Disclaimer: snk pertenece a Hajime Isayama

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El calor del día era abrasador. Ni siquiera rayaba el alba mientras salia de la puerta de aquel sótano. Su cerebro intentaba asimilar tanta información. Todas sus sospechas eran ciertas y ahora tenían un nombre. Sus pies se arrastraron a lo largo de las piedras caídas mientras recopilaba mentalmente e intentaba poner en orden sus pensamientos.

Los dos jóvenes que habían ido con ella acariciaban sus caballos mientras hablaban. Igualmente sorprendidos por la información que se acababa de revelar. Una isla, Paradis, dónde los míseros pecadores que eran ellos eran destinados a vivir sin su consentimiento. Antes la jaula que la recluía eran unos muros de piedra, ahora eran toneladas de agua que la rodeaban por todas partes.

Marley, el origen de aquella reclusión, una extraña ciudad de la que no sabía casi nada salvo el nombre. Los misteriosos asaltantes de años atrás provenían de allí. Debido a alguna extraña razón, un poder creado en aquel lugar terminó en su diminuta isla. Siendo contenido ahora por el chico de ojos verdes que parecía preocupado mientras fingia comprobar la montura de su caballo.

Sus pies vagaron en silencio por el empedrado rasgando con ligereza la suela de sus botas. Alguien que se encontraba frente a ella le observaba pasivamente, sin pestañear. Aquello era demasiado. Aquel día jamás debería haber existido. Por más que lo intentara, sus neuronas no alcanzaban a comprender todo aquello. No en aquel momento.

Se sentó en uno de los salientes que había del viejo empedrado de piedra mientras se serenaba. La sangre le hervía con rabia. Y el cansancio comenzaba a tirar de ella. Notaba cómo la venda que cubría la mitad de su rostro comenzaba a empaparse en sangre. Dirigió una mano instintivamente ejerciendo presión. No necesitaba desmayarse en aquel momento por una pérdida de sangre. Necesitaba pensar.

Delicadas gotas carmesí comenzaron a manchar las yemas de sus dedos, que acaricaban la piel dañada.

- Capit- , digo, comandante – inició Mikasa mientras se acercaba con un paño a su superior – Deberíamos volver con el resto. Ya deben haber llegado a la ciudad.

- Tienes razón. Reagrupémonos.

La chica le ayudó a levantarse y le observó mientras intentaba montar en su caballo. Se había vuelto demasiado complicado. El mareo que la controlaba en esos momentos no le permitía calcular bien las distancias. Sacudió la cabeza e intentó colocar el estribo una tercera vez mientras se impulsaba con su pierna derecha.

Con dificultad se colocó sobre su montura e indicó al resto seguirla. El calor sofocante acechaba de nuevo. Taladrando su cabeza. El sudor frío caía sobre sus mechones. Se enjugó la frente con el dorso de su mano y volvió a sujetar las riendas mientras avanzaba el paso con su caballo. Observó con atención y descubrió que varias tiras rojizas adornaban ahora dicha mano. Debía llegar rápido a la ciudad. Antes de perder la consciencia.

Mientras galopaba le daba la impresión de que las puertas de entrada a su hogar eran cada vez más pequeñas. El sudor continuaba fluyendo a través de su piel. Comenzó a notar un leve zumbido que indicaba que las puertas comenzaban a abrirse. Sólo un poco más. Necesitaba transmitir todo aquello que había acumulado en ese último día.

Llegar al cuartel e informar de lo que había sucedido. Aquel enfrentamiento, Erwin, la pérdida de tantos compañeros … Toda la información obtenida de aquel sótano.

El suelo se volvió más firme y duro mientras llegaba hasta el cuartel. Los únicos jóvenes supervivientes estaban en aquellas puertas esperando su llegada. Paró en seco y bajó saltando de su caballo.

- Informad inmediatamente que hemos llegado – la sangre continuaba molestándole peligrando con negarle la visión en su otro ojo.

- C-comandante – articuló Armin mientras la ayudaba a ponerse en pie – Hemos avisado un médico. Debería...

- No necesito un médico. Necesito discutir lo que ha pasado con Pixis. Tráelo inmediatamente – todo borroso a su alrededor. Sus piernas comenzaban a temblar sin permitirle permanecer en pie. La adrenalina de aquel día comenzaba a irse de su cuerpo, que pugnaba a gritos por un descanso.

- P-pero …

- Basta. - su mirada se dirigió hacia los supervivientes de aquella última lucha – Mikasa, llevame al cuartel de la policia estacionaria. ¡Ahora!

