Disclaimer: Snk pertenece a Hajime Isayama

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Se sentó en el suelo algo cansado. Notaba que sus piernas se endurecían como el cemento. Tal vez se había sobreesforzado con el entrenamiento de aquel día. Pero si él no intentaba combatir, ¿acaso lo harían ellos? Todo el mundo en ese ejército parecía más preocupado por cómo utilizar una especie de pistola con unas lanzas adheridas que había inventado su comandante que por aprender a disparar con un fusil.

Tanteó con cuidado la ligera presteza del arma. Suave, delicada. Creada especificamente para dar miles de muertes honorables. Su diseño parecía tallado por las manos de un artista sobre el acero. Cada centímetro de aquel cañón esculpido con asombrosa paciencia y gratitud. Cuando delineaba el contorno con sus dedos podía sentir que el vello de sus brazos se erizaba.

Viró el arma entre sus manos hasta encontrarse frente a frente con la boca del cañón. Oscura, misteriosa. Solía limpiar aquella abertura a diario. Había desarrollado una extraña manía con aquel fusil que solía cargar consigo cuando debía hacer guardia. Sentía que si una mísera marca de pólvora lo ensuciaba no funcionaría adecuadamente. Su mente comenzó a fantasear con aquella arma entre sus dedos, acariciando el gatillo. Tan sólo un leve movimiento y aquel cañón escupiría un pedazo de metal que podría estampar sobre las cabezas de sus enemigos. Acercó aún más el arma a su rostro, aspirando el aroma del metal bruñido.

- Irás más rápido si quitas el seguro – la voz de una mujer resonó en su espalda. Una puerta se cerró tras ella indicándole que entraba – Aunque somos demasiados pocos como para prescindir de nadie. Así que debo pedirte que no lo hagas.

- Comandante Hanji…... - su presencia le asustó por completo mientras arrojaba el fusil lejos de él. Cabeceó en su dirección intentando averiguar durante cuanto tiempo le había observado.

En ocasiones aquella mujer era sigilosa como una serpiente, y aparecía de repente sin previo aviso. No era la primera vez que sentía que llevaba observandole demasiado rato hasta que ella decidía compartir que le habia visto. Tal vez dándole una orden o simplemente haciendo ruido a propósito. Cuando había demasiado silencio a su alrededor temía estar siendo vigilado por ella, o por el hombre que rondaba siempre a su alrededor.

Suspiró en voz baja y la encaró mientras daba vueltas por la habitación que compartía con sus compañeros. La mayoría de camas estaban desechas, salvo el mismo o Armin, nadie que durmiese allí solía ser cuidadoso con sus pertenencias. Ella pareció sentarse en la cama dónde él dormía cada noche y dio unas palmadas sobre el colchón indicandole que se sentara. No le apetecía tener esa proximidad con ella. Pero no le quedaba más remedio que obedecer.

- Pixis me ha dicho que te dará trabajo mientras estemos fuera. He dejado algunos libros en la sala común. Por si te surge el interés respecto a la utilización de primeros auxilios. – comenzó a hablar. Ellos se irían en unos días, a ver aquel dichoso océano que parecía lo único importante aquellos días – Pero aún puedes venir con nosotros, si no das problemas – finalizó.

- …. No es necesario – comenzó a esquivar su mirada, demasiado intensa y sin guardar las distancias necesarias – Comprendo el castigo.

- Eso no quiere decir que en futuras expediciones no necesite al 100% de mis subordinados – continuó – Si todo va bien, en algún momento puede que tengamos que construir un barco y salir de esta isla. Dentro de una semanas tendremos nuevos miembros. Y vosotros pasaréis a ser sus mentores. Todos entienden esto, ¿lo entiendes tú?

- Sí – no había demasiado que batallar respecto a aquel tema. En algún momento tendría que instruir a otras personas. Eso no era nuevo en el ejército - ¿Tendré mi propio escuadrón algún día?

- Eso no lo decido yo – claudicó su comandante mientras su fría mirada se posaba sobre el suelo – Levi y yo preservamos nuestros puestos porque así lo ha decidido el gobierno. Pero cuando aumenten nuestras filas, todos tendréis el mismo rango. Salvo los que Levi decida que formen parte de su escuadrón personal... - pareció dubitar ante aquello último, como si sus palabras se quedasen en suspensión.

Su capitán, previamente antes de que la totalidad de aquel ejército mermase de manera abismal había decidido que los compañeros con los que entrenaba a diario fuesen su propio escuadrón de ataque. Pero al movilizarse el gobierno, todos entrenaban en conjunto. Posiblemente, cuando nuevos compañeros ocupasen aquellos barracones vacíos, solo Floch quedaría fuera de aquel escuadrón especial que gozaría del respeto del resto. Solamente él. Y tardaría demasiado en alcanzar el reconocimiento que merecía debido a que "no era especial".

Su comandante pareció captar la pesadez que portaba en la mirada mientras le dirigía unas suaves palmadas en su espalda. Intentando reconfortarle. Aquel tipo de gestos maternales, no eran para nada necesarios. En ocasiones, ella parecía olvidar quién debía ser y cómo debía comportarse.

- ¿Hay algo que quieras comentar, Floch? - su voz sonaba demasiado suave y alegre, como si intentase conectar con él. Demasiadas veces había utilizado aquel tono con él y demasiadas veces había intentando forzar una conversación amigable e inútil – Responderé todo aquello de lo que tengas duda.

