Advertencias: AU-OOC-Boys Love-Crack shipps

Yu Yu hakusho y Nabari no ou, así como YUGI-OH! No me pertenecen, sus personajes, así como las series son de sus respectivos autores, esta historia va con el fin de mi entretenimiento y el de los lectores.

Capítulo 33: La primera cita de la Limonada

No había sido capaz de descansar bien, y aunque la idea de la cita había sido especialmente mía, empezaba a arrepentirme, no porque no quisiera salir con Hiei, si no por todo lo que significaba hacerlo, y porque elegí la hora en la que hace más calor.

¿Podemos cambiar la hora para vernos?

Le envié un mensaje, eran las 10:00 a.m. y yo seguía en cama sintiendo arrepentimiento de mis acciones y decisiones pasadas y futuras.

No.

Fue su rotunda respuesta, más claro que el agua, quería verme sufrir claramente, y no le iba a dar el gusto.

¿Podemos vernos hasta el invierno del próximo año?

Dije en otro mensaje.

Te veo HOY a las 12:00 p.m. en la puerta de tu casa.

Respondió él destruyendo cualquier posibilidad de escapar, suspire y me levante de mi cama, ahora debía resolver el dilema de lo que me iba a poner hoy ¿Qué se supone que debes usar para una cita? Busque en el armario y me di cuenta que me hacía falta comprar más ropa de color, todo ahí era negro o muy apagado, también había demasiada ropa de invierno, y si era sincero nunca antes me había importado tanto mi vestimenta, sin embargo, un pensamiento retumbaba en mi mente como el zumbido de una molesta mosca, y era el de querer verme bien para Hiei, y me sentí apenado, quise alejar aquella idea sacudiendo mi mano como si así espantara a la mosca ficticia, pero solo atraje más de ellas, ahora me cuestionaba algo más ¿Qué planes teníamos? ¿Qué íbamos a hacer? ¿A dónde íbamos a ir? Mi único concepto de cita era el que salía en los libros y claramente mi percepción del romance era muy errada.

Intente no entrar en pánico, seleccione la ropa menos apagada de mi armario, y fui a tomar un baño, el agua fría podría calmar mi mente, las primeras gotas de agua fría ayudaron a sentirme menos somnoliento, y sentir aquella agua tan fría correr por mi cuerpo me ayudo a relajarme un momento, aunque me había quedado demasiado tiempo bajo el agua al punto que mis manos ahora estaban arrugadas, las mire con detenimiento ¿En verdad estaba pasando esto? Pensé, esta era mi primera cita en mi vida, con mi primera pareja y había muchas cosas que aún no sabía sobre el romance, todos tenían una opinión sobre lo que era el amor, sobre lo que eran las citas, y sobre lo que se debía hacer, pero al final ¿Cuál era la respuesta correcta?

No tuve mucho tiempo para seguir pensando en ello, debía empezar a prepararme, así que cerré la regadera y me apresuré a salir, debía intentar verme decente; la ropa elegida era ropa que no usaba mucho, la examine un largo rato antes de empezar a ponérmela, un pantalón de color marrón, una camisa blanca de vestir y un saco de color turquesa, me mire un largo rato frente al espejo, mi cabello seguía mojado, y caía las gotitas de agua por mi rostro, y más que sentirme bien me sentía un desastre.

No solía tener mucha ropa para el verano, porque era difícil para mí ir mostrando mi cuerpo, a veces no había opción con el uniforme de verano o la camisa deportiva del colegio, debía usar manga corta y estaba bien hasta cierto punto, pero si era posible prefería ocultar cada parte de mi cuerpo, mi mano se dirigió hacia mi cuello, ya no era tan visible, pero seguía ahí y se quedaría en ese lugar toda mi vida, aquella cicatriz, de niño viví lleno de marcas, marcas que buscaba ocultar desesperadamente y marcas que ya no eran visibles, y aun así, podía verlas como fantasmas atormentándome, una gota de agua cayo en mi mano haciéndome volver, debía terminar de prepararme, tome un pañuelo de color durazno y lo enrede en mi cuello, luego seque mi alborotado cabello e intente acomodarlo, estuve un largo rato frente al espejo intentando hacerlo diferente a como lucía normalmente, y nada me convencía, al final mi flequillo quedo alborotado.

Estaba casi por terminar los preparativos, cuando escuche a Yukimi hablarme desde abajo, solté el cepillo que llevaba en mis manos al sorprenderme de que el tiempo simplemente se había ido y no volvería jamás.

—¡Yoite! ¡Hiei esta está aquí!

