Disclaimer: Naruto no me pertenece.
Shattered
…
Capítulo 17: No me dejes.
"¿No es gracioso como día tras día nada cambia,
pero cuando miras atrás todo es diferente?".
.- C. S. Lewis
…
—¿Dónde está?
Había pasado una semana desde que despertó. Todos sus amigos estaban realizando rondas para ir a visitarla, pero luego de lo sucedido no había vuelto a ver al peliazabache. Casi quiso reír por pensar en él a la par de sus amigos. Pensar en él no era algo grato, podía ir desde la ira hasta el miedo, el cual era constante ante la posibilidad de que apareciera frente a ella y le hiciera daño de alguna forma, pero una parte de ella, que estaba intentando desechar, parecía no creer en nada de eso.
Las palabras de Ino seguían rondando en su cabeza, pero la duda que se había sembrado no era mayor que el rechazo que sentía hacia su ex compañero de equipo. Por lo que no pudo evitar que esa pregunta brotara de sus labios.
—No muy lejos de aquí. — respondió la rubia. –¿Estás preocupada por él?
La pelirrosa elevó una de sus cejas con incredulidad y luego volteó su rostro para no enfrentar su mirada fisgona.
—No puedo recordar algo relacionado a él. —explicó. — Necesito respuestas.
—Sufriste demasiados daños, pensamos que no lo conseguirías. — Ino seguía preocupada por la forma en que habían resultado las cosas. — Tu cerebro podría sufrir alguna lesión eventualmente.
—Esto no es así. Lo sabes. — estaba condenada, siempre lo estuvo — Estoy bastante segura de que lo dedujeron antes que yo.
Comenzó a mover sus piernas para luego sentarse al borde de la camilla.
—No lo vimos venir.
—Nadie podía, es su forma de vengarse de mi, por subestimarlo. —mencionó refiriéndose al Haru. La rubia comprendió la realidad tras sus palabras apesadumbradas. —Necesitas decirme qué pasó entre Sasuke y yo. — el monitor a su lado indicó que se estaba exaltando un poco. Necesitaba quitarse el desasosiego que surgió ante su presencia y que permanecía intacto de forma abrumadora.
—No creo que me corresponda a mí decírtelo. Necesitas descansar.
—Estoy bien. — su mirada insistente la hizo soltar un suspiro y dijo lo único que sabía.
—Estuvieron solos por mucho tiempo. Y realmente nunca me dijiste que sucedió, solo los vimos y su amistad había vuelto y ... algo más. — la rubia solo sabía que Sasuke la había besado cuando aún estaban en la aldea ¿Cómo explicar que notaron un cambio en su relación porque Sasuke se había dejado sumergir por la soledad luego de su muerte? La devastación que ella dejó en él significó algo que todos sospecharon desde el momento en que fue en su búsqueda.
—¿Algo más? — volvió a elevar una de sus cejas sin creer lo que escuchaba. — Enterré mis sentimientos por Sasuke en el momento en que intentó asesinarnos.
—No estoy defendiendolo, pero tú misma dijiste que eran errores del pasado. — se encogió de hombros. —No querías ser dura con él y él cambió, volvió a la aldea por ustedes, gracias a Naruto y a ti.
Intentó procesar sus palabras con la mayor compresión posible, pero le pareció inaudito. ¿Estaba intentando que ella obviara lo que había hecho? No, eso no era posible. Ino la había alentado a que se olvidara del peliazabache muchas veces. Ella había sido la primera en interferir en contra de sus sentimientos destructivos.
—Dudo eso.
—No te estoy pidiendo que lo creas o no. Es lo que sucedió y punto.
Podía ser cierto, pero ella no ya no lo recordaba y quizá era mejor de esa forma. Quizá los sentimientos unilaterales que alguna vez tuvo por el peliazabache y que nunca fueron correspondidos permanecieron así y era mejor.
—Me gusta esta Ino. Ahora veo porque no me puedo deshacer de ti. Te necesito en mi vida. — confesó intentando evadir el tema, pero claro que no lo consiguió.
—Sakura… sé que no quieres hablar con él, pero no estás considerando sus sentimientos.
—¿Sentimientos? ¿Estamos hablando de la misma persona?
—Sakura. Yo lo vi. — sus miradas se encontraron, y la pelirrosa pudo notar el reproche evidente en sus ojos color cielo. — Se volvió un desastre luego de que todos creímos que estabas muerta. Buscó en cada rincón del planeta, se estaba autodestruyendo...
