Kaeya despertó esa madrugada, le hubiese gustado dormir un poco más, pero luego de años en ese palacio se había acostumbrado a despertar muy temprano para tomar un baño sin que Barbatos llegase a molestarlo; si era lo suficientemente perspicaz, Kaeya podía jurar que en esos momentos Venti estaba metiendose al cuarto de Morax para despertarlo y tener sexo matutino, pues considerando que la tarde anterior pasaron el día con sus hijos, y ambos por la noche se acostaron con él, de seguro no se habían tocado todavia. Eso le daba algo de paz, tal vez la presencia de Zhongli haría más irritantes sus noches si este formaba equipo con Barbatos para abusarlo, pero también era favorable que Morax y Venti aprovechasen momentos del día y la noche para follar entre ellos, y así lo dejarían a él en paz.

Con pocas energías se levantó y fue a servirse una copa de vino de una botella que tenía en su habitación, siempre bebía una copa por las mañanas porque alguien le había dicho que supuestamente era bueno para la salud; de pronto sintió algo que lo hizo sentir extraño, como si estuviera siendo observado desde el agujero de la cerradura de su puerta, o por la ventana, aunque eso último era realmente difícil considerando que estaba en una de las plantas altas del palacio. Sea como fuese, nada le quitaba la sensación de estar siendo espiado por alguien, tal vez era Barbatos preparado para darle una "sorpresa", pero se le crisparon más los nervios al imaginar que era el joven de Snezhnaya quien estaba detrás de la puerta, vigilandolo con su instinto asesino, porque el príncipe, al oír la historia de su deserción, no pudo evitar creer que él huyó de los suyos cuando no pudo rescatarlo en Espinadragon.

Entonces Kaeya caminó hacia la puerta silenciosamente, y la abrió con velocidad asomando la cabeza para ver si alguien había salido corriendo, lo único que se encontró fue a Noelle a dos metros de la puerta, caminando por el pasillo con una pila de ropa; ella se giró a verlo y lo saludó con dulzura, preguntándole si iba a tomar un baño y si prefería vestirse en su habitación o en el cuarto de baño. El príncipe se le quedó viendo sospechando, no podía asegurar que ella era la que lo estaba espiando, aunque esa muchacha ya había demostrado tener cierta falta de conciencia con la privacidad; además, ciertamente era incómodo estar cerca de ella después de que presenciara las cosas que Venti le hacía, pero de todos modos, tampoco iba a culparla de nada, siendo ella otra víctima del rey.

Kaeya le respondió que se vestiría en el baño, asi que Noelle se ofreció a llevar su ropa y toallas, dejando a un lado la ropa sucia para darle prioridad a él; por esa razón la dejó meterse a su alcoba y esconder esa pila de telas usadas allí dentro, y juntos abrieron el gran armario del príncipe; en esa ocasión él si pudo escoger su propia ropa entre la variedad de camisas escotadas que tenía, eligiendo una de color azul oscuro; también tomó un corset de cintura hecho con cuero negro, pantalones negros ajustados y una gargantilla de tela negra. Tras decidir lo que usaría ese día, Noelle tomó las prendas y los zapatos, y él la ayudó a llevar las toallas que guardaba en un baúl, luego caminaron juntos hasta el cuarto de baño, Kaeya pensó que ella simplemente iba a dejar todo ahí y se retiraría, pero la joven se quedó parada sonriendo, como si esperase algo; ya lo había visto desnudo, sin embargo el príncipe no estaba tan convencido de si debía dejarla mirar, pues algo de esa situación que le preocupaba.

-¿Puedo hacerte una pregunta Noelle? - dijo el príncipe quedándose quieto antes de desabrochar la camisa que usó para dormir.

-Por supuesto, pregunte lo que quiera - le respondió ella, Kaeya estaba nervioso, dependiendo de la respuesta, se sentiría más o menos incómodo de lo que estaba en esos momentos.

-¿Qué edad tienes? - preguntó con cara de preocupación, Noelle se mantuvo estática en su sitio, sonriéndole y esperando pacientemente alguna orden suya.

-19 años, aunque pronto cumpliré 20 - contestó, el príncipe respiró completamente aliviado.

-En el límite… - murmuró Kaeya, la muchacha ladeó la cabeza sin haber entendido a qué se refería - creí que eras más joven, luces como tal.

-Ay, qué halagador ¿De verdad parezco más joven de lo que aparento?

-No lo consideraría un halago, no tienes que parecer más joven para ser guapa - comentó él, Noelle agachó la cabeza un tanto decepcionada - aunque debo admitir que si eres atractiva.

-¿Eso cree…? - pronunció ella con los ojos brillantes de la ilusión - usted también es tan atractivo…

-¿Puedo preguntar algo que podría ser muy intimo e incómodo? - dijo el príncipe, ella asintió segura - ¿Qué edad tenías cuando Barbatos te trajo aquí?

-Según recuerdo… 13 años - le respondió ella tocándose los labios mientras miraba el techo tratando de hacer memoria de esa época, Kaeya agachó la cabeza con pesar.

-A veces se sale de su rango de edad favorito… Cómo lo odio - comentó el príncipe, ella no entendía a que se estaba refiriendo, pues bajo su perspectiva, nada malo había ocurrido.

-No comprendo… - murmuró Noelle, Kaeya la miró con lástima.

-Siempre he querido decirte algo Noelle, pero, me preocupaba ser juzgado - le dijo el príncipe desabotonando su camisa, ella sonrió más entusiasmada - y es que, lamento mucho no haber podido ayudarte, si hubiese estado mejor en esa época, habría hecho lo que fuera por evitar que trabajases aquí…

-¿Por qué? A mi me gusta trabajar aquí, me gusta servir a nuestro rey, me gusta servirlo a usted… - respondió ella un poco desconcertada por lo que le dijo Kaeya, quien suspiró resignado y comenzó a bajarse los pantalones para su deleite.

-De verdad no lo comprendes… - susurró el príncipe con tristeza, Noelle estaba tan acostumbrada a esa vida, que jamás se cuestionó si lo ocurrido a sus 13 años fue lo correcto, tal vez Barbatos le había lavado el cerebro de alguna forma - de todos modos, me alegro de que no te afecte tanto como a mi.

-¿Qué cosa?

-Nada cariño, nada - respondió él, iba a proceder a quitarse la ropa interior hasta que su conciencia le pidió que hiciera algo antes de mostrarlo todo de sí mismo a Noelle - voy a quitarme los calzoncillos ahora, si no quieres ver, puedes voltearte.

-No se preocupe, aquí estoy bien - le respondió ella muy sonriente, Kaeya debía estar seguro de que la chica voluntariamente deseaba verlo, así que una vez supo que ella no pretendía voltear, se bajó la ropa interior y se metió dentro del estanque; la joven mucama se mordió el labio inferior, fascinada con todo el cuerpo del príncipe, éste apoyó los brazos fuera del estanque y miró la puerta.

-Noelle, en vista de que me vestiré en esta habitación, creo que será mejor cerrar la puerta con llave, aunque puedes dejármelas a mi si quieres, eres libre de seguir haciendo tus tareas si es lo que deseas - le sugirió, entonces la chica fue hasta la puerta y tomó las llaves, Kaeya necesitaba saber lo que ella quería en verdad, si no estaba cómoda, le entregaría las llaves, y si en cambio quería lo que él imaginaba que quería, iba a cerrar la puerta por sí misma desde adentro.

-Listo - dijo ella asegurando la cerradura desde adentro, y volviendo a su sitio inicial justo al lado del estanque, mirando con detención a Kaeya; éste rió resignado, Noelle definitivamente buscaba lo que él tanto especuló desde que la notó tan deshinibida mirándolo, pero de todos modos pensaba preguntar antes de propasarse - ¿Quiere que lo ayude a lavar su espalda?

-Está bien cariño, puedes hacerlo - respondió el príncipe tomando su cabello para dejarlo por delante de su pecho, enseñandole la espalda a la mucama; Noelle se arrodilló al lado del estanque y deslizó sus manos lentamente por los hombros y los omoplatos de Kaeya masajeando con delicadeza; la muchacha suspiraba, sumergida en sus fantasías, adorando cada parte de esa bella piel - se siente muy agradable…

-¿Puedo limpiar su pecho…? - preguntó la joven tímidamente.

-Sí, puedes - respondió el príncipe, ella llevó con un movimiento suave sus manos hacia las clavículas de Kaeya, inclinándose hacia adelante para acercarse a "limpiar" sus pectorales, y acercando sus propios pechos a la nuca del príncipe - tu tacto es tan suave Noelle…

-¿Le gusta?... - dijo ella cerca de su oído, Kaeya hacía ruidos de placer al sentir sus delicadas manos sobre sus pectorales, Noelle suspiró y besó su cabello amorosamente, feliz de estar compartiendo ese momento con él - Sir Kaeya…

-Amo tus manos… - pronunció él girando un poco la cabeza para mirarla, los pechos de la joven lo tocaban e iban empapandose con su cabello mojado, mas a ella no parecía importarle, pues suspiraba gimiendo armoniosamente, con los labios a centímetros de la boca del príncipe.

-Usted es tan guapo Sir Kaeya, amo todo de usted… - reconoció la muchacha, Kaeya echó la cabeza ligeramente hacia atrás, rozando su nariz en la mejilla de Noelle.