¿¡En verdad ya eran las 12:00!? Me puse un par de calcetines limpios, arroje todo aquello que no era necesario y tome lo que necesitaba, de pronto sentí mi corazón acelerarse.

—¡Yoite! —Yukimi volvió a llamarme.

—¡Ya bajo! —Grite.

Y me sorprendí a mí mismo de gritar, pero estaba nervioso, baje rápidamente y casi me tropiezo, intente verme casual ante ese tropezón y esperando que ninguno de los hombres allá abajo lo notara. Hiei estaba tomando agua tranquilamente, Yukimi veía la televisión quejándose de algo en las noticias, ambos parecían ignorarse y al mismo tiempo parecían estar demasiado relajados en la presencia del otro para simplemente estar ahí, casualmente.

Aproveché para ver la ropa de Hiei, últimamente usaba más aquel collar que le regalo su madre, aunque, había días dónde no lo traía para nada, tal vez con el miedo de perderlo, como me había dicho; hoy usaba una playera blanca con un estampado en el centro de cuadros negros y líneas rojas, usaba unos jeans negros rotos de las rodillas, y una cadena colgando de su cinto igual negro, y en verdad se veía bien, tosí disimulando el rubor en mi rostro, y al mismo tiempo llamando su atención, Hiei volteo a verme y se quedó observándome muy atento, entonces pensé que seguro me veía bastante extraño, pero no tenía tiempo de irme a cambiar de nuevo.

—¿Qué te tomo tanto tiempo?

Pregunto Hiei dejando el vaso en el fregadero mientras volvía a apartar la vista de mí, no estaba seguro cómo sentirme ¿Me veía mal? ¿Me veía extraño?

—¿Yoite? —Me llamó.

—¿Qué?

—¿Nos vamos?

Hiei alzó la ceja ante mi actitud extraña, yo asentí e intenté no darle más vuelta al asunto. Me despedí de Yukimi y seguí a Hiei, me puse mis zapatos negros y él al parecer usaba unos tenis negros, todo en él lucía bastante bien.

—Ah, es verdad.

Se detuvo una vez que estábamos en la entrada, lo mire sin saber lo que ahora buscaba en el bolsillo de su pantalón, entonces saco unos broches de color rojo.

—Agáchate —Dijo.

—¿Uh?

—Anda, acércate.

No estaba seguro que planeaba, pero me agache, y entonces me coloco aquellos broches acomodando mi desastroso flequillo, lo mire sin entender, y él se encogió de hombros.

—Te vi hace rato peleando con tu cabello.

—¿¡M… ¿¡Me viste!? ¿¡Me veía desde el balcón!?

Hiei sonrió, me dio una palmadita en la cabeza por lo que me enderece rápidamente, luego toque el par de broches.

—Se te ven bien —Dijo —Tómalo como un regalo.

—Se los robaste a tu hermana, ¿Verdad?

—Los tome del baño, detalles, ya vámonos.

Él avanzó, y yo me quedé un momento pensando, mientras seguía tocando los broches, luego sonreí levemente, y seguí a Hiei.

—¿Cuál es el plan?

Me atreví a preguntar cuando alcancé su ritmo al caminar, Hiei se quedó un momento callado, luego se encogió de hombros.

—¿Qué quieres hacer?

Pregunto mientras me miraba por el rabillo del ojo, luego volvió a mirar al frente, si era sincero tampoco lo sabía, aunque en ese momento sentí una sensación de hambre, no había comido nada hasta ahora.

—Tengo hambre —Dije.

Hiei no me respondió nada, solo se limitó a guiarme, aunque no estaba muy seguro hacia donde íbamos, tampoco pregunté nada, solo lo seguí en silencio hasta que me tomo del brazo para detenerme.

—Supongo que es aquí.

Dijo mientras miraba un local, era un pequeño restaurante decorada con tonos pastel, el color rosa sobre salía, muy lindo para un par de sujetos tan oscuros como nosotros. Iba a cuestionar esta decisión, pero Hiei ya se encontraba entrando, así que no tuve más opción que seguirlo, el interior era igual, tonos rosados y bonitos en las paredes, no había demasiada gente y sentir el aire acondicionado fue agradable. Hiei buscó sentarse en el fondo, así que lo seguí, y me senté frente suyo, mientras lo miraba atento esperando que me explicara por qué había elegido tal lugar.

—Es un nuevo lugar, Yukina me lo recomendó, dice que tiene buenos postres, pensé que te podría gustar, dijo que eligieras el pie de queso, a y también vienen varios platillos en el menú.

