Advertencias: AU-OOC-Boys Love-Crack shipps
Yu Yu hakusho y Nabari no ou, así como YUGI-OH! No me pertenecen, sus personajes, así como las series son de sus respectivos autores, esta historia va con el fin de mi entretenimiento y el de los lectores.
Extra 1 Limonada cafeinada
Me encontraba buscando algunas cosas que había guardado hace un tiempo en el almacén del apartamento, o el supuesto almacén que Hiei había asignado cuando nos mudamos, dijo algo como: "Hay demasiados cuartos aquí, metamos algunas cajas acá, luego desempacamos lo que necesitemos" y ese luego solo se convirtió en seguir guardando cosas en la habitación hasta que se acumularon sin remedio.
En medio de mi búsqueda encontré algunos álbumes de fotos, uno de ellos pertenecía a Hiei, la curiosidad me llamó por lo que me puse a hojearlo mientras me acomodaba en el suelo para sentarme; había fotos suyas de niño ¿Por qué no sabía de la existencia de esto? Pensé con una sonrisa, debía llevar esto conmigo, había fotos con Yukina y Hina, otras del colegio, tenía algunas con Kurama, según recuerdo me contó se habían conocido de niños antes de que Kurama se mudara, vi otra donde usaba un yeso y se veía con algunas banditas y cortadas, esa foto se me hizo más cruda dado que habían quemado la cara de una persona en específico, y aunque Hina parecía sonreír podía verse tristeza reflejada en sus ojos, aprete mis labios mientras con mi dedo tocaba la cara del pequeño niño en la foto, anhelaba protegerlo, pero sabía que eso ya no era posible.
—¿Qué haces? —Pregunto Hiei.
Me estremecí por su repentina llegada, volteé a verlo desde mi lugar y sonreí como si hubiera hecho alguna travesura, Hiei poso sus ojos en el álbum que estaba en mis manos.
—Ah, esa cosa, creí habérsela devuelto a Hina.
—Eras lindo de niño.
—Si, no lo creo.
Se sentó a un lado de mí, y tomo el álbum, miro la misma foto que yo hace segundos.
—Esta foto es la única que tenemos con ese sujeto, Hina nos había llevado al parque en compensación por no haber podido ir al acuario.
—Lucen tristes.
Recargue mi cabeza en su hombro mientras miraba la foto.
—No recuerdo mucho, solo sé que fue culpa de ese maldito.
—¿Tú le quemaste la cara?
Levante un poco mi rostro para mirarlo, Hiei se veía algo serio, luego sonrió de forma burlesca, no me respondió, pero no hizo falta, me moví un poco para mirar otro álbum esta vez uno del colegio, me sentí nostálgico así que sonreí al ver las fotos.
—Han pasado 10 años ¿Cierto? —Pregunte sonriendo.
—Sí, hace 10 años te caíste encima de mí.
—Y tú le llevaste serenata a Yami.
Se sonrojo y puso su mano en su frente.
—¿Podemos hacer de cuenta que eso nunca paso?
—Sí, también podemos hacer de cuenta que no nos humillaste públicamente frente al salón al hacernos cantar rap o lo que fuera que hicimos.
—Ni siquiera cantaste, solo decías rimas al azar.
Me reí, y él suspiro.
Habíamos hecho muchas idioteces juntos, que, si le contáramos a alguien, no nos creería.
—Odiaba tanto a Yami y su súbdito de tontos.
Dijo cambiando el tema y señalando una foto del campamento al que fuimos en tercer año.
—Hiei, tú odiabas a medio mundo… —Lo mire serio.
—Sí, sí, pero más a ellos, a Bakura más que a nadie.
Sacudió su mano a los lados restándole importancia.
—De hecho, pronto será la reunión de ex alumnos ¿No sería bueno saber lo que fue de los demás? —Comente.
—Paso —Respondió de inmediato.
No importaba cuanto tiempo pasara, Hiei, era Hiei.
Habían transcurrido 13 años y ya no teníamos el rastro de varios compañeros, mientras otros seguían siendo buenos amigos, algunos los veíamos seguido, otros cada cierto tiempo, cada uno decidió seguir su propio camino ya sea estudiando o trabajando directamente, yo por mi lado estudié gastronomía, e hice un master en repostería, mientras que Hiei había estado trabajando en distintos empleos muy variados por un año entero, en ese lapso volvió a practicar kendo, y otras artes marciales debido a que estaba algo frustrado, no solía hablarlo mucho, pero lo conocía, fue entonces que un día decidió ser instructor de kendo, y tomo varios cursos para lograrlo, se veía feliz, además de que disfrutaba torturando mentalmente a otras almas (aunque, debería ser más un guía espiritual o una cosa parecida, pero en fin, era Hiei). Actualmente trabajaba en la academia de Raikou, y se encontraba entrenando chicos para la competencia mundial de kendo, Hiei era más gentil en cierto modo con sus alumnos regulares, pero con estos chicos parecía aumentar su sadismo al máximo, al menos daba buenos resultados enseñando.
