Hola, debo avisarte que la historia contiene temas delicados; secuestro, sexo explícito, síndrome de Estocolmo, mafia, drogas, asesinatos, y más.

Si decide seguir leyendo, es tu responsabilidad, y quiero aclarar que yo no obligo a nadie a continuar. Por favor, toma la historia con madurez y espero que seas consiente que es solo una historia más de ficción. Espero que lo tomes con madurez.

Twilight es de Stephanie Meyer, 365 DNI es de Blanka Lipińska. Yo solo me divierto con ambas historias y personajes.


Isabella (POV)

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Fui despertada por el sol que entraba en mi habitación. Mi cabeza estaba pesada y dolorida, pero ese no era el mayor problema, no podía sentir mis manos en absoluto.

¿Qué carajo está pasando? Pensé, mientras gemía en voz baja, mis ojos analizaron a mí alrededor tratando de reconocer la habitación.

Estaba sola, de eso estaba segura. Me esforcé por recordar lo que pasó anoche, pero lo único que recordé fue mi actuación en el tubo.

¡Jesucristo!, suspiré al pensar en lo que debió haber pasado cuando regresamos, estoy segura que, para despertar en estas circunstancias, debió ser algo que me va a llenar de culpa.

Después de unos minutos de autocompasión, era hora de pensar lógicamente. Empecé a enterrar las puntas de los dedos en los brazaletes metálicos que rodeaban mis muñecas, pero el constructor de esta trampa lo planeó de tal manera que fue imposible liberarme.

—¡Joder, joder, joder!— grité resignada. Escuché que llamaron a la puerta. —Adelante— dije con inseguridad, preocupada por quién va a estar en el umbral. Una sonriente mujer con el cabello negro y corto se apareció frente a mí.

—¿Vas a seguir riendo o vas a ayudarme, maldita sea?— estaba muy molesta. Ahora que lo recuerdo, Alice era tan culpable cómo yo. La hermosa joven se acercó a mí y me soltó las manos.

—Puedo ver que la noche fue exitosa. —habló, levantando sus cejas con diversión. Su voz cantarina estaba llena de burla.

—Déjame —me cubrí la cara con una colcha, queriendo morir.

Cuando mis manos pasaron por debajo, descubrí con asombro que estaba completamente desnuda.

—No. —dijo en silencio. —Mi hermano se ha marchado, tiene mucho trabajo que hacer, así que estas condenada a pasar el día con nosotros.

La miré tratando de convencerla que me dejara morir aquí encerrada, ella sólo señaló el baño y salió de la habitación para darme mi espacio. Solté un bufido y me resigné a salir de la cama.

Después de treinta minutos, una ducha y un paquete de paracetamol, bajé con calma y vergüenza hacia el restaurante del hotel. No fue difícil encontrar a Alice, después de todo estaba sentada en una mesa con Esme y Emmett. Llegue hasta ellos y me senté a la mesa, tomando un sorbo de té con leche.

—¿Te lo pasaste bien anoche?— me preguntó la duende dejando de lado su revista de modas.

—Hasta donde puedo recordar, estuvo medianamente bien, a juzgar por la forma en que me encontraste, probablemente mejor, pero por suerte ya no recuerdo eso.

Emmett se rio y casi consigue ahogarse con el croissant que estaba mordiendo.

—¿Hasta qué punto te acuerdas? —la duende me miró interesada, pero una sonrisa bailaba en sus labios.

—Emmett me nos abandonó en la barra —lo fulminé con la mirada— luego recuerdo que estaba bailando en un tubo, y al final todo es negro.

—Ese baile, y recuerdo que eres muy flexible— Emmett me miró con una sonrisa aún más grande en su cara.

—Mátame— dije, golpeando mi cabeza en la mesa. La carcajada del joven italiano no se hizo esperar —O dime qué pasó después.

Emmett levantó las cejas y bebió un expreso.

