Snk pertenece a Hajime Isayama.
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- ¿Su hija?
El inmenso silencio reinaba en aquella enorme sala. Kiyomi Azumabito era conocida por ser una negociadora dura, capaz de mantener la mirada durante horas hasta alcanzar aquello que codiciaba. Pero Hanji Zoe era más astuta, llevaba años aceptando sus acuerdos con el fin de hacer prosperar a su isla. Conocía su sed por aquello que era valioso, único e irrepetible.
Mantener sus manos alejadas de Mikasa durante aquellos cuatro años había sido prácticamente imposible. Pero el solo hecho de que su descendencia sería única hacía que fuese un bien digno de proteger. Proporcionando armamento y corazas inexpugnables para preservar su salubridad. No había otra igual que ella. Salvo su inmediato capitán. Pero el gobierno se había apropiado de cualquier connato reproductor que él pudiese crear.
Aquel acuerdo para crear un ejército de ser necesario, y que era pospuesto una y otra vez gracias a su inteligencia. Siendo ofrecida ella misma como miembro engendrador de dicho ejército. Y, conociendo la valía que tenía Hanji Zoe en el ejército, no se habían negado a aquella decisión. Pero ningún vástago había sido engendrado. Aún. Aunque parecía que esa acción ya había sido realizada con anterioridad antes de dicha orden.
Kiyomi dirigió su vista hacia la ventana, el reflejo de la luz exterior apenas dejaba ver el patio arbolado. Pero aquellas ligeras risas apagadas indicaban la situación de una pequeña niña que jugaba con el resto de soldados. La mujer de ojos rasgados volvió a dirigir su vista hacia ellos dos, deteniéndose en aquella mano masculina que no soltaba la mano de la mujer.
Rumores, sólo eran meros rumores. Había designado una habitación separada para los superiores. Pero sin ningún fin de esparcimiento. Ahora comenzaba a preguntarse si en aquellos escasos meses, ellos dos habían utilizado aquellas sábanas con otro propósito más allá que su descanso. Desde que aquella niña había llegado escondida en el barco y la exagerada reacción que ambos habían tenido, su alarma había comenzado a tronar. Una insistencia en devolver a aquella infante a una zona segura. Utilizar a su personal para llevarla de vuelta a Paradis. Salir de la mansión con escolta. Y siempre bajo la tutela de ellos dos. O cualquiera de los pertenecientes a la élite de aquel reducido ejército.
Ni siquiera se había molestado en mirar a la cara a la pequeña niña. Para Kiyomi, era una mera cría que se había colado en la embarcación mientras jugaba con el resto de huérfanos del orfanato. Pero aquel cabello negro en la lejanía parecía proceder del hombre que la miraba con desdén desde el otro lado de la habitación.
- No deseo saber cómo se ha engendrado esa niña, no obstante – intentó sujetar su taza de nuevo, pero aquella nueva situación comenzaba a crearle ansiedad, manos temblorosas que parecían asir granito en lugar de una mera pieza de porcelana pulida – Debo decir que me sorprende. El soldado más fuerte de la humanidad... - su mirada se delizó entre ambos – y su comandante. No creía que los rumores del ejército de exploración y los cientos de affairs fuesen reales. Aunque supongo que el ejército de exploración también necesita un deshaogo de vez en cuando.
- No es un simple deshaogo – interrumpió Levi tajante.
- Kiyomi, no deseo tu aprobación. Sólo quiero que protejas a mi hija. Mantenla alejada de la isla – Hanji se apoyó ligeramente sobre el hombro de Levi mientras asía con más fuerza su mano – Se el precio que requieres.
- Ahora comienza a interesarme esta conversación.
- Esta guerra acabará pronto, las fuerzas mundiales estarán diezmadas. Posiblemente muchas de sus flotas armamentísticas resulten dañadas de esta contienda. Eso supone una gran pérdida económica.
- El dinero es poder – argulló la mujer.
- Tu clan aprecia la economía más que ningún otro – Hanji levantó las comisuras de sus labios – Y tras una guerra de tamañas proporciones, reactivar la economía sería prácticamente imposible.
- ¿Y qué podéis ofrecerme para ello? Mi fortuna disminuirá si tengo que mantener a todo mi país. Posiblemente me sea prácticamente imposible reactivarlo.
- Hace tiempo que acordamos suministrarte con combustible único. Se que lo estás comercializando.
- Parece muy al tanto de mis negocios, señorita Zoe.
- No se ha esforzado en ocultarlo, señora Azumabito.
- Una boca más que alimentar no mejorará mis arcas. Aunque garantice la pervivencia de esa niña...
- Hace cuatro años, fuiste incapaz de disimular al contemplar nuestros bienes que ni siquiera explotábamos adecuadamente.
- Esa deuda ya está pagada. Mi única razón para aportarles cobijo y estancia en estos instantes es preservar una moneda de cambio en un bando ganador.
- Sabes perfectamente lo que significa la existencia de Lia. Así que deja de disimular. Cuando asentí y reconocí mi parentezco con ella, tus pupilas se encendieron con deseo, Kiyomi. Ambas sabemos perfectamente que tipo de poder será el que prevalezca tras una guerra. Aquellos cuya evolución prosiga serán los que se recuperen más ràpidamente.
- Aunque la posibilidad de tener de pupila a una Ackerman aún no desaparece de mi vista, debo decir que has mejorado su precio. Esa niña... cabe la posibilidad de que desarrolle otro tipo de habilidades especiales... Además de su fuerza... ¿Qué clase de habilidades sería capaz de desarrollar?
La mujer asiática se recostó hacia atrás mientras cavilaba la última pregunta que acababa de hacer. Una ingeniera asombrosa, capaz de defenderse perfectamente sola. Ser aliada de alguien así en el futuro solo implicaría prosperidad para su fortuna. En sólo cuatro años, su madre había ingeniado y modificado todo el potencial militar de la isla. Mejorado, incluso. Creando armas de superior calibre al potencial armanetístico de Marley. Si le hubieran dado cuatro años más, hubiera sido capaz de diseñar máquinas volantes capaces de trasladar a miles de pasajeros. O, incluso atravesar el cielo. Hasta el espacio.
Poseía aquel brillo característico que no había desaparecido. Y aquella pequeña niña era una carta por la que apostar. Potencial. Solamente eso. Puro potencial. Si sus progenitores sobrevivían, ambos formarían parte de su legado. Proporcionándole seguridad y prosperidad tecnológica durante las próximas décadas. Posiblemente sólo a cambio de una pequeña casa en la que poder convivir los tres. Si ambos o cualquiera de los dos fallecía en aquella guerra, el precio seguiría siendo el mismo. Pero aquella futura posible promesa seguiría estando a su favor. Sólo a expensas de ser pulida.
