He pasado unos días algo nerviosa porque me han trasladado a trabajar en otro lado y, aprovechando el imsomnio decidí escribir y ahora puedo dormir más tranquila tras descargar en mis páginas.
Disclaimer: Snk pertenece a Hajime Isayama
.
.
.
Sus pasos la guiaron hasta los pasillos del edificio principal. Completamente vacíos a aquellas horas. Alumbrada por la mera luz de un candil se encaminó hacia la puerta del que había sido el despacho principal. El pomo se sentía extremadamente frío. Como si hiciera años que nadie lo tocaba. Aunque apenas habían pasado unas semanas desde que entrase en aquel despacho junto a compañeros ya caídos para informar a Erwin de la información obtenida para la misión.
Sólo unas semanas, y ahora aquel edificio parecía prácticamente muerto. Como si la piedra que componia las paredes comenzase a resquebrajarse poco a poco convirtiendo el que había sido su hogar durante tantos años en unas ruinas.
Pasó la mano por la base de la mesa principal absorviendo con detalle las vetas de la madera. Desde aquel día, aquel sería su despacho. El que utilizaría hasta que su corazón dejase de latir. Tal vez dentro de un mes, o, con suerte, unos años. Aunque le daba la impresión de que había parado completamente desde que despertó rodeada de las paredes de piedra dónde le arrojó su subordinado para salvarle la vida.
Había conseguido convencer al alto mando para no disolver aquella institución a la que debería comandar desde aquel mismo instante. Tal vez las bajas hubieran sido muchas, pero tras tantos días de tranquilidad, comenzaba a ver que había un halo de esperanza.
Si paseaba por la ciudad, la palabra héroe se repetía continuamente. La misma que se repitió aquella misma tarde mientras permanecía ergida defendiendo a la tropa de exploración. A lo largo de aquella intensa charla, había sucedido algo extraño. Mientras comenzaba a cuestionar acerca de cómo podrían manejar a otros titanes para defenderse de otros enemigos, Eren había saltado en mitad de su conferencia. Aparentemente asustado. Sus brillantes ojos verdes parecían albergar una información que no debía ser revelada en ese momento.
No le llevó más de unas milésimas entender que había averiguado cómo hacer funcionar dicho poder. Su mirada implicaba complicidad y miedo. Decidió no presionar más al joven muchacho hasta que llegase el momento. Parecía que el control de aquel poder implicaba un gran sacrificio, que él no podía asimilar. Ya había habido demasiados sacrificios en las últimas dos semanas. Prefería no pensar en sacrificar a nadie más durante el tiempo que pudiera permitirse.
Volvió a acariciar con firmeza el roble que componía la madera del escritorio. Si presionaba con fuerza, tal vez pudiese sentir el calor de Erwin al permanecer aún allí sentado.
- Pasa, Levi – murmuró en voz baja. Llevaba un rato oyendo sus pasos por el eco que resonaba de aquel pasillo. Se giró intentando mantener la compostura - ¿Qué necesitas?
- ….. Los mocosos están durmiendo. Tú también deberías.
- No tengo demasiado sueño ahora mismo – se sentó encima de la mesa mientras evitaba mirarle – ¿No crees que este escritorio es demasiado grande?
- Erwin era un hombre grande.
- No lo digo sólo por su tamaño. Este escritorio es demasiado grande para mí, creo que no he crecido lo suficiente cómo para estar aquí.
-...
- Erwin era un hombre que podía hacer todo. Me siento muy pequeña al sentarme en este escritorio. No creo que sea lo suficientemente grande como para poder estar sentada aquí.
- Joder, Hanji, si eres grande – levantó la vista hacia ella encarándola – tengo que mirarte desde abajo.
- No me refiero a la estatura de Erwin o la mía...
- Mierda, Hanji – se acercó a ella y se sentó a su lado en la mesa – Esta mesa es gigante porque Erwin era un tipo enorme, cuando detallaba planes tenía que mirarlo desde abajo. Nunca entendí que pasaba por su cabeza, pero nunca se equivocaba. Era un cabrón astuto.
- Lo sé – dejó hablar al pequeño hombre, quién parecía intentar animarla con un extraño discurso.
- Hace tiempo aprendí a no mirar a la gente desde abajo – viró los ojos hacia el costado, confrontandola – No hablo de mi estatura. Hay personas que merece que las mires desde abajo porque se suben a un jodido pedestal y sólo puedes mirarlas desde abajo. Y luego hay personas que por muy altas que sean, parece que se hayan caído en una zanja.
- Yo también admiraba mucho a Erwin.
