Snk pertenece a Hajime Isayama
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Aquel suave balanceo no conseguía acallar los rugidos de su estómago. Rodó hacia el otro lado de aquel camastro intentando combatir el hambre. Pero era imposible. Llevaba más de dos días encerrada en aquella habitación. Pensaba que la descubrirían más temprano, y tendría que buscar un escondite. Pero la comandante del ejército de exploración llevaba más de 48 horas sin dormir allí.
- El almacén estaba bajando la escalera del final del pasillo... - comenzó a murmurar – Si bajase un momento y cogiese algo... Si fuese lo suficientemente rápida...
Lia se levantó de la cama y se dirigió hacia la puerta. Abrió con cautela y escuchó a ambos lados del pasillo. Lejos de allí se oía a algunos soldados murmurar en voz baja algo relativo a algún sitio que deseaban visitar en aquel nuevo país. Alguna especie de hotel lleno de mujeres o algo así alcanzó a entender.
Están distraídos, es mi momento. Sus pasos eran ágiles como los de un animal felino, torció la esquina y comenzó a bajar apresuradamente las escaleras. Apenas notaba que sus pies llegasen a rozar el suelo que pisaba. Como si fuese invisible e inaudible. Su instinto la guió hasta la puerta entreabierta.
La bodega, debo elegir con cuidado o levantarán sospechas. Frente a sí se mostraban varias cajas con almacenamiento de comestibles para cerca de tres decenas de soldados. Provisiones para más de un mes. Algunos vegetales de larga duración, patatas, puerros... Legumbres, algo de harina para hacer pan. Y a su lado, unas cajas de las que desprendía un ligero brillo metálico. Armas. ¿Acaso no era aquella una misión pacífica? Parecían provisiones de guerra. Nos dijeron que era un viaje diplomático, ¿va a haber una lucha?
Aquel nuevo país, nuevas costumbres. Eran diferentes de ellos. ¿O tal vez solo era por la distancia geográfica? Probablemente, aquellas personas que conocerían no serían tan distintas. Mantenían una apariencia física similar pero, ¿por qué eran tan odiados todos los pertenecientes a la isla? ¿Realmente somos unos monstruos?
Sus tripas volvieron a traerla al presente. Aún seguía buscando alguna pequeña cesta con provisiones que no destacase demasiado. Comenzó a rodear una pequeña montaña hasta que vio un área que había sido asaltada previamente. Probablemente algunos soldados que prefiriesen tomar algo más allá de su ración. Comenzó a rebuscar entre aquella montaña. Parecía que habían hecho especial hincapié en las botellas de vino y alcohol. Posiblemente trasladadas para tratar alguna herida o para agasajar a los anfitriones que les acogerían entre sus paredes. Pero que los soldados habían decidido destinar a sus riñones. Otra caja abierta, algunos dulces hechos por el propio Nicolo, el cocinero marleyano que solía visitarles a menudo junto a una de los soldados del ejército de exploración. Posiblemente con el mismo fin que las botellas.
Sus pequeñas manos toparon con algunas cajas de galletas y botellas de agua potable. Suficiente para satisfacer su hambre. No sabía cuanto duraría aquella travesía. Pero probablemente aún faltasen un par de días de camino. Cuando llegasen a aquel lugar llamado puerto, podría probar aquel famoso postre frío. Ya falta poco.
Volvió a dirigirse con cautela hacia la habitación de la comandante, mientras ocultaba aquellas provisiones entre sus ropajes. Sabía que robar no era adecuado, pero prefería no llegar desfallecida a aquel sitio. Murmullos tras ella. Los soldados que antes hablaban ahora parecían haberse quedado dormidos. No le extrañó tras ver la gran falta de botellas en el almacén. Una ráfaga cubrió de repente sus sienes y le hizo entrar en la primera puerta que encontró. Se asomó por el resquicio comprobando sus pesquisas.
Un soldado salía de la habitación de la comandante mientras miraba a su alrededor de manera sospechosa. Pasó delante de ella mientras se apresuraba en sus pasos, sin percatarse que la habitación desde la que Lia le observaba permanecía entreabierta. Aquel soldado pelirrojo avanzó hasta dirigirse al fondo de la estancia, con un aspecto nervioso y sin dejar de mirar a ambos lados como si se sintiese perseguido.
Lia volvió sobre sus pasos y se internó en la habitación sin hacer el más mínimo ruido. No había cambiado en el tiempo que llevaba fuera. Estaba en perfecto estado, como si apenas hubiera irrumpido en el dormitorio de su superior. Salvo un pequeño detalle. Donde anteriormente yacían apilados algunos documentos que no habían sido aún revisados, ahora había un obsequio hacia su comandante.
- ¿Una botella de vino?
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- Así que, resumiendo. Cuando lleguemos a puerto, deberéis llevar las vestimentas que os he designado y repartiros en los grupos especificados. A cada uno de los grupos os he designado una localización en un mapa. Quiero que la memorizéis y os deshagáis de ella.
- Comandante Zoe – intervino uno de los soldados - ¿Debemos llevar nuestras armas con nosotros?
- Las armas permanecerán escondidas en el barco hasta que hagamos uso de ellas. Cuando se haya desalojado el barco las haremos llegar a la mansión de los azumabito camufladas entre las cajas de provisiones. Grupo C – se dirigió a uno de los grupos que continuaba mirando su mapa – Vuestro grupo será liderado por Jean Kirstein y deberéis encargaros de eso. El resto iréis a los emplazamientos acordados. Permaneceréis en dichas localizaciones el tiempo estipulado y os reuniréis conmigo posteriormente en la mansión.
- ¿Por qué no vamos directamente con usted, comandante? - interrumpió Floch con un tono petulante – Será más rápido.
- No puedo trasladar a más de 50 hombres conmigo sin levantar sospechas. Por lo que deberéis seguir mis instrucciones. Allí os esperará uno de vuestros compañeros del ejército de exploración que os trasladará a nuestra estancia final. Cuando... - intentó recabar fuerzas mientras respiraba apresuradamente – Cuando se lleve a cabo la operación y ataquemos Liberio, deberéis estar concienciados y seguir el plan. Los días previos discutiremos de nuevo la estrategia a seguir en la mansión Azumabito.
- Comandante, ¿que grupo regentará usted cuando lleguemos a puerto?
- Debido a que yo ya he sido vista en Liberio antes, simplemente iré con Onyankopon directamente a la mansión. El hecho de que os mantenga varios días a distancia de mí para no levantar sospechas no significa que aprovechéis para evadir vuestras responsabilidades allí también.
- ¿También? - Jean se giró confuso hacia ella mientras fruncía el ceño.
- No me ha hecho falta bajar a la bodega para saber que habéis asaltado las cajas de vino que llevábamos para disimular parte del armamento... - repuso con un tono bastante molesto.
