenía el torso desnudo, pero permanecía con los pantalones de la noche pasada.

Se ve delicioso —mi voz interna se relamió los labios. Asentí dándole la razón.

Todo era maravilloso, pero, ¿Qué hace él aquí?

Tenía miedo de moverme y que se despertará, pero debía ir al baño.

Comencé a deslizarme con cuidado, levanté su mano con suavidad, él se removió y se dio la vuelta para seguir durmiendo.

Me levanté de la cama y me dirigí hacia la puerta del baño. Cuando estuve frente al espejo, me incliné a verme a mí misma. El maquillaje sin lavar formó manchas horriblemente negras bajo mis ojos, mi intento de peinado elegante ahora parecía un nido de pájaro.

—Siempre tan cuidadosa, Isabella —me regañé mientras trataba de limpiar las manchas alrededor de mis ojos con una bola de algodón. Cuando terminé, me desvestí y fui a la gran ducha.

Abrí el agua y me sumergí bajo la ducha. Mis músculos se comenzaron a relajar con el contacto del agua caliente. Mi piel se sentía más fresca y relajada. En ese momento, la puerta se abrió y Edward se asomó.

Disimuladamente mis ojos se posaron sobre él. Estaba mirándome sin la menor vergüenza.

—Buenos días, nena —me sonrió adormilado. —¿Puedo unirme a ti? —preguntó limpiándose los ojos perezosamente. En un primer momento, quise acercarme a él y darle una paliza para echarlo del baño. Pero, por la experiencia que he adquirido los últimos días, sabía que no funcionaría y que su reacción sería violenta y no muy agradable para mí. Así que opté por otro plan.

—Claro, entra —le dije sin emoción mientras esparcía jabón por mi cuerpo.

Edward dejó de frotarse los ojos y me miró con cautela. Se quedó de pie como si algo lo hubiera atorado en el marco de la puerta. Supongo que no estaba seguro de lo que escuchó salir de mi boca y por su expresión, ciertamente no estaba preparado para ello.

No puedo cambiar el hecho de que él entró y me vio desnuda, pero al menos puedo mirarlo sin ropa.

Edward se acercó lentamente al cuarto de baño. Yo me recosté contra la pared mientras ponía otra porción de gel de baño en mi cuerpo. No le quitaba la vista de encima a Edward, lo miré de tal manera cómo él lo hacía conmigo. Después de un tiempo me di cuenta que sólo estaba enjabonando mis pechos, y lo he estado haciendo durante más tiempo del que debería.

—Antes de quitarme los pantalones, tengo que advertirte que soy un tipo normal, es de mañana y estas desnuda, así que… —se encogió de hombros mientas se quitaba los pantalones. Su boca se curveo con una torcida e inteligente sonrisa.

Con esas palabras, mi corazón saltó hasta mi garganta. Agradecí a Dios que estaba de pie en la ducha porque esa información me mojó en un segundo.

¿Cuándo fue la última vez que tuve sexo? Bueno, con Jacob, pero era algo ocasional. Así que no he tenido el placer de alguien durante semanas. Y creo que se me estaba acercando la ovulación y las hormonas me estaban pasando una mala jugada.

"Qué tortura" mi voz interior se quejó. Tragué en seco y giré las manijas para que el agua se volviera fría.

Me excitó verlo, hasta los músculos de mi cuerpo se encogieron sin querer. Por mi propio bien y seguridad, cerré los ojos y me deslicé bajo el agua fría, simulando enjuagar la piel con jabón. Desafortunadamente, ésta vez la temperatura no ayudó, y el agua parecía estar sólo tibia.

Edward entró en la cabina y abrió la ducha que estaba al lado mío. En total había cuatro duchas detrás del cristal y un enorme panel de masaje de agua.

—Nos vamos hoy —el vampiro comenzó casual —Iremos a algunas fiestas cerca de la playa, en algunos eventos oficiales y otras cosas, así que tómalo en cuenta a la hora de hacer la maleta. Alice te va a ayudar.

Escuché lo que dijo, pero no centré mi atención a sus palabras. Intentaba alejar mis ojos y concentrarlos en algo más, pero la curiosidad era más fuerte. Giré mi cabeza y vi a Edward apoyado contra la pared con ambas manos, dejando que el agua corriera por su cuerpo. La vista era impresionante, sus piernas desnudas se movían con impaciencia, sus músculos abdominales eran dignos de un Dios griego.

