Perdonad por la demora. Me he centrado un poco en intentar escribir otra historia que hacía tiempo que quería escribir. Si buscáis en mi perfil, se llama Desiciones y arrepentimientos. Echadle un vistazo y decirme que tal, si os gusta dejad un comentario que lo leeré encantada.

Espero que disfrutéis la historia.

Disclaimer: snk pertenece a Hajime Isayama.

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Abotonar aquella camisa era un trabajo demasiado arduo desde primera hora de la mañana, notaba que sus cansados dedos apenas eran capaces de encajar cada botón en el agujero correcto. Cabeceó intentando despejarse. Tenía que recibir a los soldados nuevos que llegarían en unas horas. Nuevas instrucciones.

Apenas llevaban dos semanas allí y ya habían detectado cambios en los movimientos de la marea. El clima había cambiado, y sería enviado algún grupo de expedición a Paradis. Marley prepararía otro ataque. Tal y como había previsto. Mientras se colocaba su parche comenzó a meditar acerca de dónde ubicar su nuevo territorio de vigía. Tal vez si el campamento base se encontrase a varios kilómetros podrían vigilar desde alguna montaña cercana, serían impercibibles debido a la maleza que allí frecuentaba.

Necesitaba designar un escuadrón para la vigilancia y otro para prepararse en caso de sufrir un ataque.

- Levi, ¿sabes si Eren ha mejorado en las prácticas que le asigné?

- El mocoso puede aguantar unos tres o cuatro minutos bajo el agua – respondió mientras abrochaba su pantalón.

- ¿Qué hay de la transformación en el agua?

- Efectiva.

- Tal vez deberíamos hacer otra prueba... Creo que tengo que volver a discutir con Armin los cambios lunares y cómo afectan en los movimientos de la marea... Tal vez debería coger un caballo y hablar con Zackley, ¿tendremos suficientes soldados?

- Hanji... - notaba que estaba nerviosa, se acerco lentamente mientras alzaba su mano hacia su cara, intentado calmarla con una suave caricia – Tus cálculos son malditamente correctos. Solo necesitamos más soldados para no caer ante otro ataque.

- ¡Pero podría haberme equivocado, Levi! - posó sus frías manos sobre su desnudo pecho mientras notaba que su peso se hundía con cada duda que le asaltaba - ¿¡Y si deciden volver utilizando a portadores de titanes!? ¿¡Qué pasa si tienen algún tipo de arma que no podemos contrarestar!? Sólo nos van a enviar 50 soldados, ¡50! ¿¡y si no son suficientes!?

- Hanji, calmate – su otra mano recorrió el sentido de la primera sujetando su rostro y acercándolo hacia él – Confiamos en tí. Confío en tí.

- …...

No sabía porqué, pero el sólo hecho de escuchar su voz cuando notaba demasiado impaciencia era capaz de calmarla. En algún punto de su pasado, aquel vínculo que aún compartían era suficiente para que su objetivo no cesase y continuase adelante. Dejó que su peso se postrara en el suelo mientras se sentaba sobre sus rodillas.

Se sentía cansada. Aquel último año había sido demasiado duro. En algún momento, Erwin había decidido depositar todo aquel peso sobre sus hombros. Y sólo podía contar con que su cerebro no se parase y continuase en funcionamiento. Necesitaba que aquella máquina continuase trabajando, resumiendo cálculos y siendo consciente de todas las posibilidades para poder anticiparse a sus enemigos. Los pocos datos que poseían de su modus operandi se resumían en varias visiones de dos de sus soldados. Nada más. Necesitaba más conocimiento. Más.

Unos brazos se cernieron en su cabeza permitiéndole reposar su cabeza sobre el hombro de la única persona que permanecía allí con ella. Tal vez la persona con quién había sido más egoísta, designandole siempre a su lado. Le necesitaba. A través de los años que le había conocido, había desarrollado una estrecha amistad. Tal vez menos convencional que lo que otros considerarían amistad. Pero nunca habían necesitado ponerle un nombre a aquel vínculo que ambos poseían.

- Lo siento, Levi... - susurró mientras se aferraba a su espalda – Hasta que tengamos datos y podamos estar seguros de que podemos resistir un ataque, no podrás dormir conmigo. Necesito que concentrarme. La vida de todos esos soldados depende de mí. Y de todos los aldeanos.

