Advertencias: AU-OOC-Boys Love-Crack shipps

Yu Yu hakusho y Nabari no ou, así como YUGI-OH! No me pertenecen, sus personajes, así como las series son de sus respectivos autores, esta historia va con el fin de mi entretenimiento y el de los lectores.

Capítulo 28: Limón y sal

No podía apartar mi vista de él ni por un segundo mientras sentía mi rostro acercándose como si fuera un imán, observé como cerraba sus ojos y yo estaba por hacer lo mismo, pero entonces noté a un par de idiotas que se introducían con descaro a nuestra habitación.

—Lamentamos interrumpir maricas enamoradas —Grito Bakura —Estamos aburridos.

Sentí una gran frustración ante aquella interrupción, de por sí no era sencillo poder tener un momento de tranquilidad con Yoite, y ahora estos idiotas venían a complicar más las cosas.

—¿¡A nosotros qué nos importa!? —Grite frustrado.

Bakura entonces esbozo una sonrisa como si no matara ninguna mosca a pesar de tener el cadáver de cientos de ellas bajo su almohada ¿Quién le podía creer a ese psicópata? Marik por su lado parecía simplemente disfrutar de ver el mundo arder en silencio.

—¡Veamos qué tan malo eres jugando, gnomo maldito!

Grito Bakura mientras sacaba un tablero de un juego de mesa, y sin siquiera escuchar una respuesta ambos imbéciles se sentaron en el suelo como si fueran unos mocosos, Yoite y yo nos quedamos procesando lo que ocurría, nos miramos el uno al otro y me percate que seguía estando muy cercas suyo así que me aparte y camine hacia la ventana de nuevo mientras maldecía la existencia de Bakura y me sentía abatido por no poder resolver nada con Yoite, otra vez.

Al principio intentamos ignorar al cabello de estropajo, me estuve un largo rato mirando hacia la ventana y como iban apareciendo las primeras estrellas en el cielo nocturno, creía que si no los miraba no existían, pero olvidé que Bakura tenía una gran bocotá la cual, si no la usaba para decir vulgaridades, la empleaba para hartar a la gente, no paraba de llamarnos gallinas por no querer jugar su tonto juego, entonces hartos acabamos accediendo ¿Qué tan difícil podía ser ese tonto juego de niños?

A estas alturas de mi vida me arrepentía de haber aceptado, por lo menos hubiera preferido que trajera una jodida ouija, eso hubiera sido más interesante, y no lo digo porque iba perdiendo ¡Que quede claro! El juego se prolongó por horas, incluso a este par de tarados les importaba un demonio el toque de queda, todo con tal de vernos agonizar en sus garras, en algún punto el juego se tornó serio, y en algún momento harto del juego y no poder ganarlo termine lanzando el tablero por la ventana ¿Me arrepiento de algo? ¡Para nada! Ahora si estábamos jugando bajo mis reglas y empezamos una lucha entre los tres mientras Yoite nos miraba como si fuéramos unos idiotas cavernícolas, el escándalo llamó la atención del hippie quien acabo echando a los intrusos y nos mandó a dormir, como sea.

Tener que levantarse temprano no siempre era una tarea fácil, incluso me quedé esperando a que alguien me gritara que me levantara, pero para mi sorpresa no sucedió, cuando desperté me encontraba solo en una habitación que no era la mía.

—Cierto…

Susurre cuando volví en mis sentidos, luego bostece, me recosté un rato más hasta que el ruido de afuera me hizo levantarme, mejor no tentar a la suerte debía prepararme para otro largo día.

A pesar de que tomé un baño, a pesar de que me repetí a mí mismo que era hora de salir, acabé tumbándome en el sofá, con suerte nadie notaria que no estaba presente ¿No? Quería aferrarme a esa idea todo lo posible, aunque fui sin duda ingenuo y lo entendí cuando sentí como me apretaban la nariz y fue entonces que me percaté del peso adicional sobre mi pecho.

—Te despiertas con risas o el sonido de la puerta, pero ni siquiera reaccionas con pellizcos, eres bastante selectivo.

Cuando abrí los ojos miré a Yoite sentado encima mientras hacía travesuras con mi rostro.

—¿Puedo saber qué haces sentado encima de mí?

Pregunte cuando por fin había reaccionado completamente, él me miro sin hacer ninguna expresión en su rostro, y sin responder a mi pregunta, entonces alcé la ceja, confundido.

—No, no puedes —Respondió por fin.

—De acuerdo, entonces ¿Cuándo planeas moverte?

—No lo sé, eres muy cómodo.

Solté un suspiro ¿Era en serio? Yoite podía ser tan extraño e impredecible, estaba por empujarlo para quitarlo de encima, pero él se levantó rápidamente cuando noto mis intenciones, entonces alguien toco a la puerta, era el príncipe encantado, que novedad.