Hanji Zoe era una mujer astuta, inteligente, sagaz. Negociar con ella sin caer en sus redes era imposible. Había heredado el don de la palabra del anterior comandante, según decían, aunque no había heredado su frialdad. Si ella misma se desligaba de su adorada isla, conseguiría mucho más en aquella guerra que permaneciendo fiel a la misma. Pero su bando seguía inamobible. Y si sus huesos osaban sobrevivir a la futura masacre que acaería en una semana en aquella ciudad, sería una aliada importante de mantener.
- ¿Qué sucederá la noche del ataque? Si debo encargarme de llevar a esa niña hasta mi país, no podré viajar en la embarcación pequeña que habíamos planeado.
- Uno de mis soldados le acompañará hasta el puerto militar – comenzó a hablar Levi – Lo hemos dispuesto para que pueda viajar en uno de los barcos grandes. Un equipo se asegurará de dejar via libre. Armin destruirá el resto de amenazas en cuanto tu barco esté fuera de peligro. Nadie sabrá que has salido de la ciudad.
- Así que durante un tiempo nadie sabrá si mi equipo sobrevivió o no. Inteligente estrategia – se inclinó hacia delante – Ya le mostré mi interés en proseguir haciendo negocios. Aunque su hija pueda ser una interesante pupila, desearía poder contar también con su ayuda, comandante Zoe.
- La guerra aún no ha acabado – sentenció la mujer.
- ¿Y qué harán cuando acabe esta guerra?
- Prefiero no soñar con un idilio, Kiyomi – volvió a sentenciar, recabando frialdad en la voz, con una cierta aspereza y dolor.
- ¿Qué hay de usted, capitán?
- …... - labios sellados que ocultaban aquel secreto ansiado durante años. Una esperanza que apenas pudo rasgar durante unos escasos meses en una misión.
- Las guerras no son eternas – prosiguió la dueña de aquella mansión mientras el humo de su taza de té difuminaba su silueta – Combatimos por un objetivo. Poder, dinero, negocios...
- Siempre hemos combatido por la libertad.
- ¿Y qué hay de la vuestra? No me entrometeré en la decisión de unos padres que quieren alejar a su hija de cualquier peligro. Pero, ¿qué hay de vuestro futuro?
- No creo que el interés de esta conversación vaya ligado hacia mi propio futuro, ¿no es cierto? - su único ojo se clavaba con intensidad en su interlocutora.
- No mentiré y diré que mi cabeza no está cavilando en el posible interés de una alianza en un futuro próximo. Usted, comandante, el capitán y... vuestra hija. Desde que Eren Jaeger le ha declarado la guerra al mundo con su actitud, comienzo a temer que la actual alianza que tenemos pueda traerme lo que ansío.
- Eren se ha... descarriado... Paradis no puede mover ficha obviando las órdenes de arriba. Eren ha actuado por su cuenta, cómo le dije. No deseaba este asalto. No quería atacar esta ciudad. Este no era mi plan. No deseaba que esta guerra sin sentido se iniciara otra vez.
- Si el plan de Eren Jaeger fracasa, Paradis será destruida en los próximos meses. Dentro de poco habrá un festival. Willy Tybur es un hombre influente. No le costará convencer a otras naciones de destruir tu isla. Si Eren Jaeger consigue destruir esta ciudad como todo parece indicar, solo ganaremos tiempo. Pero el resultado posiblemente sea el mismo. Y sólo tendríamos una baza a nuestro favor.
- El retumbar.
- Ese maldito poder sería la peor defensa que podríamos utilizar – volvió a interrumpir el pequeño hombre – Nada garantiza que Eren pueda controlarlo. No solo podría destruir Paradis, sino probablemente el mundo entero. Como advertencia o amenaza tal vez sea útil. Pero ese mocoso que aún necesita que le cambien los pañales no es el más indicado para coronarse como cabeza de un ejército.
- ¿Usted opina igual, comandante?
- Sí – respondió tajante – Eren es demasiado joven como para tomar una decisión así. Demasiado absorbido por sus sentimientos y comportamientos impulsivos. Sería la peor decisión. Así que si el resto de naciones atacan Paradis, deberemos defendernos. Y posiblemente, aunque tengamos el poder de varios titanes a nuestro favor, Paradis quedará irremediablemente dañada.
- Esa mujer... Yelena... Había hablado de algunas variables.
- Dependemos de poder capturar a Zeke Jaeger y traerlo a la isla. Su sangre real será otro bien preciado.
- ¿Y si el plan de Eren Jaeger fracasa?
- Hemos decidido alimentar a cualquier ciudadano con el poder de Zeke. Posteriormente, y cuando Historia haya dado a luz, procederemos a pasar dicho poder a ella. Es primordial tener un titán con sangre real. Si hacemos la misma acción con Eren y traspasamos su poder... Posiblemente la opción del retumbar no sea tan descabellada... En manos de alguien menos... joven e impulsivo – sus puños se cerraron con frustración rememorando ese ficticio pero posible sacrificio. Eren era aún demasiado joven. Ni siquiera había llegado a vivir el resto de años que le restaban. Y su vida sería reducida debido a sus decisiones impulsivas.
- Me sorprende señorita Zoe, veo que ha visualizado todos los cabos sueltos.
- Todo lo hago por la prosperidad de mi isla.
- Si me permite un consejo. Debería incluirse en dichos planes.
- ¿Cómo? Yo asistiré a todas las batallas, por supuesto. Aunque siendo una simple humana, mi presencia no cambiará demasiado el tablero.
- ¿Una simple humana? - refunfuñó Levi mientras la miraba con molestia - ¿Una simple humana? - repitió.
- Hace tiempo me explicaron que el poder del titán fundador siempre había pertenecido a un miembro de la casa real. Y al trasmitirlo se veían poseídos por la voluntad del primer rey Fritz. Sin embargo, él jamás poseyó dicho poder. Lo que significa que esa voluntad está dentro de todos los descendientes reales y es activado al recibir el poder. ¿Me equivoco, comandante?
- Correcto.
- Pero nada garantiza que dicha voluntad no pueda traspasarse y dominar a Eren Jaeger.
- Aunque comparto tu preocupación, no tenemos datos suficientes para trasladar dichas hipotésis.
- Si el plan de Eren Jaeger fracasa, se verán acorralados y utilizarán el poder del retumbar como han dicho.
- Ah... - Hanji comenzó a sentir presión en sus sienes, dominada por el miedo visceral que implicaba aquella conversación.
- Yo tomaré a esa niña bajo mi ala y la instruiré, alejada de esta contienda. Posiblemente sea una gran aliada en el futuro, y me interesa que se desarrolle adecuadamente. Pero, si todo sucede bajo esa ínfima posibilidad en la que el rey Fritz posea a Eren. ¿Es consciente de la clase de poderes que posee el fundador? Ya ha sucedido antes, durante más de cien años vuestro pueblo olvidó sus orígenes. ¿Es consciente que podría olvidar a su propia hija?