- …... - se aferró con más fuerza mientras suspiraba con resignación – Aguanté más de un año. Puedo aguantar un par de semanas.

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Con presteza tensó el cable de su arco, suave, sin dañar sus dedos, efectivo. Apenas lo había utilizado desde que acabó aquella gran batalla, pero seguía siendo su arma favorita. Sin duda, cualquier arma que implicase largo alcance en sus manos se convertía en una potencial arma destructiva, pero aquel gastado arco era el mejor.

Aún había luz, era su turno de vigía. Su comandante y capitán permanecían a su espalda, debatiendo algo en silencio. Apenas oía susurros que eran solo acallados por los sonidos de su estómago. Era el cuarto día desde la nueva formación. Ellos dos permanecían impasibles en la zona de vigía sin movilizarse. Siempre atentos. Ni siquiera podía pensar en cazar algún conejo de las decenas que había en aquella mínuscula aborleda para comer.

Otro rugido de tripas. Prefería hacer aquellas guardias con Jean o Connie, ellos jamás le regañaban por comer durante una guardia. Pero sus dos superiores, permanecían susurrando y atentos al horizonte. Sentía que desfallecería si no acababa su guardia temprano.

Un extraño aroma le llegó hasta sus fosas nasales. Tal vez alucinaba debido a que ya había pasado la hora de comer. Pero le parecía oler algo parecido a caldo. Un caldo extraño y de un carácter repulsivo. Fijó la vista en el horizonte, no veía nada parecido a un barco, pero el olor venía de allí. Entornó los ojos intentando que se agudizasen sus sentidos. De nuevo ese olor.

Cada vez se acrecentaba más. Y más. Y más.

- Comandante – susurró – Huelo algo.

- Muy bien Sasha, sigue así. ¿Qué hueles? - aquella mujer pareció imitar su gesto mientras intentaba otear el horizonte.

- Por el este. - volvió a fijarse en la zona de dónde venía aquel olor – Aquello que nos comentó. Los barcos suelen pulirlos con algo repugnante, en la cubierta ¿verdad? Huelo algo repugnante.

- ¿La brea? ¿Has podido detectar un barco?. - se giró hacia atrás encaminadose hacia el resto de soldados – Equipo permaneced atentos en la zona de inserción. Quiero que otro equipo releve a Sasha del puesto de observación. No quiero que os confiéis. Son peligrosos.

- Hanji – susurró su capitán mientras miraba en la dirección que aún señalaba su subordinada – Viene un bote.

- Comandante, ¿debo disparar? En un par de minutos los tendré a tiro. Solo necesitaré un par de flechas y habrán caído sin alertar a sus compañeros...

- No, espera Sasha. Esto es extraño, ¿por qué mandan un sólo bote?

Notó que se le tensaban los músculos. Sus datos habían sido correctos. Demasiado correctos. Pero no había mucho sentido en mandar un pequeño bote para asegurar la zona. Entre la negrura del mar podía distinguir a varios kilómetros de distancia un enorme buque. Suficientemente armado como para diezmarlos en cuestión de segundos. Parecía que esperaban, ¿a qué?

Sus pasos se acercaron con sigilo hasta esconderse detrás de un saliente. El pequeño bote se acercaba siendo remado por apenas cinco personas. Algo llamó su atención, uno de los soldados, que parecía escupir algún tipo de improperdio en voz baja. ¿Sólo mandaban a cinco soldados? Hanji hizo una seña a los chicos que habían sobrevivido a aquella última lucha. Manteneos atentos. Un ligero chasquido les indicó que ninguna de las escopetas que portaban tenía su seguro puesto.

Atracaron en la pequeña playa dónde llegaron hacia varias semanas atrás. Sin duda, ninguno de ellos parecía excesivamente confiado. Cinco hombres. Cuatro de ellos armados con escopetas. El quinto, aquel que bufaba en la pequeña embarcación, el quinto de ellos presentaba una estraña disconformidad. ¿Acaso estaba temblando?

- El capitán dijo que no había titanes en esta zona, ¿verdad? Qué todos están cerca de su sucia ciudad amurallada – su voz intentaba sonar segura pero caía sin convencimiento.

- Cállate Nicolo, solo tenemos que hacer una pequeña inspección y volver en el bote. Si tanto miedo tienes, deberías haber agarrado un arma antes de salir.

- ¿Y qué hago yo aquí? Apenas me han formado para sujetar esas armas. Se supone que debería estar en la bodega a salvo.