—Debemos bajar a desayunar —Dijo Yoite.

Ya me había puesto de pie, así que asentí mientras bostezaba, ambos salimos y así inicio el largo día.

—¿No será muy pesado hacerse cargo de todos esos ruidosos?

Pregunte mientras le tomaba un sorbo a mi café y miraba como los demás hacían alboroto tan temprano ¿Nunca se les acaba la batería? ¡Por Enma es demasiado temprano! Y a pesar de que estábamos sentados en una mesa en el fondo se podía seguir escuchando todo el ruido, incluso la risa estúpida de Bakura, el cual se encontraba en medio de una competencia de comida con Jonouchi, y yo rogaba que se ahogara con el pure de papa.

—Por eso quiero renunciar a mi cargo —Respondió Yoite.

—Creo que a estas alturas no te van a aceptar tu renuncia.

Respondí mientras me reía y volvía a poner mi taza en la mesa, al menos Yoite me ponía de buen humor, aunque al mismo tiempo el escuchar la voz de Yami en la otra mesa me regresaba a toda esa incertidumbre emocional que cargaba.

—¿Te puedo hacer una pregunta?

No estaba seguro cómo abordar el asunto, pero anoche ni siquiera habíamos podido tener una conversación decente, y mi cabeza seguía siendo un lío.

—Bueno, ya lo estás haciendo.

Yoite respondió algo burlón, mientras yo miraba el café que quedaba en mi taza, no encontraba palabras, entonces mire hacia la otra mesa donde se encontraba Yami riendo con sus amigos, y bueno, había demasiadas preguntas en mi mente.

—Es en serio, Yoite.

—No eres del tipo de persona que pide permiso ¿Por qué tanto misterio?

Me sentí algo ahogado, tosí para poder aclarar mi garganta con la esperanza de que las palabras pudieran salir sin problema.

—¿Por qué te enamoraste de Yami?

La sonrisa que se había dibujado en el rostro de Yoite se borró tan rápido como habían salido mis palabras, no me sorprendió.

—¿Por qué vuelves a hablar de eso? Ya te dije que eso está en el pasado.

Tampoco me sorprendió que se enojara, y realmente quería dejar el asunto de lado, pero por más que miraba a Yami, y miraba a Yoite, y sobre todo me miraba a mí, no había punto de comparación, éramos tan distintos, eso me inquietaba por algún motivo.

—No lo sé, solo quiero entender algunas cosas…

—¿Qué quieres entender? No hay nada que entender, lo de Yami está en el pasado ¿No es suficiente para ti?

¿Debía serlo? Es decir, supongo que tiene razón, no debería ser importante de quién estuvo enamorado antes, si no a quien ama ahora, y aun así me siento inquieto, guarde silencio mientras volvía a posar mis ojos sobre mi bebida, Yoite entonces se levantó y se fue, eso tampoco me sorprendió.

Yami pareció notar la discusión, en cuanto Yoite se fue él también se levantó de su lugar y siguió sus pasos, como sea, que hagan lo que quieran, es muy temprano para mí, así que recosté mi cabeza en la mesa mientras tomaba el salero de en medio y lo hacía girar, me distraje tanto en eso que no había notado como se acercaban tres idiotas hacía mi dirección.

—¿Qué pasa enanito? ¿A caso Yoite termino contigo?

Pregunto Bakura burlón, lo ignore.

—Te ves horrible viejo.

Dijo Jonouchi mostrando sincera preocupación, lo ignore.

—Deberías tener cuidado con Yami, ese casanova.

Dijo Marik, al parecer si tenía voz y no era solo un personaje del fondo, lo ignore.

—Solo dices eso porque Anzu sigue clavada con él.

Bakura se rio, mientras Jonouchi me quitaba el salero, levanté la vista y veía como Marik le hacía una llave a Bakura, y Jonouchi le echaba sal a un limón, me centré en el limón.

—Yoite es como un limón con sal —Susurre.

—¿Dijiste algo viejo? ¿Quieres limón también? —Pregunto Jonouchi.

Negue y volví a poner mi cabeza en la mesa, mientras Bakura y Marik seguían peleando, Jonouchi se sentó y los miro atento mientras chupaba el limón y hacia muecas, yo miraba por momentos hacia Yoite quien seguía hablando con Yami, chasqueaba la lengua y volvía a mirar a los idiotas a un lado de mí, cuando se cansaron tomaron asiento.

—¿Entonces si te dejo Yoite? —Pregunto Bakura.

—No —Respondí.

Era sorprendente como a este punto seguía creyendo que salía con Yoite, aunque no del todo, es decir siempre que nos encontraba estábamos en poses muy cercanas, volví a mirar hacia Yoite, y desvié la mirada, tal vez lo mejor era dejar el asunto de Yami por la paz, y eso me quería repetir como un mantra, sin embargo me irritaba ver al casanova sonriendo tan amistoso con Yoite, empezaba a entender el malestar de Marik quien no paraba de quejarse sobre Yami y la tal Anzu, mire al moreno, el cual también me miro y como si hiciéramos un pacto, juramos odio eterno a Yami.