- Hanji...

Una voz dura sonó en su espalda. Resopló con impaciencia. Sabía que no conseguiría convencerle. No a él. Se giró desafiante. No tenía tiempo de oír ningún tipo de queja en aquel mismo momento.

- No – fue su respuesta frente a su fría mirada que continuaba juzgandola en silencio – Levi, ya sabes que hacer en procedimiento tras una batalla. Encárgate tú de esto mientras yo voy a ver a Pixis.

- Hanji. - repitió con impaciencia.

- Ahora no, Levi – volvió a responder mientras sus piernas flaqueaban y tiraban de su cuerpo hacia el suelo. Sus rodillas ahora rozando la dura piedra del asfalto de la ciudad. Armin se acercó para ofrecerle una mano – No os preocupéis por mí. No es nada grave.

- …... - Levi continuó mirándola en silencio. Sin pronunciar palabra alguna.

- Ahhh... - resopló mientras dejaba que el peso de su cuerpo le arrastrase aún más hacia el suelo – Os he dicho...que estoy... bien...

Apenas se habían cerrado sus labios cuando el estrés de todo aquel día le acurrucó y le hizo caer contra el suelo. Apenas podía oír las voces de aquellos chicos preocupados mientras un par de manos conocidas la llevaban en brazos adentro del cuartel. El olor a antiséptico le indicó el destino por el que era llevada a la fuerza. Respiró con fuerza mientras intentaba contar cuántos días tendría que pasar postrada en una cama mientras se recuperaba de su herida.

En aquel preciso momento, tan cerca de todo, lo último que necesitaba era descansar. Se mintió así misma mientras dejaba que su consciencia le abandonase siendo cargada entre sus brazos.

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El apetito no era algo que fuera a volver rápidamente. Aquellas sábanas blancas no eran más que una prisión adornada con un dulce aroma.

Observó el plato lleno aún sobre sus rodillas. Excesivamente lleno. No necesitaba ni tan siquiera la mitad para mantenerse sana. Había llegado a vivir años comiendo la mitad de aquel plato. Se rascó la cabeza mientras intentaba esquivar el plato. Sus piernas aún continuaban adormecidas. Sin obedecerle.

Reconocía los efectos de aquel calmante. No era la primera vez que se había visto forzada a tomarlos. Apenas podía sentir sus falanges temblando mientras intentaba sostener la cuchara. Una dosis más alta de la que le habían dado antes.

Cerró con fuerza su ojo preguntándose que aspecto tendría el otro. Aunque intentara controlarlo notaba que los nervios dirigidos a su cuenca ocular no le respondían. Párpados inmóviles. Un lacerante dolor, que disminuía poco a poco con todos aquellos tranquilizantes. Malgastados en ella, cuando podrían ser utilizados por alguien más.

- ¿Cuánto tiempo más me vais a retener aquí? - exclamó al fin mientras creaba ondas en el plato de su comida – Ya han pasado dos días. Necesito a Pixis aquí.

- Ya ha recibido el informe – concluyo con áspera voz mientras se sentaba en una silla cercana – El doctor dijo que deberías estar al menos dos semanas. Asi que haz caso por una maldita vez en tu vida, Hanji.

- Levi... - suspiró - ¿Qué has hecho con Eren y Mikasa?

- Seguir el protocolo. Lo han acatado bien. Cuando salgas de aquí puedes ir a verlos tu misma a las mazmorras.

- …. - su mirada se giró hacia él que se fijaba en el plato aún lleno – Preferiría estar sola ahora mismo. Necesito pensar.

- Si te dejo sola, intentarás escapar. Debes descansar.

- Levi – repitió – no puedo pensar contigo aquí. Mirándome con esa cara de arrepentimiento continúo.

- …..

- Sé porqué elegiste a ese chico en lugar de a Erwin. - cerró su párpado con fuerza – no te culpo por ello. En tu lugar... no se si hubiera podido ser objetiva.

- ¿Me odias?

- No te odio, Levi. Pero si Erwin estuviera aquí, podría hablar de todas estas cosas con él. Yo no se ni siquiera cómo ser comandante. Apenas puedo entender todo lo que me he enterado hace sólo 48 horas. ¿Cómo se supone que voy a comandar un ejército?

- Puedes hablar conmigo.