-Y tu eres tan hermosa… eres una musa - le susurró con su voz atrayente, la mucama se estremeció, acercando sus labios a los del príncipe, y luego besandolo con pasión; ella parecía haberlo estado deseando desde hacía mucho, pues gemía disfrutando el sentir su lengua dentro de su boca, y tocándole los pectorales - mi hermosa musa…

-Sir Kaeya… yo… - pronunció Noelle con los ojos cerrados, tomando los pezones de Kaeya con dos de sus dedos, girandolos con un tacto mil veces más delicado que el de los hombres; el príncipe llevó la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados, sentía mucho placer, ella era preciosa, la piel blanca y suave, grandes ojos verdes, labios pequeños, melena lacia y plateada, con adornos de rosas rojas, todo un bombon que el príncipe deseaba probar.

-¿Puedo besar tus pechos? - le preguntó él, Noelle se sonrojó, escuchar algo así de su boca era bochornoso y excitante.

-Hágalo… - respondió, Kaeya ladeó un poco más la cabeza y presionó la nariz y los labios contra los suaves pechos medianos de la joven, respirando profundamente y depositando besos sobre la tela blanca que los cubría - Sir Kaeya… siga así por favor…

-Creo que ya estoy limpio - anunció él, Noelle se apartó un poco para que este se levantara, el príncipe se puso de pie y se dio la vuelta para salir del estanque y pararse frente a ella; tenía una erección que no bajaba ni por haberse movido, le mucama la miró sin tapujos con los ojos brillantes, mordiéndose el dedo mientras le saboreaba en su mente.

-¿Hay algo que pueda hacer por usted? - preguntó la muchacha observando el pene de Kaeya.

-Lo has visto todo de mi, por eso quisiera preguntarte… ¿Puedo verte también? - pronunció el príncipe mirándola seductor y paciente, Noelle estaba ruborizada y lo veía a los ojos con ilusión, dispuesta a cumplir todas sus peticiones; la joven asintió en respuesta al príncipe y llevó sus manos atrás de su propia espalda para intentar quitarse el corset de su traje de sirvienta - espera cariño, no es necesario que te quites todo, sé que es un traje difícil de poner.

-Oh… Lo siento, seré más rápida - murmuró la chica esforzándose más para quitarse la ropa, Kaeya la detuvo tomando gentilmente sus manos, y las llevó hacia adelante, depositandolas en la blusa de Noelle para indicarle que sólo destapara sus senos.

-No quiero quitarte tanto tiempo mi musa, puedes solo abrir tu camisa - le sugirió él, la chica comenzó a desabotonar su prenda con los dedos inquietos e impacientes, abriendola luego hasta que los hombros de la blusa cayeron por sus codos y descubrió todo su pecho e incluso el inicio de sus abdominales, ligeramente marcados al igual que sus bíceps - no me esperaba esto Noelle - dijo el príncipe presionando los abdominales visibles con la punta del dedo índice.

-A veces entreno con los guardias… ¿Es desagradable para usted? - cuestionó la mucama apenada, Kaeya se fijó en sus tetas desnudas, eran de un tamaño mediano, pero muy redondas y suaves, con el pezón solo un poco más oscuro que su piel.

-No es desagradable preciosa, me gusta - respondió el príncipe, entonces la miró a los ojos, Noelle echó los hombros hacia atrás y enseñó más el pecho, esperando que también le gustara a Kaeya - ¿Puedo tocarlos?

-Por supuesto Sir Kaeya, puede hacer lo que quiera conmigo - pronunció ella ansiosa y excitada, el príncipe sonrió provocativo y colocó las dos manos sobre los senos de la joven, apretando suavemente y moviéndolos en vertical y en diagonal, sintiendo la suavidad y blandura entre sus dedos - Sir Kaeya…

-Eres tan hermosa… - susurró al usar sus dedos para tomar los pezones de la muchacha, girandolos con cuidado de no lastimarla, ella gimió, pues sentir eso le estaba causando cosquillas en la parte baja del abdomen; entonces Kaeya se agachó y metió uno a su boca para chuparlo, Noelle acarició su cabeza suspirando con deleite por su habilidad para mantenerla estimulada.

-¿Puedo…? - preguntó ella viendo la polla del príncipe, quien la miró hacía arriba con su otro pezón aún en la boca.

-Antes… Quisiera ver algo más - contestó él volviendo a erguirse, Noelle se mordía el nudillo, con expectativas de lo que pasaría a continuación, de pronto Kaeya apuntó con el dedo la entrepierna de la mucama - ¿Puedo verte allí?

-Por supuesto - dijo ella sin dudar, subiendo su falda para poder bajarse la ropa interior; el príncipe se relamió los labios, agradeciendo que su primera experiencia sexual del día fuese con Noelle.

-Mantén tu falda así ¿Puedes abrir un poco las piernas? - le pidió, la chica las abrió siguiendo sus indicaciones.

-¿Así está bien Sir Kaeya? - preguntó Noelle, entonces Kaeya se arrodilló delante de sus muslos, observando fijamente la vulva de la mucama con una sonrisa picara.

-Perfecto, mantente así cariño. Esto te encantará…

Dicho eso, el principe echó la cabeza ligeramente hacia atras y acercó la boca a los labios menores de la joven, que gimió alto por la sorpresa de recibir sexo oral en esa posición, en los planes de Noelle solo estaba arrodillarse y complacerlo a él; sin embargo Kaeya hubiese aborrecido que alguien estuviera esforzandose para que unicamente él alcanzara el placer, era una de las cosas que más detestaba de hacerlo con algunos hombres, que estos se corrieran sobre o dentro de su cuerpo y luego lo dejaran ahí sin ayudarlo a correrse también. Cuando el príncipe lo hacía con mujeres, era capaz de darse el lujo de dar y recibir placer de forma justa y equitativa, ya dentro de un rato podría recibir su parte, pero en esos momentos, le tocaba a Noelle sentir la lujuriosa sensación de su lengua lamiendo los cálidos pliegues de su vagina y el pequeño y más firme clítoris, al cual Kaeya le prestaba especial atención, dándole gentiles chupones.

La muchacha miró al cielo manteniendo su falda levantada, muy pocas veces recibió algo como eso durante el sexo, compartía con el principe el adoctrinamiento estricto del rey de estar totalmente entregada a los impulsos de alguien más, con la diferencia de que aquella era la primera vez que Noelle escogió a su objeto de deseo, contrario a Kaeya, que tenía amantes recurrentes con quienes si disfrutaba en verdad. El príncipe mantenía los ojos cerrados, disfrutando lamer y chupar el clítoris, con la nariz presionando el monte de venus, entre el poco y claro vello pubico de su nueva y hermosa musa; Noelle gemía, su voz y piernas temblaban, cosa que era algo nuevo para ella, algo adictivo y excitante que la impulsó a pedir más sin medir sus palabras, algo que en su estado natural no se habría atrevido a exigir porque le hubiese parecido irrespetuoso en su posición de empleada.

Kaeya tanteó con dos dedos la vagina de la chica, y sonrió al darse cuenta de que ya estaba húmeda, entonces se detuvo y volvió a ponerse de pie para mirarla a los ojos, Noelle tenía el rostro rojo y emoción en sus ojos oliva, no esperó mucho para agarrar el pene erecto del príncipe con las dos manos, para masturbarlo mientras mantenía el contacto visual con él. Kaeya se sintió complacido y contento con lo que estaban haciendo, y al igual que la mucama, la tocó sin tapujos al mirarla directo a los ojos, agarrando sus tetas y moviendo los pezones en diferentes direcciones, lo deleitaba escucharla suspirar lascivamente cuando él le daba atención a sus puntos erógenos.

De pronto ella tomó las manos del príncipe para detenerlo, y comenzó a bajar lentamente, creando expectativas de lo que le haría estando de rodillas, aquello le dio una idea a Kaeya, quién mientras Noelle se acomodaba un mechón de cabello detrás de la oreja para prepararse y poder darle una mamada, se recostó boca arriba en el piso; la joven se sintió confundida, pues esperaba que el príncipe se quedase de pie para recibir un oral, pero pronto al ver las señas de Kaeya, se dio cuenta de lo que quería hacer, y le pareció muy osado y excitante. Entonces Noelle gateó y se colocó sobre el príncipe, con los glúteos sobre su cara y la boca exhalando aire tibio sobre su polla, Kaeya sonrió agradecido por ese momento, besó el muslo de la muchacha, y abrió la boca para empezar a "comer"; Noelle gimió agudo y tomó el pene del príncipe con una mano, actuaba más lenta de lo que quería actuar debido a las sensaciones que le estaba dando Kaeya con su lengua, se sentía en la obligación de compensarselo, así que trató de controlar su voz para poder meterse su verga a la boca.

El príncipe apegó la cara a la zona genital de la chica, chupando, lamiendo y hasta mordiendo delicadamente los pliegues de piel de la vulva, saboreando también el flujo que había secretado Noelle; ella agarró la base del pene mientras chupaba el resto moviendo la cabeza, además usaba la lengua frenéticamente en cada rincón a su alcance, estaba muy limpio y olía bien, lo cual era mucho más agradable para su boca. Kaeya tensó su lengua y comenzó a introducirla al interior de la joven, ella tembló excitada, gimiendo sin dejar de chuparle la polla, moviendo la cabeza de adelante hacia atrás y mirándolo de reojo para tratar de ver lo que le estaba haciendo por mero morbo.