- Cómo sea. Tú también has estado subida a ese puto pedestal. No deberías menospreciarte tan a la ligera. Erwin era inteligente. No elegía a cualquiera para ser parte de su plan.
- Tal vez tengas razón. Gracias, Levi.
- …...
En ocasiones había hablado con su viejo compañero acerca de sus experimentos y de cómo estos ayudaban en su progreso. Él jamás pareció entender nada de lo que significaba todos aquellos algoritmos y fórmulas científicas. Pero escuchaba con atención siempre. Aunque le llevase horas terminar de explicar todo aquello. Por admiración.
La admiración que él sentía por su intelecto había sido el origen del lazo irrompible que los unía ahora. Intentó averiguar que habría pasado si en lugar de sobrevivir él, hubiese sobrevivido otra persona con quién no había depositado tanta confianza como con él. A pesar de su inteligencia, era incapaz de imaginar esa situación. Podría intuir que habría salido adelante, pero de manera mucho más ardua.
- Levi, deberías intentar interaccionar más con los chicos. Son nuestro equipo ahora. Se que Floch ha sido algo insensible estos días mientras estaba en cama. Intentaré reprenderlo de alguna manera. Pero no te ganarás su respeto ignorándoles.
- Ya he castigado a Floch. Cada vez que insistía en recordarme que fue él quien cargó a Erwin hasta mí aquel día lo mandaba a limpiar los cañones del muro Maria... Hanji... creo que Floch no debería de estar en este equipo – añadió al fin.
- Floch es algo insubordinado. Pero seguramente termine entendiendo-
- No creo que ese mocoso...termine entendiendo nada. Ten cuidado con él, Hanji – añadió.
- También lo he notado, Levi. Pero Floch ahora mismo sólo es un crío que no sabe ni que hace en este equipo. Tarde o temprano encontrará algo que le motive y dejará de ser así de vulnerable.
- Espero que esa motivación no ponga en peligro a nadie.
En años anteriores, las personas que solían estar a su cargo, tenían un gran concepto de la lealtad. Algo que en aquel joven soldado supondría un problema y sabía que tarde o temprano terminaría encerrado en prisión por insubordinación. Como acababa de hacer con Eren y Mikasa. Tal vez, antes las cosas parecieran más fáciles o menos complejas de elaborar porque los soldados que se alistaban a la legión comprendían que estaban entregando su vida por la humanidad y eran capaces de comprender las órdenes. Por imposibles de comprender que sonasen.
Mientras permanecía en aquel escritorio intentaba ponerse en lugar de Erwin, ¿qué habría hecho él con un crío que no había cumplido ni los veinte años?, ¿qué parecía una veleta movida por el viento? Tal vez lo mejor sería evitar que saliera de aquellas murallas. Hasta demostrar que podía confiar en él.
Por otro lado, Eren y aquella extraña mirada. Seguía preocupada por aquello. En algún momento debería de hablar con él para dejarle claro que no arriesgaría la vida de nadie más. Y que debía relajarse en aquel momento. Ese peso sólo debía cargarlo ella. Tanto él como su mejor amigo, ya tenían suficiente con recibir la carga de saber que su vida no se prolongaría más de un par de años. Dos niños que apenas vivirían más allá de sus veinte años. Ni siquieran llegarían a la edad que tenía ella en esos momentos.
- ¿Cómo evoluciona Sasha? Connie me traía informes diarios. Pero hoy no he podido a verla.
- Braus recuperó la consciencia hace unos días, pero ese doctor de mierda dice que llevará más de un mes que se recupere. - frunció el ceño en disgusto – Tenemos un ejército de mocosos y tullidos. ¿Cómo vamos a combatir siendo sólo nueve paralíticos?
- ¿Lo de tullido lo dices también por mí? - señaló a su ojo aún vendado.
- Joder, no. - ligeramente arrepentido de sus palabras. Probablemente todos aquellos jóvenes se recuperasen de sus heridas tarde o temprano pero ella jamás recuperaría su ojo – Lo siento – añadió esquivando su mirada.
- Espero que algún día dejes de pedirme perdón por lo de mi ojo. No fue culpa tuya. Sabes que siempre volvemos con alguna cicatriz después de alguna batalla dura. Solo que esta es más visible. Nada más.
- ….
- Además, pese a que seamos nueve, creo que tenemos un gran ejército. Shadis lo dijo en su momento, que el escuadrón 104 era prometedor. – Como si comenzase a enumerar se levantó de la mesa y comenzó a buscar por los cajones del escritorio. - Mikasa es muy poderosa en la batalla, es confiable para tenerla en avanzadilla.