—Edward te llevó a tu habitación y... —suspiró— no lo sé. Lo encontré justo después de que llegamos, y luego lo vi cuando se fue a dormir al otro dormitorio.

—Bella, —la duende me miró. — Conozco a mi hermano, no parecía... satisfecho. Si hubiera pasado la noche contigo, creo que hubiera lucido diferente.

—¿Por qué me molestan? —los miré desesperada —Saben lo que pasó, ¿no puedes decírmelo?

—Puedo, pero será mucho menos divertido.— Emmett se volvió a carcajear. Pero creo que mi expresión lo convenció de que hoy no tengo ganas de hacer bromas. —Vale, te emborrachaste y estabas un poco desordenada, así que te sujetó a la cama y se fue a dormir.

Me sentí aliviada al escuchar lo que decía y al mismo tiempo volví a preguntarme qué había pasado.

—Dejen de molestar a Bella —Esme los regañó, ambos me miraron avergonzados. Ella se giró hacia mí con una sonrisa. —Deja de preocuparte y come, tenemos una agenda muy apretada.

—¡Cierto! —Alice saltó en su asiento. —Sólo llevamos tres días en Roma y aún hay mucho por hacer.

Decidí hacerles caso y terminar mi desayuno, aunque la duda seguía en mi mente. ¿Dónde ésta Edward? Después de una mala noche en el club, desapareció sin noticias, y sus hermanos son callados como una tumba.

Pasé días enteros con Esme, Alice y Emmett. Entre los tres se encargaron de mostrarme la ciudad, me llevaron a los restaurantes más hermosos que había, me tomaron muchas fotos en los lugares importantes, fuimos de compras, al spa. Me preguntaba si así es como se vería cada uno de nuestros viajes.

Conocí un poco más sobre ellos; Descubrí que Emmett sigue siendo un niño atrapado en el cuerpo de un adulto, su personalidad encantadora, adorable y burlesca se debía a la pérdida de sus padres, esa era su manera de sacar el dolor. Además pude notar el enorme respeto que le tiene a Edward, y el gran amor que le tiene a su hermana.

Alice era una adicta a las compras, pero era alguien entusiasta y muy leal y honesta. Además era hiperactiva, pero era parte de su encanto. Era una persona que te hacia amarla enseguida, y prueba de eso era el joven rubio, Jasper. Se notaba que la quería, pero ambos le tienen miedo a Edward cómo para mostrar sus sentimientos. Por supuesto que no eran muy discretos y casi podía jurar que el vampiro ya lo sabía, pero los ignoraba.

La duende era de mis personas favoritas en ésta prisión, la verdad es que me ha ayudado bastante a no sentirme sola, y por supuesto que trata de que me acoplé a la situación, según palabras de Esme, Alice no quiere perder a la única amiga que ha tenido.

Esme era una mujer maravillosa, dedicada, sincera y muy maternal. A pesar de no tener hijos, cuido a Edward, Alice y Emmett desde pequeños, los crio como si fueran sus hijos y los amaba de igual manera. Sobre la relación que tiene con Carlisle, no mencionó mucho, pero se nota que lo ama.

Una noche que no podía dormir, bajé al bar a distraerme, y casualmente Esme estaba ahí también…

—Tampoco puedes dormir —le dije sentándome a su lado. Ella me miró sorprendida pero me sonrió.

—Cuando Carlisle se desaparece así, usualmente no duermo. —dijo soltando un suspiro.

—¿Pasa seguido? —me anime a preguntarle. Ella me miró insegura, pero finalmente me volvió a sonreír.

—Sí —se lamentó —Siempre ha sido así, su trabajo lo obliga a salir de viaje por demasiados días.

—¿Cómo termino… en esto? —le pregunté en un susurro. Ella le dio un trago a su copa antes de responderme.

—Edward, Alice y Emmett son sobrinos de Carlisle —sus palabras me atragantaron. La miré con asombro. —Sorprendente, lo sé. —soltó unas risitas.

