¡Love, yes I Do!
By: HybridVirus

Disclaimer: Hetalia y sus personajes son pertenencia de sus respectivos dueños, solamente soy dueña de Rafaela y no hay ninguna ganancia con esto, más que darles amor a las relaciones de mi país con otros países; solo soy una fan que escribe para fans.

Pd: Se aceptan donaciones en PP :La descalabran:

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Capítulo XVI

Las manos de Alice se aprietan en un par de puños, al posarse sobre la mirada incrédula que le dirige la esposa de su hijo. Como si no hubiera justificación alguna, para que se encuentre en el lugar que está ocupando. Puede ver las nerviosas miradas de aquellos con quienes hablo, observándola de reojo diciéndole que esto hará el trabajo más complicado para todos.

El gesto avergonzado en el rostro de Alfred, le dice que en verdad no ha conseguido reparar nada. Los dientes de la bretona crujen, porque esto se ha vuelto un circo fuera de su control. Pero eso no cambia las cosas, aun puede intentar convencer a los inversionistas de que sus palabras son correctas, y sus ganancias podrían verse mermadas con esta situación.

–Ahora que estamos todos, tomen asiento y empecemos con esto.

Un escalofrío le recorre la columna, porque hay una autoridad absoluta en la voz de Allister. Los ojos de Alice se concentran en la silueta del menor de sus hijos, quien se acerca apresuradamente a uno de los lugares libres de su lado de la mesa.

Pero la silueta estática de Rafaela la hace apretar los dientes, es claro que esa chiquilla está esperando porque se mueva. Si hace eso, solo demostrara que en verdad nunca ha contado con el apoyo de los Díaz, como aseguro antes de solicitar la reunión.

–Me intriga que haya una junta, y no se preocuparan por incluirme en la misma. ¿Qué no soy quien toma las decisiones, de la parte que le pertenece a mi familia?

Esa sensación en su estómago se agrava, no porque Rafaela se encuentra caminando en su dirección. No, es por el hecho de que se dirige hacia el lado de la mesa… que le pertenece a su hijo mayor. Sin duda Allister ha llegado a un acuerdo con Rafaela, acaso… ¿Le daría el divorcio, a cambio de su apoyo?

Los gemelos se apresuran a intentar ponerse de pie, solamente para detenerse al ver el ademan negativo que hace la susodicha. Su mano se aferra al respaldo de la silla de Allister, para sentarse en el descansa brazos de la misma. Sin siquiera importarle como es que eso, los hace estar realmente cerca el uno del otro.

–¿Qué, significa esto?

Gruñe entre dientes la mujer, intentando ignorar la forma en que la sonrisa del pelirrojo pasa a curvarse en un gesto, que reconoce como algo repleto de malicia y socarronería. Puede ver de reojo, la nerviosa forma en que varios de los ocupantes de la mesa, desvían el rostro con un claro gesto de realización en sus facciones.

Hay quienes rehúyen a su mirada, en algo que sabe es un claro aviso de que no pueden brindarle ninguna clase de apoyo. La mano izquierda de Rafaela se coloca sobre la mesa, para ser imitada por la extremidad de Allister. Los dedos de ambos se entrelazan, y es así que puede ver un par de argollas idénticas.

–Viendo que estamos todos presentes en esta junta, me tomare la libertad de presentarles a la señora Kirkland. Aunque eso es realmente innecesario, pues ya la conocen.

Las nerviosas felicitaciones de las personas, resuenan en sus aun incrédulos oídos. La mano de Arthur se posa sobre su hombro, en un intento porque reaccione. Pero se siente como si estuviera cayendo, justo como si un abismo negro se encontrara debajo sus pies.

Esto tiene que ser una pesadilla, no hay forma en la que Allister fuera capaz de llegar a tanto. Joderla a ella lo encuentra creíble, pero ¿Lastimar a Alfred de este modo? Los ojos de Alice se posan sobre el rostro del estadounidense, esperando encontrar molestia, vergüenza o desesperación.

Pero lo único que puede ver, es una honesta curiosidad en la mirada celeste. Una que anuncia que de no tener cuidado… también perderá el control de Alfred y Arthur.

–Ahora, volvamos a lo realmente importante. Su intento de reemplazarme, con el supuesto apoyo de mi familia política.

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Una sonrisa se apodera de sus labios, porque es notoria la ira que existe en las esmeraldas de su madre. La forma en que sus uñas se hunden en la mesa, como un gato afilándose las garras preparándose para atacar. Le dice que el verdadero drama dará inicio, en cuanto la junta llegue a su fin y el resto de los presentes se retire del lugar.

No es sorpresa que en el instante en que Rafaela hace acto de presencia, todos cambian su tono al entender que no hay forma en la que los Díaz, apoyen esta solicitud hecha por los inversionistas. No solamente su madre queda mal parada, también expone a aquellos que han intentado ponerse en su contra.

–Aprecio que vinieras, pensé que no querrías verme ni en pintura.