—Siento que me perdí de algo —Dijo Jonouchi.

—Yo aún tengo hambre —Respondió Bakura.

—Ojalá te hubieras ahogado con el pure de papa —Respondí.

Durante las siguientes horas nos pusieron a hacer calentamiento y a realizar varias actividades deportivas, me sentía lo suficientemente irritado para lanzarle balones a las pobres almas incautas que se cruzaran por mi camino, no aguantaban nada si me lo preguntan.

—Hiei ¿Podrías ser menos agresivo? Ya has mandado a cinco chicos a la enfermería.

Yami sonrió nervioso, yo chasque la lengua mientras le pasaba el balón con el que jugábamos quemados, que exagerado, había sido muy blando, en otro momento hubiera mandado a unos diez más, Yoite por su lado se las había arreglado para sobrevivir y evadir actividades, lastima, hubiera sido divertido verlo jugando quemados.

—Ahora toca actividad libre, pueden jugar a lo que quieran o tomar un descanso, si van a darse una vuelta procuren no irse lejos, no molesten a otros grupos —Anuncio Yami.

Iba a buscar a Yoite, pero Bakura me detuvo.

—¿También tienen actividad libre?

Pregunto mientras me sujetaba del cuello y me arrastraba con los demás.

—Los de segundo año al parecer tienen actividad libre —Respondió Marik.

—Suéltame idiota…

Intente zafarme de su agarre, cuando lo logre Yusuke me sujeto en su lugar ¿Era en serio? De la nada un grupo de babosos se habían amontonado a mi alrededor decidiendo que hacer.

—¡Juguemos soccer!

Dijo Jonouchi mientras traía un balón, por un demonio, déjenme ir.

—Suena divertido, yo me apunto —Dijo Yami.

—Paso —Respondí.

De nuevo intente soltarme del agarre de Yusuke, el cual fue más difícil de lograr, ahora lo que quería era buscar un lugar para dormir un rato.

—Vamos Hiei, no seas aburrido ¡Juguemos! —Yusuke sonrió.

—¿Qué pasa enano? ¿Tienes miedo de perder contra mí?

Kuwabara se señaló con orgullo a sí mismo, yo quería tomar el balón y estrellárselo en la cara.

—Seguro lo que pasa es que no sabe jugar soccer, así como no sabe jugar juegos de mesa.

Dijo Bakura aun guardando rencor por haber lanzado su tonto tablero.

—¿De qué hablas Bakura? Tú tampoco sabes jugar soccer.

Contestó Marik con toda la mala intención, debía seguir rencoroso por el asunto de la tal Anzu, se podía notar en esa sonrisa, Bakura lo fulmino con la mirada, a todo esto, yo ya he jugado soccer antes ¿Son tarados? ¿Olvidan quién fue el que gano los tontos eventos deportivos?

—¿Qué tienen que ver los juegos de mesa? —Preguntó Kuwabara.

—Concéntrate Kuwabara —Dijo Yusuke.

—¿Me puedo ir? —Pregunte.

—¡Por supuesto que sé jugar! ¡Vamos gnomo! ¡Si me vences perdonare lo que le hiciste a mi tablero!

Bakura me jaló hacia la cancha, mientras los demás apoyaban la noción como tarados, de nuevo nadie escuchaba mi opinión ¿Por qué no me sorprendía? Kurama y Yami se veían nerviosos, tal vez con temor de que alguien más fuera a la enfermería, ojalá.

Nos habíamos dividido para formar los equipos, y el partido empezó relativamente bien, aunque en verdad Bakura no sabía qué demonios hacía, y yo estaba más centrado en golpear a alguien con el balón, tal vez así me sacaban del partido, pero Kurama y Yami siempre me quitaban el balón cuando notaban mis intenciones, como los odio, y como era de esperarse el lugar se llenó de chicas locas gritando.

—¡Bakura deja de meter el balón en la portería del otro equipo! —Grito Marik.

—¡Yo hago lo que quiero! —Respondió Bakura.

—¡Se nota que no sabes lo que haces!

—Vamos chicos, no peleen, sigamos jugando.

Yami intento calmarlos, mientras yo aproveche para meter el balón a la portería ante su distracción.

—¡Eso no se vale!

Gritaron Bakura y Marik al unisonó, desvié la mirada mientras rascaba me oído, que ruidosos son.

—El juego no se ha parado, así que sí vale —Dijo Yusuke.

—¡Dejen de parlotear! —Grito Kuwabara.

—¡Son tramposos! ¡Horribles! ¡Se aprovechan de Yami!

