¡Love, yes I Do!
By: HybridVirus

Disclaimer: Hetalia y sus personajes son pertenencia de sus respectivos dueños, solamente soy dueña de Rafaela y no hay ninguna ganancia con esto, más que darles amor a las relaciones de mi país con otros países; solo soy una fan que escribe para fans.

Pd: Se aceptan donaciones en PP :La descalabran:

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Capítulo XIII

Los orbes verdes se posan sobre los apresurados oficinistas, que corren de un lado a otro intentando tener a tiempo los deberes del día. Quizás lo más agobiante de esto, es que apenas son las diez de la mañana.

Pero todos parecen verse como si tuvieran ya veinticuatro horas seguidas trabajando, sin la posibilidad de haberse sentado a siquiera respirar.

El eco de los nerviosos susurros de los empleados en el piso, cuchicheando sobre como el presidente se encuentra de mal humor, resuenan en sus oídos mientras Seamus se asegura de mirar alrededor.

Todas las ajetreadas personas en sus lugares, se ven como si hubieran envejecido diez años de golpe, gracias al estrés que ha padecido toda la compañía, con la llegada de Allister a las instalaciones esta mañana.

–Señor Seamus, no creo que deba interrumpir al Señor Kirkland…

Un gesto incrédulo se apodera de las facciones del irlandés, porque incluso la asistente parece haber perdido su brillo de siempre. La forma en que sus manos se mueven nerviosamente, le dicen que enserio Allister está de un humor más insoportable de lo normal.

Los ojos de Francoise se posan sobre el primer gemelo pelinaranja, para interponerse en su camino ante la sola idea de permitirles entrada en la oficina. Hoy no cree que el jefe la deje escapar de un regaño, no cuando el hombre parece un dragón que escupe fuego.

–Anúncianos Francoise, toda la compañía está temblando y alguien tiene que poner orden a esto.

Los ojos de la europea resplandecen por un momento, porque nunca ha visto al líder de otro de los departamentos, irradiar semejante confianza en sí mismo, mientras se encuentra fuera de la puerta del Sr. Kirkland. Es como si el juguetón irlandés, fuera una persona completamente diferente.

El movimiento del tercer hijo de los Kirkland llama su atención, al ver la forma en que Noah señala al teléfono en su escritorio. No hay titubeos en su forma de moverse, como tampoco hay el menor indicio de duda sobre lo que él y su hermano intentan hacer.

–Ahora Francoise…

¿Enserio los gemelos enfrentaran al Sr. Kirkland? Una de las manos de la mujer presiona los números de la extensión del jefe, para esperar por la voz del presidente de la compañía.

Un escalofrío se apodera de su columna, al escuchar la acida voz que ha remplazado, el usualmente relajado tono del escoces.

–Señor Kirkland, sus hermanos…

Un sorprendido jadeo escapa de sus labios, al ver la forma en que Seamus se inclina para estar más cerca del aparato. Su voz cambia por completo a un tono tanto juguetón, como malicioso para entregar el mensaje que tiene para su hermano.

La sonrisa socarrona en sus labios es un claro indicio de que, ha cometido un error al marcar el número de su superior, sin antes haberles pedido que le explicaran que es lo que harían.

–Hermanito, la vida de casado es realmente dura ¿Verdad?

¿Quizás el Sr. Kirkland acepte darle una carta de recomendación, antes de despedirla? Los ojos de Noah giran al escuchar la malicia, que la voz de su gemelo lleva oculta entre sus palabras.

Un claro indicio que le dice al mayor, que en este instante Seamus es en verdad la persona más valiosa para él. Demostrando que su mera presencia vale oro, ahora que está casado con la heredera de los Díaz.

Porque no hay nadie más en este mundo, que conozca a Rafaela tan bien como Seamus Kirkland. No hay secreto, realidad, sueño, anhelo o deseo que el mayor de los gemelos no conozca sobre su mejor amiga.

Seamus conoce incluso aquellas cosas oscuras, que Rafaela no se atreve a confesarle a nadie más en el mundo. Y es el momento de sacarle provecho, a toda la información que ha mantenido a salvo de las garras de su madre.

