Primero de todo, me disculpo por haber pausado este fanfic. Pero ha habido varias razones. En primer lugar, que quería que sucedieran varias cosas en el análogo que he asociado al pasado y que se va uniendo con éste en ciertas partes y comentarios. Por si no lo habéis leido, Desiciones y arrepentimientos, está en mi perfil.

En segundo lugar, mi trabajo, que cada vez ocupa más de mi tiempo y me impide hacer prácticamente nada. Ni escribir, ni dibujar, ni nada de nada.

Y por último, en mi ciudad, Barcelona, hace poco hubo una fiesta a la que acudí por que un youtuber al que admiro mucho (Kalathras, no se si lo conocéis) asistía. Pues rueda del destino quiso que terminase de fiesta con él por mi ciudad y terminase varios días agotada mentalmente de todo lo que pasó aquella noche y sumado a que tenía que seguir trabajando.

Espero que tengáis paciencia y sigáis apoyando esta historia.

Disclaimer: snk pertenece a Hajime Isayama.

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El humo comenzaba a salir a través de la ventana abierta. Seguramente existirían muchas palabras para designar aquella humareda que desaparecía con el contacto del aire exterior. Pero conocía perfectamente la que lo designaba en su propio idioma: fracaso. Era la quinta vez que intentaba recalcular la potencia del motor.

Pero era demasiado pequeño, necesitaba otro tipo de aleación para mantener la misma potencia que aquellos viejos motores que solían portar en sus piernas. Sus ojo cansado miró por última vez aquella pieza de metal completamente quemada. No había nada en aquellas murallas que le permitiese crear una aleación sostenible. De nuevo, volvía a necesitar de los víveres que le proporcionaban el mundo exterior. Volviendo a su posición de sumisión y vulnerabilidad. Dependencia. Aquello que no deseaba. Tener que depender de aquellos desconocidos que ahora mismo fingían ser sus aliados.

Aún le costaba creer que pudiera confiar en ellos. La confianza era un vínculo que se desarrollaba mediante años de colaboración ciega. Sin pretender obtener nada a cambio del otro. Pero Yelena era una mujer en la que aún no podía confiar. Pese a que sus palabras sonasen esperanzadoras, en ocasiones la visualizaba como alguien obsesionada con el poder que embargaba Zeke Jeager. Alguien demasiado peligroso. Demasiado.

De nuevo su vista se dirigió hacia la pieza carbonizada. Cada segundo que se frutraba por aquellos intentos de recrear algo que ya hizo tiempo atrás, hacía que el único ojo que aún poseía comenzase a doler. Tal vez estaba forzando demasiado su vista. O simplemente estaba agotada mentalmente. Respiró profundo y pateó con fuerza aquel elemento inservible enviándolo hacia el otro costado de la situación.

- Abrirás un agujero en la pared con tus patadas, Hanji – inquirió la voz de su viejo amigo, siempre tranquilo y en silencio acompañándola en sus experimentos.

- No estoy de humor Levi – evitó sus palabras mientras buscaba el viejo sofá del despacho y se tumbaba sobre él – Mañana tendré que hablar con Onyankopon para que me traiga otra aleación distinta. La última vez me habló de algo llamado titanio. Tal vez sea más resistente que el hierro.

- ¿Prefieres que me vaya?

- No... Es sólo que... - recogió las pequeñas gotas de sudor que caían de su frente – Estoy frustrada. Odio admitirlo. Pero estoy realmente frustrada. Tal vez Erwin se equivocó.

- …... - acercó una silla hasta ella y ocupó el sitio en silencio mientras la examinaba tranquilamente - ¿Qué solía hacer él cuando uno de tus experimentos volaba medio cuartel por los aires?

- Moblit... - no necesitaba constatar a quién se refería – Moblit le pedía al resto del escuadrón que limpiase. A veces me regañaba porque no era consciente del peligro. Pero cuando sabía que estaba frustrada, sabía cómo animarme. Me enseñaba sus dibujos o tocaba la guitarra para el escuadrón.

- Tche, ¿había algo que ese hombre no supiera hacer? - comentó con cierta envidia.