- ….. - su ego empezó a hervir mientras sentía que ella intentaba forzar una sonrisa. Sabía que cuando decía algo que realmente quería decir acababa siendo golpeado por su eterno guardian o sometido a algún castigo físico. Pero su actitud despreocupada mientras intentaba ser amigable hizo que aquella pregunta saliera de sus labios – Digame, comandante. ¿El capitán Levi es bueno en la cama?

- ¿Cómo? - fue todo lo que pudo articular aquella mujer.

Probablemente aquel tipo de pregunta nunca había salido de manera tan directa de sus labios. Ni con tanta osadía. Pero su cara de desconcierto era un placer para sus ojos. Empezó a ponderar que clase de excusa inventaría para negar aquello que todos los que dormían entre aquellos muros susurraban en voz baja.

- Le pregunté que si el capitán es bueno en la cama – se atrevió a decir lleno de confianza mientras sonreía de lado.

- ¿Para qué quieres saber eso? - pareció extrañamente asombrada. Floch intentó leer sus expresiones, no parecía que intentase disimular - ¿Quieres acostarte con Levi?

- ¿Qué? … Yo no dije que-

- No creo que seas su tipo – la comandante parecía demasiado extrañada y sin embargo no se tomaba las palabras de su subordinado de manera personal - ¿Quieres qué hable con él? Dudo mucho que acceda pero supongo que puede hablar contigo.

- Yo no... - intentó defenderse ante aquel malentendido en el que él había intentado subestimarla.

- ¿Es algún tipo de complejo de Edipo que desarrolláis los chicos adolescentes? Se que es difícil, pero somos vuestros superiores... Sois muy jóvenes y no deberíamos tener ese tipo de contacto con vosotros. ¿Esto tiene que ver con tu obsesión con Erwin? ¿Tenías sentimientos similares con él? ¿O era solamente un amor platónico?

- … - se encontró en shock mientras ella seguía hablando sobre sexualidad y sobre tener ese descubrimiento con alguien apropiado y de su edad – Comandante... yo no he dicho que-

- …. Por otro lado, Levi... Levi es una persona muy compleja, no creo que puedas convencerle de...-

Lo que probablemente fuesen unos minutos le parecieron horas. Ella hablaba y hablaba sobre otras personas u otras maneras en las que él mismo podría explorar sus sexualidad, ya que su capitán seguramente se negaría porque él era demasiado joven. Intentó averiguar en qué momento su tono de voz, totalmente claro había hecho a aquella mujer confundir su ofensa con un ofrecimiento a meterse en la cama de su capitán.

Tal vez fuese una broma y fuese su manera de esquivar una respuesta directa. Cuando le insinuaba aquel tipo de datos a su capitán lo esquivaba y jamás respondía directamente. Creía que ella era lo suficientemente estúpida como para ponerse nerviosa si también le insinuaba aquello. Pero su mente parecía más ágil y continuaba inventándose un amor ficticio hacia su superior.

- Basta, comandante. Me rindo – resopló con resignación – Se que el capitán y usted jamás lo admitirán así que no es necesario continuar con esta farsa.

- ¿Admitir qué?

- …... - se giró extrañado hacia ella, que levantaba una ceja con sorpresa sin entender sus intenciones – El capitán y usted – intentó sonar en tono de mofa – por las noches.... Todos lo sabemos.

- Ah... - como si acabara de enterarse de sus intenciones, Hanji se echó hacia atrás mientras parecía pensar en ello - ¿De qué te sirve eso?

- ¿El qué?

- ¿Para qué quieres que responda a esa pregunta? ¿Es algún tipo de apuesta entre vosotros?

- ¿Qué? No... No es ninguna apuesta – su mirada se tensó mientras se encontraba con la de su superior - ¿Cree que es apropiado pasar las noches con las piernas abiertas con el capitán entre ellas cuando podemos ser atacados en cualquier momento? ¿No dijo que respondería a cualquiera de mis preguntas? ¡Pues responda! - notó la rudeza en su voz. Pero necesitaba desfogar aquel sentimiento que reprimía desde hacía demasiados meses.

Ella le miró sin expresión mientras parecía asimilar su última pregunta. Se rascó la cabeza mientras parecía recapacitar acerca de algo. Pasaron unos segundos hasta que ella pareció ganar confianza y cerró el paso de huida de su subordinado mientras sujetaba sus hombros.

- Supongo que sí – claudicó mientras alzaba su vista hacia el techo.

- …. - sus ojos se abrieron con asombro. ¿Realmente ella creía que era apropiado tener un affair con uno de sus subordinados?

- Realmente no puedo comparar – continuó – Se que ahora es bastante común experimentar con distintas personas. Pero cuando yo lo hice no tenía demasiado interés. A día de hoy tampoco lo comprendo realmente. Entiendo que tengáis obsesión con ello. Pero hay otras cosas que despiertan más mi interés.

- …... - Floch continuaba incrédulo. Cómo si ella estuviese hablando de algo que escapaba a su comprensión – No entiendo lo que me estás diciendo.

- He respondido a tu primera pregunta.

Hizo algo de memoria a cómo había empezado aquella conversación.

- ¿Entonces admite que el capitán y usted tienen una relación?

- No – su voz sonó directa. Pareció mesarse la barbilla mientras parecía resolver una ecuación mental – No estoy muy segura a que tipo de relación te refieres, pero Levi y yo sólo somos amig-

- Yo les he oído. Demasiadas noches. Susurros en voz baja... Gemidos...