—Basta. — era como si estuviera hablando de alguien desconocido. La incredulidad que surgió en su interior la estaba descolocando.
—Me pediste respuestas. No sé si estaban juntos, no sé si sucedió algo entre ustedes. Pero tú sí le importas.
—Pero es inutil. Porque no puedo recordarlo. Y todo es… tan… — hizo una pausa. — Yo… siento que estoy perdida.
—Todos queremos ayudarte. Pero quizá necesites partir por la persona que menos quieres enfrentar. Al menos le debes la posibilidad de la duda.
—No le debo nada. —se puso de pie con dificultad y su amiga fue rápidamente en su ayuda. Comenzaron a dar pasos por la habitación. — La única razón por la que no he hecho otro escándalo es porque Naruto se molestará. Por cierto, — mencionó rápidamente antes de que lo olvidara. —¿Él y Hinata...?
—Sí.
Había notado la atracción evidente entre ellos las veces que se habían topado al visitarla, pero había algo que no comprendía.
—Entonces ¿por qué apenas se ven a los ojos? —sus ojos encontraron los suyos por un segundo y luego evadieron su mirada. Había algo mal en todo eso.
—¿No lo sabes? —ella negó con su cabeza. ¿Cómo iba a hacerlo si nadie quería hablar con ella de algo más que no fuera el peliazabache? — quizá debas preguntarle a Naruto.
La expresión triste que cruzó el rostro de su mejor amiga, generó un pesar en su pecho que le dejó un sabor amargo en la boca. ¿Por qué su cuerpo reaccionaba de esa forma? ¿Tenía ella algo que ver con todo eso? No podía ser eso, ¿O sí? Sus últimos recuerdos del pelirrubio eran de su relación fallida. Naruto siempre había profesado su amor por ella, pero ella nunca le correspondió y cuando creyó hacerlo, su alma estaba demasiado rota para merecerlo. Ella siempre creyó que Naruto merecía a alguien mejor a su lado, alguien que pudiera darle la devoción y el afecto que ella nunca pudo y el mismo que él brindaba a todo el que le rodeaba. Él era luz y ella era solo una sombra más en todo ese mundo de desilusiones, una sombra que podía desaparecer sin generar nunca ni la mitad de claridad que el ojiceleste. Hinata en cambio, siempre estuvo para él, aunque no lo notara, siempre estuvo vigilante de sus pasos. Y depositó todos sus sueños e ilusiones en él, consciente de que todo lo que el pelirrubio conseguía, inspiraba a las personas a dar lo mejor de sí. Fue su ejemplo a seguir, e incluso fue capaz de dar su vida por él sin pestañear. Ella también era luz. De esas luces que se esconden tras las sombras y te cuidan expectantes. Sin esperar nada a cambio, más que tu propio bienestar.
Ellos estaban hechos para estar juntos. Lo que sea que los haya distanciado no podía ser algo que no tuviera solución.
—Lo haré.
Pronto se cansó y le pidió ayuda para volver a recostarse. Llevaban días de terapia física y pronto podría salir de la cama.
—Sakura, ¿recuerdas por qué dejaste la aldea?
La mirada preocupada de Ino recorrió sus facciones con parsimonia. Estaba preparándose para otra reacción desfavorable. Pero la pelirrosa pronto respondió.
—Sé que mis padres están muertos. — tragó grueso — No tienes que evadir ese tema. Tengo todos mis recuerdos intactos, incluso lo que Taro me hizo y las dos veces que estuve a punto de morir. Solo… —hizo una pausa. — no recuerdo a Sasuke en ellos.
—Entiendo.
Era lo que temían desde un principio, pero no podían hacer más que acompañarla. Sasuke se rehusaba a volver a verla - más por no exaltarla que por no desearlo - y ella no mostraba intención de querer verlo tampoco. Quizá ella con el tiempo podría recuperar su memoria.
Esperaba que así fuera o no sabrían qué sucedería con el Uchiha.
Maldito Haru.
Ese día en particular estaba más frío de lo que pensaba y las nubes se estaban arremolinando anunciando que pronto llovería. Era un día triste, o quizá era su ser reflejando la desdicha que sentía en su interior.