- Tal vez...

Todo comenzó a nublarse poco a poco mientras se sumía en un profundo sueño. Hacía casi dos años desde aquella cruenta lucha, dónde perdió a tantas personas importantes. Dónde tantos soldados dieron sus vidas para recuperar aquel terreno que antaño les fue arrebatado. Si se concentraba aún podía recordar la noche antes de aquella batalla. Antes de cada misión era consciente de que tal vez no volvería con vida.

Siempre había vivido con ese pensamiento y le acompañaba dentro de su corazón todos los días de su vida. Aquella noche, cómo tantas otras, trabajó hasta demasiado tarde. Era una batalla importante, todas lo eran. Pero aquella era especial, no tenía ninguna garantía de que conservaría todas las partes de su cuerpo cuando finalizara.

- Moblit, hagamos otra prueba con las lanzas trueno. Aún podemos encender un par de candiles en el patio y-

- Capitana, debería descansar. Mañana es un día demasiado díficil. Las lanzas funcionan. Ya hemos hecho muchas pruebas con ellas – terminó de colocar la última tanda encima del carro que saldría con ellos al atardecer.

- Pero...

- Creo que es mejor descansar por hoy.

- Tal vez tengas razón – su mirada le guió hacia una pequeña cornisa encima de un tejado en la que se había sentado cientos de noches, siempre acompañada de la misma persona – Moblit, ¿irás a ver a alguien esta noche? Podría ser la última.

- Yo no... - dubitó mientras esquivaba su mirada.

- Nunca me has hablado de ello, ni cuando éramos novatos a las órdenes de Ness.

- …...

- ¿Hay alguien especial, Moblit? ¿Alguna chica de la ciudad o de otro escuadrón? Nifa y Abel parecían tener algo – una desazón cubrió su boca al pronunciarlos. Esperaba que hubieran podido llevar dulces recuerdos a la otra vida.

- Sí, la hay...

- ¿Quién?

- No... me apetece hablar de eso...

- ¿Por qué no?

- Porque ella ya tiene a otra persona... especial – añadió mientras sentía una punzada de dolor.

- ¿Otra persona? - insistió mientras intentaba averiguar quién podría ser.

- Ellos dos siempre han tenido un vínculo especial. No puedo competir contra eso.

- ¿Quién es esa persona?

- El... - levantó sus ojos encontrándose con los de su superior, sabía que era lo suficientemente lista cómo para entender lo que diría a continuación – El capitán... Levi.

- ¿Levi? - palpitaciones que comenzaron a volverse cada vez confusas. Sólo había una persona en aquel cuartel que tuviese aquel extraño vínculo con él, la misma a la que él miraba desconcertado, ella.

- No necesito una respuesta. La conozco – continuó impidiendole hablar mientras se levantaba – Me uní a este escuadrón porque confíe en que tu intelecto sería de utilidad para el mundo. Sobrevive, Hanji – el uso de su nombre la sorprendió, demasiados años sin ser referida cómo algo más que capitana – Los ciudadanos te necesitan.

El olor del grafito la hizo despertar de su ensueño. Había escuchado aquel sonido demasiadas veces, papel siendo rasgado por una fina barra de carboncillo mientras su usuario se manchaba sus dedos con ella. Sus pestañas se abrieron lentamente buscando al origen de aquella visión. Tal vez se hubiese quedado dormida durante más de veinte minutos. Añorando a aquella persona responsable de que aún existiera.

Intentó incorporarse con poca brusquedad. Aquel viejo sonido habían conseguido extasiarla. Añoraba aquel tipo de situaciones en las que simplemente le observaba dibujar uno de los resultados de sus experimentos. Pero ahora mismo quien dibujaba afanosamente sobre un papel no era su viejo subordinado sino su más fiel amigo, la persona más cercana a ella.

- ¿Qué haces, Levi?

- No soy él – admitió – Esto es todo lo que se hacer.

Se acercó a él mirando los trazos temblorosos que habían trazado una cara que no podía identificar. Tenía un extraño ojo desproporcionado con el resto de su cara, una serie de líneas negras cubrían lo que debería ser su otro ojo. Y algo parecido a una sonrisa.