- Floch, creo que tienes demasiada imaginación. Tal vez deberías hablar estas cosas con Levi. Mi adolescencia fue muy diferente a la vuestra. Mis hormonas no estaban tan alteradas.

- Mis hormonas no están alteradas, comandante. Se perfectamente que ha habido varias noches que se ha acostado con el capitán.

- Acostarse … - volvió a mesarse la barbilla como si recordase algo – Ahora entiendo.

Mientras se levantaba notó que agarraba su camisa obligándole a levantarse con él. Casi sin darse cuenta las puntas de sus pies no rozaban el suelo mientras ella le levantaba y le aplastaba contra la pared. Pareció recorrerle de arriba a abajo mientras continuaba callada.

- Puedo darte todos los detalles que quieras, Floch. Si eso es lo que deseas. Si con ello consigo que abandones esta actitud desafiante no me importa ser yo quién te instruya en esto y te de todos los detalles que necesites – su agarre se volvió mas duro mientras notaba que la luz desaparecia de su único ojo, que continuaba fijado en el asustado chico – Tamaño, duración. ¿Es eso lo que quieres? - su voz sonaba tranquila. Sin gritar. El chico temblaba ante esa actitud desconocida en la mujer – Pero, ¿qué haras luego? ¿De qué te sirve saber la frecuencia con que yo decida hacer aquello que tú haces cada noche? ¿Debo interpretar esto como algún tipo de rebelión personal?

- Yo...no...

Sus pies se elevaron varios centímetros más. A pesar de lo que pudiese parecer, ella tenía más fuerza de la que pensaba.

- He vivido demasiados años entre estas paredes para saber que, en ocasiones, la gente necesita contacto humano. El mismo que tú buscas en el centro de la ciudad – sus puños agarraron el cuello con más fuerza, rompiendo la sujección del primer botón. - Llevo un año ignorando esas escapadas. Por que no me importa, siempre y cuando comprendas lo que significan las órdenes. Como hacían aquellos compañeros tuyos que murieron un año atrás.

- Yo acato... todas las órdenes... Soy... un soldado... modelo.

- Entonces deja de juzgarme. Si tienes algún tipo de problema personal, estaré abierta a hablarlo. Tarde o temprano comprenderás que prejuzgar a la gente solo implica ser derrotado antes de entrar siquiera en batalla.

- Los... sentimientos... nos hacen …. débiles... - escupió sin apenas respiración tras ese ahogamiento al que se veía forzado.

- Puedes tener la apreciación que quieras respecto a esto, Floch – el agarre se volvió más flojo dejando que el chico cayese de bruces al suelo – Pero si no tienes sentimientos, ¿qué te hará diferente de los titanes que hemos combatido por más de cien años?

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Aquel dia el cielo estaba inusualmente despejado. Mirase a donde mirase apenas un par de nubes casi imperceptibles adornaban la extensión azul que coronaba sus cabezas. La brisa corría perezosa sin apenas molestar a sus cabellos que solo eran despeinados por la velocidad a la que se dirigían a su objetivo.

Notaba que las riendas ardían bajo sus manos. Tal vez iba demasiado rápido porque escuchaba con demasiada lejanía los trotes de los caballos de sus compañeros. ¿Qué era aquella ansiedad? ¿Por qué sentía tanta necesidad de llegar a aquel extremo de la isla? Comenzó a temblar mientras sujetaba las riendas y daba unos ligeros golpes a su montura para disminuir la velocidad. Los audibles sonidos de sus compañeros se acercaron a él.

Se viró hacia su izquierda dónde una voz conocida le llamaba.

- Eren, no te salgas de la maldita formación – su capitán le miró inexpresivamente mientras buscaba a la comandante que había bajado de su caballo y se acercaba hacia un árbol cercano - ¿Qué se supone que haces, Hanji?

La mujer ignoró sus indicaciones mientras continuaba andando en la dirección que había llamado su atención. Eren bajó de su caballo siguiendo sus pasos. Algo en aquella zona había despertado su instinto. Cómo si un olor o una sensación se apoderase de sus instintos y le llamase con un sonido apenas audible para nadie más salvo para él mismo. Jamás había estado en aquella zona, pero, sin embargo, le resultaba aterradoramente similar.

Hanji se arrodilló sobre la tierra y con sumo cuidado acarició el suelo mientras delimitaba una extraña línea blanquecina que asomaba débilmente. Con las yemas de sus dedos intentó disipar algo más del polvo acumulado y tierra. La línea blanquecina creció y comenzó a entrever de que se trataba. Un esqueleto humano, prácticamente enterrado.

- Los sedimentos se acumularon muy deprisa – comenzó a explicar mientras seguía desenterrando aquellos huesos – Si en esta zona hay bastante viento, no costaría que acabara aquí enterrado. Eso implica que no hay montañas cerca para parar el viento, así que deberíamos estar cerca de la costa.

- ¿Sabe quién era? - Armin se acercó curioso tocando los huesos de las falanges, intentando conectar con la persona que yacía muerta y descompuesta. Ninguna imagen residual, nada. Una mera desconocida.

- Puede que fuera un ciudadano eldiano arrojado hasta aquí y traido del guetto de Marley – viró su vista mientras analizaba la erosión del viento sobre los huesos – Este esqueleto tiene más de 70 años.

- ¿Fue convertida al mismo tiempo que Ymir? - resonó Eren mientras hacía lo mismo que su viejo amigo. Nada. Aquel contacto no generaba ninguna visión.