Los días pasaban y parecía que poco a poco todo se volvía más gris que antes. Estaba perdiendo la cordura. Lo supo cuando vio a la pelinegra pasar a unos metros frente a él sin notar su presencia. Su sonrisa tímida que solía mostrarle a él y que lo dejaba medio embobado, estaba siendo dirigida a otra persona, que parecía ayudarla amablemente a levantar un vaso que se le había caído.
Su torrente hirvió, recordándole que no deseaba que nadie la hiciera sonreír de esa forma más que él. ¿De dónde era? Ah, sí. El familiar de la pelirrosa. ¿No se suponía que estaba interesado en Sakura? ¿Por qué coqueteaba de esa forma con su Hinata?
Pero él lo había arruinado y la había herido de tal forma que no merecía siquiera respirar el mismo aire que ella. Sin embargo, su cuerpo pensaba de forma diferente y sus piernas reaccionaron dando pasos apresurados hacia ella y su nuevo acompañante.
—¿Dónde crees que vas?
La voz burlona y el cuerpo de la pelirrubia lo habían detenido en su lugar, pero sin despegar sus ojos de la pareja por sobre su hombro.
—A ningún lugar, solo estaba… ya sabes… caminando.
—El peor mentiroso de la historia. — acusó la ojiceleste — Hinata no tiene cabeza para tus berrinches.
—Ella no… yo no.
—Ahórrate tus excusas. — dijo moviendo su mano frente a él. — Ya me cansé de verlos ignorarse el uno al otro. Así que harás algo ahora si no quieres perderla por completo.
—¿Qué se supone que haga? — ahora sí enfocó sus ojos en ella, expectante de sus palabras.
—Sé que eres idiota, pero debes esforzarte un poco más. — el ojiceleste la observó con el ceño fruncido. Todos le decían lo mismo.
—Ella no quiere dirigirme la palabra.
—¿Qué le dijiste para que eso sucediera?
—Yo… — se sobó la nuca con la vergüenza recorriendo su rostro. — Sakura-chan… — ella alzó una ceja, esperando su respuesta que ya intuía. Naruto era demasiado noble y eso implicaba que si había algo que lo confundiera no iba a dejarlo pasar así como así. — Le dije a Hinata-chan que no estaba seguro de si aún guardaba sentimientos por Sakura-chan.
—Eres un idiota. —soltó otra vez
—Lo sé. Pero ahora no sé que hacer.
—¿Acaso no se te ha ocurrido hablar con la frentona? ¿O cómo piensas aclarar tus sentimientos?
—Es que yo, ya los aclaré. O eso creo. — se rascó la nuca con exasperación.
—¿A qué te refieres? — Naruto no pudo besar a Sakura o algo así, ¿cierto?
—No es nada de lo que estás pensando. — sacudió sus manos frente a su rostro en señal de exasperación. — Yo la vi, luego de que despertó y no sentí nada de lo que creí sentiría al verla.
—Ya veo. — asintió con comprensión. —Entonces debes hablarlo con ambas.
—No sé cómo hacerlo.
—Comienza por Sakura. Ella ya notó algo extraño entre ustedes y está preocupada.
—¿Lo sabe?
—Me lo mencionó hace unas horas. Creo que se siente culpable.
—Pero ella no tiene nada que ver en esto.
—Tú la metiste en esto sin consultarle antes. —ella puso sus manos en sus caderas.
—No lo había pensado de esa forma.
—Ve ahora. Creo que Hyujin la está ayudando con una medicina. —lo empujó en dirección a la tienda de la pelirrosa — Ya no soporto verlos así a todos. Me volverán loca
El rubio asintió y se dirigió rápidamente hacia la carpa de su mejor amiga. Observó a Hinata desde la entrada y prometió que volvería a ganar su confianza y amor. Aunque le tomara toda la vida.
Novo amor - anchor
—Gracias, Hyunjin.
El pelinegro sonreía de oreja a oreja al verla de pie junto a él. Ayudarla a realizar sus ungüentos para los aldeanos mal heridos, que había dejado la batalla, no era problema. Le agradaba la compañía de la pelirrosa, más de lo que ella creía.
—No hay problema. Siempre ha sido un privilegio ayudarte. — tomó su brazo y lo alzó a la altura de su hombro para que ella se recargara en él y luego rodeó su cintura por detrás para darle más estabilidad.
La pelirrosa no estaba acostumbrada a su cercanía de esa forma, pese a que recordaba que él la había visto incluso con menos ropa que la que llevaba. Aún así no pudo evitar sonrojarse y se dejó llevar por él hasta la cama.