La misma que comenzó a dibujarse en su propio rostro mientras apoyaba su cabeza sobre su hombro, admirando aquel extraño retrato con el que intentaba animarla.

- Me estaba acordando del día que te declaraste, fue bastante inesperado, ¿no crees?

- Olvida esa mierda, fue patético - admitió sin mucho convencimiento.

- ¿Y de cuando yo me declaré a tí?

- …... - detuvo su mano sobre el lienzo mientras se encontraba con ella en un juego de miradas – Jamás podría olvidarlo.

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En ocasiones, solía contar los escalones que distaban desde la primera planta hasta el sótano del cuartel, 87. Los había contado centenares de veces. Aquel almacén bajo tierra se había convertido en una zona que había visitado más de lo que esperaba. Demasiado. 45, 46. Su mente comenzó a divagar mientras sus pies se mostraban más débiles conforme rozaban aquella dura piedra. Pero sabía que no era por el hecho de estar bajando aquella escalera.

Sino, por todo lo que estaba ocurriendo en su vida últimamente. Se había convertido en una extraña moneda de cambio. Sus orígenes la hacían preciada. Una Ackerman, una raza prácticamente extinta y a la vez codiciada. Como si de un prototipo se tratase, su clan había sido utilizado como resultado de cientos de experimentos que habían finalizado en una fuerza abismal. Y al mismo tiempo, debían ser los fieles protectores de la familia real. Hasta que comenzaron a querer llevar su propia vida. Ante lo cual, comenzaron a ser masacrados.

Su capitán le había contado aquella historia decenas de veces. Siempre había creído que su madre, tal vez la última asiática sin mezcla en aquellas murallas, había sido el detonante. Pero, había sido su padre, un humilde agricultor que jamás había visto utilizar su fuerza. ¿Acaso carecía de ella? Pero era un Ackerman, igual que ella.

Ahí entraba otro concepto, el detonante. No le gustaba pasar tiempo con aquel diminuto hombre, pero conocía mejor que ella misma las implicaciones de su sangre. Ser un Ackerman implicaba muchas cosas. Implicaba tener un poder latente que se accionaba en un momento concreto de tu vida. Podía ser en una situación de supervivencia o tal vez ante un estímulo concreto. Si su padre hubiera podido despertar su poder, ¿habría sobrevivido a aquella matanza? ¿Viviría aún su madre?

62,63. Preguntas sin respuesta, que jamás serían respondidas. Su clan estaba extinto, solamente quedaban dos personas. Y si ninguno de los dos tenía descendencia, aquel misterioso poder moriría con ellos. Tal vez, sería lo mas adecuado. Una fuerza descomunal que apenas podía controlar en la mayoría de ocasiones. Era mejor dejar que se extinguiese.

Sus ojos atisbaron a ver la puerta al final del pasillo. 87. Realmente sabía que no debía estar allí, pero sentía la necesidad de hablar con alguien. Eren se encontraba haciendo pruebas de sus poderes por orden de la comandante junto a un grupo de voluntarios. Hubiera preferido estar allí, pero su viejo amigo prefirió prescindir de su presencia por la peligrosidad de la situación. Había observado decenas de veces sus transformaciones. Sabía contrarestarlas. No necesitaba protección.

La realidad era otra. La esquivaba. La ignoraba. Era consciente de ello. De la distancia que iba creciendo milímetro a milímetro entre ellos dos. Y que se había visto acrecentada desde que Historia recibió la orden de alimentarse de Zeke Jeager antes de que su poder se transfiriese de manera aleatoria. Una inyección, aquel suero la transformaría en una fiera bestia y devoraría a aquel hombre. Luego, su vida se vería acortada hasta trece años. ¿Cuántas más personas tendría que ver morir en ese pequeño lapso de tiempo? ¿Acaso alguno de sus compañeros de escuadrón correrían la misma suerte devorando a Eren? ¿Por qué no podía aceptar ella ese destino?

