Snk pertenece a Hajime Isayama.
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Echó un último vistazo hacia el exterior. Aquella zona estaba prácticamente deshabitada; pero prefería no desperdiciar el poco tiempo del que disponía. Miró fijamente a Floch, quien parecía algo sorprendido por aquella extraña situación pero rezumaba de orgullo por ser finalmente elegido. Demasiado tiempo sintiéndose lastimero por haber sobrevivido meramente por suerte. Y al fin alguien había recabado en sus habilidades.
Posiblemente inútiles en el campo de batalla. Pero seguramente necesarias para todo lo que necesitaba llevar a cabo. Necesitaba un cómplice. Y sabía que Armin y Mikasa no aceptarían su punto de vista fácilmente. Floch era demasido fácil de manejar. Tanto que le asustaba que fuera capaz de desviarse de su plan original y dañar a aquellos que no deseaba. Asintió con ligereza y le indicó que hiciese guardia mientras hablaba en el interior.
Se introdujo hasta la estancia y se sentó frente a aquella alta mujer de cabellos cortos y dorados. Ella le miraba con suficiencia, como si dominase la situación. Sin ser capaz de leer todos los pensamientos que cruzaban su cabeza en ese instante.
- No puedo escaparme durante tantas horas. El precio a pagar es demasiado grande. El capitán se dará cuenta de que esta vez he ido más lejos. Así que se breve.
- Zeke tiene un plan. Y necesita de tu poder para hacerlo efectivo.
- ¿Un plan?
- Cómo bien sabes, la situación entre la población eldiana es recriminada debido a la discriminación. Marley no tardará en atacar de nuevo. Ahora mismo es la nación más grande que puede dañar esta pequeña isla. Y, por supuesto, otras naciones seguirán su camino – una sonrisa amplia se posó en su rostro – No tardarían más de diez años en reducir todas estos pastos a cenizas. Una lástima. Vuestra isla es tan bella...
- ¿Qué mensaje tiene Zeke para mí?
- Hay que detener el odio a la raza eldiana. Os temen debido a vuestra capacidad de convertiros en bestias magnificentes. Así que hay que detener esa capacidad.
- ¿Detenerla? - su mirada se posó fija en los ojos de la mujer, que continuaba inexpresiva observando a su presa.
- Eutanización. Impediremos que nazcan más niños eldianos. Dejaremos que la raza viva el resto de su vida sin poder reproducirse. Así alejaremos a las naciones enemigas de atacar este hermoso lugar.
- No creo que sea suficiente con eso. El enemigo intentará acabar con todos nosotros antes de que se acabe nuestro tiempo.
- Ya hemos contado con ello. Al sur del continente se encuentra el puerto de Karypua. Si utilizamos un ataque preventivo contra Liberio, todas las naciones se reunirán aquí para invadir la isla de Paradis – Señaló un viejo mapa mientras Eren observaba en silencio – Podemos utilizar el retumbar de manera parcial y diezmar sus tropas.
- ¿Sería acaso eso posible? ¿Detendrían su ataque durante varias décadas?
- Toda guerra conlleva consecuencias ecónomicas. Si destruimos lo suficiente de su poder armamentístico tardarían bastante en recuperarse. Ni siquiera una gran alianza mundial conseguiría retomar la economía de manera inmediata.
- Puerto Karypua... - susurró mientras sus ojos penetraban aquellas líneas marcadas sobre el papel.
- Al este, en las montañas que hay cerca del puerto, tienen dispuesto un hangar de aviones. Si lo destruimos, derrotaremos definitivamente al enemigo.
- Entiendo – sus manos recogieron ágilmente el manuscrito mientras memorizaba aquellos nombres – Floch, deshazte de él.
- Entendido – asintió sin oponerse a sus órdenes.
- Dentro de medio año, tenemos que reunirnos con esa mujer, Kiyomi, en Liberio.
- Es demasiado precipitado, Eren – le corrigió la mujer – No podré disponer de Zeke para guiarle hasta tí. Debo continuar con mi rol de doble espía. Tu comandante sospechará si voy con vosotros. Aún no confían en mí.
- ¿Cuando podrás llevarme hasta él?
- Puede que más de un año. Tal vez año y medio. Ahora mismo le han designado en una batalla lejos de Marley. Así que no podré entrar en contacto directo con él hasta que finalice su lucha.
- Año y medio... - sus palabras eran arrastradas mientras contaba mentalmente – El tiempo se agota...
- Antes de eso, he proseguido rastreando el último titan que no habíais podido identificar. El imperio Marleyano también está interesado en él. Así que me he tenido que limitar a escuchar en voz baja.
- ¿Último titan? - musitó extrañado - ¿No están todos en posesión del imperio marleyano?
- Al igual que Paradis, Eldia también le perdió el rastro a algunos de sus luchadores tiempo atrás.
- ¿Cuál es el poder del noveno portador?
- Lo desconozco, pero el continuo rastreo nos ha guiado hasta la familia Tybur. Una familia rica que tiene contactos dentro del imperio marleyano. Seguramente utilizarán el poder de su titán para controlar la dirección de la guerra que se está llevando ahora mismo a cabo.
- Entiendo. Si consigo esquivar la continua vigilancia del capitán, me encargaré de averiguarlo yo mismo.
- ¿Deseas adquirir el poder del noveno titán?
- Si vamos a salvar al imperio eldiano, debemos tener todas las armas posibles de nuestra mano.
- Sin duda, Zeke y tú sois auténticos dioses.
Eren dirigió una mirada triste ante aquella tonada de admiración. Dioses. Tal vez la palabra más inapropiada para dirigirse hacia ellos. El enemigo les llamaba demonios. Otra palabra lejos de la realidad. ¿Qué eran realmente? En ocasiones, cuando se miraba en el espejo, sólo sentía que era una carcasa vacía en la que habían habitado demasiadas almas. ¿Cuál sería la última que ocuparía su lugar?
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El viento arrastraba silabas sin sonido. Que se perdían entre sus pisadas. Pequeñas marcas que dejaban un rastro a su paso en la polvareda que comparecía en el exterior. Se detuvo unos instantes admirando aquellas siluetas dejadas por sus livianas botas. ¿Qué las diferenciaba del resto?