—Sabes que puedo caminar con menos ayuda, ¿Cierto?
—Te tomaría en mis brazos, pero no me lo permitirás, así que me conformo con esto.
Iba a responderle, pero el sonido de un carraspeó la hizo voltear a la entrada.
—¿Interrumpo algo? —mencionó el pelirrubio.
La escena le pareció extraña, no sabía que el pelinegro y Sakura fueran tan cercanos. Sí conocía la historia de cómo se conocieron, ya que él se había encargado de esparcirla por todo el campamento. Aún así cada vez que los veía juntos, algo en su estómago parecía retorcerse.
—Por supuesto que no. Adelante. — mencionó la pelirrosa mientras se sentaba en la cama, sin que Hyunjin se alejara de ella.
—Uzumaki-san, es un placer volver a verlo.
La pelirrosa sonrió para sus adentros, nunca creyó ver a alguien hablarle a Naruto con tanta cordialidad.
El pelinegro le había tomado especial cariño al rubio, ya que había sido parte de sus entrenamientos en esos días, y conocía sus hazañas a la perfección. Era alguien muy reconocido en varias aldeas a las que había viajado.
—Igualmente Hyujin, pero puedes decirme Naruto. Me hace sentir un poco viejo, el que me llames así. — sus mejillas habían adquirido un color rojizo que quiso evadir.
—Muy bien, Naruto. Los dejo. Sakura. —el pelinegro le dirigió una mirada demasiado intensa que el rubio no pudo ignorar al ver como la pelirrosa se sonrojaba.
—¿Qué fue eso? Te pareces a un tomate.
—No es nada, baka. — dijo moviendo sus manos de forma efusiva frente a su rostro. Naruto seguía siendo un idiota.
Habían pasado minutos, que se mantuvieron en silencio y ella seguía escudriñandolo con la mirada. ¿Qué hacía el pelirrubio ahí a esa hora? ¿Tendría algo que ver con su conversación de la mañana con Ino? ¿Qué debía decir?
El rubio notó un destello rosa en sus ojos acompañado de una sonrisa torcida muy parecida a la de cierto azabache y le pareció extraño, quizá fue su imaginación. El Haru ya no estaba en ella.
—Estoy muy contenta por ti...— comentó sacándolo de sus pensamientos. — Realmente lo estoy. Hinata es una gran mujer.
—Lo sé. —mencionó sin saber realmente qué más decir.
Todas las palabras que deseaba mencionar estaban enredadas en su cabeza. Se debían una conversación hace mucho tiempo, pero eso fue todo lo que salió de su boca. Su pecho estaba apretado, y la angustia que sintió cuando ella se fue, había vuelto de la forma más devastadora. No había querido pasar mucho tiempo con la pelirrosa las últimas semanas y le había tomado bastantes minutos decidir si entrar o no. No porque no deseara su compañía, sino porque la conversación que debían tener no era grata y sabía que pronto surgiría el sentimiento aplastante al verla con detención y cuando su cabeza recordara el martirio que fue haberla perdido. Su respiración se volvió dificultosa.
—¿Qué sucedió con Hinata?
El cambio brusco en sus pensamientos lo mantuvo en silencio por unos segundos hasta que pudo formular una respuesta más o menos coherente.
—Necesitaba estar seguro…
—¿De qué? — él evadió su mirada y ella sonrió con comprensión —Naruto, sé que yo te abandoné. Y nunca debí hacerlo, menos de esa forma. Lo siento, de verdad lo hago. Pero, tus sentimientos nunca fueron para mí. Tú solo no querías verlo.
—Te equivocas Sakura-chan. — respondió con rapidez —Yo… te amé más de lo que podrías imaginar. Tú siempre serás mi primer amor. Luego de que te fuiste todo fue muy extraño y doloroso, pero ahí lo supe… — sus ojos la observaban fijamente. — Tú nunca sentiste lo mismo que yo.
Ella no pudo sostenerle la mirada y observó un punto inexistente en la habitación. —Naruto...yo te amo.
Abrió los ojos con sorpresa. La forma en que sus palabras dejaron sus labios le corroboró que estaba siendo sincera. Su tono no denotaba duda, era un sentimiento mutuo. Sonrió en la penumbra de su alcoba improvisada y escondió su rostro con sus cabellos. La había extrañado un montón.