–Pero se cómo contentar a tu fiera, si es que te interesa…

Los orbes azules de Francoise se entrecierran, al mismo tiempo que cuelga la llamada. Sus manos se extienden en un gesto para que ambos hombres, dejen las cercanías de su escritorio y así poder prepararse mentalmente, ante el hecho de que el jefe la llamara en cualquier momento, para que presente su renuncia.

El susurro de la puerta de la oficina abriéndose, hace que su piel se erice porque no puede creer, que el jefe está listo para deshacerse de ella. ¡Supuso que tendría más tiempo!

Los ojos de la mujer se abren de par en par, al escuchar la forma en que el escoces gruñe un cortante 'Mas te vale que funcione…' al mismo tiempo que hace espacio, para que ambos de sus hermanos entren en la oficina.

Seamus sonríe socarronamente en su dirección, mientras que Noah no hace nada más que negar ante las juguetonas acciones de su compañero de andanzas. El eco de la puerta cerrándose detrás del par, la hace sentarse en su escritorio intentando explicarse… ¿Qué rayos acaba de suceder?

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Los ojos del italiano se entrecierran en un claro deje de molestia, porque toda la oficina no es capaz de dejar de cuchichear ahora que la jefa está de vuelta. Una parte de él entiende porque, no todos los días uno de los Kirkland intenta acampar afuera del edificio, rehusándose a retirarse hasta que vea a Rafaela.

La situación de Alfred acosando las oficinas es algo, que ha causado revuelo y un sinfín de historias en la compañía. Un molesto suspiro escapa de los labios de Romano, porque antes no podía explicarse la razón por la que Rafaela, nunca hizo público que estaba casada con el rubio.

–¿No se supone, que una mujer es feliz al casarse?

Pero el hecho de que la mexicana lleva en su dedo anular un anillo, que él sabe de sobra no es ese diamante que Alfred le obsequio al contraer nupcias. Significa que la mujer ha hecho una maldita locura, que vendrá a morderle el trasero a él por el simple hecho de ser su asistente.

Un cansado suspiro escapa de sus labios, al ver la forma en que el ceño de la mujer se frunce. Lo que sea que ha pasado, ha indignado suficiente a la jefa como para llevarla a ignorar incluso al encargado de contabilidad.

Algo que el mismo Romano sabe es imposible de conseguir, es más hasta tiene la sospecha de que el hombre que le ha dado ese anillo, es el mismo demonio del departamento contable de la empresa. Tendría sentido porque nadie en este lugar, puede ignorar la forma en que Rafaela adora a Abel Morgens.

–Romano, no empieces por favor…

Sisea la americana al mismo tiempo que se masajea las sienes, intentando relajar la tensión que no la ha dejado conciliar el sueño. Pero simplemente no podía dejar de pensar, que ese desgraciado de Allister se iba a casar, y vio la forma de escapar de su compromiso usándola...

¿Cómo se atrevía a hacerle esto a ella? ¿Creía que estaba tan desesperada por escapar de Alfred, que estaría bien con joder a la familia de Iván? Las manos de Rafaela aprietan con fuerza los descansa brazos de la silla, intentando controlar toda la frustración en su interior.

¿Cómo diablos había sido tan ciega? Era bastante obvio que Allister no quería casarse con ella, no lo había querido hace un año y esta vez… tampoco lo había querido. Pero tal parece que entre ella y Natalia, había sido considerada como el mal menor, esa era la única razón detrás de este puto matrimonio.

–No tienes derecho alguno de molestarte, necesito saber que está pasando… porque este lugar ha sido una locura desde que escapaste por el ascensor.

Un sonoro lamento escapa de los labios de la joven, al mismo tiempo que hecha la cabeza hacia atrás intentando ignorar las preguntas del europeo. ¿Qué no puede ver, que este no es el momento adecuado para su interrogatorio?

Puta madre ¿Es acaso tan difícil percatarse de que está teniendo un maldito colapso nervioso, porque el imbécil del que está estúpidamente enamorada, solamente la utilizo como la grandísima idiota que es?

