Advertencias: AU-OOC-Boys Love-Crack shipps
Yu Yu hakusho y Nabari no ou, así como YUGI-OH! No me pertenecen, sus personajes, así como las series son de sus respectivos autores, esta historia va con el fin de mi entretenimiento y el de los lectores.
Capítulo 32: El café y su primer novio
Había pasado una semana desde que el viaje escolar había finalizado, y era un verano sin duda muy caluroso, según las noticias se esperaba una ola de calor más alta que el año pasado, sinceramente no me afectaba tanto, era bastante resistente al clima caliente y al frío, y no tenía preferencia por alguno, aunque por otro lado, Yoite al parecer prefería el frío, pues desde que habíamos vuelto no lo había visto más, y por la poca comunicación que habíamos tenido, más la información que por algún motivo me había dado su amigo, supe que el sujeto estaba derritiéndose en algún lado de su casa.
Decidí dar el primer paso y visitarlo, aunque primero compre algo de helado, por lo general podría simplemente dejarlo ser, y verlo hasta que volviéramos a clases, sin embargo, a estas alturas, creo que quedaba claro que Yoite era un caso especial en toda norma; toque la puerta de su casa, y me abrió Yukimi.
—Estoy buscando a Yoite, ¿Puedo verlo? —Pregunte serio.
Yukimi asintió y me permitió el paso.
—Está en su cuarto, ese mocoso simplemente no sale en todo el día, lleva una semana así —Dijo él.
No respondí, simplemente seguí mi camino de forma despreocupada hacia la habitación de Yoite, sin avisar ni tocar entre a la habitación, y sí, ahí estaba tirado en el piso, parecía un alma agonizante a pesar de que ese cuarto se sentía especialmente frío.
—Eres todo un caso —Dije.
Luego procedí a sentarme encima de él, y le acerque a su mejilla uno de los helados que compre, el pareció estremecerse, luego se quedó en completa calma.
—Si yo no vengo tú simplemente ni te asomas ¿Qué clase de novio eres?
Le reproche, o intente a que sonara a reproche, aunque si era sincero, no estaba siendo serio, daba igual si se desaparecía un par de días, con que supiera que seguía vivo bastaba.
—Quítate de encima.
Respondió con un tono de voz amargo, parecía empezar a sentirse irritado, por lo que me quite rápido, mi intención no era la de luchar o hacerlo enojar, al menos no por el momento, entonces Yoite volteo a verme, y yo aproveche para echarle un vistazo también, Yoite usaba un pantalón negro, iba con unas calcetas igual de oscuras, y una sudadera de color gris, y esperaba fuera lo único que llevara encima, el sujeto se quejaba del calor y aun así usaba ropa abrigada, aunque era Yoite, a veces pensaba que buscaba esconder algo entre tanta ropa, pero no había algo como tal que ocultar, al menos eso pensaba, no podía decir que mire cada detalle de su cuerpo aquella ocasión, así que mentiría, note que Yoite me estaba viendo muy fijamente, aunque no estaba seguro del por qué.
—¿Qué tanto me miras? No estés fantaseando tan temprano.
Dije en tono de burla, en respuesta me lanzó un cojín, así que me cubrí del golpe mientras me reía, Yoite se re incorporo y se sentó a un lado de mí.
—Mejor dime que traes en la bolsa.
Dijo mientras enfocaba ahora su vista en la bolsa que llevaba conmigo, se lo pase para que viera el contenido, y lo hizo, miro el interior donde había helado y paletas heladas, en su rostro se dibujó la comprensión.
—Me dijeron que te vuelves una masa derretida en verano, así que te traje helado.
Dije con un tono serio, del mismo modo él me miró, entonces volvió a mirar dentro de la bolsa y saco una paleta, era bastante interesante verlo comer muy centrado, al menos ahora parecía verse más fresco, aunque no me espere que de la nada me acariciara la cabeza.
—Eres un buen chico —Dijo.
Y había olvidado que el sujeto podía ser una molestia cuando se lo proponía, aparte su mano de mi cabeza, sin embargo, la volvió a poner, y solo pude refunfuñar inconforme con esto.
—No soy tu perro mensajero, deja de darme palmaditas.
Le arrebate la bolsa y saque la paleta que le había pegado a la mejilla, entonces empecé a comerla a mordidas.
—Se te van a caer los dientes, wof, wof.
Hizo sonidos de perro sin quitar el rostro serio que llevaba hace rato, lo miré de reojo aun molesto y en respuesta le di otra mordida a la paleta, esta vez con más fuerza.
—Ojalá se te congele el cerebro —Le dije.
—No, yo sí sé comer con calma, mira.
Entonces empezó a lamer de su paleta que empezaba a derretirse entre sus dedos, por lo que también los lambio de una forma que sentí sugerente, pero conociendo al tonto, lo había hecho sin intención alguna, y de todas maneras había tenido efecto en mí, de pronto sentí que por fin el calor era capaz de afectarme.
—¿Qué?
Y el idiota aun preguntaba, solo pude chasquear la lengua y desviar la mirada mientras le daba otra mordida a la paleta, aunque esta vez sí sentí dolor al morderla, así que inevitablemente se me escapo un quejido, odiaba cuando tenía razón.
Durante un largo rato estuvimos en completo silencio comiendo helado, se podía escuchar el sonido del aire acondicionado, y aquello me hacía sentir relajado, una de las cosas que me gustaba de Yoite era que podía permanecer en silencio, y no resultaba ser incómodo para ninguno, sí, podía ser un fastidioso conmigo en ocasiones, pero nunca me sofocaba con conversaciones sin sentido, o habladurías, simplemente no tenía necesidad de querer llenar el silencio a cada rato.