- ¿¡O-os habéis bebido las botellas que habíamos traído!? - la voz de Jean sonaba impresionada. Tras varios días asistiendo a la comandante en el puerto de mando, apenas había podido descansar. Tal vez alguna cabezada esporádica en su camarote. Pero había permanecido casi todo el tiempo junto a ella, repasando la estrategia de llegada. No pensaba que sus compañeros tendrían otros intereses y aprovecharían para excluirlo de aquella reunión social.
- Tranquilo, Jean. Aún queda alguna – sonrió Floch de costado mientras comenzaba a seguir a ambos camino a cubierta – Comandante, deben quedar unas diez horas para llegar a puerto, ¿correcto?
- Me alegro que tus capacidades auditivas no se vean mermadas debido a la tasa de alcolemia en tu sangre, Floch – su ojo se dirigió con fiereza hacia su subordinado mientras proseguía su camino – Jean, iré a dar instrucciones al maquinista y volveré a revisar el estado del armamento. Tal vez podamos reordenar algunas de las escopetas.
- Hanji-san... Llevamos cuatro días de viaje...
- Lamento no haberte dejado descansar más, Jean. No era necesario que permanecieses despierto la mayor parte del tiempo conmigo. Puedes volver a tu camarote.
- No, quiero decir … - se rascó la cabeza algo pensativo – Yo he dormido bastante estos días.
- Comandante, sería prudente que volviese a su habitación y descansara – insistió Floch.
- Estoy ocupada – ignoró a los dos muchachos mientras comenzaba a subir las escaleras.
- Aunque no pueda dormir, tal vez debería tener un rato de desconexión. Usted misma lo recomienda.
- Tal vez cuando volvamos a Paradis y acabe esta maldita guerra sin sentido – musitó.
- Insisto, comandante – Floch se interpuso en su camino cubriendo la subida a las escaleras – Debería ir a su cuarto, echar un trago y una cabezada.
- Ahora no me apetece beber, Floch.
- Desconecte y descanse.
- Deja de insistir, Floch...
- Si le apetece puedo llevarle una bote-
- ¡He dicho que me dejes en paz! ¡Intentar sobornarme con una botella de vino no hará que olvide que habéis obviado mis órdenes al subir al barco! ¡No puedo mandar a luchar a soldados que apenas pueden mantenerse en pie porque han estado bebiendo! ¡Que no entremos en combate directamente no significa que podáis hacer lo que os de la gana! - su mano agarraba la camisa de su subordinado levantándolo de aquellas escaleras, confrontádolo directamente.
El chico con cabello rojizo mostró un aspecto sorprendido y horrorizado, intentando articular palabras que salían convertidas en balbuceos. El resto de soldados, presenciando la escena y como si de una ráfaga se tratase comenzaron a reincorporarse y a trabajar en sus puestos designados. Hanji dirigió una mirada rápida a los soldados, asegurándose de que continuaban a pesar de desaparecer ella.
Resopló cansada y se dirigió hacia el lado contrario.
- Jean, revisaremos la colocación luego, quiero darte primero los papeles que te pedirá la policía porturaria. Necesito que comprendas bien tu papel al salvaguardar las armas. Floch, tu estás en su grupo. Ven también.
- No es necesario, comandante...
- No, necesito que seas partícipe. Y tal vez lleves razón, necesito descansar aunque sea un par de horas. Si soluciono eso pronto podré irme a dormir tranquila – sonrió cansada, su único ojo yacía agotado y en agonía.
Sus pasos reverberaban por el pasillo junto a los de los dos hombres que la acompañaban. Notaba que su cabeza apenas era capaz de mantener la cordura. La falta de descanso atacaba sus neuronas. Tal vez un par de horas le ayudasen a recabar las fuerzas que necesitaría de ahora en adelante. Aquella batalla no acabaría volviendo a la isla. Cada paso que daba realzaba esta afirmación. Marley les declararía la guerra inmediatamente. Y deberían trabajar rápido si no querían acabar en guerra con el mundo entero.
Volvió a resoplar mientras agarraba el pomo de la puerta y la abría con agilidad. Se detuvo al instante en el requicio con una mirada agonizante. Como si de un plumazo se tratase, todo aquel cansancio había desaparecido de su cabeza y comenzaba a ser inundada por una agobiante ansiedad. Como si el aliento comenzase a desaparecer, y un dolor punzante en el pecho atravesase su corazón.
¿Cuándo? Se preguntó incesamente mientras intentaba procesar la escena. Frente a ella, sentada en la cama permanecía una niña que parecía asustarse más a cada segundo que pasaba mirándola fijamente.
Ojos grandes y penetrantes del color del cacao, que temblaban de miedo mientras sus cejas se delizaban hacia arriba en una entonación de disculpa. Una larga cabellera negra recogida en dos pequeñas coletas que caían a sus costados. Apenas cubriendo sus pequeños hombros. Y una nariz que destacaba ligeramente en su rostro. Un rostro demasiado conocido, que no debía estar allí. Ella no.
- Hanji-san, creo que tal vez si – interrumpió Jean junto a Floch mientras entraba junto a ella en la habitación y deteniéndose en seco mientras comprendía la escena – Ella es...
- ¿Una niña? - anotó el último mientras la miraba extrañado - ¿Quién es esta niña?
- Jean, necesito que me traigas el sello que he dejado en la oficina de capitulaciones. Probablemente esté encima de la mesa. Será mejor que te entregue el documento en condiciones antes de partir del barco - articuló finalmente la comandante.
- ¿Pero quién es esa niña? - insistió el chico de cabellos rojizos.
- Es una de las niñas del orfanato, Floch. Seguramente se haya escondido mientras jugaba con el resto de niños – intentó disimular mientras palmeaba la espalda de su compañero y lo acompañaba fuera de allí – Volveremos en un rato, Hanji-san.
Hanji permaneció callada mientras cerraba la puerta tras ella. Se dirigió hacia su cama mientras observaba el estado de la habitación. Los papeles del escritorio estaban ordenados delicadamente. Una papelera vaciada rencientemente. Y una extraña botella que no recordaba haber dejado allí anteriormente.
- L-lo siento señora comandante... – su voz apenas era un susurro mientras entornaba los ojos – Los soldados hablaban de dulces de ese nuevo país y pensé que-
- ¿¡Acaso no sabes lo que has hecho!? - su voz se elevó mientras su pulso se aceleraba - ¡Este país es peligroso! ¿¡Se puede saber a qué estabas jugando!?
- Y-yo...
- ¿¡Hay otro de los niños del orfanato aquí también escondido!?
- N-no... Solo yo... Y-yo solo quería...
- ¡No es un viaje de placer, Lia! ¡No es- su voz se detuvo al observar a aquella niña comenzar a llorar, una mirada que le era conocida, excesivamente similar a la suya propia de la que no paraban de brotar lágrimas – Lo siento... - se derrumbó sobre sus rodillas mientras intentaba recobrar su volumen habitual de voz, sonando más suave – No debería haberte gritado pero... No puedes hacer estas cosas Lia. El ejército es peligroso. No es lugar para un niño.
