Snk pertenece a Hajime Isayama.
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- ¿Mamá?
No sabía cuantos años había deseado oír aquellas dos sílabas de sus pequeños y delicados labios. Siempre había creído que el sonido de aquella palabra sería suficiente para curar una de las cientos de heridas que tenía en su lánguido corazón. Pero aquella falacia no era lo suficientemente fuerte como para llegar a creérsela.
Sus labios pronunciaban aquellas delicadas palabras, pero su corazón no sanaba. ¿Acaso era incierto? Aquella mentira que había creído durante tantos años, era sólo eso, una mentira. Pero, la razón era distinta. Lo que sintió mientras ella pronunciaba aquel vocablo no era la sensación de una madre orgullosa. Sino de una cobarde. Que tan sólo tenía ganas de huir.
Sus ojos color avellana perdían su luz mientras veían su reflejo en las lágrimas de la pequeña. Ella sostenía aquella fotografía en sus manos. Aún podía diferenciar aquel escrito que realizó meses atrás. Y que ella acababa de leer. Su más terrible secreto, descubierto al fin. Pero en el ambiente erróneo.
A nuestra querida hija, Lia. Lo que sostienes en tus manos es una imagen llamada fotografía en la que se nos ha representado a nosotros, tus padres. Si estás leyendo estas palabras, es que la guerra finalmente ha extinguido nuestras vidas. Hubiéramos deseado poder acompañarte desde que naciste, pero tu vida se hubiera visto en peligro a nuestro lado. Durante años hemos tenido que conformarnos con observar cómo crecías desde la distancia. Estamos orgullosos de la valiente y preciosa jovencita en la que te has convertido.Y deseamos que sigas creciendo tan valientemente como hasta ahora. Eres la razón por la que hemos seguido combatiendo sin descanso.
Hanji Z. Levi A.
La luz se extinguió finalmente de sus ojos mientras el silencio reinaba en la habitación. Los ojos lagrimeantes de la pequeña se tornaron acusatorios hacia la mujer que seguía sin ser capaz de articular palabra alguna hacia aquella acusación.
- ¿Mamá? - volvió a repetir. Palabras que se clavaban como puñales en el corazón de la comandante - ¿Qué es esto? - sonó acusadora mientras ondeaba aquel pedazo de papel.
- …... - Hanji bajó su vista hasta el suelo, incapaz de confrontarla con la mirada – Lia... Eso es... Levi y yo,... lo escribimos hace algún … tiempo...
- Aquí pone mi nombre – recriminó la pequeña sin dejar de sostener la mirada – Tú me lo enseñaste, este es mi nombre. Lia. - otra lágrima recorrió su mejilla - ¿E-es cierto lo que pone? ¿Este es mi nombre? ¿Esta carta va dirigida hacia mí?
- …...
- ¿¡Eres mi madre!? El capitán y tú...
- ….
- ¡Responde! - torrentes de lágrimas recorrían su rostro limpiando todo rastro de incertidumbre.
- …..Lo que dice ese papel ….es cierto – articuló al fin con una voz hueca, prácticamente fantasmal.
- ¿Es cierto? - de nuevo aquel torrente de lágrimas interminable – Vosotros me … abandonásteis.
- Lia, debes entender que- intentó defenderse sin éxito de aquellas acusasiones.
- ¿Por qué no me lo habíais dicho antes? ¿Por qué habéis esperado tanto tiempo? Estas últimas semanas... ¿Os estábais burlando de mí?
- No, no es ninguna burla. Queríamos que lo supieras... en el momento adecuado.
- ¿Y cuando sería ese momento? Esa carta parece escrita...
- Si fallecíamos, tanto Levi como yo queríamos que supieras la verdad. Era un plan B. No esperaba que la encontrases antes de tiempo. Que la encontrases ha sido un error de cálculo.
- ¿Eso es lo que soy? ¿Un plan que ha salido mal? ¿Qué hubiera pasado si no la hubiera encontrado? ¿Dormirías cada noche a mi lado fingiendo que no eres mi madre? ¿El capitán me cepillaría el pelo sin decirme la verdad? ¿Iríamos juntos a pasear por este país comiendo dulces helados como si fuéramos extraños? ¿Hubiera vuelto a la isla sin saber nada?
- Ocultarte la verdad es una de las cosas más difíciles que he hecho en mi vida, Lia.
- ¿Es esta la razón por la que no os habéis casado? ¿Por mi culpa?
- …...
- Si yo no existiera, podríais ser novios libremente y vivir juntos, ¿cierto? ¿Soy un lastre? ¿Por eso me abandonásteis? ¿O acaso ha habido otro niño al que también habéis abandonado? Fabricáis bebés a los que luego no podéis querer...
La mano de la firme comandante aterrizó en el rostro de la niña. Un bofetón que dejó marcado su pequeño rostro con una marca rojiza. Hanji recapacitó al instante mirando su mano que comenzaba a temblar presa del miedo. Comenzó a disculparse sin descanso. Lo siento, lo siento, lo siento. Los ojos de la pequeña se mostraban aterrados. Las lágrimas volvían a brotar, llenas de reproche. Sus pequeños pies comenzaron a huir fuera de aquella habitación.
Hanji continuó observando sus falanges, aún conservaba la sensación de la suave piel de su mejilla. No de esta manera, no era de esta manera en la que deseaba haber interactuado con el rostro de su hija. Deseaba poder abrazarla. Disculparse. Explicarse.
Pero sus piernas le fallaron haciendo que cayese de bruces en el suelo. Mientras su único ojo comenzaba a llenarse de aquel líquido transparente que tan bien conocía, aquella imagen de la persona que más amaba aterrizó con delicadeza a sus pies. Cómo si de una cruel ironía se tratase. Lia había pasado excesivo rato admirando aquella imagen. Leyendo aquellas palabras. Tragando su resentimiento. Sufriendo en silencio.