- Le falta disciplina y hace lo que de la da la gana. ¿Se puede saber que estás buscando?
- Sí, sí. También – continuó rebuscando afanosamente mientras ignoraba su pregunta – Armin es bastante inteligente. Me gusta debatir con él. Es un aporte estratégico importante. Sasha tiene mejor puntería de la que tienen otros soldados que yo haya conocido jamás. Y Connie es muy ágil, creo que casi podría alcanzarnos a tí o a mi.
- …...
- Jean... él puede asimilar rápidamente las situaciones y actuar en consecuencia. Eren además de sus poderes también es muy bueno en batalla. Floch... tal vez Floch sea el más...
- Inútil – añadió sin compasión.
- Bueno sí, pero ha sobrevivido. Eso indica que debe tener algún tipo de habilidad que aún no he podido observar.
- Tiene una gran capacidad para mearse en los pantalones. En plena batalla se escondió por miedo y dejó escapar a los caballos. Tal vez hubiera sobrevivido alguien más de no ser por él.
- Si culpo a él por tener miedo, debería culparme a mí misma también. Olvida a Floch, de momento no es un impedimento – terminó de buscar cuando sus manos finalmente dieron con lo que buscaba – Sabía que lo guardaba aquí.
Sus manos sacaron debajo de un montón de papeles, enterrado seguramente por todas aquellas hojas durante años, una vieja botella de vino. Sopló con decisión quitando el polvo acumulado allí. Conocía de la existencia de aquella botella. Llevaba años encerrada en aquel cajón.
- Cuando Erwin ascendió al mando, Nile le regaló esta botella. Pero Erwin, él ….. siempre estuvo ocupado y jamás la abrió.
-...
- Creo que sería buena idea brindar, ¿no?
- Por tu ascenso.
- No – admitió – Por sobrevivir a otra batalla de manera exitosa – sirvió par de tazas similares dejando que se llenasen con el cálido aliento de aquel vino dulce críado en Paradis – Y por tener un ejército de mocosos y tullidos.
.
.
.
Abrió aquel periódico leyendo con detenimiento. Aquellas páginas se encontraban en ese mismo momento en manos de cualquier ciudadano que supiera leer. Habían sido distribuidas a lo largo de todos aquellos muros. La reacción de la gente aún les era desconocida. Agarró la taza de café y bebió poco a poco.
- No dice nada de nosotros. Sólo habla de que la reina ha decidido revelar la información. Esta información no se sabría si nosotros no hubiésemos arriesgado nuestras vidas – aquel hecho le enfadaba, parecía que en el ejército no se solía alabar las acciones gloriosas que hacía el cuerpo de exploración.
- Te comprendo, Jean – Connie se sentó a su lado dejando su bandeja con cuidado – El capitán tampoco parecía conforme con ello cuando lo leyó hace dos días. Encontré una octavilla del periódico tirada en la basura esta mañana.
- ¿Y la comandante?
- Ha ido a hablar con los empleados del periódico local. Creo que para averiguar que opina el pueblo sobre esto.
- ¿Tú que crees, Connie? ¿Somos unos héroes o unos desgraciados que a duras penas han conseguido mantenerse vivos?
- Jean, no deberías de pensar tanto en lo que ha pasado. Para mí somos héroes. Nos merecemos toda una página alabando nuestra labor. Pero los superiores no han decidido hacer hincapié en lo que pasamos allí. A ellos les da igual que hayamos vuelto tan pocos. Ya sabes, la legión de exploración siempre han sido considerados carnaza. No hay lugar para la gloria.
- Yo... quería entrar en la policía militar.
- Lo sé, yo también tenía el mismo pensamiento. Quería que mi pueblo se sientese orgulloso de mí – meses atrás su pueblo había dejado de existir, por lo que pronunciar aquellas palabras le resultaba extremadamente duro – Pero tanto tú como yo decidimos estar aquí. Yo me siento orgulloso de estar aquí, creo que soy más útil fuera de estos muros que dentro. ¿Y tú, Jean? ¿Te arrepientes de no salir en los periódicos?
- No, es sólo que... Creía que las personas que entraban aquí eran todos unos suicidas que apenas pensaban en las consecuencias – sus dedos rasgaron el humeante aroma del café – Pero, he podido ver... acciones más humanas allá afuera que las que vería dentro de los muros.
- Compasión.
- Exacto.
- Bienvenido a la legión de exploración. No hay palabras de ánimo ni consuelo para los héroes que luchan mientras otros mantienen sus asientos bien calientes.
