Epílogo


Advertencia antes de que leas el epílogo:

Este capítulo contiene un súper spoiler de La rebelión de los justos (mi otra historia jeje). El epílogo se entiende igual sin ella pero re recomiendo leerla para que todo tenga más sentido.

Si ya la leíste o no te interesa continuá con la lectura y disfrutá el capítulo.


Se sentía exhausto. La noticia sobre la muerte de Camus llegó al norte antes que ellos así que ni bien pusieron un pie en el castillo fueron atacados con preguntas. La fortaleza y todas las tierras que dependían de ella se habían convertido en un desastre a raíz de la defunción de su gobernante y la desaparición del segundo hombre al mando. A eso se le sumaba la conmoción causada por la victoria de la princesa sobre el antiguo rey Saga. Encontrar una solución a esa situación catastrófica era su tarea, y sabía muy bien dónde ir a buscarla.

Se pasó el día encerrado en la biblioteca personal de Camus. Recordaba burlarse de él por escribir su testamento antes de iniciar el viaje hacia la capital, completamente inconsciente sobre la peligrosidad del mismo. Encontrar aquel documento no fue difícil pero leerlo sí que lo era. Su primera aproximación acabó en el momento en que las lágrimas interrumpieron la lectura. Al posar sus ojos sobre el elegante manuscrito de su amado lo invadía la rabia, el desconsuelo y, por sobre todo, un pesado sentimiento de culpa. De alguna manera logró controlar esas emociones y navegar por las finas letras de tinta negra que se extendían por la página.

Un crujido detrás de él llamó su atención. Cuando se giró encontró a quien menos quería ver en ese momento: Hyoga. El chico lo llamó con un tono determinado y, dada la falta de respuesta por el mayor, se acercó hasta él. Milo llevaba varios días esquivándolo porque aún no estaba listo para darle las explicaciones que le debía. Durante la cena tuvo la brillante idea de prometerle una charla tranquila en cuanto terminara de trabajar, asumiendo que el muchacho no se acercaría a él hasta antes del amanecer. Pero ahora eso ya no importaba, tenía que encontrar otra manera de alejar a Hyoga un tiempo más.

—Todavía estoy trabajando. Volvé más tarde

Esa fue la excusa más cobarde que podía dar, ambos lo sabían. Hyoga no se dio por vencido, insistió con entonaciones cada vez más duras mientras Milo se escudaba con la misma frase, cada vez más débil.

—¡Decime qué le pasó a Camus! —gritó dando un golpe en la mesa.

—Fue mi culpa, Saga lo mató por mi culpa —La respuesta salió de su boca casi como un susurro debido a su indecisión. La expresión de Hyoga se suavizó un poco en cuanto escuchó la tímida declaración de Milo.

—¿Cómo que tu culpa?

Milo suspiró pesadamente, ya no había vuelta atrás. Fijó su mirada en el frente para no tener que enfrentarse a los ojos del chico.

—Somos… Éramos amantes —su mirada se posó sobre el anillo —.No me contuve y le pedí un beso. Camus me siguió el juego pero Saga nos descubrió. Era obvio que nos iba a matar así que decidí eliminarlo primero pero… no lo logré. Nos obligó a ir al castillo y ahí nos separó —Milo se llevó las manos a la cara para esconder sus lágrimas. No podía enfrentarlo, se daba a sí mismo repulsión y vergüenza. Hyoga observaba extrañado el temblor en sus manos. No era nada común que Milo demostrara tristeza, por lo que la reacción era algo difícil de manejar—. El cabeza dura debe haber elegido pagar por mis crímenes con su vida. ¿Por qué no fue al revés?

La confesión aún resonaba en la cabeza de Hyoga. Estaba enojado con Milo y aún así se sentía genuinamente mal por él, al fin y al cabo, parecía ser a quien más afectaba la muerte de Camus.

—¿Y? ¿No vas a decir nada? —Milo habló cuando consiguió calmarse aunque aún quedaban tintes de pesadumbre en sus palabras.