- Eren... En las visiones que me comentaste, uno de los soldados. El que le cedió el poder a tu padre, traicionó a su compañero y lo pateó fuera de aquel muro para ser devorado, ¿cierto?

- S-sí.

- ¿Hay alguna prueba de que eso fuese una práctica habitual entre los soldados? Soltar a ciudadanos indefensos y observar cómo eran devorados por sus familiares y amigos...

- ….. - el chico bajó los ojos como si algún tipo de visión atacase sus sentidos. Aquello parecía haber dado en lo cierto - ¿Le devoraron?

- No – finalizó mientras acariciaba sus costillas – Era una mujer. De unos 25 años. Era bastante atlética, intentó huir hacia las murallas, y lo hubiera conseguido. Probablemente los titanes a su alrededor la ignoraron.

- ¿Cómo murió?

- Le dispararon en la pierna – sus dedos se dirigieron a su fémur mostrando la bala aún clavada – Ella se desangró poco a poco mientras se arrastraba hasta este árbol. No tiene ninguna herida más.

- Una herida en la pierna parece demasiado leve para morir desangrada – añadió Connie mientras examinaba el cadáver - ¿Murió de inanición?

- Sí – no había ningún signo de que hubiese intentado volver a moverse. - Había demasiados titanes. O moría devorada o siendo disparada de nuevo. Supongo que esperó pacientemente hasta que murió dormida.

Todos los presente continuaron observando a su vieja compatriota en descomposición sobre el suelo. Mikasa se sentó junto a su comandante y colocó una pequeña manta sobre el cadáver. Tapando de nuevo a aquella vieja amiga que había intentado oponerse al gobierno que los había dejado allí encerrados.

La brisa salada les indicaba que estaban cerca, el galope de sus caballos se intensificó mientras la línea del horizonte se volvía cada vez más pequeña. Una franja blanquecina se atisbaba con exactitud. Un muro de piedra de varios metros de altura desde dónde arrojaban a los ciudadanos eldianos. Una sensación húmeda golpeaba sus rostros. El paso comenzó a disminuirse cuando llegaron a lo que parecía un precipicio. Montada desde la comodidad de su caballo, por primera vez en su vida pudo ver aquella gran masa de agua salada.

Sentía que su ojo perpetuamente dormido reaccionaba a aquella nueva experiencia. El horizonte se perdía bañado por aquella imagen azulada que ondeaba con tranquilidad. Todo era cierto. Cientos y cientos de toneladas de agua les mantenían encerrados en aquella isla. Y ahora por fin podía tocar aquella sustancia transparente al mismo tiempo tan parecida y tan distinta de la que había llegado a ver dentro de aquellas murallas.

Una de sus subordinadas bajó con efusiva alegría de su caballo y comenzaba a quitarse su chaqueta y sus botas dejándolas tiradas sobre un nuevo tipo de tierra jamás tocada en su vida. En algunos libros lo había podido leer. Lo llamaban arena.

- Sasha, espera órdenes – increpó su capitán.

Ignorando estas palabras, se vio a si misma bajando de su propio caballo y continuando las acciones que ella misma realizaba. Comenzó a dejar sus pies descalzos dejando que se hundiesen en aquel extraño suelo que se moldeaba como si fuese una almohada. Y al mismo tiempo desvaneciéndose entre sus dedos. ¿Aquello era real? Giraba su cabeza de un lado a otro mientras intentaba comprender mediante aquel tacto si el agua que estaba viendo era real o fantasía. Sasha llegó a la orilla y comenzó a oler la superficie. Finos ríos transparentes mojaban sus desnudas piernas.

No era peligroso. Era simple agua. Podía oler la sal desde su posición. Aquello era tan irreal. No sabía en que momento había comenzado a moverse pero podía notar la humedad en las plantas de sus pies. Era una sensación fría. Mucho más que la que obtenía cuando realizaba prácticas de natación en la milicia en aquellos ríos interiores.

Se volvió hacia atrás, dónde sus subordinados habían bajado de sus caballos y observaban a su compañera tocar el agua con pura inocencia. Podía ver la ansiedad en sus miradas. Todos ellos deseaban poder unirse a ella. Asentió ligeramente por la cabeza, y todos ellos corrieron a reunirse con ella mientras dejaban sus botas y parte de sus uniformes en el suelo. Solo una persona no se unió y comenzó a atar los caballos que habían sido abandonados por aquella nueva experiencia que parecía más interesante que guardar sus uniformes y botas en un sitio adecuado.

Levi permaneció impasible observando a todos los adolescentes, uno a uno comprobando que aquel agua era imposible de beber. Pero sólo una figura llamaba su atención. Alguien que seguía asombrada de que aquella vasta extensión bañase gran parte del mundo dónde vivían. Se agachó dejando que sus manos recolectasen algo que había bajo aquella transparente pátina.

- Cuidado, Hanji. Podría ser venenoso – inquirió sabiendo que le ignoraría y su curiosidad sería más fuerte que su capacidad para detectar el peligro.