Hanji acarició con delicadeza aquella fotografía. Ella estaba sentada sobre el regazo de Levi mientras le abrazaba con cariño. Junto a ellos, unos trazos infantiles habían dibujado una pequeña niña que parecía abrazarles a ambos. Sus dedos repasaron aquel dibujo de su propia hija. Y entonces supo su error. Ni siquiera habían intentado crear un recuerdo junto a ella como familia. Uno en el que reconociesen su parentezco. Ella había crecido rodeada de niños que habían sido rechazados por su padres. Hijos de prostitutas, nacidos en burdeles. Padres cuya situación financiera hacía que omitiesen su parentezco. Meros bastardos. Y ella había creído ser diferente al crecer pensando que sus padres estaban muertos, y no había sido realmente abandonada. Y encontrar que había sido rechazada de la familia que deseaba. Una fotografía que los mostraba a ellos dos juntos, sin ella.
En su lugar, la habían excluido de lo único que permanecería en el tiempo. La única memoria que simbolizaría su vínculo. Y en la cual no había espacio para Lia. Hanji se encogió sobre su costado, mientras dejaba de contener las lágrimas.
Llevaba años oyendo que era la persona más inteligente que habían conocido dentro de aquellas murallas. Pero en aquellos instantes no podía diferir más de la realidad.
- Soy una auténtica idiota.
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Una pequeña figura atravesó con celeridad el patio delantero de la mansión. El capitán frunció el ceño extrañado. Su instintó le demandó su atención hacia la zona de la que provenía. Confuso, dirigió una mirada hacia la joven soldado asiática que había seguido con la mirada la trayectoria de la pequeña.
Ella entendió la orden y abandonó la mansión en busca de la niña, seguida por la usual escolta que solía tener Lia. Levi comenzó a ascender las escaleras en busca del origen de aquel malestar. Un incipiente dolor de cabeza se apoderaba de sus sienes. Un presentimiento que le había fulminado su alma desde hacía varios minutos. Y la mera silueta de una niña corriendo había sido toda la confirmación que había necesitado.
Entró con cuidado hacia la habitación que compartía con la mujer que asaltaba sus pensamientos desde hacía diez años. Pero en lugar de encontrarla como debería ser habitual, sentada sobre su escritorio, su posición era muy distinta. Permanecía sentada en el suelo abrazando un trozo de papel.
- Lia ha salido despavorida – su mirada revisó el estado de la habitación, todo seguía en orden – Jean y Mikasa han ido tras ella.
- …... - ignoró sus comentarios mientras seguía acunando aquel trozo de papel. Apenas pesaba unos gramos, pero sus brazos parecían languidecer por su delicado peso.
- ¿Es algún juego absurdo? No me extrañó que pudiese sortear a los 50 imbéciles que fueron contigo en ese barco. Pero creía que contigo le costaría más, no están a tu nivel - sin respuesta – Oye, idiot- algo en su postura le hizo inclinarse hasta ella, buscando su rostro inexpresivo – Hanji, ¿qué ha sucedido?
- Lo ha visto – su rostro se alzó hacia él, ojeras marcadas por el rastro de las lágrimas que se habían evaporado de su piel.
- ¿Qué ha visto?
Se arrodilló junto a ella mientras le arrebataba la fotografía de las manos temblorosas. Rodeó su cuerpo con uno de sus brazos mientras sus pupilas se dilataban observando con atención. La imagen había sido intervenida con un dibujo infantil junto a ambos. Levi abrazó con más fuerza a la mujer.
- Le explicaremos todo. Vamos a buscarla.
- ¿A buscar a Lia?
- A buscar a nuestra hija.
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Los apresurados pasos de la pequeña les habían guiado hasta el puerto auxiliar. No importaba lo escasa que fuera su edad, tenía energía y agilidad de sobra para llegar hasta la zona en un tiempo récord. Jean jadeaba detrás de su compañera que parecía inagotable tras aquella extensa caminata. Los genes Ackerman parecían influir de manera distinta en aquellos pertenecientes a dicho clan.
Mikasa se adelantó y tomó asiento junto a ella, que observaba las embarcaciones con un aspecto ausente. Jean llegó hasta su posición y se sentó al otro lado.
- En ese orfanato tienen un entrenamiento militar admirable. Tal vez tú y tus compañeros seáis más útiles que cualquiera de nosotros en el futuro– bromeó mientras intentaba recuperar el aliento - ¿T-tenías muchas ganas de observar los barcos, Lia? Debes pedir permiso si quieres salir, lo sabes. Una niña pequeña no debería andar sola. No conoces-
- Aquel de allí tiene un fuselaje mayor que el resto. Y le hace más pesado. Mucho más lento – anotó la pequeña mientras levantaba un dedo en la dirección de la embarcación – Y aquel otro tiene la eslora más larga, eso demuestra que usualmente es un barco que transporta mercancías. Puedo diferenciarlos y conocer las partes peligrosas.
- ¡Impresionante! Eres una niña muy inteligente, Lia.
- Cómo mi madre, la comandante, ¿verdad?
- Eso no... - intentó disimular Jean.
- He llegado a este sitio en menos de veinte minutos corriendo. Ni siquiera me siento cansada. Igual que mi padre, ¿cierto? - ella se dirigió hacia el hombre que parecía confuso sin ser capaz de responder - ¿Es esto lo que veis cuando me miráis a los ojos? ¿Lo que habéis estado viendo estas últimas semanas? ¿Todos vosotros lo sabíais?
- No – contestó estoica Mikasa – Ninguno de los soldados tiene siquiera una mínima sospecha, Lia.
- Pero vosotros dos lo sabíais, ¿verdad?
- P-por casualidad – dubitó Jean.
- Me siento tonta – sus ojos alcanzaron a ver su reflejo en el agua, sus manos ascendieron hasta su cabello dejando unos mechones al frente, un aspecto que era capaz de reconocer fácilmente – ¿Esto es lo que veis cuando me miráis? Mi aspecto es similar al de ella...Y yo he sido la única tonta que no podía verlo.
- Discrepo – Mikasa peinó su cabello de vuelta hacia atrás, una sonrisa complaciente que asomaba en su rostro – Los ojos de tu madre no son lo único que posees. Ese ceño fruncido y ese mohín en la boca es demasiado idéntico al de ese enano. Si comienzas a decir insultos y frases sin sentido ininteligibles, comenzaré a asustarme.
- Ja, ja, ja – rió la pequeña al fin.