Nunca nadie había sido tan detallista con ella, pues mientras el príncipe introducía su lengua, también usaba una mano para masajearle el clítoris, y otra para darle una suave caricia en el muslo y el glúteo; Noelle sacó un momento el pene de su boca y apoyó la cabeza sobre el muslo de Kaeya, gimiendo y bufando deleitada, a la par que usaba las dos manos para estimularle los genitales, con una mano envolviendo el escroto y otra masturbando en círculos el glande. El príncipe sufrió un espasmo, deteniéndose unos segundos, ese movimiento involuntario le hizo saber a la mucama que lo estaba haciendo bien, por lo que continuó dándole ese tipo de masaje a la punta, para luego meter uno de los testículos de Kaeya en su boca para chuparlos uno por uno.

Al príncipe no le gustaba la idea de quedarse atrás en esa "competencia" de quien le daba más placer al otro, así que usó sus dedos para deslizarlos al interior de Noelle, moviéndolos en primera instancia de forma pausada mientras la lamía, para después aumentar la velocidad aprovechando los fluidos de su hermosa amante. Ella mordió el tronco del pene en respuesta a esa incesante sensación de lujuria, masajeando los testículos y el glande al imitar la rapidez de Kaeya, los dos no estarían satisfechos hasta sacarle el primer orgasmo del día al otro, costara lo que costara.

Los músculos del principe se tensaron, por mera consideración le dijo a su nueva musa que estaba a punto de eyacular, Noelle sonrió victoriosa y volvió a ponerlo en su boca para chupar y mover la cabeza de abajo hacia arriba, tan salvaje que hasta ella misma se desconoció; Kaeya se quejó sintiendo como ya no podía aguantar más, y para no hacer menos provechoso el momento, se dedicó a seguir tocando con sus manos el clítoris y la vulva de la muchacha, acelerado para hacerla acabar al mismo tiempo que él. No lo logró, pues su cuerpo ya no resistía más tal aumento de temperatura, y terminó expulsando su semen dentro del la boca de Noelle; a esta no le agradó tanto el sabor, el príncipe no se alimentaba muy bien, por lo que su esperma no era precisamente lo mejor que había probado, pero comparándolo con el rey, no estaba tan mal.

Ella no mencionó nada de eso y se limitó a tragarlo en silencio, él en cambio siguió metiendole los dedos, lo haría sin descanso hasta que Noelle también se sintiera tan extasiada como él; la joven de pronto se quedó completamente paralizada cuando alcanzó el punto máximo de estimulación, ella a diferencia de un par de mujeres con las que Kaeya se acostó alguna vez, no tenía una eyaculación explosiva y líquida, simplemente soltó más fluido viscoso y relajó paulatinamente su cuerpo sobre el del príncipe, bufando satisfecha. Luego de descansar un momento, Noelle y el príncipe se levantaron, ambos con la boca y los genitales húmedos, Kaeya tuvo que meterse nuevamente al estanque para limpiar su cuerpo, y ella se quedó parada, no parecía querer cubrirse todavia, solo miraba en techo mordiéndose un dedo y reflexionando sobre lo increíble que fue todo, el príncipe le sugirió limpiarse también con un paño para poder volver a su vida cotidiana, pero ella solo se arrodilló una vez más junto al estanque, enseñandole los pechos y mirándolo encantadora; él le sonrió y la besó apasionado, cumpliendo así el deseo que la chica parecía pedirle para cerrar bien ese encuentro tan ardiente.

Kaeya se colocó los pantalones y Noelle salió tarareando del cuarto de baño, ya arreglada y limpia para continuar sus quehaceres; el príncipe esperó unos minutos más para irse también, aprovechando el tiempo para ponerse unos pendientes de zafiro y así terminar de conjuntar su camisa blanca y su chaqueta azul. Una vez listo salió en silencio de esa habitación, cerciorándose primero de que Barbatos no estaba cerca para no tener problemas; bajó entonces las escaleras para ir a desayunar, y vio al joven Xingqiu caminando mientras leía uno de los libros que Kaeya le regaló a la princesa Keqing, su amigo el príncipe Chongyun caminaba a su lado agarrando una de las mangas del traje de Xingqiu, en caso de que fuera necesario salvarlo de un tropezón por no estar mirando el pasillo.

Morax y Venti aparecieron desde otro pasillo tomados del brazo, Barbatos se fijó en los dos amigos, mirando con interés a ambos, sin embargo, según su propia interpretación, sólo tenía "permitido" echarle un ojo a Xingqiu por no ser uno de los príncipes de Liyue, así que depositó toda su atención en él. Solo Kaeya entendía las intenciones del monarca con solo darle un vistazo, por lo cual apresuró el paso y se interpuso entre Xingqiu y Venti; el principe de Khaenri'ah miró de reojo al rey Barbatos, incluso sin saber nada sobre defensa personal, su actitud era sumamente amenazante para Venti, quien chirrió los dientes por esa insolencia.

Al llegar al comedor, Kaeya se sentó junto a Xingqiu, Chongyun también se sentó junto a su amigo, de esa forma el principe de Khaenri'ah se aseguraba de que Barbatos no abandonara el protocolo para sentarse en otro sitio que no le correspondía para "ser más cercano" a los hijos de Zhongli; Keqing y Ganyu ya estaban en la mesa charlando mientras se servían unos bollos rellenos de mermelada y crema pastelera, que acompañaban con leche caliente. El doctor Baizhu charló amistoso con algunas criadas mientras llegaba a la mesa, cargando a Qiqi en su hombro mientras su serpiente Changsheng reptaba por los hombros de la niña; a Kaeya no dejaba de ponerlo nervioso el hecho de que ese tipo de animal estuviese tan cerca de una pequeña de solo 4 años, sin embargo para los príncipes o el mismo Morax no era algo alarmante.

Venti se sentó en la cabecera de mesa como indicaba el protocolo, y miraba irritado al principe de Khaenri'ah mientras movía las uñas dandole golpecitos a la mesa, Kaeya no se dejaba intimidar, y seguía tan desafiante como en un principio, no le temía a las represalias, pues no iba a dejar que ese monstruo se le acercase a ningún niño que cayera dentro del rango de edad que le gustaba al monarca. Xingqiu se quedó leyendo el libro muy concentrado, Chongyun le sonreía con un dulce brillo en sus ojos, estaba feliz por verlo disfrutar de la lectura, y no quería molestarlo para decirle que probaran juntos una tarta de frambuesas; Barbatos analizaba a Xingqiu, notó fácilmente que ese libro pertenecía a la princesa Keqing, por lo que vio en eso una oportunidad para empezar a "condicionarlo" antes de jugar con él a futuro.

-¿Le está gustando ese libro joven Xingqiu? - preguntó Venti sonriendo, el niño lo escondió rápidamente e inclinó la cabeza en señal de disculpa.

-Perdone su majestad, quedé absorto en la lectura, lamento mucho esta falta de respeto - pronunció el adolescente, Chongyun se quedó callado, preocupado por algún posible regaño que pudiera recibir su mejor amigo.

-No se preocupe, no lo juzgo, a veces yo también me distraigo con algo de mi interés - comentó Barbatos mirando fijamente al joven, saboreando su labio inferior mientras fantaseaba, el resto de las personas creyeron que estaba siendo comprensivo, pero Kaeya en cambio se quedó tenso y al pendiente de cada palabra del rey - creo haber visto ese libro antes ¿Es suyo?

-Esto… no, no es mio pero… - balbuceó Xingqiu nervioso, sintiéndose culpable por leer uno de los libros de Keqing, por alguna razón el hecho de que el rey lo hubiera notado lo hacía sentirse un aprovechador e irrespetuoso por ser un plebeyo en medio de muchas personas de la realeza.

-Xingqiu y yo solemos compartir nuestros libros, es normal en nosotros hacer algo así, yo misma le presté ese para su propia entretención - dijo la princesa Keqing para aclararlo todo, Venti rió haciéndose el amigable, luego volvió a tener contacto visual con Xingqiu, con una actitud burlona y a la vez provocativa.

-Es increíble el nivel de confianza que los príncipes depositan en usted, joven Xingqiu, parece parte de la familia - comentó el monarca, Kaeya sabía que la elección de palabras de Barbatos no era al azar, no le dijo "eres parte", pues al decir "pareces parte", haría sentir inseguro al niño, como un impostor.

-Yo no… no me siento digno de… - susurró Xingqiu en voz baja, Chongyun tocó su espalda dando una caricia para calmarlo.

-Por supuesto que eres parte de nosotros, no te sientas desanimado - le pidió el príncipe Chongyun, Xingqiu tenía la cabeza gacha, cuestionandose si realmente debió darse la atribución de viajar a Mondstadt con los príncipes de Liyue - eres mi mejor amigo, casi mi hermano, no iba a dejarte solo en casa - agregó Chongyun, su padre el emperador Morax tosió al escucharlo.