—Lamento no visitarte estos días —Dijo —No sabía que me echabas de menos, en mi defensa te mandé un texto.
—¿Quién diablos te extraña? —Respondí apenado.
El sujeto de pronto había empezado a disculparse y decir cosas extrañas, claramente volví a sentirme caliente, y fue un total fastidio, corrijo todo lo dicho antes, era un dolor en el trasero.
—¿No lo haces? Hace un momento me estabas reclamando.
Dijo, mientras yo intentaba distraerme jugando con el palito de la paleta que había empezado a usar como cuchara para comer nieve, lo empecé a mover en mi boca de un lado otro, luego lo saque de la misma y tome más nieve del vasito.
—No estaba reclamando nada, deja de ser tan dramático, además ¿Qué clase de texto fue ese? ¿Lo escribiste sonámbulo? No entendía nada de lo que decías.
Y era cierto, había recibido mensajes de texto suyos, pero cada uno era menos entendible que el anterior, algunos decían algo del calor, otros eran letras al azar, en algún punto me rendí, solo los tomé como señales de vida suyos.
—Sólo te decía que hacía mucho calor, y que te pusieras a hacer la tarea, y tomaras mucha agua.
—¿Eh? ¿A caso eres mi madre?
Pestañee rápido, ciertamente era demasiado texto para solo ser eso, y bueno, sinceramente esperaba más que solo eso, aunque me reproche a mí mismo por pensar en ello.
—¿Qué querías que te dijera entonces?
Pregunto, mientras ladeaba su cabeza y me miraba atento, no supe qué decir.
—No sé, para empezar yo no te pedí que me escribieras.
Me encogí de hombros, intenté evadir la respuesta a eso, porque tampoco sabía qué esperaba realmente que me escribiera.
—Si no lo hago me vas a reclamar, nunca imagine que eras de esos novios pegajosos que exigen atención todo el tiempo.
De pronto suspiro, y yo fruncí el entrecejo ¿¡Qué demonios!?
—¿¡Quién diablos es un novio pegajoso!?
Agite los brazos mientras mantenía mis puños cerrados, estaba bastante indignado por tal acusación, no era un novio pegajoso, Yoite podía irse al demonio si quería, y aunque pusiera ese rostro indiferente sabía bien que el maldito se estaba riendo por dentro, de nuevo haciéndome caer en sus trucos baratos, él puso su mano en mi hombro, mire su mano un momento antes de volver a enfocarme en él.
—No te preocupes Hiei, aunque solo han pasado pocos días, es normal extrañarme, no te culpo, no le diré a nadie.
—Te estas burlando de mí…
Y dicho aquello, él maldito se soltó riendo, y en venganza use el palito de antes como un proyectil de nieve, el cual dio justo en su frente, y entonces inicio una inevitable pelea de helado, acabamos por embarrarnos todo lo que había en la bolsa mientras forcejeábamos en el piso, en algún punto se nos terminaron las municiones por lo que solo nos quedó usar lo que ya estaba embarrado con el fin de ensuciar más al otro, todo eso mientras girábamos en el suelo, y en verdad siempre acabábamos actuando como mocosos estando juntos, pero el orgullo era mayor, y no podía dejarlo embarrarme helado de chocolate en la cara, lo tenía arriba de mí mientras alejaba su mano de mi rostro, al parecer nuestro alboroto acabo llamado la atención de Yukimi, quien de pronto entró a la habitación frenando nuestra lucha de poder.
—¿¡Qué pasa con todo este alboroto!?
Por su tono de voz parecía irritado, aunque todas sus palabras se murieron tan pronto como entro y nos miró, le devolvimos la mirada en completo silencio sin movernos y en la misma pose en la que nos encontró, por un largo rato nadie se movió y nadie dijo nada, entonces el sujeto sacudió su cabeza, tal vez inconforme.
—Limpien este desorden, y dejen de hacer tanto ruido, tengo mucho trabajo pendiente.
Dijo una vez que salió de su asombro, y se marchaba, creo que incluso nos llamó mocosos mientras se alejaba, entonces Yoite por fin se quitó de encima, para luego acostarse a un lado de mí y mirar hacia arriba, hice lo mismo y me enfoqué en el techo.
—Hiei, limpia.
—Es tu cuarto, limpia tú.
—Se un buen novio.
Entonces el cínico me acaricio la mejilla y me embarro de chocolate, me miro atento y por un momento debido a la forma en cómo me miró se esfumo mi deseo de matarlo.
—Tengo la impresión de que no sabes cómo funciona esto del noviazgo —Dije.
Lo había dicho más como una forma de molestarlo que como algo serio, aun así, él pareció analizar mi comentario, luego me di cuenta que era un idiota.
—Creía que tener novio era como tener un perro, wof, wof —Respondió.
—Yoite, te voy a matar…
—Bueno, pero primero bésame.
Y nadie se resiste a tan tentadora propuesta, ni siquiera yo, ya pensaría cómo matarlo otro día; estuvimos un rato besándonos en el piso, y había sido dulce, de forma muy literal, había demasiado helado por todos lados y sobre todo en nuestro cuerpo, en algún punto sentía todo pegajoso, así que nos detuvimos, y me apresure a limpiar para poder irme, es decir no tenía que hacerlo, y él tampoco hablaba en serio con que lo hiciera, pero yo había traído el helado y fui el primero en usarlo de arma, asumí que era lo justo, y bueno, era Yoite, si fuera cualquier otro, lo mandaba al demonio y me iba.