- Ahora mismo. No se muy bien que debo hacer. Tengo un ejército compuesto por 8 personas. Reiner ha huido. - se atusó las sienes intentando concentrarse – No estoy segura de que realmente hayamos conseguido algo valioso. La información acerca de Marley es importante, pero.

- Tenemos al titán colosal.

- Ellos tienen al titán bestia. No estoy completamente segura de que estemos lo suficientemente fuertes como para soportar otro ataque. Tendremos que planear otra estrategia.

- …...

Bajó su vista hacia el plato de sopa que continuaba ondeando entre sus piernas. El reflejo que podía ver era el de una persona cansada que le miraba con desconcierto. Antes, cuando miraba aquel mismo reflejo solo emergían respuestas ágiles. Ahora solo veía preguntas.

Volvió a suspirar mientras agarraba la cuchara por tercera vez. Aquel analgésico era demasiado fuerte, sus dedos aún temblaban sin permitirle comer con dignidad. El calor que emanaba del líquido calentaba sus piernas.

- No creo que pueda comer ahora – reconoció al fin – Podría vomitar la comida por el mareo que siento por el calmante. - mintió – Será mejor que le lleves este plato a una persona que vaya a mantenerlo en su estómago.

El hombre continuó mirándola fijamente sin abandonar su posición. Sus delicados pestañeos le indicaban que no iba a moverse de allí hasta que aquel plato de comida estuviese finalizado. Tumbó su cabeza hacia atrás mientras maldecía no poder tener algo de intimidad en aquellos instantes. Necesitaba desesperadamente analizar lo que había ocurrido. Volver a su laboratorio. Sentarse detrás de un escritorio y dar órdenes no era algo a lo que estuviese acostumbrada.

Se escoró hacia la mesita más cercana y depositó el plato con desgana. Se giró en la cama y se tumbó dándole la espalda a su viejo compañero?

- Ahora no tengo hambre. Déjalo ahí y me lo comeré mañana – murmuró mientras se tumbaba de lado – Puedes irte, Levi.

Cerró su ojo mientras escuchaba sus pasos por la habitación, sujetando la silla y moviéndola con él. Tal vez para colocarla de nuevo en el sitio que le correspondía. Se giró por instinto teniendo un mal presentimiento. Sus pestañas se abrieron de nuevo para ver a aquel hombre sentado más cerca con el plato en sus manos.

- Come – ordenó.

- Debo de ser la peor comandante si me das las órdenes tú a mí – se incorporó en la cama intentando sujetarse por sus brazos – He dicho que no tengo hambre.

- El doctor ha dicho que debes descansar estas dos semanas. Si no le haces caso, tendrás que estar tres meses.

- …. - resopló en silencio – Puedo sujetar la cuchara yo sola. Tengo las articulaciones adormecidas por esta droga, pero puedo comer sola.

- Come – volvió a ordenar mientras le acercaba la cuchara.

Se sentía excesivamente vulnerable en ese momento. Y la extraña amabilidad de su compañero le resultaba egoísta. Aquellos días habia muerto mucha gente. Muchos compañeros tras años de trabajo juntos. Algunos que se incorporaron apenas días escasos antes de su prematura muerte. Su asistente, Moblit. Ráfagas de recuerdos le traian imágenes confusas. Notando su mano empujarle hacia abajo y caer en un pozo de piedra antiguo. Ver su rostro de preocupación, y luego perder la consciencia para despertar entre un mar de llamas. Dónde ni su subordinado ni ninguna de las personas que se encontraban minutos antes junto a ella existía ya.

Su comandante. Su cuerpo desangrandose por una terrible herida en el estómago. Sus ojos vacíos y sin vida que meses antes le ordenaran cargar con aquel cargo. Para el que no se sentía digna. ¿Qué había hecho ella para merecer ese puesto? Nada, aparte de diseccionar a las bestias que la atacaban.

Toda persona importante para ella había muerto ese mismo día. Salvo una persona. Alguien que había llegado a ser muy cercano. Tal vez la única persona con quién había desarrollado un vínculo de confianza mayor que con cualquier otro. El destino irónico había querido que ambos sobrevivieran. Y ahora él le alimentase con una gastada cuchara de madera.

El plato se vació rápido y volvió a recostarse mirando hacia el techo. Recordando viejas noches pasadas al raso en alguna expedición. En ese momento añoró ver el cielo abierto. Recluida entre aquellas paredes, su deseo de salir no paraba de emerger.

- Levi, ¿que vamos a hacer ahora? - inseguridad en sus palabras, tan solo un horrible temblor y miedo.

- Salvar a la humanidad – fue su única respuesta.