Cada día comenzaba a detestar más aquel apellido. Ackerman. Había vivido demasiados años sin tener ningún nombre al que referirse más que aquel que su propia madre le había dado.
Pero aquel otro era impuesto.
¿Acaso realmente implicaba algo tener aquel apellido? Una extraña fuerza descomunal y un origen incierto. Así como ser un arma irremplazable. Ni siquiera le convertía en algo que fuese la diferencia entre la supervivencia de la humanidad. Solamente un arma otorgada con el don del raciocinio. Sabía perfectamente que aunque las altas esferas dictaminasen la orden, él la evadiría si era necesario. Cualquier orden que contradijera aquellos ideales que le hicieron unirse a la legión de reconocimiento serían descartados de su mente inmediatamente.
Se aproximó con cautela hacia la zona exterior dónde realizaban el entrenamiento. Una figura colosal que permanecía quieta esperando órdenes. Hanji se había empecinado en mejorar la potencia de aquellas armas que habían creado para detener al titan acorazado. Y quería implementar su grado de letalidad para poder destruir al enemigo más mortífero con tan sólo una de ellas.
- Vale, Armin – comenzó a enunciar a la figura inamovible – Dispararé la lanza a una de las partes más frágiles, un brazo, una pierna; posteriormente evaluaremos si es suficiente para cercenar alguno de esos miembros. Si detectas que la carga explosiva no es la suficiente, la iremos incrementando hasta conseguir nuestro objetivo.
- …... - un gruñido sin sonido a modo de comprensión, tomó cierta distancia y levantó el brazo en señal de aprobación.
Mikasa se posicionó al lado de la comandante, con el rostro algo preocupado; empapada en sudor por las consecuencias que podía tener aquello si la dósis de explosivo era demasiado letal.
- Hanji-san... - intentó defenderse.
- Mikasa – la interrumpió – Ya hemos hecho experimentos previos con las lanzas-relámpago y Eren. Hasta ahora hemos conseguido detonar la nuca de Eren sin dañarle a él. El colosal posee una piel más gruesa, así que no dañaremos ninguna parte vital.
- Pero-
- Escúchame atentamente – se giró hacia ella con seguridad – Te he pedido a tí que seas la que lance las lanzas-relámpago porque sé que tendrás la puntería suficiente para no lastimar a Armin más de lo que pueda regenerar. Confío en tí, Mikasa.
- Entendido – asimiló la mujer mientras se posicionaba para saltar a la orden.
Hanji levantó una mano mientras observaba al titán colosal alejarse a una distancia prudencial. Respiró hondo y bajó su brazo con fiereza. Mikasa saltó en posición junto al resto de sus compañeros. Evaluó la zona a detonar y dirigió aquella arma contra la pierna de su amigo. Detonó al instante, cercenando parte de la carne, pero sin llegar a partir el hueso.
Frunció el ceño y se volteó en el aire encontrándose con la mirada de su comandante que parecía pensar rápidamente. Sus miradas se encontraron y le dirigió una serie de órdenes invisibles a través de su único ojo. Mikasa viró hacia atrás y cargó la vara metálica en su antebrazo; disparó sus ganchos hacia el muslo del titán colosal y disparó justo debajo de la rótula.
El humo de la explosión la dirigió hacia atrás. Pero la orden había sido correcta, el hueso de la rodilla se quebro y el músculo que conectaba ambas extremidades estalló en mil pedazos, obligando al enorme titán a caer de frente contra el pasto. Una mano gigante se posó junto a su compañera que había aterrizado en el suelo. Sus brillantes y claros ojos miraban con pesar a Mikasa. Asintió indicándole que habían acertado la proporción y se encontraba bien. A salvo. Mikasa suspiró y se incorporó con pesadez.
- Connie, Sasha; ayudad a Mikasa, se ha quedado demasiado cerca de la explosión. Aseguráos de que no esté herida - se giró hacia su otro subordinado que continuaba atento esperando órdenes – Jean, quiero que incrementes la dosis de las siguientes lanzas en un 14%; volveremos a atacar la misma zona cuando Armin haya regenerado la rótula. Si Mikasa se ha dañado en la explosión, quiero que las lances tú. ¿Entendido?
- Entendido, comandante.
El joven muchacho se alejó con celeridad mientras continuaba cumpliendo las órdenes de la mujer. Levi se acercó hacia ella con cautela mientras veía que se sentaba cansada sobre el muro de piedra. Parecía física y mentalmente agotada, se quedó de pie junto a ella mientras observaba a su escuadrón trabajar a sus órdenes.
- Si no puedo crear un arma ineludible no podremos controlar a Zeke cuando lo traigan a la isla. Los azumabito insistieron en que su poder no debía perderse y querían establecer control de ello. Pero no confío en él, necesito poder neutralizarlo si se rebela.
- Ya veo – buscó asiento junto a ella y se relajó mirando hacia el horizonte - ¿Has aumentado el rango de alcance entonces?
- Sí, será mejor atacar al titán bestia o al acorazado desde la distancia. A poca distancia son letales. Demasiado rápidos. - esbozó una sonrisa que se perdía en las comisuras de sus labios – A veces siento que estoy demasiado cansada, Levi.
- El atardecer llegará pronto y podrás tirarte en tu harapienta cama.
- No me refiero solo a hoy. Me siento cansada. Erwin sin duda depositó un peso demasiado grande en mis pequeños hombros.
- Ya hablamos de eso, no estás sola. Todos nosotros lo cargamos contigo.
La mujer dirigió una mirada triste a sus pálidos ojos. A veces sentía que había renunciado a demasiadas cosas en su propia vida. Por un futuro incierto al que se aferraba como si fuese la única esperanza que le quedaba. ¿Cuál era su sueño cuando colocó aquellas alas en su espalda por primera vez? Hacía demasiados años y había olvidado completamente aquella sensación. La que le levantaba cada mañana llena de energía.