Pero ella permanecía impasible mientras sus dedos tocaban aquella sustancia pegajosa y alargada que posiblemente sería algún tipo de criatura marina totalmente desconocida. Notó que ella se giró levemente hacia uno de los chicos que no parecía unirse al resto de sus compañeros y permanecía inerte mirando al horizonte. Todos aquellos muchachos parecían entretenerse con aquel nuevo descubrimiento mientras empapaban sus propias ropas. Pero sólo él permanecía callado señalando al horizonte y murmurando algo sobre la libertad. Suspiró en voz baja y continuó clavando la mirada en aquella mujer que continuaba examinando aquella extraña masa falsiforme. Bajo el reflejo que creaba aquella agua transparente y limpia, obtenía un aura que hacía demasiados años que no veía. La esperanza.

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- Hanji-san... - se acercó con cuidado intentando no distraer a su comandante que aún continuaba sentada en la arena haciendo anotaciones después de tantas horas.

- Dime Armin – murmuró sin levantar la vista de sus anotaciones.

- Jean está preparando la cena. El capitán me ha pedido que te pregunte que hacemos con las tiendas que trajimos de Trost.

- Ah... - pareció recordar por un instante que en algún momento deberían descansar – Montadlas.

- Sí, si, claro... Pero... Nos preguntábamos por la ocupación de ellas. Sólo hay 4 – siendo ocho personas los que dormirían allí - ¿Cómo debemos distribuirnos? ¿Dónde va a dormir, Hanji-san?

- Ummm – esquivó unos instantes la pregunta mientras continuaba escribiendo afanosamente en aquel papel – No me importa. Preguntadle a Levi. Que él decida.

- ¿Qué hay de las guardias?

- Ah... - abandonó sus papeles por unos momentos encontrandose con los ojos de su subordinado que parecía impaciente. A lo lejos podía observar cómo todos miraban con atención pugnando por órdenes – Realmente... Lo dejo a vuestra elección. Levi y yo haremos la primera y la última guardia – así podréis descansar más, pensó para sí misma.

- Con respecto a la cena... - el chico parecía nervioso. Cómo si aquel viejo compañero que miraba furiosamente en su dirección le hubiese encomiado la tarea de traerla a aquel fuego improvisado junto al resto y dejar de realizar anotaciones y descansar.

- ¿Cena? - se extrañó y levantó la vista para dirigirla hacia el mar que se abría ante ella. La luz de los candiles que traían los chicos era la única iluminación en aquellos momentos. Había anochecido. Y hacía varias horas de ello.

Se giró hacia atrás comprobando de nuevo la actitud de aquella persona que le miraba con los brazos cruzados. Si se demoraba un minuto más, sería él quién la llevaría a rastras hasta allí.

- Dame 10 minutos, Armin.

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Hora y media más tarde, alcanzó aquel pequeño fuego mientras miraba alrededor. Tal y cómo había ordenado. El sitio donde descansarían sus subordinados se encontraba perfectamente montado. El chico más alto de todos ellos comenazaba servir la comida en cuencos de madera. Le resultó extraño que una de las tiendas se encontrase paradójicamente más apartada que el resto. Aunque posiblemente fuera sólo por la inestabilidad y pendiente del terreno.

Mientras se sentaba en el suelo junto a Mikasa, notó que todos ellos habían trabajado mientras ella escribía ecuaciones respecto a la solubilidad del océano. Con algo de aprensión, se levantó de su asiento y comenzó a ayudar a su subordinado a servir a sus compañeros.

- Me alegro mucho de que estemos aquí todos – comenzó a decir con determinación – Supongo que esto es el comienzo de un nuevo tipo de táctica. No solamente defensiva cómo hasta ahora, sino ofensiva.

- Hanji-san, ¿cuando podremos salir a pescar? Puedo fabricar cañas de pescar...- inquirió Sasha mientras miraba el plato con varias plantas encontradas por la zona.

- Me siento muy orgullosa de que hayamos llegado hasta aquí – ignoró la pregunta de la chica que continuaba engullendo su plato con lástima – Hace años que me uní a la legión y nunca pensé que podria llegar a vivir ese momento. Gracias.

- Hanji-san, ¿qué haremos a partir de ahora? - increpó Eren entre el repicar de las brasas del fuego.

- Montaremos una base cerca para poder observar cuando se acerquen barcos. Por lo que hemos visto, solo hemos encontrado un titán que seguramente haría meses que fue traído hasta aquí. Posiblemente en unas semanas manden algún tipo de flota para observar si hemos salido de las murallas o no – levantó las gafas con cuidado hasta ponerlas sobre su frente – Entonces podremos tener por fin la ventaja de sorprender a nuestros... enemigos – dubitó al decir la última palabra.

- Enemigos... - Eren bajó la vista mientras las comisuras de sus labios se alzaban.

Aquel silencio solo era interrumpido por el golpeteo constante de las olas del mar contra las rocas erosionadas de la bahía. Si permanecían atentos, tal vez pudiesen llegar a imaginar que pasaba por la mente de cada uno de aquellos chicos. Y al mismo tiempo, no.

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Un leve golpe en el hombro le indicó que la noche había llegado a su punto álgido y debía ser relevada de la guardia. Connie comenzaba a tomar asiento a su lado para relevarle. Pasar horas despierta mientras vigilaba el horizonte parecía agotador. Pero para ella, el silencio era suficiente para continuar haciendo trabajar a su cerebro. No sabía cuantas horas había permanecido sentada en aquel muro sujetando aquel rifle contra su hombro. Levi la miró desde el otro extremo. Hanji asintió y le traspasó el arma a uno de sus subordinados. Dentro de unas horas volvería a aquel muro. Y no podría protegerlos si no tenía energía suficiente.