Hiei recargo su codo sobre la mesa y recargo su mejilla en su palma mientras me explicaba rápidamente, me sentí halagado de que pensara en mí al traerme aquí así que un poco de rubor se asomó por mis mejillas, él lo notó así que aparto su mirada rápido, pude notar que su piel también empezaba a tonarse roja y pensé que era bastante lindo.

Antes de que pudiera decirle algo, llego la mesera con un uniforme tan rosa como el lugar, su falda era muy esponjosa, y en su rostro asomaba una gran sonrisa, Hiei y yo la miramos con rostros de apatía, pero ella seguía sonriendo como si todo en el mundo estuviera bien.

—¡Buen día! Les dejo el menú, cuando estén listos llámenme, les recomiendo el té de matcha con leche de almendras y la especialidad del día son fideos chinos.

Y así como la sonriente chica llegó, se fue dejándonos el menú, tome uno tranquilamente, aunque empecé a notar que Hiei se veía molesto mientras ojeaba el menú y miraba hacia el otro lado, me sentí curioso de lo que miraba, así que eche una ojeada sutil, si no estaba equivocado miraba a la mesera de antes que también miraba hacia nuestra mesa, raro, pensé.

—¿Están listos?

Dijo ella aún muy animada, entonces me percaté que ella me miraba mucho, y Hiei la miraba a ella con odio ¿Qué ocurría aquí? ¿Por qué me miraba tanto? ¿Me estaba apurando o algo?

—Carne término medio y un café negro.

Ordeno Hiei mientras azotaba el menú hacia la mesa, aquello nos estremeció a la chica y a mí.

—C… Claro joven.

Dijo ella anotando nerviosa la orden y borrando su sonrisa por un momento, luego volvió cuando me miro a mí.

—Fideos con verduras… Oh —Mire a Hiei —¿Puedo pedir lo que quiera? Tú vas a pagar ¿Cierto?

Hiei sacudió la mano.

—Si quieres pedir todo el maldito lugar, pídelo.

Sonreír en respuesta, y la chica nos miró, del uno al otro intentando comprender nuestra dinámica.

—Entonces quiero fideos con verduras, tallarines con atún, pollo agridulce, una limonada con hielos, y de postre un pie con queso y ese té de matcha que ella menciono.

Dije mientras miraba a Hiei en lugar de la chica, ella pareció anotar todo lo que pedí, me miro un poco más, pero Hiei la ahuyento con su ceño fruncido.

—¡En un momento les traigo su orden!

Tomó los menús, y se marchó rápidamente. Una vez que estuvimos solos de nuevo, me relaje, y Hiei parecía un poco menos tenso que antes.

—¿En verdad vas a comerte todo esto?

—Dijiste que podía pedir lo que quisiera.

Hiei sonrió, y me sentí un poco avergonzado, en parte lo quería molestar, pero tal vez si había pedido mucho.

—Puedes repetir plato si quieres, me sorprende que todo eso entre en tu estomago a pesar de que eres tan delgado.

—Bueno, me puedes ayudar a comer, tú solo pediste carne y café.

—Me parece bien.

Ambos sonreímos.

Empezamos a conversar sobre la tarea, la cual Hiei seguía sin hacer, iba a tener que ir a su casa a ayudarlo, o más bien a obligarlo a hacerla, así que acordamos la próxima semana dedicarnos a ello, luego hablamos un poco sobre lo que estuvo haciendo el otro estos días, Hiei miro series chinas, la forma en como narraba las cosas hizo que me picara la curiosidad y quisiera verlas también.

—De hecho, salió una película en el cine que quería ir a ver —Dijo.

Aunque intentaba no verse muy animado por eso, se notaba que lo estaba y ame ver esa faceta suya, fue dulce.

—Podemos ir cuando acabemos de comer, ya que tú vas a pagar la comida, yo pago el cine —Sugerí.

—Con palomitas, y de esos chocolates que venden.

Me reí.

—Puedes pedir todo el cine si quieres.

Aunque, él también me había dicho eso, por algún motivo me sentí algo avergonzado de decirlo yo, era como si estuviera coqueteando con él, y no ayudo que me tomara la mano en ese momento, entonces mi cerebro grito ¡De esto es lo que trata una cita! Me atragante un poco, por suerte llegó nuestra orden y él aparto su mano, la chica llegó con una bandeja y esa sonrisa, mientras Hiei volvía a su mal humorado rostro del principio.

—¡Provecho! Si necesitan algo más, llámenme.