Tal vez había envejecido demasiado rápido sin darse cuenta, y sus esperanzas se vaciaban con su propia alma. Aquella vez en la que sintió que la realidad cumplía sus expectativas había quedado demasiado atrás. La nueva realidad a la que se enfrentaba era demasiado cruel. El mundo entero se había convertido en su enemigo. Y desde que aquella mujer con ojos rasgados se sentó en su mesa supo que una cuenta atrás irrefrenable había comenzado.
Y debían encontrar una solución antes de que el tiempo se acabase. En la cual su enemigo dejase de verlos como los monstruos que albergaban bajo su piel. Una de sus manos comenzó a recibir un ligero tacto, rozando sus dedos. Hanji se incorporó levemente mientras observaba aquella pálida mano agarrando la suya sútilmente. No eran necesarias a veces las palabras para que él comprendiese la frustración que suponía para ella ese cargo ante el que no se encontraba preparada. Deslizó sus dedos entre los de él y apoyó su cabeza en su hombro.
- Hace bastante tiempo desde que el cuerpo de exploración no visita el orfanato – musitó él mientras dirigía su vista hacia los reclutas que continuaban probando las nuevas lanzas – Historia lleva tiempo ayudando allí. Sería prudente observar que los recursos que se han dirigido allí han sido fructíferos y no se han desperdiciado.
- Sí, tienes razón. Ha pasado demasiado tiempo.
El atardecer acariciaba sus mustios cuerpos mientras los jóvenes que ocuparían algún día sus cargos continuaban su labor. Cada día que pasaba se volvía más largo que el anterior. No estaba segura si era porque el destino intentaba retrasar la fecha fin de su vida o porque ella misma deseaba retener cada instante en el que sentía el calor del cuerpo de él. Hasta que aquella mano fuese incapaz de sostenerla.
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Las ruedas del carruaje se detuvieron junto a la puerta de aquel edificio. Bastante nuevo. Construído en los últimos años y que había trasladado a los niños del viejo orfanato a aquella nueva localización. Cercana a aquella vieja granja en la que Historia Reiss había pasado gran parte de su infancia. No sabía cual había sido la razón por la que la reina había decidido pasar el resto de sus días cuidando a unos niños; pero sin duda era la excusa ideal para visitar aquel lugar.
Desde el fallecimiento de su subordinado Moblit, había dejado de tener ningún tipo de comentario acerca del estado de aquellos niños. Cuyos padres les eran arrebatados por el campo de batalla. Y ellos dos eran ahora la cabeza de la legión de exploración. Fieles responsables de obligar a aquellos niños a permanecer en el orfanato.
Un niño se acercó corriendo desde la puerta. Su boca permanecía abierta con admiración, cómo si contemplase algo que viese por primera vez. Levi se sintió incómodo mientras el resto de niños salían corriendo y se colocaban junto a él. Uno de ellos comenzó a cuchichear en voz baja mientras le señalaba con el dedo.
- …... te dije que era más pequeño de lo que parecía... - atisbó a oír entre susurros.
Uno de ellos se adelantó, mientras temblaba y se acercó con cuidado hacia Levi. Alargó un brazo y tocó la tela de su chaqueta. Acto seguido salió corriendo y se reunió con el resto de niños que lo vitoreaban como si fuese un héroe.
- ¿Qué se supone que están haciendo? - se dirigió hacia Hanji mientras comprobaba su chaqueta que había sido toqueteada por el niño - ¿Acaso es algún juego tonto?
- Para ellos eres cómo un superhéroe, Levi – rió Hanji mientras se acercaba hacia los niños – Estamos buscando a su majestad Historia, ¿está por aquí?
- La hermana Historia ha salido a buscar provisiones – se adelantó el mayor de ellos mientras seguía observandola a ella - ¿Eres la comandante de la legión?
- Podéis llamarme Hanji – asintió.
- ¡Es la comandante! ¡Es la comandante! - comenzó a corretear a su alrededor - ¿Es la insignia de comandante? ¿Puedo verla? Los soldados de la legión de reconocimiento son tan guays...
- Zack, idiota – increpó una chica alta con cabello claro – Si han venido a buscar a la hermana Historia, dejémosles pasar. Pase, señora comandante.
- Llamadme Hanji, chicos... - insistió.
- Señora comandante – prosigió otro mientras se agarraba a su chaqueta guiándola al interior - ¿Ha matado alguna vez a un titán de veinte metros?
- Sí, claro. Pero llamadme Hanji.
- Capitán Levi, ¿es verdad que puede matar a tres docenas en menos de un minuto?
- ¿Se puede saber quién cuenta esas estupideces? - frunció el ceño mientras otro de los niños se enganchaba de su pierna.
- Comandante, comandante – prosiguió otra chica mientras les guiaba hacia una mesa cercana - ¿Podré formar parte de la legión cuando sea mayor?
- Si entrenas duro... - sujetó una silla y se acomodó mientras el resto de niños continuaba admirando su uniforme - ¿Queréis... probaros la chaqueta?
De nuevo gritos de admiración y vítores. Aquellas bocas continuaban abiertas como si sus mandíbulas fueran a desencajarse. Hanji sonrió con ternura y procedió a quitarse la chaqueta. Sujetó la pieza de tela entre sus manos y la acercó hacia una de las niñas del orfanato. La ayudó a colocarsela y las mejillas de aquella pequeña niña se encendieron como si ardiesen.
Otro de los chicos se acercó hacia Levi con ojos suplicantes. Destellos de admiración y a la vez una súplica en silencio. Levi dirigió su mirada hacia Hanji que comenzaba a servirse el té mientras aquellos niños jugaban con la chaqueta de su uniforme como si fuese una capa. Arrastrandola por el suelo y ensuciandola.
- Levi, déjasela.
- Tché – resopló mientras se quitaba su propia chaqueta.
Los niños desaparecieron por el pasillo mientras la mayor de ellos se disculpaba. Probablemente rondaría los trece años de edad. La encargada de cuidar de sus pequeños hermanos mientras Historia y los soldados a su cargo estaban fuera.
- Disculpe comandante – increpó la muchacha – Ellos les admiran mucho.
- Hacía tiempo que no oía esa palabra salir de los labios de un civil – admitió.