—Hiei…
Yoite me llamó de pronto, así que voltee a verlo, seguía tirado en el piso mirando hacia el techo.
—¿Qué? —Respondí.
—Nunca te había visto ese collar.
—¿Uh?
De forma inconsciente toque el collar que llevaba y lo mire, no lo usaba mucho realmente, de niño lo llegue a extraviar tantas veces que preferí guardarlo.
—No lo uso mucho porque suelo perderlo, fue un regalo de mi madre cuando era niño, mi hermana tiene uno parecido —Le explique.
No estaba seguro si tenía un origen importante, solo sabía que era un regalo especial.
—Es bonito —Respondió sonriendo —El color me recuerda a las estrellas que se pegan en el techo y la pared, esas que brillan en la oscuridad, de niño quería una de esas.
Él seguía mirando hacia el techo, y mi mirada seguía enfocado en él, intente guardar esa información en mi mente, me serviría después, no dije nada y seguí limpiando.
—Me voy, me siento pegajoso.
Dije una vez que metí el último embacé en la bolsa, y había dejado limpio el lugar, Yoite permanecía en su lugar mirándome.
—¿Ahora si te puedo llamar novio pegajoso?
Debí mandarlo al demonio y dejarlo limpiar a él, puse los ojos en blanco mientras él sonreía, era un tonto, pero era mi pareja, así que no había mucho que decir, me acerque y le di un beso rápido, aquello de pronto lo puso tímido, sí, al mismo sujeto que me dijo que lo besara sin reparos hace rato, y ya que estábamos aquí, me atreví a lamerle la mejilla.
—O… Oye.
Dijo mientras su pálido rostro se pintaba de un rojo muy bonito, entonces sonreí, había ganado por hoy.
—No hay que desperdiciar, te veo luego.
Me despedí y salí de su cuarto. Cuando baje no vi rastro de Yukimi, supongo que sí tenía mucho trabajo, lo que fuera, simplemente me marche, deje la bolsa en el bote de basura de mi casa y me apresure a entrar, necesitaba un baño con urgencia, en el camino me tope con mi hermana limpiando.
—¿Sigue con eso? —Pregunte.
Ella volteo y me sonrió.
—Estoy por terminar, ¿Fuiste a ver a Yoite? —Pregunto con emoción —Me alegra que se lleven tan bien.
—Me embarro de helado, ¿Eso es llevarse bien?
Aunque yo había empezado.
—Sin duda, lo es —Dijo sonriendo.
—Se puede decir que es mi persona favorita.
Y lo era, a pesar de todo.
—Y yo estoy tan feliz por ti, por ambos.
Asentí y me fui a tomar ese baño, también necesitaba acomodar mis pensamientos un poco, y saber cómo actuar, Yoite era mi persona favorita, sí, era mi pareja, y necesitaba comprender lo que eso significaba realmente.
Los siguientes días habían transcurrido sin ningún suceso en especial, solía conversar con Yoite por mensaje, mensajes que ahora sí tenían sentido, y cuando bajaba el sol nos veíamos desde el balcón, aunque estos días parecía estar atendiendo sus asuntos, y eso me recordaba que yo debía atender los míos en vez de ver series chinas todo el día, a este punto no sé cuántas había visto ya, y entre esos asuntos no solo estaba mi tarea apilándose en una esquina de mi cuarto, había cosas que necesitaba averiguar, la desventaja aquí era que no tenía ni idea a quién preguntarle.
Había bajado a buscar algo para comer, y me topé con Hina quien lavaba los platos mientras tarareaba una melodía, lo pensé un momento y bueno era la adulta con más experiencia que conocía aquí, solo debía no ser tan obvio.
—Madre.
—¿Qué pasa cariño?
Respondió ella sin voltear a verme, así que estaba atrás de ella pensando cómo preguntarle.
—Necesito algo de tus bastos conocimientos en relaciones interpersonales.
—Sé más claro, no te entiendo Hiei.
Me rasqué la nuca pensando cómo decirlo, la forma correcta de preguntar sin que ella sospechara que se trataba de mí, al darme cuenta que cualquier forma era demasiado absurda y problemática decidí ser directo, pero no mucho.
—Bueno, cuando tienes un novio ¿Qué procede? ¿Qué paso sigue cuando ya están saliendo?
Ella se detuvo, de un momento para otro se paralizo y soltó el plato que estaba entre sus manos cubiertas por esos guantes de hule y sabía lo que eso significaba, pero no fui capaz de escapar a tiempo.
—¡Hiei!
—¡No soy yo!
—¡Mi niño! ¡Por razón lucías tan feliz!
—¡No lo hago! ¡Sigo siendo un alma atormentada e incomprendida! ¡Suéltame Hina!
Ella me abrazo con fuerza mientras me mojaba con esas manos de hule mojadas, odie tanto ese momento.
—¡No hablaba de mí!
—¿¡Es Yoite!? ¡Claro que es Yoite!
—¡No es Yoite! ¡No es nadie! ¡No soy yo!
—Hermano ¿Por fin le contaste a mamá? —Pregunto Yukina entrando en escena.
Mi dulce, gentil e ingenua (aunque no mucho) hermana.
—¿¡Yukina ya sabía!? ¡No es justo! ¿¡Hace cuanto salen!? ¡Debemos hacer una cena!