- Esa sonrisa se parece más a la de la comandante – admitió la mujer mientras peinaba su cabello hacia atrás, recogiendolo en una coleta.
- En el orfanato hablan de niños que no son queridos y sus papás los abandonan. Creía que los míos estaban muertos, pero si ellos me han repudiado es porque … ¿soy una bastarda que nadie quiso?
- Dudo mucho que ninguno de ellos utilice jamás ese término para referirte a tí, Lia – le corrigió Jean.
- ¿Cómo lo sabes? Si ellos me hubiesen querido no habría crecido en el orfanato.
- ¿Me guardarías un secreto, Lia? - interrumpió Mikasa.
- ¿Un secreto?
- ¿Ves esto? - alzó su brazo con cuidado mientras desenrollaba una venda que cubría una extraña marca – Esto representa mi pertenencia al clan Azumabito, un clan con origen asiático. Me hace ser distinta. Heredé esta marca de mi madre. Mi padre pertenecía a otro linaje casi extinto.
- Ackerman – indicó la pequeña.
- Exacto. Cómo sabrás, ambos clanes han sido perseguidos por distintas razones. Convirtiendo a todos los poseedores de dicha sangre en objetivos codiciados. De pequeña vivía con mis padres aislada del resto del pueblo. Yo no era consciente de lo que éramos. Pero tenía una vida apacible. A veces, me pregunto si ellos sabían el peligro que corríamos cada día. O si aquella casa ligeramente aislada era fruto de la casualidad.
- ¿Qué les pasó?
- Fueron asesinados, cuando yo no tenía muchos más años de los que tienes tú ahora. Justo delante de mis ojos.
- Debió ser muy duro...
- Tuve suerte, Lia. Una persona muy especial para mí, me salvó ese día – sus dedos acariciaron la bufanda que rodeaba su cuello – De no ser por él, yo también habría muerto ese día. Tú tienes suerte, Lia.
- ¿Suerte?
- Tienes la suerte de que tus padres aún están vivos. Ellos son dos de las personas más valerosas que he conocido en mi vida. Pero no le digas al capitán que he dicho esto último – le guiñó un ojo en tono confidencial, la pequeña comenzó a reírse en voz baja.
- ¿Qué crees que hubiera pasado si ellos no me hubieran abandonado en el orfanato?
- Conozco a ambos desde hace demasiados años. Y sé bien que siempre han estado en el punto de mira, igual que mis padres. Han sido perseguidos, acosados y estado en constante peligro. Se que ellos habrían dado su vida por protegerte si tu vida hubiera estado peligro igual que la suya. Y eso les habría llevado a un destino similar al que tuvieron mis padres. Piensalo de esta manera, al vivir aislada de ellos con el resto de niños, les has salvado la vida.
- Les he salvado la vida...
Unos pies se detuvieron tras ellos. Mikasa se giró hacia atrás recibiendo a aquellos que acababan de llegar. Asintió mientras una sonrisa misteriosa se postraba en su rostro. Acarició el cabello de la pequeña y comenzó a levantarse de su asiento.
- Jean, será mejor que nos reunámos con el resto. Si no les vigilamos, Connie y Sasha asaltarán las cocinas de la señora Azumabito. Además, todos deben estar preguntándose porqué hemos salido apresuradamente sin decir nada.
- Ah, … sí... - musitó mientras observaba a sus superiores en silencio que no quitaban la vista de su hija.
Jean siguió a su compañera mientras se giraba con disimulo hacia atrás. La luz del ocaso reflejada en el mar espejado devolvía una luz dorada. Las tres figuras eran absorbidas por el contraluz proyectando largas sombras oscuras tras ellos. Jean sonrió ante la conmovedora escena. Su capitán sostenía con disimulo la mano de la comandante. En una primera instancia juraría que estaba instándola a ordenar sus pensamientos y hablar con la pequeña, pero si se detenía a observarles, parecía que se apoyaba en ella para recabar valor.
- Este maldito sol me está cegando – carraspeó mientras se agachaba junto a la pequeña – Cuando vivía en la ciudad subterránea era difícil vivir cegado y aún así vivíamos ciegos. Unos imbéciles que creíamos tener el sol a nuestro alcance. Aunque allí no llegaba el sol, ni un maldito rayo, solo había antorchas y lámparas de aceite.
- ¿Qué? - Lia arqueó la ceja mientras se giraba hacia el hombre recién descubierto como su padre. Confusa ante sus palabras.
- Nací entre mierda y putrefacción. Mi madre no tardó en morir en aquel asqueroso mundo. Hubiera deseado que pudiese ver este paisaje. Hace demasiado tiempo de eso. Pero ella solo vio esa asquerosa ciudad. Ni siquiera llegó a respirar el aire de mierda de las murallas.
- … - el gesto de Lia se torcía sin comprender aquel extraño relato.
- Luego viví durante años con un imbécil que resultó ser el hermano de mi madre. Ese capullo me dejó a mi suerte en aquella ciudad y pasó toda mi vida pendiente de mi maldito trasero. Probablemente él si llegase a conocer el exterior, ya que pasaba todos los días lamiendole el culo al gobierno. Un cabrón afortunado.
- No entiendo que...
- Y también se fue. Isabel y Farlan... Ellos llegaron a ver las montañas fuera de las murallas, pero ni siquiera pudieron vestir ese maldito uniforme más allá de un par de meses. Luego estaba el idiota de Erwin – aquel nombre pareció traerle recuerdos especialmente agridulces – Ese idiota era firme a sus ideales, el podría haber visto esto. Este maldito país con sus ridículos carros que no son conducidos por caballos sino por artefactos que hacen ruido y humo. Pero su sueño infantil lo llevó a la tumba. Ni siquiera llegó a saber la verdad. Y ahora solamente esta idiota y yo podemos ver esto. Ni siquiera sé si mañana volveré a respirar mierda y orines cuando me despierte. O si tan sólo podré respirar.
- Verás Lia – Hanji acarició la cabeza de la pequeña, que palideció ante el contacto – Lo que Lev– se corrigió al instante – Lo que tu padre intenta decirte es que hemos perdido a muchas personas que desearíamos que hubieran podido ver todo lo que hemos conseguido tras nuestro esfuerzo. Y cuánto más cerca han estado de nosotros, más peligro han corrido.