Sus palabras no son más que un susurro, algo únicamente para los oídos de ellos dos. Mientras que los miembros de la directiva, continúan hablando los unos sobre los otros, en un claro intento por desviar la atención sobre el tema que los ha traído originalmente a la sala de juntas.

Todos son hijos de los inversionistas originales, que al igual que su padre y el señor Díaz han heredado el poder a su estirpe. Así que no le resulta realmente sorpresivo, que den un paso hacia atrás al entender que los hijos de los accionistas, han forjado un lazo que puede traer consigo, la consecuencia de quedar mal con algún lado de la compañía.

–Le pediste a Seamus que me llamara, era obvio que vendría corriendo.

Como puede, Allister intenta contener la risa que amenaza con escapar de su garganta. Porque el tono indignado de su esposa, le resulta realmente adorable. Sin duda alguna sigue molesta, pero no es como si le hubiera escondido eso apropósito.

Es realmente irónico, porque no menciono nada de su compromiso. Justamente para que Rafaela no pensara, que la había rechazado porque no quería casarse con ella. Tal parece que esa decisión, comoquiera había vuelto para morderle el trasero.

–Sabes mejor que nadie, que tu siempre fuiste la única opción…

Los labios del escoces se curvan levemente, al sentir la forma en que la ojimiel intenta crear un poco de distancia entre sus cuerpos. Algo que es simplemente imposible, gracias al lugar que ha elegido para sentarse. El gesto más que para estar cerca de él, es un claro intento por molestar a su madre.

Algo que sabe funciona a la perfección, porque puede sentir la forma en que la europea casi lo apuñala con la mirada. Sin duda alguna la mujer está impaciente, porque la junta termine y así poder intentar despellejarlos. Así que al menos debe de darle una verdadera razón, para justificar su futura agresión ¿No?

–Déjame demostrártelo…

Las palabras que Seamus le dijo hace horas en su oficina, resuenan insistentemente en su subconsciente. ¿Debería siquiera tomarlas en consideración? Las mismas suenan como algo ridículo, pero una parte de él sabe que hay cierta verdad en las mismas.

Los dedos de Allister toman la mandíbula de la menor, buscando redirigir el rostro de Rafaela hacia el suyo. Las miradas ámbar y opalina se encuentran, es apenas un instante… pero ambos pueden jurar que se les eriza por completo la piel.

"Si ella no quiere eso, te lo hará saber…"

En la sala de juntas todo el mundo es un caos, los gritos y las discusiones del resto de los ocupantes de la mesa. Le dicen que no hay riesgo alguno, en llevar a cabo sus acciones. Porque en este momento, todos están intentando inculparse los unos a los otros por otras cosas, como para ponerles la más mínima atención.

El aroma del perfume y la colonia que llevan puesta, se mezclan de una forma tan divina. Que jura es como una señal de que puede permitirse, llevar a cabo esta simple acción. Han pasado solo unos días desde su último beso, pero eso es algo diferente… porque eso formaba parte de una ceremonia.

"No lo pienses tanto Allister, solo bésala y ella hará el resto."

Esto es diferente… porque se siente similar a la última vez, que se besaron hace un año… justo antes de que Allister cediera ante las ideas de su madre. La sensación de una mano, que se aferra a la solapa de su saco le dispara el corazón. Porque están tan cerca y ninguno parece siquiera pensar, en alargar la distancia entre sus cuerpos.

El roce de sus labios se convierte en un suave vaivén, cuya lentitud dispara la taquicardia en sus corazones, recordándoles esa vez en que solo tenían diecisiete años y habían terminado envueltos en las sabanas de la cama. Un año, ocho meses, dos semanas, seis días, doce horas y quince minutos… esa es la cantidad de tiempo, en que no habían tenido este tipo de contacto.

"Si no se rehúsa, quiere decir que hay algo ahí… ¿No lo crees, Allister?"

Los dedos del escoces suben lentamente por la bronceada piel, asegurándose de presionarse contra la mejilla de Rafaela. Permitiéndoles ahondar el contacto de sus labios, y eliminar así cualquier distancia entre sus torsos. Es risible que esta mujer piense, que la cambiaría por cualquier otra.

Puede que el camino de ambos fuera algo repleto de altibajos, pero eso no cambiaba que era su primer todo. Su primera amiga desinteresada, su primera compañera de baile… que enserio disfrutaba pisotearle los pies, en cada oportunidad que tenía. La primera persona con la que compartió un cigarrillo, su primera cita, su primer beso… su primera vez.

Sabia de sobra que Rafaela era su todo, y al mismo tiempo su nada ante la complejidad de su relación. Era la compañera que había estado ahí, a pesar de que siempre se intentaban hacer rabiar por encima de todas las cosas. Pero que sin importar lo mal que estuviera todo… jamás se había permitido no estar a su lado, en todas y cada una de sus decisiones.

