¡Love, yes I Do!
By: HybridVirus
Disclaimer: Hetalia y sus personajes son pertenencia de sus respectivos dueños, solamente soy dueña de Rafaela y no hay ninguna ganancia con esto, más que darles amor a las relaciones de mi país con otros países; solo soy una fan que escribe para fans.
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Capítulo XV
El extraño silencio en los alrededores, hace que el trio de hermanos desvíe la mirada hacia la apresurada asistente, que se acerca a toda prisa desde el otro costado del recinto. Los ojos de Allister se entrecierran, porque pocas veces ha visto así de nerviosa a Francoise.
La repentina ansiedad en el resto de los empleados, se vuelve palpable consiguiendo que el trio de hermanos se percate, que enserio está pasando algo y no tiene nada que ver con el hecho, de que se encuentran de pie fuera de su oficina.
Es el momento en que el elevador se detiene, que todo empieza a tomar sentido para los hijos del señor Kirkland. ¿En qué momento, es que todo se ha salido de control?
Los dedos de Allister se posan sobre su cien, masajeando la piel en un intento por mitigar la migraña que sabe aparecerá en cualquier momento. La silueta de su madre saliendo del artilugio, es la prueba de que pocas veces en su vida ha cometido errores, pero al final sus corazonadas jamás se equivocan.
–¿¡Qué diablos hace madre aquí, creí que tendríamos más tiempo!?
Los orbes del mayor se entrecierran al ver la forma, en que ambos de sus hermanos se dirigen una mirada de reojo. Es sencillo ver que a pesar de que todo se está adelantando, igualmente las fichas del tablero están preparadas para tomar su lugar. No es la primera ocasión en que esta situación pasa, pero esta vez sabe que será la última.
Es el momento de terminar este molesto juego de ajedrez, su madre ya ha intentado suficientes veces salirse con la suya. A estas alturas de la vida, ya debería de saber que a pesar de no ser su favorito. De todos sus hijos… Allister es quien más se parece a ella, puede que no fueran similares en cuanto al físico.
Pero sin duda alguna había aprendido a la perfección, a utilizar su forma maliciosa de moverse. Era irónico que Alfred fuera su preferido, en especial porque Allister era igual de despiadado que su progenitora. ¿Quizás, ha sido demasiado gentil con la mujer? Es una posibilidad ya que, a pesar de todo su padre le dijo que los cuidara como él lo haría.
Pero ya era momento de hacerse respetar, este juego terminaría finalmente hoy. Ya no podía permitirse seguir de este modo, esto ya no era un ataque únicamente hacia su persona. Había intentado ser como su padre, la había procurado, le dio libertad y cumplía con todos sus caprichos, siempre y cuando fuera aceptable.
Pero todo tiene un límite, esta vez no era una pelea en su contra. Esta vez se trataba de una afrenta contra él, y el nuevo núcleo familiar que estaba intentando forjar. Era momento de finalmente ponerla en su lugar, lo lamentable seria que tendría que hacerlo bajo el propio juego de la mujer.
–Llama a Rafaela, ella también es parte de esto.
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Los entrecerrados ojos del escoces se mantienen fijos en la mujer, que se encuentra sentada del otro lado de la mesa. La sonrisa socarrona en los labios de la susodicha, le trae un sinfín de amargos recuerdos al divisar su claro favoritismo, por el hijo que se encuentra ausente de esta inesperada junta.
La mirada del heredero Kirkland se posa sobre su hermano, quien desvía rápidamente la vista hacia sus manos. Es sencillo ver como Arthur en verdad, no quiere tener nada que ver con esta situación, que se llevara a cabo gracias a las acciones de su madre.
–Apreciables miembros de la mesa directiva, les agradezco por encontrarse aquí en esta ocasión.
Las sonrisas de los hombres y mujeres, son algo simplemente repugnante ante sus ojos. Hace días estas mismas personas le juraron lealtad, y ahora están aquí listas y dispuestas a enviarlo hacia la perdición. No necesita más que ver sus caras, para saber que su madre ha hecho un sinfín de promesas.
Promesas que sabe no serán llevadas a cabo, porque no es la primera vez que la mujer intenta deshacerse de él. ¿Tanta saña le tiene su progenitora, como para intentar despojarlo de lo que por derecho le pertenece? Los dientes del europeo crujen con fuerza, al mismo tiempo que Seamus y Noah se sientan de su lado de la mesa.
–Me intriga saber qué clase de artimaña, es la que estas intentando llevar a cabo madre.