- Nicolo, cómo no te calles de una vez, te aseguro que te clavaré tu cuchillo de pelar patatas y cebollas en el c-

Un extraño impacto hizo al hombre callar. Una mujer de aspecto asiático había aterrizado a su lado, dejándole inconsciente de un golpe.

- ¡Malditos hijos de ..! - otro soldado caído. Esta vez agredido por un hombre.

Nicolo cayó al suelo mientras se arrastraba en la arena. Todos sus compañeros fueron cayendo uno por uno. La resistencia era inútil. ¿Acaso iba a morir? Cómo deseaba poder volver a su cocina y crear algún plato nuevo para su familia, ¿por qué había sido obligado a ir hasta allí?

Notaba que su corazón se aceleraba a cada minuto que pasaba. Una mujer con un parche en el ojo se agachó hasta él. Parecía sonreír pero desconfiaba de ella, cómo si le examinara.

- D-demonio... - un filo hilo de voz que apenas era capaz de salir de su tráquea – M-malditos d-demonios eldianos.

- Creo que debo presentarme – se escoró hasta su posición mientras le ofrecía una mano. El hombre que había reducido a varios de sus compañeros colocó un cuchillo en su garganta sujetándole desde atrás – Me llamo Hanji, ¿y tú?

- N-Nicolo...

- Muy bien Nicolo. ¿Cuántos sois?

- ¡Que te jodan!

- Ella ha hecho una pregunta – aquel cuchillo comenzó a apretar de manera más amenazadora, sin duda aquel hombre no tenía paciencia. Su voz se tornaba más dura con cada sílaba – Responde.

- N-no podéis ganar...

- Maldito mocoso – la fina hoja de metal comenzó a hundirse en su carne, notaba que finas gotas carmesí comenzaban a mancharla – Puedes hablar con o sin brazos. Tú decides.

- S-somos... 32 soldados... H-hemos llegado en un buque de guerra.

- ¿Dónde habéis anclado ese barco?

-...

- Habla, maldito inútil – de nuevo el frío contacto del metal contra su piel.

- ¡A-al noroeste de aquí! ¡No hemos venido nada más que un barco en avanzadilla!¡Se lo juro!

- Muy bien, Nikolo, te dije que podríamos ser amigos – se acercó hacia él postrándole la mano - ¿Va Reiner Braun en ese barco?

- No.

- ¿Hay algún poseedor de poder de titán en ese barco?

- No.

- ¿Solamente 32 soldados? ¿Cómo pretendíais conquistarnos con eso? Nos infravaloráis. Pero no importa – el reflejo de sus gafas le impidió ver la expresión que ponía en aquel momento. Pero el temblor de minutos atrás volvía de nuevo.

- ¿Vais a matarme?

- Ya te lo he dicho, Nicolo – pareció dar indicaciones a alguien con ligeros movimientos de cabeza. Indicando a todos los soldados escondidos a su alrededor algún tipo de orden en clave – Vamos a ser buenos amigos.

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Una mano firme le ayudó a salir del agua. Su cabello yacía empapado coronando sus hombros. Notaba que había comenzado a crecer. Y ahora empapaba su cuerpo. Recuperó aliento mientras Armin le miraba inexpresivo. Apenas había sido consciente de todo. Solamente había seguido órdenes. Aquel entrenamiento había servido de algo. Un ataque sorpresa. Por una vez, aquellos invasores entenderían lo que significaba perder una batalla antes de librarla.

Un plan magistralmente planeado. Debajo del agua, mientras su comandante dialogaba con los asaltantes, podía percibir el miedo que aquellos soldados sentían sobre ellos. Los consideraban demonios, algún tipo de escoria que no debía existir. Proseguir con lo planeado y transformarse, sujetar aquella colosal bestia de acero y colocarla en un lugar dónde se mostrase inservible y les impidiese la huida. Todo acorde al plan, pero no era eso lo que aún rondaba por su mente.

Su amigo le cedió su otra mano para ayudarle a incorporarse. A lo lejos podía distinguir al resto de sus compañeros agazapados mientras vigilaban al resto de rehénes avanzar hacia el campo de reclusión. ¿Realmente habían ganado? Sin duda había gozado un papel importante aquella mujer de descomunal estatura pero, ¿por qué sabía su nombre? Lo había pronunciado estando segura de que era él a quién se dirigía, justo después de disparar a su propio capitán y concederles la victoria. ¿Qué significaba todo aquello?