Hanji se quedó atónita. Era una posibilidad que había evaluado en cientos de escenarios. Pero siempre aplazaba. No deseaba confrontarse con dicha realidad. Aún sin la voluntad del rey Fritz, Eren podría desarrollar el poder suficiente para modificar sus memorias. Si ella se interponía en sus deseos adolescentes, solamente tendría que borrar de su cabeza la última década. Hasta convertirla en un soldado raso. Desligándola de su posición. De su estatus. De su relación con Levi. De su hija.
Pero Levi era un Ackerman, al igual que su hija. Mientras para ella, ellos dos se transformaban en desconocidos, ellos sufrirían con su indiferencia. ¿Sería capaz de enamorarme de Levi de nuevo? ¿Mi instinto maternal es lo suficientemente fuerte para vencer la barrera del poder del fundador?
Y conocía la única alternativa que podía utilizar a su favor para vencer dicha barrera. La distancia. El radio de alcance del fundador no era infinito. Mediante sus investigaciones había sido consciente de ello. Zeke Jaeger también poseía algunos poderes especiales ligados a su linaje que preservaba en secreto. Pero si su radio de alcance fuese colosal, no se quedarían en simples amenazas.
Hanji alzó sus pestañas mientras se confrontaba con la mirada confusa de su viejo amigo, que no parecía encontrar las palabras adecuadas para debatir aquella situación. Pero Hanji solo veía una opción para preservar el único hálito de felicidad que podía llegar a alcanzar en su vida: Huir de aquella isla.
¿Amor? ¿Deber? ¿Que poseía más peso en aquella balanza emocional? Mientras retenía las lágrimas para mantener la compostura frente a aquella estoica mujer de ojos rasgados, noto que la misma depositaba finalmente su taza vacía en la mesa. Finalizando la conversación.
- Señorita Zoe... A pesar de que yo saldría gratamente gratificada, quiero que sepa que si la guerra en Paradis amenaza su propia seguridad, dado los largos años que me ha demostrado ser interesante y próspera para mis negocios... Accederé gustosamente a cederle cobijo en Hizuru.
- ¿Una exhiliada política?
- Llamelo como quiera. No declinaré mi oferta con el paso del tiempo. Valoro su potencial. Así que esa pequeña cabaña que usted necesite para vivir estará disponible. Para usted y el capitán. Y cualquier persona que considere que merece salvarse de dicha masacre. No necesito una respuesta inmediata.
Y de nuevo aquel dilema. ¿Amor o deber? ¿Era merecedora de su propia libertad? Mientras abandonaba aquella habitación con la seguridad de que su propia hija podría acceder a todo aquello que ella misma se había negado a sí misma; comenzó a cavilar un extraño pensamiento por su cabeza. ¿Sería un pecado tan grave huir con las personas que realmente amaba?
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Mientras aquellas vendas abandonaban su torso, Hanji Zoe notaba que su alma no volvía hasta su cuerpo. Aquella última charla había hecho que su habitual seguridad en sí misma desapareciese por momentos. Se había negado durante años a soñar con el futuro. Excesivamente arraigada a su presente.
Aspiraciones, deseos, anhelos. Todo aquello había quedado ligado a su versión más inmadura, que había enterrado años atrás. Junto al resto de sus camaradas en una vorágine de llamas y destrucción en el pequeño distrito de shinganshina. Y ahora había emergido de nuevo. Deslumbrante como años atrás. Posibilitándole creer en un universo distinto al que existía.
¿Qué pasaría si...? Se ponderaba una y otra vez. Levi pasó con suavidad un pequeño paño humedecido procediendo a realizar las habituales curas de su última herida. Como esperaba, había evolucionado con mucha mayor celeridad gracias a aquellos medicamentos que ansiaba poder llevar hasta su isla. Ahora comprendía porqué Grisha Jaeger no había podido negarse a compartir sus conocimientos médicos cuando llegó años atrás. Tener la opción y esconderla egoístamente no le hubiera permitido dormir cada noche.
- Su nivel de avance es prodigioso – atisbó a decir mientras sostenía entre sus manos un pequeño frasco con pastillas – Pueden sintetizar cualquier medicina en una pequeña porción. Si no supiera su contenido pensaría que es algún tipo de dulce dirigido a los niños.
- Onyankopon decía que a los niños de aquí los engañan así precisamente por su forma. Aunque supongo que ese burdo engaño dura poco. El sabor sigue siendo el mismo.
- Ah... Tal vez se podría añadir algún tipo de cítrico o edulcorante para reducir el sabor amargo. Si pudiera estudiar su composición química...
- Lo que deberías hacer es descansar más. Se te saltarán los puntos si sigues ignorándome y sigues saliendo de la habitación para probar el nuevo equipo con los mocosos.
- Como su superior debo velar por su seguridad. No puedo pedirles que salgan ahí fuera a combatir si yo me quedo en las trincheras. Y para ello tengo que probar en mi propio cuerpo que los escudos que les doy son lo suficientemente útiles.
- Me pregunto porqué todos mis malditos comandantes siempre han tenido una incesante necesidad de pintarse una maldita diana en la cara – bufó mientras pasaba un trapo húmedo por su pecho, limpiando los rastros de sangre seca – Parece que el peso de esa maldita piedra que os cuelga del cuello hace que no os llegue el riego al cerebro.
- Ja, ja, ja. Tal vez... - sonrió con delicadeza, mientras se giraba hacia él, confrontándose con su mirada preocupada – En aquella época, yo también pensaba que Erwin era demasiado temerario y osado. Cuando me contaste aquel absurdo plan contra el titán bestia... Tal vez, si yo hubiera estado también allí, habría galopado tras él y me hubiese sacrificado también.
- En tal caso, no se si debería alegrarme o entristecerme de que no estuvieses allí. Si hubierámos sido dos, podríamos haber noqueado a ese imbécil y sacarlo de aquella maldita masacre.
- ¿Aún te arrepientes, Levi?
- No. Era su decisión. Yo no podía interferir en sus deseos. Erwin no hubiera sido feliz en este mundo. Aunque su intuición fuese cierta, el mundo le habría odiado. No era el tipo de futuro que se merecía.
- Tal vez. Pero estoy seguro de que él hubiera dirigido mejor esta expedición que yo.
- ….. - sus ojos volvieron a mostrarse lastímeros, llenos de pesar y reproche – Tú no eres Erwin. Él... hubiera actuado diferente, lo sabes.
- Tal vez él hubiese vigilado mejor a Eren. Tal vez ahora no tendría que estar padeciendo noches de imsomnio intentando no destruir completamente a una ciudad y su total población para salvar a un crío de 19 años.
- Dudo mucho que Erwin durmiera a menudo – suspiró mientras se sentaba frente a ella – Erwin hubiera destruido toda esta ciudad, Hanji.