No podía, era una Ackerman. Su sangre la limitaba. No conocían los límites de provocar una transformación en alguien que ya poseía parte de ese código genético. Tal vez sería una terrible equivocación. O tal vez no.

La puerta ni siquiera estaba cerrada. La persona que ocupaba aquella habitación esperaba ser encontrada allí. Atravesó el umbral algo asustada pese a que sabía lo que ocurría allí.

Solamente iluminada por un pequeño candil, el cristal que la recubría lanzaba múltiples destellos que rebotaban por las paredes. Era una imagen hermosa y a la vez cruel. ¿Durante cuántos años más permanecería encerrada? ¿Había aceptado agotar su tiempo de vida en aquella base de cristal? Tal vez era una mejor opción que ser forzada a ser un sujeto de pruebas. Mikasa se sentó junto a su fiel amigo que continuaba en silencio admirando la belleza de la sala.

- No tienes buena cara – inició él mientras se giraba en su dirección – Deberías dormir más.

- Eren desapareció ayer y no volvió hasta la noche – acusó.

- La comandante le inquirió un castigo por eso. Hoy lleva escolta por eso. No queremos que vuelva a desaparecer sin dar explicaciones – se rascó el puente de la nariz mientras intentaba forzar una sonrisa – Supongo que está agobiado porque no hemos podido evitar involucrar a Historia en todo esto.

- Eren no aceptó demasiado bien las demandas de Hizuru.

- Ninguno de nosotros lo hizo. Queremos ser una nación libre, no ser esclavos de nuestra condición por lo que nuestros antepasados hicieran. Sólo somos humanos – observó sus manos con tranquilidad, cómo si las líneas que la atravesaban en su piel la tiznasen y le diesen una connotación – Aunque yo pueda regenerarme, quiero seguir considerándome humano.

- ¿Quién heredará vuestro poder cuando pase este tiempo? - intentó visualizar a aquella mujer que le miraba dormida a través del reflejo del cristal, ¿llegó a conocer a la persona a la que devoró años atrás?

- No estoy seguro de que se nos permita decidirlo. Eren y yo coincidimos en lo que queremos.

- ¿En qué?

- No queremos condenar la vida de nadie por trece años.

- …... - se encogió en su postura mientras abrazaba sus piernas – Yo también estaba allí cuando condené tu vida, Armin.

- No debes preocuparte más por ello.

- No se que será de mí cuando ambos desaparezcáis...

- Se fiel a tí misma y encontrarás tu respuesta – le alentó mientras acariciaba su espalda.

- ¿Eren ha encontrado también su respuesta?

- Eren es mayorcito. Sabrá cuidarse sólo. Debes empezar a velar más por ti misma y dormir algo más.

- Tal vez tengas razón...

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No estaba demasiado acostumbrada a aquel tipo de situación. A lo largo de su infancia, había experimentado la libertad mientras recorría cientos de veces aquel bosque dónde cazaba. Ni siquiera su padre había osado retenerla. El concepto de castigo era algo que no podía llegar a entender demasiado bien. Pero sabía que en el ejército no siempre podría evadir sus responsabilidades.

Y sabía que las había transgredido demasiado. En ocasiones, Connie le había alertado de ello y de que debía cesar esos encuentros nocturnos pero su ingenuidad le había transmitido el mensaje equivocado. Hacía más de dos horas que su capitán le había informado que la actual comandante quería verla. Pero llevaba más de media hora delante de la puerta de su despacho. Indecisa. ¿Tal vez sería encerrada cómo pasó con Eren y Mikasa hacía años atrás? O quizás se duplicaría sus labores en la construcción de los raíles.

¿Acaso se atreverían a recortar su racionamiento? Aquello sin duda sería algo terrible. Prefería trabajar más de doscientas horas bajo el tórrido sol que le arrebatasen su merecida ración. Añoraba poder tener allí a alguno de sus amigos y no pasar por aquella tortura sola. Pero era un soldado, era algo que debía recordarse a menudo. Fuera cual fuese el castigo, lo acataría con honor.