—¿Cómo lo conociste? —algo dentro de mí tenia curiosidad, quería conocer a esta extraña familia.

—Yo era enfermera —sonrió ausente —Carlisle llegó herido y yo ayude a curarlo. Pasó un tiempo en el hospital, y en ese tiempo me tocaba a mi cuidarlo, y fue inevitable, me enamoré. No me importo quien era, o lo que hacía, yo dejé todo por él.

»Sulpicia, la madre de los chicos, es mi hermana —su voz sonaba triste. —Después de casarme con Carlisle, fue imposible que Aro y ella se conocieran. Tampoco a ella le importó el riesgo que representaba entrar a la familia.

Asentí, mientras la miraba, sus ojos eran brillantes pero su rostro no mostraba ninguna emoción.

—Para toda la familia fue difícil la muerte de Aro y Sulpicia —se lamentó— Si él estuviera aquí, todo sería diferente, él no habría dejado que Edward cargara con esto solo. Y ella…. —se carcajeo— mi hermana te hubiera adorado.

Sonreí sin saber que más decir, Alice también me había dicho que si sus padres estuvieran vivos, todo hubiera sido diferente. Pero tristemente, no se puede cambiar el pasado.

—Creo que si alguien puede entenderte, soy yo —se giró y me tomó de la mano. —Sé lo abrumador que puede ser todo esto, pero no estás sola, Bella —sus palabras me parecieron sinceras.

—Pero tú lo hiciste por voluntad —dije desesperada.—Tu lo hiciste por amor.

—¿Y tú no estás aquí por voluntad? —su pregunta me confundió. —Edward, Alice, Emmett, los de seguridad, los choferes, todos están dormidos. ¿Y tu?—le dio una fugaz mirada al pasillo que conectaba el bar con la recepción del hotel. —Puedes salir por esa puerta, tomar un taxi hacia el aeropuerto y regresar a casa. Nadie se daría cuenta hasta dentro de unas horas, pero ya sería tarde para ir a por ti.

—Tu no lo entiendes —susurre.— Edward lastimaría a mi familia.

—Mi niña, —dijo divertida— Creo que Edward ha demostrado que amenazar no es lo suyo, él simplemente actúa. Pero si de algo estoy segura, es que él no haría nada que pueda lastimarte.

Ahora si estaba confundida, y eso me hacía quedarme estancada en esta situación. Sentí las lágrimas acumularse en mis ojos, pero por suerte, evite que salieran. Esme terminó el contenido de su copa y se puso de pie.

—Deberíamos ir a dormir —me acarició el cabello. —Mañana la duende no nos dejara descansar. —se alejó de mí, sus pasos se dirigieron al elevador. Me aseguré de seguirla con la mirada. Una vez dentro del cubículo de metal, me miró con una sonrisa maternal.

—Piensa la verdadera razón por la que estás aquí —con esas palabras las puertas se cerraron frente a ella. Yo me quedé en el bar hasta que amaneció, de todos modos no iba a poder dormir, daba igual donde me quedara a exprimir mi cerebro en busca de respuestas.

A la mañana siguiente, volvimos a nuestra rutina en Roma. Sí, me quedé, aunque no sabía porque exactamente.

Cuando estábamos almorzando en un restaurante de moda con vista a la Escalera de las Damas, se me ocurrió preguntarles sobre Edward. Pero ellos rápidamente evadieron el tema;

—¿Me dejará trabajar alguna vez? —dije picando la ensalada— No puedo sólo esperar a que se le ocurra volver.

Los tres italianos me miraron.

—Bella, entre menos preguntas nos hagas, mejor será para ti —Emmett habló quedadamente. —No podemos hablarte de lo que mi hermano quiere, hace o piensa.

—Maldita sea, creo que tengo derecho a saber qué hace, por qué no llama y si está vivo.— ladre, tirando los cubiertos al plato.