Dijo ella mientras me volvía a mirar, me empezaba a incomodar su mirada, y empecé a notar el patrón, Hiei se ponía de muy mal humor cuando ella se acercaba o me miraba, aunque seguía confundido con todo esto, ella se alejó sin más y Hiei empezó a picar su carne de forma algo agresiva, parecía que estaba cortando a una víctima con mucho desprecio mientras miraba hacia dirección a la que se había ido aquella chica.

—Uh… Esa cosa parece que saldrá del plato y dirá muu.

Hiei se detuvo en su masacre y me miró, luego se rio.

—Dirá ¿Qué?

—Emm ¿Muu?

—Dilo de nuevo, suena gracioso cuando quieres imitar una vaca.

—C… Cállate.

Me sonroje mucho, ese tonto, él volvió a reírse.

—No, no, anda dilo.

—Estas muuerto si sigues molestándome, comete tu cadáver de vaca.

—¡Ja! Eres muy raro Yoite.

—Mira quién lo dice, y eso no es término medio, esa cosa aún puede moverse.

—Mejor para mí.

Dijo encajando su tenedor en la carne, alzándola y comiéndosela como un salvaje, lo ignore y empecé a comer de mis platillos, aunque bueno, yo no era mejor para comer, comía a grandes bocados, ninguno de los dos era apto para una cena elegante, y creo que la mesera lo sabía, note como abría sus ojos impresionada de nuestra forma de comer, luego Hiei se unió a comer de mis tallarines, y tomar de su café, mientras yo tomaba sorbos a mi limonada, todo un espectáculo.

Cuando terminamos la comida, seguí con el postre, le di a Hiei de mi pie de queso, y ambos comprobamos que realmente era muy bueno.

—¿Quieres más? —Pregunte.

—¿Eh? Sí…

Respondió distraídamente mientras revisaba su teléfono, le había llegado un mensaje, como estaba ocupado, se me ocurrió darle en la boca y él en vez de detenerme la abrió y comió, y luego nos detuvimos un momento intentando entender nuestras acciones, aunque volvimos a hacerlo, a saber, Dios por qué.

—Era Yukina, le dije que te gusto el pie de queso.

—Me la saludas.

Dije antes de darle el último sorbo a mi té, entonces Hiei pidió la cuenta, la chica de antes parecía más desanimada que antes, aunque Hiei seguía mirándola con desprecio, dejo la cuenta y se retiró.

—¿Por qué la odias?

Por fin me atreví a preguntarle, mientras él ponía el dinero en la charolita y tomaba los dulces de menta que nos habían dejado, me miro y extendió su mano para pasarme uno, hice lo mismo para tomarlo, pero él sujeto mi mano y la beso, aquello hizo que me explotara la mente y el corazón se me agitara, de nuevo me puse rojo ¿Cuántas veces iban ya de mi rostro sonrojado este día? Él me miro de una forma seductora, luego miro hacia otro lado, no quise mirar hacia qué o quién, mi cabeza estaba echa un lío para eso.

—Vámonos —Dijo.

Tomó mi mano y no la soltó, me sacó de ahí mientras yo seguía en shock ¿Qué estaba pasando? ¿¡Qué estaba pasando!?

Hiei no dijo nada durante el camino, y tampoco había optado por soltar mi mano, algunas personas nos miraban, pero bastaba con una mirada suya para hacerlos voltear a otro lado.

—¡Espera! ¿¡Qué fue eso!?

Me detuve, no podía seguir así, él me miro y ladeo la cabeza como si no entendiera, y sí entendía ¡Claro que entendía!

—¿Qué?

—¡El beso! Y todo este tiempo tan malhumorado con la mesera…

—¿No te diste cuenta?

—¿De qué?

—Esa mujer te comía con los ojos…

Pestañee rápido ante esa afirmación y me señale ingenuo.

—¿A mí?

Bueno, sí me miraba mucho, pero no pensé que fuera por algo en particular, además ¿¡Qué significa que te coman con los ojos!? ¿¡Qué le gusto!?

—¡Obviamente a ti! —Respondió exasperado.

—¿¡Por qué sería obvio!? ¡No es nada obvio! ¡En el mundo solo un loco como tú se fijaría en mí!

—¿¡No te das cuenta de lo hermoso que te ves!? ¡Claro que le vas a gustar a la tonta mesera!

Ambos nos quedamos callados, y nos miramos con asombro.

—¿Me veo hermoso?

—…

—Responde.

—Sí.

—Oh, gracias.

—Sí, no importa.