- Tal vez destruyendo toda la ciudad, conseguiríamos que no destruyan nuestra isla.
- Sabes la respuesta. Es la misma que en aquel entonces. No importa las veces que derrotemos al enemigo, siempre habrá otro detrás de él.
- Mira esas malditas corazas que has diseñado. Pesan una maldita barbaridad, son incómodas y es necesario practicar con ellas. Pero protegerán a tus subordinados si alguien intenta pegarles un tiro. Destruir una ciudad y poner al mundo en nuestra contra no nos protegerá. Ni siquiera Erwin podría habernos protegido de eso.
- Levi, ¿crees que en aquel momento debería haber rechazado este puesto? Pixis y Zackley podrían haber designado a alguien más apto que yo y-
Sus palabras se detuvieron mientras Levi posicionaba su mano sobre su boca, impidéndole que continuase flagelándose a sí misma. Ella enmudeció confrontándose con sus ojos cristalinos. Cualquiera que mirase a aquellas orbes pensaría que estaban llenas de enfado y resentimiento. Pero Hanji veía su dolor, convertido en lágrimas invisibles que retenía durante años. Y que continuaban agregándole ese tono azulado a su delicado iris.
Hanji sostuvo su mano y la bajó hasta su pecho, los cálidos látidos de su corazón calentando sus lánguidos falanges, su sonrisa dibujándose escuetamente.
- Lo siento. No es el mejor momento para esto. Será mejor que terminemos rápido estas curas. Hemos perdido demasiado tiempo dialogando con Kiyomi. Me gustaría poder internarme en el distrito interior antes de que caiga el ocaso, podré ver mejor los flancos que quedan abiertos cuando hacen el cambio de guardia.
- No creo que sea una buena idea. Quedan menos de dos semanas para el asalto. Sería mejor que no te arriesgases ahora. Enviaré a Mikasa y Jean a hacerlo.
- Oh, vamos, Levi. No es tan grave, ni siquiera me duele. Aún puedo arrastrarme por el suelo para comprobar el alcantarillado de la ciudad.
- Dudo mucho que puedas hacer mucho más que mantenerte en pie y fingir que no recibiste un maldito disparo hace tan solo una semana – frunció el ceño mientras sus dedos acariciaban aquella herida reciente que comenzaba a cicatrizar, deteniendose con dulzura en su pecho.
- Te he dicho que no me duele, Levi.
- Parece que también es una costumbre entre los comandantes esa nula habilidad para mentir.
- Eres demasiado exagerado. Es una herida muy superficial. No me impide hacer absolutamente nada. La propia Kiyomi me indicó que podía hacer vida normal desde hace días. Y puedo demostrar que te equivocas.
- ¿Demostrar?
Hanji se incorporó en la cama y guió sus pasos hasta quedarse sentada sobre el regazo del hombre que la acompañaba. Con un gesto grácil, consiguió que él se inclinace hacia atrás, dedos aferrados entre los pliegues de las sábanas, otorgándole una nueva connotación a aquella conversación.
- Para el ocaso aún faltan horas. Si te demuestro que exageras con la gravedad de esta herida, ¿me quitarás los grilletes que me has puesto en esta cama?
- Como sigas insinuándote de esta forma, posiblemente te los ponga de verdad.
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Lia sonreía mientras asía con fuerza la mano de la joven chica de ascendencia asiática. Era cálida y protectora. Muy similar a la de su padre. Por un instante se preguntó si sus propias manos eran así de cálidas. Tal vez tuviese que ver con su genética. Anotó esa pregunta en su mente, tal vez algún dia, su madre le diese una respuesta.
Durante la última semana, se le había prohibido entrar a la habitación de la comandante debido a la reciente herida que había sufrido. Aunque le habían asegurado que su gravedad era ínfima, la exagerada reacción del capitán cada vez que ella había salido de sus aposentos a escondidas, le confirmaba que no era así. Apenas la había podido ver en escasas ocasiones antes de que el capitán le instase a volver a descansar y obviar sus obligaciones como líder. Breves sonrisas hacia ella en un fugaz intercambio visual.
Y aquella espera la estaba matando. Si Hanji Zoe no podía salir de su torre, ella iría a rescatarla. Aunque su guardián se lo negase, se había encargado de reclutar a la soldado más fuerte para ayudarla en su afrenta.
- No voy a ayudarte, Lia. Sólo voy a trasladar el resumen diario al capitán. Has elegido a la persona menos indicada para intentar ver a la comandante. Ella resultó herida cuando estaba en una misión conmigo – el resentimiento no desaparecía de sus labios, flagelándose aún por aquel error emocional – Yo soy la primera que deseo que se recupere.
- Solo quiero verla.
- No creo que el capitán te deje verla, Lia. La comandante debe descansar, en menos de dos semanas se celebrará el festival y tendremos que aprovechar la confusión para atacar. Necesitará estar al cien por cien.
- ¿No crees que se sentirá sola allí todo el día? - suplicó mientras aferraba con más fuerza la mano de la chica – Papá está todo el día con los soldados. Se levanta temprano, al alba, y procede a realizar todas las rutinas diarias. Aparte de las comidas que le sube, ni siquiera parece pasar más de diez minutos cada día en su habitación...
- Tu madre es una mujer fuerte.
- Eso no significa que no pueda sentirse sola.
- …. - Mikasa bajó la mirada hasta el suelo avergonzada.
Tal vez era debido a la ascendencia de su propio clan que compartían, pero se vio reflejada en aquella niña pequeña. Su aspecto no se parecía al de Lia, y recordaba ser más alta que ella a su edad. Pero aquellos ojos solitarios que ansiaban arañar un minuto de tiempo junto a una persona que estimaba eran los mismos que los suyos. Se agachó hasta la pequeña mientras peinaba su oscuro cabello tras su oreja, puso un dedo sobre su boca y susurró en tono cómplice.
- Yo crearé una distracción. Será complicado engañar al capitán así que sólo tendrás una oportunidad, aprovéchala. No te daré una segunda oportunidad.
- ¡Sí!
Lia comenzó a corretear por las escaleras mientras ascendía con celeridad. Mikasa la instó a subir más despacio para no hacer ruido. La sujetó del brazo y volvió a posicionar su dedo sobre sus labios suplicándole por silencio. Aquella estratagema sería un desastre si sus infantiles pisotadas los delataban.
La joven soldado se adelantó para comprobar el terreno. Conocía perfectamente cómo utilizar su instinto. Lo único útil que había aprendido de aquel hombre de reducida estatura y mirada torva era a agudizar sus sentidos. Era capaz de detectar olores si se concentraba. Diferencias en insípidas bebidas. Destellos. Sonidos...
Sus ojos se abrieron con sorpresa mientras se inclinaba en el suelo hasta agacharse. Concentró su oído y escuchó un extraño sonido. Confusa, se giró hacia atrás, la pequeña seguía esperando sus órdenes. Y de nuevo aquel sonido. Ligeramente agudo y continúo. Un crujido repetitivo.