- Lo siento, señora comandante – repitió de nuevo mientras se acercaba a Hanji y le abrazaba – Sólo quería saber a que sabía esa cosa que llamaban helado.
- Lia... - sus ojos se alzaron encontrándose los enormes y llorosos ojos de la menor – Algún día yo misma te llevaré a tomarlo, pero ahora mismo no es buena idea. Tenemos que realizar una incursión en varias semanas. No puedes estar aquí. Tienes que entenderlo, debo llevarte de vuelta a Paradis.
- ¿Voy a ser... castigada?
- Solamente eres una niña curiosa – susurró mientras le secaba las lágrimas y buscaba su mano guiándola fuera de la habitación – Cuando yo tenía tu edad, una vez intenté escavar debajo de las murallas.
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- Debe estar bromeando.
- Señora comandante, esta máquina es delicada. No es posible cambiar el rumbo y volver como si nada. Llevamos varios días de viaje y esta embarcación no resistirá volver a realizarlos sin el adecuado mantenimiento – expresó el operario mientras seguía cargando carbón en el horno.
- Debe haber alguna manera.
- No con este barco.
- Necesito volver inmediatamente a Paradis.
- Pruebe a robar uno de los Zepelines del ejército, tienen más resistencia que esta vieja hojalata.
- He dicho, que necesito volver a Paradis – su mano se contrajo en un puño mientras su respiración se aceleraba – Aunque tenga que empujar yo mismo este maldito trasto.
- Hanji-san, tal vez debamos comentar acerca de este incidente a los Azumabito – insistió Jean mientras colocaba un hombro encima de la pequeña niña asustada que parecía cada vez más confusa – Ellos tendrán alguna otra manera de volver a la isla.
- …... - su mirada permaneció fija en el operario que parecía tornarse intranquilo hacia aquella situación.
Inesperadamente había sido interrumpido por la comandante del cuerpo de exploración. Llevando a una niña de la que no había sido informada consigo. Un polizón que había llegado hasta allí tras algún juego con el resto de niños de la isla. Y que ahora se había visto envuelta en un viaje sin retorno. Solo había recibido una orden por parte de la nación de Hizuru. Transportar a los soldados a la Isla y posteriormente poner la maquinaria a punto para trasladar de nuevo a Kiyomi Azumabito y el resto de operarios de vuelta a Paradis.
Pero aquel barco no aguantaría tantos viajes en tan poco tiempo. La potencia del motor estaba todavía en desarrollo. Y habían jugado demasiado con el nivel de resistencia al trasladar demasiado peso. Volver inmediatamente sin haber hecho una puesta a punto solamente desestabilizaría la embarcación. Un inminente desastre.
La mujer frente a ella era brillante. Ella misma le había aconsejado algunas inspecciones previas para trasladar a todos aquellos soldados. Sabía que conocía los límites. Pero en aquel momento aquella lógica magistral que poblaba su intelecto había desaparecido. Turbiada por aquella pequeña niña. El operario frunció el ceño mientras observaba antentamente a la niña que se escondía tras la comandante de exploración. Cabello negro y liso y ojos del color del cacao. Una mirada asustada que parecía replicarse en la comandante, que continuaba inquisitiva sin dar su brazo a torcer.
- Lo lamento, comandante. No puedo hacer nada más – volvió a insistir el hombre.
- Ya veo... - su ojo se cerró con fuerza mientras parecía recapacitar – Jean, cambio de planes, quiero que traslades la información a Floch. Él se encargará de custodiar el armamento. Vas a venir conmigo.
- ¿Cómo? - atisbó a decir mientras seguía a su comandante que volvía apresurada a su camarote llevando consigo a la confundida niña.
- Este es un barco pesquero. Esperan a un puñado de marineros que atracarán para retozar en la costa o visitar a viejos amores. Tal y cómo os he designado para disuadir pesquisas entre los trabajadores del puerto. El único miembro que tiene que ir directamente con los Azumabito soy yo. Pero yo ya he sido vista.
- Creía que los porteadores la iban a confundir con un comerciante que ha sido recogido en un puerto cercano, en la base de los Azumabito en Odiha.
- Así es, pero ningún comerciante llegaría a puerto con niños sin ningún motivo.
- Eso es cierto... ¿la... la dejaremos en el barco? - su mirada se deslizó hacia ella, que seguía agarrada a la mano de la comandante mientras intentaba asimilar lo que iba a ocurrir.
- Tengo que devolverla a Paradis, si la dejo aquí no podré justificar volver de nuevo a por ella. Yo no debo ser asociada a esta embarcación más que un mero traslado eventual. El plan será un fracaso si pululamos constantemente. Puedo esconder armas prudencialmente. Pero no niños.
- Lo siento, señora comandante – volvió a insistir la niña mientras comenzaba a llorar de nuevo – No quería causar tantos problemas.
- No te preocupes Lia, el ejército de exploración te llevará a casa. Solo te pido que me hagas caso mientras estés bajo mi tutela.
Sus apresurados pasos la llevaron de vuelta al camarote, buscó una maleta que no había tan siquiera abierto y comenzó a buscar apresuradamente entre el montón de prendas dobladas con excesivo cuidado. Jean acarició la cabeza de la niña intentando reconfortarla. Ella se sentó en la cama mientras desviaba pequeñas miradas hacia la mujer que seguía registrando prendas en la maleta.
- Señor soldado...
- Jean – le corrigió.
- Señor Jean – prosiguió - ¿Van a matar a la gente de este país? He visto muchas armas en la bodega.
- …... - un amago de culpa se dibujó en sus ojos, volvió a acariciar la cabellera de la pequeña – No es nuestro deseo. Pero vamos a intentar volver con el menor número de bajas.
- ¡Jean! - interrumpió Hanji mientras se giraba hacia él – Necesito que me ayudes a ponerme esto.
Las mejillas de su subordinado se tornaron rojizas cuando observó que su comandante había comenzado a quitarse la ropa y estaba intentando vestirse con una prenda acorsetada que jamás le había visto utilizar en su vida. Giró la cabeza inmediatamente intentando borrar el más infimo recuerdo del trazo que hacía su pecho dentro de aquella prenda.
- A-avisaré a una de las c-chicas... - asintió mientras abandonaba la habitación, sus pasos tropezaban con el mobiliario con nerviosismo, generando un desorden colosal.
Lia se incorporó sobre sus piernas mientras se acercaba a su comandante que fruncía el ceño confusa al ver a su subordinado salir despavorido sin sentido.
- ¿Puedes ayudarme, Lia? - sonrió mientras deshacía su cabello y lo dejaba suelto cubriendo escasamente sus hombros – Estoy segura que ese precioso cabello oscuro demuestra que tienes más experiencia con el cuidado capilar del que tengo yo.