- ¿Dónde ha ido Hanji-san, Armin?

- Se ha reunido con aquella mujer y su compañero. Quieren negociar una rendición.

- Necesito hablar con ella.

- Eren, el capitán y la comandante nos pidieron que siguiéramos haciendo guardia hasta que ellos pudiesen tener claro lo que iba a suceder. No debemos desobedecer órdenes – intentó agarrar su brazo para detenerle mientras caminaba.

- Necesito hablar con ella, Armin. Esa mujer sabía mi nombre, ¿acaso el ejército marleyano ha trasmitido mi aspecto como titán? Es peligroso. Ningún soldado más sabía quién soy, pero ella estaba segura.

- No creo que eso tenga que ver. Esa mujer parecía conocerte por otras razones.

- Sólo se que necesito hablar con ella.

- Serénate Eren. No vas a conseguir nada irrumpiendo en la tienda de la comandante mientras intentan dialogar. La comandante no se ha equivocado hasta ahora, confía en ella.

- …... - se sentó en la arena exhausto. Necesitaba ordenar sus pensamientos - ¿Qué ocurrirá si vienen más barcos en busca de este que acabamos de requisar? Nos arrastraran de nuevo adentro de aquellas murallas. Nos arrebataran nuestra libertad, de nuevo.

- Yo también tengo miedo Eren, pero no podemos estar seguros si no lo intentamos. En algún momento tendremos que salir de esta isla y ser nosotros los que ataquemos y no solo nos defendamos. Pero para ello, hay que conocer al enemigo.

- Dime Armin, ¿llegaremos a conocer algún día al auténtico enemigo?

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Aquello parecía una burla. Intentó entender lo que estaba pasando entre aquellas paredes de lona amarillenta. Hacía sólo unas horas que habían vencido en aquella batalla. A escasos metros, todos aquellos soldados permanecían vigilados por su propio equipo. Y esa mujer, Yelena, bebía con tranquilidad de la taza de té que le había cedido.

Habían estado hablando durante horas. Se consideraban traidores que querían derrocar a Marley, quiénes habían decidido hostigar al resto de la humanidad en aquel vasto mundo a través de sus poderosas armas. ¿A tanto llegaba su sed de poder? Pero no era aquello lo que parecía absurdo, era aquel nombre que ella había mencionado hacía escasos minutos y que esperaba mientras asimilaban la noticia.

- El hombre... que os dió la orden...de asesinar a vuestro superiores... - tragó saliva intentando entender la implicación de aquello – ¿se llamaba.. Zeke Jaeger?

- Así es – la mujer depositó la taza mientras cruzaba su mirada con la de las dos personas frente a ella.

- Ese maldito mono... - Levi parecía repetir lo que ella había dicho - ¿Zeke Jaeger?

- Veo que comprendéis lo que acabo de decir – su seguridad les abrumaba.

- …... - Hanji se serenó un momento, necesitaba discutir eso, en privado – Levi, ven conmigo afuera. Ahora.

Varios soldados armados les esperaban fuera, vigilando, tal y cómo había decidido. Hizo una orden con la mano para indicarles que necesitaba espacio para hablar. Se sentó sobre el suelo sintiendo que su viejo compañero se sentaba a su lado.

- Levi, ¿comprendes lo que esto significa?

- Tal vez se lo esté inventado. No confío en esa mujer.

- Escucha bien Levi. He leído cientos y cientos de veces el diario del padre de Eren. Antes de venir a Paradis, él tuvo un hijo con una mujer que pertenecía a los Fritz. Era parte de la familia real.

- No entiendo, ¿ese estúpido mono es el hermano de Eren o no?

- Si su hermano es el titán simio, eso significa que es un poseedor con sangre real – su mano se encontró con la de él buscando apoyo, sus dedos se entrelazaron demostrando que podía continuar - ¿Qué clase de implicaciones tiene eso? ¿Acaso puede desarrollar poderes especiales? Levi, esto es demasiado malo.

- …... De la realeza o no, acabaré con su cabeza en una bandeja – su promesa aún remanaba en su cabeza, siendo aplazada día tras día.

Las paredes de aquella tienda se abrieron sin su permiso. No habían decidido darles demasiado espacio, aquella mujer parecía impaciente. Les observó desde arriba indicándoles que habían oído todo lo que habían hablado.