Gruñe entre dientes el mayor, al mismo tiempo que intenta ignorar la forma altiva, en que la mujer toma asiento en la silla que le pertenece a su esposa. Rafaela estará furiosa cuando llegue y encuentre a su madre, en el lugar que por derecho le pertenece a la cabeza de los Díaz.
Aunque supone que la mujer en verdad, no espera la aparición de su nuera. Porque puede ver a uno de los abogados de la familia, entre el grupo que se atreve a enfrentarse a él por el control de su parte de la compañía.
¿Tanto aterra a su madre la idea de perder el poder, que cree que posee Alfred gracias a su matrimonio; que ha decidido apresurarse a actuar… antes del divorcio? Una sonrisa divertida se dibuja en sus labios, porque ya es demasiado tarde para que su madre pueda recuperar algo, que en verdad nunca ha estado bajo su control.
–Mi querido hijo, no hago más que preocuparme por nuestra familia. ¿Qué creías que sucedería al traer tus problemas personales, hacia el interior de la compañía?
Los labios del pelirrojo se separan para soltar una bocanada de humo, porque es preferible mantenerse calmado antes de que la verdadera acción tome inicio. Está harto de este maldito acto de su madre, este ridículo intento por aparentar ser una mujer decente y amorosa que se preocupa por su familia.
Cuando ha sido ella quien los ha destruido lentamente, ha sido ella quien les quito a su padre con tantos problemas y situaciones, ha sido ella quien siempre ha intentado mantenerlos enemistados. Ha sido ella… quien le ha hecho acceder a la estupidez de entregarle a su esposa, algo que finalmente ha podido remediar.
Esta vez no piensa mostrarle el menor indicio de piedad, esta vez se encargará de pisotearla para que entienda de una vez por todas, que jamás le entregara la compañía de su padre. No a ella, no a Arthur y por supuesto… mucho menos a Alfred.
–Las ordenes de mi padre, son la ley de esta familia. Desafiarlas es el equivalente a mostrarse, como un indigno portador del apellido Kirkland.
La forma en que Arthur se encoje en sí mismo, le causa una gracia que no puede expresar en palabras. Pero no supera la forma en que las facciones de la rubia se fruncen, en un claro gesto repleto de molestia y hastío.
Algunas veces se pregunta, ¿Cómo es que su padre se enamoró de Alice, cuando era sencillo ver que la mujer no era capaz de amar a nadie más, que a sí misma? Con solamente un par de excepciones a esa regla… Era eso o quizás el resentimiento que sentía por él y sus hermanos, ante el hecho de parecerse tanto a su padre, por lo que prefería a Alfred y Arthur.
–Obviamente es algo que no podrías entender madre, después de todo no eres una Kirkland.
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Los orbes verdes se afilan sobre el rostro de su hijo mayor, es imposible creer que Allister se encuentre tan calmado con toda esta situación. ¿Piensa que esta vez el señor Díaz, le ayudara a mantener su posición? Una sonrisa triunfal toma control de los labios de Alice, porque sabe de sobra que eso no sucederá.
No mientras Alfred siga casado con Rafaela, y el abogado de los Díaz se encuentre aquí para dar veracidad de que la otra parte de esta compañía, está de acuerdo con esta decisión. Sin esta molesta piedra en su zapato, seria sencillo tomar el control de todo.
Los únicos problemas que existirían después de Allister, pasarían a ser los gemelos y la familia Díaz. Pero ya se haría cargo de ellos a su debido tiempo, después de todo tenia a una de las hijas a su alcance, y a pesar de que Rafaela no sería sencilla de convencer. Encontraría el modo de hacerla ver, que esto era lo mejor para ella.
–Exactamente por eso, es que me preocupo por todos ustedes hijo. Porque soy su madre y los amo con todo el corazón.
Jamás perdonaría a ese desgraciado, que había preferido dejarle todo a su hijo mayor, en vez de darle la oportunidad de llevar el control de todo aquello, que le había ayudado a crear y que por derecho le pertenecía.
La había hecho a un lado, como si todo su esfuerzo no hubiera tenido el más mínimo valor. Por supuesto que no estaba contenta, con el hecho de que Allister hubiera heredado absolutamente todo. La compañía, el dinero, los bienes, e incluso las propiedades.
Ese desgraciado se lo había entregado todo a uno de sus hijos, y ella había recibido lo mismo que el resto de los hermanos del escoces… absolutamente nada.
–Pero eso es algo que a ti no parece importarte, estas prefiriendo a alguien más antes que al legado de tu familia.