- Señora comandante... - sus dedos comenzaron a hundirse en la espesa mata de pelo marrón – Sólo recuerdo que nos hayamos visto en el orfanato cuando vino acompañada del señor capitán. ¿Cómo... ? - dudó un instante mientras el tacto de aquel cabello deshaciendose entre sus dedos le enviaba una señal extraña - ¿Cómo recuerda tan bien mi nombre?
- Es mi deber – las comisuras de sus labios le devolvían una sonrisa melancólica – Jamás podría olvidarlo.
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Recolocó su bufanda que era golpeada constantemente por la brisa marina y amenazaba con lanzarla volando al agua. A pesar de que era un día cálido, notaba cierta frigidez en su cuerpo. Como si parte de su aura se hubiera desvanecido más de un mes atrás.
Cada día dibujaba una delgada línea en su mano, otro día sin noticias de Eren. Aquellos periódicos solo hablaban de que los soldados marleyanos habían sitiado el fuerte Slava y posiblemente en dos meses volvieran. Eren estaba allí, lo sabía. Siguiendo aquel plan que había decidido tomar en solitario. Evadiéndose de aquellos que le profesaban afecto y preocupación.
Llevaba junto a él desde que era una niña, y; de algún modo, era todo lo que le quedaba. Perderle no era una excusa. No otra vez. Revivir constantemente la pesadilla del distrito Trost, cuando fue informada que había sido devorado por un titán. Sabía que no estaba muerto como la creencia que tenía en aquel momento aquel día. Él estaba bajo el cargo de Yelena, quién había jurado protegerlo en el campo de batalla.
Además, Eren era un soldado lo suficientemente capacitado como para sobrevivir a aquel tipo de guerrilla. Incluso volver ileso. Sus poderes le permitían regenerar miembros perdidos. Intentaba hacer uso de su racionalización para evadir cualquier preocupación de su mente. Pero era imposible, el recuerdo ficticio de su cabeza separada de su cuerpo le perseguía. Como una pesadilla. Y aquel dolor de cabeza no cesaba su curso.
La brisa volvió a agredirla deslizando su cabello y acariciando la cicatriz de su mejilla. Recolocó su cabello y dirigió una mirada triste a su viejo amigo, que continuaba mirando el puerto a través de un catalejo.
- Dentro de una hora deberemos separarnos. La comandante dijo que yo me hiciese cargo del equipo de Daz y Samuel.
- Mi equipo será el primero en tornar a la mansión Azumabito. Supongo que el tuyo llegará en una semana.
- Así es.
- ¿Dará este plan resultado, Armin?
- Hanji-san es una mujer muy inteligente, Mikasa. Ha diseñado cada localización y traslado a la perfección. Así como nuestras identidades mientras estemos aquí. Cuando la batalla contra el país del Este acabe, realizarán un festejo. Así que no será de extrañar que las familias ricas hayan traído invitados y súbditos. Podremos movernos libremente. Ella ha pensado en todo.
- No me refería a eso – de nuevo aquella brisa jugando con el trozo de tela, amenazando con arrebatarselo si lo abandonaba - ¿Podremos recuperar a Eren?
- Eren volverá.
- Podrían capturarlo cuando llegue a Liberio.
- Él sabe cuidarse. Y lo traeremos de vuelta a Paradis. Hanji-san seguirá mi plan. Volaré por los aires todos sus buques de guerra, así que no podrán seguirnos. Traeremos a Eren sano y salvo.
- Armin, - se giró hacia él algo pensativa – No quiero que tu también sufras.
- ¿También?
- Eren tiene una carga demasiado grande sobre sus hombros. Han puesto el destino de la humanidad sobre él. Debe ser duro. No dejo de pensar que no debimos tomar esa decisión por tí.
- No podemos arrepentirnos de cada decisión que tomemos. Sigo sin estar seguro de si el hecho de que yo viva servirá para algo algún día. Pero pienso utilizar estos años que me quedan en disfrutar con vosotros. Eren y tú sois importantes para mí.
- Armin...
- Además, Eren está actuando de una manera extraña. Tal vez no solamente sea el peso que le hemos impuesto. Quiero hablar con él. Tal vez pueda conseguir que reflexione. No podemos ir tras él cada vez que decida tomar una acción por su cuenta sin hablar antes con nosotros.
- Ya veo...
- Y para eso necesito tu ayuda – las comisuras de sus labios se elevaron – Eren tendrá que oír lo que le tengamos que decir. No conozco a nadie mejor para sujetarlo mientras yo le doy un puñetazo – le guiñó un ojo con complicidad.
- Tienes razón, Armin – la brisa paró mientras ella volvía a sonreír, su bufanda recolocada sobre su cuerpo – Vayamos al puerto, dentro de poco llegará el barco. Ya falta menos.
- Sí, dentro de poco acabará esta pesadilla, Mikasa. Te lo prometo.
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Desde aquel punto podía ver perfectamente el puerto en toda su extensión. El emplazamiento era lo suficientemente cercano como para llegar, recoger a la comandante y volver a la mansión. No sería necesario hacer nada más. Una operación limpia y rápida. Onyankopon se rezagó en el asiento del conductor mientras miraba al copiloto.
- No era necesario que viniese, capitán.
- Prefiero asegurarme que esos idiotas llegan a sus posiciones. Probablemente se habrán emborrachado durante todo el viaje de vuelta. En cuanto estén bajo mi dominio me aseguraré de reprendrerlos.
- Parece bastante acostumbrado a ese tipo de situaciones.
- El ejército de exploración nunca se ha caracterizado por su longevidad. Así que los soldados bebían y copulaban siempre antes de las batallas. Llevo demasiados años viendo la misma escena.
- En tal caso es bastante parecido a la situación eldiana en el ejército marleyano.
- …..
- ¿Qué hacía usted?
- Los altos cargos estábamos demasiado ocupados para beber. Pasabamos la noche en vela repasando la estrategia. Nuestra abstinencia es lo que permitía que la mayor parte de ellos volviese con vida.
- ¿Y previo a ascender?
- Nunca encontré satisfacción a destrozar mi hígado antes de una batalla.
- ¿Y a que encontraba satisfacción? ¿Tal vez algún encuentro nocturno? - su mirada se deslizó hacia él en tono insinuante.
- No – respondió secamente.
- La comandante me comentó que hace tiempo solía pasar las noches previas a las expediciones con usted – finalizó.
- No de la manera que tu piensas. Hanji solo hablaba y hablaba de mierdas de insectos, piedras que volaban. Ciencia absurda. Pasaba toda la maldita noche repasando cada maldito detalle que tenía metido dentro de su cabeza.
- Pero usted la escuchaba.
- Tche. - torció la boca molesto mientras sus dedos acariciaban el pomo de la puerta del vehículo – ¿Este cacharro es difícil de manejar?
- ¿Quiere aprender a conducir, capitán?
- Sería interesante aprender algo que no implique matar a nadie.
- Cuando volvamos a la mansión, accederé a enseñarle. Probablemente no tarde más de un par de horas – de nuevo aquella mirada acusatoria - ¿Planea llevarse a la comandante a pasear en coche?