Sus manos se posaron sobre su frente acariciando su cabello hacia atrás mientras pensaba en aquello. Un continente desconocido. Ahora poseían armas que podían permitirles salir de allí. Poseían la capacidad de contar al pueblo y que éste no volviese a ser jamás un ignorante. El dulce calor que comenzaba a entrar en su estómago le sumió en un profundo sueño.

Mientras se dejaba acunar por un caprichoso sueño, se preguntó si Levi volvería a dormir en aquella silla donde durmió la noche anterior.

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Con sumo cuidado, vació el contenido de la olla en el plato que había puesto encima de la bandeja. Como llevaba acostumbrando a hacer todos aquellos días. Ese día había habido estofado de ternera. Con extremo sigilo asomó su cabeza por el resquicio de la puerta comprobando que Jean hacia guardia en el pasillo. Sasha llevaba varios días inconsciente desde que acabó la batalla. Gravemente herida postrada en una cama, pero el olor de la carne le despertaría inmediatamente. En aquel momento, cualquier sobresalto sólo haría que se perjudicase la herida de su cabeza. Podrían abrírsele las heridas. Connie dirigió una mirada de confianza a Jean. Sabía que sería mejor sujetarla para que no saltase de la cama sobre aquel plato de comida.

Mientras se encaminaba por el pasillo seguido de su compañero, el sonido de unas botas ascendiendo por los escalones del subsuelo le llamó la atención. Armin volvía de las mazmorras, dónde aún permanecían confinados Mikasa y Eren.

- ¿Les has llevado su ración? Será mejor que seas rápido. En cuánto entre en su habitación no dejará que nadie más coma. Ya sabes cómo se pone.

- Ah... - levantó la vista hacia su compañero mientras comprendía la escena – Pensaba que aún no había despertado. Ayer no comió, ¿verdad?

- Nadie se levantaría por un guiso de verduras rancias. Pero hoy hay ternera. Seguro que se levanta.

- Tienes razón...

- ¿Mikasa y Eren están bien?

- …... - parecía algo pensativo recopilando algún tipo de algoritmo mental – Sí, aunque Mikasa no está comiendo demasiado.

- Debe ser duro, ¿verdad? - repuso Connie mientras le clavaba la mirada – Ellos están encerrados por intentar salvarte la vida.

- …...

Armin era consciente que frente a aquella situación, el no era más que una vulgar piedra en un vasto terreno. Alguien que difícilmente podría sustituir a su comandante. Se había dado cuenta a lo largo de aquellos días. Comentarios en voz baja, miradas por parte de otros militares cuando entregaba informes. Él no debía ser quién tenía que sobrevivir. Sino otro hombre, que realmente hubiera supuesto un cambio para la humanidad.

¿Qué podía hacer él? Insignificancia en sí mismo.

- ¿Tú que crees Connie? ¿Es justo que yo esté aquí en lugar del comandante? - su amigo le devolvió una mirada desconcertado.

- Yo no he llegado a conocer tanto al comandante cómo otras personas – demandó mientras se giraba en silencio dándole la espalda – Pero yo aquel día también elegí ayudar a una vieja amiga que estaba al filo de la vida y la muerte. Así que no soy el mejor para opinar.

Se despidió con un ademán mientras proseguía su camino acompañado de Jean, que sonrió con tranquilidad hacia él y siguió a Connie a través del pasillo.

Sin darse cuenta se sentó en una de las sillas de aquella cocina. La olla de las raciones estaba casi acabada. Tal vez hubiese para un par de platos más. Connie había dejado comida suficiente para que sus superiores también comiesen. Buscó la hoja de planificación diaria buscando al encargado de llevarle su almuerzo a la comandante.

Floch. Pero su comida seguía allí. Tal vez se hubiese olvidado y estuviera haciendo guardia o escaqueandose en la ciudad. Ser considerados hérores le hinchaba el ego y solía vagabundear por las calles para que los aldeanos le adulasen. Desde que volvió del muro María le esquivaba. No deseaba confrontarlo en ese momento. Era muy consciente de todo lo ocurrido hacía escasos días. Y no se encontraba preparado mentalmente como para desatar una pelea con él.

Asió una de las bandejas del comedor y sirvió dos platos. El capitán también tendría hambre.

El pasillo que llevaba hasta aquel barracón era prácticamente oscuro. Sólo habitado por dos personas en ese momento. Antes, por el resto de veteranos que fallecieron en campaña. Solo nueve personas sobrevivieron a aquella matanza. En la que, milagrosamente, habían conseguido ganar.