Los murmullos en la mesa se vuelven notorios, haciéndola sonreír ante la forma en que los directivos empiezan a cuchichear entre ellos. Su hijo es idéntico a su padre en muchos aspectos, el mismo carácter insoportable, e incluso su cualidad de hacerte sentir como alguien inferior, sin siquiera intentarlo.
Es bastante obvio que todos saltarían ante la clara oportunidad, para deshacerse del heredero Kirkland. Los resentimientos y las palabras dichas por su hijo, son la única forma en la que conseguirá deshacerse de él. Su pobrecito Allister cosecharía aquello que ha sembrado, y todo gracias a las ridículas acciones de su padre.
–Por esa razón es bastante obvio, que requerimos que otra persona tome el control de la empresa. No tienes cabeza para guiar el negocio, si pierdes el tiempo inmiscuyéndote en la vida de tus hermanos.
El eco de los susurros que le dan la razón, permite que su sonrisa se agrande. Porque esta vez Águila no podrá interponerse, esta vez conseguirá lo que quiere. Es cierto que no es una Kirkland y no puede recibir la compañía, pero puede controlarla a través de Alfred.
Una vez sin autoridad moral y control sobre la compañía, Allister no tendría la cara para intervenir en el matrimonio de su hijo menor. De ese modo tendría total control sobre todo aquello, que su adorado esposo tanto quería, y que se rehúso a dejar a su alcance.
–¿A quién quieres darle el control, quizás a Alfred que casi hizo colapsar nuestras campañas de publicidad hace unos meses?
El repentino silencio de los inversionistas, la hacer apretar los dientes con fuerza. Porque no pueden estar tomando a consideración, las palabras de Allister. No cuando es un obvio intento por desestimar las capacidades de su Alfred.
Su hijo no necesita tener ninguna clase de talento para dirigir, porque al final del día será ella quien tome el control. Justo como debió de ser desde el principio, ella es quien debería de estar en el lugar de Allister. Por derecho ese puesto le pertenecía a ella, y no estaba dispuesta a permitir que su hijo lo siguiera ocupando.
–¿Quieres darle el control a Arthur, que tiembla en el instante en que le digo, que se hará una auditoria al departamento contable?
Una de las manos del breton se coloca sobre su frente, en un intento por controlar la presión que puede sentir se está acumulando en su cabeza. Era bastante obvio que su hermano lo exhibiría, y no podía siquiera ofenderse por hacerlo, ya que estaba de este lado de la mesa.
No se ocupaba ser un genio para saber que estaban divididos, y para Allister todo aquel que no se encontraba sentado de su lado de la mesa, representaba el equivalente a un enemigo. Su hermano no lo perdonaría por no haber abierto la boca, debió de insistir para que la situación del divorcio se arreglara de otra forma.
Pero su madre no aceptaría escuchar ningún tipo de razón, y eventualmente habría intentado hacer esto de todos modos. Después de todo no era la primera vez, que intentaba arrebatarle el control a su hermano.
–Porque seamos realistas, esos son los nombres que dirás. A pesar de que Seamus y Noah, son más aptos para tomar mi lugar.
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Los dedos de Alice se presionan con brusquedad contra la madera de la mesa, entendiendo de sobra que esa es la artimaña de su hijo. Allister confía ciegamente en Seamus y Noah, porque sabe que los gemelos están siempre de su lado. Esa es la razón por la que no le perturba ofrecerlos como reemplazos.
Porque sabe que sus hermanos, siempre se rehusaran a tomar el control de sus manos. Si el consejo no accede en tomar a Alfred o Arthur como sucesores, uno de los gemelos terminara con el poder que le pertenece.
No puede permitir eso… porque, aunque su segundo y tercer hijo son independientes, igualmente voltearan por indicaciones hacia su hermano mayor. Ella no tiene control sobre Seamus o sobre Noah, y eso significa que no puede permitir que ninguno de ellos tome posesión de la compañía.
–Señor Kirkland, hay un detalle en la entrada.
Los ojos de la rubia se dirigen hacia la mujer que se encuentra en la puerta, es inaudito el pensar que cualquier persona, se atreve a interrumpir de semejante forma un asunto tan importante. Antes de siquiera poder gritar, los ojos del trio de pelirrojos se encuentra sobre la mujer, llamando por completo la atención de Alice.
Hay algo mal en la forma en que Noah parece exhalar aliviado, las manos de Seamus hace un ademan, como si estuviera agradecido con algún ser de poder superior. Mientras que Allister no hace más que dirigirle una mirada socarrona, que le hiela la sangre por alguna razón que escapa a su comprensión.
