Mini actualización de capítulo. Perdón por demorarme. Pero para escribir estos capítulos tengo que investigar y reordenar cómo suceden los hechos. Y es bastante complicado. El capítulo siguiente habrá más acción.
Snk pertenece a Hajime Isayama.
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Siempre que observaba sus manos pensaban que eran grandes y mortíferas. Solía admirarlas en silencio mientras sujetaba rifles y escopetas cuando pertenecía a la policía militar. Pero desde que el bordado de alas se incorporó a su espalda, se veía forzado a manchar sus preciosas manos con otras armas que le disgustaban. Aquellas espadas eran demasiado pesadas y difíciles de usar. Prefería atacar a distancia. Se sentía más seguro y conocía mejor sus capacidades.
Su dedo índice acarició con extremo cuidado el gatillo, una sensación mucho más suave y que preservaba sus manos de mejor manera que aquellos estúpidos resortes para lanzar esos ganchos de su espalda. Prefería mantener sus pies en el suelo a volar cómo un pájaro que podía ser disparado en cualquier momento.
- Baja el arma, Floch. No seas imbécil o terminarás disparándote un pie – fríos ojos verdes que le respondían, la esperanza de la humanidad.
- La comandante me designó a mí para escoltaros a ambos hasta el puerto a conocer a esa estúpida mujer – Floch se recostó sobre el mullido sillón del carro mientras observaba a sus interlocutores con suficiencia.
- No seas insulso Floch, la única razón de que estés en este carro es porque si te colocan en avanzadilla terminarías tropezando e hiriendo a uno de los caballos – respondió Eren con petulancia – Mikasa y yo podemos protegernos sin necesidad de tu inútil ayuda.
- …...
- ¿Por qué tengo que ir yo a conocer a esa mujer? El clan azumabito, la nación de Hizuru... - Mikasa se mostró desconcertada. Aquel tipo de reunión no era de su agrado.
- Ella ha venido por tí, se supone que tu clan asiático puede conseguirnos alianzas... Y financiación para continuar el avance en esta isla – ilustró Floch mientras limpiaba el cañón de su arma con un pequeño pañuelo – Deberías sentirte honrada, perteneces a un linaje casi extinto de humanos excepcionales y a una raza prácticamente desconocida.
- No me siento así – replicó - ¿Soy... una moneda de cambio? ¿Quién protegerá a Eren si esa mujer decide utilizarme fuera de esta isla?
- ¡Cállate Mikasa! - interrumpió su viejo amigo – Historia ha accedido a reunirse también con esa mujer para financiar esta lucha. ¿¡Acaso no quieres derrotar al enemigo!? ¡Pues cállate y colabora!
- Sí, Eren...
Floch frunció el ceño extrañado. Cualquiera de los nuevos reclutas que habían entrado en aquel cuartel temería a cualquiera de los Ackerman que se encontraban dentro de aquellos muros. Pero Eren, la esperanza de la humanidad, podía controlar a aquella mujer a su disposición sin que ella emitiese el más mínimo sonido de queja.
Sumisa, obediente. Eran las únicas palabras que podía observar mientras los visualizaba. ¿Qué ocurría con aquella mujer? ¿Por qué obedecía ciegamente? Parecía un comportamiento similar al que mostraba su capitán cuando aquella absurda mujer que se hacía llamar comandante le daba una órden ridícula. Todo giraba en torno a Eren, él era la única razón por la que una nación rica y poderosa en armamento como Hizuru quisiera colaborar con ellos. Mikasa era una mera excusa. El poder de Eren era único. Y el de su hermano también. Reprimió una sonrisa preguntándose si algún podría llegar a observar a ese otro dios que permanecía encerrado al otro lado del extenso océano.
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Crujió sus nudillos notando como sus dedos se quejaban del duro trabajo. Demasiadas autorizaciones firmadas esa última semana. Si Hizuru les finanaciaba, podrían continuar haciendo posperar a su isla y permitiéndoles ser aliados dignos en su causa. Pero la única manera que tenían de preservar dicha paz era sacrificar continuamente a los niños que poseían el único poder que les permitía ser una auténtica amenaza.
Primero Eren, luego Armin, Historia... ¿cuántos más niños tendrían que obligar a devorarse entre ellos para preservar la vida de aquellos humildes ciudadanos que a duras penas sobrevivían? Debía encontrar otra opción. Tal vez hubiese una manera de evitar que Historia se sacrificase para mantener aquel poder. O incluso de poder autofinanciarse para evitar involucrar a más personas inocentes en aquella estúpida lucha que cada vez tenía menos sentido.