Pero ahí estaba observandolo con detenimiento intentando explicar sus motivos para alejarlo de ella, para irse sin una buena explicación. Para haber terminado de forma tan abrupta la relación que estaban formando. Le dijo la verdad, lo amaba de una forma que siempre quiso querer a alguien, porque él fue su ancla durante mucho tiempo y seguía siéndolo.
El sonido de él levantándose y acercándose al borde de la camilla fue lo que detonó lo siguiente.
—Yo también te amo, Sakura-chan. Pero…
—Hinata es a quien amas ahora. — susurró ella.
No necesitaban decir más porque ambos sabían el verdadero significado tras esas palabras. Era una promesa de no volver a separarse nunca, de apoyarse el uno al otro sin importar las circunstancias y de mantener su amistad más fuerte que nunca. — No vuelvas a irte así.
—No iré a ningún lado. — le susurró.
—Tampoco te lo volvería a hacer tan fácil.
Se sonrieron como nunca antes. Se les había olvidado que no necesitaban demasiadas palabras para volver a su antigua relación, la que siempre debieron mantener.
El chakra que percibieron fuera de la habitación los alertó. Naruto sintió que su alma caía a sus pies. Reconocería ese chakra en cualquier lugar.
Naruto abrió la tienda y vio a la pelinegra a unos pasos de él. Su mirada de dolor y decepción le estrujó el pecho de tal forma que le pareció faltar el aire. Tragó con dificultad.
—Hinata-chan...
Pero la pelinegra había dado media vuelta y se había marchado lejos de ahí. —¡Hinata!
—Naruto… —llamó la pelirrosa — Ella debió habernos escuchado. Debe haberlo malinterpretado...yo... lo siento. Esto no fue mi intención.
—Sakura-chan, no es tu culpa, ella solo está confundida con mis acciones. — se sostuvo la cabeza entre sus manos — Desde que volviste yo no he sido muy... Razonable.
—Ve. Y Naruto… — sus ojos se encontraron antes de salir corriendo. — No la dejes ir.
Asintió con decisión y se marchó de ahí.
-Snow patrol - Set The Fire To The Third Bar.
Realmente había sido una ingenua pensando en que él solo necesitaba estar solo y que por eso la mantenía alejada y no aclaraba sus sentimientos por la pelirrosa. Cuando lo hacía porque aún sentía algo por ella.
Yo también te amo Sakura-chan.
No podía quitarse esas palabras de la mente y su pecho se sentía demasiado pesado.
No lo podía entender y le dolía, nunca creyó sentir tal dolor en su vida. Era demasiado sofocante y sentía que explotaría en cualquier momento. Quizá lo peor de todo es que estaba dispuesta a seguir cuidando sus pasos si era necesario.
—¡Hinata! — el rubio estaba a unos pasos de ella.
—¡V-vete! — Estaba enojada y triste. No era una buena combinación.
—¡No! Yo tengo que decirte...
—Yo lo escuché — su voz que solía ser demasiado suave había adquirido una tonalidad mucho más potente.
—¡No sabes de lo que hablas! — ahora estaba tras ella y había hecho amague de voltearla, pero ella se alejó de su toque.
—Lo escuché, ¿no es acaso suficiente? — su rostro ya estaba empapado en lágrimas.
—No, no lo es. Lo malinterpretaste todo. — se sintió un imbécil, ella estaba en ese estado por su culpa.
—Naruto-kun, no quiero que sientas lástima por mí. Eso sí que no lo soportaría. — se abrazó a sí misma intentando calmar los temblores que aparecían ante el frío y el llanto que no cesaba.
—¿Lastima? Yo no siento eso por ti. — se posicionó frente a ella y la sostuvo de los brazos de forma suave, pero firme. Ella intentó soltarse, pero él no se lo permitió. —Hinata, no lo hagas. Escúchame, por favor.
Ella se detuvo. Era débil, muy débil y tonta. Se forzó a no verlo a los ojos.
—Lo que oíste es verdad. Yo amo a Sakura-chan.
—Detente. No sigas. — ¿Por qué le hacía daño de esa forma?
—No lo entiendes. Dejame hablar. Yo la amo, pero no de la forma que te estás imaginando.
—No veo otra forma...
—Ella es mi mejor amiga, como mi hermana y tú… —hizo una pausa para tomar su mentón y encontrar sus bellos ojos color perla. — Tú eres la mujer a la que amo.