Desde aquel día le perseguían extrañas pesadillas. Eren le había dicho que eran recuerdos mermados. Que irían emergiendo poco a poco en él y conectándolo con su anterior portador.

¿Eran estos los recuerdos de Berthold? ¿Quién era el enemigo realmente? Se ponderaba mientras sus pies se arrastraban por el suelo de madera ajado. El olor a jabón era cada vez más profundo mientras se dirigía a la habitación más al fondo. Las últimas y más apartadas siempre eran cedidas a los miembros de más relevancia en el ejército.

Aunque, con sólo nueve miembros, aquellas cortesías resultaban absurdas. Sus nudillos tocaron tres veces en la puerta. Podía oír un murmullo proveniendo del interior. Una voz tranquila le indicó que entrara. Asió el pomo de la puerta con cuidado y entró con vacilación.

Llagas. Llagas y hematomas adornaban el sitio dónde debía habitar el ojo izquierdo de su superior. La piel era de un color más oscuro en esa zona, dejándo claro que aún se estaba recuperando, pero que no volvería a su estado original. Siendo una cicatriz que quedaría de por vida limitándole la visión.

- Oh, hola Armin – le saludó mientras abotonaba el último botón de su pijama – deja la bandeja ahí, gracias.

Paseó extrañado por la habitación. Su capitán se encontraba sentado en una silla cercana a la cama y su superior permanecía sentada en la misma. El olor a almizcle o algún tipo de perfume similar predominaba en la escena. Los cabellos de su superior yacían mojados y sueltos mojando el cuello de la tela que la cubría. El capitán se acercó a ella y comenzó a colocarle de nuevo la venda en su ojo con sumo cuidado.

- Le dije a Floch que iría yo luego a buscar la comida – murmuró en voz baja mientras continuaba vendando su frente – Puedes retirarte.

- No, espera – le interrumpió Hanji mientras le indicaba que se acercase – Sientate en esa silla.

Obedeciendo su órden sujetó aquel asiento para acercarse a la comandante. Con aquella venda, el sentimiento de culpa apenas se desvanecía. Todos allí estaban heridos de alguna u otra manera. Y él permanecía ileso, sin ninguna herida. Jean aún tenía su brazo herido. Sasha tenía una fuerte contusión craneal. Connie no dormía de su preocupación. Eren y Mikasa encarcelados. Y ella, fingía una sonrisa mientras la mano del capitán ajustaba la venda por detrás de su cabello.

- Gracias por redactar el informe a Zackley. Es un poco complicado escribir ahora – comenzó a enunciar – Necesito que escribas otro edicto para solicitar una audiencia con Historia. Tenemos que entregarl-

- M-me alegra ver que se recupera rápido, comandante. Nos asustamos hace unos días cuando se desmayó en el patio del cuartel – le interrumpió sin previo aviso – Supongo que ha recibido buenos cuidados.

- El doctor ha dicho que avanzo más rápido de lo que predijo. Así que en un par de días podré dejar de estar aquí perdiendo el tiempo – se mesó la frente mientras intentaba recapitular lo que estaba diciendo – Respecto al edicto que te comentaba. Si vas a -

- Comandante, yo... - sus dedos comenzaron a jugar nerviosamente en su regazo – Se que Eren y Mikasa lo hicieron mal. Que no deberían de haber atacado al capitán Levi. Pero... me siento culpable.

- No te preocupes por eso. Ya he dado la orden. Jean debería haberla entregado a primera hora. Pasado mañana podemos ir a sacarlos.

- ¿Cómo?

- Ellos son dos valientes soldados que han dado todo su esfuerzo para que todos nosotros estemos ahora mismo aquí. Sin su coraje, tal vez las personas que hubiesen regresado hubiesen sido muchas menos – recorrió las trazas del tejido de sus sábanas con los dedos dibujando una pequeña muesca – O incluso ninguna. No me parece adecuado castigar a dos personas por ser humanos. Aunque han servido de precedente para que cualquiera que se salte las reglas comprenda que es lo que ocurre. Hayan diez miembros en el cuerpo de exploración o doscientos.

- Comprendo- asintió.

- ¿Hay algo más que quieras preguntarme? - se observó a sí mismo reflejado en el único ojo que le quedaba, que resultaba extremadamente brillante. ¿Siempre había sido una persona tan decidida?