Gritaron unas chicas, mientras Kuwabara se peleaba con ellas, rodé los ojos, Yami sonrió nervioso, Bakura volvió a tomar el balón y lo pateo con fuerza golpeando en la cara al profesor, por fin había terminado este ridículo juego.

Cuando por fin acabaron las actividades de la mañana fuimos a comer, ya era hora, tenía demasiada hambre y me sentía lo suficientemente irritado, quería intentar estar con Yoite, pero acabe siendo arrastrado de nuevo con todos estos tontos que seguían eufóricos por el partido, me tuve que resignar mientras intentaba comer, supongo que ya podría hablar con Yoite cuando estuviéramos a solas en la habitación.

Me había metido demasiado en mis pensamientos que el sonido había desaparecido, pero volví a la realidad (por desgracia) cuando una albóndiga y algo de espagueti aterrizo en la mesa, al menos la albóndiga golpeo a Jonouchi y eso fue divertido.

—¡Chicos! Recuerden sus modales.

Keiko intento controlar a un grupo de chicos que estaban lanzando espagueti, no parecía tener mucho efecto, así que Kurama y Yami se acercaron y asunto resuelto, incluso los pusieron a limpiar su desorden.

—Vaya cretinos, lanzar así la comida.

Decía Jonouchi mientras se comía la albóndiga, no estaba seguro como sentirme al respecto, así que opte por volver a irme a mi mundo.

—Marik en verdad anda detrás de Anzu, aunque no tiene oportunidad, la chica babea cada que ve a Yami —Dijo Bakura.

—¿Eh? Bueno, igual Anzu tampoco tiene oportunidad con Yami ¿Qué importa? —Respondió Jonouchi.

—Sigue siendo patético, gracioso y patético —Contestó Bakura —¿Ese no es Yoite?

Sí, era Yoite intentando ser una planta mientras arrugaba la nariz y hacía muecas, intente no reírme, pero siempre era divertido verlo fastidiado, Marik y la tal Anzu ni siquiera se percataban que estaban hablando a lado del pobre chico.

—Esos dos coqueteando a lado de él, que desvergonzados.

Dijo un pelinegro de ojos verdes, no estaba seguro cuál era su nombre.

—Ryuji, creo que Anzu está bateando a Marik, que confuso —Dijo Jonouchi.

Observé como Yoite decidió comer a pesar de todo, y esbocé una leve sonrisa.

Cuando el almuerzo termino, continuo la tortura solo que ahora en el sofocante calor de la tarde.

—¿¡Tenemos un hotel fresco y debemos salir al calor!?

Se quejaron unos chicos del otro grupo, mientras yo bostezaba, el calor me producía más sueño, y además me sentía muy lleno.

—Es un campamento, hay que hacer cosas de campamento, arriba ese ánimo.

Dijo uno de los profesores a cargo.

—¿No podemos tener un campamento en la piscina?

Preguntaron ahora unas chicas, yo por mi parte quería dormir una siesta.

—Hoy no, vamos chicos —Respondió el profesor.

Todos parecían muertos vivientes bajo el abrumador calor, tal vez el verdadero plan de la escuela era deshacerse de los más débiles, justo, cruel, pero justo, bueno exagero. Cuando la tortura acabo, tomamos un descanso antes de ir a cenar, Yoite desapareció de mi vista en cuanto se nos dejó libres, supuse que estaba en la habitación, estaba decidido a ir, pero algo me detuvo, y esta vez no fueron los idiotas, fui yo mismo, seguía confundido, no estaba seguro de lo que debía decir o hacer con respecto a él.

—¿Todo bien Hiei? —Pregunto Kurama.

Voltee a verlo, luego suspire, no tenía muchas opciones supongo.

—No del todo —Respondí.

—Vaya, es realmente raro que seas tan honesto, y supongo que nuevamente trata sobre Yoite.

Seh.

Kurama me miro atento, y yo decidí recargarme en una pared mientras veía a los demás revolotear por todas partes, había alguno que otro visitante del hotel paseando por los pasillos, aunque eran menos en comparación con todos los estudiantes, Kurama se acercó y se recargo en la pared también.

—¿Hay algo en lo que pueda ayudarte?

Kurama me miro un momento antes de posar la vista en los demás.

—No lo creo, no lo sé ¿Por qué es tan complicado?

La cabeza me daba vueltas, a este punto no sabía que era correcto o incorrecto, quería evitar el enojo de Yoite, pero parecía que cada movimiento era un fallo total.

—Bueno, nunca nadie dijo que fuera sencillo relacionarse con los demás.

—¿Lo dice el sujeto que lo adoran las chicas? No molestes.

—Bueno, no es como si hiciera algo en particular para que eso pase.

Kurama se rasco su mejilla, nervioso, yo chasqueé la lengua, sin duda esto no llevaba a nada, aunque tampoco es que lo estuviera llevando a algún lado desde el inicio.