-Es adorable escuchar eso, los príncipes lo adoran joven Xingqiu, debe sentirse completamente afortunado - comentó Venti, Kaeya entendió entonces el método que usaría para hacer sentir vulnerable a Xingqiu, para luego utilizarlo; con el paso de los años y tras fallar en salvar a Noelle de sus garras, el príncipe se había propuesto interferir entre el rey y sus presas, a algunas las cortejaba engrandeciendose, a otras las menoscababa, pero con gente de bajos recursos, era capaz de dejar salir al monstruo que en verdad era.

-Los niños son niños, sólo les importa jugar entre ellos sin importar quien sea o no sea un príncipe, si llegan a cuestionarselo no es por una idea propia surgida de la nada, es por un prejuicio adulto - comentó el principe de Khaenri'ah llevándose una tácita de té a los labios, hubo silencio, Ganyu y Shenhe se sintieron incómodas identificando la tensión entre Venti y Kaeya - ¿Podría darme un trozo de tarta principe Chongyun? Por favor.

-Por supuesto, aquí tiene - respondió Chongyun, el príncipe de Khaenri'ah le pidió aquel favor a él por dos motivos: porque pedírselo a Xingqiu lo habría rebajado a la servidumbre, y porque quería desviar de una vez por todas la atención de él, por lo cual necesitaba cambiar de tema.

-Qué lindas se ven con las piezas de joyería que les regalé - comentó Kaeya mirando a las dos princesas mayores, Keqing levantó la cabeza enseñando orgullosa su conjunto de joyería de perlas doradas, y Ganyu jugó con un mechón de pelo, tímida pero feliz de oírlo agraciar su cabello adornado.

-Muchas gracias otra vez príncipe Alberich, sus regalos fueron maravillosos - le dijo Ganyu, en ese momento entró Alatus al comedor, silencioso y serio como de costumbre.

-Disculpen ¿Podrían acercarle el porridge de agua al príncipe Alatus? - les pidió Venti a las criadas que merodeaban el salón para recibir órdenes, una de ellas tomó la olla de porridge de avena y agua para dársela a Alatus, a él no le gustaba tanto el sabor, pero tenía un brillo especial en su mirada por aquel detalle.

-Gracias - murmuró el primogénito de Morax sin alzar mucho la voz, en el fondo le hacía muy feliz que el monarca tomase en cuenta su úlcera que le impedía comer algunos alimentos.

-¿La princesa Qiqi estrenó su casa de muñecas? - le preguntó Kaeya a Baizhu, involuntariamente el príncipe sintió un escalofrío en la espalda al pensar en ese juguete y en lo que tuvo que hacer para obtenerlo.

-Jugó con todos sus juguetes ayer por la noche, eso incluye su obsequio, príncipe Alberich - respondió el doctor, Kaeya sonrió, al menos esa horrible experiencia fue provechosa porque la princesa si había usado su casa de muñecas

-Me satisface saber que fueron regalos de su agrado ¿Usted estrenará pronto su mandoble príncipe Chongyun? - preguntó el príncipe de Khaenri'ah, Alatus lo estaba mirando, usualmente lo hacía para vigilarlo, pero en esa ocasión, estaba algo ansioso y preocupado, preguntándose si lograría encontrarselo después del desayuno para decirle un par de cosas que no pudo decirle en la cena de la noche anterior.

-Sí, hoy entrenaremos con Xingqiu y mi hermano ¿Vendrá a vernos? - dijo el joven ilusionado, Barbatos se rió al escuchar al hijo de su amante pedir algo así.

-¿Qué cosas dice querido príncipe Chongyun? El príncipe Alberich no puede exponerse a demostraciones de violencia - comentó Venti con su sonrisa amable de siempre, Ganyu y Alatus ya estaban enterados de esa norma, pero sus hermanos menores no tenían idea de ello.

-¿Por qué el príncipe no puede ver cómo entrenan mis hermanos? - cuestionó Keqing sin afanes de sonar insolente, pero con una característica asertividad.

-Es una medida de seguridad para él, su vida es muy valiosa, como debe estar enterada - le respondió el rey Barbatos, Kaeya sonrió con cinismo.

-Por supuesto, una pieza tan valiosa no debe ser usada en el tablero de ajedrez, imagínese que "expusieran" a una situación violenta a la reina y dejasen abiertas sus salidas, nadie quiere liberar a la reina - comentó el príncipe Alberich, Xingqiu ladeó la cabeza confundido.

-Pero la reina es la pieza más útil, tiene muchos movimientos en caso de emergencia - dijo el adolescente, Kaeya le sonrió sarcástico.

-No si tienes encerrada en tus propias filas a la reina enemiga - replicó el príncipe de Khaenri'ah, Ganyu suspiró apenada, el resto de los adultos y Keqing a diferencia de ella, se sintieron incómodos.

-Pero ese movimiento no tiene sentido…

-Sea como sea, mi querido príncipe Alberich no puede acercarse a nadie que planee usar su espada, debe estar sano y salvo - pronunció el monarca de Mondstadt, que volvió a poner sus ojos en Xingqiu para molestar intencionalmente a Kaeya - usted se ve como alguien más de libros que de espadas, joven Xingqiu.

-Bueno, los libros tienen mucha utilidad para mí, entretención, aprendizaje, reflexión, incluso podría llamarlo un estilo de vida al cual me quiero dedicar - comentó el niño con un brillo especial en sus ojos, luego puso su atención en Kaeya y se sintió algo culpable - no estoy demeritando el regalo del príncipe Alberich, realmente me encantó y le daré uso, tanto los libros como las espadas me gustan, pero…

-Entiendo, no estaba enterado de sus gustos personales, la próxima vez que nos visite, tendré una selección de libros muy buena para usted - dijo el principe de Khaenri'ah, pensando de pronto en la posibilidad de que Mondstadt ganase la guerra y en vez de devolverlo a su tierra natal, la destruyeran y lo asesinaran a él cuando ya no fuera de utilidad - si es que hay una próxima vez…

-Es muy amable príncipe Alberich, pero su regalo realmente me pareció muy bueno, no quiero que se sienta triste por no haberme dado un libro en su lugar - trató de animarlo Xingqiu, Venti rió con su vocecilla coqueta, mirando al niño con una actitud bromista y de "ternura", al menos a los ojos de Zhongli.

-Y lo irónico de todo esto es que el príncipe creyó que le estaba obsequiando algo a otro príncipe - comentó risueño Barbatos, Xingqiu volvió a sentirse irrespetuoso por la idea que estarse "mofando" de la hospitalidad de alguien que lo trató como un noble más - por cierto joven Xingqiu ¿Ha pasado por la biblioteca de este palacio?

-Aún no he tenido el gusto, el príncipe Chongyun y yo no hemos explorado su morada todavía - respondió el adolescente, Venti sonrió con una idea en mente.

-Podría enseñarsela personalmente después del desayuno, si así lo quiere - se ofreció el rey, a Morax no le pareció alarmante, pero a Kaeya si.

-No suena tan interesante visitar una biblioteca personal que los niños pueden explorar cualquier dia de su estancia aquí, lo realmente interesante sería conocer la gran biblioteca de Mondstadt y a todos los intelectuales que albergan sus oficinas, yo los conozco a todos - comentó el príncipe Alberich, entonces el joven Xingqiu focalizó toda su atención en él.

-Eso suena genial ¿Todos se reúnen en el mismo lugar? - preguntó el adolescente, Barbatos miró irritado a Kaeya por su afán de entrometerse en lo que quería hacer con el único joven que no era un heredero de Morax.

-Todos, y todos se conocen entre ellos ¿Ha escuchado hablar de Albedo Kreideprinz? Es el ilustrador de muchos libros modernos alrededor del mundo - comentó el príncipe de Khaenri'ah, los ojos del joven brillaron, y Chongyun sonrió enternecido al verlo tan emocionado.

-Claro que he escuchado de él ¿Cree que esté en la biblioteca de la ciudad? Realmente quisiera conocerlo en persona.

-Si no está allí, podemos buscarlo, de todos modos ya está de vuelta en la ciudad, y somos amigos así que me será fácil dar con él - dijo Kaeya, el rey sonrió de lado, aquella afirmación del príncipe era bastante interesante para él.

-Oh ¿Lo siguen siendo? - cuestionó Venti, el príncipe de Khaenri'ah se quedó callado, ignorando cualquier insinuación maliciosa del monarca, quien era más que consciente de que Kaeya y Albedo ya no estaban en los mejores términos.

-Me encantaría conocerlo, pero… - murmuró Xingqiu agachando la cabeza cuando notó a Barbatos con sus ojos fijos en él.

-No se preocupe joven Xingqiu, no me molesta que alguien rechace mis invitaciones, lo malo sería que rechacen mis órdenes - comentó el rey, Xingqiu se sentía muy culpable por querer negarse a la propuesta del rey, Chongyun le tomó la mano e interfirió para apoyarlo.

-Podríamos ir hoy a la biblioteca de Mondstadt, y mañana exploraremos mejor este palacio junto a usted ¿Eso estaría bien? - propuso el príncipe Chongyun, Venti no respondió, pero Morax asintió.