—Está vivo.— respondido con brusquedad.

Me incliné hacia atrás y volví a la comida. Por un lado, me gustaba la vida que había vivido durante algún tiempo, pero por otro lado, no era del tipo "mujer mantenida por un hombre". Sobre todo porque Edward no era mi hombre.

Al siguiente día, Alice y Esme desayunaron conmigo cómo siempre. Emmett llegó un poco tarde con el teléfono en la mano y disculpándose por el retraso.

—Lamento presionarlas, pero hoy dejaran Roma. —sonrió forzadamente.

Las tres lo miramos con sorpresa. El joven italiano sonrió y nos hizo una señal para que nos diéramos prisa. Seguimos sus instrucciones corriendo hacia nuestras habitaciones. Una vez dentro, me fijé el pelo en una cola de caballo alta y me rellené las pestañas; el bronceado cada vez más oscuro de mi cara me permitió maquillarme cada vez menos.

Sin saber a dónde iba, me puse unos cortos pantalones vaqueros en azul marino y un diminuto top blanco que apenas cubría mis modestos pechos. Traté la ropa de hoy como un manifiesto sin usar ropa interior. No seré elegante, pensé y me metí las piernas en mis queridas zapatillas Isabel Marant. Cuando me puse las gafas en la nariz y cogí el bolso, Emmett entro a mi habitación. Se puso firme como si estuviera atado, y me observo durante un rato.

—¿Estás segura de que quieres irte así?— preguntó avergonzado.—Mi hermano no se alegrará cuando te vea.

Me di la vuelta tranquilamente y me puse las gafas en la punta de la nariz y le di una mirada irrespetuosa. —¿Nos vamos?— Me di la vuelta y fui al ascensor.

Mi reloj exquisitamente caro mostraba las once cuando Emmett me metió en el coche junto a Alice y Esme.

—¿No vienes con nosotras? —le pregunte, mordiendome con el labio inferior como una niña.

—No puedo, pero Jasper se ocupará de ustedes mientras viajan.— Cerró la puerta y el coche se puso en marcha. Me triste. Alice apretó mi mano y me dio una sonrisa reconfortante. Esme y Jasper tenían una conversación tranquila pero animada en la parte de adelante, Alice se perdió en su teléfono y yo sólo pude imitarla.

Cuando volví a concentrarme en el camino, el coche estaba saliendo de la autopista y entrando en Fiumino. Jasper fue muy eficiente en el movimiento del gran SUV en las calles estrechas y pintorescas. En un momento dado el coche se detuvo y un enorme puerto lleno de yates exclusivos apareció ante mis ojos.

Jasper nos ayudó a bajar y nos hizo una señal para que lo siguiéramos.

Cuando nos detuvimos para subir a bordo después de unos pasos, me explotó la cabeza y me caí al suelo. El enorme barco apareció a mis ojos. La mayoría de los barcos en el puerto eran blancos como la nieve, este tenía un color de acero frío y oscuro y cristales tintados.

—El yate tiene noventa metros de largo. —Alice susurró en mi oído— Cuenta con doce cabinas de huéspedes, jacuzzi, sala de cine, spa, gimnasio y, por supuesto, una enorme piscina y zona de aterrizaje de helicópteros.

—Modesto— juzgué con la boca ligeramente abierta.

Cuando entré en la primera de las seis cubiertas, un impresionante salón apareció ante mis ojos, sólo parcialmente cubierto. Era elegante y muy estéril. Casi todos los muebles eran blancos, accesorios de acero, y todo se completó con un piso de acrílico. Luego estaba el comedor, las escaleras y un jacuzzi en la sección de proa. En las mesas había rosas blancas en jarrones, pero me llamó la atención una mesa sin flores en la parte superior. En su lugar había un enorme jarrón con hielo y botellas de moët rose sumergidas en él.