—De todos modos, no es como si todo el mundo me adore, por ejemplo, creo que mi compañero Kaito me detesta —Se rio.

—No creo que quieras la atención de Kaito, de todos modos.

—En cierto modo estoy recibiendo su atención, aunque de forma negativa.

—Ignorando lo de Kaito ¿Alguna vez has tenido problemas con un interés amoroso?

Me quería cortar la lengua, decir estas cosas en voz alta era demasiado para mí.

—Sí ¿Quién no?

—Te voy a golpear…

Kurama levanto sus manos y sonrió.

—No es broma, si los he tenido, hubo una chica, Maya, aunque nos gustábamos, me pregunto ¿Cuál fue el problema?

—Te voy a golpear…

—¿De qué hablan chicos?

Botan se acercó con su habitual entusiasmo.

—Hiei tiene problemas amorosos.

—¡No le digas!

¡Era un hecho lo iba a matar!

—¿¡En serio!? ¡Yo puedo ayudar!

Se señaló a sí misma con una sonrisa.

—¿En verdad sabes de esas cosas? —Pregunte.

—¡Que grosero! ¡Claro que lo sé! Vamos cuéntame y verás.

La mire dudando, y la verdad no quería decirle nada.

—Olvídalo.

Desvié la mirada, esto era demasiado ridículo, a este paso realmente me iba acabar cortando la lengua, Botan agacho la cabeza derrotada.

—El problema es que eres muy cerrado, si nunca dices lo que piensas los demás no serán capaces de entenderte —Dijo ella.

—¿Qué pasa cuando digo lo que pienso y eso lo enfurece?

—No solo se trata de decir las cosas, debes tener tacto para decirlas, y pensar si lo que dirás es agradable para el otro o no.

—Vaya, sí que dices cosas inteligentes —Respondí —Lastima que seas una lengua suelta.

Finalice mientras dejaba a esos dos atrás, Kurama negó con su cabeza nervioso.

—Por supuesto… ¡Espera! ¡A eso me refiero con no tener tacto!

Ella grito, pero yo ya estaba lejos, supongo que Kurama se encargaría de calmarla. Al menos ya me sentía algo despejado, la chica tenía razón, debía considerar si lo que estaba por decir podía ser agradable o no para Yoite.

Cuando me pare frente a mi habitación e intente abrir, pero me percate que no se podía sin la tonta llave, la cual olvide, iba a tocar, entonces me detuvo un pensamiento que había llegado como una ráfaga, me quedé mirando un rato aquella puerta, sin duda no había forma de abrirla sin la llave, incluso forzarla era difícil, mientras me encontraba pensando en eso, Yoite abrió y me miró.

—¿Por qué no entras?

—Estaba pensando en algo, si las puertas no se abren desde afuera ¿Cómo se metieron los dos imbéciles anoche?

Yoite guardo silencio.

—¿Olvidaste tu llave?

Me preguntó después de un momento sin decir nada.

—Lo hice —Acepté.

—¿Por qué no tocaste?

—Estaba reflexionando ¿Cómo lo hicieron?

—¡No tengo idea!

—Podrían entrar en la noche y matarnos.

—¡Lo sé!

Ambos nos miramos, y luego nos reímos, al menos ya estábamos en la misma página, en una aterradora, pero la misma, al fin y al cabo. Entré a la habitación y me fui a tomar un baño, ya hablaría con Yoite después de cenar, de todos modos, parecía que su enojo se había disipado, era un buen comienzo.

Cuando baje para cenar, Yoite se encontraba comiendo solo de nuevo, así que fui con él, esta vez nadie se interpuso, cuando tome asiento, él se me quedó viendo extrañado.

—¿Qué? —Pregunte.

—Pensé que te sentarías con tus amigos.

—No son mis amigos, solo les gusta molestar.

Dejando eso de lado, me puse a comer, y él hizo lo mismo sin más rodeos, después de un grato momento en silencio, Yusuke y Kuwabara se sentaron con nosotros sin preguntar y empezaron a parlotear sin sentido acabando de nuevo con mi preciada calma.

—¿Por qué se sentaron aquí? —Pregunto Yoite.

—No me preguntes a mí, no suelo entenderlos —Respondí muy sincero.

—Creo que nunca nos han presentado de la forma correcta, soy Yusuke.

Hablo de pronto Yusuke con Yoite, raro.

—¿Me habla a mí? —Pregunto Yoite confundido.

—Te habla a ti —Respondí.

—Ah, sí te recuerdo, cantaste una horrible canción que haría llorar a la nación de México, además tu léxico era interesante.

Respondió Yoite algo nervioso de la inesperada conversación.

—Creía que eran canciones de Colombia —Dijo Kuwa idiota —Yo soy Kazuma Kuwabara, por cierto, mucho gusto.