Las mejillas de Mikasa comenzaron a enrojecerse mientras procesaba aquella información. Una nube de pensamientos que se agolpaban en su cabeza y una imagen que revivía de años atrás. La comandante dormida entre los brazos del capitán y una pila de ropa tirada a sus pies. Pero en esta ocasión, parecía haber tenido la desgracia de llegar antes de que ella cayese rendida en la cama. Y parecía que el capitán tampoco tenía intenciones de descansar en breve.
Volvió a incorporarse y procedió a bajar las mismas escaleras que acababa de ascender.
- ¿No vas a llamar a papá para distraerlo?
- He cambiado de idea, vámonos Lia – susurró mientras intentaba borrar aquellos sonidos de su cabeza. No pienso quedarme a averiguar que otra clase de ruidos hacen cuando están juntos.
- P-pero, si tú no distraes a papá no podré entrar en la habitación.
- Ahora no es el mejor momento.
- Por favor Mikasa; Connie y Jean le tienen miedo a papá y no querían acompañarme. Armin fue al puerto a revisar las embarcaciones y Sasha está revisando el armamento. Sólo me quedas tú – suplicó mientras se aferraba a su manga.
Mikasa se paró en seco mientras se ponía una mano en el rostro. No estaba segura si intentaba mantener la compostura tras aquel espectáculo de sonidos. O si intentaba recabar las palabras para convencer a una niña pequeña de que no debía molestar a sus padres.
- Tus padres están ocupados – finalizó.
- ¿Mamá está bien?
- ….
- ¿Ha empeorado? Su... herida se ha puesto peor... ¿verdad?
- Por... - si se concentraba, quejidos provenientes de aquel mullido colchón, atravesaban las paredes que los distanciaban de ellos – Por lo que he escuchado, tu madre se ha recuperado más rápido de lo que esperábamos.
- ¿Escuchado? - Lia se giró hacia la habitación que quedaba sobre las escaleras que ocupaban sus dos progenitores, con intención de volver a subir.
- Lia, te he dicho que debemos irnos.
- ¿Cómo sabes que mamá está bien y no se le ha abierto la herida? ¿Cómo sabes que se está recuperando? ¿Cómo sabes que no se siente triste al estar sola? - comentó angustiada mientras subía los escalones perseguida por la joven soldado – Los adultos mentís mucho. Siempre decís cosas que no son ciertas porque creéis que los niños no sabemos distinguir las mentiras. Mamá llegó hace más de una semana sangrando. Aunque todos me habéis dicho que era superficial, estoy segura de que a mamá le hicieron daño los hombres malos y no se está recuperando. Por eso no queréis que la vea.
- Lia – la interceptó impidiéndole avanzar – Tu padre está con tu madre, si ella necesita algo, él la asistirá. Ahora mismo están ocupados. Es mejor no molestar.
- Papá y mamá trabajan demasiado. Antes de que mamá se hiriese, siempre estaban trabajando. Si papá tanto quiere que ella deje de trabajar y descanse, debería sacarla de su escritorio.
- Dudo mucho que estén sobre el escritorio – musitó mientras colocaba la mano sobre su rostro – O tal vez sí. Aunque prefiero no tener respuesta de ello. Vámonos, Lia, te lo explicaré por el camino.
- Mamá no debería trabajar si está herida.
- Tu madre no está trabajando – deslizó sus ojos hacia su costado – ni tampoco tu padre.
Lia abrió los ojos con miles de preguntas agolpándose. Mikasa se agachó hacia ella, la cogió y procedió a llevarsela de allí. Tal vez fueran unos pequeños instantes. Pero comenzaba a oír aquellos sonidos procedentes de un varón. Un varón cuya voz llevaba oyendo en otro tipo de ambiente los últimos cuatro años.
Cuando aquellos sonidos provenientes de la habitación se hubieron disipado en la lejanía, Mikasa procedió a dejar a la pequeña de nuevo en el suelo mientras se dirigía al patio. Le sonrió con complicidad mientras buscaba las palabras adecuadas para explicarle.
- Cuando... cuando dos adultos siente amor, a veces tienen encuentros íntimos. Supongo que tus padres necesitaban tener algo de intimidad. La presión de la batalla inminente debe haberlos destrozado.
- ¿Intimidad? - frunció el ceño confusa.
- Tal vez seas un poco pequeña para entenderlo. Pero cuando los adultos que se quieren. Se... se besan... se abrazan.. y...
- ¡Ah! - exclamó como si hubiese comprendido sus palabras - ¡Mamá me habló de ello! ¿Papá y mamá están haciendo el sexo?
- ….. - Mikasa dubitó mientras intentaba comprender el alcance que tenía aquella conversación - No se ni porqué me extraño, pero, ¿la comandante te ha hablado acerca de las relaciones sexuales?
- Mamá me lo explicó cuando yo le pregunté, aunque papá no parecía demasiado feliz con ello. Mamá me quería explicar muchas más cosas, pero papá insistió en que aún no era el momento. Que tenía que crecer más. Así que no se demasiado.
- Tal vez porque es algo precoz que a tu edad tengas conocimiento de estos temas.
- ¿Cuando te contaron a tí como se fabrican los bebés, Mikasa?
- …... Era un poco mayor que tú.
- ¿Y a qué edad un niño puede saber cómo se fabrican los bebés?
- …... - Mikasa bajó la mirada incómoda ante aquella conversación – Supongo que la edad no influye tanto como la cantidad de información. Si ambos te han instruído en ello, imagino que te habrán dado la información suficiente adecuada a tu edad.
- Mamá me contó que hay varios tipos de sexo. Cuando quieres tener bebés. Cuando no quieres tener bebés. Y siempre debe ser porque las personas que lo hacen quieren. Si te obligan a hacerlo, es algo malo.
- ¿Eso también te lo contó tu madre?
- Me lo contó papá – sus dedos temblaban ante la empatía de los recuerdos de su progenitor mientras le hablaba de experiencias del mundo subterráneo – Mi abuela, la mamá de mi papá, trabajaba como vendedora de sexo sin bebés.
- …... - tal vez fuese su ingenuidad infantil, pero en su interior Mikasa notaba que el capitán no había querido referirse a su propia madre delante de su hija con una palabra tan estigmatizada como prostituta.
- Papá fue fruto de un día que un señor hizo algo malo a su mamá y luego no le quiso a él.
- Lia, tal vez no deberías comentar este tipo de recuerdos que el capitán te ha comentado en privado. Él siempre ha sido muy receloso de su vida privada. Al igual que la comandante.
- L-lo siento.
- No te preocupes. No contaré nada de esto a nadie. Guardaré el secreto.