- …...
Los pájaros de la bahía coronaban todo sonido. Los barcos atracaban en el puerto, y aquel sonido zumbante indicaba que aquellos por quiénes esperaban habían llegado. Onyankopon salió del vehículo y se asomó buscando la embarcación indicada. Los minutos pasaban con pasividad mientras observaba a decenas de soldados vestidos de marineros vagabundear por el puerto mientras coqueteaban con las cortesanas.
Su vista volvió a dirigirse hacia el barco. La comandante tardaba en salir. Miró de nuevo al capitán, que parecía confuso y ansioso. Aunque no lo reconociera, parecía preocupado. Él fruncía el ceño con desaprobación mientras miraba aquel reloj que le había regalado para controlar el tiempo. Y avanzaba más deprisa de lo que esperaba.
Finalmente una serie de figuras comenzaron a abandonar el barco. El hombre de tez oscura parpadeó confuso mientras miraba la escena frente a sí, atónito. Una hermosa mujer con el cabello ondulado hacia su costado, y cubierto con una pamela. Su rostro cubierto de un ostentoso maquillaje. Labios rojizos cual rubíes. Y su ojo dañado permanecía oculto bajo el cabello. Postraba un estrecho vestido que recordaba haberle regalado años atrás. Sin duda su cuerpo se veía excesivamente hermoso bajo aquel corset. A su costado parecía estar cargando con algo que cubría con un amplio pañuelo. A su lado, uno de los subordinados que había conocido, se recolocaba el sombrero y la sujetaba por el hombro.
- ¿Se puede saber de qué se ha disfrazado esa idiota? - musitó atónito mientras no dejaba de mirar la escena.
- La comandante está muy hermosa. ¿Tal vez quería darle una sorpresa, capitán?
- Hanji no necesita ponerse mierda en la cara para eso – su entrecejo se arrugó aún más – Se ha quitado el parche...
- Tal vez creyó que no sería reconocida si modificaba su aspecto.
- Eso no tiene ningún sentido. El plan era hacerse pasar por un comerciante. Exactamente lo mismo que cuando llegamos meses atrás. Algo ha pasado.
- ¿Por qué lo dice, capitán? - la mujer continuaba bajando cautelosa la pasarela mientras sujetaba con fuerza aquel bulto que llevaba en su costado, su subordinado le ofreció una mano para ayudarla a bajar; ella se aferró a su brazo y parecía hablar en voz baja mientras sonreía – Parece contenta.
- No la conoces – su mirada no desaparecía de aquella extraña protección que parecía tener respecto al bulto que llevaba encima – No como yo. Está fingiendo. Esa no es su sonrisa.
- ¿Qué es lo que...? - sus pesquisas dieron su fruto cuando el vendaval del puerto levantó ligeramente la pieza de tela que cubría el bulto, dos pequeñas piernas que estaban aferradas al costado de la mujer - ¿U-un cuerpo? ¿Han tenido una baja?
- No. No se arriesgarían a traer un cuerpo inerte solamente por motivos sentimentales. No es la primera vez que el cuerpo de exploración tiene que abandonar los cuerpos de nuestros camaradas caídos – sus cristalinos ojos plateados se posaron en aquella pequeña vida que parecía temblar bajo aquella extensa tela, mientras tenía un mal presentimiento – Mantén este aparato en marcha. Voy a traerla de inmediato.
- ¿Sucede algo capitán?
- Sí, parece que ha habido un error de cálculo.
- ¿Cómo dice?
- En ese barco, había un pasajero de más.
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La luz del exterior entraba en el barco con rudeza. Lia permanecía agarrada a la falda de la comandante, temblando. Había tomado aquello como un juego, pero su mera presencia allí la delataría y le arrebataría la vida. Pero no solamente la suya. Sino la de las personas con quiénes se encontraba. Por su culpa. Por un mero capricho inocente.
Se aferró con más fuerza mientras notaba que sus ojos volvían a lagrimear. Intentó mantenerse estable pero las emociones de aquellas últimas horas podían con ellas. Había perdido la esperanza. Tal vez lo más adecuado sería solamente quedarse en aquel barco esperando ser encontrada. Tal vez su sacrificio salvase las vidas de aquellos soldados.
La mano de la comandante comenzó a sujetar la suya, con firmeza. Era cálida y suave. De alguna manera, conocida. Capaz de guiarla hacia donde desease. Sin ningún tipo de restricción. Ella era sólo una niña, pero parecía haber olvidado que aquella mujer llevaba años volando con aquel par de alas a sus espalda.
- No te preocupes, Lia. Te llevaremos a casa. Confía en mí – su voz sonaba firme y determinada, sin el más mínimo atisbo de duda – Jean, ya sabes tu papel.
- S-sí, Hanji-san – musitó mientras recolocaba su sombrero.
Hanji se agachó y cogió a la niña en brazos mientras la cubría con un extenso pañuelo. Sus ropajes eran demasiado ajados y anticuados. Sería imposible pasar desapercibida con una niña que parecía haber salido del guetto de la costa. Pero no sería tan complicado hacerla pasar por una niña dormitando en los brazos de su madre. Mientras su padre bajaba con ella aquella larga pasarela al puerto.
- Vas a ver cosas que jamás has visto – comenzó a susurrar la comandante en un tono amable – Necesito que estés calmada. Jean, sujétame por el hombro. Se supone que eres mi marido, no mi guardaespaldas.
- S-sí, Hanji-san – admitió mientras aceptaba la orden y la abrazaba con cautela.
- ¿Cosas... extrañas? - prosiguió la pequeña.
- ¿Oyes ese ruido a lo lejos? Es la sirena de un barco. Nuestras embarcaciones no poseen ese tipo de tañido metálico. Tienen máquinas que amplifican el sonido y... - dudó unos instantes mientras se preguntaba si no estaría ofreciendo demasiada información a aquella pequeña niña.
- Máquinas que amplifican el sonido... - su voz parecía interesada e intranquila.
- Nos trasladarán en un transporte que avanza más rápido que nuestros carruajes.
- ¿M-más rápido que un caballo? - la felicidad salía atragantada de sus labios.
- Más rápido que siete caballos juntos...
- Hanji-san, puedo ver al capitán.
- ¿Qué?
Su único ojo se dirigió hacia el horizonte. Frente a sí se acercaba su viejo amigo con paso apresurado. Dirigiéndose con cautela hacia ellos, mientras se abría paso entre el mar de operarios del puerto. Jean bajó su mano del hombro de su comandante mientras esquivaba la mirada de su capitán. Hanji permaneció impasible mientras suspiraba en voz baja.
- ¿Qué ha pasado? - argulló él mientras no paraba de mirar a ambos con sorpresa.
- No aquí – sus labios se movieron con parsimonia mientras esquivaba a Levi presionando a aquella niña contra su pecho.