—…

—…

Ambos nos dimos la espalda, mientras él se aferraba a un cesto de basura, yo a la pared, mi rostro se había puesto tan rojo como el color de los ojos de él, mi mente corría tan rápido que solo podía pensar en que dijo que me veía hermoso, normalmente mataría a cualquiera que me dijera lindo o algo parecido, pero él provocaba que sintiera mariposas en el estómago en su lugar, y entonces mi ropa sí le gustaba y no me veía raro, pero también ¿Se había puesto celoso? ¿Todo había sido debido a sus celos? De pronto me sentía tan feliz que era ridículo, la gente pasaba y nos miraba como un par de dementes, y de pronto nos calmamos, volvimos a nuestra habitual seriedad.

—¿Vamos al cine ahora? —Pregunte.

Seh

—Tú también…

—¿Uh?

—Tú también te ves bien con esa ropa…

Dije algo apenado, pero debía decirlo ahora, después sería más raro.

—Gracias…

Respondió él desviando la mirada, entonces seguimos nuestro camino hacia el cine. Debido a que en el cine cercano se habían agotado las entradas de la siguiente función y no queríamos esperar, decidimos ir a otro, pero debíamos tomar el metro, que pesadilla, aunque para Hiei fue peor, la gente nos empujó, yo al menos quede recargado en la otra puerta, pero él estaba pegado contra mi pecho sin poder moverse, me ayudaba a que la gente no se me pegara, y que él lo hiciera no me molestaba, pero su pose era extraña y graciosa.

—Tu tamaño no te deja ser el protagonista guapo que acorrala a la chica para protegerla en el vagón…

Dije con un tono burlón, luego me reí, aunque en respuesta Hiei me mordió ¡No tenía dientes normales! ¡Esas cosas eran afiladas!

Después de una larga tortura y empujar gente para salir (no quería volver a entrar ahí) logramos salir e ir al otro cine, por suerte sí había entradas. La película que Hiei quería ver, también era china, pero era de terror y suspenso, aunque con temática antigua, sonaba bien, pague las entradas, le compre sus palomitas, y los chocolates que quería, unas bebidas, y entramos listos para lo que viniera, compartimos el envase de palomitas debido a que eran bastantes; comíamos y conversábamos mientras esperábamos que iniciara la función, me contó sobre sus años en el kendo, y su maestra, sonaba a una tortura por como la describía, también me contó que tomo clases de música y canto debido a que de niño era más agresivo, y su madre buscaba formas de hacerlo canalizar su enojo, también practico otros deportes antes de llegar al kendo, yo lo miraba atento incluso había olvidado seguir comiendo.

—No puedo creer que el director en serio te pusiera una orden de alejamiento.

Me causo gracia, no imaginaba a Hiei siendo tan agresivo para llegar a ese extremo, ¿Oh sí? Sacudí la cabeza.

—Exagera.

Le restó importancia, bueno, era Hiei. Por mi lado le conté un poco sobre mí, realmente no tenía muchas aficiones que no fuera leer, o tejer, mi vida era más aburrida, le platiqué sobre cómo conocí a Miharu, y a mis otros amigos, le dije que querían conocerlo, se atraganto con una palomita cuando dije eso.

—De niño no fui muy activo, aunque si me la pasé mucho tiempo yendo a terapia…

De forma inconsciente toque mi cuello, justo el lado de la cicatriz, él lo noto, ahora que lo pensaba ¿Él era consiente de mi cicatriz? Había tenido oportunidades para verla, pero nunca había dicho o preguntado nada, le había contado muy poco sobre mí, sobre mi padre biológico y su intento de ahogarme, entonces recordé como su propio padre le había roto el brazo y había tenido que cargar con ese secreto solo, nuestros cuerpos estaban marcados, quise decirle más, pero la película había iniciado, no era el momento.

Prestamos total atención a la película mientras seguíamos comiendo palomitas, en ocasiones nuestras manos se tocaban, y tímidamente la retiraba, aunque él me ponía una palomita en la boca, me hacía sonreír e igual la comía.

En algún punto me acomode para acurrucarme en su hombro aprovechando la oscuridad de la sala, fue agradable, una chica que iba con su novio hizo lo mismo, aunque ella lucía asustada, yo lo hacía por gusto, Hiei me recibió y coloco su brazo alrededor, sentí como su mano se colocaba gentilmente en mi hombro, entonces de nuevo pensé, esto es de lo que trata una cita, sonreí.

Las siguientes dos horas me percate que Raikou tenía algo de razón en lo de no ver la película, no paraba de mirar a Hiei en vez de la pantalla, aunque él sí estaba muy atento, cuando la gente gritaba con las escenas de terror, él se reía como si fuera algo gracioso, y no podía dejar de pensar que era muy adorable, me acurruque más y suspire con calma, este tipo de cosas solo podría hacerlas con él, y sentirme así de cómodo, incluso si en la pantalla había un cadáver feroz devorando a una aldeana.