Revisó por última vez el último extracto de las arcas. Cada vez más escasas. Historia había depositado todo su poder en aquel orfanato. Hacía pocos días que había ido a visitarlo junto a su aliado de mayor confianza. Podía ver algo en los niños que no veía desde hacía demasiados años. Felicidad, esperanza. Para aquellos niños, el par de alas que portaban a su espalda significaban un futuro para ellos.
Años atrás había oído esos comentarios mientras iba subida a su caballo. Pero poco a poco aquellas voces se habían acallado. Ya no eran héroes. Eran los asesinos que asesinaban a sus familias y les arrebataban a sus padres de las pequeñas manos de aquellos niños. Durante demasiados años la legión de reconocimiento no entró en aquellas murallas con nada más que cadáveres.
No podía volver hacia atrás, dejar al amparo a aquellos niños que comenzaban a ver una auténtica esperanza que ella aún no podía visualizar. Ojos brillantes que habían agarrado la falda de su chaqueta mientras mostraban su admiración. Ninguno de aquellos niños tenía a nadie que cuidase de ellos. Dependían de esas arcas. No podía pedirle a la reina que se olvidase de ellos y desviase los pocos ingresos que se generaban en aquella isla para conseguir un par de armas.
Comenzó a morder sus uñas nerviosamente. El dinero. El maldito dinero. Si no recibían la financiación de Hizuru, serían enterrados entre aquellos muros por un siglo más. ¿Acaso tenían otra moneda de cambio? Sólo les interesaba sus escasos recursos y la continua amenaza de sacrificar a sus propios infantes para mantener aquel poder en su bando. Probablemente, alguno de los niños que vio hacía varios días sería uno de los que tendrían que devorar al portador del titán fundador algún día.
¿Qué más podía sacrificar? ¿Su mente y su cuerpo no eran suficientes? ¿Qué más podía ella entregar para evitar que decenas de niños muriesen delante de sus ojos para mantener al resto de ciudadanos vivos? Pequeñas gotas carmesí comenzaron a caer sobre la superficie inmaculada del papel, sus cálculos manchados con su propia sangre. Una cruel ironía y a la vez tan similar a la realidad.
Observó sus dedos destrozados mientras continuaban goteando. Si era necesario, ofrecería su propia vida cómo había hecho tantas veces.
- Es tarde – una conocida voz, que comenzaba a envolver sus dañados dedos en un pequeño pañuelo de bolsillo.
- Tengo que terminar de firmar estas autorizaciones, Levi.
- No acabarás ni aunque pasases una semana aquí sentada – comenzó a levantarla de la silla mientras la cogía entre sus brazos – Esta mierda puede esperar a mañana. El gobierno se reirá de nosotros si las últimas autorizaciones están firmadas por alguien que apenas puede mantenerse en pie.
- Creía que yo era la comandante y era quién debía dar órdenes aquí.
Su viejo amigo se paró en seco con ella en brazos, esperando que volviese a insistir para dejarla allí. Sabía que no necesitaría absolutamente ningún tipo de insistencia. Sólo tenía que dar la orden. Déjame en el suelo. No podría oponerse. De igual manera que tampoco podía oponerse a las órdenes del anterior comandante. Solamente unas pequeñas palabras y obedecería.
Testaruda y cabezona, tendría que observar cómo yacía en vela sobre su escritorio mientras escribía y reescribía los informes que continuamente le demandaban. Aquellas autorizaciones, alianzas. Anteponiéndolos a su propia saluda. No habría ningún tipo de palabra que la disuadiría de abandonar aquel lugar encerrado. Suspiró con desgana mientras asimilaba la orden que debía volver a oír.
Notó la mano vendada con su pañuelo colocarse en su cuello para encontrarse con la otra. Hanji recostó su cabeza sobre su hombro mientras sonreía con cariño.
- Tienes razón. Me encuentro cansada. Vámonos a dormir.
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Desde lo alto de aquel torreón podía verse absolutamente todo. Ningún tipo de enemigo podía pasar desapercibido. Su excesiva altura le permitía observar todo el derredor. Cualquier soldado que entrase o saliese. Incluso a su propia comandante siendo llevadas en brazos por su capitán al barracón dónde solamente descansaban ellos dos.
Nicolo pareció asombrado por la escena mientras observaba a ambos volver tranquilamente mientras charlaban. Se giró hacia Sasha que miraba en la misma dirección que él. Pero no había ningún rastro de asombro en sus ojos, como si fuese una escena que había visto demasiadas veces. Durante los últimos meses, había convertido en una costumbre acompañarla durante sus horas de guardia. Aparte de las horas en las que tenía que cocinar en el cuartel, apenas podía hacer nada más que permanecer encerrado en su celda. Pero se había realizado la excepción de que él pudiese salir más a menudo debido a su espíritu colaborativo.