- Los ciudadanos no saben ni una mísera parte de lo que hace nuestro destacamento – interrumpió Levi – Los que se hacen llamar adultos sólo se preocupan por que sus barrigas sobresalgan de sus pantalones. Solamente los niños son capaces de ver nuestro auténtico valor.
- Levi...
Aquellas paredes desgastadas mostraban las memorias de aquellos niños que habían sobrevivido a los mayores horrores que cualquier adulto pasarían. Y sin embargo su jovialidad y optimismo no desaparecía. Historia había convertido aquellas pequeñas salas en un espacio en el que los pobres niños del orfanato podían desarrollarse. Unos pasos apresurados por el pasillo, les despertaron de aquella extraña ensoñación. Uno de los niños que previamente les habia recibido en la puerta se acercaba jadeando hasta la mayor de ellos, que continuaba atendiéndoles.
- ¡Dana! ¡La hermana Historia ha vuelto! Ha dicho que salgas a ayudar a llevar los víveres a la cocina.
- Ah... Disculpe, comandante. Tengo que ir a ayudar – se giró hacia la dirección de la voz – No se preocupen. La hermana Historia vendrá enseguida, pueden tomar todo el té y galletas que gusten.
La joven muchacha desapareció por el largo pasillo dejando a los dos líderes de la legión a solas. Hanji observó una pequeña azucarera de metal que había sido depositada junto a ella. Asió la pequeña tapadera y procedió a taparla de nuevo. Un bien demasiado preciado que era preferible que fuera disfrutado por alguien cuya vida no estuviese acotada al destino de sus luchas.
- Historia ha hecho un buen trabajo. Esos niños parecen felices – pronunció al fin mientras dirigía el líquido caliente hacia sus labios – Levi, ¿hemos hecho un buen trabajo nosotros? Si Erwin estuviera aquí...
- Erwin diría que has hecho un buen trabajo – Levi inclinó la taza hacia sus labios mientras sostenía la mirada con ella – Historia no ha conseguido crear este hogar ella sola. Los mocosos, tú... Todos hemos ayudado. Deja de infravalorarte, Hanji.
- Levi, ¿crees que...?
Sus palabras fueron detenidas por los pasos que se acercaban de manera apresurada hacia su posición. Hanji se incorporó dispuesta a recibir a su anfitriona. En ocasiones le costaba recordar que aquella pequeña mujer era su soberana gobernante. Algo díficil de recordar cuando presentaba un aspecto tan desaliñado y vistiendo ropas usuales en cualquier ciudadano de a pie.
- Disculpe, Hanji-san. Tenía que salir un momento a recoger algunos víveres. Me ausenté más de lo previsto – estrechó su mano mientras se acercaba a ellos - ¿Habéis podido ver el nuevo orfanato?
- Estaremos dispuesto si quieres enseñárnoslo – anotó Hanji mientras se acercaba a estrechar la mano de la mujer - ¿Necesitais ayuda primero para trasladar los suministros? He traído a Levi. Puedes utilizarlo a tu antojo.
- N-no, no es necesario Hanji-san. Los sacos de arroz y harina son poco pesados y a los niños les gusta ayudar en el orfanato – terminó de recuperar el aliento mientras se serenaba – Por favor, vengan conmigo. Les enseñaré todo lo que hemos conseguido en estos últimos años.
- Tus niños parecen contentos de estar aquí – murmuró Hanji mientras observaba que alguno de los pequeños portaban varias bolsas mientras la chaqueta de su uniforme era utilizada como capa por algunos de ellos
- Nunca han conocido otra vida fuera de estas paredes. He intentado buscarles unos padres en los años que llevo a cargo de ellos. Pero... ha sido díficil.
- La situación dentro de las murallas ha mejorado, pero tal vez no lo suficiente para que puedan encargarse de un niño. Hablaré con Zackley para que destine más suministros a esta institución – Hanji comenzó a pasear por los pasillos del orfanato mientras oía las risas de los niños al fondo.
- Disculpe por lo de sus uniformes. Les ordenaré que laven las chaquetas para que puedan llevarselas, comandante.
- No te preocupes, Historia. Sabes que podemos conseguir otras fácilmente. Déjaselas. Tal vez algún día tengan que vestirlas cuando sean mayores.
- Muchos de ellos desearían unirse al cuerpo de exploración. Pero por ahora es preferible dejarlos crecer – Giró en un pasillo mientras se introducía en la zona destinada a guardar las prendas de los niños, escasas. Probablemente la mayoría de ellos compartiesen sus ropas continuamente - Me reuní con Zackley la semana pasada para discutir los ingresos a las instituciones públicas de Paradis. La economía es aún precaria, pero hemos mejorado considerablemente frente a los últimos dos años. Aunque aún debemos esperar una evolución. Espero que su reunión con los Azumabito sea fructífera. Ahora mismo son nuestra única baza.
- Historia... - las palabras de Hanji se tornaban en susurros mientras se confrontaba con su posible destino – La presión para que tú adoptes el poder del titán bestia no decrece. No puedo asegurarte que dentro de medio año tengamos noticias distintas.
- Lo se, Hanji-san – sonreía cómo si aquella decisión no la implicase a ella – Acepté esa propuesta a cambio de que me permitan cambiar la vida de estos niños antes de que todo acabe.
- Soy consciente de ello. Pero es una postura que me cuesta manejar.
Sus pasos les guiaban a través de las distintas estancias. Historia sujetó el pomo de una puerta y abrió paso hacia una habitación enorme llena de camas. Las paredes permanecían adornadas con dibujos de los niños. En la mayoría de ellos se veían reflejados unos hombres con alas azules y blancas luchando contra monstruos. Se acercó con premura hacia ellos mientras observaba aquellos trazos. Se detuvo en uno que monstraba una figura bastante pequeña luchando contra un titán.. El artista de aquel dibujo había hecho especial hincapié en que el soldado dibujado fuese muy pequeño en comparación a su enemigo.
- Mira, Levi, eres tú.
- Tché – sus ojos vidriosos se dirigieron hacia aquella representación de él mismo.