- Comprendo – pareció aliviada mientras escuchaba aquella explicación.
- Cuando me quedé embarazada de tí, no era este el mundo en el que quería que crecieras. Encerrada en unas murallas y con una mirilla apuntando hacia tí como han hecho con el resto de nuestros amigos. Siempre hemos querido que vivas en un mundo en el que seas libre – su mano acarició el rostro de la pequeña mientras le devolvía una sonrisa, ella temblaba ante el contacto de su mano – Un mundo en el que las armas que portan nuestros barcos no sean jamás necesarias. Dónde poder hablar para resolver nuestras diferencias sin necesidad de soportar el peso de un rifle.
- Ese mundo es demasiado idílico, Hanji.
- Eso no significa que sea imposible. Pero para conseguir objetivos, primero hay que luchar por ello. Y esta lucha es demasiado peligrosa para tenerte cerca, Lia. Allí, estabas protegida – finalizó.
- ¿Por qué decidisteis tenerme si sois soldados? Si yo no existiera, no habría este problema.
- Hemos acordado no mentirte más, así que debo reconocer que no habíamos planificado aún traerte a este mundo. El día en el que fuiste concebida... Teníamos otros objetivos en mente.
- ¿Qué objetivos?
- Copular.
- ¡No le digas esas cosas a la niña!
- Lia tenía derecho a saber la verdad, Levi.
- Pero aún así, decidisteis tenerme. ¿No era más peligroso mientras estaba en tu barriga para combatir contra los titanes?
- Ah, sí... Recuerdo aquellos meses...
- ¿¡Mataste titanes mientras estaba en tu barriga!?
- Bueno, tuve que salir de expedición para disimular mientras estaba aún encinta... Si me aislaba demasiado pronto, hubiera levantado sospechas.
- No la confundas más, Hanji – corrigió Levi al instante – Me aseguré personalmente de que la idiota de tu madre no se expusiera más de lo necesario.
- Pero, ¿mataste titanes mientras estaba en tu barriga?
- Puedes estar orgullosa de que la excéntrica de tu madre matase varias docenas de esas figuras mientras tú rebotabas en su vientre.
- No fueron tantos, Levi – sonrió la mujer – Y estaba embarazada de pocos meses aún. A partir de los cuatro meses, Levi prohibió a Erwin dejarme salir a campo. Nunca te puse en peligro. Tu padre y mi asistente, Moblit, fueron mis guardaespaldas ahí afuera.
- Aunque parecía que fuese al contrario... - bufó él.
- Entonces... es como si yo también hubiera matado a esos titanes... - exclamó la pequeña emocionada.
- Ah, sí... Podría decirse que has sido el ser humano más joven en "derrotar" a un titán.
- Y aún estando dentro de una placenta serías más útil que la mayoría de beodos que corretean por esa maldita mansión.
- Durante el resto del embarazo, permanecí escondida. Disimulando y fingiendo estar enfrascada en una investigación.
- Si... si no hubieras estado embarazada de mí, no hubieras tenido que exponerte a tanto peligro...
- Fue una decisión conjunta, Lia. Aunque no planeamos tu concepción, no nos arrepentimos de decidir traerte a este mundo – sonrió de nuevo mientras su vista se tornaba al horizonte.
- Tú eres... nuestro aliciente en esta lucha – añadió él.
- ¿Aliciente?
- Lia, tú eres parte del vínculo que se ha generado entre nosotros desde que nos conocimos hace más de diez años – Hanji entrelazó sus manos con las de Levi detrás de ella – Somos conscientes de que existe la posibilidad de que fallezcamos en el campo de batalla. Cuando los dos desaparezcamos, este vínculo quedará relegado al olvido. Tú eres lo único que quedará de nosotros.
- Te hemos dado un lastre que no queremos que cargues. No somos lo que tus expectativas puedan haber imaginado. Sólo somos dos idiotas con las manos manchadas de sangre. Unos asesinos no son el mejor contexto para criar a una niña.
- No, para nada. – Lia sujetó las manos de ambos y sus pequeños dedos acariciaron las palmas de sus manos – Vosotros sois mis padres. La mayoría de mis compañeros del orfanato tienen orígenes humildes. Las señoras de los burdeles no pueden criarlos, y continúan sus vidas. Pero mis papás son los héroes de la legión de reconocimiento. Ellos luchan porque yo viva muchos años y sea feliz, aunque sea un alto precio. Ahora... me siento privilegiada. Estas manos no están sucias, son cálidas y suaves. Algo que me gustaría estrechar toda mi vida...
- Parece que también ha heredado tu maldita vista, cuatro ojos.
- Oh, pensaba que Lia tenía su visión bastante bien.
- No me refiero a eso. Sino a ese maldito instinto que te hace desnudar nuestras corazas y ver más allá de nuestro corazón.
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El afecto y la compasión no eran algo que solía verse en el campo de batalla. Mientras las granadas aterrizaban a su alrededor y los casquillos de las ametralladoras aterrizaban a sus pies, Yelena paseaba con cautela.
Sentía que aquella estrecha trinchera era un puente que conectaba ambos destinos, el actual y el que ella deseaba. El olor a pólvora se fundía en rostro, manchando sus cabellos rubios. Pero ella sonreía, como si el hedor a putrefación fuese una fresca brisa. Se acercó con cautela hacia el grupo de eldianos heridos. Su misión era escoltar a los pocos que aún pudiesen respirar para cuando llegasen a Liberio. Y abandonar a aquellos que morirían en las próximas horas por desangramiento o cualquier otro tipo de lesión. Les habían incitado a creer que aquellos que no pudieran levantarse tras la batalla, eran meros lastres. Escollos que solo ocuparían espacio en los vagones de transporte.
Pero a Yelena no le interesaba ninguno de aquellos mortales. Al igual que ella, eran solamente humanos sin ningún tipo de habilidad. Nada que mereciera la pena de estudiar o por lo que sentir fascinación. Salvo uno de ellos. Sus pasos se detuvieron frente a un soldado de cabello largo que parecía moribundo. Su pierna había sido cercenada con brusquedad, y un enorme agujero ocupaba el espacio de su ojo ausente.