- Podemos daros datos acerca de Zeke. No nos importa. Él nos lo ha ordenado, quiere que cooperemos. Os daremos armas, planos, y os ayudaremos a equipararos a la actual situación de Marley para que podáis luchar.

- ¿Por qué quiere Zeke que nos ayudéis? Él ayudó a destruir nuestra ciudad y mató a muchos de los nuestros – sentía que la sangre le hervía mientras hablaba. Su ojo eternamente dormido comenzaba a doler, como si le advirtiese de un peligro - ¿Acaso queréis ganaros nuestra confianza? No dejaremos que veáis a Eren hasta estar seguros de vuestras intenciones. Sabemos porqué razón lo necesita Marley.

- Comprendo tus inquietudes, Hanji – blasfemó en un tono demasiado cercano, provocando una mirada de desdén en el hombre que permanecía junto a ella – Solamente queremos ayudar en el plan de Zeke.

- ¿Y cuál es ese jodido plan? - interrumpió cansado de toda aquella verborrea.

- Verás, entrad de nuevo. Discutiremos todo esto con calma. Pero antes. – aquella mujer de exagerada estatura volvió a introducirse en la tienda tomando asiento mientras volvía a sujetar su taza de té – Tenemos una serie de condiciones.

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El mar ondeaba ligeramente, dejando que la espuma de mar desapareciera poco a poco mientras se introducía a través de las rocas de la playa. Si se concentraba, podía sentir cada pequeña gota desapareciendo, como si se evaporara.

Creía que le costaría más aceptar aquella noticia, pero parecía que su intelecto ya lo había asumido hace tiempo. Se tumbó sobre la arena contemplando el cielo estrellado, que caprichosamente comenzaba a taparse debido a los cúmulos que comenzaban a formarse. Tal vez, en unas horas, llovería. Arrastrando la pesadez de aquel día. No sabía si realmente esperaba que aquellas gotas se llevasen consigo el cansancio que comenzaba a acumularse sobre sus músculos o tal vez lo necesitase para ahogar los gritos de rabia que reprimía en esos momentos.

Aquellos ojos... Los recordaba. Fueron unos segundos, pero pudo ver al portador del titán que había masacrado al ejército al que él mismo pertenecía. Y los recordaba. Eran los ojos de su padre. Era una imagen que le había asaltado continuamente durante meses y meses. Esquivando la realidad, negándose a creer que el infiel asesino de su civilización era su propio hermano. Alguien que había sido gestado a través de las entrañas de su propio padre, con quién compartía algo más que mera sangre, un destino.

El mismo que había ocasionado su propio nacimiento. ¿Qué hubiera pasado si jamás hubiese expiado a su padre? Eren jamás habría nacido. Tal vez solamente habrían sido masacrados o incluso recluidos aún más. Ninguna de las personas que habitaba en aquellas murallas existiría actualmente si Zeke no hubiera delatado a sus padres. Ellos entraron buscando el poder del titán original, robado por su propio padre. Pero si su padre jamás hubiese cruzado esas murallas, tal vez sería ahora Historia quién habría sido asesinada para obtener ese poder. Y todos ellos diezmados una vez más. Esclavos de aquel poder con él que nacían.

¿Amigo o enemigo? ¿Qué significaba aquel resentimiento que sentía al recapacitar sobre que su propio hermano hubiese masacrado a su civilización? Aquella que portaba el mismo destino que él mismo. ¿Para qué había decidido heredar aquel poder? Tal vez solo buscaba su propio objetivo, distinto al de cualquier facción en la que decidiese agruparse. Traidor, egoísta.

Pero, ¿acaso él podía juzgarlo? ¿Realmente podía él fingir entereza? Sus decisiones egoístas les habían llevado hasta allí. Victorias, derrotas. Y muertes. Demasiadas muertes. Tal vez, llegaría el día en que debería comenzar a combatir solo. Sin arriesgar más las vidas de nadie más. Prescindiendo de los cálculos de su comandante. O de las extrañas habilidades de su capitán. O de su vieja amiga que continuaba observándolo a escasos metros de distancia.

Una eterna escolta, desde siempre. Que comenzaba a ser un lastre.

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La virilidad no era algo por lo que siempre se había caracterizado. Hacía escasas horas le habían obligado a cocinar para aquellas inmundas bestias. Aquellos demonios que poblaban aquella isla. Había decidido entrar en el ejército marleyano inspirado por sus propios padres, aquellos que le habían instado a defender a su patria de los invasores eldianos.