–Las personas que la señora Jones dejo afuera, se rehúsan en dejar pasar a la señora Kirkland.
Un gesto incrédulo toma control de las facciones de la ojiverde, porque ella ha sido la señora Kirkland desde hace mucho tiempo. Los murmullos de la mesa vuelven a hacerse notorios, y una parte de ella mira en la dirección de un par que cuchichea, sobre cómo estaban en lo correcto y el presidente en verdad se ha casado, en uno de los días que ha faltado al trabajo.
¿Qué clase de ridiculez es esta? No es como si Natalia pudiera hacer gran cosa, contra las propuestas del grupo de inversionistas. Los Bragginski no tienen poder alguno, o siquiera influencia en este lugar.
¿Qué piensa Allister que va a conseguir trayendo a la chiquilla aquí? Mas burdo es el hecho de que ella, no ha asistido a ninguna boda, y ni siquiera recibió una invitación a la misma.
–Seamus, Noah, vayan por su cuñada y asegúrense, de que nadie se meta en su camino. Este edificio le pertenece y puede entrar cuando lo desee.
La sonrisa que le dedica su hijo es algo completamente malicioso, y que pareciera decirle que no importa que acciones tome, no hay forma en la que pueda vencerle en este enfrentamiento. Una parte de ella insiste en que debe ser cuidadosa, este es el hijo de su esposo y sabe de sobra que fue elegido por ser realmente astuto.
Hay algo realmente mal con la confianza de Allister, es como si el escoces hubiera estado preparado para esto. Para que intentara quitarle todo y solamente estuviera esperando por el momento indicado, para jugar sus cartas correctamente y así hundirla en una completa desesperación.
–¿Hay algo que los presentes quieran confesar, antes de que mi esposa haga acto de presencia en este lugar?
Es apenas una cuestión de minutos, pero los gritos que se acercan por el pasillo los reconoce a la perfección. ¿Qué diablos hace Alfred aquí? Se supone que estaría arreglando las cosas con su mujer, entonces ¿Por qué jodidos se encuentra perdiendo su tiempo aquí, cuando resolver la situación con Rafaela tiene prioridad sobre todas las cosas?
La puerta de la sala de juntas es abierta, para dar paso a los gemelos Kirkland. Quienes no son capaces de disimular su gracia, ante la escena fuera de la oficina. Las siluetas de sus hijos son seguidas por un nervioso Alfred, y al final… su maldita nuera. La persona que no fue llamada a esta junta, porque su presencia no le permitirá decir que tenía el apoyo de los Díaz.
El susurro de una grosería escapa de los labios del abogado, quien intenta encogerse en sí mismo para no llamar la atención de la mujer, que se ve lista para golpear a alguien ante la clara tensión en sus hombros.
Los ojos de Alice se mantienen fijos sobre la puerta, esperando porque alguien más entre a la habitación al ver la manera, en que su hijo sonríe desde el otro lado de la mesa. El mensaje en sus facciones es algo repleto de sorna, y victoria que repite a la perfección las palabras de su fallecido esposo.
'Le dejare todo a la única persona, en la que sé que puedo confiar ciegamente.'
Continuara…
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Hybrid-Virus
Yo! Finalmente, después de andar desaparecida (En verdad estaba ahogada en papeleo, y la Rose de aquí me trata como si fuera Mike Wazowski). He tenido un poquito de tiempo para escribir. ¡Espero que estén teniendo un excelente dia y que pasen un buen fin de semana largo! :D
A que no se esperaban, que esta fuera la razón por la que llama Seamus a Rafaela. Seguro pensaban que habría un intento tierno de reconciliación, y es parcialmente cierto, así que puede que lo veamos más adelante.
Alice si quiere a sus chamacos, es solo que tiene sus propias razones para querer tomar el control de la compañía. En parte es para pisotear la memoria de su esposo, pero hay algo mucho más importante que la impulsa a intentar retirar a Allister de ahí. Ya hablaremos de eso más adelante.
Sin más por el momento, dejen un review y nos vemos en la próxima actualización.
¿Dudas? ¿Comentarios? ¿Critica? ¿Etc.? ¡Ya saben qué hacer, envíen un review!
"Formemos parte de la línea de reviews, cuando leamos un fanfic con un personaje que nos gusta y no es muy común ver, de un fandom olvidado o de una historia que nos guste; dejemos un review, porque esa persona escribe para nosotros y que mejor forma de inspirarla y darle combustible para seguir"
