Disclaimer: snk pertenece a Hajime Isayama.
Pairings actuales en desarrollo en este fic: levihan, Nicosasha.
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Frío, completamente helado. Una superficie pulida que le devolvía una imagen desconcertante de sí mismo. Arañó con sus manos aquel vidrio que parecía inofensivo. De nuevo aquella imagen reflejada le devolvía su mirada. Cansada, somnolienta. Tal vez, demasiados días manteniendo aquel puesto de guardia.
Sujetó la botella entre sus manos mientras buscaba alguna manera de abrirla con facilidad. A través de sus ojos, el cielo comenzaba a amanecer, otra guardia más. Otra noche pasada a solas, reflexionando. Intentó enfocar sus ojos mientras intentaba recabar los últimos datos que le habían cedido. Ni siquiera le permitieron participar junto a otros soldados cuando detuvieron los siguientes barcos que llegaron buscando al primero que habían conseguido apresar.
Solamente designado a mantener aquel puesto de guardia eternamente. ¿Para ésto había sobrevivido? Sus dedos consiguieron abrir finalmente la botella, un aroma dulce que le trasladaba a un pasado en el que ser un soldado implicaba algo más que dejarse llevar por los sentimientos. Cumplir órdenes, proteger a la esperanza de la humanidad. Quién ahora parecía tener un hermano, el mismo que había ocasionado graves daños a su paliado ejército.
Y que ahora parecía tornar otro bando en aquella lucha. Ellos no habían sido los únicos que habían sido hostigados por el ejército marleyano. Otras facciones comenzaban a imponerse a ellos, imperando un salvador que detuviese aquella masacre. Cientos de cadáveres rodeaban ahora los países vecinos, que aún continuaban combatiendo sin descanso a los invasores. Pero ellos, ¿qué hacía el ejército al que él tan orgullosamente pertenecía? Nada, se limitaban a observar y esperar mientras su comandante se limitaba a desmontar aquellas extrañas armas traídas a través del mar y a bosquejar pequeños planos de construcción.
¿Qué conseguirían esperando? Debían lanzarse a la batalla, en ese momento. Mientras las otras facciones atacaban, serían vulnerables. No necesitaban nuevas armas, ni alianzas. Necesitaba luchar. Y comenzaba a notar, que permaneciendo sentado en aquella torre no conseguiría nada más que perder el tiempo. Asió la botella y la dirigió hacia sus labios con parsimonia. Si tenía que permanecer allí también los próximos días, prefería al menos tener algo de diversión.
- No puedes beber eso mientras estés de guardia, Floch – interrumpió una voz a su espalda - ¿Lo has robado de los cargamentos que trasladamos al interior?
- No es asunto tuyo, Mikasa – ni tan siquiera se giró hacia ella mientras intentaba volver a beber – Aún es demasiado temprano para el cambio de turno, dejame sólo. Además, ¿no debería estar Eren en tu puesto ahora?
- Él ha decidido bajar a los calabozos a interrogar a los rehenes con Armin. La comandante ha autorizado eso – sujetó su mano con fuerza y comenzó a verter poco a poco aquel líquido hacia el suelo, manchando sus pies con aquel delicioso aroma dulce – Yo he decidido tomar su puesto.
- Llevas demasiado tiempo encargándote de encubrirlo mientras se escaquea de sus guardias.
- Lo que yo haga no es asunto tuyo – le arrancó el fusil de sus manos mientras le instaba a abandonar aquella zona – Eren es nuestra esperanza, él nos va a guiar hacia el futuro.
- …...- la observó en silencio mientras comenzaba a bajar aquellas oxidadas escaleras de metal.
El leve tañido que hacían sus botas al repicar contra cada escalón le asaltaban cada pensamiento que había tenido recientemente respecto a aquel chico que gritaba constantemente de rabia. Él era la esperanza de la humanidad, de eso no cabía duda. Su vida era más importante que la de cualquiera de los que ocupaban aquellos barracones.
Él era quién debía guiarlos hacia la victoria. La única razón para que su corazón continuase latiendo, guiarle hacia la guerra. Comenzó a notar que su pulso se aceleraba, tal vez, aquellas guardias no fuesen tan malas. Si era capaz de tener suficiente entereza, su excéntrica comandante le permitiese dirigirse a aquel hombre que había masacrado a su ejército. ¿Aquello formaba parte del plan para que la esperanza de la humanidad les concediese al fin la tan ansiada paz?