Secretos, secretos y más secretos. La pequeña entonces llegó a una extraña conclusión. A lo largo de aquellas semanas había podido constatar que nadie sabía que ella era hija de ambos. Ni siquiera de que los líderes de todos ellos podían mantener una relación en secreto. Haciendo que cualquier dato referido a su pasado quedase prácticamente en el olvido. Si ellos fallecían o eran retenidos como prisioneros, nadie podría hablar acerca de su origen real, de cómo su evolución vital les hizo avanzar hasta posicionarse en la cabeza de un ejército. Serían olvidados. Meros peones en aquel tablero de ajedrez infinito.
La única prueba viviente del esfuerzo y trabajo que habían hecho todos aquellos años era ella misma. La única posesión cuyo código genético guardaría por siempre aquellas experiencias comúnes. Sú unico vínculo. Aquella revelación le hizo sentir miedo. Si ellos dos se han negado a dejar su huella vital en nadie más, ¿qué le garantizaba que fuese capaz de volver a verles una vez más?
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Jean limpiaba su fusible mientras comprobaba el alcance del percutor. Había sido rebajado para que el gatillo fuese más fácil de disparar. Sasha era una experta tiradora, se tumbó sobre el suelo y lo apoyó contra su hombro, como si fuese a disparar a un flanco imaginario. Hizo un ademán fingiendo que disparaba y frunció el ceño.
- La coraza me resta movilidad – musitó – Podría disparar con bastante precisión si tengo una posición de francotirador, pero para otras acciones tal vez esté más limitada. No podría disparar demasiado rápido en cambio abierto. Podría utilizar alguna de menor calibre, pero perdería potencia.
- Necesitamos tu puntería para cubrirnos las espaldas, Sasha. Connie y yo iremos en avanzadilla con el capitán. Sin tu puntería estaremos a descubierto.
- Me preocupa no poder recargar lo suficientemente rápido – frunció los labios.
- Deja de preocuparte, sólo es otra batalla más. Falta poco para volver a dormir en nuestras camas y visitar a nuestras familias.
- Nicolo me prometió hacer una comida especial cuando llegásemos – su boca comenzó a emanar agua mientras recreaba los posibles manjares – Tal vez vaya al bosque del este a cazar un venado, debe ser temporada de caza.
- Tal vez estemos más ocupados cuando volvamos, no tendremos demasiado espacio para fiestas...
- ¡Eso es imposible! ¡Nicolo me lo prometió! - se asió a la camisa de su compañero - ¡Prepararía un guiso de carne delicioso para celebrar nuestra vuelta! ¡He seguido las instrucciones de Hanji-san y el capitán fielmente estas semanas para poder disfrutar de su comida en cuanto lleguemos!
- T-tranquila, estoy seguro de que el capitán nos dejará un par de días libres cuando lleguemos. Connie también quería ir a ver a su madre al volver. Y yo tengo que ver a la mía o comenzará a buscarme novia otra vez...
- Ja, ja, ja. Así que tu madre no desiste en esa pelea perdida – sonrió picaronamente mientras la imagen de una soldado en concreto se dibujaba en sus retinas – Tal vez deberías decirle claramente a tu madre que estás buscando a una chica en concreto. Alguien algo más asiática.
- C-cállate. A veces siento lástima del pobre Nicolo – refunfuñó.
- Hey, Jean – alzó su meñique hacia su compañero – Se que estaremos ocupados cuando volvamos, es posible que tarde semanas en ver a Nicolo o Connie y tú a vuestras madres; pero prométeme que intentaremos sacar un poco de tiempo para reír como los viejos tiempos. A veces echo de menos los días de recluta, ¿sabes?
- Los viejos tiempos, ¿eh? - un desfile de figuras pasaron por sus ojos, compañeros que ya no se encontraban entre ellos. Apenas habían pasado cuatro años desde que se graduó, pero lo notaba como si hubieran pasado décadas – Prometido.
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La luz del crepúsculo aterrizaba sobre las tejas granate de aquella suntuosa mansión. Los cansados soldados comenzaban a guardar el armamento deseosos por un merecido descanso. Las últimas semanas, la revisión de su arsenal debía aumentar con perioricidad, así como la puesta en forma. Tal vez aquel cúmulo de días no fuese distinto de cualquier otra batalla para la que se hubiera preparado el ejército de exploración. Y, tras el cumplimiento de su deber, recurrían a un efímero instante de felicidad. Dirigiendo sus pasos hacia la taberna más cercana. Algún burdel abierto. O la puerta de sus seres queridos.
Pero, día tras día, dos de aquellas figuras no retomaban sus pasos. Sino que permanecían erguidos sobre el campo de batalla, cómo si sus pies hubiesen hecho crecer raíces que los apresaban en el suelo. Y les impedían acceder a aquel descanso merecido tras sus jornada.
Aunque, aquel día estaba siendo distinto. Jean miraba la entrada a la mansión perplejo. Aquello no era habitual. Desde que la superior de aquel ejército resultase herida, su inmediato capitán había asumido la posición de líder, y asegurado de que todos ellos no olvidasen su rol como soldados. Y la verdad, Jean prefería la comprensión de la comandante como líder antes que la dureza y tosquedad de su capitán. Pero hacía horas que este último había ido a comprobar el estado de la herida de la comandante. Y seguía sin volver.
- Estarán discutiendo el asalto – sonrió Armin mientras cerraba una caja – Dado que la comandante no quiere generar bajas innecesarias, el plan se revisa con mayor asiduidad de la acostumbrada.
- A veces siento lástima de la presión que deben sentir – Jean frunció los labios mientras bajaba la mirada.
- Armin, he colocado esas tres cajas junto a la munición de asalto, ¿el capitán te dio alguna indicación respecto a los repuestos de las lanzas trueno? - interrumpió Mikasa mientras cargaba con más de veinte armas entre sus brazos.
- Ah, supongo que junto al resto – suspiró – Mikasa, fuiste hace varias horas a recibir las indicaciones del capitán, ¿cierto?
La chica palideció al instante mientras giraba la cabeza drásticamente. Evitando la pregunta mientras se encaminaba hacia el resto de cajas. Armin comenzó a andar tras ella con el ceño fruncido seguido de su compañero.
- ¿La comandante dijo algo al respecto, Mikasa? - prosiguió Armin mientras ayudaba a su compañera a dejar las varas de metal en el suelo – Te dijo algo o algún tipo de indicación...
- Ah,... no – continúo evitando aquella conversación.
- Creía que Lia te había convencido de acompañarte mientras ibas a recibir indicaciones del capitán.
- Estaba ocupado – comentó esquiva.
- Hanji-san me comentó que quería internarse en los barrios bajos antes del ocaso, pero está anocheciendo – insistió Jean - ¿Estás segura de que no te dijeron ningún tipo de indicación? Tal vez debería ir a preguntarle.
- ¡No!
- ¿No?
- Hanji-san y el capitán están... ocupados... - repitió de nuevo.