- Hanji- san... - su voz se tornó mas sigilosa como si temiese que un secreto se guardase dentro de él - ¿Cree que es correcto que siga vivo?

- …. - arrepentimiento. Conocía bien aquella sensación. Dudas, vacilaciones – Déjame que cambie yo la pregunta, ¿crees que Erwin hizo lo correcto seleccionandome a mí como su sustituta?

- ¿Cómo?

- Erwin y yo nos conocimos hace muchos años. Y hemos combatido por muchos más – sus manos se cerraron sobre sus rodillas mientras se abrazaba las piernas – Había personas más preparadas que yo. Miembros de otros cuerpos de la milicia podrían haber ocupado este puesto. Zackley probablemente tenga a varios en mente para sustituirme si no designo a nadie.

- Entiendo su punto de vista. Pero Hanji-san, usted es muy inteligente. Nadie en todo el complejo militar puede igualarla – bajó sus párpados con desgana como si una tonelada de cemento le arrastrase al abismo - ¿Qué cualidades tengo yo?

- Verás Armin. No se trata de qué razones tenga una persona para elegirnos y decidir cargarnos con este gran peso a nuestras espaldas. Sino de qué hagamos con dicha decisión. Remitirnos al pasado no sirve de nada. Ambos nos encontramos aquí y ahora, cargando con la decisión que hizo otra persona por nosotros. Creo que lo mínimo que podemos hacer es demostrar que no andaban errados y esforzarnos al máximo.

- Supongo que tiene razón...

Acarició con cuidado el bordado de alas que se encontraba justo encima de su corazón. Algo desgastado tras las batallas que había sufrido durante los últimos meses. En la ciudad la gente les consideraban héroes. Si paseaban por las grandes aceras de la avenida principal, podían oír vítores continuos.

Posiblemente ninguna de aquellas personas fuese consciente de lo que sucedía entre aquellas paredes. Las heridas físicas no eran las únicas que habían vuelto con ellos del campo de batalla.

- Por cierto – su mano entró dentro de su abrigo buscando un trozo de papel amarillento – He transcrito lo último que ha podido recordar Eren. Es acerca del buhonero.

- Acercamelo por favor – Hanji buscó sus habituales gafas y las colocó sobre el puente de su nariz, arrugó su entrecejo mientras forzaba su único ojo – Lo siento, Armin. ¿Podrías explicarmelo? Mi vista ahora mismo... - hizo una mueca de fastidio – no es muy apropiada para leer.

- C-claro. Eren me comentó algo acerca de un extraño lugar ideal. Un sitio en el que las personas convertidas en titanes yacen en su inconsciente. Y pueden observar un camino que los conduce a algo.

- ¿Un camino?

- Eren lo llamó la coordenada. Reiner también lo llamaba así. Supongo que el poder de titán de la familia Reiss tenía ese poder de establecer ese control, debido a la conexión que se establece entre todos los hijos de Ymir.

- Una conexión a través de la coordenada. Interesante – pareció anotar algo mentalmente – Prosigue. ¿Sabemos cómo funciona esa coordenada? ¿Eren puede manejarla?

- Aún no...

- Siempre tan cerca y tan lejos de la verdad – sus finos dedos reccorrieron su frente apartando los cabellos que caían sobre su rostro - ¿Hay algo más?

- Puede...

- ¿Qué te preocupa Armin? - su descompuesto rostro recorría la última línea del escrito. Aún asimilando aquella información.

- Las... las personas que obtienen el poder de los nueve titanes – frunció el labio intentando no sonar cruel – mueren al cabo de trece años. La maldición de Ymir. Es lo que Eren pudo recordar. Hay un lapso de tiempo para aquel que haga uso de aquellos poderes.

- ¿¡Trece años!? - se incorporó de golpe.

- Cuidado Hanji. Las heridas – interrumpió su capitán ante su actitud sorprendida.

- Trece años … - repitió en un tono más calmado. Observó al chico que le miraba con tranquilidad siendo consciente de lo que significaba aquello – Lo siento, Armin...

- T-tranquila comandante. Emplearé a fondo estos trece años.

Hanji apoyó su cabeza hacia atrás respirando tranquilamente.

- Eren debe tener aún unos ocho años o nueve. Tú acabas de recibirlo, te quedan 13. …... - pensó en silencio durante un momento - Armin – comenzó a maniobrar en su mente – Esta regla de los trece años afecta a todos los poseedores de poderes de titán, ¿cierto?

- Supongo.