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Aquella situación era demasiado incómoda, pensó para sí mismo mientras lavaba sus manos en un grifo cercano. Mientras todos sus compañeros continuaban encerrados, él era forzado a cocinar para todo aquel regimiento, día tras día. Siendo vigilado cada día por una persona diferente. Comenzaba a cansarle, todos ellos hablaban demasiado, salvo sus dos superiores. Que cada día que venían a inspeccionar sus habilidades culinarias, permanecían callados y le ignoraban mientras hablaban entre sí y escribían entre papeles.
Pero el resto, eran demasiado ruidosos. Le distraían, no podía fabricar obras de arte culinarias mientras no paraban de preguntarle. ¿Marley es un país grande? ¿A qué distancia queda de nuestra isla? ¿Cuántos habitantes hay allí? ¿El resto del mundo conoce la extraña habilidad de los eldianos? ¿Cuántos años lleva la formación en el ejército? ¿Existen más lenguas aparte de la suya propia? ¿Qué otras razas existen? ¿Los animales son distintos?...
Suspiró en voz baja mientras comprobaba que su vigilante continuaba allí sentada. Una chica, de apariencia delgada y que parecía estar constantemente ensimismada observándole cocinar. Si se fijaba con atención podía notar que babeaba conforme la comida se encontraba casi acabada. No era la primera vez que debía ser vigilado por ella.
De igual manera que sus compañeros, ella también le acosaba a preguntas. Pero era distinto, sus preguntas sólo consistían en datos referidos a comida. No parecía excesivamente interesada por el armamento de su país o la disposición de los aldeanos. Solamente le interesaban los alimentos que allí consumían. Pero aquel día permanecía callada, solamente observándole. Le resultaba extraño.
- ¿Hoy no tienes preguntas? - murmuró algo nervioso por aquel extraño silencio.
- No.
- ¿Ninguna?
- Mmmmm – pareció pensar unos instantes - ¿Cuál es el menú de hoy, sr. Nicolo?
- P-puedes llamarme sólo Nicolo. Llevo dos meses aquí encerrado. No es necesario que intentes ser condescendiente – comenzó a cortar varias verduras con extrema rapidez – Tu comandante me ha dado instrucciones de cocinar proteínas.
- ¿Proteínas?
- C-carne...
- ¡¿Carne!? ¿¡Estofado o tal vez alguno de tus platos extraños sacados del mar!? ¡Quiero una ración extra grande! Carne... - pareció excitarse por momentos mientras volvía en sí – Ah, cierto. Si que hay algo que quería enseñarte.
- ¿Enseñarme? - abandonó su cuchillo mientras se acercaba a la chica que comenzaba a dibujar unos extraños símbolos desconocidos para él – Me di cuenta hace una semana mientras hacíamos el recuento de bienes del cuartel. Este es tu nombre escrito en mi idioma.
- ¿Ahí pone Nicolo? - revisó exhaustivamente aquellos escritos, no comprendía lo que significaban aquellos símbolos – ¿Ni...Niku...ru?
- Sí, es tu nombre, escrito en mi idioma. Tal vez te parezca algo raro porque mi letra no es muy buena, pero es tu nombre.
- ¿Y que tiene de interesante mi nombre?
- Mira – volvió a escribir en otro papel algo parecido a su nombre pero cuyos caracteres eran más cortos.
- Has vuelto a escribir mi nombre, ¿cierto?
- No – señaló las diferencias entre ambos – Aquí pone carne.
- …... - frunció el ceño extrañado - ¿Mi nombre en tu idioma significa carne?
- Algo así. Es divertido descubrir que nuestros nombres significan algo más en otros idiomas, ¿no crees?
- Supongo. ¿Qué significa tu nombre? Sasha... - comenzó a escribirlo en el papel mostrándoselo a la chica – Así se escribe en mi idioma.
- Mi padre me llamó así por una deidad llamada Alexandra, creo que significa protectora. Puedo ser la protectora de la carne, cómo ahora, ¿no? - comenzó a reír alegremente.
- Protectora de la carne... - notó que sus mejillas se sonrojoban ante aquel inofensivo comentario – Sasha, ¿qué habéis hecho con el cargamento que había en nuestros barcos?
- La comandante lo puso bajo la directa supervisión de la policía militar. Supongo que extrañaréis vuestras raciones de pan y vino. Pero no creo que os las devuelvan.
- Vosotros... tú... ¿has bebido ese vino? - notaba que su voz languidecía con cada palabra, pero conocía el origen de aquellas botellas.
- La comandante usualmente no bebe. Creo que no la he visto beber nunca, ni ella ni el capitán. Así que todos seguimos su ejemplo. Prefiero comer, ¿cuánto le queda a la cena?