—¡Sí! Sería bastante lindo, invitemos al señor Yukimi y a Yoite —Concordó Yukina.
—¡Sí! Debemos hacerlo oficial, ¿Qué tal este sábado?
—¿¡Oficial!? ¡No me voy a casar con él!
Como pude escape de las garras amorosas de mi madre.
—¡Hiei invita a Yoite! ¡Que emoción! —Dijo ella eufórica.
Yukina sonrió igual de emocionada, pero menos eufórica que nuestra progenitora.
—¡Me quiero divorciar de esta familia! —Grite.
Y realmente todo era mi culpa ¿En qué momento pensé que saldría bien? Fui ingenuo totalmente, y seguía sin tener respuestas.
No solo no había conseguido una respuesta, ahora tenía que advertirle a Yoite de escapar de mi amorosa y poco prudente madre, pensaba en ello mientras salía a sacar la basura, lo que me recordaba que ese día no había visto al sujeto, y su cortina estaba cerrada, tal vez por fin había salido al mundo, o se derretía en el piso, algo como eso, para mi sorpresa lo vi afuera de su casa balbuceando.
—¿Fue por qué no lo deje ser un demonio caza recompensas?
Dijo mientras miraba hacia calle abajo, volteé a ver lo que él miraba, aunque no distinguí bien lo que era.
—¿A quién no dejaste ser un demonio caza recompensas? —Pregunte.
Yoite entonces se percató de mi existencia mientras yo lo juzgaba por estar hablando solo a un lado de mi basura, cosa que dejé de lado al notar que se veía bastante bien con los tonos anaranjados del atardecer, me sentí tonto nuevamente por tener pensamientos tan cursis, pero era lo que había, ya debíamos aceptarlo llegados a este punto, no fui capaz de pensar más en el asunto de los demonios y Yoite hablando solo cuando se acercó y me abrazo sin previo aviso, tomándome completamente por sorpresa.
—¡Oye! —Me quejé.
De por sí me sentía bastante raro, y esto no ayudaba mucho.
—Tú quedas mejor en el papel de demonio mercenario… Miharu no entiende nada de una buena trama.
De acuerdo, estaba confundido.
—¿Eh?
No tuve tiempo de preguntar, corresponder o hacer algo, pues a parte de sentirme confundido, Yukimi había salido y casi se cae al vernos, lo volteamos a ver cuándo hizo un sonido de queja ante su tropezón.
—Ey… —Saludo nervioso —Voy a la tienda… ¿Quieren algo?
Soltó una risa que era bastante fingida, ambos negamos al mismo tiempo mientras él seguía avanzando, y a su vez lo seguíamos con la mirada, aquello lo hizo apresurar sus pasos escapando de escena.
—¿A tú familia le falta tornillos?
Pregunte una vez que Yukimi se había ido de nuestra vista, creo que esto de estar algo desequilibrado era cuestión familiar, eso me recordó a mi propia familia y nuestra propia locura.
—Supongo que sí, aunque recuerda que soy adoptado, así que no estoy seguro si la falta de cordura sea la misma —Respondió Yoite.
—Cierto, hablando de gente demente, mamá los quiere invitar a cenar este sábado.
Por fin lo había dicho, y al recordarlo seguía pensando lo exagerado del asunto, luego recordé que seguía con bolsa de la basura en mi mano y me deshice de ella rápidamente.
—¿Cenar? ¿Yukimi y yo?
Lo sé, era una locura, mi madre había perdido todo sentido común, si alguna vez lo tuvo.
—Seh.
—Por mí no hay problema, pero debo preguntarle a Yukimi ¿Por qué la repentina invitación?
Me cruce de brazos y solté un suspiro, quería advertirle que huyera, pero si no iba mi madre me mataría, o peor aún, me soltaría un sermón.
—Lo sabrás el sábado si vienes, aunque si me preguntas mejor huye lejos.
Igual debía lanzar la advertencia, era por su bien.
—¿Huir? Me estas asustando.
—Es mejor así, te veo luego.
Me despedí de él, y me apresure a irme antes de que me preguntara más sobre el asunto, y luego grite (internamente) cuando me encontré a mi madre sonriendo de oreja a oreja y viéndome con tanta ilusión que le podía devolver la fe al mundo.
—Hina.
Dije con seriedad, debía conservar mi imagen, la cual ya estaba bastante dañada.
—¿¡Le dijiste!?
—Sí.
—¿Qué respondió?
—Qué le diría a su padre.
—¿¡No lo invitaste también!? ¡Que modales los tuyos!
Oh, aquí viene el sermón.
—Hina, el sujeto se asustó cuando nos vio abrazados, deja que Yoite se encargue.
—Tendré que hacerlo yo, porque tú no eres capaz de hacer algo tan simple.
—¿¡Escuchaste lo que dije!?
—Estos niños de hoy.
Ella negó, y yo entre en pánico, estoy seguro que Yukimi ni siquiera sabía nada aún.
—Deja de sonar como madre cliché, y escucha lo que digo.
Pero ella no me escuchó, se fue mientras seguía quejándose de mis malos modales y que tenía que resolver todo ella, y que volvimos a perder el corta uñas ¿¡Qué tiene que ver el tonto corta uñas aquí!? Bien mi cabeza no daba para más, me largaba a dormir.