–¿Qué diablos esta pasando Rafaela, porque Alfred ha estado acampando afuera del edificio?

Pasa que es una reverenda imbécil, ¡Eso es lo que pasa Romano! Los brazos de Rafaela se colocan sobre el escritorio, para ocultar su rostro entre los mismos. ¿Cómo es que ha sido tan tonta? Como ha podido pensar… que todo sería mejor de este modo.

No, todo es su culpa porque ha visto cosas donde no las hay. Nunca ha existido cariño o afecto, solamente… aprecio y resignación entre ellos. Es ella quien se ha dejado llevar, es ella quien ha malinterpretado todo.

–Me divorcie, eso es lo que está pasando…

Era obvio que Allister había hecho esto buscando su propio beneficio, por eso le estaba ofreciendo toda la libertad que quisiera. Por eso la había compensado por las acciones de Alfred, por eso le había pedido que no le exigiera que se deshiciera de su hermano.

Porque él simplemente estaba viendo por el bienestar de su familia, ella no era más que una maldita carga que tenía que llevar a cuestas, porque a final de cuentas… era algo necesario para cumplir con su deber. Así que darse cuenta de la realidad, es simplemente denigrante en todos los aspectos posibles.

–Sí, pero también te casaste. No quieras negar lo que se ve a simple vista.

El repentino azote de la puerta contra la pared, hace que ambos se tensen para dirigir la mirada hacia la entrada del recinto. Un gesto incrédulo se apodera de las facciones de ambos, al encontrarse con cierto rubio en el marco de la puerta.

El pecho de Alfred sube y baja a toda velocidad, en un intento por recuperar el aliento. Es claro que seguridad ha intentado detenerlo, o ha llegado a la oficina corriendo sin detenerse. Los orbes cerúleos se posan sobre la silueta de Romano, para gruñir toscamente porque se retire y les deje solos.

La mirada olivo se dirige hacia Rafaela, tensándose al ver la forma en que las manos de su jefa se aprietan con fuerza. Basta con un movimiento de la cabeza de la mujer; para que el italiano salga a toda prisa de la oficina, en búsqueda de la seguridad del edificio.

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El silencio en el lugar se vuelve algo tenso, mientras que los orbes celestes se desvían del rostro molesto de la mujer frente a él. La lengua de Alfred se desliza contra sus labios, al mismo tiempo que coloca una mano contra su pecho.

Con una profunda inhalación, los ojos del quinto hijo de los Kirkland se encuentran con la mirada de la mujer, que finalmente ha vuelto a su lugar de trabajo. Han sido semanas de esperar con desesperación, pero finalmente tiene la oportunidad de hablar con su esposa.

En su cabeza ha visto este escenario tantas veces, que ha planeado con precaución cada palabra que debe usar. Pero… es diferente imaginar a tener la realidad frente a él. En su cabeza Rafaela es un mar de lágrimas, llora desconsolada y le grita que le explique sus razones…

Pero en este momento, sabe que hay algo oscuro y molesto en esos orbes ambarinos, algo que le dice que la mujer está furiosa. Algo que le asegura que no habrá una sola lagrima derramada, como si fuera indigno el siquiera pensar desperdiciar llanto en él.

–Baby, I missed you…

Susurra entrecortadamente el estadounidense, mientras se acerca con lentos pasos al escritorio. Su piel se encuentra completamente erizada, porque por alguna extraña razón… su esposa le recuerda en este instante a su hermano mayor, porque su lenguaje corporal grita completo dominio sobre la situación.

Sus ojos parecen juzgarlo por sus actos, y sabe de sobra que tienen todo el derecho en hacerlo. Esto no habría pasado, si hubiera hablado con ella desde el principio. Jamás debió escuchar a su madre… pero eso ya no importaba.

Todo podía solucionarse fácilmente, solo tenía que ser honesto con ella y entendería sus razones. Todo estaría bien, más tarde al volver a casa ambos reirían a causa de esta ridiculez.