Antes de terminar de ver este nivel, Jasper apareció con una copa llena en la mano. ¿Todos piensan que soy alcohólica, y que la única forma de mantenerme tranquila es hacerme beber?

—¿Qué te gustaría hacer antes de que nos vayamos? ¿Visitar el barco?

¿Tomar el sol, tal vez servir el almuerzo?

—Me gustaría estar sola, si puedo— dejé mi bolso a un lado. Jasper asintió con la cabeza y desapareció. Me paré y miré el mar. Bebí la copa, luego otra y otra hasta que la botella se vació. La resaca que se estaba comiendo mi cuerpo era tranquilizadora porque estaba borracha otra vez.

El enorme barco llamado titán salió del puerto. Mientras la tierra desaparecía en el horizonte, pensaba en cuánto me hubiera gustado no venir nunca a Sicilia. No para evitar conocer a Edward y ser su supuesta salvación. Si nunca hubiera venido, podría seguir viviendo en mi mundo normal y no quedarme encerrada en una jaula dorada.

—¿Qué demonios llevas puesto?—escuché un acento familiar. Sonreí. —Te ves cómo...— Me di la vuelta y lo primero que veo es a Edward. En mi mente se reproduce la noche en que lo vi por primera vez.

—Me veo como quiero, y no hay nada de malo en eso— balbuceé. —Me dejas sin decir una palabra y me tratas como a una marioneta con la que juegas cuando tienes ese ego. Hoy la marioneta tiene ganas de andar en solitario.

Me aseguré que no me siguiera y me dispuse a perderme entre los pasillos del Titán. Ahora me arrepentía de decirle a Jasper que quería estar sola.

Me tomó cerca de 10 minutos encontrar las cabinas. A juzgar por la distancia entre cada puerta, pude deducir que las cabinas eran bastante amplias, al parecer todas las puertas estaban cerradas con llave a excepción de una. Con cuidado me acerqué a la puerta y la abrí despacio, solté un chillido de alegría cuando vi mis maletas en un mueble cerca del vestidor. Creo que había encontrado la que sería mi habitación en ésta cosa flotante.

Me encontré con borde con un par de cojines, estaba al borde de una ventana que ofrecía una vista casi completa al agua. Me senté abrazando mis rodillas con ambos brazos, y recargué mi cabeza contra el cristal. Estar a nivel del mar hacia que mi corazón se sintiera tranquilo, de hecho era lo más ideal para mí condición, pero nunca había concebido la oportunidad de irme a vivir a la playa, ni siquiera cuando estaba en Forks.

No sé cuánto tiempo pasé pérdida entre mis pensamientos, la conversación que tuve con Esme era un recuerdo constante que me hacía dudar de todo lo que creía.

¿Por qué seguía estando aquí? ¿De verdad creía que Edward lastimara a mi familia?

Un ruido proveniente de afuera me sacó de mis pensamientos.

Te l'ho detto mille volte (te lo he dicho mil veces) —alguien gritaba en italiano— ¡È abastanza! (Suficiente)

Fai solo il tuo dannato lavoro (Solo haz tu maldito trabajo) —otra voz grabe se escuchó. Mi curiosidad siempre es demasiada, y aunque no entendiera ni una palabra de lo que decían, por lo menos quería ver quienes estaban discutiendo.

Salí descalza al pasillo, tratando de no llamar la atención. Las voces se hacían cada vez más claras en señal de que iba en la dirección correcta.

—Edward, ¿Sai cosa hai fatto?(Sabes lo que has hecho? —distinguí la voz de Carlisle. Su tono no era para nada amigable.

—¡Dovevo fare qualcosa! (Tenia que hacer algo)—la voz del vampiro le respondió.

Sigilosamente avancé a la terraza donde se encontraban. Edward estaba de espaldas a mí, sentado cómodamente en una silla, al contrario de Carlisle, él rubio estaba frente a él con una posición defensiva.