Ella se inclinó hacia él. Ignorando al resto de soldados que permanecían desmayados o eran presos de alucinaciones previas a su defunción.
- Ah... Esa pierna sanará pronto... - musitó ella mientras evaluaba la profundidad del corte – Debe haber sido especialmente doloroso... Espero que tu poder no influya en nuestro plan.. Sería una lástima viendo tu esfuerzo...
- Puedo pausar la regeneración. Tal y cómo acordamos, me infiltrarás entre los supervivientes. Dentro de la base – murmuró Eren mientras ella le cedía unas vendas para cubrir su rostro.
- Sin duda, que seáis capaces de regenerar miembros perdidos os hace equivalentes a dioses inmortales. Muchos de tus compatriotas desearían mínimamente arañar dicho poder.
- Me niego a vivir en un mundo cuyo dios permite que criaturas como el pueblo eldiano sufra tanto por nada.
- Las reglas del juego no están aún escritas, señor Jaeger. Dios puede controlar nuestro destino cada vez que tira los dados.
- En tal caso, me convertiré en dicho dios y cambiaré dichas reglas.
- Eso es... - sonrió elevando excesivamente las comisuras de sus labios – Un dios que nos guiará hacia la auténtica victoria...
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- La batalla en el fuerte finalizará dentro de poco. Debemos estar preparados.
Floch se dirigió hacia los soldados disfrazados de porteadores. Con excesiva cautela y sin perder de vista todo lo que sucedía a su alrededor. Fingió atar el cabo de una de las embarcaciones a un mástil y volvió a susurrar.
- Dentro de doce días, la comandante y el capitán, recabarán el resto de armas que necesiten. Dejándonos el resto a nosotros. Deberemos ocupar las zonas que os he designado y esperar por el plan de ataque.
- ¿Por qué no atacamos cuando llegue el tren con los soldados marleyanos? Será mucho más fácil y efectivo.
- No todos nuestros enemigos llegarán en dicho transporte. Muchos de ellos llegarán en máquinas voladoras. Nos arriesgaríamos a matar compatriotas eldianos por nada. Seguiremos las instrucciones mientras estemos en Liberio. No os cortéis si querer destuir más de lo establecido, nadie sospechará si ruedan un par de cabezas marleyanas de más.
- Tal vez deberíamos aprovechar la confusión para liquidar a la comandante – insistió otro soldado.
- Ella ocupa otro sitio en el plan de Eren – replicó Floch – La necesitamos viva. Cuando lleguemos a la isla, Eren y el señor Zeke serán separados. Ella será nuestra carta de trueque para poder intervenir. Si la matamos previamente, no seremos capaces de proseguir el plan. Deberemos hacer lo posible para que se reúnan e inicie el retumbar.
- ¿Cómo?
- Tendremos que quitarnos a los estorbos de en medio. ¿Os habéis asegurado de que todos los altos mandos han tomado del fluido espinal del señor Zeke?
- Hasta el último de ellos – contestó otro soldado – Salvo... la comandante. Ha evadido cada intento de tomar alcohol durante los últimos años. Será difícil deshacerse de ella. Insisto que aprovechemos el asalto a Liberio para liquidarla.
- Aún no – insistió – Si hace falta le abriré la boca yo mismo y le obligaré a beberse toda la botella de vino. Será un espéctaculo placentero observarla convertida en uno de esos nauseabundos titanes que tanto adora mientras el mundo arde – sonrió maliciosamente.
- ¿Qué hará mi equipo, Floch? - se interpuso Louise mientras se sentaba en el suelo pensativa – Antes de venir aquí escondimos el artefacto explosivo para deshacernos de Zackley, con una sola orden, la pondrán frente a su cara y lo detonarán.
- Para ti tengo otro encargo específico. Necesito que permanezcas junto a Mikasa. Ella será uno de los principales impedimentos para alcanzar nuestro éxito. Necesito que esté controlada. Es demasiado peligrosa. - depositó su mano junto a la de ella en tono confidencial – Confío en que tus años observándola te han dotado de dotes suficientes para desestabilizarla.
- Completamente – respondió.
- ¿Qué haremos con el capitán Levi? - interrumpió un soldado con mayor edad – Será imposible abatirlo a él ni aunque todos le atacásemos al mismo tiempo.
- Repetiremos la misma acción que hagamos en la ciudad. Será necesario seguir todos los pasos. Tal vez consigamos agotarlo. En el mejor de los casos, el señor Zeke lo matará.
- No será la primera vez que el capitán derrota al señor Zeke, Floch.
- Lo sé, por eso me aseguraré de tener a la comandante como escudo delante de todos nosotros. Si tengo que bajar al infierno a causa de ese hombre, me aseguraré de que su adorada comandante sea arrastrada junto a mi cadáver.
El resto de soldados comenzó a reír de manera visceral, dejando entrever un lado excesivamente psicópata que había emergido tras aquellos años de planificación en la sombra. Eran la última esperanza para su especie, aunque ello implicase disolver hasta el último hálito de humanidad de su cuerpo. Vistiendo una carcasa humana en la que habitaba un demonio.
El chico con cabellos cobrizos dirigió una mirada al horizonte, lejos de allí se encontraba su hogar, dónde comenzaría aquella sangrienta batalla. Sus comisuras se torcieron mientras visualizaba el rostro de aquellos dos grandes ingenuos que serían la perfecta excusa para que su plan fuese efectivo.
El amor nos obliga a hacer actos impulsivos e incoherentes. ¿No es así, comandante?
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- ¿Cuándo te diste cuenta, mamá? - su cabeza ladeaba mientras observaba distraída lo que la mujer anotaba en un cuaderno.
- ¿Darme cuenta? - sin mucho interés prosiguió escribiendo concentrada – Levi, traéme el mapa de la zona central, tal vez si colocásemos varias cargas aquí reduciríamos el número de bajas pero taponaríamos las salidas. Nuestros enemigos no nos atacarían y menos civiles serían heridos.
- ¿Acaso planeas dejar la ciudad intacta?
- Mamá...
- Sólo es necesario paliar sus defensas. No es necesario que civiles indefensos mueran sin ningún tipo de culpa. Es nuestra guerra, no la suya.