Dio unos suaves golpes en la puerta y procedió a abrir. Su comandante estaba sóla, parecía cansada, como de costumbre, revisando miles de documentos. Sin levantar su mirada le indicó que tomase asiento. Se sentó mientras notaba que sus piernas aún temblaba, si se concentraba, podría derretirse en aquel asiento. Pasaron unos escasos minutos hasta que finalmente le brindó atención.

- Perdona por hacerte esperar – sonrió como de costumbre – Pero necesitaba acabar esto antes de hablar contigo.

- Lo... lo siento – comenzó a decir – No voy a mentir. Sabía que estaba prohibido pero...

- Sasha, espera un momento, ¿de qué estás hablando?

- …... Aceptaré mi castigo gustosamente. Puedo picar piedra en la cantera norte o incluso limpiar los establos durante cuatro meses seguidos...

- ¿Castigo?

- Haré lo que sea, pero por favor, ¡no me obligues a pasar hambre!

- ¿Hambre? Sasha, cálmate – Se levantó y tomó asiento junto a ella, cerrando la distancia entre ambas – Yelena va a traernos unos rifles nuevos la semana que viene. Quiero que tú instruyas a los voluntarios y a los recién incorporados haciendo prácticas en la costa. Eres una de mis mejores tiradoras.

- ¿Y el capitán? Él tiene mejor puntería que yo.

- Le necesito aquí.

- Entiendo. Prácticas de tiro... - suspiró aliviada – Ese idiota de Connie se equivocó...

- ¿Qué es lo que te preocupa, Sasha? ¿Por qué temías ser castigada? - inquirió.

- …... - intentó esquivar el tema, si ella se enteraba, el castigo si que sería real. Y aquella noche el cocinero le había adelantado que habría venado para la cena.

- ¿Tiene que ver con Nicolo y la razón por la que llevas meses sin dormir en tu habitación?

- …... - la única palabra con la que podría describir la sensación que sentía en aquellos momentos sería traducida como petrificación, se sintió incapaz de responder a aquella acusación - ¿Desde cuando...?

- No sabéis esconderos demasiado bien – sonrió con aparente malicia – Os descubrimos desde el primer día.

- ¿P-por qué no hemos recibido un castigo? Nicolo abandona su celda para verme y yo me aprovecho de mi puesto para burlar a los guardias de los calabozos... Incluso... Jean y Connie me ayudaron en varias ocasiones para que el pudiera salir de esas rejas.

- Tanto Levi cómo yo somos conscientes de lo que ha sucedido. Pero hemos decidido que no sería justo castigaros. Nicolo ya duerme cada noche en una celda y a ti te obligo a soportar el peso de un fusil a tu espalda. Es suficiente castigo. - se flexionó hacia atrás algo cansada – Nicolo ha demostrado ser un fiel colaborador de nuestra isla, no obstante, las reglas son las reglas. Aún es demasiado pronto cómo para darle una cama fuera de esas celdas.

- Hanji-san... Él es marleyano y yo-

- ¿Supone eso un problema real?

- No.

- Yo creo en las alianzas. Son las que están trayendo pan y agua a las personas que permanecen asustadas en sus casas mientras nosotros combatimos. Las personas que nos bombardean no saben quiénes somos – otro suspiro – Irónicamente, puede que ese chico sea el primero de su país que sea capaz de vernos cómo algo más que demonios.

- Tienes razón …... - sabía que aquella mujer era su superior, pero a veces, cuando hablaba, tenía la sensación de hablar con su propia madre – Supongo que debería comenzar a ser más cuidadosa y reducir los encuentros...

- Cómo te he dicho antes. Tanto Levi cómo yo misma hemos sido conscientes desde el principio y hemos decidido no interrumpiros. Eres una gran soldado Sasha, así que mientras no afecte a nuestra lucha no te impediré que pases un par de noches fuera de tu cama – acarició la cabeza de su subordinada con cautela – No puedo pedirte que hagas algo que yo no hice cuando era más joven.

- ¿Solía tener encuentros nocturnos a menudo?

- Cuando era más joven – repitió.

- Con...¿Con el capitán? - insinuó.