Y había decidido invertir aquellas horas extras en acompañar a aquella soldado que había llamado su atención desde el primer día que probó su comida.
- No pareces sorprendida – articuló mientras le acercaba a Sasha un pequeño plato - ¿La comandante Hanji y el capitán... están saliendo juntos?
- Ja ja ja – rió mientras comenzaba a devorar – No lo sabemos. Nunca contestan directamente cuando les preguntamos.
- ¿Directamente?
- La comandante Hanji sonríe y el capitán nos pone a correr. Preferimos preguntar a la comandante, aunque la respuesta no ha cambiado tras tantos meses.
- Pero ellos... Siempre están juntos. Vuestro capitán parece muy interesado en su trabajo y siempre está a su lado. Cuando os he visto entrenar con él es vuestra comandante quién parece que va a verlo a él... Parecen...
- Lo sé. Todos lo sabemos. La comandante y el capitán nunca toman un descanso – se acercó hacia Nicolo mientras le devolvía el plato completamente vacío – Supongo que no hablarán de ello hasta que todo esto acabe. Llevan muchos más años combatiendo que nosotros, así que debe ser difícil para ellos.
- En Mare, muchos soldados se casaban y tenían familias. Aunque los soldados eldianos... eran más jóvenes – intentó no pronunciar aquellas palabras. Los niños eldianos eran reclutados por el ejército para ser convertidos en titanes cambiantes y atacar a los cientos de países en los que se encontraban en continua guerra - ¿Aquí no había relaciones?
- Bueno... La legión de exploración siempre ha sido distinta. Debido al constante miedo de morir siendo devorado por un titán, nadie se casaba. Aunque siempre han habido parejas que pasaban mucho tiempo juntos y tenían relaciones duraderas... - sonrió de nuevo – Como la comandante Hanji y el capitán Levi.
- Tú... - se acercó hacia ella dubitativo - ¿Tú ….. tienes pareja?
- Sí, claro – sonrió de nuevo.
Nicolo sintió que caía desde lo alto de aquella torre. Sasha tal vez era una chica algo extraña y con un apetito demasiado voraz. Pero su aspecto era muy agradable y era una gran soldado. No sería de extrañar que alguno de sus viejos camaradas hubiese visto lo mismo que él veía en ella. Pero , ¿quién? Tal vez aquel chico tan alto. O su amigo que siempre estaba junto a ella en el comedor. ¿Alguno de los recién egresados?
- ¿Quién? - preguntó confuso mientras dejaba que una triste mirada se apoderase de él.
- ¿Quién? - señaló en su dirección con confianza – Tú.
- ¿Yo? - sus mejillas comenzaban a arder ante aquel comentario. - Pero si yo no...
- Yo estoy interesada en tu trabajo – comentó mientras se acercaba más – Y tú me haces compañía siempre cuando yo hago el mío. Como la comandante y el capitán. Ya hace mucho tiempo que pasamos mucho tiempo juntos. Y me gusta la comida que preparas.
- Sasha...
Mientras la oía hablar le entraban ganas de llorar. Nunca había pensado que llegaría a sentir estima por aquellas personas que le habían inculcado desde pequeño que debía odiar. Eldianos. Una raza extraña que poseían un extraño poder. Distintos. Diferentes. Pero ella no se parecía en nada a aquellos demonios que le habían dicho que serían. Sino que eran personas como él mismo. Aquellas personas que habitaban en esos muros no eran nada de lo que imaginaba. Y ella había sido el desencadentante para que fuese consciente de ello.
Tal vez él podría hacerle llegar esa sensación a sus compañeros marleyanos. Que existían personas preciosas dentro de aquellos muros. Que no eran demonios, sino humanos. Se abrazó con fuerza a ella mientras notaba que ella hacía lo mismo con excesiva alegría.
- Nicolo, ¿has traído algo más de comer?
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Si intentaba contar las horas que llevaba trabajando bajo aquel sol abrasador necesitaría más dedos de los que existían en sus manos. Aquellas vigas de acero que llevaban tanto tiempo descargando pesaban demasiado. Hubiera preferido seguir montando las vías del tren. Pero su comandante había preferido que ayudase a los nuevos reclutas y voluntarios en la descarga de barcos.
Aquel puerto comenzaba a parecer algo más que un simple reclamo de pequeñas embarcaciones, sino un punto de comercio y traslado. Cada semana recibían un nuevo cargamento de aquella mujer, Yelena. A lo largo de todo aquel día la había observado en silencio. Extraña, callada, misteriosa. Peligrosa. Ni siquiera era consciente de cuáles eran las posibilidades que existían en sus manos. A quién sería capaz de disparar si tenía un mal día.