-Considerando lo difícil que es encontrar a todas las figuras sabias en un solo lugar al mismo tiempo, lo mejor será aprovechar la oferta del príncipe Kaeya, que tiene acceso a las oficinas privadas de la biblioteca. Mañana estaremos mejor asentados para ver todas las maravillas de este palacio - comentó Zhongli tocando la pierna de Venti por debajo de la mesa, de pronto este cambió drásticamente de opinión y sonrió por la idea de su amante - ustedes también podrían ir a recorrer la ciudad acompañados de los caballeros - le dijo el emperador a sus hijos, Kaeya pensó que era una suerte que Morax y Barbatos quisieran quedarse a solas en el castillo para hacer sus cosas repugnantes entre ellos.

-Suena como una excelente idea, hay muchos lugares en Mondstadt que les pueden interesar, aunque les sugiero que no visiten todavía la iglesia de Favonius, en tres dias la orquesta y el coro eclesiastico se unirán en una sinfonía para su disfrute, y el príncipe Alberich será parte de ella - comentó Venti, Kaeya suspiró hastiado, el monarca era sumamente predecible, sabía que le iba a contarles de ello a los niños para ilusionarlos, y luego decepcionarlos.

-¿De verdad? ¿Usted es parte de la orquesta príncipe Kaeya? - preguntó Chongyun con sus lindos ojos brillantes, el príncipe de Khaenri'ah agachó la mirada sonriendo resignado.

-Sé tocar un par de instrumentos, mi favorito es el violín - comentó Kaeya, los niños estaban muy curiosos por esa revelación, y él podía saber lo que estaban pensando con solo ver sus caras - aprovechando que pasaremos el dia juntos, puedo llevar mi violín para ensayar - agregó el principe de Khaenri'ah, causando que los jóvenes estuvieran todavía más entusiasmados.

-¿Podemos pasar el resto del día acompañando al príncipe Alberich, padre? - le preguntó Chongyun algo inquieto a Morax, su tía Shenhe tocó su espalda para recordarle que no se hiperventilara.

-Por supuesto, no hay peligro si los escoltan.

-Su majestad, le solicito permiso para acompañar a mi sobrino y a su amigo - le pidió Shenhe a Zhongli, este inclinó la cabeza solemne en contestación.

-¿Ustedes que dicen princesas? ¿Les gustaría que diéramos un paseo por la ciudad? - sugirió Baizhu mientras Changsheng se deslizaba desde el cuello de Qiqi hacia el suyo.

-Claro, estoy interesada en visitar las murallas del noroeste de la ciudad, las que suelen recibir los impactos de las invasiones, quisiera saber si realmente han optado por reforzar los muros o abaratar costes ¿Irás conmigo Ganyu? - pronunció Keqing, a Venti no le pareció agradable que pusiera en duda las medidas que tomaba por su ciudad.

-Por supuesto, llevaré también nuestra agenda de apuntes - le respondió su hermana, acostumbrada a tomar notas de todas las sugerencias y planes de Keqing para mejorar el entorno social y las infraestructuras.

Al finalizar el desayuno el principe de Khaenri'ah se dirigió rapidamente a su alcoba para traer el violín que usaba para ensayar, muy pocas veces tocaba instrumentos, no tenía tanto sentido hacerlo si de todos modos Barbatos le arrebató toda esperanza de dedicarse a la música y el arte; si bien podía seguir haciendo música por su cuenta y practicar sus dibujos con libertad, el rey siempre se aseguraba de que tuviera un perfil bajo. Incluso si tuviese permitido por completo ser un famoso músico o artista de retratos, tampoco hallaba el punto de dedicarle tanto tiempo considerando que en cualquier minuto la guerra podía acabar, y todo se volvería incierto para él, ya que no se esperaba vivir por mucho tiempo después del fin de ese conflicto.

Alatus estaba siguiendo a Kaeya, sus hermanos fueron a su sector del palacio para arreglarse y hacer un recorrido por Mondstadt, pero él no tenía el más mínimo interés en salir; lo único que quería en ese momento era encontrarselo a solas, en un lugar donde ni su familia ni el rey fuesen testigos de la conversación que deseaba tener con el príncipe de Khaenri'ah. Como guerrero, Alatus era sumamente sigiloso, Kaeya no se daba cuenta de lo cerca que estaba de él, por eso, al momento de tomarle la muñeca para detenerlo cerca de su habitación, el príncipe Alberich se sobresaltó, girandose en seco y mirando a Alatus como si tuviese miedo de lo que le iba a hacerle; tenía razones para sentirse asustado.

-Tengo que hablar contigo - le dijo el príncipe de Liyue, Kaeya guardó la calma, tenía la opción de ser insolente con él y recibir una golpiza como castigo, o simplemente quedarse callado y escucharlo.

-¿Qué necesita? - preguntó el príncipe de Khaenri'ah, entonces Alatus llevó una mano a su bolsillo y retiró aquel pañuelo que Kaeya había atado a la lanza que le regaló.

-Esto, es una ofensa - dijo el heredero de Morax, el príncipe Alberich fingió demencia mirando hacia la puerta de su cuarto.

-Con todo respeto príncipe Alatus, no veo la ofensa en ese pequeño obsequio adicional - respondió Kaeya, recibiendo un apretón más fuerte en su muñeca que lo hizo cerrar los párpados con dolor.

-No te hagas el tonto, sabes bien que esto no es un "obsequio" - lo increpó el principe de Liyue, Kaeya sentía mucho miedo, siempre que Alatus llegaba a alojarse en el palacio, buscaba problemas con él que desencadenaban golpes imposibles de esquivar.

-Bueno, me atrapó, no es un obsequio, es una simple devolución - dijo Kaeya riendo con nerviosismo, luego el príncipe de Liyue le empujó la clavícula y lo hizo golpearse la espalda contra la pared del pasillo.

-Este es un pañuelo que pertenecía al linaje de mi padre - le espetó Alatus presionando al príncipe Alberich dolorosamente en la pared.

-No dudo que debe tener un valor incalculable, pero no le doy uso y creo que en sus manos estará mejor cuidado, porque ya ha sido parte de su familia antes de mi ¿O me equivoco? - replicó Kaeya tratando de ser lo más respetuoso que podía ser.

-No solo se trata de su costo, de donde yo vengo es una deshonra recibir de vuelta un regalo - agregó Alatus presionando con igual fuerza, eso le dio a entender al principe de Khaenri'ah que a él no le interesaba que conservase el pañuelo que le dio cuando eran niños, solo le importaba su propio honor.

-Oh, se trata de un choque cultural, lamento haberlo ofendido pero… - comentó Kaeya dejando que su orgullo le ganara a su instinto de supervivencia - en Mondstadt las personas suelen deshacerse de las pertenencias que les fueron obsequiadas por personas con las cuales ya no existe ningún vínculo afectivo, o simpatía mínima.

-No me interesa - pronunció el príncipe de Liyue metiéndole bruscamente el pañuelo en el bolsillo.

-Bueno, yo solo lo hice porque creí que sería más irrespetuoso quemarlo o desecharlo que devolvérselo.

-Ni se te ocurra hacer eso - lo amenazó Alatus, el príncipe Alberich lo odiaba cuando oía sus amenazas.

-No lo haré, pero podría decirle al emperador Morax que tengo algo que pertenece a su familia y que ya no… - dijo Kaeya antes antes de que el príncipe de Liyue golpease la pared muy cerca de su cabeza, paralizandolo del miedo.

-Si te atreves a hacer eso, atente a las consecuencias.

-Recuerda que no puedes matarme, Barbatos me necesita con vida, y tu padre también - comentó Kaeya, la mirada de Alatus era tan amenazante que el principe de Khaenri'ah no dudaba que cualquier cosa que dijera causaría una reacción violenta de su parte.

-No te mataré, pero no me provoques.

-Bueno, a veces pienso que nací para provocar, Barbatos lo piensa, o hasta tu padre también - comentó sin medir las consecuencias, inmediatamente después el príncipe de Liyue dio otro puñetazo a la pared, haciendo que Kaeya se cubriera la cara con las dos manos, aterrado.

-Cierra la boca - gruñó Alatus, el príncipe Alberich retiró sus temblorosas manos de su rostro y asintió en silencio, decidiendo no decir más para no desencadenar una golpiza, las de Alatus eran peores que las de Zhongli cuando se enojaba.

Con el pañuelo en el bolsillo, Kaeya entró a su habitación y abrió un baúl para sacar el estuche de su violín, después de esa "conversación" se sentía muy impotente, el abusivo principe de Liyue no le permitía deshacerse de aquel pedazo de tela que le dio en la infancia para secarse las lágrimas, y no tenía más razones para querer que lo conservase que por un tonto sentimiento de "deshonor". Ni una sola razón, pues su relación nunca fue ni sería en buenos términos, Alatus todo el tiempo estaba vigilandolo cuando se acercaba a sus hermanas, cualquier movimiento que hiciese, como abrazar a Ganyu o acariciar la cabeza de Keqing, causaba que luego Alatus lo buscara por los solitarios pasillos para amenazarlo si se atrevía a hacerles daño, y para golpearlo si él no contestaba sumisamente que no iba a acercarse más a ellas.