Jean asintió con tristeza y abandonó aquellas páginas con una inmensa furia. En aquella batalla había habido errores, demasiados errores. Sus superiores eran soldados que jamás se dejaban llevar por sus sentimientos; solamente pensaban en la reacción mas adecuada a las consecuencias. Siendo capaces de reaccionar con suficiente frialdad.
Floch solía recalcar que el mayor error había sido dejar morir al comandante aquel día. Su rídiculo espéctaculo continuo amainaba la furia de sus compañeros. Ninguno de ellos le había recriminado nada a él mismo.
Connie conocía ese instante. El instante en que Hanji dudó de asesinar a uno de sus enemigos, uno de los más poderosos, sólo por la compasión que sintió de él. Y ahora su amigo y compañero permanecía callado mientras tomaba café a su lado. Ella había cometido ese error por dejarse llevar por sus sentimientos. No pensaba dejar que cargase más con aquella responsabilidad que debía ser sólo de Jean.
Connie masticó aburrido mientras leía el periódico. Redactaba todo aquello que habían descubierto de una manera tan poco subjetiva que dudaba que realmente la gente lo creyese. Parecia un vulgar cuento narrado a los niños. Dudaba mucho que ninguna persona entre aquellas murallas pudiese comprender lo que significaba aquella información.
Mientras terminaba de beber de aquella taza humeante se preguntó si la actual comandante le daría permiso para ir a Rakago a acabar con la agonía de su madre transformada en una criatura incapaz de moverse.
.
.
.
Aquel montón de papeles resultaba algo pesado. Tal vez más de lo que estaba acostumbrado a cargar habitualmente. Se reincorporó intentando que aquel fajo de anotaciones no cayese de sus brazos y se esparciese por todo el suelo. Sus hombros comenzaban a doler. Aquellos nuevos poderes podían regenerar sus heridas. Pero el dolor era el mismo.
Ni siquiera había aumentado su fuerza muscular. Cómo soldado, comenzaba a sentir que tal vez debiese entrenar más. Tal vez al día siguiente decidiera ir con Mikasa a sus entrenamientos matutinos. Ese día era importante, había una idea que llevaba rondandole varios días la cabeza y necesitaba sacarla de su cerebro antes que le explotara. Y sólo había una persona que podía ayudarle a ello.
Eren. Pero Eren parecía extremadamente nervioso desde que volvieron de Shinganshina. Notaba que tenía aún más pesadillas que él mismo. Pero evadía contarle lo que había ocurrido dentro de su cerebro. Probablemente debido a las visiones de sus recuerdos que el mismo padecía. Sin duda, su mejor amigo, no se encontraba en el mejor momento para hablar acerca de la influencia que ejercían en él aquellas visiones.
Días atrás, habían recibido el honor de recibir una medalla por haber sido los únicos supervivientes en aquella expedición. Eran considerados grandes heróes. Sin embargo, ese mismo día, la actitud de Eren había vuelto a cambiar. Durante la ceremonia parecía haber tenido algún otro tipo de visión. Una visión que le resultaba tan pesada. Que incluso días después esquivaba hablar del tema y permanecía callado haciendo sus tareas.
Algunas noches, se levantaba empapado en sudor, tras haber recibido algún tipo de pesadilla que le impedía levantarse hasta finalizarla. A veces, recurría a la misma pesadilla. Una y otra vez, cómo si su subconsciente intentase que comprendiera algo que en aquel momento le era desconocido.
Llegó frente a la puerta con ambos brazos cargados debido al peso de aquellos papeles. Contempló aquella brillante lámina de madera sin saber cómo iba a llamar a ella.
Una mano pasó a su lado y dio unos ligeros toques en la puerta.
- Gracias Jean.
- No deberías cargarte tú solo con todo eso. Déjame ayudarte – interpuso su brazo aún escayolado entre ellos dos e intentó agarrar un amasijo de papeles con la mano libre. Armin dirigió una mirada lastimera al cabestrillo.
- Intento resultar útil. No hay demasiadas órdenes últimamente hasta que el general Zackley de autorización para salir a recuperar terreno. Así que quiero ser de ayuda mientras tanto.
- Aún así, Armin. No es necesario que cargues tú con todo. Seguimos siendo un equipo. Estamos aquí para apoyarnos unos a otros. No necesitas demostrar continuamente que mereces estar aquí.
Jean suspiró y volvió a tocar a la puerta con el dorso de la mano. Oía voces dentro del despacho que aparentemente ignoraban sus toques. Volvió a llamar una tercera vez y pudo oír un eco de fastidio proveniente de dentro de la habitación.