- Sasha... - dirigió sus manos aún mantenidas unidas mediante metálicos grilletes hacia sus hombros, la chica no palideció ante el contacto sino que continuó observándole con atención – No bebas jamás de esas botellas.
- ¿Por qué?
- Porque... - no podía decir la verdad o sería ejecutado inmediatamente por aquella mujer a quién no le temblaba el pulso mientras disparaba a sus superiores – E-el vino marleyano es excesivamente a-amargo. Y-y se fabrica con acidulantes artificales. N-no creo que sea de tu agrado... Te podría provocar dolor de estómago.
- Bueno, no me agrada demasiado el vino. Prefiero la carne.
- E-en tal caso, volveré a ponerme manos a la obra y a-acabaré la comida. H-hoy podrás probar mi especialidad, asado de ternera.
- Nicolo, eres el mejor hombre que he conocido. Seguro que tu futura esposa será muy afortunada de tener a un hombre que cocine tan bien – sollozó compasiva.
- Futura... esposa...
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Desenrolló aquellos planos para observarlos una vez más. Comenzó a garabatear sobre algunos de ellos, diseñando nuevas líneas que no existían anteriormente. Mientras los examinaba, su cabeza comenzaba a ponderar otras situaciones a las que debía enfrentarse. La puerta de su despacho se abrió tras tres toques. No necesitaba comprobar quién era. Ni siquiera levantó la vista mientras notó que se acercaba por su espalda y comenzaba a acariciar las nuevas líneas que había trazado.
- ¿Vas a modificar los planos?
- Aunque parezcan factibles, necesito comprobar que no estamos construyendo una jaula de metal. Quiero que todo lo que se construya sobre este suelo esté bajo mi directa supervisión. Y prefiero reservar las modificaciones que haga sobre sus planos.
- Yo tampoco confío en esa mujer gigante. ¿Por qué el enemigo quiere aliarse con nosotros?
- No lo sé – comenzó a enrollar de nuevo aquellos planos – Pero no me voy a quedar aquí parada esperando a que apunten una pistola contra mi cabeza sin hacer nada. Acompañame, quiero ver cómo van los chicos con la construcción de los raíles.
- …...
Galope silencioso solo interrumpido por el sonido del agua que fluía con rabia a través de toda aquella extensión. Cercana a un bosque en el que habían combatido demasiadas veces, tal vez la zona dónde más titanes habían llegado a derrotar. También una zona que recordaba con amarga dolencia. Una de sus primeras expediciones en solitario junto a dos viejos amigos. Uno de ellos ya fallecido, el otro aún continuaba con vida. Cabalgando a su lado.
Sonrió con tristeza mientras recordaba cómo había avanzado aquella extraña relación que aún mantenía con él. Habían pasado demasiados años, pero recordaba aquella zona. El sitio dónde pasaron cada noche mientras reunían lo prescindible para aquella misión. Y otras tantas experiencias que guardaría para siempre en su interior.
- Están construyendo las vías cerca de esta zona... - enunció él.
- ¿Lo recuerdas?
- Sí.
- Prefiero que nuestros nuevos aliados no conozcan demasiado esta zona – dirigió una mirada lastimera al río que continuaba ululando hacia el sol del atardecer – Si terminamos necesitando un punto de huida, sabemos que podemos recluirnos dónde lo hicimos aquella noche.
- ¿Debo decírselo a los mocosos?
- Tal vez sería lo indicado. Yelena habló sobre realizar una incursión en algún momento. Tras planificar mejor los pactos de alianza. No se que resultados podemos esperar de ello.
- Combatir de nuevo – y para el resto de sus vidas, sin descanso. ¿Ese era el único objetivo que le quedaba? Tal vez una meta demasiado absurda, sostener una espada en su mano hasta que no pudiese sujetarla más.
- Levi, confío en tí. Siempre lo he hecho.
- Lo sé.
- Por eso quiero que mientras yo tenga que realizar estos pactos, tú estés con ellos. Han sobrevivido, se merecen acabar sus vidas dignamente.
- Tomaré cualquier decisión que tú tomes...
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Abrió la botella con cuidado dejando que el frío líquido bajase por su garganta, se giró hacia la persona más cercana a él y le ofreció un trago.
- Deberías beber algo, Eren – su mejor amigo le acercó una botella mientras soltaba uno de los pesados bloques de madera.
- Gracias, Armin. - tal vez se estaba esforzando demasiado, pero aquellas construcciones eran la única esperanza que mantendrían con vida a aquellas personas que permanecían indefensas tras las murallas - ¿Crees que acabaremos antes de acabar el verano?