En retrospectiva el príncipe Alberich entendía que estuviera paranoico luego de lo que hizo a los 8 años al amenazarlo con tirar a su hermanita si él no lo dejaba en paz, Kaeya tuvo una buena razón para hacerlo en su momento, pero el método causó que Alatus desconfiase totalmente de todo lo que hacía, no era algo de lo que se arrepintiera, pero asumía su responsabilidad en el hecho de que lo odiase. Cuando estuvo listo el príncipe salió rumbo a la entrada del palacio, allí esperaría a los niños y a la sacerdotisa Shenhe para ir a la biblioteca, por suerte no tuvo que pasar mucho tiempo cerca de los guardias cuando aparecieron todos juntos, incluyendo a Ganyu, Keqing, el doctor Baizhu y la princesa Qiqi.

Por un momento Kaeya temió que apareciese el joven de Snezhnaya con ellos, pero cuando preguntó por él, Chongyun le respondió que Childe y Alatus iba a quedarse en el palacio para entrenar y que por la tarde cada uno seguiría su camino; aquello era un gran alivio para el principe de Khaenri'ah, de esa forma no tendría que lidiar con dos tipos terroríficos a su propio modo. Como pensaban dividirse, un grupo más grande se ofreció a resguardar a las princesas y al doctor Baizhu, mientras que solo dos caballeros irían junto a Kaeya, Xingqiu, el príncipe Chongyun y Shenhe, estos dos soldados similares en apariencia eran Huffman y Swan, quienes como todos los pertenecientes al Ordo Favonius, no le causaban especial simpatía al príncipe Alberich.

Swan estaba atento tanto a la vigilancia de los huéspedes de Liyue como a las acciones de Kaeya, receloso de él por el simple hecho de ser un Alberich, cosa que no le había impedido tiempo atrás disfrutar del placer en manada en contra de la voluntad del príncipe; Huffman por otro lado solo le prestaba atención a Kaeya, fantaseando con besarlo y llevarlo a vivir con él de la forma más cercana a una relación marital, Huffman también había sido partícipe de algunos de los esporádicos frenesis donde el principe de Khaenri'ah era la presa a devorar, así que este no sabía quién de sus dos guardaespaldas del día era más hipócrita. Xingqiu y Chongyun charlaban con Swan al caminar, Shenhe se mantenía apartada evitando el contacto social, mientras que Kaeya iba por delante con Huffman a su lado, este no estrechaba la distancia por estar en presencia de dos adolescentes, pero si le hablaba al príncipe Alberich siendo lo más considerado y agradable que podía ser, recibiendo respuestas respetuosas, pero frías de su parte.

El joven Xingqiu sonrió emocionado cuando llegaron frente a la biblioteca de Mondstadt, Chongyun tomó su mano y entraron caminando rápido, su mejor amigo se llevó el dedo índice a los labios para recordarle que en lugares como esos no podían hablar, Shenhe suspiró aliviada cuando llegaron allí, las bibliotecas eran silenciosas y poco concurridas, perfectas para alguien como ella; Kaeya tenía que ir por delante para guiarlos a las oficinas privadas, Huffman se sentía ansioso por no poder encontrar un momento de soledad junto al principe de Khaenri'ah, mientras que Swan se quedaba serio velando por la seguridad del príncipe Chongyun y su familia, aunque de hecho no necesitasen tanta protección. Kaeya tocó suavemente la puerta de una oficina, tras un minuto le abrió la puerta una mujer de grandes pechos, ojos verdes y cabello castaño claro, era su gran amiga, Lisa Minci, la encargada de administrar la biblioteca más importante de la ciudad.

Ambos se saludaron estrechando sus cuerpos de forma algo íntima, y dándose mutuamente un beso en las mejillas, Lisa estuvo de vuelta en Mondstadt un año después de la muerte de Crepus Ragnvindr, llegó junto a un par de parientes lejanos más humildes que su familia nuclear, quienes perdieron gran parte de su fortuna en Mondstadt y decidieron volver a emerger desde cero en Sumeru, lugar donde lograron establecerse y aumentar sus recursos. Lisa sin embargo decidió regresar, siguiendo su propio camino y volviéndose una bibliotecaria para subsistir solo con lo necesario; ella no tenía la expectativa de reencontrarse con viejas amistades, de hecho, no estaba segura de porqué había elegido volver después de haber tenido que salir de emergencia junto a su familia, pero cuando lo hizo, su presencia de algún modo le devolvió a Kaeya las pocas ganas que tenía de vivir.

Ella los invitó a pasar con gusto, Xingqiu la reverenció para saludar y presentó al príncipe Chongyun y a su tía Shenhe con solemnidad, sin embargo Shenhe lo regañó los mencionarla y dijo que no pensaba ingresar, ya que prefería estar sentada en algún lado de la biblioteca, pues le gustaba su silencio. Xingqiu se disculpó y entró junto a Chongyun a la oficina, adentro había otras 5 personas: la astrologa Mona Megistus, una mujer delgada de cabello lacio y negro atado en dos coletas y vestida con una capa y sombrero morados, la Gran Maestra Intendente de los caballeros de Favonius, Jean Gunnhildr, y los alquimistas reales, Dainsleif, Sucrose y Albedo Kreideprinz.

Sucrose y Dain comentaban un libro leyéndolo de pie junto a una mesa en la cual el Jefe Alquimista estaba trabajando con algunos libros selectos que Lisa le había encargado ilustrar, el príncipe Alberich se acercó con seguridad hacia ellos, Dainsleif automáticamente posó sus ojos en él, Kaeya lo miró de reojo sonriendo coqueto, al alquimista le gustaba mucho verlo tan desinhibido, tenía algo especial que le llamaba muchisimo la atención. Entonces el príncipe posó su mano sobre la espalda de Albedo, este se paralizó, volteando poco a poco la cabeza para encontrar su mirada calmada y atrayente, no le era sorprendente que lo estuviese tocando como si no hubieran tenido una fuerte discusión el dia anterior, Kaeya solía hacer eso cuando pensaba pedirle un favor.

-Hey Jefe Alquimista Albedo ¿Cómo estás? - preguntó el príncipe de Khaenri'ah, Albedo volvió a girar la cabeza para mirar sus propios dibujos, seguir manteniendo contacto visual con Kaeya lo haría caer en sus encantos una vez más.

-¿Qué es lo que quieres? - cuestionó el Jefe Alquimista, el príncipe retiró su mano con rapidez para ir al punto.

-El mejor amigo del príncipe Chongyun de Liyue es un gran fan de la literatura, y de tus ilustraciones, me preguntó si podía conocerte en persona y no tuve el corazón para decirle que no - le explicó Kaeya, detrás de él estaban Chongyun y Xingqiu saludando cortésmente a Mona y a Jean.

-Déjame terminar con este libro y podré atenderlo - dijo Albedo comprendiendo la situación, entonces el príncipe Alberich se giró no sin antes volver a mirar provocativo a Dainsleif, ese dia escogió unos pantalones muy ceñidos, perfectos para captar la atención de cualquier hombre, incluyendolo a él.

-Es un placer tenerlos con nosotros hoy - pronunció Jean mientras Kaeya iba hacia Lisa para preguntarle algo en específico.

-Hola hermosa ¿Tienes algo para mí? - pronunció el príncipe poniéndose a un lado de Lisa, esta giró medio cuerpo para mirarlo de frente y rascarle suavemente la barbilla tan coqueta como él.

-Lo siento cariño, aún no está listo, es un trabajo un poco pesado - respondió su amiga, Kaeya sonrió mientras colocaba una mano en la cintura de Lisa, sin notar como Jean los miraba de reojo muy seria.

-No te preocupes corazón, tómate tu tiempo, sé que no debe ser sencillo para ti desapegarte de buenos libros que puedes dejar alquilados, y restaurar la fachada de libros viejos y poco legibles - comentó el príncipe Alberich, su amiga le pidió bajar la voz llevándose el dedo índice a los labios - ¿Te preocupa que nos escuche? Una amiga de la infancia no delataría a su amigo sabiendo las consecuencias que puede tener.

-De todos modos mi niño, no quiero arriesgarte en ningún sentido - le dijo Lisa, por un momento ambos se miraron a los ojos a una estrecha distancia, Jean se cruzó de brazos molesta, e intencionalmente tosió para recordarles que no estaban a solas.

-¿De qué hablan ustedes dos? - cuestionó Jean, Lisa y Kaeya se separaron con naturalidad para responderle.

-Le pregunté a nuestra querida bibliotecaria si un libro que quiero alquilar está disponible, por desgracia aún no ha sido devuelto - respondió el principe de Khaenri'ah, era muy bueno inventando mentiras, así que la Gran Maestra Intendente quiso volver a comprobar si estaba siendo sincero.

-¿Qué libro? - preguntó Jean esperando que Kaeya se pusiera nervioso al contestar su pregunta, sin embargo, el príncipe Alberich seguía completamente sereno.

-Flores para la princesa Fischl - respondió Kaeya con seguridad, la Gran Maestra Intendente no se veía convencida.

-¿Puedes mostrarme el registro de los libros alquilados Lisa? - le pidió Jean, Albedo, Sucrose y Mona se le quedaron mirando desconcertados, Dainsleif y los niños no estaban seguros de porque parecían estar juzgando a Jean.

-¿Estás bien? - preguntó Lisa un poco irónica, luego obedeció llevandole el libro de registro, con el que la Gran Maestra Intendente comprobó que esa novela había sido alquilada por una tal Fischl Von Luftschloss Narfidort - esa niña está todo el tiempo leyéndola, cuando la devuelva la transcribiré para tener una copia.