- Papá...
- Tal vez tengas razón, si Armin destruye sus barcos, debería darnos bastante tiempo para huir y trazar un nuevo plan. Si intentasen atacarnos, Pixis, Zackley y Dawk conocen perfectamente el plan de defensa y disponen de armamento para derribar sus máquinas. Y también tenemos a Armin y a Eren. Aunque Eren...
- ¡Escuchadme! - interrumpió la pequeña su extensa conversación – Deberíais relajaros. Lleváis días hablando de lo mismo una y otra vez. Trabajáis demasiado. Ni siquiera he llegado a ver a la reina Historia trabajar tanto. Además, me prometisteis que me lo contaríais todo...
- D-disculpa, Lia. Quiero tener toda la estrategia asegurada. No quiero que más gente de la necesaria salga herida.
- Lo entiendo, aún así...
Hanji sonrió con ternura mientras acariciaba la cabeza de su hija. Durante los últimos días, ella no paraba de preguntar sobre la sensación de estar en su tripa. Lo que sintió al tenerla en brazos. Si se acordaba de ella mientras combatía en el frente. Si alguna vez tuvo miedo de que la pudieran atacar aunque viviesen a distancia. Una sucesión de cuestiones que profesaba la pequeña y que no parecían tener fin. Intentaba responderlas todas al instante, pero cada una de ellas derivaba en cientos y cientos de curiosidades de la pequeña.
- Vale, respondamos preguntas. En estos pocos días apenas hemos podido satisfacer tu curiosidad infinita.
- Lia, haces demasiadas preguntas. Eres exactamente igual a tu madre en ese sentido.
- Déjala, Levi. Ella tiene curiosidad científica. ¿Qué era lo que me habías preguntado antes?
- ¿Cuándo te diste cuenta que te habías enamorado de papá?
- Ah... - Hanji se sonrojó levemente hacia aquella pregunta, girándose ligeramente hacia el mencionado, que pareció sentirse incómodo y comenzó a fingir que ordenaba los papeles de la mesa – S-supongo... que la primera vez que maté a alguien.
- ¿Qué? - exclamó ella confusa, sus cejas se alzaron y sus ojos recorrieron a ambos con la mirada como si hubiesen hablado en otra ocasión de aquello.
- Tché. No es una conversación que deberías tener con una niña. Sabes perfectamente que nuestras manos no están limpias, Lia. Aunque puede que que las mías están más sucias.
- Tienes las manos más limpias que he visto, papá – bromeó la pequeña mientras fingía que tenía un pañuelo y limpiaba sus manos como solía hacer él.
- Verás, tuvimos una misión en la que tuve que asesinar a una persona para defenderme y evitar que diese la alarma. En aquel momento sentí que mi alma intentaba liberarse de mi cuerpo. Como si hubiera cometido un pecado inquebrantable. Me sentí vacía. Irónicamente había pasado años asesinando a muchas personas sin saberlo porque llevaban un disfraz equivalente a un ser monstruoso. Pero esta fue la primera de la que tuve consciencia. Y la interacción de aquel día con Levi me hizo darme cuenta de muchas cosas.
- ¿Y por qué en ese momento?
- Porque Levi comprendía mi sentimiento. Era algo que él arrastraba desde hacía años. Este mundo no puede comprendernos tan fácilmente. Y con tu padre sentí que no necesitaría nunca más palabras para comunicarme. Como si pudiese leerme la mente con solo una mirada.
- Ohhhh, eso suena muy romántico. Como los libros que nos lee la encargada del orfanato – abrió su boca con admiración - ¿Y qué hay de tí, papá?
- …...
- Levi, no esquives la pregunta. Yo también tengo curiosidad.
- Tú lo sabes perfectamente.
- Realmente no, recuerdo el día en que te declaraste. Aunque nunca me contaste cuando comenzaste a sentir algo por mí.
– Eso es irrelevante.
- No sientas vergüenza, Levi, estamos en familia.
- Eres insoportable.
- Por favor, papá, cuéntame – zarandeó su brazo en actitud suplicante.
- Tché. Te pareces demasiado a tu madre... – suspiró en voz baja y dirigió su mirada hacia el costado – Cuando metieron a tu madre en la cárcel.
- ¿¡Mamá ha estado en la cárcel!?
- Demasiadas veces – añadió Levi.
- Ja, ja, ja. La mayoría solo eran correción directiva. Es un protocolo bastante habitual. Puedes entrar en prisión preventiva por pelearte, desobedecer órdenes o si el superior lo considera necesario – explicó.
- A veces encerrar a tu madre entre barrotes era la única manera de sacarla de ese mugriento laboratorio. Erwin era inteligente y la encerró más de una vez.
- Entonces, ¿te enamoraste de mamá en la cárcel?
- Oh, ¿en cuál de todas las veces, Levi? - musitó Hanji mientras se mesaba la barbilla pensativa.
- Idiota... - bufó mientras dirigía su mirada al costado – La primera vez que te metieron entre rejas. Al menos la primera desde que yo te conocí, probablemente hayas estado muchas más.
- La primera vez... - la comandante pareció revivir aquellos meses y frunció el ceño extrañada.
- ¿Cómo te diste cuenta de que querías a mamá?
- Porque en aquel maldito cuartel había silencio por una vez desde que ingresé.
- ¿Mamá era ruidosa?
- Ella... - dirigió una mirada esquiva hacia la mencionada que entornaba los ojos con cariño entendiendo su metáfora – Su sola maldita presencia hacía opacar el resto de gandules que bostezaban durante el almuerzo. Cuando ella estaba en el comedor, sólo la oías a ella. Creía que todo aquel ruido era por sus constantes escándalos hablando sobre mierdas y excrementos de insectos. Pero parece que era la única que realmente hablaba entre aquellas paredes. Supongo que por eso.
- …... - Lia se giró hacia Hanji con actitud suplicante, una mirada confusa que no atisbaba a comprender lo que acababa de decir.
- Levi quiere decir que se dió cuenta de que me echaba de menos. Se dio cuenta que era irremplazable en su vida ¿No es así, Levi?
- Lo que ella ha dicho - la observó asintiendo levemente.