Yoite simplemente asintió, y guardo silencio mientras picoteaba un trozo de zanahoria en su plato.

—No, no, Kuwabara, eran de Cancún —Dijo Yusuke.

—Cancún es de México —Comentó Yoite.

Me sorprendió que supiera eso, aunque bueno, era un chico culto.

—¿Cancún no es de Cuba? —Pregunto Kuwa idiota.

—Tonto, Cuba se encuentra en África —Respondió Yusuke.

—No, Cuba se localiza…

Yoite iba a corregirlos de nuevo, así que le puse la mano en el hombro mientras lo miraba y negaba, era caso perdido seguir hablando con ellos de esas cosas.

—Esos idiotas no podrían llegar ni a Tokio, aunque se lo propusieran, les exiges mucho con que sepan dónde queda Cuba.

—Supongo.

Yoite guardo silencio de nuevo, mientras que ese par seguía hablando de cualquier cosa, en algún punto Kurama, Botan, Keiko y mi hermana se unieron a nuestra mesa y todo se volvió más ruidoso que antes, sin olvidar que el descarado de Kuwa idiota no paraba de coquetear con Yukina, por suerte ella ignoraba sus avances, y yo no podía evitar hablar despectivamente con ese cabeza de zanahoria, Yusuke era todo risas, y Kurama no encontraba el modo de frenar la discusión.

—Yoite ¿Te has sentido mejor?

Keiko intento ignorar el alboroto y se centró en Yoite, algo que me hizo centrarme a mí también en él, rayos.

—Eh, sí, gracias —Respondió.

Se veía algo nervioso, y bueno, él no era bueno recibiendo la atención de los demás.

—¿Entonces Hiei y tú ya arreglaron las cosas? —Preguntó Kurama.

Casi me ahogo con mi propia saliva ¡Sabía que nada buena podía salir de decirle las cosas! Ahí estaba su maldita sonrisa, nunca más le cuento nada, aunque realmente no le conté mucho.

—Estaba preocupada de que siguieran peleando, es bueno verlos juntos —Dijo Yukina.

—¿Hablan del puñetazo que le dio a Hiei? Estuvo muy bueno.

Iba a matar a Kuwabara si seguía molestando.

—¿¡Puñetazo!? ¿Yoite a Hiei? No me lo creo, Yoite es muy tranquilo —Respondió Keiko.

—¡Debiste verlo! Hasta lo tumbo al piso, Yoite te ves muy blandengue, pero engañas con tu aspecto —Comentó Yusuke —¿Qué tal si probamos fuerza?

¿¡Por qué sigue insistiendo con esa tontería!?

—Yoite claramente no es como tú Yusuke, déjalo en paz —Lo regaño Botan.

Estos sujetos eran sin duda un fastidio, podía sentir como me empezaba a dar un tic en la ceja de tan solo escuchar sus tonterías.

—Ya basta, nos vamos.

Me levante y tome de la mano a Yoite, no iba dejar que siguiera escuchando esto, además corría el riesgo de que la lengua floja de Botan dijera algo sobre lo de hace rato, eso sería el colmó, Yoite no protesto, tan solo me siguió, supongo que agradecía ser sacado de ahí, aunque cuando íbamos en el pasillo pareció poner resistencia, aunque no mucha, seguía caminando igual.

—Se supone que debo ver que todos vuelvan a sus habitaciones —Comentó.

—Como si realmente quisieras hacerlo, además aún queda tiempo antes de las 10:00

—Eso es cierto.

Solo era Yoite buscándole tres pies al gato, supongo que si no se quejaba de algo se podía convertir en calabaza o algo así.

Cuando llegamos a la habitación solté su mano, y me fui hacia al baño, necesitaba acomodar mis ideas antes de hablar con él, debía ser claro, honesto, pero creo que no mucho, decir cosas agradables, o lo que fuera que dijo Botan, y vaya que fastidio, me eché agua en la cara mientras seguía repitiéndome lo que debía hacer y decir, el tema de Yami no debía ser tocado, era lo único que sabía.

Estuve un rato pensando en ello, cuando escuché música en la habitación, era una tonada que sonaba nostálgica, aunque no entendía nada de lo que decía, y era la voz de una mujer, la cual por momentos su voz apagada sonaba fuerte, la música se detuvo un momento, de nuevo volvió a sonar ahora con la voz de otra mujer a la cual sí logré entender, como pensé, la letra era algo triste, decidí salir del baño y me quedé un momento de pie mirando a Yoite quien tarareaba aquella canción sin percatarse de mi presencia.

Un café con sal. Ganas de llorar. Mi mundo empezando a temblar, presiento que se acerca el final. No quiero ganar. Ahora eso qué más da. Estoy cansada ya de inventar excusas que no saben andar. Las noches enteras sin dormir. La vida pasaba y yo sentía que me iba a morir de amor…

—Dicen que el café con sal hace que vomites.