Dubitó unos momentos mientras observaba todas las tiendas montadas sin estar segura dónde debía dormir. Levi sujetó su mano y la guió hasta la que se encontraba más alejada.

- No deberías utilizar tu posición para que siempre te den el mejor asiento, Levi – murmuró comprendiendo la situación.

- Ninguno de los mocosos quería compartir tienda ni contigo ni conmigo – increpó desafiante – Decidieron que preferían tenernos lejos y lo montaron ellos solos. Yo no les he dicho nada.

- ¿Y para qué nos quieren tener lejos?

- Son mocosos, Hanji. Sasha y Connie no querrán que oigamos como intentan asaltar parte de las provisiones en mitad de la noche. Jean y Armin posiblemente estén jugando a las cartas. Eren estará jugando a alguna estupidez también. Y Mikasa suele escaparse para comprobar que el mocoso de Eren sigue vivo.

- Vale, vale. Me queda claro. Nos destierran nuestros propios soldados por ser los más viejos...

Rió en voz baja mientras se introducía en la tienda. Necesitaba dormir pero necesitaba aún más encontrar respuesta a todas las preguntas que hacía su cabeza. ¿Realmente atacarían unas semanas cómo había deducido? Tan sólo había explorado los sedimentos de la bahía y acotado la frecuencia con que eran traídos ciudadanos eldianos y convertidos en titanes. Restando el tiempo para recuperarse de su primera batalla y mientras resolvían otro tipo de conflictos.

Se frotó las sienes dejando que sus cabellos se enredasen en su pelo. Tal vez debería revisar sus cálculos de nuevo para cerciorarse. Notó algo de frío en sus pies de repente. Levantó su vista encontrándose con la de su compañero que le había quitado las botas y comenzaba a desabrocharle la camisa.

- Levi, será peligroso dormir sin los uniformes. Tendremos que utilizar el equipo si tenemos que combatir. Mis cálculos podrían ser erróneos.

- Hanji... - esquivó su mirada y la bajó como si estuviese pensando en otra cosa – Ya ha pasado un año y cuatro meses.

- ¿Un año y cuatro meses? - comentó extrañada.

- Sí... - se tumbó sobre ella mientras apoyaba la cabeza sobre su pecho. Hanji comenzó a acariciarle el cabello de su nuca – Un año... y cuatro meses.

- Ah... - pareció recordar – Sabes que no era un buen momento. Y ahora tampoco lo es. Los chicos duermen a varios metros de aquí.

- Los mocosos nos han dado privacidad, Hanji. Entiende su indirecta. No quieren oírnos.

- Hace unos días hablé con Floch – Levi parecía especialmente irritado cuando oía pronunciar su nombre – Cree que lo hacemos prácticamente a diario.

- …... ¿Te ha faltado al respeto?

- Es un crío, Levi. No me importa que crea que lo que oye por las noches es mi apasionante vida sexual. Probablemente todos los críos que tenemos durmiendo en sus tiendas piensen lo mismo y por eso han decidido que no quieren dormir con nosotros.

- ¿Le has contado la verdad?

- Por supuesto que no.

La verdad. Mientras su subordinados pensaban que tenían un tórrido romance entre las sábanas de su cama, la verdad era más lejana de lo que podían llegar a atisbar. Pesadillas. Aquella venda enrojecida y llena de sangre que reabría su herida continuamente. Remembranzas de viejos tiempos en los que sólo podía agonizar al saber que jamás volvería a vivir aquellos momentos. Personas con las que jamás podría volver a hablar. Despedidas y más despedidas. Y sus gritos de dolor solo podían ser callados mientras hundía su cabeza con fuerza en el pecho de su viejo amigo mientras se abrazaba con fuerza hasta quedar dormida.

- Comienza a preocuparme que no tengan demasiada experiencia en el ámbito sexual. Están creciendo y dentro de poco comenzarán a experimentar. Tal vez deberíamos hablar con ellos.

- Deja a los mocosos en paz, Hanji – continuó desabrochando su camisa aprovechando la distracción.

- ¡Pero, Levi! Es necesario que reciban la educación que necesitan.

- Que se lo enseñen sus malditos padres.

- La mayoría de nuestros subordinados son huérfanos, Levi.

- …..

- Piensa en cómo supiste tú de estas cosas. ¿No desearías haber aprendido de otra manera?

- Yo aprendí de la misma manera que tú. ¿Acaso tienes alguna queja?

- ¿Tú también estás pasando una fase cómo Floch y Eren? - argumentó mientras volvía a abotonarse la camisa desabrochada.

- Yo no soy un mocoso.

- A veces lo pareces.

Sostuvo su mirada unos segundos mientras accedía a que el continuase la práctica que llevaba haciend los últimos minutos. Parecía cansado y ansioso. Tal vez había demasiado tiempo sin tener mayor contacto que el de empapar su camisa mientras lloraba en su pecho aquellas noches.

- Dime, Levi – susurró mientras sus pantalones desaparecían de sus piernas - ¿Crees que los sentimientos nos hacen débiles?

- Prefiero morir sintiendo algo a estar vivo siendo un maldito trozo de hierro afilado.

- Yo también pienso igual. No quiero permanecer viva para ser tan sólo una simple espada.

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La luz del perezoso amanecer acariciaba sus retinas cansadas. Sus párpados pesaban demasiado en aquellas últimas horas de guardia. Notaba sus propios cabeceos debido al dolor en su cuello. Bostezó en voz alta visualizando a su compañera. Mikasa nunca parecía cansada. Tal vez algo ajena o inexpresiva. Pero no mostraba tan fácilmente su cansancio. Ella le devolvió la mirada mientras acercaba la escopeta a su pecho.