En ese momento, mi vista dejó de vagar por su torneada figura y se posó en un punto. Una imagen apareció frente a mis ojos, lo que más me asustaba. Su hermosa y extraordinariamente gruesa polla sobresalía como una vela clavada en el pastel que me regalaron en el hotel el día de mi cumpleaños. Era perfecto, no muy largo pero grueso, simplemente perfecto.

Me quedé así en chorros de agua helada y a duras penas pude tragar mi saliva. Edward tenía los ojos cerrados y su cara mirando hacia las gotas que caían. Giró suavemente la cabeza hacia los lados para que el agua se extendiera por su rebelde cabello.

—¿Quieres algo de mí o solo estas mirando? —preguntó con los ojos todavía cerrados.

Mi corazón latía con fuerza y no podía quitarle los ojos de encima. Mi mente maldijo el momento en el que lo dejé entrar a la maldita ducha, aunque probablemente mi oposición no habría cambiado mucho la situación. Su cuerpo está tan cerca de mí, todas mis células querían tocarlo. Me lamí los labios al pensar que podría tenerlo en mi boca.

De pronto una imagen pasa frente a mis ojos. Él, de pie frente a mí, todo empapado de agua, mi mano captando toda su masculinidad. Lentamente mis dedos se aprietan sobre él, y él gime, animado por mi toque. Mis labios recorriendo todo su cuerpo mientras mí mano recorre desde la base hasta la punta de su dura polla. Puedo sentir sus caderas moviéndose a la par de mis movimientos…

—Tu vista, Isabella —su voz me saca de mis pensamientos— Indica que no estás pensando en las cosas que debes llevarte.

Me golpeo mentalmente. El vampiro está de pie en la misma posición, apoyado contra la pared, pero ahora me mira juguetonamente. Entré en pánico, no fui capaz de engañarlo y mi oportunidad de obtener una pequeña venganza, se había ido por la borda. Al parecer, mi pánico lo llamó como un depredador hacia su presa.

Edward se acercó a mí, y yo hice todo lo posible por mirarle los ojos. Le llevo unos tres pasos llegar hasta mí, lo que definitivamente me hizo feliz, ya que hizo que el objeto de mi interés desapareciera de mi vista. Desafortunadamente, mi alivio no duró mucho, porque en el momento en que se enfrentó a mí, sentí su polla en mi vientre.

Yo estaba retrocediendo, y él me estaba siguiendo. Después de cada dos pasos que daba, el daba uno, eso le fue suficiente para estar cerca de nuevo. Aunque la cabina era gigantesca, sabía que en algún momento nos quedaríamos sin espacio.

—¿En qué pensabas al mirarlo? —preguntó, inclinándose sobre mí. —Quieres tocarlo, pero por ahora él es el que te está tocando…

No pude sacar una palabra de mí, solo abrí mi boca, pero los sonidos no querían salir. Me quedé indefensa, aturdida y abrumada por el deseo. Él se frotó contra mí, empujando cada vez más fuerte sobre mi vientre. Su presión se convirtió en movimientos rítmicos y pulsantes.

—Quieres tocarlo —su voz salió más cómo una afirmación. Apoyó su frente contra la pared detrás de mí, respirando sobre mi cabeza.

No pude aguantar más y agarré las duras nalgas del vampiro con mis manos. Cuando le clavé las uñas, un gemido bajo salió de su garganta. Le di la vuelta con un movimiento decisivo y lo apoyé contra la pared. Sus manos colgaban inertes a lo largo de su cuerpo, y sus ojos ardían de deseo.

Mis manos recorrieron su torso marcado y duro, viajaron por su cuerpo mojado. El rostro de Edward se contrajo en una mueca de placer y algo en mi mente hizo clic.

Sabía que si no me detenía ahora, en un momento no sería capaz de controlar la situación y algo que no debería suceder.

Me di la vuelta y corrí a través de la cabina y el baño. Agarré una bata que colgaba junto a la puerta y me apresuré a cruzar el umbral. También atravesar el pasillo, aunque no podía oír los pasos detrás de mí. Sólo me detuve cuando pasé el jardín, las escaleras y me encontré en el puerto deportivo. Corrí a la cubierta de una lancha, respirando pesadamente, y me caí en uno de los sofás.

Tratando de recuperar el aliento, pero las imágenes en mi cabeza no me dejaban pensar con lógica.

Delante de mis ojos, como una película tonta, el maravilloso y pegajoso pene de Edward salto excitado Casi sentí su sabor en mi boca y en mi mano el toque de su delicada piel. Volví a sacudir mi cabeza, debía mantenerme fría.