La Hyuga dio un respingó en su lugar abriendo los ojos con lentitud. ¿Había escuchado bien? — Tú eres la persona con la que quiero pasar el resto de mi vida. No llores, por favor.
Él se inclinó hacia ella para tomar su rostro entre sus manos y unió sus frentes. Ella volvió a cerrar los ojos. — Te amo, Hinata Hyuga. Por favor, no me dejes.
La sorpresa seguía plasmada en el rostro de ella, pero pronto fue reemplazada por una calidez avasalladora que hacía parecer absurda la congoja que atravesó su pecho hace solo unos instantes.
—Naruto-kun… — susurró ella, mientras tomaba sus manos que aún sostenían su rostro.
—Te amo. Por favor, no me d-dejes. — volvió a decir el rubio y pudo notar como su voz se quebraba levemente al final, al tiempo que limpiaba con sus pulgares las lágrimas que seguían cayendo de sus ojos.
—N-naruto-kun… yo también te amo. — susurró.
El ojiceleste abrió los ojos y se separó levemente de ella. — ¿Lo dices en serio?
Ella asintió en respuesta.
—No te dejaré.
Naruto le dedicó una sonrisa zorruna de esas que hacían que algo en su pecho se contrajera en júbilo y luego soltó una carcajada. Ahí fue cuando ella notó el rastro de lágrimas en sus mejillas. También había llorado. Su pequeña mano se dirigió a su rostro y él cerró los ojos ante su toque. Parecía un niño de esa forma, anhelante de su toque suave y cálido.
En un arrebato no muy digno de ella, se puso de punta de pies y acercó su rostro a él, depositando un tierno beso en sus labios. Ante lo que el rubio abrió los ojos.
Fue como cuando el pasto seco es sometido a pequeñas chispas, su interior se encendió como una fogata. Y todo lo que logró hacer fue disminuir la distancia entre ellos y besarla como si no hubiera mañana.
Él aún no la merecía, pero pasaría sus días intentando hacerlo.
-Fleurie - sirens
Todos yacían en sus tiendas de campaña al ser más de medianoche. Pero él seguía de pie - como todos los días - a unos kilómetros del campamento, sobre la alta copa de un árbol observando la única tienda que interesaba. Había sido mientras lo hacía, que cometió un error estúpido.
Vio a Naruto ingresar a la tienda con indecisión, y luego salir al tipo que se hacía llamar Hyujin, el cuál no muy agradablemente para él parecía ir todos los días a visitar a la pelirrosa en varias ocasiones del día. Intentó ignorar el sentimiento desconcertante en su cuerpo y se quedó unos minutos meditando sobre qué podría estar haciendo el rubio en la tienda de la pelirrosa a tal hora. Se debatió entre hacer o no su aparición en ella cuando de pronto vio a la Hyuga asomarse por la tienda y observó como su semblante cambiaba y su chakra se desestabilizaba levemente para luego salir corriendo en dirección contraria.
¿Acaso vio o escuchó algo que la haya perturbado de esa forma? ¿Sakura estaría bien? ¿Por qué Naruto corría tras la pelinegra?
Debió razonar unos segundos más, pero sus pies se movieron por sí solos, apenas se plantó en su cabeza la idea de que a la ojijade estuviera en peligro. Y en un segundo estaba frente a la tienda con su mano puesta en la tela que lo separaba de su tortura diaria.
Fue solo un segundo, solo un momento en que dejó ver su chakra y había arruinado su escondite.
—Uchiha. ¿Estás ahí?
¿Uchiha? Bueno, era mejor que "escoria", "asesino" o cualquier forma despectiva que se le ocurriera llamarlo.
Se quedó estático en su lugar. No había querido siquiera estar a metros de ella. Porque incluso escuchar su voz, era un martirio. Extrañaba de forma aplastante escucharla y ahora que lo hacía, no se sintió mejor.
Sasuke-kun, estás aquí.
Sacudió su cabeza ante sus recuerdos.
—Oh, sí eres tú.
No había notado su chakra moviéndose por la tienda y fue demasiado tarde cuando la vio abrirla para mostrar su menudo cuerpo frente a él. La observó con cuidado expectante a que algún sonido o palabra despectiva saliera de su boca, pero solo se encontró con su mirada suspicaz y cierta curiosidad tras ella. Y luego desvío la mirada. —No me veas así. No voy a insultarte o ponerme a gritar como loca otra vez. Ya todos se encargaron de hacerme entender que al menos no me matarás por diversión. Y no serías tan estúpido de hacerlo con tantos ninjas que me quieren viva a tu alrededor.