Si, Seamus tenía razón en sus palabras. Sin duda alguna… había algo ahí. Estaba completamente seguro de ello. Pero, ¿Enserio intentarían encontrarle forma, a la madeja de esos turbios sentimientos?

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El 'clack' de la puerta cerrándose detrás del grupo, que sale a toda prisa es el catalizador que todos saben marca el comienzo de una discusión. El estruendo de una silla azotándose de golpe contra el suelo, y la mano de Alice chocando contra la madera de la mesa. Indican que es el inicio del drama familiar, al que están tan acostumbrados todos los presentes.

Alfred y Arthur solo atinan a recorrerse hacia un costado, intentando no estar al alcance de la furiosa mujer. Quien no hace nada más, que mirar acusadoramente al matrimonio que se encuentra frente a ella. Esto se une a la lista de cosas imperdonables, por las que Allister le ha hecho pasar.

–¿Cómo diablos se atreven, ya olvidaste que esa es tu cuñada?

El rostro del escoces se mantiene impasible, rehusándose a darle gran emoción a la mujer que contribuyo a traerlo a este mundo. No le debe explicaciones, no cuando ha intentado de nuevo relevarlo de su cargo. El pulgar de Allister se desliza lentamente contra el dorso de la mano de Rafaela.

Bien podría decir que la caricia es un intento por calmarse, y en parte es cierto que está intentando no perder el control. Pero necesita evitar que sea Rafaela, quien salte ante la clara provocación de la mujer. Necesita que ambos estén calmados, porque todo puede escalar rápidamente con su madre exhaltada.

–Rafaela es mi esposa, madre. Nuestro matrimonio es legal ante la sociedad y la ley. Pero aún más importante, es aceptable para ambas familias.

La molestia en el interior de Alice aumenta, al ver la calma con la que el resto acepta las palabras del mayor de sus hijos. ¿Acaso nadie se va a oponer? Entiende porque es que los gemelos, no dicen nada en absoluto sobre esto. Después de todo ellos y su hermano, son como las uñas y la mugre. Siempre juntos, por más que uno intente mantenerlos separados.

La mirada verde se encuentra con los orbes de Arthur, en un claro indicio de que diga algo sobre la decisión de su hermano mayor. El breton traga en seco, ante la obvia orden de su madre. Pero no puede negar que el estoico rostro de Allister, es más aterrador y promete una vida repleta de auditorías, en caso de que se atreva a decir una sola cosa.

–Ahora que estoy casado, hay cosas de las que todos deben de estar enterados.

Los ojos de Alice se dirigen hacia su única esperanza, intentando que Alfred entienda que debe de decir algo sobre todo esto. Esa es su esposa por dios, tiene que exigirle a su hermano que se detenga en ese mismo instante. Pero no consigue más que encontrarse, con el ceño fruncido del menor de todos sus hijos.

No hay forma en que haya criado a este grupo de cobardes, dispuestos a aceptar que alguien más dicte las ordenes sobre su existencia. No piensa permitirlo, no se quedará aquí a escuchar las palabras de Allister. Necesita encontrar el modo de arreglar esto, necesita hablar con Águila o incluso con Isabel. No hay forma en la que ambos, hayan aceptado semejante escándalo.

Sus pasos la llevan apresuradamente hacia la puerta, solamente para detenerse al escuchar la forma en que la voz de su hijo, le recuerda en este mismo instante la de su difunto esposo.

–Mi matrimonio no está a discusión, todos aquellos que no se queden a escuchar. Pueden prepararse para perder el estilo de vida, al que están tan acostumbrados.

La piel de la mujer se eriza, porque sabe de sobra que es una advertencia exclusivamente para ella. Ya que es la única que está de pie, y no se encuentra lista para acatar las indicaciones de su hijo. Los nudillos de Alice crujen, gracias a la fuerza con la que aprieta las manos. Porque ya no siente que sea su hijo en la silla, se siente como si estuviera escuchando a su esposo una vez más.

"Si sales por esa puerta Alice, te aseguro que no recibirás nada de mi…"

Continuara…

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Hybrid-Virus

Yo! Que dijeron, ¿esta mujer despiadada cree que puede solamente actualizar una vez y dejarnos tranquilos? Pues no, aquí tengo otro capítulo para el fic consentido. :B

En este capítulo y en el que sigue se extiende un poco el drama familiar, pero enserio quería darles un momento juntitos al par de peleoneros. Para que empiecen a entrar en ánimos, de intentar revelarse la verdad mutuamente. ¡Alguien tiene que ceder! Pero veremos cómo es que las cosas se van desarrollando.

El tiempo que se menciona que han esperado por un beso, es una referencia a la fecha en que fue publicado el fic y el día en que se publicó este capítulo. :D

De nuevo, Alice no es mala. Simplemente tiene mucho resentimiento en su interior, este énfasis se hace notorio en la clara preferencia que tiene por Alfred y Arthur. Ya que sus hijos mayores, le recuerdan a su esposo.

Sin más por el momento, dejen un review y nos vemos en la próxima actualización.

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