- Creo que es la hora del relevo... - giró su cara hacia el horizonte – Avisaré a la comandante.

Mientras sus pies recorrían el trayecto hacia la tienda más apartada podía oír los cada vez más audibles bostezos de Jean. Quién parecía necesitar desesperadamente aquellas últimas horas de sueño. Aún era demasiado temprano para enlistarse por la mañana. No podrían realizar un reconocimiento óptimo del terreno con apenas unos rayos de sol arañando el terreno blando en el que se encontraba.

Antes de abrir la tienda se giró por instinto hacia una de las que ocupaba su viejo amigo Eren. Como si una especie de reflejo le indicase que él se encontraba bien, suspiró y comenzó a abrir la lona que les permitía dormir.

- Buenos días, comand- antes de que pudiera acabar su frase, parpadeó con sorpresa.

Algo rozaba sus pies y le impedía avanzar. Dos montañas de ropa apiladas frente a ella en perfecto orden. Poco a poco levantó su vista observando que los pies de su comandante sobresalían de un estrecho pedazo de tela dispuesto como manta.

Ella yacía dormida y ausente tumbada de espaldas y su brazo rodeaba a su capitán. Su pelo estaba enmarañado ocultando su cara. Pero su respiración le indicaba que no se había despertado. Al contrario que la persona a quién abrazaba en sueños. Levi la miró con indiferencia y levantó un dedo colocándolo delante de su boca indicándole que guardase silencio. La chica retrocedió algo confusa sin comprender nada.

Su ropa estaba allí amontonada. Tan sólo veía la espalda de su comandante y parte de los pies de esta, pero podía intuir que todas las prendas que estaban allí eran todas las que usualmente la cubrían y que bajo aquella manta no llevaba nada puesto. No parecía estar en absoluto incómoda durmiendo desnuda. Tampoco lo parecía él.

Volvió a cruzar la vista con él. No sabía si debía volver a hablar o seguir acatando la orden de permanecer callada. Levi volvió a levantar una mano a través de la manta. 2 minutos, indicó levantando los dedos.

Mikasa abandonó su posición reencontrándose con Jean que fingía permanecer despierto mientras oía sus pisadas de vuelta.

- ¿Y la comandante? - inquirió el chico mirando a su alrededor.

- Tu comandante lleva más de una semana sin dormir para preparar esta expedición – bramó la voz de aquel pequeño hombre – Puedo hacer la última guardia sólo. Iros a dormir.

- S-sí, capitán – asintió el chico con desesperación por volver a cerrar los ojos.

Se sentó sobre el muro de piedra comprobando que el chico acudía ansioso para recabar un par de las últimas horas de sueño.

- He dicho que os vayáis a dormir – susurró a la figura de su subordinada que permanecía impasible a sus espaldas.

- No necesito dormir tantas horas como ellos – inquirió la chica tomando asiento a su lado. - Y desde aquí puedo ver mejor la tienda donde duermen Eren y Armin

- …...

Notaba que el sol comenzaba a elevarse más a cada minuto que pasaban, el reflejo sobre el océano que se encontraba delante de ellos era aterrador. Le arrebataba su capacidad de visión de una manera terriblemente bella. Como si de un espejismo se tratara. Probablemente Hanji hubiese querido ver aquel fenómeno óptico. Pero había decidido en su lugar que durmiera lo que necesitaba.

Escoró ligeramente la vista hacia la chica que permanecía callada mirando hacia el mismo espectáculo visual que él. No parecía en absoluto sorprendida por aquello. Ni tan siquiera parecía reflexionar acerca de lo que había podido deducir tras ver la manera en que ellos dos habían decidido descansar aquella noche.

- ¿No deseas saber nada? - inquirió con algo de curiosidad. Demasiado silencio.

- …. - ella bajó la vista de nuevo y se giró hacia él encarándole – No me interesa lo que tú o la comandante hagáis en vuestro tiempo libre. Mientras Eren y Armin estén a salvo...

- Tché. La razón de que ella no haya dormido esta maldita semana ha sido el maldito Eren. El gobierno no quería que ni él ni Armin saliesen con nosotros. Temían que pudieramos recibir un ataque inesperado y que los secuestraran y nos arrebataran nuestras más queridas armas.

- La comandante no nos dijo nada de eso.

- Ella prefiere guardar silencio sobre esas órdenes hasta que no le queda más remedio que acatarlas.

- ¿Cómo consiguió que ellos pudieran venir?

- Les habló de nosequé del plano meteorológico. Algo relacionado con corrientes de aire frío y caliente y la dirección de dónde venían. Si Marley realmente existía no podría llegar hasta aquí porque un tifón se acercaba a nuestra maldita isla y acabaría allí. Bajo ese temporal es demasiado arriesgado navegar.

- Entiendo...

En ocasiones, aquella mujer era espectacular. Podía deducir antes que cualquier otro lo que ocurriría bajo un plan de ataque enemigo. Realmente podía empatizar con su situación y anteponerse a ellos. ¿La dirección del viento y unas meras gotas que bañaban su nariz? Nada más que eso había necesitado para comprobar que una tormenta impediría que sus barcos zarpasen.