Al día siguiente había planeado salir por un rato, debía buscar respuestas, además Yoite me había contado sobre que ese día saldría con Miharu a visitar otro amigo, así que pensé que podría hacer lo mismo, no iba a encontrar respuestas con mi familia, mi madre no me escuchaba, y mi hermana era genial, pero demasiado romántica y no era mi estilo, solo me quedaba buscar a los que se suponía contaban como mis colegas y ver sus puntos de vista con el tema, pronto me iba a arrepentir de mi mala decisión (de nuevo).
No era el tipo de persona que le gustara hablar de sus asuntos, mucho menos pedir consejos, era claro, sin embargo, no me convencían las respuestas de Internet, y en el fondo sí quería tener éxito en mi relación, incluso pensarlo me hacía querer morir, me había metido en un lío innecesario por motivos que desconocía, pero ya estaba aquí.
Fui primero a casa de Kurama, no era precisamente de las mejores opciones por lo que conllevaba escuchar sus comentarios astutos, pero era menos idiota que el resto, espero.
Y ahí me encontraba yo frente al pelirrojo y sus pésimos consejos de amor, que iban más con la intención de herir mi orgullo.
—¿Vas a decirme algo de utilidad? Mejor me largo.
—Lo siento, hablando en serio, tal vez le estas dando demasiadas vueltas, tal vez existan manuales e información por todos lados, pero cada relación es distinta a su forma, solo tú puedes vivirlo e ir descubriéndolo.
Me quedé pensando en ello, tal vez tenía un buen punto.
—¿De qué hablan?
Entonces Yusuke y Kuwabara entraron sin aviso, y era el momento de escapar.
—Eh, ¿Asuntos amorosos? —Respondió Kurama.
Lo mire recriminándole, el solo sonrió nervioso y se encogió de hombros.
—¡Oh! ¡A mí se me da demasiado bien ese tema! —Dijo Kuwabara.
Sí, claro.
—Tanto que has fracasado en todos tus intentos de invitar a salir a Yukina.
Respondió Yusuke burlón.
—¡Cállate Urameshi! Es solo que ella es una dulce e inocente hada.
—Eso o busca la forma de evadir esa cita, olvidemos a Kuwabara ¿Hiei necesita consejos?
—Oye —Kuwabara se quejó.
—No —Respondí cortante.
—Sí —Respondió Kurama.
Lo volví a mirar recriminándole, de nuevo se encogió de hombros con esa sonrisa que quería borrarle del rostro.
—¿¡Qué!? No imaginaba que el enano tuviera interés en el amor ¿Qué chica sería tan desdichada de ser su enamorada?
Pregunto Kuwabara mientras parecía ponerse cómodo, por mi lado yo ya estaba más cerca de la puerta.
—Es Yoite —Afirmo Yusuke.
—…
—…
—…
—¿Lo sabías? —Pregunto Kurama.
Yo casi me atragante cuando mencionó a Yoite ¿¡Lo sabía!? Yusuke mostró una sonrisa perspicaz, entonces aquella vez en el campamento… ¡Por eso asintió ante mi supuesto sarcasmo! ¡Él iba en serio! ¡Siempre lo supo!
—¡Esperen un momento!
Grito Kuwabara, los tres lo volteamos a ver.
—¡Vayamos un poco más lento!
—Oh sí, tu cerebro tiene un cupo limitado de información, ¿Ya se te quemo el cartucho?
Dije rodando los ojos, aunque fue mi forma de intentar salvar mi orgullo doblemente herido.
—¿¡Qué dijiste enano!?
—No es tan complicado de entender, Hiei y Yoite están saliendo —Explico Kurama.
Y de nuevo nos quedamos callados, estaba listo para recibir cualquier mierda homofóbica de ellos, pero nada, se quedaron callados.
—Entonces lo de la serenata ¿No fue una broma? —Pregunto Kuwabara.
Vaya, su cerebro empezaba a hilar cosas, aunque esa serenata era para Yami, por lo tanto, fue una broma, con otras intenciones de por medio.
—Después de como reacciono Yoite, y cuando los vi en el campamento, entendí el asunto, solo Kuwabara es un tonto por no darse cuenta de nada.
Presumió Yusuke de su gran logro, mientras Kuwabara lo jaloneaba de la camisa y ambos se daban un cabezazo, tontos, Kurama solo sonrió, aunque no hizo nada por separarlos, así que los dejamos ser un rato.
—Bueno, es bastante raro para mí el asunto, pero supongo que solo dos sujetos igual de oscuros podrían entenderse —Dijo Kuwabara.
—A mí me da igual, mientras sean dignos oponentes, y ese Yoite parece serlo.
Dijo Yusuke flexionando su brazo, por favor no retes a Yoite a una pelea. Al final ambos eran tan simples, suspire, al menos no serían una molestia.
—Volviendo al tema de que Hiei necesita consejos de amor…
Kurama de nuevo me toco las narices, volví a verlo fulminante y de nuevo sonrió y se encogió de hombros.
—¡Bien, enano! Has venido al lugar correcto, consejos de amor es mi segundo nombre, aunque no tengo idea cómo aplique en sujetos tan extraños como tú.
Respondió Kuwabara al llamado, mientras se señalaba con su pulgar, vaya mi salvador.
—Y ahora que lo pienso tu novio también parece ser medio extraño…
—Sí, nos gusta recolectar cráneos que robamos de los cementerios, la cita ideal.
Respondí escupiendo mi veneno, Kuwabara pareció sentir un escalofrío.
—Lo importante es la técnica.
Yusuke se cruzó de brazos y asintió seguro de sí mismo.
—¿A qué te refieres Urameshi? ¿Sigues pensando en una pelea?
Entonces de la boca de Yusuke salieron las palabras más vulgares, y supe que era el momento para irme de este lugar.