Su comandante sonrió con cierta tristeza. Como si rememorase escenas pasadas que se habían congelado en el presente y no se repetían tan a menudo como ansiaba. Solamente una sonrisa, cada vez que cualquiera de ellos les preguntaba acerca de su relación o su futuro con él, esa era su única respuesta, una sonrisa.

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Su corazón latía con demasiada fuerza. ¿Emoción? ¿Éxtasis? Era un tipo de sentimiento que jamás había podido clasificar pero ahora comenzaba a expandirse por todo su ser provocándole una sensación parecida a un ataque al corazón.

Había conducido en multitud de ocasiones carros parecidos al que llevaba en ese mismo instante. Cargado de paja y varios sacos de arroz con un destino concreto. Sólo que no llegaría a tal destino. De nuevo aquellas palpitaciones que traspasaban sus tímpanos. ¿Cualquiera de las personas con las que se cruzaba en aquella carretera de tierra podía escuchar aquellos latidos? Si realmente podían, creerían que estaba loco.

Pero él era la única persona cuerda. Lo sabía. Desde el momento en que cargó a su sangriendo comandante sobre su espalda, para observarlo morir. Sabía que él era el único que no había perdido su cordura. La adrenalina comenzó a filtrarse a través de sus retinas, como si sus ojos fuesen a salírsele de sus órbitas.

Salivó desesperado. Necesitaba ir más rápido. Agarró las riendas con fuerza y le indicó a los caballos que acelerasen su paso. Pero no demasiado, o llamaría la atención. ¿Acaso también saldría su corazón de su pecho? Por primera vez, en dos años, sería consciente de la auténtica cordura. De un plan real, algo que realmente los liberaría de los muros invisibles que se habían colocado delante de sus ojos.

No importaba un clan extinto del cual solamente pervivían dos soldados inútiles cuyos sentimientos habían hecho morir a una de las personas más importantes de la humanidad. Tampoco aquella mujer que fingía mientras intentaba obtener todo el poder de su enemigo para atacarles con él. Nada de eso importaba, ni el intelecto ni la fuerza. Sólo importaban aquellas personas que realmente eran sobrehumanos, aquellos que habían nacido para convertirse en las nuevas deidades.

Y el destino quiso que compartieran un vínculo sanguíneo. Se limpió la saliva que caía de la comisura de sus labios. Él, Floch Foster, jamás había destacado en exceso en su entrenamiento. Apenas podía diferenciar entre varios tipos de ataques o llaves. Pero siempre se había considerado alguien que lucharía por la verdadera razón de su liberación.

Comenzó a ralentizar el paso mientras encontraba el sitio acordado. Su corazón había dejado de latir. Él, alguien que jamás había destacado en nada, sería la razón por la que humanidad finalmente se salvara. Vigiló con cautela los alrededores mientras bajaba de su incómodo asiento y se dirigía hacia la parte trasera. A pesar de estar cubierto de suciedad y paja, su imagen seguía siendo la de un dios. Le tendió una mano para ayudarle a bajar. Ni siquiera le miraba directamente a la cara.

El joven de ojos verdes bajó con rudeza mientras comprobaba el perímetro. Una pequeña caseta de madera. Realizó una indicación al soldado para que vigilase mientras abría las pesadas puertas de madera.

Suciedad, polvo y oscuridad era todo lo que había allí. Sus ojos se pasearon por la estancia hasta encontrarse con la persona que debía encontrarse. Una mujer de un tamaño algo superior a la media y con un extraño convencimiento en su mirada. Se aproximó hacia él y le tendió una mano con extraña simpatía.

- Encantada de conocerte finalmente, Eren Jeager – sonrió de una manera algo teatral – No te preocupes, tenemos todo el tiempo que necesitemos para hablar. Siéntate. He hecho té.

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Lo lamento por el capítulo tan corto. Estoy más centrada en mi otro fanfic de Desiciones y arrepentimientos, y había dejado este un poco de lado. Pero igualmente se que este fanfic va a ser más corto porque tiene que acabar en una parte en específico y quiero intentar acabarlo. Espero que os haya gustado.

¡Nos leemos!