- Hemos visto morir a tantos de nuestros aliados, que nos aterra crear vínculos entre nosotros. Levi era bastante distante con todo el mundo por miedo a crear relaciones de amistad y perder a más amigos ante sus ojos.
- ¿Y cuando te diste cuenta de que te gustaba mamá por qué no te alejaste si tenías miedo?
- Si que lo hice.
- Si que lo hizo.
- ¿Qué? - exclamó sorprendida Lia - ¿Entonces por qué …?
- Cuando vivía en el mundo subterráneo robaba, mataba y delinquía. No importaba quién fuera. Apenas pude construir relaciones con prácticamente nadie allí abajo. Las personas allí abajo mienten constantemente. Me daban igual sus motivos, pero no eran sinceros, y crecía entre esa montaña de patrañas – hizo una breve pausa mientras Hanji apoyaba su mano en su hombro brindándole ánimos – Preferí no mentirme a mí mismo también. Simplemente por eso.
- Mamá – se dirigió hacia la mujer - ¿Qué pensaste de papá la primera vez que lo viste?
- Supongo.. - se mesó la barbilla pensativa – Que era distinto a lo que nos habían contado. Nos hicieron hincapié en que era un delincuente, pero solamente vi a un hombre bastante interesante y que destacaba del resto.
- ¿Papá destacaba del resto? - frunció el ceño la pequeña mientras miraba a su progenitor de arriba hacia abajo.
- No está hablando de mi estatura, Lia.
- Oh, si, bueno. Eso era también algo bastante interesante. Pese a su fuerza, su aspecto era más menudo de lo normal. Pero toda su estructura ósea, así como su agilidad parecía sobrehumana.
- Si Erwin no la hubiera detenido, tu madre me habría abierto en canal años atrás – murmuró.
- ¿Y qué pensaste tú de mamá?
- Papá quería rebanarme el cuello.
- ¿¡Cómo!?
- Tché. Eso sólo fue porque te acercaste diciendo tonterías cuando estaba en medio de una misión. Ya me había dado cuenta de tí antes de que abrieses la boca aquel día.
- ¿Y qué pensabas, papá?
- Que una mujer cómo ella no debería mostrarse tan indenfensa delante de cualquier hombre.
- ¿Una mujer cómo yo?
- Cualquier persona con un mínimo de capacidad visual sería capaz de darse cuenta de que eres atractiva y tienes un cuerpo esbelto. Deberías ser más consciente de lo que hay a tu alrededor y lo que representas. Yo no era el único que se dio cuenta de tu presencia aquel día. Había otros hombres que te perseguían con la mirada indecentemente – una imagen emergió en sus rutinas recordando a un viejo subodinado de ella.
- Así que me perseguías con la mirada indecentemente antes de que me acercase a tí...
Lia sonrió observando a sus progenitores. Cada dato que obtenía de ellos tenía un origen que difería de todos aquellos libros de cuentos que le habían relatado en el orfanato. Ellos eran una pareja atípica. Sin princesas. Sin príncipes. Sin castillos y largas habitaciones decoradas con satén. Sin final feliz. Solamente dos guerreros que habían desarrollado un afecto especial hacia el otro. Como si parte de su alma se hubiera transmitido hacia la otra persona y pudiesen vivir dentro del otro sin necesidad de estar juntos.
Por un momento se le antojó que ella también tenía dentro de sí misma parte de aquel vínculo irrompible. Un nexo simbolizado en una vida engendrada por casualidad. Pero que habían protegido durante los últimos siete años. Con un lenguaje cifrado solamente accesible para ellos dos. Y unas muestras de afecto diferentes a las que estaba acostumbrada. A pesar de que ellos confirmaban haber hecho cualquiera de las interacciones comúnes a las parejas, nunca había visto que sujetasen sus manos, o acariciasen sus rostros o se besasen.
Ella permaneció impasible durante unos segundos mientras procesaba aquella repentina idea. Hanji y Levi habían retomado su trabajo en aquel extraño mapa. Lia se aproximó hacia ellos y comenzó a doblar aquella pieza de papel, indicándoles que su día de trabajo debía finalizar. Hanji acarició a la pequeña y comenzó a cambiar sus prendas para tumbarse en la cama junto a su hija.
Una pequeña costumbre que deseaba se siguiera repitiendo cuando volviese a su isla. Pero que era consciente de que no podría desarrollarse tan a menudo como deseaba. Hanji besó la mejilla de la niña mientras se recostaba a su lado y comenzaba a leer de un pequeño libro. Levi besó la frente de la pequeña y comenzó a ordenar la habitación. Desde que había descubierto su relación con ellos, aquellas muestras de cariño eran más continuadas. Pero las preservaban para la intimidad. Había llegado a comprender el peligro que supondría si la asociaban con ellos. Aún así, aquello seguía sin parecer una familia típica. Lia miró hacia ambos confusa y finalmente exclamó:
- ¿Vosotros dos nunca os besáis?
Ambos se giraron hacia ella sorprendidos. Levi pareció algo impactado mientras ordenaba las prendas de la mujer. Hanji comenzó a reir apresuradamente.
- ¿A qué viene esa pregunta, Lia?
- En los cuentos, - comenzó a abrir el libro por una página mostrando una detallada ilustración – el príncipe y la princesa se dan un beso para demostrarse que se quieren.
- Ah, si. Es algo bastante típico al final de este tipo de escritos – comentó la comandante algo interesada – Recuerdo que cuando era pequeña leí uno en el que la princesa besaba a una rana para devolverle su humanidad.
- ¿Cómo papá y tú?
- ¿En qué me parezco yo a una rana? - argumentó mientras dejaba la maleta abierta y se dirigía hacia ellas.
- No quise decir eso papá. Pero mamá es una humana normal y tú eres...
- Yo soy más normal que tu madre – se apoyó sobre la cama mientras desordenaba el cabello de la mujer con los dedos – A veces creo que el experimento de laboratorio es ella y no yo.
- Respondiendo a tu pregunta, claro que lo hacemos, Lia. Tal vez no con la frecuencia que sale en tus libros.
- ¿Y por qué no?
- En este cuartel no hay intimidad – bufó con desgana el hombre – Es imposible tener más de dos minutos seguidos sin que un maldito mocoso entre por la puerta a interrumpir.