- ¿Ocupados?
Una pequeña figura cruzó corriendo el patio interior, mientras se aproximaba hacia la puerta de la mansión. Armin se giró confundido hasta que vio una confusa escena. Aquella niña que se había internado en el barco que les había trasladado hasta Liberio, se encontraba ahora abrazando con fuerza a la líder de aquel pequeño ejército. La mujer sonreía mientras acariciaba la mano de la pequeña. Se agachó frente a ella y le susurró algo que sólo parecía entender la pequeña.
Hanji Zoe se aproximó hacia sus subordinados con una sonrisa relajada en el rostro. Un rostro que brillaba perlado por el sudor.
- Gracias por encargarte de la revisión, Armin – comentó mientras dirigía una mirada rápida hacia el equipo – Levi y yo iremos a hacer una revisión hacia la zona interior. Podéis descansar por hoy.
- Ah, gracias, comandante.
El capitán comenzó a pasar con cuidado una mano sobre las cajas apiladas. Jean tragó saliva. Si su líder no estaba presente, la mayoría de soldados solía descuidar los quehaceres de limpieza referidos a su armamento. Notaba que sus piernas temblaban mientras el hombre deslizaba los dedos por una de las cubiertas. Y entonces lo supo, en los últimos días no había sido revisado y hoy debía ser revisado por el capitán. Y desde su posición podía observar la fina capa de polvo depositada sobre la madera ajada.
Empezó a recitar una oración interna mientras se despedía de su única posibilidad de engendrar vástagos en algún futuro próximo. Pero solo se encontró el silencio. Abrió los ojos con estupefacción y congoja. Frente a sí, su capitán limpiaba los restos de suciedad de su mano con un fino pañuelo. Y con un aura extrañamente calmada, como si estuviese demasiado agotado en aquel momento para discutir acerca de la calidad de la limpieza.
- Hanji, se hará demasiado tarde si esperamos. Deberíamos ir saliendo ya.
- Ah, sí. Jean, hoy no será necesario que te encargues de Lia. Vamos a llevarla con nosotros.
- ¿No será demasiado peligroso, Hanji-san? - intercedió Armin – Nosotros podemos encargarnos de la pequeña.
- Ella está lo suficientemente segura con nosotros dos – frunció los labios el pequeño hombre – Mucho más que con cualquiera de vosotros.
- Lo que Levi quiere decir, es que ayudará a disimular mientras observamos las costumbres del ejército en las zonas de mayor tránsito. Dentro de dos semanas serán los flancos a través de los cuáles nos infiltraremos. Dos adultos observando al ejército es sospechoso. Pero un menor ayudará a reducir sospechas.
- Ah, comprendo.
- Como sea, terminad de recoger aquí. Mañana me encargaré personalmente de revisarlo todo a primera hora de la mañana.
Jean sonrió frustrado mientras observaba a ambos agarrando de la mano a la pequeña mientras se dirigían a la calle principal. Armin se quedó observando pensativo mientras su compañero se agachaba y comenzaba a limpiar con resignación.
- Será mejor que lo dejemos impecable. No me apetece correr por todo Liberio como castigo por no haber mantenido esto limpio estas últimas semanas. El capitán parecía hoy extrañamente indulgente, pero nada garantiza que mañana no nos cuelgue desde el mástil de algún barco del puerto.
- Ya...
- Y tú eres un afortunado, aunque el capitán te amputase algún miembro te regenerarías. Pero el resto de mortales no correremos la misma suerte.
- Ajam...
- ¿Armin? - se acercó su vieja amiga mientras hacía aspavientos delante de su rostro – No te preocupes por ese enano. La comandante le habrá disuadido estas horas de no ser demasiado duro con vosotros.
- Ah, ya – sonrió despreocupado como si analizase algo que había observado.
- ¿Te pasa algo? - exclamó confusa mientras observaba a su amigo que parecía excesivamente pensativo.
- Estaba pensando.
- ¿Pensando?
- Al ver al capitán, recordé algo que me estuve leyendo hace poco. Mikasa, ¿que te explicó la comandante de sus últimos descubrimientos de tu clan?
- Me enseñó algunos informes, pero no los comprendí demasiado. Hanji-san a veces escribe con demasiada terminología.
- Ja, ja, ja. Supongo que a veces su letras es demasiado ininteligible. Aunque leer sus estudios comparativos hace que podamos aprender más acerca del clan Ackerman y el poder que conlleva. Las similitudes entre los miembros del clan. Algo que trasciende incluso a los descendientes...
- Dudo tener nada demasiado similar a ese enano.
- ¡Te sorpenderías! Desde la curvatura de la cresta iliaca, hasta la densidad de la osamenta y la capacidad regenerativa. Y ¡ah! También estaba aquella ligera marca de nacimiento con un tono un poco más pálido apenas desapercibible. Ya sabes, aquella que el capitán y tú tenéis justo debajo del codo izquierdo. Supongo que es algo genético transmitido a todos los miembros del clan – volvió a mesarse la barbilla pensativo – Aunque juraría que aquella niña del orfanato también la tenía, ¿no te parece curioso?
Mikasa abrió los ojos como platos mientras un sudor frío le recorría la sien. Alzó su brazo examinando aquella misteriosa marca, sin ser capaz de encontrarla. Dirigió con rápidez la mirada hacia su viejo amigo, cuya mirada se había tornado seria y decidada.
- Era un farol... - susurró mientras admiraba su astucia.
- Entonces, es cierto – la mirada de Armin volvió a dirigirse hacia el exterior donde la figura de sus dos superiores había desaparecido entre la multitud - ¿Esa niña pequeña... es su hija?
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Las paredes de aquel hospital psiquiátrico eran frías y excesivamente silenciosas. Los soldados traumatizados después de la última lucha recorrían desquiciados sus pasillos. La luz había desaparecido de sus ojos. Solo había desesperación. Una imagen se formó en las retinas de Eren, ya había visualizado aquellos ojos desesperados, pero no en aquel sitio. Una memoria extraña que rondaba por su cabeza. Sufrimiento ajeno, horror, pánico.
Si cerraba sus ojos, podía visualizar esos rostros compungidos una y otra vez, rodeados de un filtro rojizo que teñía el cielo. La figura de un hombre que lloraba en un banco del exterior llamó su atención. Había hablado anteriormente con él, la culpa había hecho de él un desecho social. Mientras Eren observaba a su propio abuelo no dejaba de preguntarse si llegó a amar a su padre o su rencor le hizo olvidar sus propios sentimientos.
Agarró su muleta y prosiguió su ligero paseo. Pronto caería el alba y debía mandar las últimas instrucciones. Unas risas infantiles provenían del exterior. Aquel niño ingenúo que le servía como medio de comunicación parecía discutir con una niña junto a la puerta de entrada. Remembranzas de un pasado junto al único remanente de familia que le quedaba. Sus comisuras se elevaron con delicadeza en una humilde sonrisa.