Su capitán abrió de golpe prácticamente golpeando su cara. Parecía fastidiado por tener que recibirles en ese preciso momento. Les observó con su aparente desdén y dirigió una mirada al interior de la habitación. Desde la silla al fondo de la sala, una figura asintió permitiéndoles entrar.
- Gracias Armin, siempre tan servicial – observó con cautela la tonelada de papeles que aterrizaban en su mesa. Comenzaba a comprender porque Erwin no solía disfrutar de su tiempo libre. Tardaría horas en solamente leer todo aquello. La mayoria de ellos eran tremendamente repetitivos. Pero tras una campaña, la lista de bajas y altas se actualizaba. Debía redactar las 199 bajas de cada soldado fallecido en batalla. Y ahora se encontraban cada una de aquellas personas descritas minuciosamente entre aquellos papeles.
- Hanji-san, necesito comentarle algo - inquirió Armin mientras su capitán seguía observandole en el resquicio de la puerta.
- Claro, habla – comentó distraida mientras se enfrentaba a la primera página de alrededor de doscientas que debía rellenar.
- …...- sus ojos se dirigieron hacia atrás observando cómo su capitán no le quitaba la vista de encima.
- Ah, entiendo. Levi – señaló mientras agitaba la mano en respuesta.
Hanji levantó la vista sin decir nada más mientras Levi hacia una mueca de fastidio.
- Kirtchten, acompañame. Vamos a comprobar si Floch ha aprendido de una vez a limpiar las grupas de los caballos.
La puerta se cerró a su paso. Esperó unos minutos hasta que pudo comprobar a través de su ventana que ambos se encaminaban hacia los establos.
- ¿Qué ocurre Armin? - le indicó una silla vacía para tomar asiento.
- Me pidió que le informase si las visiones continuaban.- Hanji se acercó más a él a través de la mesa, expectante – Tengo algunas imágenes residuales. De Berthold.
- ¿Has hablado de esto con Eren?
- Sí, pero... Creo que las visiones que tiene Eren son distintas a las mías. Él puede ver recuerdos de su padre, de batallas, de Marley. De los antiguos poseedores del poder de los antiguos reyes. Creo que son más complejas que las mías. Así que tal vez no... Tal vez me preocupo por nada.
- Hace un mes y medio que tienes estos poderes, Armin. Supongo que conforme pase el tiempo podrás acceder a otros recuerdos. He hablado con Eren acerca de las imágenes que más quedan impregnadas en su retina. Creo que su subconsciente selecciona aquellas que han sido de mayor impacto para su predecesor. Por esta razón es capaz de conectar con la familia Reiss – añadió mientras continuaba analizando la primera hoja de papel.
- S-sí. Comprendo eso. Pero las imágenes que yo recibo de Berthold son muy repetitivas. Me cuesta acceder a otro tipo de recuerdos.
- Cómo ya te he dicho, el cerebro selecciona aquellos recuerdos que son importantes para nosotros. Así que su subconsciente te muestra aquellos que eran importantes para él – su mano acarició su barbilla sopesando la situación - ¿Qué imágenes repetitivas obtienes de Berthold?
- …... Annie.
- ¿Annie Leonhardt?
- Sí, solamente ella. Todo el tiempo – sus dedos se hundieron en su pelo intentando ejercer presión en su cerebro – Al principio era molesto. Aunque entiendo porqué estas imágenes son tan importantes para él.
- Explícate.
- Cuando me enfrenté a él junto a Eren... Utilicé trucos sucios. Le había observado anteriormente. Sabía que perdería la compostura si le decía que Annie estaba en peligro. - mientras explicaba aquello comenzó a creer que sonaba más frío de lo que pretendía.
- Armin... Tal vez pienses que tomar ventaja de las debilidades de tu enemigo sea rastrero... Pero me gustaría que confiases en tu propio criterio.
- Creo que Berthold estaba enamorado de Annie.
- Comprendo.
- Y sus recuerdos de ella son tan fuertes que me hacen dudar de que realmente sean solo suyos... - sus dedos jugueteaban nerviosamente – Comprendería que no me diese autorización, pero necesitaría ver a Annie – aún encerrada en aquel cristal desde hacía demasiado tiempo. Algo en su interior era demasiado fuerte. - Quiero pensar que conseguiré aclarar lo que Berthold intenta mostrarme si la veo.
- Armin, comprendo tus motivaciones. Pero no puedo autorizar eso en este momento. Si Berthold estaba enamorado de ella, podrías sufrir un shock al verla. Somos pocos entre estas paredes. No puedo prescindir de nadie en estos momentos. Creo que sería más apropiado en otro momento. Yo misma te acompañaré si lo necesitas.