Su semblante indiferente la atravesó de forma directa. Él era quien más quería que viviera, pero no lo diría.
—¿Qué quieres?
—Yo debería preguntar eso. Tú estás afuera de mi tienda con claras intenciones de querer entrar. — su nariz se arrugó con clara molestia. Él solo podía pensar en lo mucho que deseaba besarla cuando hacía ese gesto.
—Solo pasaba por aquí, molestia. — no pudo evitar que el desdeñoso apelativo se deslizara de su boca.
—Ignoraré lo que acabas de decir sólo porque necesito respuestas y todos se rehúsan a darmelas. — quería hablar. Eso era un nuevo avance.
—Tienen sus motivos. — dijo dando pasos hacia ella a la par que ella retrocedía y entraba a la tienda con dificultad evidente, ya que tropezó y casi cae de espaldas, pero el ojionix fue más rápido y la sostuvo de su cintura.
Por alguna razón que desconoció le tomó varios segundos soltar su mirada penetrante y alejarse de él. Cuando lo hizo mantuvo una distancia prudente.
—L-lo sé, pero, ¿Por qué tú no me has dado ninguna? — tragó grueso un tanto incómoda por sentir aún su toque en su cintura y por el olor agradable que emanaba de él.
El peliazabache no pudo despegar su mirada de ella, sus manos hormigueaban ahí donde habían tocado su cuerpo. Debía dejar de verla de esa forma. Desvío la mirada con molestia.
—No creí que quisieras alguna. O en todo caso, que quisieras saberlas de mí.
La duda había surgido en su cabeza y no pudo arrojar el pensamiento hacia otro lado antes de que se proyectara en ella: Él no había aprovechado la oportunidad que tenía para matarla entre sus brazos.
—Está claro que no fuiste mi primera opción. — soltó. No podía evitar marcar la distancia entre ellos.
—¿Cuáles son las preguntas? —mencionó intentando ignorar su desdén. Si supiera el calvario que estaba siendo sólo hablar con ella.
—¿Qué sucedió entre nosotros? —lanzó evadiendo su mirada. Había logrado llegar a la camilla sin tanta dificultad y ahora estaba sentada al borde clavando su mirada en otro extremo.
—Exactamente lo que crees que sucedió.— respondió sin más.
—Estás bromeando.
Él soltó un sonido burlesco, ¿Por qué inventaría algo así? ¿Qué tan bajo creía que podía caer?
Decidió desafiarla unos minutos, no era el único que podía jugar ese juego.
—¿A qué le tienes tanto miedo? —soltó sin poder mantener sus pensamientos para sí mismo. — ¿Es porque crees que te quiero muerta? ¿O porque soy la peor escoria de este mundo y nunca podrías verme de otra forma?
Dilo.
Dilo.
Dilo.
Sus ojos se encontraron con los suyos antes de responder: —Ambas.
Otra vez vio en su semblante algo similar al pesar y el cual quiso ignorar. Tuvo que controlar el arranque estúpido de disculparse por sus palabras. ¿Qué demonios sucedía? Su propio cuerpo la estaba traicionando, deseando quitarle esa cara. Lo vio voltear con claras intenciones de marcharse y no pudo evitar detenerlo. —Espera.
Él se detuvo de inmediato y la duda volvió a su cabeza. ¿Sasuke y ella? De ninguna manera.
Se masajeó la sien intentando calmar la ira que estaba surgiendo a la par de las otras emociones que identificó.
—Eso fue demasiado grosero incluso siendo dirigido a ti.
—No tienes que disculparte. No quiero que lo hagas. —mencionó con frialdad y sin voltear.
—Estoy intentando procesar todo, pero es demasiado para mi.
—Yo no fui el que pidió respuestas. — su voz volvió a ser severa. Él estaba dando por terminada la conversación, pero ella no lo iba a aceptar. Se puso de pie nuevamente.
—¿Qué se supone que haga?
—Deja de buscar. Quédate con lo que tienes y vive tu vida. — respondió. Su cuerpo volteó levemente y sus ojos se encontraron por solo un segundo. Anhelo.
Esa fue la palabra que cruzó su cabeza al ver sus profundos ojos negros. No, no era cierto. Pero una parte muy escondida en los recónditos rincones de su mente, deseaba que lo fuera. Ella lo interpretó como un sentimiento derivado de su amistad de niños.