Ella lo entendería… Rafaela siempre había sido comprensiva, amable, gentil y cálida. Algo completamente diferente a la mujer, que se encuentra frente a él en este instante. Aun recordaba cuando eran chiquillos y jugaban juntos, todo el tiempo que habían convivido… todo el cariño que se tenían, valía mucho más que un simple error. Si, resolverían esto sin la menor duda.

–Tu, también me extrañaste… ¿No?

El silencio de la mexicana es algo inusual, porque Rafaela siempre intentaría entablar alguna conversación con él. Aunque el tema fuera algo completamente absurdo, el clima, un videojuego, un meme, una broma de mal gusto, problemas o situaciones en el trabajo…

Los pasos de Alfred lo llevan hacia el otro lado del escritorio, no está más que a unos cuantos pasos de su esposa. Pero por alguna extraña razón… se siente como si en verdad estuvieran a metros de distancia.

–No.

Una de las manos de Alfred se aferra al borde del escritorio, su estómago se estremece al escuchar la firmeza en la voz de Rafaela. No necesita más para saber, que su esposa en verdad está furiosa con él. Los ojos de la mujer se entrecierran en un claro gesto, que exhibe su disgusto hacia su presencia.

Pero no puede permitirse ceder ante la presión, necesita que Rafaela le perdone. Perderla no es aceptable, no solo porque sabe que la quiere… Si no que su madre no le perdonara que no sea capaz, de hacer que vuelva con él a casa.

–Babe, ella no significa nada…

Un gesto incrédulo se apodera de las facciones de la mujer, al mismo tiempo que sus brazos se cruzan sobre su pecho. Las manos de Alfred se aferran a los descansabrazos de la silla, para hacerla girar y encontrarse frente a frente con la mujer a la que se ha atado de por vida.

La frente del norteamericano se presiona contra la de Rafaela, permitiendo que sus miradas se encuentren. Una parte de él susurra que nada estará bien, Rafaela no va a aceptar sus palabras, no aceptara su explicación y nunca le perdonara por haberla traicionado.

Pero… otra parte de él insiste en que ambos están casados, y si sus padres tuvieron problemas con anterioridad y fueron capaces de resolverlos. Entonces ellos también pueden hacerlo, no es como si ambos no supieran que esto era un matrimonio arreglado desde el principio.

–I love you darling

Continuara…

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Hybrid-Virus

Yo! Buen día lectores, sé que esta historia no tiene tanta fan base. ¡Pero yo la amo! Y nomas por eso, ahí va una nueva actualización. Empiezo a ver que si tengo historias favoritas… ¿Eso me convierte en alguien, como la mama de Allister? D:

Romano me parece el asistente perfecto, se imaginan que llegaría tirando la puerta y te gritaría "¡Idiota, tienes una reunión!" ese es un asistente que en verdad hace respetar su autoridad, y no te anda pidiendo ninguna autorización, para que lleves acabo tus deberes. xD

Les dije que alguien se iba a romper, y es bastante obvio que la primera en ceder… seria Rafaela. Este par de tarados se quiere, pero han pasado toda su vida, molestándose el uno al otro.

¿Cómo cambias años de eso?, para poder decirle a la otra persona. "Hey, quiero seguir haciéndote la vida imposible, pero también quiero besarte… digo tengo derecho a hacerlo, después de todo estamos casados wey."

Finalmente estamos realmente cerca del desmadre, toda la situación empieza con este capítulo. Les prometí a Alfred y aquí esta nuestro gringuito, listo y dispuesto a pelear por lo que quiere.

Que obtenga el resultado deseado, es una historia completamente diferente. El capítulo que sigue, es completamente de Alfred y Rafaela. Pero de igual forma nos enteraremos de cosas, cosas que tienen que ver con la madre de Alfred.

El desmadre se va a extender por varios capítulos, pero espero que los disfrutemos todos. Yo sé que realmente disfrutare escribirlos, porque de nuevo… amo a esta historia. :D

Sin más por el momento, dejen un review y nos vemos en la próxima actualización.

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