Cuando la película termino, Hiei hablaba con emoción de cada escena, yo lo miraba atento y empezaba a sentirme igual de emocionado, me gustaba ver este lado suyo, y me sentía honrado de ser yo quien lo pudiera ver, Hiei se sonrojo de pronto y desvió su mirada.

—¿Por qué sonríes así? Me pones nervioso.

¿Estaba sonriendo? Ni siquiera me había percatado de que sonreía, me toque los labios, luego lo mire, estaba tan apenado, tonto, mi tonto.

Después del cine fuimos a un arcade, yo no sabía jugar, ni siquiera había ido a alguno en mi vida, Hiei tampoco, pero ambos pensamos en intentarlo para complementar lo de la cita, estuvimos un rato jugando uno de carreras, éramos malos, tuve que chocar a Hiei en una curva para que no me ganara mi lugar número siete, pero no diré nada, a pesar de que me miro con desconfianza, yo no diré nada, oh, no, creo que mi sonrisa me delata, luego empezamos a jugar uno de matar zombis, Hiei amo ese, otro de aplastar un topo, también lo amo, y entonces vimos uno donde una chica que nos resultó familiar estaba bailando junto a otro chico que conocíamos muy bien.

—¡No eres tan malo, Marik! —Dijo ella.

—¿¡Tú crees!? ¡Y eso que nos has visto nada!

Marik y Anzu estaban dando todo en ese juego de baile, al cual obviamente Hiei y yo nunca nos subiríamos ni muertos, Hiei hizo una mueca al ver a Marik, y me hizo una señal para irnos, así que lo seguí.

—Entonces ¿Qué música escuchas?

Pregunto Hiei de pronto, mientras comíamos un helado en un parque cercano al arcade estábamos sentados mirando a la gente pasar, y en verdad estábamos comiendo demasiado, pero el helado fue tentador con este calor. Volteé a ver a Hiei y luego pensé en su pregunta, no tenía un gusto en particular.

—Debes pensar que soy aburrido ¿No? Tampoco tengo un gusto en especial.

—Eso significa que puedo compartirte de mis gustos.

Comió el resto del cono de su helado y se levantó de su lugar, hice lo mismo, y bueno no me molestaba si me compartía de sus gustos, lo aceptaría sin ningún problema. Hiei mencionó haber visto una tienda de música, así que nos dirigimos ahí, y después de ver algunos CDs, Hiei compró uno de un grupo de rock, y me lo regalo, mire la portada con mucha atención mientras los sostenía en mis manos con mucho cuidado y algo era seguro, iba a conservarlo como si fuera mi tesoro.

Empezaba a ponerse el sol, aunque si era sincero no quería aun volver a casa, y él tampoco parecía quererlo.

—¿Quieres ir a cenar algo? —Pregunto.

—¿No hemos estado comiendo todo el día? —Lo mire.

—¿Qué importa? Aun entra más comida.

Me reí, supongo que aun entraba más, así que de nuevo lo seguí, esta vez a un restaurante de comida tradicional, había unas mesas afuera del local, así que nos sentamos ahí, por dentro se podía ver bastante gente y los meseros apurados llevando las órdenes, entre ellos reconocí a uno de cabellera rubia, el cual al vernos se terminó tropezando tirando unos platos y vasos sucios que parecía llevar a la cocina, algo que hizo que lo regañaran y tuviera que hacer varias reverencias.

—¿Jonouchi?

—Oh, que sorpresa.

Hiei no parecía nada sorprendido.

—¿Sabías que trabajaba aquí?

—Aquí no, pero sabía que trabajaba ¿Pedimos Udon?

Suspiré y asentí, no estaba permitido que los estudiantes trabajaran y tal vez por eso no me había dicho nada al respecto, aunque a pesar de actuar estricto con Hiei (por qué se me pidió eso) no era tan cretino para echar de cabeza a los demás, si él trabajaba debía ser por algo importante, y aun si no lo era, no era mi asunto en absoluto, aunque Jonouchi había elegido un trabajo lejos de la zona, y tal vez no se esperó vernos.

—¿¡Qué hacen aquí!? ¡Viejo! ¿¡Le dijiste!? ¿¡No se supone que dijiste que no sabías donde trabajaba!?

Y bueno, su respuesta confirmo lo que pensaba, se veía bastante preocupado, miraba a Hiei como si le hubiera hecho la más alta traición, Hiei no le puso mucha atención.