Dije una vez que había escuchado suficiente, Yoite entonces se estremeció y detuvo la música, se levantó y me miro sorprendido.

—¿Cuánto tiempo llevas ahí?

—Escuche música, y me asome, supongo que cuando pusiste la canción en un idioma entendible, me gusta tu voz cuando cantas.

Yoite se sonrojo y negó, era cierto, me gustaba su voz, y escucharlo cantar así fuera muy bajito era grato.

—No lo hago bien, no me molestes.

—Hablo en serio, aunque para odiar el café es raro que cantes sobre eso.

Dije en un tono burlón, ciertamente debía frenar ese tipo de comentarios, pero me costaba hacerlo, Yoite se levantó por completo de la cama, se acercó a mí y me picoteo la frente.

—Me molesta por que es amargo, aunque dice en Internet que con un poco de sal se le quita.

—Mi madre decía que le dieran café con sal a los borrachos para hacerlos vomitar.

—¿Podemos dejar de hablar de vomito?

—Oh, buen punto, como sea.

Al parecer era muy difícil decir cosas agradables, así que solo me quedaba hacer cosas agradables, supongo, me senté en la cama y jale a Yoite para hacerlo sentarse en mis piernas, aquello lo hizo volver a ponerse rojo, creo que incluso estaba más rojo que antes, era lindo.

—¿Qué haces?

—¿No decías que era cómodo sentarse encima de mí?

—¡Pero de este modo es extraño!

—Como sea, ponte cómodo.

Lo sujete de forma que no se fuera y tome su celular para buscar algo en Internet, me había hecho recordar de nuevo aquella canción.

—¿Qué buscas?

Pregunto mirando la pantalla con curiosidad.

—Me recordaste a una canción que escuchaba mi madre muy seguido, aunque tiene diferente ritmo, pero dado que te gusta discutir usando de alegoría al café y el limón, te queda bien.

Por fin logré dar con la canción que mencionaba, entonces la reproduje, sin duda tenía una tonada algo chistosa, y la canción estaba en un idioma extranjero, pero recordaba muy bien lo que decía, cada parte de ella, así que elegí una en específico y se la dije.

—Tengo que confesar que a veces no me gusta tu forma de ser, luego te me desapareces y no entiendo muy bien por qué. Te pones de un humor muy extraño, con cada luna llena al mes... Pero todo lo demás le gana a lo bueno que me das, solo tenerte cerca siento que vuelvo a empezar. Yo te quiero con limón y sal, yo te quiero tal y como estas, no hace falta cambiarte nada, yo te quiero si vienes o si vas, si subes y bajas y no estás seguro de lo que sientes.

—Suena a algo que tu madre escucharía.

Sin duda es algo que ella escucharía, y que a mí por años me daba pena saber lo que decía, pero por extraño que fuera, podía decírselo a Yoite sin sentir que quería arrancarme la lengua.

—Cuando la ponía no entendía nada, me sonaba a una canción chistosa, cuando entendí la letra, pensaba, suena demasiado cursi, y creía que era algo que le cantaba a mi padre, era molesto al inicio, pero ella la cantaba alegre, no sé, tal vez solo dio con ella y le gusto.

—A veces eso pasa, escuchas una canción y no tiene que significar gran cosa para que te guste…

—O no tiene que gustarte para que signifique algo.

—Eso tiene menos sentido, pero supongo que tienes un punto.

Yoite quien había estado mirando hacia otro lado todo este tiempo, volteo a verme mientras se quedaba muy quieto, era como si al respirar fuera a desvanecerse entre mis brazos, entonces lo observé, debía seguir adelante.

—Yoite ¿Qué sientes por mí?

Más que querer saber por qué sentía lo que sentía por Yami, yo quería saber lo que realmente sentía por mí, quería creer que sus palabras de aquella ocasión eran lo que yo pensaba, quería aferrarme a ello, debía dejar de evadirlo de una buena vez.

Yoite parecía querer decir algo, algo que no lograba salir de sus labios, algo que ansiaba escuchar.

—Ya lo dije antes ¿No? Me… Me gustas —Respondió nervioso —Me gustas mucho, me gustas tanto que me vuelvo todo extraño.

Se mordió su labio inferior, mientras yo me centraba en esa acción y sobre todo en sus palabras, me inquietaba los siguientes pasos a seguir, pero más me inquietaba no darlos.

—Tú también me gustas, me gustas mucho, tanto que también me vuelvo extraño, me vuelvo tan loco.

Yoite era diferente al resto, era especial de una forma que me daba miedo, de una forma que no sabía cómo manejar, pero tampoco podía hacer nada para que dejara de ser especial para mí, él podía destruirme si así lo quisiera, y, aun así, no podía hacer nada, tampoco quería hacer nada al respecto.

Yoite miro nuevamente hacia otro lado mientras lucía más inquieto, y eso era lindo, todo en él era lindo, demonios.