—No sé qué querés que te diga. No me voy a meter con las decisiones que tomó mi maestro, confío en que siempre hizo lo que creyó correcto.

Se dejó caer en la silla que estaba a su lado. El ardor que sentía en los ojos era índice de las lágrimas que estaban a punto de formarse. Sin embargo, no sólo era una reacción de tristeza, sino también de alivio por encontrar una respuesta a la pregunta que lo atormentaba desde que encontró el cuerpo de su maestro colgado en la plaza. Dejó que las gotas saladas recorrieran sus mejillas hasta despegarse de su rostro y caer al suelo. A medida que descendían se liberaba un poco del dolor dentro de él. Luego de un tiempo, Hyoga giró en dirección a Milo; todavía observándolo con algunas lágrimas bajando por su cara, preguntó qué harían a continuación. La reacción del mayor fue deslizar sobre la mesa un par de hojas hasta que éstas llegaron a las manos de Hyoga.

—Pasaste a ser oficialmente el hijo de Camus y, en consecuencia, heredaste el castillo.

Incrédulo, Hyoga tomó el documento. Sus ojos viajaban rápidamente de un extremo a otro del papel hasta encontrar la información que confirmaba la proclamación de Milo. Una sonrisa se formó en su rostro al leer "mi hijo Hyoga" escrito con la letra de Camus. Le hubiera encantado escuchar esas palabras desde la boca de su maestro pero dadas las circunstancias, la caligrafía del pelirrojo era suficiente para alejar el malestar y hacerlo sonreír.

—A todo esto, ¿cómo sabías que Camus…? —La voz de Milo se debilitó al final de la pregunta. Carraspeó antes de continuar —¿Viste su cuerpo?

—Si —El recuerdo del cadáver regresó a su mente. Hyoga respondió cortante intentando alejar ese pensamiento, lo que hizo que el mayor se tomara un tiempo antes de agregar una nueva pregunta.

—¿Tenés idea de qué pasó con él?

—Yo lo enterré.

—Ah.

Milo seguía empeñado en evitar los ojos de Hyoga. Se mantenía encorvado en la silla con la mirada clavada en sus manos. La delicada luz del amanecer llegaba a través de las pequeñas ventanas, teñía la habitación con un tono anaranjado, y rebotaba contra el cabello rubio devolviéndole el brillo que había perdido desde hacía días. Hyoga posó su mano sobre el hombro del contrario, permaneció así un momento hasta que se armó de valor para darle un apretón antes de hablar.

—Cuando arreglemos todo acá podemos ir a visitarlo.

Solo en ese momento Milo levantó la mirada y se enfrentó a él. Hyoga lo miraba con una mínima sonrisa, gesto que se le contagió al instante y lo motivó a erguirse en una buena postura.

—Sí, esa es una buena idea.


¡Holiwis! ¡Por fin llegamos al final de la historia! Espero de todo corazón que les haya gustado tanto como a mí me gustó escribirla y compartirla. Fue un proceso largo (en el que casi me rindo y abandono todo xd) pero acá estamos con la mejor versión que pude dar.

Respecto al epílogo: mi betareader-hermana quería un final bien sad y yo quería algo más esperanzador así que este fue al punto medio que llegamos después de muchas idas y venidas. Este fanfic nació y creció (y no murió) gracias a ella. Bro yo sé me vas a leer así que te dejo acá una notita de que te amo y gracias por bancarme aún cuando la facu te consume la vida uwu.

También les súper requete recontra agradezco que hayan leído y comentado esta historia. (Me moriría de felicidad si me cuentan que les pareció, que fue lo que más les gusto y todo lo que me quieran contar UwU) Como con la anterior, termino esta aventura re contenta de haberla completado.

Es posible que nos volvamos a ver si es que termino de escribir un par de historias complementarias de este universo del que no me puedo desapegar. Y si no, bueno, ya veremos qué nos depara el destino xd. A lo mejor nos encontramos en otro fandom o yo qué sé.

¡Nos leemos pronto!