-Entiendo… - murmuró Jean, Kaeya ignoró esa situación incómoda para reunirse otra vez con los niños de Liyue, sin embargo la Gran Maestra Intendente seguía sintiéndose observada, sobre todo por Albedo quien jamás ocultaba su desdén por quienes podían poner en riesgo de algún modo la vida del príncipe - lamento mi comportamiento, pero…

-Ya entendimos, libros prohibidos - respondió Albedo con altivez, Sucrose movió las manos pidiendo que se calmara - los gobiernos más opresivos censuran la lectura, por eso no es de extrañar.

-Ya veo… - susurró Dainsleif recordando las prohibiciones que Kaeya le había mencionado el día anterior, fue bastante transparente en ese sentido.

-¿Pasa algo? - preguntó Chongyun un poco nervioso.

-No es nada príncipe Chongyun ¿Ya conoció a Mona Megistus? - dijo el príncipe Alberich para cambiar el tema, el niño asintió con la cabeza en respuesta.

-Estabamos conociéndonos ¿Estos jovencitos son los hijos de Morax el Rex Lapis? - pronunció Mona, Xingqiu negó aquello moviendo las manos, era la segunda vez que lo confundían con un príncipe.

-Solo mi querido amigo Chongyun es hijo del emperador, yo soy un simple hijo de comerciantes, mi abuelo también se dedica a la política - le aclaró Xingqiu, la astróloga de todos modos hizo una reverencia para ambos adolescentes.

-¿Es parte de las 7 estrellas de Liyue? Eso es similar a tener un título nobiliario - comentó Mona, viendo que el joven Xingqiu no se sentía tan cómodo siendo comparado con un noble Kaeya decidió llevar el rumbo de la conversación.

-Estos dos niños están aquí para conocer a nuestro querido Albedo, por desgracia está ocupado, allí lo tienen - dijo el príncipe de Khaenri'ah indicandoles la mesa donde el Jefe Alquimista estaba dibujando.

-No quisiera molestarlo, pero… Me emociona tanto tenerlo aquí en persona, a solo unos metros de mí - comentó Xingqiu sonriendo afable.

-¿Vas a pedirle que ilustre tus cuentos? - preguntó Chongyun, su amigo disimuladamente le dio un pellizco y tosió, el príncipe de Liyue pensó que al menos eso significaba que se sentía en confianza y que ya no iba a tratarlo de forma condescendiente.

-No vengo expresamente a pedirle algo así, aunque si se lo pidiera, se que tendría que pagar por ello.

-Yo puedo ayudarte con eso - se ofreció el príncipe Chongyun, su mejor amigo hizo un sonido de enternecimiento, tomando sus propias manos para acunar su cabeza expresando dulzura.

-Siempre eres tan adorable. Pero se te olvida que también puedo costearlo yo solo.

-¿Podría costearse también una sesión de clarividencia con la señorita Megistus? Es que la noto muy delgada últimamente - comentó Kaeya, Mona se cruzó de brazos ofendida.

-Qué grosero, la hidromancia no es un don que deba ser remunerado, el destino tiene un valor incalculable que ninguna moneda podría pagar - replicó la astróloga apartando la mirada con un brusco giro de cabeza para mostrar su rechazo.

-Oh bueno, yo solo decía que tal vez sería provechoso ver el destino de nuestros nuevos amiguitos, y recibir una donación voluntaria a cambio - pronunció el príncipe Alberich, Mona siguió cruzada de brazos, sin intenciones de mirarlo a la cara.

-No pienso cobrar por una sesión de hidromancia, ademas, el metodo que cree funciona por las noches, cuando las estrellas se reflejan en el agua - le explicó ella, sin darse cuenta de que disimuladamente el principe de Khaenri'ah le metió un par de monedas en un bolsillo de la capa.

-¿Podrías darles una demostración de hidromancia tradicional? Estoy seguro de que amarán tus habilidades - la persuadió Kaeya, entonces la astróloga sacó un péndulo de cristal de su otro bolsillo y fue a buscar la jarra de agua que Lisa tenía para ofrecerle a los presentes.

-Lo haré, pero no aseguro resultados tan específicos como los que obtendríamos con mi método - aclaró Mona, Chongyun y Xingqiu se miraron entusiasmados cuando ella regresó con el agua para demostrarles de lo que era capaz - ¿Quién quiere ser el primero?

-¡Yo! - exclamó el príncipe Chongyun - quiero decir, por favor, me gustaría ser el primero.

-Adelante, que el príncipe sea el primero - reafirmó Xingqiu esperando pacientemente mientras Mona se preparaba con Chongyun, colocando el péndulo sobre el agua mientras susurraba palabras que solo ella podía escuchar; entonces el péndulo formó ondas que la astróloga observó detenidamente.

-¿Destierro? - se cuestionó Mona, el joven príncipe dio un respingo, porque ese inicio no sonaba nada bien - ¿Esto será "destierro" o solo "vida errante"? Hay diferencia entre ambos.

-¿Seré desterrado…?

-No podemos darlo por hecho, esto también podría significar que tendrá una vida llena de aventuras, o que no estará establecido en ningún sitio…

-Ah… entiendo.

-Está destinado a tener una vida errante, enlazado a un familiar directo hasta el final de sus días - pronunció Mona, Dainsleif aguantó una risa nasal por su incredulidad, ella refunfuñó para luego ignorarlo por esceptico.

-¿Qué? ¿Enlazado de qué forma? - preguntó inmediatamente el príncipe Chongyun algo asustado.

-Lo que significa esto es que usted está destinado a compartir su vida con alguien de su misma sangre… - murmuró la astróloga igual de preocupada que Chongyun, este comenzó a caminar de un lado a otro con nerviosismo, aquella idea no le parecía nada agradable, incluso sintió náuseas.

-¿De qué manera…?

-Bueno… - titubeó Mona incómoda por tener que explicárselo, por ello el príncipe caminó incluso más consternado.

-Eso no puede ser, yo nunca haría algo así, mis hermanos son mis hermanos, yo no…

-"Alguien de su misma sangre" puede implicar padre, madre, hermanos, tíos, primos, sobrinos, y sin embargo su mente se fue inmediatamente a sus hermanos - comentó la astróloga, la piel de Chongyun se volvió roja de la nada cuando ella le mencionó ese detalle.

-No puede ser con uno de ellos… - susurraba el príncipe Chongyun casi a punto de llorar, Lisa le tocó los hombros para tranquilizarlo.

-Tranquilo pequeñín, no te asustes por las palabras de Mona, sus significados suelen ser ambiguos, si piensas en positivo, puede ser que simplemente tengas un viaje divertido con alguien de tu familia, no tiene porque ser todo oscuro y desagradable.

-Tiene razón… me exalté sin motivos - dijo Chongyun, entonces Xingqiu se acercó a la astróloga, fingiendo tos para llamar su atención.

-Creo que es mi turno - le recordó el niño, Mona repitió el proceso, y al terminar de contemplar las ondas miró extrañada a Xingqiu y a Chongyun, sin embargo no se quiso distraer y le contó solo lo que él quizá deseaba escuchar.

-Tu camino tiene dos salidas, una donde cumples tu sueño a costa de tus principios, otra donde solo lo persigues en pos de ser fiel a tu corazón.

-Suena… algo desalentador.

-Perseguir un sueño no implica necesariamente un fracaso, muchos autores han alcanzado la cumbre del éxito luego de llevar mucho tiempo fallecidos, tu nombre podría ser recordado incluso siglos después de tu muerte - lo alentó Mona, el adolescente sonrió resignado.

-¿También sabes que soy escritor?

-Lo veo en tus ojos.

-Mona querida, te pedí que leyeras el destino de estos niños para impresionarlos, no para que los deprimieras - dijo Kaeya, durante los minutos de la sesión de hidromancia estuvo todo el tiempo mirándose mutuamente con Dainsleif - de todos modos ¿Pueden entretener a estos niños por un rato más? Yo estaré en el sótano para practicar con mi violín, si fueran tan amables de guiarlos hasta allí cuando terminen con Albedo se los agradecería.

-¿No es algo molesto escuchar esos instrumentos en una biblioteca? - cuestionó Dainsleif.

-El sótano está aislado de sonidos, si se llegase a escuchar algo tendrías que estar demasiado cerca, los lectores podrán estar tranquilos - le explicó Kaeya - además, no me hace ilusión irme a otro sitio de la ciudad para practicar.

-Tu ve cariño, si el ruido llegase a los visitantes de la biblioteca, ya habría recibido quejas hace mucho - lo incentivó Lisa.

Tras recibir el permiso de su amiga, el principe de Khaenri'ah tomó su instrumento y se retiró del lugar, Albedo miraba de reojo a Dain, quien seguía al pendiente de Kaeya viéndolo alejarse, era obvio que sentía mucha curiosidad por su persona, pero a pesar de haberle comentado de forma superficial que no era conveniente para él, su amigo no le daba importancia a sus palabras; si fuese por Dainsleif, ignoraría cualquier advertencia de peligro solo para saber los secretos que esconde tal sitio o persona enigmática. Con disimulo Dain siguió al príncipe, y el Jefe Alquimista suspiró decepcionado, sin embargo, estaba completamente seguro de que su preocupación no era por Dainsleif, sino por el hecho de que el príncipe Alberich consiguiera conquistarlo de verdad y entregarse por completo a él; incluso después de dos años alejados, no pudo dejar atrás los sentimientos que tenía por Kaeya, a pesar de creer que eran unidireccionales.