- Hanji-san dijo que que si los marleyanos acababan pronto el puerto nos ayudarían. Aunque de momento se retrasa debido a los tifones. Supongo que en unas semanas volverá a cambiar el tiempo y avanzaremos más rápido.
- Iríamos más rápido si nos permitiesen utilizar nuestros poderes. No lo crees, ¿Armin?
- Tal vez transformándonos tardasemos menos porque todo sería más pesado, pero no debemos utilizar nuestros titanes sin autorización – intentó levantar con demasiado esfuerzo uno de los bloques de madera – Yo prefiero sentirme humano, ¿tú no?
- …... - tal vez comenzase a dejar de querer sentirse así. ¿De qué le servía la humanidad? - Armin, ¿qué opinas de todo esto? ¿Crees que servirá para algo tener un puerto y un tren recorriendo la isla?
- Nos ayudará a movilizarnos más rápidamente si intentan atacarnos.
- De un lado u otro siempre seremos atacados, ¿cierto? ¿De qué nos sirve construir murallas más altas o diques en la costa?
- Hanji-san lo dijo. Ellos nos atacan porque no nos conocen. Debido a este poder que tenemos, nos consideran peligrosos. Sólo debemos mostrarles que somos humanos.
- ¿Realmente esto es necesario? ¿Conseguiremos algo fingiendo alianzas para luego realizar acciones egoístas que nos conduzcan hacia nuestros verdaderos objetivos?
- Lo dices... por tu... ¿hermano? Se que ha sido un hecho extraño que nos encontremos en esta situación. Pero aún no podemos estar seguro de sus intenciones.
- Si mi hermano no hubiese traicionado a mi padre, yo jamás habría nacido. Mi madre nunca le hubiera conocido. Posiblemente hubieramos sido invadidos igualmente. Historia ahora estaría muerta. Ella habría heredado el poder de su propia hermana, habría sido forzada a devorarla. Y alguno de los soldados de Marley la habrían devorado a ella.
- Yo también he pesando en esa realidad alternativa, pero nada de eso ha sucedido. Debemos centrarnos en el presente que tenemos actualmente – intentó bostezar una sonrisa cansada – Lo que sucede ahora es lo que debe preocuparnos, no lo que habría sucedido. No debemos vivir centrandonos en arrepentimientos.
- Si mi hermano nunca hubiese traicionado a mi padre, ¿crees que mi madre seguiría viva?
- Eren... tu padre no sólo trajo guerra a esta isla. También trajo medicamentos. Tu madre enfermó años después de que tu padre entrase en las murallas. ¿Recuerdas lo que nos comentó el instructor Shadis?
- Sí … - había comenzado a olvidar aquella parte.
- Si tu padre nunca hubiese sido enviado aquí, puede que ninguno de nosotros hubiesemos estado ahora y nos encontrasemos sometidos. Ni siquiera hubieramos podido llegar a tocar la arena de aquella playa. Puede que sus acciones fueran viles, pero las decisiones de Zeke Jeager han ayudado a que esta isla avance. Pero aún así, no podemos confiar en él.
- Esa mujer, Yelena, le dijo a Hanji que él quería continuar los designios de mi padre. Necesito hablar con ella.
- Todo se ha pospuesto por tu seguridad. No podemos permitir que ella te vea sin estar seguros de que podemos asegurarnos de que no intentará matarte, Eren. Debes entender la situación.
- ¿¡Acaso parezco idiota, Armin!? ¡Entiendo perfectamente la jodida situación! ¡Siempre con escolta! ¡Siempre evadiendo el tener que realizar las mismas guardias que vosotros también hacéis! ¡Os olvidáis de que yo también soy uno de vosotros!
- Eren, cálmate. Vas a preocupar a los demás – comenzó a cabecear hacia sus compañeros que continuaban trabajando ajenos a aquella extraña conversación – Relájate.
- Moriré dentro de siete años Armin, aún me quedan muchas cosas por hacer. Me gustaría que ellos tuvieran una vida larga que disfrutar, sin tener que temer a despertarse delante de un pelotón de fusilamiento. Por ello tengo que esforzarme más, pero no puedo perder el tiempo construyendo vías de un tren que tal vez nunca llegué a pasar. Necesito liberarlos a todos. A Mikasa, a Jean, Sasha, Connie, Historia... ¡A todos!
- Yo también ansío eso Eren, pero debemos ser cautos y no precipitarnos en nuestras decisiones.
- Necesito conocerle, poder hablar con esa persona.
- ¿Hablas de Yelena?
- Zeke – finalizó.