- Pronto, Mikasa. Muy pronto.
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El tiempo transcurría sin posibilidad de detenerse. Cómo si de una broma cruel se tratase, los días previos a aquella masacre que acaecería en breve, se mostraban despejados y especialmente calurosos. Invitados de todas partes del mundo, movidos por el mensaje de Willy Tibur, comenzaban a agolparse por las calles de la ciudad de Liberio.
Almas inocentenes, cuyo único pecado era su propia ignorancia. Y que serían parte de la carnaza en aquella cruenta batalla. Levi se apoyó sobre el marco de la puerta intentando olvidar todas aquellas personas que perecerían bajo sus manos, manchándolas aún más sin necesidad. Parecía que su estirpe sólo estaba destinada a destruir cuánto tocaba. Tal vez por ello no podía apartar la vista de la única cosa que había sido capaz de crear con sus manos.
Una pequeña niña, de apenas siete años de edad. Algo más pequeña que otros niños de su edad. Que sonreía con inocencia mientras recogía sus pertenencias en una pequeña maleta que le habían proporcionado. Levi observaba fascinado cómo alojaba en ella cualquier tipo de recuerdo que había conseguido en aquellos últimos meses en los que había cohabitado con ellos. Una piedra del puerto. El palo de aquel dulce redondo que le regalaron. La servilleta con la que se había limpiado los labios tras comer helado. Su mirada se detuvo en algo que reconocía a la perfección.
- ¿Vas a llevarte esto? - se agachó junto a ella mientras sujetaba la fotografía que Hanji y él habían tomado, y que ella había intervenido dibujándose a si misma.
- Mamá me dijo que podía quedármela.
- Ese no es el problema.
- No te enfades – murmuró mientras recogía la fotografía y la acunaba entre sus brazos – No le diré a nadie que sois mis padres, soy consciente de lo peligroso que es. La esconderé y no dejaré que ninguno de los niños del orfanato la vea. Pero, me gustaría poder conservar un recuerdo de mis padres. Guardaré por siempre el secreto.
Por un momento el aliento desapareció de sus pulmones. Cerró con fuerza sus ojos y tomó una decisión.
- Vamos.
- ¿A-adónde?
Sin previo aviso, agarró a la pequeña de la muñeca y empezó a recorrer aquella suntuosa mansión en dirección a la habitación más alejada. Abrió la puerta de golpe. Al fondo de la misma, Hanji examinaba un viejo mapa acompañada de Armin mientras trazaba marcas en él.
- Fuera de aquí, Armin.
- ¿Qué es lo que-? - sus palabras se detuvieron antes de poder terminar mientras la puerta se cerraba tras él.
Levi se dirigió hacia la confusa comandante aún atónita por su aparición. Le quitó el instrumento con el que dibujaba en el mapa y comenzó a desabotonar su camisa con brusquedad.
- ¡Delante de Lia no! - reclamó ella.
- No es eso, idiota – bufó mientras acababa de retirarle la prenda.
Mientras ella continuaba quitándose la ropa sin comprender, Levi aterrizó sobre un pequeño armario y comenzó a buscar un atuendo más adecuado y ostentoso. Un vestido que le había regalado hace años, y ella había traído por puro instinto. Se lo tiró a la mujer ordenándole vestirse mientras se volvía hacia la pequeña.
- Lia, ve a tu habitación y busca el vestido que te compramos para andar por Marley – bramó mientras comenzaba a cepillarle el pelo a Hanji, que proseguía confundida pero le obedecía anudando el corsé en su pecho.
Apenas habían pasado unos minutos cuando salía por la puerta de aquella mansión. Los soldados se giraron a la vez observándoles sin habla. La comandante de la legión llevaba el pelo suelto y ligeramente ensortijado, con un pequeño recogido hacia atrás. Un vestido ajustado que dejaba entever unos atributos femeninos de los que la mayoría de soldados allí presentes acababan de descubrir que poseía. El capitán también parecía haberse arreglado más de lo habitual. E incluso la pequeña polizón que rondaba por aquellas paredes las últimas semanas, también parecía excesivamente elegante.
- Capitán.. ¿qué es lo que?... - intentó aventurarse uno de los soldados, a punto de interrumpirles en su apresurada salida.
- Van a infiltrarse de nuevo, ¿cierto capitán? - irrumpió Armin mientras se interponía entre ellos y el soldado – No me comentaste eso, ¿Jean?
- Ah... - intentó proseguir mientras notaba la mirada lacerante de su capitán mientras abandonaba la estancia – Ah, si, si... ¡Aaaaaaaah! - exclamó con dolor mientras recibía un codazo en las costillas de su compañera Mikasa.
Mikasa esperó a que ambos hubieran desaparecido para hablar en voz baja hacia Jean, que continuaba confundido, mientras se quejaba de su dolorido costado.
- Será mejor que le sigas la corriente a Armin. Todos han visto lo mismo que nosotros – susurró ella mientras proseguía apartándose del resto de soldados.
- ¿Y qué se supone que hemos visto?
- El capitán siempre mantiene las formas delante de nosotros. No se que le ha llevado a salir corriendo desesperado de la mansión. Pero es la primera vez que le veo coger a Hanji-san de la mano en público.
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- Será mejor que coloquen a la pequeña en el regazo de la madre. El padre puede colocarse detrás y sujetar su hombro – prosiguió el fotógrafo mientras comenzaba a mover algunos reflectores.
La pequeña corrió a sentarse en el regazo de su madre mientras dejaba que su padre le colocase bien la falda de su vestido.
- ¿Este señor es el que hizo el dibujo vuestro?
- Realmente lo hace ese aparato que tiene entre sus manos, pero sí, tu descripción es acertada – comentó la mujer mientras la abrazaba desde atrás.
- ¿Y- y podré quedármelo? - sollozó mientras notaba que la emoción la embargaba.
- Por supuesto... - Hanji comenzó a llorar sin previo aviso mientras enterraba su rostro en el hombro de la pequeña – Lo siento... Lo siento...
- ¿Qué?
- Hanji, este es el recuerdo que Lia se merece. Y prefiero que no te recuerde llorando – suspiró mientras secaba las lágrimas de la mujer con un pañuelo.
- ¿Por qué está llorando, mamá?
- Lo siento, Lia. Tenemos que volver a abandonarte de nuevo.
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Lamento la demora, pensé que me daría tiempo a acabarlo para mi cumpleaños y subirlo como sorpresa pero pasaron demasiadas cosas desagradables y tuve a mi pareja con covid encerrado en casa semanas y no pude hacer demasiado ya que era enfermera a tiempo completo.
Espero que lo hayáis disfrutado y que sirva para amenizar la espera hasta el próximo capítulo. Muchas gracias por vuestra paciencia.
¡Nos leemos!