—Queremos dos platos de Udon y refrescos.

Dijo como si nada pasara, Jonouchi parecía que iba a perder la cabeza.

—No me dijo nada, fue coincidencia encontrarte aquí—Le explique —Yo tampoco le diré a nadie, tranquilo.

Me miraba aun algo dudoso, pero no podía hacer más por él, tan solo prometerle que no diríamos nada.

—¿Por qué le hablas al mesero como si lo conociéramos? ¿Vas a tomar mi orden o me voy a otro lugar?

Ambos miramos a Hiei, no supe si reír o llorar, era un tonto, Jonouchi entonces tomo aire, se calmó y asintió, al parecer eso lo había acabado de tranquilizar, tomo la orden y se fue.

—Entonces fue casualidad que me trajeras aquí —Dije.

—Caminé al azar buscando donde comer, era aquí o un puesto de ramen que vi hace rato.

—¿No hemos comido ya bastantes fideos?

—Nunca es suficiente fideo.

—Cierto, ¿Cómo te enteraste que él trabajaba? ¿Tan cercanos se han vuelto?

—¿Celoso? Tengo derecho a socializar con otros hombres.

—Hiei.

—¿Qué? Solo fue casualidad el enterarme.

—Estas lleno de casualidades.

—Eso parece.

Bueno, no iba a contarme más nada, o tal vez no había más que contar, así que cambie el tema, conversamos un poco antes de que llegara nuestra orden, para ese punto Jonouchi parecía más tranquilo, y no ocurrió mayor percance, aunque el rubio por ratos nos volteaba a ver, aunque no estaba seguro de lo que pudiera pasar por su mente.

Una vez que terminamos de comer, pagamos la cuenta y nos fuimos, era hora de volver a casa, así que tomamos el metro de nuevo, al menos no iba tan lleno como en el día, aunque aún me resultaba una experiencia inquietante, y Hiei pareció notar aquella incomodidad en mi rostro, porque sostuvo mi mano durante todo el trayecto, aquello me hizo sentir más tranquilo, incluso siguió tomando mi mano mientras caminábamos de regreso a casa.

—Me siento llenó —Acepte.

—¿Quieres hacer algo de ejercicio?

Lo mire sin comprender a lo que se refería, entonces empezó a correr y arrastrarme con él rumbo al parque que estaba en nuestro camino, a esa hora no había gente así que estaba bastante silencioso, Hiei me llevó a los columpios y me hizo sentarme en uno.

—¿Quieres que vomite?

Pregunte mientras lo miraba como si hubiera perdido la cabeza, él tan solo sonrió y me empezó a dar empujones para moverme, entonces entendí que buscaba excusas para no volver aun a casa, me deje llevar mientras sentía como el viento tocaba mi rostro al elevarme en el aire ¿Cómo era posible reír tanto con alguien que normalmente miraba con indiferencia al resto? Era un misterio.

Baje del columpio dando un salto cuando ya no pude más, y perseguí a Hiei por el lugar, parecíamos un par de niños, unos que daban vueltas por el arenal, y agradecían que realmente no hubiera ni un alma en el parque o sería demasiado vergonzoso vernos en la situación que estábamos, teníamos una cara que proteger.

Acabamos llenos de arena, y con Hiei encima de mí, mientras respirábamos agitados, en verdad iba a vomitar el Udon si seguíamos así, aunque olvide mis nauseas cuando Hiei me empezó a besar, y suavemente con sus manos toco mi rostro ¿Cómo unas manos que habían sido tan violentas en el pasado podían ahora ser tan gentiles al mismo tiempo? Era otro misterio que no podía comprender.

Nos separamos por falta de aire, y nos miramos un rato mientras intentábamos recuperar el aliento, ninguno de los dos aparto la mirada del otro, y aquello se sintió tan íntimo como si nos dijéramos todo con nuestros ojos.

Una vez recuperados seguimos persiguiéndonos por el parque, subimos al sube y baja, y Hiei me dejo elevado varias veces mientras se reía de mí, tonto, nos mojamos en el bebedero cuando yo intente tomar agua y Hiei provoco que me empapara y al final acabo nuestra aventura acostados en una resbaladilla doble, uno al lado del otro mientras mirábamos el cielo nocturno, siempre era agradable verlo junto a él, no importaba la circunstancia o el lugar, nuestros dedos se tocaban sutilmente por momentos, hasta que juntamos nuestras manos.

—Sigue vivo el CD ¿Cierto? —Pregunto.