—Questo… Questo significa guerra (Esto significa guerra)—Carlisle gritó y se puso de pie mientras movía las manos con desesperación. —¡Guerra tra due potenti famiglie! (Guerra entre dos poderosas familias).

Se volvió a sentar frente a Edward, se inclinó hacia él —L'unica cosa che puoi fare è sbarazzarsi di Isabella. (Lo único que puedes hacer es deshacerte de Isabella) —El rubió paso ambas manos por su cabello —Fai quello e chiedi perdono a Tanya. (Haz eso y pídele perdón a Tanya).

Edward se levantó y lo tomó bruscamente por los hombros— ¡Guarda cosa dici! (Cuidado con lo que dices) —le gritó mientras lo sacudía.

No había duda que hablaban de mí, y casi apostaba mi vida a que era relacionado con lo que pasó en el club la otra noche. Me arme de valor y me enfrenté a ellos.

—Lo siento —dije con voz segura. Ambos se sobresaltaron y me miraron. Edward soltó a Carlisle y se giró a enfrentarme.

—¿Lo sientes? —me miró inflando sus fosas nasales.

—Sí, lo siento —dije evadiendo su mirada. —No pensé que…

—Claro que no pensaste —Edward se acercó furiosamente a mí. Carlisle giró su vista hacia el mar, no sé si para darnos privacidad o para evitarme.

—¿Qué fue lo que pasó? —le grité ahora molesta.

—Nada que no se hubiese podido evitar de no ser por tu actitud esa noche. —sus ojos verdes me miraban fríamente, y su voz estaba cargada de veneno.

—Claro, siempre es mi culpa —me estiré para tratar de igualar su altura —¡Jodete! —di unos pasos hacia atrás— Ya es suficiente.

Corrí escondiéndome detrás del gran cristal negro que nos divida del exterior. Sé que parecía patética pero no me interesó, Me sentía furiosa, y lo que quería era desaparecer.

—Isabella —el vampiro me siguió, podía escuchar sus pasos furiosos siguiéndome.

—¡Maldita sea! — siseé con molestia, Subí las escaleras que me llevaban a la parte más alta y amplia de la popa.

—¿A dónde vas? —su voz resonó en mis oídos. Bueno, ¿es idiota o se hace? Estamos en un puto barco, ¿A dónde espera que vaya?

—Déjame sola —le grité sin mirarlo.

—Detente —me alcanzó. Su brazo rodeo mi cintura. —Basta. ¿A dónde vas?

—Aléjate de mí —lo empujé— Suéltame.

—Isabella ¿A dónde vas? —su cuerpo chocó con mi espalda y su brazo de nuevo rodeo mi cintura.

—¡Púdrete! —me volví a soltar, moví mis piernas furiosamente para tratar de mantenerme alejada. —¡Vete a la mierda!

—¡Basta! —gritó molesto. Sus brazos me alcanzaron, pero yo no estaba dispuesta a rendirme. Comencé a manotear para que se alejara y me soltara.

Podía notar su boca moviéndose, pero sus palabras no se registraban en mi mente. Continuamos forcejeando hasta que sentí un tubo metálico tocar mi espalda, sabía que me tenía acorralada, pero yo quería irme a esconder a mi cabina.

—No me toques —le grité y logré liberarme de sus manos. De pronto deje de sentir el metal en mi espalda y noté que extrañamente, el vampiro se iba alejando de mí. Sus ojos llenos de miedo y preocupación me miraron, y… eso es lo último que recuerdo.


¡Hola de nuevo! Como prometí, este es el ultimo de hoy jijiji. Si ya vieron la película, creo que ya saben que sigue, ¿verdad?

Espero mañana subirles otro par de capítulos, pero no se que tanto tiempo tenga, pues me voy a ir de viaje y aun tengo que arreglar unas cosas, en fin...

Nos leemos en el siguiente.