- Lo entiendo, comandante – sus ojos bajaron con vergüenza al haberse atrevido a hacer aquella petición.
Aquel tipo de sentimientos le causaban extrañeza. No comprendía bien el origen de ellos, posiblemente motivados por las interacciones de ambos en el pasado. Que había degenerado en un complejo sentimiento de afecto. Ni tan siquiera estaba seguro de si aquella petición realmente era generada por su propio interés o por la influencia de los recuerdos de Berthold.
.
.
.
El cañón del fusil dañaba su hombro. Aquel día le tocaba hacer guardia de noche. Incluso en ese momento de idilica paz era necesaria la seguridad. Cambió el arma hacia su otro hombro y siguió mirando con aflicción al suelo.
Se sentí inútil. Tras aquella batalla cualquiera podría decir que había arriesgado su vida en la batalla. Pero él se arrepintió de estar allí. En aquel momento, solo sentía arrepentimiento. Y sin embargo, la gente le consideraba un héroe.
Él no era un héroe. Ni siquiera consiguió salvar al auténtico comandante de la legión de exploración. El único que era capaz de considerarlos a todos ellos como reemplazables. Capaz de mantener la cabeza fría hacia las adversidades. Aquella mujer.. Le parecía excesivamente cegada por su propia excentricidad. Solía observar cómo la luz de aquel despacho se apagaba a altas horas de la noche.
Incluso en aquel mugriento laboratorio invertía más horas de las que consideraba necesarias. Mentiría si le decía que se encontraba cómodo con las decisiones que estaban tomando sus superiores en aquel momento. Totalmente imbuidas por el sentimentalismo y la pena.
Erwin Smith era distinto. Él era capaz de verlos a todos ellos como simples números. Había sido capaz de arrebatarse la piel de su humanidad para ser incapaz de detener su propósito cada vez que un soldado moría. Pero ellos dos... Parecía que no podían superar fácilmente las muertes de otras personas. Y fingiendo ante sus subordinados como si realmente lo hubiesen hecho.
Días atrás, el mismo tuvo que entregarle a su nueva comandante la renuncia del alto cargo hacia un apoyo al cuerpo de exploración para recuperar los cadáveres de camaradas caídos. ¿Qué pretendía? ¿Acaso darle un cadáver que enterrar a sus familiares? Aquella guillotina funcionaba. Si esperaban el suficiente tiempo, podrían volver a repoblar el muro María. Y no serían necesarios más entierros.
Debía centrarse en desarrollar una estrategia de ataque hacia sus enemigos. Pero ella sólo pasaba horas escribiendo documentación y realizando experimentos en un laboratorio cerrado. Prácticamente en ningún momento bajaba al comedor y apenas conversaba con ellos más que para darle las órdenes diarias. Luego se esfumaba como si de polvo al viento se tratase.
Igual que había hecho aquella misma noche.
Tal vez creyese que era peor vigía de lo que pensaba o no le importase que la viese salir del cuartel. Pero hacía más de cinco horas que había desaparecido portando el equipo de maniobras y montaba en un caballo junto a su capitán.
El sol comenzaba a rallar el alba. Los perezosos rayos calentaban sus manos heladas, hastiadas de sostener aquel trozo de metal toda la noche. Pronto podría tener su relevo y descansar un par de horas hasta el alistamiento matutino.
Unos ligeros galopes advirtieron su presencia. Finalmente habían vuelto. Por instinto, se escondió en la torre de vigilancia mientras escuchaba hacia dónde se dirigían. Se asomó con cuidado y vislumbró un extraño paquete envuelto en una sábana. Otro aún más pequeño encima de éste.
La comandante y el capitán lo cargaban con cuidado y comenzaron a avanzar hacia la zona trasera, dónde emergía el cementerio dedicado a los soldados caídos en batalla. El cuerpo de exploración no mantenía a sus miembros vivos durante muchos años. Asi que aquella zona estaba llena de fosas comunes.
La mujer dispuso un candil en el suelo mientras ayudó al hombre a cavar un agujero en la tierra húmeda por el rocío de la mañana. De nuevo, los sentimientos. Los mismos que llevaron a aquel hombre a tomar la decisión equivocada. Los mismos que hacían que ella enterrase aquella extraña extremidad envuelta en tela, en una fosa cercana. Probablemente, lo único que quedase de alguna persona importante para ella.
Sus dedos agarraron su arma y apuntó en dirección a ellos dos. En aquel momento, no consideraba que ninguno de los dos estuviese trabajando por el futuro de la humanidad. Sino que estaban más preocupados por un encuentro nocturno para enterrar a veteranos de campaña a escondidas del gobierno que en el avance de la humanidad.