- Los niños les admiran mucho – sonrió Historia mientras buscaba alguno en concreto – Este es Eren... Este... creo que es Jean... Esta soy yo y Mikasa a mi lado...Connie... Sasha disparando su arco...¿Tal vez este sea Armin? No estoy segura si soy yo... ¡Ah! Mire, aquí salimos todos.
- …... ¿Esta cosa minúscula soy yo? - susurró Levi mientras observaba su posición en aquel dibujo, en el que incluso Historia era retratada más alta que él – Esto niños no conocen la perspectiva. Deberías darles lecciones de dibujo.
- De hecho, capitán. El subcapitán Berner solía venir a hablar con los niños y a dibujar con ellos antes de. … - sus palabras se detuvieron al instante mientras sus ojos se cruzaban el de Hanji – La batalla de Shinganshina nos arrebató a tantos de nosotros.
- Así que al final Moblit siguió viniendo aquí...
- Yo aún no me había asentado en el orfanato. Él solía venir por órdenes de Erwin. La verdad, Hanji-san, desde que fue nombrada comandante... me extrañó no verla nunca aquí de visita. Y no tengo constancia de que haya venido nunca al anterior orfanato. Y al ser la legión de exploración uno de los principales benefactores...
- Yo... he estado ocupada...
- Connie, Armin, Mikasa... Jean... Incluso Eren o Armin han venido bastante a menudo a ayudar. Pero vosotros dos... - frunció el ceño extrañada – Nunca habíais pasado por la puerta de entrada...
- Verás, Historia – agilizó Hanji intentando inventarse alguna excusa – Nosotros llevamos más tiempo en este destacamento que Connie o Sasha. Cargamos con la responsabilidad de haberles arrebatado a sus padres, así que es complicado confrontarlos mientras nos... adulan...
- ¿Mis papás murieron matando titanes? - interrumpió la voz de una niña pequeña tras ellos.
Cabello negro largo. Ojos grandes y vibrantes bañados en el color del cacao. Una mirada que había visualizado hasta en sus sueños. La niña le miró de arriba a abajo como si le inspeccionase. Pero sus labios permanecían en silencio. Atesorando su delicada voz contra sus cuerdas vocales.
No importa los años que pasen, reconoceré los ojos de Hanji en cualquier lugar. Recordó Levi sus propias palabras pronunciadas demasiados años atrás. Ni siquiera recordaba hacia quién las había dirigido. Pero sabía perfectamente a quién se refería cuando hablaba acerca de aquellos preciosos orbes que se presentaban en sus sueños. Los ojos de la única mujer a la que había sido capaz de amar. Representados en aquel extraño desliz que decidieron proteger de aquella estúpida guerra inacabable.
¿Cuántos años habían pasado? ¿6? ¿7? No podía recordarlo con exactitud. Pero ahora, una pequeña copia de Hanji Zoe con el cabello más oscuro le miraba con atención y extrañeza al mismo tiempo. Levi se giró hacia su superior que parecía haberla reconocido al instante. Sus manos permanecían sobre sus caderas. Temblando. Como si tuviera que retener las ganas de saltar de su posición y abrazar a su infante.
- Lia, no molestes, ve con el resto de los niños a jugar. Dile a Dana que te acompañe.
- ¿Lia? - murmuró Hanji mientras no podía dejar de observar aquella mirada que llevaba décadas observando en sí misma.
- Lia es una de las niñas del orfanato – explicó Historia mientras se acercaba a la pequeña y la agarraba de la mano – Cómo solo llevo un par de años a cargo del orfanato no tengo tantos datos, pero ella está aquí desde que tenía apenas meses de vida. Más o menos. Lamentablemente muchos de los niños que hay aquí tienen historias similares a la suya. Aunque suelen tener algunos años más de edad. Los niños neonatos que nos entregan suelen ser concebidos en burdeles. Pero las propias concubinas los traen en brazos llorando por no poder mantenerlos. Así que Lia es un caso un poco extraño. La antigua encargada me contó que tal vez sus padres fuesen soldados que muriesen en alguna misión y el gobierno se deshizo de ella. Puede que su madre muriera en el parto...
- ¿Ellos eran soldados? - increpó la niña mientras se acercaba a la confusa comandante.
- N-no lo sé – mintió Hanji, notaba que el nerviosismo se incrementaba mientras la pequeña les miraba acusadora. Confrontar esa mirada era algo para lo cual no había sido entrenada.
- Ya te lo dijimos, Lia – Historia se agachó acariciando la cabeza de la pequeña mientras la reconfortaba – No lo sabemos. Pero algún día tendrás unos padres que te querrán mucho.
- ¿Mis padres no me querían? - musitó la niña pequeña en un tono triste.
- ¡Por supuesto que te querían! - Hanji alzó demasiado el tono de voz, sin apenas ser consciente. Sintió la mano de Levi en su hombro, instandole a calmarse – D-disculpa, Historia.
- No se preocupe, Hanji-san – dubitó unos momentos antes de atreverse mientras volvía a salir de aquella estancia seguida de sus antiguos superiores – Ellos también necesitan oír eso de vez en cuando. Lia, seguramente tus padres te quisieron mucho, pero este mundo es peligroso. Puede que a ellos les pasase algo malo y por eso no pudieron decirte lo mucho que te querían. Por eso todos tenemos que trabajar duro para que podamos vivir juntos aquí durante mucho tiempo.
La pequeña permaneció impasible mientras continuaba mirando a la esquiva comandante, incapaz de confrontar aquella mirada. Se acercó con cautela hacia la mujer y le señaló con el dedo en alto.
- Vosotros…. - la niña alzó sus ojos hacia el hombre y le miró furtivamente - ¿Sois unos papás?
- ¿Qué? - los ojos de Hanji se abrieron con sorpresa mientras retrocedía ligeramente.
- La hermana Historia suele traer a papás para que nos lleven a sus casas. ¿Habéis venido a vernos? ¿Vais a adoptar a alguien?
- ¡Lia, no seas impertinente!
- Yo... eh... - Hanji se puso nerviosa mientras buscaba la mirada de Levi que permanecía atónito sin poder pronunciar palabra alguna – Soy la comandante Hanji Zoe. Nuestro regimiento dona víveres a vuestro orfanato desde hace años.