—No puedo hacer eso. — dijo cuando lo vio dar un paso para alejarse de ella.
—Estoy seguro que no será un problema.
—Entonces deja de mirarme de esa forma. —exigió.
—¿De qué forma? — volvió a detenerse.
—Como si… como si te rompiera los huesos o te desgarrara las entrañas. No quiero cargar con eso. — ¿En qué momento se había vuelto tan insensible cómo para decir algo así? Antes de retractarse él había volteado rápidamente y había disminuido la distancia entre ambos. Ahora estaba frente a ella, con su gélida mirada.
—No tendrás que cargar con eso más, volveré a Konoha en dos días.
—No. —soltó. ¿Qué demonios estaba diciendo? Debería haberle gritado que se fuera. ¿Qué hacía Sasuke tan cerca de ella? —Quise decir, ¿Por qué? Te necesitan para cuidar la aldea.
—Ya hay suficientes ninjas aquí como para mantenerte a salvo.
—Yo no dije… — él hizo una mueca como cuando alguien es descubierto haciendo algo indebido y se alejó unos pasos. —Lo estás haciendo otra vez. No caeré. — sus ojos la observaron solo unos segundos y pudo notar la pizca de curiosidad en el fondo de su ónix. —Necesito más respuestas.
Su mirada desafiante lo atravesó y los pensamientos absurdos volvieron a surgir en él. Estaba siendo un idiota. Un idiota masoquista y embobado.
Ninguno había notado a la persona que se acercaba a la tienda a pasos apresurados.
—Sakura, sentí una fuente de chakra desconocida y... —la voz de Hyujin se hizo presente en la tienda de acampar y Sakura se separó rápidamente del peliazabache para pasar de él e ir a su encuentro.
—No es nada, estábamos conversando. —dijo mientras le daba la espalda al ojionix. Cuando iba a voltear él tomó su muñeca para detenerla y preguntó. —¿Estás segura que todo está bien?
—Lo estaba hasta que llegaste tú. —bufó el peliazabache que había volteado y fue incapaz de quitar sus ojos del agarre que mantenía el ojinegro sobre la muñeca de la pelirrosa.
La pelirrosa estaba un poco consternada ante sus palabras. ¿Qué era eso que había distinguido entre sus palabras? ¿Celos? ¿Posesión? —Quita tus manos de ella. — escupió dirigiéndose a Hyunjin con claras intenciones de alejarlo de la ojijade. Oh, sí lo era.
—¿O sino qué? — comprendía los celos que habían surgido del Uchiha. Él se había encargado de dejarle claro que habían tenido una historia con la ojijade y que él solo era una amigo más en su vida.
—Tú lo pediste. — lo iba a atacar, Sakura lo presintió. Todo lo que pudo hacer fue interponerse entre ellos, alzar sus manos en un intento inútil de detener su avance, y esperar que se alejara.
Su chakra aún no estaba restaurado ni a la mitad, moverlo la dejaría exhausta. Por eso no se esperaba que el cuerpo del ojionix fuera empujado hacia atrás con tal fuerza que hizo un agujero enorme en la tienda.
Ella ni siquiera lo había tocado, solo tuvo la intención de alejarlo. Sus ojos se mantuvieron bien abiertos mientras observaba sus manos por unos segundos incrédula ante lo sucedido.
¿Qué había hecho?
—¿Sakura...?
Ignoró la voz del ojionix en el suelo a unos metros. Él estaba tan sorprendido como ella. ¿Era posible que hubiera conservado alguno de sus poderes sin el Haru en ella?
Imposible. Se repitió una y otra vez la pelirrosa.
—Hyunjin, llama a Ino y Shikamaru. Ahora. — luego se dirigió al peliazabache que ya se había puesto de pie. — Tú quédate donde estás. Hay cosas que nunca cambian, sigues siendo un idiota.
—Y tú sigues lanzando cosas. — ¿Sasuke Uchiha estaba bromeando con ella?
—¿Quieres volver a intentarlo? —mencionó con su palma en su dirección, moviendo sus dedos con el desafío implícito en su mirada.
—No lo harías. — su sonrisa torcida le molestó.
—Ponme a prueba.
Dio un paso hacia él con claras intenciones de volver a lanzarlo por los aires, cuando sintió su cuerpo más pesado y todo le dio vueltas.
La oscuridad pronto llegó a ella.