—¡Acabas de hacerme tener una imagen mental desagradable! —Se quejó Kuwabara.
—¿Cómo es posible que Keiko salga contigo?
Pregunte con fastidio mientras me tocaba la frente.
—¡No salgo con ella! ¡Jamás saldría con esa regañona! —Se defendió.
—Le voy a decir a Keiko.
Dijo Kuwabara en un tono cantado, mientras sacaba su celular.
—¡Oye espera!
Yusuke intentó quitárselo, en todo este tiempo Kurama solo los miraba con nerviosismo, no lo culpaba era difícil conversar con ese par cuando actuaban como simios.
—Hiei, solo recuerda no darle tantas vueltas, simplemente se tú mismo con Yoite.
Kurama me sonrió.
—Como sea —Respondí y me fui.
No estaba seguro si había ganado algo con toda esta conversación, aunque al final sentía que había perdido tiempo. Cuando llegue a casa, mi madre ya había vuelto y seguía con ese humor tan desagradable, podías ver las flores alrededor de ella ¿En serio estaba tan feliz con que su hijo adolescente tuviera un novio? ¡Novio mamá! ¡No vas a tener nietos! Aunque desde el inicio no los ibas a tener, igual aún quedaba Yukina para mantener nuestro linaje o lo que sea, no quise entablar contacto visual con ella así que me fui a mi cuarto, aunque me dio un mal presentimiento un rato después cuando escuche la puerta principal abrirse y cerrarse de un portazo, no era nada, pero luego recordé algo y fui a asomarme a una de las ventanas que daba hacia la calle.
—¡Mamá! ¡Ya te dije que no hagas un escándalo de esto!
Grite tan pronto la vi abrazando a Yoite y seguramente diciéndole cosas innecesarias ¡Justo por eso no quería que ella supiera nada!
—¡Es la primera vez que tienes una pareja! ¡Claro que haré un escándalo!
Respondió ella con todo el descaro del mundo, me iba a volver loco.
—¡No es como si nos fuéramos a casar! ¡Ya entra a la casa, por un demonio!
¿No puede ver como tiene a los pobres sujetos?
—¡Cuidado con lo que sale de esa boca! ¡Te lavaré la lengua con jabón!
Me rindo, no puedo con ella, chasqueé la lengua, y maldije a todos mis ancestros, luego cerré la ventana con fuerza.
—Debes entender a mamá, ella siempre ha estado preocupada por ti, le emociona ver que actúas como un chico normal.
Dijo Yukina quien había venido a ver el escándalo que estaba haciendo.
—¿Qué tiene de normal que su hijo varón guste de otro sujeto?
Respondí con amargura, ella pareció preocuparse.
—Sabes que mamá y yo te apoyamos, te amamos sobre todas las cosas, y amaremos a Yoite igual ¿Te arrepientes de lo que sientes?
Ella sonó tan severa, y la mire con asombro, nunca en mi vida me cuestione nada del romance o las relaciones, mucho menos mi orientación sexual, sea la que sea, pero tampoco me importaban esos detalles, solo me sentía extraño por el simple hecho de vivir todo esto.
—No lo hago, no te preocupes.
Puse mi mano en su hombro para calmarla y me fui a mi cuarto. Espere un rato a que Yoite subiera, mientras pensaba, realmente no me arrepentía de algo, las cosas eran como eran, y al verlo entrar a su cuarto, y sentirme emocionado por ello, aunque no lo iba a reconocer abiertamente nunca, me hizo simplemente confirmar que no sentía dudas o arrepentimientos sobre Yoite.
En cuanto él me miró se aproximó al balcón.
—Lamento lo de mi mamá —Dije —Espero que Yukimi ya supiera del tema, no debe ser lindo que te saquen así.
—Bueno, él sospechaba, lo tomo bien, es decir, está incomodo, pero más por que tenga pareja, que porque sea un chico —Respondió.
Al menos por ese lado la locura de nuestras familias era compatible, aceptar tan fácil todo el asunto, éramos unos malditos bastardos afortunados.
—A veces Hina se mete en su mundo de fantasía que olvida las consecuencias de sus actos, piensa que todos tomaran bien las cosas, y bueno, por eso tuvo dos hijos con un imbécil que nadie quería en su familia.
—Oh, debió ser duro para ella.
—Seguimos vetados de la familia materna —Me encogí de hombros.
Era cierto, solo había visto una vez a mi abuela y a mí me miro con desprecio, al menos a Yukina le regalo una muñeca, igual estábamos vetados de la casa materna, aunque Yukina podía ir a visitarlas cuando quisiera, sin mi madre, y sin mí, por lo mismo que nunca ha ido.
—Lo lamento.
No espere esa respuesta de Yoite, realmente ¿Importaba?
—Son solo unas brujas, no importa.
—Para ella sí debe importar.
Entonces permanecí callado, tenía un buen punto, mamá paso muchas noches llorando viendo el retrato de su infancia junto a sus hermanas y madre, tal vez anhelando volver a ese pasado donde eran felices, donde ella era la pequeña consentida y trenzaba el cabello de su hermana mayor, donde salía a jugar con su mejor amiga del barrio, y nada más le preocupaba que no fuera saltar bien la cuerda, donde no existía un hombre malo que la engatuso y por el cual dejo atrás a su familia ¿Todo para qué?
—Para ella sí importa, por desgracia —Respondí.