- ¿Y él? - señaló a Levi mientras continuaba mirando a Hanji - ¿Él es un papá?
- ¡Lia! - continuó insistiendo Historia.
- Él es el capitán Levi Ackerman. Mi mano derecha – sonrió mientras le acariciaba la cabeza.
- Ellos son los líderes de la región de reconocimiento, Lia. Os he hablado a menudo de ellos, ¿lo recuerdas?
- Lo recuerdo... - la chica se acercó aún más a Hanji mientras jugueteaba con el arnés de su equipo - ¿Entonces no sois papás? ¿No vais a adoptar a nadie?
- Si insistes tanto, terminaré llevándote conmigo – rió ante la insinuación de la pequeña – Tal vez tengamos algunos uniformes para tí en la legión de reconocimiento.
- La legión... - musitó la pequeña niña mientras repetía las palabras de Hanji – Vosotros matáis monstruos.
- Titanes... sí – admitió.
- ¿Dan miedo?
- Mucho miedo.
- ¿No te asustan?
- Aún me asustan – Hanji sonreía ante la indulgencia con la que aquella pequeña niña hablaba.
- Eres muy valiente – sus ojos se abrieron con admiración mientras sus manos se guiaban hasta su cara – Tu ojo... - una de sus manos se dirigió hacia su propio rostro, mientras permanecía pensativa.
- Lo perdí en una vieja batalla.
- ¿Se lo comió un titán?
- Algo así.
La niña se acercó más hacia Hanji mientras continuaba viendo sus facciones reflejadas en aquella mujer mayor. Que parecía una versión más madura de sí misma. Frunció el ceño algo confusa y se giró hacia Levi observando su cabello. Instintivamente una de sus manos se dirigió a su pelo y jugueteó con él sin dejar de observarles.
- Perdone, comandante. Lia es muy curiosa a veces – interrumpió mientras abrazaba a la pequeña por detrás y la alejaba de Hanji – Aunque no la culpo por ello. Yo también solía pensar eso hace tiempo.
- Pensar, ¿el qué? - Hanji frunció el ceño extrañada mientras confrontaba a la pequeña mujer.
- Olvídelo, Hanji-san. Todos éramos muy jóvenes y supongo que la pérdida de nuestros padres nos hizo pensar demasiadas cosas.
- ¿Que pensábais?
- Es solo que... - Historia se mordíó el labio mientras se acercaba al carromato, algo sonrojada y con una expresión confusa – Cuando aún era recluta, pues... los demás y yo... Creíamos que acabarían formando una familia. Siempre tenían un aspecto tan paternal con nosotros.
- ¿Aspecto paternal? - Hanji frunció el ceño confusa.
- Usted... - sus ojos azulados se giraron hacia el otro interlocutor que permanecía atento apoyado en la puerta de la habitación – y el capitán.
Hanji se sonrojó ligeramente mientras forzaba una sonrisa. Levi esquivó la pregunta dirigiendo su mirada hacia otro lado.
- ¿Has oído eso, Levi? – comenzó a reír a carcajadas – Tus subordinados te ven como su padre.
- Tché.
- Es solo una tontería, Hanji-san. Olvídelo. Eran meras habladurías. Ya hace tiempo que dejé de pensar así.
- No te preocupes. Es algo natural, hemos sido vuestros únicos superiores durante mucho tiempo. Tal vez los adultos con los que más interaccionábais – Hanji palmeó el hombro de Levi pesadamente – Ya sabes, papá, tendremos que venir a traernos algún niño más para limpiar las trincheras con nosotros.
- Ya tenemos demasiados mocosos en nuestro ejército.
- Hanji-san... - Historia se acercó con cautela hacia su vieja superior mientras se sonrojaba - Cuando todo acabe, ¿se casará o tendrá hijos?
Durante un momento, el tiempo se detuvo ante aquel tipo de propuesta. Hanji permaneció inalterable mientras meditaba su respuesta. Demasiado díficil de responder. Su apenada mirada se dirigió a la pequeña que les había acompañado durante aquella larga estancia que parecía tocar uno de los dibujos que la representaba, como si admirase la fidelidad con la que uno de sus pequeños compañeros la había retratado.
- Cuando... cuando aceptamos este cargo, conlleva una serie de consecuencias. Entre ellas estar unida a este uniforme hasta nuestra prematura muerte. No es algo en lo que pueda pensar cómo una posibilidad. Nada garantiza que nuestra lucha acabe algún día. Mientras esté viva... - se agachó tomando posición junto a la pequeña mientras acariciaba su cabeza – Tengo que combatir por que ellos puedan ver el futuro que tal vez yo nunca vea.
Historia permaneció impasible mientras sonreía de soslayo. Tal vez había sido demasiado osada por aquellas palabras, pero sentía que si seguía guardando aquellas apreciaciones dentro de ella se sentiría completamente abatida. Hizo un ademán de disculpa mientras continuaba enseñándoles las distintas estancias. A pesar de que aquel edificio no era demasiado grande, tenía las estancias necesarias para que ellos pudiesen habitar tranquilamente. Un enorme prado en el que jugar y cultivar las hierbas junto a la soberana de aquellas murallas. Una infancia demasiado distinta de la que la propia Hanji o Levi habían pasado. Tal vez una vida que hubieran deseado para cualquier niño que naciese preso de ser uno de los denominados hijos de Ymir. Una vida apacible, en la que la esperanza retozaba en el horizonte como si fuese una bandera ondeando sin fin.
- ¡Hermana Historia! ¡Hemos terminado! - un niño pequeño con las mejillas llenas de suciedad hizo presencia mientras corría por las escaleras al segundo piso en el que se encontraban – Yo solo he subido las semillas al último estante – sonrió satisfecho.
- Muy bien hecho, Donovan. Vamos, iré a comprobarlo – se giró sobre sus talones mientras se dirigía hacia los líderes de la legión que continuaban admirando una de las estancias próximas – Hanji-san, capitán; volveré en unos minutos. A veces los niños son un poco desordenados. Lia, enséñales la escuela. Seguro que a Hanji-san le gusta.