- En algún momento, posiblemente llegarás a conocerlo – se agachó mientras depositaba la botella vacía en el suelo y comenzaba a recoger otro tablón – Pero no pierdas de vista lo que realmente importa.
- Lo sé.
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Llevaba demasiado tiempo sin subir a aquel terrado, que en un pasado había sido uno de sus sitios predilectos, dónde podía pensar realmente en aquello que era importante. Se acercó al filo del tejado observando el exterior, volvía a haber movimiento en aquel cuartel. Viejos recuerdos le asaltaban. Los soldados que salían y se encaminaban hacia dónde muchos otros compañeros lo habían hecho antes.
El tiempo avanzaba perezoso pero constante. El clima había vuelto a cambiar, otra estación, demasiados meses que ocurrían sin demasiada novedad. Habían recibido varios emisarios de aquella mujer, que se limitaba a recorrer el mar trayendo noticias de sus aliados en Marley. Comenzaba a pensar que últimamente se limitaban a seguir a rajatabla las órdenes de aquella mujer gigante sin rechistar.
Pero sabía que ella, la única persona que le importaba entre aquellas murallas, seguía desconfiando y que urdía un plan para anticiparse a una posible traición. Aprovechando las propias armas que ella misma le disponía. Manteniendo a la razón de aquella colaboración lejos de sus garras. Insistía constantemente en conocer a Eren en persona, pero mientras sus intenciones no quedasen aclaradas, se encargarían de que él permaneciese lejos de ella.
Unos brazos conocidos rodearon su cuello por detrás. Como tantas otras veces. Se relajó ante el contacto mientras acariciaba las manos que ahora descansaban junto a su clavícula.
- Yelena mandó un comunicado esta mañana. Dentro de dos semanas va a volver... acompañada.
- ¿Esa nación extraña? ¿Otra alianza?
- Yelena dijo que el clan de Hizuru sólo tienen interés en el dinero. No nos ayudarán si no obtienen alguna ventaja económica a cambio. Son conscientes de que no suponemos una gran amenaza en esta lucha basandose en nuestro escaso material armamentístico.
- ¿Y que mierda hay aquí que pueda interesarles?
- Es una isla que no ha sido apenas explotada. Hay recursos mineros que pueden resultarles interesantes.
- ¿Dejaremos que unos desconocidos escaven en nuestra tierra para que nos presten un par de bombas?
- ¿Qué otra opción tenemos? Necesitamos aprovecharnos de su potencia de ataque. Eren y Armin pueden defendernos pero no pueden librar todas nuestras batallas. Siguen siendo niños al fin y al cabo.
- Malditos mocosos... - la brisa comenzó a arañar su nariz congelando su respiración – Hace frío, Hanji, no deberías estar aquí. Mañana Zackley te ha convocado temprano.
- ¿A qué has subido aquí? ¿A recordar viejos tiempos? - Levi dirigió sus manos hacia su propio pecho, dejándole que se calentase con el contacto de su piel desnuda bajo su camisa.
- …... - dirigió una mirada cansada, otra escena que recordaba años atrás. Dos personas saliendo a escondidas del cuartel. Pero en aquella ocasión, si conocía bien a los dos soldados - ¿Qué hace Nicolo fuera de su celda?
- Le he dejado salir yo – finalizó tranquilamente – Lleva cinco meses aquí encerrado, es el único que ha demostrado ser de fiar. Es inofensivo, ambos lo sabemos.
- Hace un mes y medio, solicitó permiso para salir al mercado, escoltado de Sasha.
- También hace dos semanas – sonrió mientras se cernía más sobre su cuello - ¿No te trae viejos recuerdos?
- Es un mocoso, hace lo que todos los mocosos a su edad hacen. Podría ser problemático. Ese mocoso es de Marley, no nos entienden.
- Tú también hacías eso a su edad. En aquel momento no supuso ningún problema que dos personas con orígenes distintos pasaran tiempo juntos.
- …...
- Si yo no te hubiera hablado tras aquella expedición, no estaría aquí sentada ahora contigo. ¿Te arrepientes de haberme respondido?
- No.
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Se que en este fic no hay demasiadas escenas amorosas, de veras que intento encajarlas y que tengan sentido en la trama. Pero quiero que ante todo sea una historia realista. He decidido incluir escenas de Nicolo y Sasha porque también me gustaría escribir un poco sobre cómo se desarrolla su misión.
Si aún no habéis leído mi fanfic Decisiones y arrepentimientos os invito a hacerlo porque muchos datos que aquí se relatan van a ir asociados a mi otra historia ya que quiero conectar ambas. Gracias por vuestros comentarios, son la razón por la que yo siga escribiendo.
¡Nos leemos!