No sé cuánto tiempo pasé mirando el agua, pero finalmente sentí que podía levantarme y volver a la residencia.

Cuando abrí cuidadosamente la puerta de mi dormitorio, encontré a Alice en el medio de la habitación con una gran maleta Louis Vuitton.

—¿Dónde está Edward?— Casi susurré con la cabeza entre la puerta y el marco de la puerta.

La pequeña italiana me miró y sonrió.

—En la biblioteca, ¿Quieres ir con él? —me miró divertida —Ahora está hablando con Carlisle, pero dudo que se moleste si tú los interrumpes.

Negué suavemente y entré, cerrando la puerta detrás de mí.

—Definitivamente no quiero—. dije, agitando las manos. —¿Quién es Carlisle?

—¡Oh! No te preocupes, lo vas a conocer después—dijo cómo si fuera obvio— Es el concejero de Edward, y también es el esposo de Esme, a ella sí la conoces —moví la cabeza afirmativamente. —

—¡Edward te dijo que me empacaras? —la miré mientras seguía desplegando las maletas.

—Debemos irnos en una hora, así que necesitarás ayuda, a menos que no la quieras.

—Deja de dirigirte a mí de esa manera, me estás molestando. —le dí un suave empujón, Alice soltó una risa animada. —¿Tú también vas? —la miré esperanzada.

—¡Claro! —dio un brinquito. —No pienso dejarte sola con el troglodita de mi hermano.

Ahora ya me sentía más contenta, entre menos pasara tiempo a solas con Edward, menos me arriesgaría a perder el control.

—¿Puedes decirme a dónde vamos? —pregunté.

—A Nápoles, Roma y Venecia— respondió. —Luego a la Costa Azul.

Abrí exageradamente los ojos, sorprendida. Nunca, en mi jodida vida, he viajado tanto como ellos piensan hacerme volar en los próximos días.

—¿Conoces el propósito de cada una de nuestras visitas?— pregunté.—Me gustaría saber qué ponerme.

Alice dejó las maletas y se dirigió al vestidor.

—Básicamente, sí, pero no debería decírtelo. Edward te explicará todo. Te ayudaré a empacar la ropa adecuada, no te preocupes —me guiñó un ojo. —La moda es mi especialidad.

—Lo sé, confió en ti al 100%.—miré a mi alrededor sin saber que hacer— Ya que tengo menos de una hora para prepararme, me gustaría empezar.

Alice asintió con la cabeza y desapareció en el abismo del gran vestidor.

Entré en el baño, donde el olor del deseo todavía estaba presente. Cobardemente me giré para volver al dormitorio, me uní a Alice en el vestidor.

—¿Ya llegaron mis cosas de Seattle? —dije mientras analizaba a mi alrededor. La pequeña mano de Alice me apuntó unas cajas.

—Edward me ordenó que no las moviera —dijo pausadamente.

—¿Puedes dejarme sola un momento? —antes de que pudiera voltearme para mirarla, estaba de pie sola en el medio de la habitación.

Me lancé a escarbar en cajas, buscando lo único que me interesaba en ese momento. Mi amigo rosa con tres puntas, o Pink, cómo yo lo llamaba. Cuando finalmente lo tuve en mis manos, me di cuenta que había hojeado docenas de cajas. Lo escondí en el bolsillo de mi bata y fui al baño.

Alice estaba de pie en el balcón, esperando una señal mía. Crucé la habitación con rapidez mientras le dedicaba un pequeño asentimiento con la cabeza, Alice regresó al vestidor con rapidez.

Saqué a Pink de mi bolsillo y lo lavé a fondo. Me quejé al verlo, era mi mejor amigo en ese momento. Miré alrededor del baño, buscando un lugar conveniente. Me gustaba masturbarme, tumbarme cómodamente, no podía hacerlo con prisas ni en posición inclinada. El dormitorio sería lo mejor, pero la presencia de la duende era una distracción.

En la esquina del baño, junto al aseo, había una moderna chaise longue de cuero blanco. No será el lugar más cómodo, pero es duro, pensé. Estaba tan desesperada que me tumbaría en el suelo en un momento.

El chaise longue era sorprendentemente suave y se adaptaba perfectamente a mi altura. Solté el cinturón de mi bata de baño, y cayó a ambos lados de mi cuerpo. Me quedé desnuda y sedienta de un orgasmo. Lamí dos dedos y los deslicé juntos para reducir la fricción.