—Yoite.

—¿Qué?

—Voltea a verme.

—No quiero.

No pude evitar reírme, él estaba todo hecho un lío, intento levantarse, pero yo no quería dejarlo ir, ya no más, lo sostuve de la cintura evitando que se alejara, fue entonces que volvió a mirarme y sonreí.

—¿Puedo besarte?

¿Podía ese pálido chico volverse más rojo? Al parecer sí.

—¿Desde cuándo pides permiso? Tú siempre me tratas como quieres, no pidas permiso de la nada.

—Bueno, pero luego no te quejes.

—Siempre me quejo, y sigues haciendo lo que quieres…

No lo deje seguir quejándose, estaba demasiado ansioso por besarlo de nuevo, ya tendría oportunidad de quejarse más fuerte luego, ahora mi única prioridad era sentirlo, él acabó correspondiendo al beso, y yo me aferré a él tanto como era posible, sentía una urgencia de querer estar más y más cerca, aún si dolía, Yoite parecía sentirse igual, pues sus manos me sujetaban con fuerza mientras buscaba seguir cerca de mí, por un momento olvide respirar, mi mente se puso en blanco y la sensación fue placentera, a pesar de que no era algo que había hecho antes de Yoite sentía la necesidad de tomar el control, él no parecía oponerse a ello, una vez que nos separamos nos miramos fijamente, ninguno dijo nada, no había nada que decir realmente, así que él volvió a besarme y sin oposición alguna correspondí, no tenía deseo alguno de apartarme así empezara a temblar ahora mismo.

Estuvimos un largo rato besándonos, era como si todos los problemas, las preocupaciones y miedos se hubieran ido por la ventana junto a ese tonto tablero de mesa, por desgracia el sonido de la puerta nos obligó a separarnos.

—¿Podemos fingir que no estamos?

Dije con esperanza de que accediera.

—No, no creo, debe ser Yami.

—Dile que lo odio.

Yoite se rio, aunque yo era muy sincero con mi odio, entonces lo tuve que dejar irse, no había alternativa, Yoite entonces abrió y sí, efectivamente era Yami.

—Lamentó interrumpir, Yoite es hora.

Los mire fijamente mientras me encontraba imaginando escenarios posibles donde Yami desaparecía, tal vez una abducción, alíen sería muy oportuna ahora mismo, cuando me di cuenta que Yoite había volteado a verme desvíe la mirada como si así evitara que me leyera la mente.

—Sí, ¿Me das un momento?

—Claro, te espero en el pasillo.

Yoite cerró la puerta y se acercó de nuevo a mí.

—¿Es tú hora de ser niñera? —Dije.

—Sabes que tú eres mi nene favorito.

Era sin duda un maldito imbécil, lo jale hacia mí haciendo que acabáramos recostados en la cama.

—Que odioso eres.

Le dije mientras lo miraba con atención.

—¿Estás seguro de que te gusta un limón como yo?

—Si no fuera el caso, no soportaría tantas tonterías de tu parte.

—Mira quien habla, debo irme.

Se sentó al borde de la cama, yo me quedé en silencio sin moverme, él volteo a verme.

—Sobre tú pregunta de la mañana, creo que estaba algo confundido con Yami, me gustaba, pero no de la forma que pensaba, era más como un tipo de admiración.

¿Ah? ¿A qué venía eso ahora? Volví a jalarlo hacia mi lado y lo abracé.

—¿A quién diablos le importa Yami? A mi no.

—Hace unas horas parecía que sí.

¡Al diablo con ese casanova! Empecé a besar a Yoite por todos lados posibles, no quería pensar más en don perfecto, tampoco quería que él lo hiciera, Yoite empezó a reírse, al menos ahora sabía que era cosquilludo.

—Basta, debo irme… —Dijo entre risas.

—Mejor dime cuando me vas a proponer que salgamos, sigo esperando.

—¿Qué? ¿Lo debo hacer yo? Esperaba que me trajeras rosas y un oso gigante para proponérmelo.

—Si quieres te busco un oso gigante en el bosque, y algo de césped.

—Empiezo a arrepentirme, si eres así ahora, no quiero pensar cómo serás de novio.

Novios, sin duda sonaba raro, ni siquiera parecía algo que diría él, o yo, pero me gustaba de todas maneras, no pude pensar en más, la puerta volvió a ser tocada y Yoite se levantó rápido, rodé los ojos, Yami era un inoportuno.

—Debo irme, deja de distraerme.

Dijo mientras abría la puerta, entonces pensé que era ahora o nunca.

—Yoite.

—¿Ahora qué?

—¿Quieres tomarte el café con sal?

Sonreí divertido, él se rio, su risa sin duda volvía a mi mundo un maldito desastre, pero era la mejor sensación del mundo.

—Sí, sí quiero.