- Tampoco han sido tantas veces, Levi.
- Tché.
Levi se inclinó sobre Hanji y agarró su mandíbula con la mano dirigiéndola hacia la suya. Lia se sonrojó mientras contemplaba aquel dulce beso mientras su madre entrelazaba sus brazos alrededor del cuello de su padre. Volvió a besarle con dulzura y se separó de él acariciándole el pelo. Levi se acercó a la pequeña y volvió a besarle en la mejilla
Lia sonrió mientras su sonrojo no desaparecía. Dirigió sus ojos hacia su libro. Ahora parecía aburrido. Animales fantásticos. Caballeros con armaduras. Damas con ostentosos vestidos. Todo aquello había quedado obsoleto. Ninguno de ellos podría compararse al amor que se profesaban sus padres. Algo que jamás encontraría palabras en el diccionario para poder definirlo. Y ninguna que pudiese ser verbalizada en ningún idioma.
- ¿Estuviste asaltando la bodega? - Levi interrumpió sus pensamientos mientras hablaba con Hanji. Sostenía una botella mientras proseguía escarbando entre las prendas.
- Ah, esa maleta la hizo Jean cuando llegamos a Liberio. Probablemente agarrase todo lo que hubiese en mi camarote mientras yo me preparaba para desembarcar.
- ¿Y tenías una botella en tu habitación? Creía que desde que Erwin se fue no tenías ningún interés en volver a tomar este tipo de bebidas.
- Y no lo tengo, mientras esté de servicio, el alcohol es innecesario – musitó - Tal vez Jean se confundiese, se que los chicos estuvieron bebiendo del vino que trajimos para disimular el cargamento. Puedes dejarla ahí.
Lia permanecía atenta a la conversación mientras algunas imágenes parecían llegar a su mente algo difusas. Semanas atrás, en aquel barco. Un soldado con el cabello anaranjado que entraba en el camarote de la comandante sin permiso. ¿Tal vez aquella botella de vino era una manera de compensar su mal comportamiento?
- Es esa bazofia que bebían meses atrás en la policía militar. Parte de aquel cargamento que requisamos de Marley – Asió la botella mientras la miraba hacia la luz – Pixis y el resto se estaban ahogando en estas malditas botellas. No se que interés le ven – dejó la botella sobre una mesa y comenzó a buscar en los cajones.
- ¿Vas a abrirla?
- Tú siempre lo dices, para derrotar a tu enemigo tienes que conocerlo. Veamos porqué beben esta orina de cerdo tan a menudo – escupió con desinterés mientras comenzaba a verter el líquido por su garganta.
- ¿Y bien? - articuló Hanji recabando interés.
- Tché. Conozco charcos de barro que saben mejor que esta mierda. Este vino parece intervenido. Tal vez lo hayan hecho en alguna de sus máquinas. Pero sabe demasiado raro.
- Dejame probarlo, tu paladar está demasiado aletargado de por beber agua hirviendo.
- ¡Yo quiero probarlo! - interrumpió Lia.
- Los niños no deben beber alcohol.
- S-solo un poco – sus ojos brillaban con súplica.
- Tal vez sea una buena idea para disuadirla de beber en el futuro – Hanji se dirigió hacia la pequeña con un dedo levantado en actitud paternal – Solo un pequeño trago, esto podría hacer algo malo en tu pequeño cuerpo.
- Entendido.
- Ten cuidado con la botella, el cristal es más pesado de lo que parece.
Lia alzó la botella hasta su boca y dirigió la abertura hasta sus labios. Apenas podía sentir el aroma a uva proveniente del interior pero que parecía mucho más intenso de lo que recordaba. Los instructores y la encargada del orfanato solía beber aquella sustancia, pero parecía extraña. El olor era diferente. Algo que paralizaba sus nervios. Mientras unas delicadas gotas rozaban sus labios. La imagen de aquel chico volvió hacia su cabeza. ¿Era realmente aquella botella un regalo? Sin percatarse, demasiado líquido entro por su garganta provocando que se ahogase, la botella se deslizó de sus dedos y cayó sobre la alfombra manchándola de aquel líquido rojizo.
- Cof, cof – comenzó a toser afanosamente.
- Te dije que sabía a mierda.
- Lia, respira despacio. La primera vez que bebes alcohol es algo bastante chocante y seguramente el sabor te haya resultado excesivamente amargo.
- Buscaré un trapo para limpiar esto – Levi se agachó en el suelo y empezó a recoger la botella completamente vacía.
- Vaya, es una lástima.
- No valía la pena, Hanji.
- Hubiera sido interesante descansar por una vez y tomar una copa, supongo.
- El cuartel está lleno de esas botellas que saben a mierda. Puedes pedirle a cualquiera de tus subordinados que te traigan una mientras yo vigile a Zeke hasta que nos den la orden de matarlo.
- Supongo que es una buena idea – Hanji continuó abrazando a la pequeña que parecía recuperar el aliento - ¿Te encuentras mejor?
- Mamá... - susurró mientras se mostraba espantada – No bebas ese vino...
- ¿Cómo?
La puerta se abrió de golpe interrumpiendo la escena. Levi se puso en pie, sujetando rápidamente un puñal que sacó de su tobillo. Se relajó al observar a Mikasa respirando apresuradamente mientras se sostenía en la pared.
- ¿Qué sucede, Mikasa?
- Capitán, comandante. Marley ha ganado la guerra. Eren... vuelve a casa.
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Lamento mucho la espera. He recibido muchísimos más mensajes de los que esperaba preguntandome por la actualización de este capitulo. Debo decir que han sido semanas nefastas para mí. He estado enferma, agotada del trabajo y con exámenes.
Y últimamente me concentro más en dibujar ya que me desmotivo al ver que mis historias no llegan a tanta gente como creería. Aún así intentaré darle un final a ésta.
He visto que muchos me habéis pedido que prosiga con el canon de la historia pero que el final de Hanji sea distinto. Más o menos tengo una idea que podría hacer esto posible. Así que depende de que vea como va la historia si seré fiel a la historia o modificaré ligeramente el final. Espero que sigáis apoyándome hasta el final.
¡Nos leemos!