A veces era fácil para mí pensar que todas esas mujeres no valen la pena, que eran brujas, pero para mi mamá, eran su familia por más malas que hayan sido y sigan siendo.
Nos quedamos callados un momento mientras ambos nos mirábamos, Yoite suspiro y fue a sentarse a su mecedora mientras empezaba a tejer algo, el sol se había bajado y era agradable la brisa, lo miré atento como cada tarde que podíamos vernos, entonces volví a confirmar que era un bastardo afortunado.
A mi madre la echaron de su casa por haberse enamorado, pude vivir lo mismo, ella pudo haberme hecho los mismo aquella vez mientras le confesaba lo que sentía por Yoite, sin embargo, ella fue cálida conmigo, aun si me sentía angustiado por las emociones que desbordaban mi pecho, entonces la imagine en la misma situación con su madre, aferrándose a su falda, llorando mientras decía que lo amaba, que tendría sus hijos, que lo quería, esperando que su madre fuera amorosa con ella y la comprendiera, más sin embargo podía ver a mi abuela abofeteándola e insultándola, pude verme a mi ahí en su lugar por un momento, pero en su lugar, aquella mano toco mi rostro de forma gentil, y ella sonrió comprensiva, no era su madre, no era mi abuela, era mi madre, y me amaba, aunque ella podía ser ruidosa.
Mire un poco más a Yoite, entonces sonreí, y empezamos a conversar como cada tarde, de lo que fuera, y nos reímos de otras tantas cosas más, luego el silencio volvía y yo era capaz de apreciar su hermosa figura, y aquel rostro bonito, esos ojos azules profundos, era capaz de mirarlo sin sentirme culpable de nada.
Al día siguiente decidí consultar a mis últimas opciones en esta vida, las peores, las calañas del mundo, y si me preguntan no sé qué pensaba, pero si lo pensaba bien eran los únicos que tenían pareja.
Antes de salir me encontré con Yoite siendo arrastrado contra sus deseos, me miró suplicante, por lo que le sonreí y lo ignore, no había un motivo detrás, solo fue así, aunque luego estornude simultáneamente ¿Estaría maldiciendo mis huesos?
Me dirigí a aquella cafetería a la que Yoite había ido con Yami hace tiempo, recordar todo aquello me hacía sentir ridículo ¿Qué tan idiota podía ser? Lo suficiente, en verdad, no era yo, enamorarse podía volver imbéciles a todos, de pronto alguien puso su brazo en mi hombro, y ahí estaba Bakura sonriendo como el imbécil mayor.
—Así que viniste, mi sujeto favorito en el mundo.
Dijo usando un tono tan ácido sin borrar aquella sonrisa, sonreí de forma burlesca.
—Aléjate, te apesta la boca.
Entonces lo aparte bruscamente.
—Eso no dijo mi novia cuando nos besamos hace rato —Respondió.
—Besas a tu novia luego de que te la chupa ¿Crees que es un problema para ustedes?
No tenía pruebas de que hicieran eso, no creí que fuera verdad, pero verlo sonreí como lo hizo me dio escalofríos.
—Tienes un buen punto ahí, enano.
—Me estoy arrepintiendo de citarte, debo estar desesperado.
Me cubrí el rostro, este iba a ser un día muy largo.
—Vamos hombre, en asuntos del corazón, soy el mejor.
—Dudo que un sujeto que casi lo hacen beber lejía sea precisamente el mejor en asuntos del corazón, como sea ¿Dónde está Yami?
Odiaba admitirlo, confiaba más en el criterio de ese sujeto.
—¿No te lo dije? Se fue de vacaciones a Egipto con su novio.
¡No! ¡No me dijiste! ¡Todo lo contrario mencionaste que vendría! Mantuve la calma, respiré hondo, lo iba a matar.
—Me largo.
—¡Espera enano!
Me rodeo con su brazo, y lo mire con desprecio.
—Traje a Marik, también debe servir.
—Sirve mucho menos que tú…
—Escuche eso.
Dijo Marik llegando al encuentro. Ambos idiotas me arrastraron a la cafetería, en serio ¿A caso el calor fundió mi cerebro? No encontraba otro motivo para estar aquí.
Durante un largo rato estuve escuchando los pésimos consejos de amor de estos imbéciles, alguien recuérdeme bloquear a Bakura de mis contactos, no volvería a cometer el mismo error, incluso considere ponerle una orden de alejamiento, bloquearlo de mi vida y mi vista, estas personas me confirmaban los motivos por los que disfrutaba de mi soledad.
—¡Llévalo a un motel! ¡Fácil!
Dijo Bakura mientras recargaba su codo en la mesa y su cabezota en su mano, puse los ojos en blanco, esto no iba a funcionar.
—Conozco uno donde no te harán problema por ser hombres —Dijo Marik.
Alcé la ceja, este sujeto parecía darles a ambos lados como sospecho Yoite.
—No me miren así ¿Quieres la dirección o no?
—No, no voy a llevar a Yoite a un motel ¿Pueden no pensar en sexo un momento?
—El sexo es la base de una relación sana —Dijo Marik.
—E insana —Continuo Bakura.
Ambos se rieron, no comprendí de qué, así que mi mente se fue a un lugar feliz donde los rebanaba con una katana a los dos.
—¡Te puedo dar unos buenos consejos para tu técnica! Ya que eres un novato.
—Me largo.
Intente irme, pero fui perseguido, hostigado, acosado y obligado a escuchar consejos que claramente no quería, y no era lo que estaba buscando, maldije a Yami por haberse ido a Egipto, ojalá se caiga en el rio Nilo y se ahogue.