Encendí el vibrador y lentamente deslicé su punta media en mi palpitante interior.

A medida que la parte más gruesa se hundía más y más en mí, la otra punta en forma de conejo se deslizó en mi entrada trasera. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y supe que no necesitaría mucho tiempo para ponerme cómoda. La tercera parte de mi compañero de goma fue la que más vibró, apoyándose en mi clítoris hinchado.

Cerré los ojos. Sólo tenía una vista en mi cabeza y era la única que quería ver ahora: Edward de pie en la ducha, con su hermosa polla en las manos.

El primer orgasmo se produjo después de unos segundos, y los siguientes fueron llegando en oleadas con un máximo de medio minuto de diferencia. Después de unos momentos estaba tan agotada que apenas podía sacar a Pink y deslizar mis piernas.

Treinta minutos después estaba de pie frente al espejo, empacando mis cosméticos en una de las bolsas de cuero. Miré mi reflejo; no me parecía en nada a la mujer que era hace una semana. Mi piel estaba ligeramente bronceada, y se veía saludable y fresca. Mi pelo estaba recogido en un suave moño, mis ojos estaban ligeramente coloreados y mis labios estaban claramente marcados con un lápiz labial oscuro.

Alice me eligió un conjunto blanco de Chanel para mi viaje. Largos, anchos y ligeros pantalones blancos de seda translúcida fusionados casi en un overol con una delicada blusa. El conjunto se completó con zapatos de agujas de Prada con una pequeña punta.

—Tus maletas ya están hechas—, dijo Alice, dándome una bolsa.

—Me gustaría ver a Edward —le dije a la duende.

—No sé si sea conveniente —lo dudó un poco— Aún no ha terminado la reunión, pero...

—Bueno, terminará en un momento. —dije decidida mientras salía del dormitorio rumbo a los pasillos.

La biblioteca era una de esas salas cuya ubicación recordaba. Atravesé el pasillo y el golpe de mis agujas se extendió por el suelo de piedra.

Cuando llegué a la puerta, respiré hondo y me agarré al mango. Entré y me dio un escalofrío en la espalda. No he estado en esta habitación desde que hablé por primera vez con el vampiro, justo después de despertar del coma de unos días.

Edward estaba sentado en el sofá. Llevaba un traje de lino ligero y una camisa abierta. A su lado, en el sillón, había un hombre apuesto y duro que definitivamente asustaba. Típico italiano, pensé, rubio, mandíbula marcada, rasgos perfectos. Ambos se levantaron de sus asientos cuando los vi. La primera mirada que el vampiro me envió fue helada, como si me castigara por interrumpir su reunión. Pero cuando sus ojos tocaron toda mi figura, fue como si la suavizara, si se puede llamar así. Le dijo algo al hombre sin perderme de vista, y se acercó a mí.

Se acercó y se inclinó para besarme en la mejilla.

—Y tuve que prescindir de ti... —susurró antes de besarme.

—Yo también me las arreglé por mi cuenta—, añadí en voz baja cuando sus labios se alejaban.

Estas palabras lo detuvieron por un momento, su rostro de dislocó y sus ojos me atravesaron llenos de pasión y rabia. Me tomó la mano y me llevó a su invitado.

—Isabella, te presento a Carlisle, mi mano derecha.

Me acerqué al hombre para estrecharle la mano, pero me agarró suavemente por los hombros y me besó en ambas mejillas. Todavía no estaba acostumbrado a este gesto, en mi país sólo los más cercanos a mí son recibidos con un beso así.

—Consigliere,— dije con un intento de sonrisa. Ja, ver "El Padrino" si me había enseñado algo, aunque mi madre decía que no.

—Puedes decirme Carlisle —el hombre sonrió suavemente. —Me complace verle finalmente con vida.

Estas palabras me dejaron bajo tierra... ¿Cómo que viva? ¿Esperaba que no viviera para verlo? Mi cara debió de ser un poco impactante, porque Carlisle explicó rápidamente lo que quería decir.

—Tus retratos están por toda la casa. Han estado dando vueltas por aquí durante años, pero nadie esperaba que existieras realmente. A ti también te sorprende la historia, ¿no?

Me encogí de hombros sin poder hacer nada.

—No voy a ocultar el hecho de que toda esta situación es surrealista y abrumadora para mí. Pero todos sabemos que no puedo resistirme a Edward, así que humildemente trato de aceptar cada uno de los más de trescientos cincuenta días que me quedan.