- Capitán... - interrumpió los pensamientos del pequeño hombre que parecía querer en silencio - ¿Ella ha averiguado algo más sobre nosotros?

- …... - sus manos sostuvieron su arman con mayor cuidado, como si no quisiera que se cayese al suelo – Nada relevante. Pero tal vez sea mejor así.

- ¿Por qué?

- Ni yo mismo sé lo que implica tener este apellido. Tal vez podamos acabar tranquilamente nuestros días o tal vez tengamos que vernos forzados a acatar órdenes contra nuestra voluntad.

- ¿Órdenes?

- ¿Alguna vez has sentido que tenías un lapso de memoria? No se, cómo si de repente no recordaras las últimas horas o minutos.

- Puede ser...

- Incluso que sientas que debes hacer algo que en el fondo no quieres hacer. Cómo si algo te lo ordenase.

- ¿Qué significa eso, capitán?

- No lo sé. Pero si tú también lo has sentido, es que el poder que conlleva pertenecer a este clan también conlleva desventajas.

- ¿La comandante le ha hablado de esto a ellos?

- No le interesa. Si descubren que hay alguna manera de controlarnos y obligarnos a ser máquinas de matar... - esquivó la mirada de la chica evadiendo la dureza de su palabras – Y te convertirían en un animal que sólo tendría que procrear y procrear todo el maldito día.

- ¿Me obligarían a reproducirme con quién les de la gana?

- Un ejército de mocosos con tu cara y tus habilidades. Para ellos sólo son ventajas. Pero de momento Hanji no les ha dado ningún dato para que puedan tomar la decisión de meterte en una jaula de cría.

- ¿Y qué hay de tí? ¿No quieren un ejército de pequeños soldados de tu parte?

- Eso ya fue discutido hace meses... - sujetó el rifle con fuerza y apuntó hacia el horizonte cómo si pudiese dibujar sobre él a aquellas personas que había conocido tiempo atrás. - Tú eres una mujer. No saben nada acerca de que tipo de pulsiones podría generar que te dejarán preñada. Pero yo "era fácil".

- ¿Y bien?

- Me negué a acostarme con cada una de las candidatas a ser las madres de mis hijos para ser carnaza en batalla.

- No creo que Zackley se conformase con un no.

- Hanji consideró que todas las candidatas eran demasiado jóvenes de ser necesaria tomar esa acción de descendencia para crear mocosos sujetando rifles antes de poder tenerse en pie. Zackley se cabreó y nos amenazó con que esa orden sería dada tarde o temprano y que necesitaría que el gen Ackerman no se extinguiese.

- ¿Por qué me cuentas esto, capitán?

- Te lo he dicho antes. Nos ven cómo a ganado. No les importa las implicaciones morales, si de ello pueden obtener beneficios cómo un ejército de soldados invencibles. Ni edad, ni cercanía... Nada.

- ¿Yo estaba incluida en esa lista de candidatas?

- No lo recuerdo – mintió – Todas eran un puñado de mocosas. Nada relevante. Simples crías que apenas habían vivido su vida. Nadie quiere ser obligado a ser padre de la manera en que no desea.

- Hanji-san me protegió, ¿cierto? Por eso aquello que averigua sobre nuestro clan no lo comenta a nadie más.

- Si sólo eso fuera suficiente, habríamos venido a este maldito océano muchas semanas antes. No puedes jugar en el mundo de los adultos si no sabes jugar sus cartas.

- ¿Qué quieres decir?

- Grábate esto bien en la cabeza para que no se te olvide, mocosa. Delante de mí pusieron un papel con más de veinte nombre de crías que apenas habían empezado a desarrollar. Si el ejército me obliga tendría que tener más de veinte hijos para que pudiesen formar un batallón. Y ella asumió toda la responsabilidad si era necesario.

- Ella se...

- Hanji se ofreció voluntaria...- Mikasa pareció sorprendida mientras entendía lo que suponía aquello – Destrozar su cuerpo de soldado una y otra vez, para proteger a más de veinte crías que ni siquiera sabían que estaban en aquel papel. Metete bien esta información en tu cabeza antes de hacer ningún tipo de argumentación negativa contra ella.

- Debo suponer que con ella no te has negado a tener relaciones – murmuró recordando la imagen vivída en la mañana.

- Nadie quiere ser obligado a tener hijos sin su consentimiento. No de esta manera.

Arrepentida bajó su cabeza. Tal vez pudiese dar por hecho que ambos podrían cumplir el objetivo que muchas parejas desearan. Pero ser forzados contra su voluntad a ello, era algo terrible. Si esa orden llegara a acatarse, su comandante tendría que abandonar su propio puesto. Aquel laboratorio que le apasionaba. Su auténtica vida. Para convertirse en algo similar a los animales que había visto en granjas. Y todo ello para proteger a un montón de chicas que ni tan siquiera conocía.

- Creía que la comandante tendría mejor gusto en hombres – hizo un gesto indicando algo relativo a su estatura cómo si intentase relajar el ambiente con una broma.

- Tché. Eso nunca ha supuesto un problema para ella.

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Creo que hace bastante tiempo que actualicé por última vez y eso me ha permitido trabajar mejor en lo que quería que sucediera en el capítulo.

Si habéis leído alguna historia anterior mía, sabréis que dejé de escribir lemon en mi historia principal, pero solía escribirlos aparte. Así que si queréis que relate lo sucedido después de aquella noche. Dejadmelo saber mediante vuestros comentarios.

Un saludo, ¡nos leemos!