La pequeña asintió mientras observaba a Historia alejarse de allí. Lia continuó en silencio hasta aferrarse a una puerta pesada y procedió a abrirla con fuerza.
- A veces se atasca, así que solemos abrirla con ayuda de la hermana – murmuró mientras notaba que Hanji presionaba sobre la puerta como si estuviera hecha de papel y se abría sin problema – Los soldados sois muy fuertes...
- Tal vez no somos todo lo fuertes que deberíamos.
La niña frunció el ceño mientras se introducía en la sala. Decenas de pupitres que presentaban un aspecto bastante pulido. Levi evaluaba su limpieza mientras recorría la sala. Lia salió corriendo al estrado mientras parecía recordar algo. Dubitó unos momentos mientras agarraba una tiza y procedió a escribir nombres en ella mientras sus manos temblaban, como si intentase impresionarles. Durante unos instantes admiró su propia letra algo confusa. Se rascó la cabeza y se giró sonrojada hacia sus interlocutores.
Lia , Hanji Zoe, Lebvi Akérman y la hermana Historia Reis visitan nuestro orfanato.
- La hermana Historia nos enseña a leer y a escribir nuestros nombres. ¿Están bien escritos? Escribir es díficil.
- En realidad … - Hanji se acercó y le arrebató la tiza mientras le corregía al lado – Mi apellido se escribe con diéresis. Hanji Zoë. Aunque se pronuncia de igual manera. Debido a la grafológía de mi nombre, es aceptable escribir también Hange Zoe. No obstante, el significado no cambia demasiado; así que ambas maneras son aceptables – continuó escribiendo en aquel trozo de estrado completamente concentrada – Luego, por otro lado, Levi se escribe de esta manera. Ten cuidado con la pronunciación de su apellido, Ackerman, se pronuncia con sílaba tónica en la segunda sílaba. Pero no se acentúa. Por último, Reiss se escribe con doble s al final de la palabra...
- ¡Woah! Eres muy inteligente – la chica miró asombrada a la mujer que palidecía ante el comentario – Me gustaría parecerme algún dia a tí.
- Seguro que lo serás – Hanji se inclinó hacia ella mientras su mano acariciaba su cabello oscuro. Seguro que...
Tal vez fue un momento de debilidad, pero sus rodillas flaquearon hasta tocar el suelo. Como si su peso se hubiese triplicado hasta no ser capaz de sostenerla más. La pequeña pareció confusa mientras se acercaba a comprobar el estado de la mujer.
- ¿Te has hecho daño?
- Lo siento … - murmuró Hanji mientras buscaba sus pequeñas manos y las sostenía entre las suyas – Lo siento.
- Hanji – interrumpió Levi mientras colocaba su mano sobre el hombro de su superior – La confundirás.
Hanji alargó su brazo dispuesta a rodear su menudo cuerpo y disculparse una vez más; demasiado imbuida por aquel sentimiento de culpa que la había retenido en el momento en que se había dado cuenta. Aquellos ojos eran incapaces de engañarla. Su cuerpo aún temblaba entre sus brazos mientras sentía que Levi soltaba su mano de su hombro y le permitía dejar paso libre a sus sentimientos.
- ¿Señora comandante? - continuó la niña extrañada.
- ¿Me dejas... estar un rato así, Lia? - su rostro se hundió en el pequeño hombro de la niña.
- ¿Le duele algo?
- Tal vez.
- ¿El ojo? - ella se despegó unos centímetros, su sonrisa abierta y sincera se postró ante ella – El mes pasado me caí y también me hice daño en el ojo. Ya no tengo ninguna herida. Pero me dolió y lloré mucho. A veces es bueno llorar.
- Tienes razón, pequeña. A veces es bueno llorar...
Antes de que pudieran recobrarse, los pasos de Historia volvían a ascender por las escaleras. Hanji se deshizo del abrazo y volvió a acariciar la cabeza de la niña indicándole que estaba bien. La sujetó de la mano y la guió de nuevo hasta la pizarra.
- Venga, prueba a escribir cómo te he enseñado. - intentó serenarse mientras le guiaba hacia el estrado – Z...O...
- Si quiere, puede ofrecerse voluntaria, Hanji-san – interrumpió Historia en la habitación con varios niños colgando de su falda – Estoy segura de que aprenderán más con usted en un día que en los años que llevan conmigo. A veces sus preguntas son díficiles de responder.
- Ah... sería divertido. Pero las labores de comandante reducen mi tiempo libre demasiado – se dirigió hacia Historia con una sonrisa.
- Nuestras puertas estarán siempre abiertas para cuando decida volver, Hanji-san – se tornó hacia el otro interlocutor – Para usted también, capitán.
Sus pasos le guiaron de nuevo hacia el resto de la vivienda. Pasando por la despensa donde todos los niños seguían ordenando. La joven chica que habían conocido minutos atrás pedía a uno de los más pequeños que la ayudara en la cocina. Historia continuó su guía hasta acabar de nuevo en el salón.
- Ha sido un poco díficil adaptar estas dependencias para los pequeños. Pero gracias a vuestra ayuda hemos podido conseguir esto.
- Ordenaré a Connie y Sasha que vengan en breve a ayudarte. Me he fijado que una de las vigas está algo tocada – Levi tocaba uno de los pilares mientras miraba hacia el techo – Cuando llueva acabará cediendo.
- G-gracias capitán.
- ¡Señora comandante! - vociferó uno de los niños mientras corría por el pasillo hasta agarrarse a una de las piernas de Hanji – Quédate a cenar. Cuando Dana cocina la comida está muy rica. Hoy hay arroz hervido con verduras.
- Parece delicioso, pero no puedo quedarme – sonrió al pequeño mientras señalaba la puerta de salida – La verdad es que deberíamos haber vuelto hace un rato. Eren y los demás deben de haber recogido todo y aún tengo que supervisar los resultados del último experimento.
- Lamento haberles entretenido. Vuelvan cuando quieran.
- Gracias Historia.
La pequeña mujer dio unas órdenes a los más pequeños y se dirigió hacia los líderes, acompañándoles durante todo el pasillo hasta la puerta de entrada. El fiel conductor del carro que les había llevado hasta allí parecía estar cepillando la grupa de uno de los caballos, ajeno a todo lo que había ocurrido entre aquellas paredes.