- ¿Quién...? - sus palabras se detuvieron mientras levantaba con cautela la tela que cubría aquel pequeño cuerpo, notaba que su alma se descomponía mientras volvía a mirar a Hanji, que esquivaba su mirada con pesar – Lia...
Sus pasos eran apresurados, pero notaba que gran parte de su alma se había detenido en el momento que había observado aquellos ojos del color de las avellanas. Unos ojos que no deseaba ver en aquel tipo de escenario. Semanas antes de tener que destruir aquella ciudad, su hija, se encontraba encerrada allí con ellos.
Onyankopon les saludaba desde el vehículo mientras parecía extrañado de aquella nueva presencia con la que no contaba.
- ¿Una niña? - articuló extrañado.
- ¿¡Se puede saber que hace ella aquí!? - estalló el capitán airado al encontrarse en un punto aislado - ¡Ella no debe estar aquí!
- Tranquilízate, Levi – Hanji acarició la cabeza de la niña mientras la destapaba de aquella protección y la introducía en el vehículo – Es una niña, estaba jugando y ni siquiera sabía a qué veníamos. Cualquiera de los niños del orfanato podría haberse colado en el barco.
- …. - Ella no es cualquier niña.
- Simplemente, tranquilízate – Lo sé, cálmate o la vas a asustar – Hablaremos con Kiyomi. Ella dispondrá de una embarcación para llevarla de nuevo a casa lo antes posible.
- Tché – Levi se introdujo junto a ella y sacó un pañuelo de su bolsillo que comenzó a restregar contra la cara de la comandante - ¿Qué te has puesto en la cara? Es completamente innecesario.
- No podía disimular la cicatriz del ojo de otra manera – sonrió despreocupada – Una mujer con un parche llamaría demasiado la atención como para ser una joven madre que viaja con su marido en un barco de mercancías.
- ¿Joven madre? - bufó con desgana.
- Sigo siendo más joven que tú, Levi.
- Te has excedido en el maquillaje, apenas puedo quitarlo.
- Louise hizo el trabajo. ¿No crees que me quede bien?
- Es excesivo.
- Y-yo creo que la comandante está muy hermosa – añadió la pequeña niña – El señor Jean dijo lo mismo en el barco mientras ella hablaba con el maquinista.
- ¡L-Lia! Eso no hace falta que... - interrumpió Jean mientras se giraba hacia atrás en el asiento del copiloto sonrojado, sintiendo la afilada mirada de su capitán.
- ¿Ves? A ellos les gusta.
- …... - sostuvo la barbilla de la mujer mientras la miraba fijamente, el cabello ondulado hacia un lado cubriendo su ojo inerte y aquel ligero rubor en sus mejillas por el polvorete. Sus labios parecían apetecibles bajo aquel brillo labial. Sabía que si se encontrasen a solas la habría besado, aunque sus ganas de besarla no mermaban conforme el maquillaje desaparecía de su rostro.
- No te preocupes más, Levi. Mi plan ha sido efectivo. Nadie se ha dado cuenta.
- ¿Y se supone que Jean debía hacer el rol de esposo? - dirigió una mirada furtiva al joven mientras seguía limpiando la cara de Hanji – Debería haber ido yo contigo...
El viaje fue silencioso, mientras el pequeño hombre no paraba de mirar con pesar a la pequeña niña. Ella se dejó abrazar por la mujer mientras observaba asombrada aquel nuevo país. Todo era distinto. Aquella máquina que les transportaba iba mucho más rápido que cualquier carruaje en el que hubiera viajado. Las ropas de los aldeanos, aunque parecidas parecían estar fabricadas de un tejido más duradero.
Lia dejó caer su cabeza sobre el costado de la comandante la legión. ¿Tal vez sería muy osado pedirle tomar aquel helado antes de volver finalmente a casa?
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- Es de mala educación escuchar detrás de las puertas – Jean palmeaba el hombro de la joven niña mientras se agachaba junto a ella - ¿Hay alguna noticia?
- Ellos hablan en voz baja. Pero la señora de ojos rasgados se ha negado. Dice que sería contraproducente y asaltaríamos dudas antes de tiempo.
- ¿Y que va a pasar? - Sasha se sentó en el suelo junto a ella y le acarició la cabeza - ¿Te quedas con nosotros?
- No lo sé – se encogió sobre sus rodillas mientras la tristeza afloraba en su rostro – Me siento como si hubiera hecho algo realmente malo.
- A mi me parece impresionante – la joven soldado le sonrió mientras sus dedos se introducían entre las hebras de su cabello – Has esquivado a más de cincuenta soldados e incluso la comandante sin ser vista. Deberías estar en nuestras filas. Serías más útil que Jean.
- ¡Oye! - increpó el mencionado.
La puerta se abrió de golpe, la comandante parecía como si hubiera corrido durante hectáreas sin descanso. Se frotó las sienes y tornó la vista hacia el suelo. Sus ojos se encontraron con los de la pequeña sin poder decir absolutamente nada.
Levi salió tras ella con un rostro similar. Las negociaciones habían sido infructuosos. Ella estaba atrapada. Y no emergían las palabras de sus labios. Buscó la mirada de Hanji intentando buscarlas, pero ella parecía estar viviendo una pesadilla infinita.
- Hanji-san – Jean se levantó del suelo y se acercó en confidencia a su comandante - ¿Qué sucederá con ella?
- Volverá a la isla – hizo una pausa mientras resoplaba con resignación – Pero no ahora. Kiyomi ha accedido a trasladarla junto a ella. Solamente tras la exposición de la familia Tybur. Ella no quiere arriesgar a su clan al partir con excesivo tiempo previo a la infiltración. La delataría.
- T-tal vez si robásemos un avión... - insistió el joven soldado.
- Jean, no insistas – masculló su capitán – Esa mujer solo quiere salvar su maldito trasero. Si no seguimos sus malditas condiciones no colaborará con nosotros para recuperar a Eren. Nos quedaremos sin plan de ataque ni defensivo. Si queremos volver de una pieza, tendremos que acatar sus malditas normas.
- Así es – Hanji permaneció de espaldas mientras se alejaba lentamente – Ese es el objetivo primordial del ejercito de exploración. Preservar el futuro de la humanidad.
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Pasos apresurados por el pasillo. Levi frunció el ceño mientras miraba hacia la puerta. De nuevo aquellas pisadas que no paraban de correr sin descanso, como si pernoctasen entre las sombras de la noche. Era usual que los soldados bebiesen y buscasen las habitaciones de las reclutas por la noche. Usualmente solía ignorarlos hasta que entraban por la puerta deseada. Pero aquel día estaban siendo especialmente ruidosos.
Se giró hacia su comandante que seguía repasando los planos del cuartel de Marley que deberían asaltar en varias semanas. Sabía que apenas conseguiría que ella durmiese esa misma noche. Menos aún si no paraban de andar por los pasillos sin descanso.
- Voy a castigar a esos inútiles, Hanji.
- Ah,... vale – sin dirigirle la mirada prosiguió tomando notas, ignorando a su subodinado.