- Entonces nuestros enemigos también tienen esta limitación y han traspasado este poder de unos a otros. El titán colosal. El titán acorazado... - se acarició la barbilla – Si pudieses acceder a sus memorias, como Eren lo hace, ¿podrías averiguar cuántos años de vida les quedan a nuestros enemigos antes de tener que traspasar sus poderes?

- Oh, bueno. Realmente no puedo controlar las visiones. Si... si averiguo algo se lo haré saber comandante.

- Gracias. Con su permiso me retiro.

Armin se levantó de su asiento inclinándose hacia su superior. Realizó el gesto de saludo de la milicia y se encamino hacia la puerta.

- Armin – interrumpió la voz del capitán a su espalda – Coge esto y lleválo a la lavandería.

- D-de acuerdo capitán.

Apenas había llegado a la puerta del barracón cuando se percató que entre aquel montón de ropa había más de una muda. Su comandante no era la única persona que había tomado una ducha aquel día.

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Hacía más de una semana que no recogía su cabello. Observó la imagen en el espejo. Una herida que recorría su rostro y obviaba la ausencia de su ojo. Se contempló en silencio durante lo que le parecieron décadas, pero tal vez no fuesen más que míseros segundos. Si intentaba forzarlo, notaba que su globo ocular aún permanecía tras su párpado.

Las yemas de sus dedos se dirigieron hacia su párpado inerte levantándolo lentamente. Aún continuaba allí. Mirandole sin vida a través del espejo. El iris marrón apenas se podía atisbar, cómo si la claridad se hubiese apoderado de su globo ocular. Probablemente perdería completamente cualquier atisbo de coloración a lo largo de los siguientes meses. Hasta no quedar algo más que una mancha blanquecina sobre su esclerótica.

Aún sujetando su párpado, colocó un dedo cerca de su pupila intentando provocar una reacció pestañas, los pobres nervios que aún se conectaban a su piel le indicaban que algo se movía cerca de su ojo, acariciando delicadamente su piel. Pero sin reacción. Separó su dedo de su párpado, y como si el rigor mortis se apoderase de él, volvió a cerrarse con pesadez, para permanecer inerte, por siempre.

Volvió a contemplar su rostro en el espejo, más sano. Dañado, pero sano. Colocó con cuidado una gasa sobre su herida y procedió a vendar su ojo. Dentro de poco, cuando su herida estuviese totalmente curada, debería encontrar algún cubriente que le resultase más útil en el combate.

Se dirigió hacia el otro extremo de la habitación buscando el abrigo oficial del equipo de exploración. Tal vez hiciera solo unas semanas que no lo llevaba puesto. Pero tras aquel arduo tiempo sin poder moverse de la cama anestesiada por las drogas, sentía que habían sido años.

Mientras hundía sus brazos a través de las aberturas de las mangas, comprobó que no quedaba ningún rastro de mareo. Su vista aún fallaba un poco. Debido al sobreesfuerzo que suponía realizar los cálculos de distancias con un solo ojo.

Otro hecho que probablemente con el tiempo fuese meramente anecdótico. Acarició el cristal de sus gafas mientras volvía a leer el papel sobre su escritorio. El indulto a aquel par de adolescentes que sólo intentaban salvar a su amigo. Se colocó sus gafas mientras comprobaba su capacidad lectora. Probablemente hubiese ganado algunas milésimas debido al sobreesfuerzo, pero aún podía leer. Mejor que hacía dias atrás.

Sus tobillos giraron de nuevo para encontrarse con su rostro cubierto y cuidado. La persona que le miraba parecía determinada. Colocó el sobre de aquella carta que obtuvieron en el campo de batalla dentro de su bolsillo y salió de su habitación.

Apenas hubo abierto la puerta cuando se encontró con su eterno guardaespaldas.

- No es necesario que me acompañes a todos lados, Levi. El doctor dijo que ya podía salir de la cama.

- Un emisario de Zackley nos ha llamado a audiencia. Quieren que informes en persona.

- Supongo que no queda más remedio. Pero primero quiero sacar a esos dos de prisión – añadió mientras dirigía sus pasos hacia el final del barracón.

Durante aquellos diez días, había disfrutado de su propio enfermero particular. En cualquier otra situación se hubiese sentido halagada de tener alguien con quién hablar mientras durase su calvario en aquella cama. Pero Levi esquivaba hablar con los adolescentes.

Tal vez evitando el confrontamiento que implicaba culparle a él de tomar una decisión errónea o dejándose llevar por un sentimiento mayor. Influenciado por la amistad de aquellos tres chicos. Apenas habían hablado del tema.