Seria demasiado fácil apretar aquel gatillo y acabar con el hombre más fuerte de la humanidad. Y al mismo tiempo el más débil. Cuya humanidad era lo que precisamente le hacía débil. Bajó su arma y volvió a contemplar el cielo anaranjado sobre su tez que se alzaba cada vez más. Él solo era uno más, alguien que habia sobrevivido pero que no encontraba razón alguna para vivir. Y sin embargo, su humanidad se desvanecía poco a poco como la brisa meciendo el amanecer. ¿Le convertía eso en un soldado reemplazable?
Acarició el extremo del rifle mientras pensaba cual era su función en aquel momento. Tal vez un mero anzuelo para conseguir una presa mayor. Postró su mirada al ardiente sol mientras imploraba a alguna deidad que le diese un auténtico líder al que seguir.
.
.
.
Comenzó a anotar con pasión en aquella hoja de papel mientras dibujaba un círculo. En los extremos del círculo dibujo pequeñas líneas que salían desde su origen. Como ejes de una rueda.
- El titán femenino... - al lado de dicha palabra anotó Annie Leondhart.- El titán acorazado...Reiner Braun... Titán colosal...
- Armin Arlet. - Apuntó el chico con determinación. - Luego está el titán mandíbula. Es el que tenía Ymir … Pero la carta que le mandó a Historia...
- Aquellos portadores que no conozcamos simplemente pondré una interrogación a su lado, ¿de acuerdo? - sonrió con tranquilidad mientras los dos chicos asentían.
- Titán bestia... - comenzaba a dibujar otra interrogación cuando Eren paró sus manos - ¿Qué ocurre Eren?
- N-nada – un extraño acto reflejo se había apoderado de él. Sin ser capaz de comprender el alcance continuó en silencio.
- Tampoco conocemos su identidad, pero si hemos podido ver su rostro – hizo un pequeño esbozo al lado lado del signo de interrogación.
- También estaba aquel titán que ayudaba a Berthold cuando detonaron las bombas.
- ¿Es un usuario de titán? - el capitán seguía oyendo desde lejos extrañado por aquel recopilatorio.
- Sus movimientos parecían bastante analizados, así que podría ser humano, sí – continuó anotando – El titán fundador. Que era un poder de parte de la familia real, y actualmente lo posees tú, Eren.
- Y el titán de ataque también.
Hanji continuó anotando en aquel extraño mapa que dibujaba poco a poco con la desgastada pluma.
- Nos falta el noveno. ¿Ha habido algo en vuestras visiones que nos permita saber quién es el noveno poseedor?
- …... - Eren parecía divagar completamente absorto en aquel movimiento reflejo que aún le cuestionaba la veracidad de sus propias acciones.
- N-no, Hanji-san – añadió Armin – Probablemente pertenezca a alguien fuera del ejército marleyano.
- Comprendo – anotó otra serie de interrogaciones en uno de los huecos restantes. - Si tenemos esto en cuenta, la conexión entre todos ellos, es el titán fundador. No sabemos que influencia puede tener respecto a los usuarios de titanes. Pero si respecto a los titanes puros – continuó anotando. - Necesitamos saber más acerca del control de este poder.
Eren parecía esquivo respecto al tema. Continuando callado mientras miraba aquel mapa entrelazado con líneas. Desde aquella batalla pasaba horas pensativo. En ocasiones había intentado hablar con él pero permanecía esquivo.
- Según los datos que Ymir nos aportó... - comenzó a garbatear en otra hoja – Conocemos el tiempo de algunos de los usuarios de titán. Si Annie, Bertholdht y Reiner tomaron el poder a la vez, probablemente le quede el mismo tiempo que a Eren... - la pluma se detuvo goteando sobre el papel. A pesar de que la tinta era negra, le parecían ríos de sangre. Una muerte demasiado prematura para dos niños. - Puede que al usuario del titán bestia le quede aún menos tiempo. Pero no estamos seguros. Así que no debemos confiarnos.
Levi se acercó a la mesa y colocó un papel idéntico que cubrió al primero, como si de una hoja de calco se tratase. Hanji volvió a escribir sobre el nuevo papel los nombres de los principales poseedores. Y comenzó a subrayar cada uno con cuidado, haciendo especial hincapié en aquellos de los que poseía más datos.
- Annie está en nuestro poder – su análisis comenzó a elaborarse con presteza – El titán fundador, el titán colosal. El titán de ataque. Tenemos cuatro, cuatro de nueve. Debe haber alguna manera de combinar los poderes de los cuatro en ataque.