La mujer se acercó con rudeza a uno de los voluntarios indicándole dónde estaba el resto del cargamento. Aprovechó ese momento para huir de allí. Había llegado a su límite. Tal vez el resto pudieran trabajar con una sonrisa bajo sus prominentes y sudadas narices. Pero el necesitaba descansar. El sol era demasiado fuerte y necesitaba reponer líquidos. Sonrió mientras encontraba una roca alejada en la que esconderse. Se sentó de espaldas y extrajo la pequeña botella que había conseguido.
Había sido difícil. Aún se encontraban todas aquellas botellas encerradas en cajas en el sótano de la policía militar. Aprovechar uno de los descuidos mientras se encontraban reunidos con Dot Pixis y fingir que bajaba a inspeccionar por orden de la comandante. Él había sido uno de los héroes de Shinganshina. Se merecía aquel trago. Se lo merecía. Abrió la botella y comenzó a acercar a aquel líquido hacia su boca.
- No hemos venido aquí a beber, holgazán – interrumpió una voz a su espalda - ¿Cuál es tu nombre, soldado?
- Floch...Forster – se resignó mientras se encontraba con la inquisitiva mirada de aquella mujer – Yelena, ¿verdad? ¿Acaso no vas a dejar que ningún soldado pueda beber ni una sola gota del vino que vosotros mismos trajisteis? Estoy exhausto, merezco un descanso.
- Vino... - sus ojos se viraron hacia la etiqueta de la botella y sonrió – Floch Forster.
- ¿Has oído hablar de mí?
- No, tu comandante no habla demasiado de vosotros. Os sobreprotege demasiado. Ni siquiera me ha dejado acercarme a Eren sin estar ella presente. Mucho menos hablar con él.
- Es desconfiada – dirigió una mirada lastimera a la botella que era requisada por aquella enorme mujer – Pero se supone que nos estáis ayudando, así que no entiendo el porqué.
- Hace bien en ser desconfiada. Vosotros habéis sido demonios para nosotros durante mucho tiempo. Y nosotros hemos sido demonios para vosotros.
- Tché. Sólo un demonio puede acabar con esta guerra. Y ellos mismos lo mataron.
- Ya veo... - comenzó a notar un extraño resentimiento en aquel soldado, algo que podría utilizar a su favor – Floch, yo creo que un dios es quién puede acabar con todo esto.
- Solo las personas excepcionales son las que deberían liderarnos. No un simple humano – sus puños se cerraron mientras se dirigía a ella – Eren es la auténtica esperanza de este mundo. Él es el demonio que nos liberará a todos de nuestra exclavitud eterna. Y se dedican a pasearlo por el cuartel o a mandarlo a montar guardias absurdas que no son necesarias en él.
- Eren es una persona extraordinaria. Cuando lo tuve frente a mí no podía creer que realmente pudiese existir una persona tan maravillosa. Nuestro señor Zeke... Él y Eren nos darán el futuro que merecemos.
- ¿Es cierto lo que dijo la comandante? Ambos tienen un poder combinado que podría acabar con todas las facciones de la guerra.
- Je – otra sonrisa misteriosa – El señor Zeke es omnipotente. Si lo vieras... comprenderías lo que ven mis ojos. Estoy completamente segura que solo ellos dos pueden liberar este mundo.
- Lo sé.
- ¿Qué deseas en esta guerra? - comenzó a tirar un fino sedal hacia el chico, sabía que era lo suficientemente manipulable como para ser un peón importante en aquella estrategia que se desarrollaría lentamente.
- Derrotar a aquellos que me han hecho sufrir.
- Muy bien, Floch. Acabemos la descarga. Tengo una botella de vino mejor que esa que podemos compartir esta noche. ¿Tu comandante te dejará salir de vuestro cuartel esta noche?
- No importa. Puedo escaparme fácilmente.
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Ya tenía ganas de escribir cómo Yelena comienza a hacerle un lavado de cerebro a Floch y éste comienza a reunirse con ella a solas para que pueda hablar con Eren sin que el resto del equipo de exploración se entere. Y cómo comienza toda la conspiración. También me está gustando escribir las escenas NicoSasha porque me parece que tenían una relación muy tierna y estoy comenzando a shipearlos.
Y por supuesto, la relación de Hanji y Levi siempre es de total confianza, Levi siempre apoyando a Hanji pese a todo lo que va sucediendo a su alrededor que la martiriza.