Levi se abotonó la camisa que llevaba abierta y dejó sobre la mesa la taza que llevaba en la mano. Se sentía cansado mientras abandonaba la habitación. Pero era su deber, reprender a los soldados holgazanes con apetito de cópula. Bufó en voz baja y comenzó a vagar por aquellos pasillos buscando el origen de aquel estruendo.
Las retumbantes pisadas le llevaron a bajar al piso inferior, guiándose en la oscuridad por sus instintos. Encontró una puerta semiabierta que recordaba que solamente poseía un escueto escobero, sujetó el picaporte y abrió de golpe sorprendiendo al ocupante inesperado.
- ¡Se puede saber qu-!
Sus palabras se detuvieron en el acto. Una pequeña niña que se sujetaba el vestido de su camisón con apariencia nerviosa. Sus piernas estaban temblando mientras parecía intentar sostenerse sobre ellas. Ella se llevó un brazo hacia sus ojos y comenzó a restregarlos intentando detener las lágrimas. Por un momento pensó que la había asustado, pero el rastro que había en sus mejillas la delataba. Llevaba un rato intentando contenerlas.
Intentó analizar la situación. ¿Qué hacía Lia despierta a aquellas horas vagabundeando por la mansión? Se inclinó hacia ella mientras intentaba detener aquel torrente de lágrimas y le acariciaba tranquilamente la cabeza.
- ¿Qué te sucede?
- Yo... lo siento, señor capitán – sollozó mientras agarraba con más fuerza su vestido – Intentaba encontrar el baño y...
Los ojos de Levi se tornaron hacia su vestido que parecía ligeramente humedecido. Sus manos temblando sobre los pliegues que se formaban entre aquella mojada prenda. Suspiró en voz baja y procedió a cogerla en brazos.
- Esta maldita mansión es un condenado laberinto. Cualquiera se perdería en estos pasillos – la excusó mientras comenzaba a volver – Si hubiera un incendio moriríamos todos calcinados antes de encontrar una puerta que de al exterior.
- P-puedo andar sola, señor capitán... M-mi vestido se ha ensuciado y yo... Podría mancharle y entonces...
- He cargado con cosas mucho más sucias que tú – la apresó aún más cerca de él – La próxima vez avísanos a cualquiera de nosotros. No es necesario que vayas sola.
- Gracias, señor capitán...
- ….
Aquellas dos últimas palabras eran dolorosas de oír. Sabía que Hanji se mantenía impasible cada vez que oía que su propia hija se dirigía a ella como comandante. Pero interiormente se sentía horadada. Aquel protocolo dictaminaba a aquella pequeña criatura a ser excesivamente protocolar con los altos cargos de la legión de exploración.
Pero, por una vez hubiera deseado que su hija no fuese tan educada como le habían inculcado en aquel orfanato. Que se saltase aquellas normas y no le temblase la voz en llamarle papá. Tal vez una visión idilíca. Pero mientras la sostenía entre sus brazos, no paraba de rememorar todos los años en los que hubiera deseado poder transportar su cuerpo infantil hacia su cuna.
Torció el pasillo y entró de nuevo en su habitación, dirigiéndose directamente a la puerta interior que daba al baño privado.
- Espero que no hayas sido demasiado duro con ellos, Levi – musitó Hanji sin girarse mientras revisaba papeles y planos de la ciudad - ¿Vas a bañarte? - su voz se tornó seductora mientras se giraba en su silla - ¿Quieres que me bañe cont-?
Aquella imagen era inaudita. Sobre los brazos de Levi yacía una sonrojada y temblorosa niña a la que conocía excesivamente bien. Se incorporó con el ceño fruncido. Habían decidido que durmiese en una de las habitaciones que Kiyomi había dispuesto para que ella descansase sola. Sin necesidad de que el resto de los soldados la importunase. Pero de alguna manera había salido de su habitación en medio de la noche. Y viendo el estado de su ropa. No necesitaba demasiadas pesquisas para entender lo que había sucedido. Miró un momento a los ojos de Levi y se dirigió hacia el pequeño armario de la esquina, dispuesta a buscar una prenda con que vestirla.
- Este es el baño privado de esta habitación – comentó a enunciar Levi mientras la dejaba de nuevo en el suelo y abría el grifo de la bañera – Utiliza los productos que necesites para asearte. Si necesitas agotarlos no me importa. Los paga esa mujer, así que utilízalos a tu antojo.
- Levi, ¿crees que esta camiseta valdrá? - entró sonriente en el baño mientras llevaba consigo varias prendas en sus brazos.
- N-no es necesario que me preste ropa, señora comandante.
- Llámame Hanji – se inclinó hacia ella con una sonrisa y comenzó a levantar su vestido mientras se lo entregaba a su subordinado – Enciende la estufa de leña. Pasará frío cuando salga del baño.
- Pero señora comandante...
- Hanji – repitió.
- Hanji – sus mejillas se encendieron mientras intentaba ganar confianza en sí misma - ¿No molesto?
- ¡Por supuesto que no! Lamento no haber podido ocuparme de tí desde que llegamos.
- No, lo entiendo – el agua que salía de aquella extraña manguera era cálida, la comandante la pasaba con suavidad por su cuerpo mientras le ayudaba a limpiar los rastros que había dejado su accidente – El señor Jean y la señorita Sasha me lo estuvieron contando estos días. El resto de soldados que han ido llegando también parecen tensos, así que comprendo que no debo molestar...
- La misión que tenemos que realizar es demasiado compleja. Nuestro enemigo ha cambiado y posee mayor intelecto que un titán, así que es una operación arriesgada – recogió el largo cabello de la pequeña mientras acababa de limpiar los rastos de jabón – No podemos cometer fallos.
- ...- hizo una pausa mientras tragaba saliva con fuerza - ¿P-podría comer un helado algún dia? S-se que no puedo salir de la mansión, pero si puediesen traérmelo...
Hanji se detuvo en el acto. Cerró el grifo del agua y acarició con cariño su piel mojada. Lia llevaba cinco días encerrada en aquella mansión. Cómo habían ido acordando, sus soldados comenzaban a llegar a aquellas puertas para poner a prueba su plan, mientras les presentaban las zonas de asalto y asedio que deberían recordar. Y había olvidado que aquella pequeña niña solo tenía un deseo infantil.
Uno que no sería difícil de conceder. Colocó la toalla alrededor de su menudo cuerpo y la sujetó en brazos mientras se introducía de nuevo en la habitación. Estaba rodeada de un ambiente cálido. Sobre la cama descansaba aquella prenda cuidadosamente doblada. Y el pequeño capitán sujetaba una pequeña taza humeante con un líquido oscuro.
Hanji colocó a la pequeña sobre la cama mientras terminaba de secar los rastos de humedad. Procedió a colocar la prenda sobre ella y a recoger de nuevo la toalla.
- Bebe – ofreció el hombre mientras se sentaba a su lado y se aseguraba que su cabello permanecía seco – Es chocolate.