- ¿Te arrepientes? - decidió finalizar aquella duda mientras sus pies les guiaban a través de los pasillos.

- …... - parecía tremendamente angustiado por la pregunta – No comprendo porqué no me culpas igual que los mocosos. Floch vino cuatro veces a recordarme que tomé una decisión equivocada.

- No podemos ser completamente neutrales, Levi. Fue tu decisión, ninguno de nosotros tenemos el derecho de echártelo en cara.

- Es solo que...

- ¿Qué ocurre?

- Cuando acabé en aquel tejado. No había absolutamente nadie vivo a mi alrededor. Entonces la decisión era clara. Cuando Floch apareció con Erwin a su espalda, supe que debía sobrevivir él.

Hanji escuchó con atención mientras oteaba el amplio pasillo.

- Luego la mocosa y el mocoso. Lloraban. Apenas conozco a Arlet. Pero si conozco esa sensación. La de perder a un viejo amigo, que es importante para tí – sus memorias arreciaban a sus recuerdos como olas que golpeasen la orilla – Erwin tuvo que convertirse en un monstruo para ser nuestra esperanza. Para ser ese símbolo. Y quisimos devolverlo a un infierno en el que le sería imposible volver a ser una persona normal. Ni siquiera en tiempos de paz.

- Me alegro que Erwin pueda descansar finalmente – añadió Hanji en un suspiro – Ha luchado demasiado. Merecía quitarse ese estigma de encima – podía empatizar con su situación. Aunque el traje que su viejo amigo le había obligado a vestir aún le quedaba grande.

- …...

- Levi, eres la única persona en quién puedo confiar ahora mismo. Te necesito. Así que no puedo permitirme que te derrumbes porque te arrepientas de no haber salvado a Erwin. Tendremos que tomar otra dinámica, pero confío en que podremos conseguir algo. Tan sólo dejame pensar.

- …...

Sus pies pisaron el asfalto húmedo por el rocío de la mañana tras su breve exhilio. Jean ensillaba los caballos para su audiencia personal con la reina. Connie comprobaba las espuelas. Floch revisaba monturas. Atravesaron el patio en silencio mientras se dirigían al edificio principal. Directo a la zona de reclusión.

- Hanji...

- Dime.

- ¿Cómo se encuentra tu vista?

- Puedo leer, aunque creo que me ha aumentado la graduación – se colocó las gafas con cuidado que resbalaban por el contacto con la venda – Supongo que necesitaré una revisión. No debes preocuparte.

- …...

- Hey, tranquilo. A mí también me impresiona. Pero es algo a lo que nos tenemos que acostumbrar. Es sólo un ojo. Aún puedo combatir. Soldado Levi, su comandante le ordena que desfrunza ese ceño y deje de preocuparse por mí.

- …...

Con aquel pequeño hombre le costaba emerger su papel de superior. Seguía sin sentirse cómoda en aquel traje. Seguida por un puñado de adolescentes que apenas podían entender todo lo que había vivido ella hasta ese momento. Demasiadas despedidas. Personas que apenas conocía, nuevos soldados, compañeros de barracón. Los propios integrantes de su escuadrón. No le quedaba nadie, salvo aquel puñado de chavales y el hombre que andaba callado a su lado.

- Levi, ¿irás a buscar el cadáver de Erwin? - confesó al fin.

- Sí – claudicó – ¿significa eso que estoy autorizado a salir al muro Maria?

- Me gustaría acompañarte. Hay alguien a quién también quiero enterrar.

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Es un nuevo tipo de fic que quiero comenzar siguiendo con la historia del manga tapando el lapso de cuatro años desde que acaba el retorno a Shinganshima. Hay muchas cosas que me gustaría que me comentárais. Si queréis que relate lo que sucede en el manga. El encuentro con la flota marleyana, la primera audiencia con Zackley. El encuentro con historia. Yo prefería obviar esas partes porque ya existen en el manga y simplemente completar los huecos.

Asimismo explico los siguiente. Se que es complicado alcanzar a la gente que alcancé en algún momento y era lo que me motivaba a escribir. Es difícil sacar tiempo para continuar esta historia si veo que no tiene mucho alcance ya que llevo muchísimo tiempo sin escribir con continuidad y soy consciente de cuánto puede bajar la estadística. De momento inauguro este fic como un experimento, para ver si mis historias consiguen alcanzar de nuevo a la gente.

¡Nos leemos!