—¡Recuerda usar lubricante o le vas a desgarrar el culo!
Grito tan fuerte cuando ya me iba, o más bien cuando dejaron de perseguirme, su grito solo hizo que la gente volteara escandalizada, pude simplemente ignorarlo, hacer como que no lo conocía, pero bueno, le arrojé un cesto de basura, de esos que están pegados al suelo ¿Cómo lo despegué? No lo sé ¿Lo mate? Ojalá.
Había desperdiciado otro preciado día y seguía sin conseguir nada, así que era todo, me rendía, como decía Kurama debía aprender sobre la marcha.
—Buenas tardes —Saludo Yoite.
Justo ambos parecíamos estar volviendo, el sol se estaba poniendo por lo que el cielo tenía colores anaranjados y rosados.
—Ey, ¿Cómo te fue? ¿Te aburriste sin mí? —Respondí.
—Sí, es aburrido no tener con quién pelear.
Yoite se encogió de hombros y no pude evitar reírme, era en verdad tan gratificante verlo después de un largo día.
—Por desgracia a mí me sobra con quién pelear.
—¿Debería ponerme celoso?
—Nah, solo descubrí que vivo rodeado de imbéciles que solo piensan en sexo y moteles.
—¿Disculpa?
—Larga historia.
No quería entrar en detalles, rodé los ojos y simplemente quería olvidarlo todo, y Yoite tampoco parecía querer indagar mucho sobre mi largo día, hacia bien, era un chico listo.
—En fin, te veo luego —Dije —Estoy agotado.
Me alegraba verlo, pero quería acostarme y dormir, la cabeza me punzaba.
—Hiei.
Me llamó, así que voltee a verlo.
—¿Hmm?
—¿Quieres tener una cita conmigo?
Aquella pregunta llego tan de pronto que me sorprendió, pero no fue desagradable, de nuevo sentí esa tonta emoción revolotear en mi pecho. Me acerque un poco más a él.
—Claro, aunque espero que no sea hasta invierno —Bromee.
—Tonto… ¿Qué tal mañana?
—Me parece bien…
Entonces nos quedamos mirando el uno al otro sin mediar palabra, estaba esperando que me diera la hora e indicaciones, pero solo se quedó ahí como tonto ¿Por qué no dice nada?
—Y ¿Bien? —Pregunte por fin.
—¿Qué?
Era tonto, mi novio era un tonto sin duda.
—La hora, tonto ¿A qué hora nos vemos?
—Oh… ¿A las 12:00?
Debía estar bromeando, o era un masoquista.
—A la hora que hace más calor, me parece bien.
—Cállate, entonces pon tú la hora.
—No, tú eres el que invita, debes hacerlo tú.
—Entonces no te quejes.
—No me queje.
—Ya vete entonces.
—¿A dónde me vas a llevar?
—Cállate y vete.
—¿Me pongo traje o está bien algo casual?
—¡Vete!
Me solté riendo, me gustaba molestarlo sinceramente, pero más que nada me gustaba sus reacciones, lo jale para ponerlo a mi altura y lo bese, correspondió sin ninguna objeción, el besarlo era algo agradable en muchos sentidos, estuvimos un largo rato besándonos, hasta que me percaté que alguien nos miraba muy fijamente, era una de las vecinas, no le di importancia al momento hasta que nos separamos, la mujer parecía entre asombrada, y furiosa.
—La vecina de enfrente nos mira como si quisiera lanzarnos piedras y sacarnos al demonio a base de golpes.
Dije entre risas, su rostro era todo un espectáculo de ver.
—¿Qué? ¿A quién le importa?
Respondió Yoite para mi sorpresa, ni siquiera le intereso mirarla, por otro lado, volvió a besarme, y bueno, no me voy a negar, así que también la mandé al demonio, éramos un par de sinvergüenzas besándonos en la calle ¿A quién le importaba? Aunque nuestro beso fue interrumpido, no por vecinos entrometidos, si no por Yukimi que hizo nuevamente ruidos chistosos de atragantamiento, el sujeto iba camino a la basura cuando se topó con un par de adolescentes besucones, y uno de ellos era su hijo.
—Chicos, ey… Yo venía a tirar la basura, ahora… Adiós.
Dijo eso tan pronto como dejo su bolsa y se escabullo para volver adentro, me encogí de hombros en respuesta.
—Te veo al rato —Me despedí.
Ya había tenido suficiente de esto, quería dormir.
—Adiós.
Respondió Yoite sin mucho rodeo. Así ambos nos dirigimos a nuestra respectiva casa. Una vez dentro, me quedé pensando que tenía una cita con Yoite, ¿Qué diablos se hace en las citas? Y no, no iba a usar de referencia las series adolescentes de nuevo, la última vez salió pésimo.
Durante aquella noche no pude dormir, miraba atento aquella ridícula tarjeta decorada de forma ostentosa que me había dado Marik, mi mente se había llenado de ideas sexuales, iba a demandar a esos idiotas por daños y perjuicios. Mire hacia la ventana que daba al balcón, él ni siquiera debe pensar sobre esas cosas como lo hago yo, es decir, él ya me había dicho que quería ser tocado, pero solía verlo tan nervioso cuando pasaba un poco aquella línea, por lo que solía detenerme antes de ir más lejos, y no estaba seguro si realmente él entendía lo que significaba, vamos ni yo entendía nada, y me odiaba por eso, cubrí mi cara con la sabana e intente morir ahogado o dormir, lo que pasara primero.