El vampiro soltó una carcajada.

—Con humildad...— Repitió mientras miraba a su compañero italiano, que se divirtió tanto como él.

—Me alegro que mi persona les divierta. Y para que sufran mi ausencia, los esperaré en el coche— mascullé entre los dientes, dándoles a ambos hombres una sonrisa irónica.

Cuando les di la espalda y fui a la puerta, escuché la voz divertida de Carlisle.

—De hecho, Edward, es extraño que no sea italiana. —ignoré esas palabras y cerré la puerta detrás de mí.

Antes de ir a la entrada, me detuve un momento. Delante de mis ojos todavía tenía una imagen de un hombre muerto que yacía sobre losas de piedra. Tragué mi saliva y sin mirar a los lados, me dirigí hacia una camioneta estacionada a pocos metros de mí. El conductor, también un rubio, abrió la puerta y me echó una mano para que pudiera entrar cómodamente.

Mi iPhone estaba en el asiento y mi ordenador estaba al lado. Estaba tomándolo con alegría. Presioné un botón en el panel que cerró la ventana entre el interior del coche y los asientos delanteros. Estaba feliz de encender el teléfono y descubrí con horror docenas de llamadas de mi madre y, sorprendentemente, incluso una del teléfono de Jacob.

"Después de tanto tiempo, ¿eso es todo lo que recibes?" mi voz interna salió a molestarme "Se nota cuanto le importabas."

—Cállate —gruñí mentalmente. Sé que tiene razón, pero, era triste y raro descubrir la verdad.

Marqué el número de mi madre. Había una voz aterrorizada en el teléfono:

—¡Isabella, por el amor de Dios! ¿Apenas te acordaste que tienes una madre? Estoy muy preocupada y muerta de miedo—, dijo mamá, casi sollozando.

—Mamá, me llamaste ayer. Cálmate. No pasa nada.

Desafortunadamente, su extraño instinto maternal le dijo lo contrario, así que no se rindió.

—¿Estás bien, Isabella? ¿Has vuelto de Sicilia? ¿Cómo fue? —Su voz me hizo soltar de golpe el aire de mis pulmones. Sabía que Charlie estaba detrás de ella escuchando la conversación, quizás Renée era fácil de engañar, pero Charlie no.

¿Estaba bien? Bueno, yo... Me miré a mí misma, y luego miré a mí alrededor.

—Está muy bien, mamá. ¿Está papa ahí? Tengo que decirles algo.— Cerré los ojos, rezando para que me creyeran.

—Aquí estoy, Bella —la voz de Charlie se escuchó de fondo.

—Durante mis vacaciones, me ofrecieron un trabajo en uno de los mejores hoteles de la isla.— mi voz estaba sobreexcitada. —Me ofrecieron un contrato de un año, que decidí aceptar —me detuve y esperé a que reaccionara, pero hubo silencio en el teléfono.

—Pero, Bella, tú no sabes ni una palabra en italiano— ella apuntó.

—Oh, por favor. ¿Qué importa? Todo el mundo habla inglés. —la situación se estaba poniendo tensa y sabía que entre menos explicaciones le diera, lo aceptaría más rápido. —Iré a verte dentro de unos días y te lo contaré todo, y ahora tengo un montón de cosas que hacer antes de irme.

—Bien, ¿Qué hay de Jacob?— preguntó. —Ese adicto al trabajo no dejará la compañía.

—Me engañó el día de mi cumpleaños. Lo dejé, y gracias a ello sé que este viaje es una gran oportunidad del destino— le añadí el tono más tranquilo y apasionado que pude sacar de mí misma.

—Desde que ambos se fueron a Seattle supe que no era el tipo para ti, Bella —dijo muy segura. Me aguante las ganas de reír, ella era una de las más entusiasmadas porque me mudara con Jake. Por supuesto, no conoce al tipo actual, pensé.

—Mama, tengo que irme. Voy a la oficina. —le corté la conversación— Los llamare después y recuerden que los quiero.

—Cuídate, cariño. Te queremos —ambos se despidieron.

Cuando presioné el botón rojo, suspiré con alivio. Creo que funcionó.

Ahora sólo tengo que contarle a Black sobre la inevitable visita a Washington.


¡Aquí esta el segundo del día! Jajaja Ando emocionada, no se porqué. Creo que ando relajada y todo esta fluyendo hoy muy bien así que mis ganas de escribir andan al 100%.

Nos leemos en siguiente.