—¿Te preocupas por el CD hasta ahora? Me diste una revolcada en la arena sin que te importara, y ¿Qué hay de la empapada de hace rato?

Se rio, siempre que reía era increíble, aunque ya lo hubiera escuchado varias veces, siempre era especial para mi volverlo a escuchar.

—Sigue a salvo en el interior de mi saco.

Lo abrí para sacar la bolsa de plástico donde llevaba el CD, seguía bien a pesar de nuestras travesuras.

—Siempre que lo escuches, piensa en mí.

Me sonrojé ante ese comentario, luego volví a guardarlo en el interior de mi saco.

—Hoy me has dado regalos, y yo no te he dado nada ¿Cómo pensaras tú en mí?

—¿Pensar más en ti? Ya lo hago bastante ¿Quieres echarme a perder aún más?

Nos miramos, mi rostro nuevamente se puso rojo, y él acaricio mi mejilla, no supe cómo reaccionar, solo cerré los ojos mientras el pasaba sus dedos por mi rostro.

—Será mejor que volvamos —Dijo.

Mmn.

Dejamos atrás aquel parque, y caminamos a casa, aquel día habíamos hablado de bastantes cosas, y habíamos comido mucho, incluso jugado, hicimos cosas que normalmente no hacíamos, y había sido especial y divertido, entonces entendí mejor las palabras de Raikou, era igual y distinto todo esto, y esa diferencia la marcaba la persona que tenía a un lado.

—Entonces ¿Eres religioso?

Me pregunto después de que le conté un poco sobre mi infancia.

—De niño ir a la iglesia me traía paz, era un lugar silencioso, aunque no diría que soy religioso, pero si soy sincero siempre busque ser salvado por algo más grande allá afuera, a veces, creo que lo que fuera, realmente sí escucho mis palabras.

Hiei se detuvo y me miro, yo hice lo mismo, sabía que quería preguntar más, saber más de ese pasado del cual yo solía escapar todo el tiempo.

—¿Buscabas ser salvado de tu padre?

Me quede quieto sin mover un solo musculo, mi rostro tan inexpresivo y mis recuerdos tan tormentosos.

—Está bien si no quieres decirme.

—Sí.

Hiei desvió la mirada, luego tomo de nuevo mi mano.

—Él ya no está más aquí, ahora estas bien.

Asentí, no quería seguir hablando de eso por ahora, y él lo sabía, lo entendió y no pregunto más nada, caminamos en completo silencio a casa, cuando llegamos nos quedamos un rato afuera sin decir nada, sin movernos, solo sujetando nuestras manos, entonces lo mire.

—¿Tú no crees en nada?

Pregunte rompiendo el silencio que habíamos formado.

—Creo en ti.

Respondió mientras apretaba mi mano, aquella respuesta me sorprendió.

—Eres un tonto…

Sonreí, entonces me agache y le di un último beso antes de separarnos, cada uno avanzo hacia la entrada, me detuve y lo mire una última vez, para mi sorpresa él había hecho lo mismo así que nuestras miradas se encontraron, de nuevo era como si se dijeran todo, el asintió y entro a su casa, yo enfoque mi vista hacia el cielo una última vez, me identificaba con aquella oscuridad, yo era ese cielo oscuro, y sin embargo, cada luz que se encontraba en el basto cielo, era cada persona que iluminaba mi vida, Hiei era otro destello que había aparecido de pronto, y a veces podía jurar que juntos brillábamos más que la misma luna.

Aunque era ingenuo de lo que estaba por pasar, ahora más que nunca iba a necesitar de aquel brillo para no acabar desapareciendo.

—Estoy en casa —Dije al entrar.

Yukimi estaba recargado en la pared, pareciera que esperaba por mi regreso, su mirada inquieta me dijo que algo no iba bien.

—Bienvenido —Respondió —Yoite, hay algo importante que debes saber.

Su tono me asusto, lo que fuera, me empezaba a provocar nervios, cerré la puerta tras de mí y me acerque a él para escucharlo, mi mirada demostraba confusión, y él fue claro.

—Tú padre llamó, te está buscando, dice que necesita hablar contigo.

Aquellas palabras me atravesaron, y entonces sentí mi cuerpo helado, me paralice de miedo, pude ver nuevamente un pequeño yo saliendo de la iglesia aquella noche, y siendo arrastrado por su padre hacia la presa, pude verme de nuevo bajo el agua mientras dos grandes manos sostenían mi cuello y se me iba el aire y con ello la vida, de nuevo me estaban ahogando y no podía hacer nada, más que rezarle a Dios para que me salvara.