- Estás haciendo una gran labor, Historia. Gracias por ello – enunció al fin mientras Levi le abría la puerta del carromato para introducirse en él.
- Me disculpo de nuevo por lo que le pregunté antes.
- No debes hacerlo, es natural que sintáis inquietud por estas situaciones idílicas.
- …... - los ojos de Historia se tornaron tristes mientras cabeceaba – Hanji-san... No renuncie a sus sueños por su cargo... Todos tendremos nuestro tiempo de descanso algún día. Usted también podrá vivir su vida fuera de sus obligaciones en algún momento.
- Tal vez tengas razón...
Se despidieron de aquella nueva institución mientras las ruedas volvían a recorrer el camino de aquel edificio que llevaban demasiado tiempo llamando hogar. Levi observó a través del cristal como se empequeñecía aquel orfanato que albergaba una vida demasiado especial.
- Ya no pueden vernos, Hanji.
Aquellas palabras bastaron para que ella se hundiese en su asiento y dejase caer las lágrimas de su única cuenca ocular limpiando los leves rastros de suciedad que hubiese en su piel. Se desplomó hacia delante hundiendo su rostro entre sus manos. Incapaz de sostener aquella fachada de fortaleza por más tiempo.
- Ha crecido mucho – musitó él mientras continuaba mirando hacia atrás - ¿Crees que nos ha reconocido?
- Moblit decía que los niños tienen un instinto latente. Tal vez le hayamos resultado familiares.
- Esa mujer de Hizuru... ¿Nos ayudará a acabar esta guerra?
- No estoy segura de ello. Pero me alegra saber que todos aquellos niños estén protegidos. Designaré a más soldados a ayudar a Historia en el orfanato.
- Sí, será lo mejor.
- Levi... - su rostro se dirigió hacia él, que continuaba mirando hacia atrás, lágrimas apenas percibibles que también recorrían sus mejillas – Habrías sido un buen padre.
- Algún día... Lo seré. Y tú también.
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- ¿Estás completamente seguro de querer cooperar con esa mujer, Eren? - Floch se agazapó contra el muro recabando un espacio de privacidad – Yelena...
- Yelena será útil para hacer contacto con Zeke. Ella hará todo lo que él diga. La necesitamos de nuestra parte. Me ayudará a llegar hasta él.
- ¿Realmente... vamos a esterilizar a toda la población? - Floch frunció el ceño mientras intentaba modular su tono de voz hasta ser practicamente inaudible.
- Ese no es el camino que he decidido seguir. El retumbar debe ser llevado a cabo. Bajo las circunstancias que sean – sus orbes esmeralda palidecían, cómo si cada día perdiesen más la luz que las caracterizaba – Debes reunir soldados, Floch. Necesitaremos mantener a ralla al cuerpo de exploración. No aceptarán fácilmente declararle la guerra al mundo.
- Cuando todo sea llevado a cabo, seguramente, ellos no acatarán la orden, Eren – sus palabras se elevaron al referirse a unas personas concretas – Serán un problema.
- Requeriré que apreses a Armin y a los demás. Es mejor que ellos permanezcan alejados cuando yo haga contacto con Zeke para activar el retumbar.
- Lo que ha dicho esa mujer... ese vino... - sus labios se fruncían con disgusto – Yo mismo estuve a punto de beberlo. Eso significaría que...
- Aquellos que lo hayan bebido estarán destinados a su fin. No podré controlar a Zeke si decide convertirlos cuando llegue aquí. Son almas eldianas... que deberán ser sacrificadas por un fin mayor.
- Tal vez podríamos utilizar ese vino para neutralizar todas nuestras amenazas.
- ¿Amenazas?
- El capitán Levi y la comandante no se quedarán parados detrás de unas rejas – sus cejas se elevaron con sorna.
- Ninguno de ellos ingerirá ni una sola gota de ese vino, Floch. No seas idiota. No podrás engañarlos.
- ¿Y como sugieres que me deshaga de ellos? Si tu plan va cómo tu has designado, nos queda poco más de un año. Ellos son una gran amenaza. Entorpecerán nuestro plan.
- Hay más de una manera de neutralizarlos.
- ¿Significa eso que no puedo matarlos si se me presenta la oportunidad?
- No será tu mano la que provocará su muerte, Floch. Pero ellos fallecerán como debe ocurrir.
Floch se acarició sus cabellos rojizos mientras la extrañeza se apoderaba de él. Aquellas extrañas visiones de Eren que no sabía si ubicar en un contexto futuro o pasado. Como si fuese capaz de adelantarse a los hechos gracias al bucle que se repetía continuamente en sus retinas. ¿Qué deparaba a aquellos dos? ¿Serían una auténtica amenaza como preveía? ¿Acaso serían más útiles vivos que muertos? Tal vez los sentimientos que tenían hacia aquellos que habían convivido con él los últimos años le impidiesen tomar la decisión adecuada.
Una guerra requería decisiones. Aunque implicasen aniquilar a aquellos seres queridos que más estimaba. Sin embargo, cada día que pasaba, menos luz observaba en su mirada. Como si poco a poco aquellos sentimientos que le equiparaban a cualquier otro ser humano se extinguiesen de su pútrida alma.
- Sin duda, te has convertido en un demonio, Eren.
- Lo sé.
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¡Cuanto tiempo sin escribir esta historia! La verdad es que me sorprendió que muchas personas me pidiesen que actualizase justamente esta historia. Así que espero vuestro apoyo para no perder las ganas de seguir escribiendo. Muchas gracias por vuestra paciencia.
En el próximo capítulo iremos a Marley por primera vez, tengo ganas de escribir la escena del manga de los helados desde el punto de vista levihan.
Dejad comentarios si quéreis que Lia vuelva a salir en el fanfic (me parecería interesante ver como interacciona con Hanji y Levi). Si tenéis alguna sugerencia o escena del manga que os gustaría que escribiese que pase en estos años, hacedmela saber.
Gracias de nuevo por dedicar vuestro tiempo a leer esta historia.
¡Nos leemos!