- Reiner y Bertholdht solían entrenar sus habilidades juntos – inquirió Armin – En la visión que te comenté, desarrollaban estrategias con el endurecimiento de Reiner.
- Ahora que Eren puede endurecerse también podemos utilizar ese dato en su contra. Tendremos que hacer que tú también consigas hacerlo, Armin.
- No me importa el tiempo que sea necesario en la experimentación. Si así podemos probarlo.
- Voy a solicitar permiso al ejército para ir al muro Maria, quiero experimentar de que manera podemos combinar vuestros ataques – la comandante se levantó mientras comenzaba a enrollar el gran rollo de papel – Prefiero tener objetivos reales con los que trabajar que un par de círculos con dianas rojas en el centro.
- Prepararé a los mocosos. Más os vale ayudar en el mantenimiento del equipo vuestros compañeros. Tendrá que estar perfectamente limpio para cortaros la yugular si no podéis controlar vuestros poderes.
.
.
.
Los párpados le pesaban enormemente mientras leía una y otra vez aquel amasijo de papeles. Amenazaban con cerrarse sin su consentimiento. Colocó sus gafas sobre el escritorio de madera lleno de libros abiertos y se frotó el párpado con suavidad. Aquella venda comenzaba a ser terriblemente incómoda. Tarde o temprano tendría que elaborar algún tipo de parche que le permitiese más movilidad.
Se balanceó en su silla intentando analizar con cuidado. Ellos tenía cuatro titanes dentro de los muros. Y había cinco fuera. Uno de ellos no pertenecía al ejército marleyano, de eso estaba seguro. Con Eren ya habían probado que podía absorberse los poderes de más de un poseedor. Había esquivado ese tema, pero tarde o temprano el ejército requeriría que Armin devorase a Annie.
Irónico, devorar a la mujer con la que tenías pesadillas causadas por la anterior persona que poseía tu poder.
El inconsciente de Bertholdht lloraría lágrimas de sangre si tenía que estar presente en aquel tipo de escena. Y posiblemente, Armin sufriría un ataque epiléptico. Por suerte, aquellas personas que se encontraba por encima de su pocisión, no pensaban tan rápido como ella. Y aún no habían llegado a esa conclusión. Olvidando el extraño cadáver de cristal que era custodiado en las mazmorras del cuerpo de exploración.
La luz junto a sí comenzo a ondear hasta apagarse lentamente. En la penumbra pudo atisbar aquellas pequeñas pero decididas manos apagando el candil y dejando que el manto frío de la noche indicase por fin que era la hora de descansar. Le despidió una sonrisa cansada al pequeño hombre que parecía suplicarle con la mirada que abandonase aquel escritorio por aquel día.
- Levi, preferiría que no durmieses más en la silla de mi habitación – sus dedos comenzaron a desvertir su cansado cuerpo, buscando la ropa habitual que portaba para dormir – Es díficil estar tumbada en la cama sabiendo que estás mirándome en silencio haciendo guardia cada noche – Sus palabras se desvanecían en el silencio de la habitación – No necesito un guardaespaldas Levi.
- ¿Y qué necesitas? - sus toscas expresiones se perdían mientras colocaba en orden aquellos libros que había dejado abiertos y desordenados. Cómo cada noche.
- Necesito un compañero.
Terminó de cubrir su cuerpo con aquella prenda de noche desgastada. Utilizada por demasiados años. Sus pasos le llevaron a encarar el triste rostro de su viejo amigo, incapaz de decir nada en aquel momento. Sentía que sus brazos se volvían cada vez más ligeros mientras dejaba que se acomodasen alrededor de su cuello. Se había forzado demasiado a reprimir sus sentimientos durante los últimos meses. Mientras notaba la respiración de Levi en el cuello, dejó que doscientos lamentos recorrieran su único aporte de visión. Uno por cada compañero que había perdido en aquella última batalla.
.
.
.
Me gusta retornar a este tipo de escritura porque me recuerda a mis orígenes en fanfiction. Quiero intentar enlazar esta historia con el arco final de la serie. Cómo ya he comentado en la descripción de la historia, quiero narrar que ocurría en la legión de exploración durante los cuatro años de lapso con los ligeros datos que se ha ido dando en el manga. De ahí que escriba sobre Floch, Armin, Jean...
Me gustaría que me dejárais comentarios acerca de esto, ya que no quiero que la historia sea sólo levihan, sino que suceda algo más e implique a los últimos miembros de la legión.
¡Nos leemos!