Pero, apenas unas horas que había permanecido en aquel barco y había sido relegado a labores de cocina. Durante los años que fue un soldado, solamente se dedicaba a realizar suntuosas comidas para los cansados combatientes que volvían tras la batalla. Y ahora a quien debía alimentar era a aquellos demonios.

Pero, algo extraño había emergido en él. Esa muchacha con apetito voraz. Tal vez fue solamente esa sensación de sentirse realmente agradecido. Jamás nadie, en sus años limpiando aquellas enormes ollas, les había agradecido absolutamente nada. Pero ella lo hizo, consiguió que todos sus años de esfuerzo sirviesen para algo. Probablemente nunca había probado nada similar y sus halagos fuesen exagerados, pero fueron suficientes para que comenzara a entender que aquellas personas no eran lo que le habían impuesto.

Distintos de todo lo que había oído. Y al mismo tiempo, tan similares a él mismo. Su aspecto difería de lo que sus oídos habían llegado a oír. Parecían simples humanos. Con una extraña capacidad de transformarse en enormes y grotescas figuras sin ingerían un líquido concreto. Pero, parecían tan humanos. Sus acciones, sus gestos. Su manera de comportarse, no parecía algo fingido, sino real. Podían sentir, arrepentirse, tener complacencia.

¿Por qué en su tierra natal se designaba aquellos imporperdios a aquellas personas? ¿Qué les hacía realmente diferentes? Él había crecido observando las colosales armas de guerra que surcaban los cielos en busca de sangre. Su propia civilización parecía más inhumana que aquellas personas que vaciaban con rapidez el contenido de los platos que había servido.

Jamás en su vida había observado un comportamiento tan natural, desvergonzado. Creía que los soldados de las distintas facciones a las que se enfrentaban eran viles monstruos cuyos rostros estaban cubiertos de sangre. Incapaces de bajar la guardia, de demostrar sentimientos más allá de la sed asesina. Pero no, aquellos chicos apenas eran un par de años más jóvenes que él. Y sus actitudes no diferían de las que él mismo había expresado en otros momentos de su vida.

Arrojó agua sobre los platos que comenzaba a limpiar tras aquel improvisado banquete, desde su posición, podía observar como los soldados eldianos comenzaban a vaciar las bodegas de su buque. Cañones, armas. Munición. Sin duda, se apropiarian de cualquier cosa que pudiese resultarles útil. Su vista se detuvo cuando observó unas cajas de color gastado, marcadas con un pequeño sello. Él mismo había ayudado a depositar cada una en aquella bodega. Conocía aquel cargamente, ¿sabían ellos lo que contenía?

- Mantén la postura Nicolo, y no te gires.

- ¿Y-yelena? - susurró sin comprender.

- Has hecho estupendamente tu parte. Necesitamos que permanezcas cerca de ellos. Aún tenemos que cumplir nuestra labor. Debemos liberar a estos ciudadanos. Zeke Jaeger es nuestro salvador, él liberará a estas pobres criaturas de su destino. Nadie volverá a sufrir nunca más en este mundo injusto y ellos podrán pasar sus días en paz.

- Yelena, ese cargamento... - podía ver cómo algunos soldados con flores en sus espaldas comenzaban a examinar cada una de aquellas cajas. Conocía perfectamente el contenido de aquellas botellas.

- Muy buen trabajo, Nicolo – un arma se posó en su espalda mientras el frío metal pulido se clavaba en sus vértebras – Me encanta cuando cocinas en silencio. El sonido del mar es tan relajante, sigue así.

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Bueno, me ha costado escribir mucho este capítulo puesto que había muchos datos que no recordaba y tuve que buscarlos para que la historia pudiese tener verosimilitud. Ha habido varias personas que me han preguntado por el lemon especial asociado al capítulo anterior.

Os juro que lo estoy escribiendo, pero tras cuatro años sin escribir apenas nada y aún menos lemon, me está costando bastante. Intentaré que la semana que viene esté listo. Haré una pequeña sección asociada a los lemon para que podáis encontrarlo rápidamente.

En cuanto al capítulo, quiero empezar a profundizar en cómo se desarrolla la interacción entre Nicolo y Sasha. Y por supuesto, cómo comienzan a colaborar con Yelena. Muchas gracias por leer el capítulo.

¡Nos leemos!