- Será mejor que duermas aquí Lia, prefiero no arriesgarme a que despiertes a los demás si te llevamos a tu habitación. Tienen entrenamiento temprano y es mejor que descansen. ¿Te importa?
- N-no. Pero, ¿dónde dormirá usted?
- Ella no suele dormir– Levi pareció complacido con su nivel de higiene y empezó a levantar las sábanas con cuidado incitándola a meterse en ellas – Pasa semanas sin dormir ni un minuto – sus palabras parecían irónicas, para nada satisfecho con su falta de descanso.
- No seas exagerado, Levi. Yo suelo dormir en esta cama, Lia. Pero hoy la ocuparás tú.
- ¿Y usted, señor capitán? - ella miró la habitación extrañada, allí solo había una cama. ¿Tal vez durmiese en otra habitación?
- Dormiré en esa silla.
- ¿En una silla?
- Sí, Levi usualmente duerme sentado un rato en esa silla.
- ¿En una silla?
- Él solo duerme un rato en la silla, luego permanece despierto.
- ¿Haciendo qué?
- Levi es muy silencioso, así que él usualmente vela por mí hasta que me despierto.
- ¿No le incomoda dormir mientras él la mira desde una silla? - se dirigió hacia Hanji.
- Levi tiene que protegerme, así que es su trabajo vigilar mi seguridad.
- Aún así... - miró con temor al hombre que permanecía de pie junto a la cama esperando porque ella entrase.
- Oh, no te preocupes. Levi es inofensivo – la mujer se colocó junto al hombre y empezó a acariciarle la cabeza – Aunque parezca enfadado, Levi no es así. Es una persona de gran corazón. Si le conoces bien es muy agradable pasar tiempo a su lado. Y siempre estarás protegida si él o yo estamos cerca, Lia.
- Oh... entiendo – se aferró a las sábanas mientras se incorporaba – N-no puedo dormir aquí si vosotros no podéis descansar. Volveré a mi habitación. No haré ruido, lo juro.
Hanji sujetó a la pequeña niña mientras la volvía a tumbar en la cama.
- No te preocupes.
- Pero si tenéis que entrenar a los soldados por la mañana no podréis descansar bien.
- Bueno, en tal caso, si me dejas un poco de espacio, podría dormir contigo – Sugirió Hanji mientras se sentaba en el borde.
- C-claro – la pequeña niña se colocó en un extremo mientras palmeaba ansiosa el colchón.
Para los niños de aquel orfanato, los miembros del ejército de exploración eran héroes. Personajes tan distantes de ellos que apenas podían soñar con verlos cuando paseaban a ver a la regente Historia.
Y ahora la comandante se acunaba junto a ella. Sus largas extremidades bajo las sábanas, a tan sólo unos centímetros de ella. Se giró hacia ella que procedía a quitarse las gafas. Sus falanges se detuvieron en su parche acariciándolo con duda, como si no supiese si era adecuado quitárselo.
- No me importa – su dulce voz rompía el silencio de la noche – Los niños del orfanato estamos acostumbrados a ver ese tipo de heridas.
- Eres una niña valiente – la mano de la comandante se dirigió al cabello de la niña mientras peinaba su cabello hacia atrás.
- Yo siempre la he admirado. Me gustaría poder ser algún día como usted.
Ella le miraba con unos ojos vibrantes, ligeramente ensombrecidos por el continuo sonrojo de sus mejillas. Hanji la acunó entre sus brazos y la acercó hacia ella. Debía contener ese torrente de sentimientos si no quería asustarla. Levi la miradaba desde el otro lado de la habitación. Parecía apenado. Una vida que deseaba haber vivido, viendo crecer a aquella niña pequeña. ¿Sería ya demasiado tarde? Tal vez hubiese alguna posibilidad de redención.
- Duérmete Lia, es tarde – su mano acariciaba su cabello mientras ella permanecía recostada en su pecho.
- Es extraño...
- ¿Te molesta que te abrace?
- No, es solo que … - aspiró su aroma mientras cerraba los ojos profundamente – Este aroma se me hace conocido... Pero no me acuerdo cuando...
- Ah... - intentó disimular mientras se separaba ligeramente de ella – Utilizo un jabón encargado por Levi. Supongo que Flegel distribuye el mismo al orfanato.
- Tal vez sea así – ella se giró hacia el otro lado de la cama, el capitán permanecía sentado en una silla leyendo un libro en silencio – ¿No está cansado, capitán?
- No necesito descansar tanto.
- Pero...
- Levi, creo que Lia dormirá hoy más tranquilo si duermes de una manera más normal.
- Yo no soy el anormal de esta habitación.
- Simplemente ven y recuéstate con nosotras.
- …..
Aquella cama había sido diseñada para que dos adultos pudiesen dormir perfectamente en ella. Kiyomi había dispuesto de demasiados lujos que ellos no utilizaban. Ni tan siquiera deseaban apropiarse de aquel estilo de vida. Pero aquella noche había decidido prescindir de su orgullo. Se introdujo entre aquel mar de sábanas mientras Hanji, que aún abrazaba a la pequeña se acercaba hacia él. Él alzó un brazo y rodeó a ambas con cuidado. Su comandante le devolvía una cálida sonrisa. La pequeña pareció extremecerse ante el roce, pero parecía satisfecha.
- ¿Es cierto que puede saltar entre los tejados sin el equipo, capitán?
- Sí.
- ¿Y, y, es cierto que puede dominar cualquier arte marcial en minutos?
- No tan rápido pero sí.
- ¿Y es cierto...?¿ Es... cierto...?
Sus palabras quedaban suspendidas en el aire mientras se quedaba dormida entre el perfume que emanaba del pecho de la comandante, que la acariciaba entre sus sueños. Su respiración se tornó más fuerte y profunda. La mano de él se dirigió hacia su tercio cabello mientras miraba su apacible rostro profundamente dormido.
- Se parece a tí.
- Supongo que no puedo evadir por siempre mis genes.
- No sólo en el aspecto, sino en el carácter. Estos días pasados no paraba de preguntarle a Jean y Sasha acerca de este país. Es curiosa, cómo tú.
- Levi, logró entrar en un barco custodiado por cincuenta soldados sin ser vista. Creo que se parece también a su padre – ella se recostó acercándose más hacia el pecho de él, besando ligeramente su clavícula – Espero que algún día podamos volver a dormir así los tres juntos.
- Yo también lo espero.
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Lamento mucho la demora, ha sido una época atareada para mí. Y quiero comentar con gran alegría que muchas personas me han comisionado este último mes y eso ha hecho que mis ingresos prosperasen ya que debido a la cuarentena eran paupérrimos.
En este capítulo he querido hacer mucho hincapié en Lia, ya que me lo habéis pedido mucho. ¿Tenéis ganas más de que interaccione con Levi y Hanji? Dejadlo en los comentarios.
¡Nos leemos!