En ocasiones debía salir de la ciudad e incluso el país, y no nos veíamos un tiempo, otras, se nos facilitaba irnos juntos debido a mi propio trabajo, variaba mucho la temporada, a veces había mucho movimiento, otras simplemente disfrutábamos de la calma, como hoy.
—Dijiste lo mismo hace tres años ¿No te da curiosidad?
Pregunte mientras pasaba de página y veía algunas fotos rayadas, como Kuwabara con bigote y orejas de perro, o Bakura con un parche de pirata.
—No.
—¿A la boda de Yusuke y Keiko sí iremos? ¿Por qué rayaste estas fotos? Estoy seguro que este es mi álbum no el tuyo.
—Solo si tú quieres ir, y raye los dos álbumes no te preocupes por eso.
Respondió mirando con cierto rencor a Kuwabara, y bueno, no lo culpaba, el sujeto se había casado con su hermana, aún me daba gracia ver a Hiei dando su discurso ese día mientras estaba obligado a hablar bien de la feliz pareja, o su madre le iba a hacer lamentarse haber nacido, y que decir de la cena de compromiso, no paro de refunfuñar toda la noche, al menos mi soufflé de chocolate lo hizo olvidar un rato su amargura.
—Que consuelo, bueno igual a Bakura lo podríamos quitar…
Murmure mientras pellizcaba su foto, aún recordaba la forma en cómo me hostigo en la escuela así que yo llevaba mi rencor personal, al menos durante el tercer año Hiei y yo fuimos unos tiránicos al tener el cargo de presidencia de la clase, así que me desquite un poco por todo el daño, fue duro mover ese grupo al éxito, pero lo conseguimos, ganando el desprecio de todos, al menos hasta que obtuvimos el primer lugar en las competencias deportivas y nos amaron un tiempo, supongo que de ahí venía el sadismo de Hiei para entrenar gente, y de paso hacía catarsis por lo mucho que yo lo presionaba para estudiar.
No logré sacar la foto, pero la rasgué a la mitad, Hiei solo me miraba atento así que volteé a verlo.
—¿Por qué me miras tanto? —Pregunte.
—Porque puedo, eres mío, si quiero te miro —Respondió.
—¿Ah? ¿Quién dijo que era tuyo?
—No sé ¿Tal vez tú el día que nos mudamos juntos?
Dijo mostrando el anillo de promesa en su dedo, miré mi propio anillo, y sonreí, luego volví a poner un rostro serio.
—No me convences —Dije.
—¿Ah? ¿Cómo te convenzo entonces?
—Llévame a ese restaurante del que hablamos la semana pasada, y tal vez te crea.
—Por Enma ¿Dónde te cabe tanta comida? Sigues igual de delgado que cuando te conocí, pero no paras de comer.
—Podríamos llevar a Yukina y Kuwabara en una cita doble, por cierto ¿Cuándo nace nuestro sobrino?
—Me estás molestando a propósito ¿Verdad?
Dijo con un tic en la ceja, no pude evitar reírme, y le di un beso.
—No seas malo, ella está muy feliz.
—Si sale igual de feo que el papá voy a llorar.
—Hiei, tú no lloras.
—Así de miserable me voy a sentir.
—¿Qué tal si te preparo limonada cafeinada? ¿Te hará sentir mejor?
Le di otro beso esta vez más largo, me correspondió mientras me acercaba más a él.
—Eso me gustaría.
Respondió una vez que finalizo el beso.
—Deberíamos ir a la boda, hace tiempo que no vemos a nuestros amigos.
Hiei chasqueo la lengua.
—Como quieras —Dijo.
—Como quiera —Dije.
Nos miramos y reímos, reímos mucho, entre nosotros y para nosotros éramos la excepción.
Me levanté para irle a preparar su bebida, él me siguió y lo miré.
—Hiei, te amo —Dije.
—Te amo, Yoite —Respondió —Por cierto ¿Qué buscabas?
—No importa, te pondré a buscarlo a ti más tarde.
—¿Qué? ¡Oye no quiero! ¡Búscalo tú mismo!
—No te escucho.
—¡Claro que me escuchas! ¡Vuelve!