Sucrose lo llamó con su tímida voz y le preguntó porque se notaba tan preocupado, Albedo tenía un par de razones para estarlo: su amigo estaba interesado en alguien seductor y manipulador que ya le había dado problemas, y él tenía en su taller una bolsa de arsénico blanco que nunca antes utilizó; era un poco contradictorio que siendo un alquimista no se atreviera a practicar la creación de sus propios venenos, a veces creía que era porque lo consideraba cobarde, pues teniendo su propia espada no necesitaba algo más para enfrentar los problemas, siempre de frente. Le respondió a su alumna que solo estaba algo pensativo, pero que no era nada fuera de lo común, ella se quedó callada, no le creía, pero no era su estilo discutir e insistir hasta que él le diera su verdadera razón para estar tan nervioso.

No obstante Sucrose no tuvo que insistir para que Albedo le comenzara a hablar de un caso hipotético en el que ella se viera en la obligación de hacer algo impulsivo y peligroso por un ser querido, preguntandole también qué haría ella para idear un buen plan en medio de esa situación desesperada; su alumna le dijo que se tomaría algunos días para pensarlo mejor, el problema para el Jefe Alquimista era que no se sentía con más tiempo, todos los días Kaeya era forzado a cumplir los deseos del rey y otros hombres abusivos, por eso cada noche era una carrera contra el tiempo para Albedo. Sin notar sus propios movimientos corporales, el Jefe Alquimista se rascó nerviosamente la cabeza y resopló, no tenía un plan para usar el arsénico, tampoco uno para salir huyendo, ni mucho menos una coartada; lo estaba haciendo todo a ciegas.

Preguntarle a los empleados del palacio o a los guardias y residentes del mismo le parecía un suicido estratégico, la única persona en la cual confiaba por completo era Sucrose, así que sin razonarlo previamente le preguntó si el rey seguía dejando sus botellas de vino con aqua vitae en la misma mesa contigua a su habitación, la de Kaeya y el baño personal de ambos; su alumna dudó un momento antes de responder, pero le confirmó que seguía teniendo la misma rutina desde hacía años. Albedo se quedó pensativo y le preguntó si seguía entregandoselas al atardecer justo antes de que se fuera a dormir, Sucrose le respondió que así era, entonces el Jefe Alquimista empezó a maquinar un plan impulsivo con mucha prisa, algo que le sirviera al menos para cumplir su objetivo inicial, pues su cabeza también estaba pensando una manera de planear su coartada y vía de escape.

El príncipe bajó las escaleras de la gran biblioteca para poder llegar al subterráneo, en las lejanías se encontró a Shenhe sentada en pose de meditación, y no quiso molestarla cuando pasó por su lado; las pisadas de alguien más interrumpieron su paz y la de la sacerdotisa de Liyue, él rodó los ojos sabiendo lo que se le avecinaba, y estuvo en lo correcto, pues Huffman agarró su brazo para detenerlo, susurrando cerca de su oído que no se fuera todavía. Kaeya detestaba a todos los que lo habían abusado alguna vez, pero sentía especial rechazo por aquellos que incluso después de hacerlo, seguían pretendiendo tener una conexión más profunda con él; por esa razón se giró y se cruzó de brazos, sin disimular su hastío por el caballero de Favonius.

Huffman tocó su mejilla, le miraba con un brillo en sus ojos que casi parecía de genuino amor, mientras que con tono de súplica le pidió que no actuase de esa forma tan fría, porque su lindo rostro se lucía mucho mejor cuando sonreía; el principe de Khaenri'ah le recordó que en unos días iba a tocar en la orquesta eclesiástica para el emperador Morax, y que era su deber ensayar sin distracciones como él. Mas Huffman como muchos otros no lo dejaría ir tan fácilmente, y en cambio le propuso ir con él al sótano para escuchar el sonido de su violín mientras admiraba su belleza en silencio; Kaeya río irritado, siempre que un soldado ingresaba con él en un cuarto privado, ocurrían "distracciones" que odiaba experimentar.

Adecuadamente el príncipe lo rechazó y quiso dar la vuelta, pero el caballero hizo más firme el agarre de su brazo y forzó a Kaeya a mirarlo a los ojos, Shenhe ya no podía concentrarse en su meditación, por lo que se fijó más atenta en esa escena; el príncipe Alberich le pidió de nuevo a Huffman que lo dejase ensayar, pero este le agarró ambos brazos, diciendo que solo lo haría si le daba su permiso para besarle los labios. Usualmente Huffman era más fácil de controlar que los demás soldados, y por esa razón Kaeya le dijo que aceptaba, siempre y cuando no lo siguiera al momento de irse a practicar con su violín; sin esperar el caballero de Favonius llevó el cuerpo del príncipe hacia adelante y lo besó de forma desesperada, aferrándose a él como un parásito que no lo dejaba ni respirar.

Kaeya trató de girar la cabeza para detener la incesante invasión a su boca, pero el solo hecho de haberlo dejado tener ese tipo de contacto con él, desató en Huffman una sed de pasión que estuvo reprimiendo por mucho tiempo; mientras le pedía que por favor se detuviera, el soldado empujó al principe de Khaenri'ah hacia una pared y se arrimó a él, rozando su pelvis como un perro en celo. Shenhe se levantó inmediatamente, dispuesta a sacar una daga de emergencias que llevaba con ella cada vez que no podía traer su lanza; no obstante no tuvo la necesidad de interferir cuando un hombre muy alto pasó velozmente delante de ella, agarrando el brazo de Huffman y retorciéndolo en su espalda dolorosamente.

Dainsleif apartó a la fuerza al caballero, quien se quejaba mientras pedía perdón por su imprudencia; una sola mirada suya bastó para que Huffman, al ser soltado, saliera corriendo del lugar, dejando a Kaeya en paz, sorprendido por la intervención oportuna del alquimista. El príncipe Alberich sonrió con gratitud y se arregló el cabello, luego hizo una reverencia respetuosa y dió la vuelta para seguir su camino, Dainsleif lo siguió caminando lento, a diferencia de Huffman su presencia no le resultaba peligrosa a Kaeya, así que no se tomó la molestia de pedirle que lo dejara solo.

Al entrar en la habitación más apartada del sótano, por la cual entraba un poco de luz por una rendija de la calle, Dain cerró la puerta y se quedó de pie, contemplando la figura del príncipe de Khaenri'ah justo debajo de los rayos de luz; era una de las criaturas más bellas que había visto en décadas, su linaje era dueño de cualidades como esa, gracia, belleza, astucia, orgullo, elocuencia, pero también, una peligrosa tendencia a la falta de misericordia, al caos. Escucharlo hacer su música volvió el momento todavía más mágico, como una ensoñación que transportaba a Dainsleif a otro tiempo, en el que él aún conservaba lo que más apreciaba sin saberlo; sin lugar a dudas, su sangre era la más interesante de todo Teyvat.

El corazón de Kaeya palpitaba más rápido cuando se dejaba llevar por la musica que podía hacer, por los retratos que de vez en cuando hacía, por su arte, era como vivir una vida completamente diferente a la que poseía, a veces su imaginación lo transportaba sobre el escenario de la ópera tocando para todo Mondstadt, para los habitantes de Sumeru, para los de Snezhnaya y hasta para su propio padre biológico, enseñándole a todos que ese era su sueño. Sonrió mientras tocaba su violín al soñar despierto que hacía una interpretación dramática y esplendorosa antes de pararse en medio de la tarima, con el resto de la orquesta conformada por sus compañeros mirándolo por delante, y un decorado en movimiento con el que se recreaban todos los paisajes más bellos del mundo desconocido para él.

Su gran sonrisa alegre por oír su propia música era contrastada por las lágrimas que derramaba su ojo intacto, vivir el sueño no era suficiente para olvidar que estaba despierto y atrapado en una existencia que no admitía verlo libre, siendo la estrella que siempre quiso ser. Dainsleif fue testigo de esa dualidad descorazonadora, un hermoso príncipe disfrutando su pasión y a la vez sufriendo por lo efímeros que eran esos momentos, las personas capaces de sentir dos emociones tan diferentes al mismo tiempo le parecían tan curiosas como complicadas al alquimista; entonces Kaeya terminó la melodía y bajó el violín, abriendo los párpados, su mejilla estaba empapada y aunque su sonrisa seguía allí, se le notaba realmente triste, por lo que Dainsleif se acercó con tranquilidad y tocó sus mejillas, repasandolas con los pulgares para secarle las lágrimas.

El príncipe mantuvo la mirada gacha mientras Dain le acariciaba los pómulos, pensando en su razón para tener las emociones a flor de piel frente a un desconocido, ya no sabía si lo estaba haciendo para manipularlo, o porque de verdad era tan ameno estar cerca de él, que podía enseñarle su verdadero yo sin vergüenza de ser la persona vulnerable que era. Poco a poco Kaeya levantó la mirada, Dainsleif bajó sus dedos a su cuello y quijada, rozandolos suavemente, era un tacto íntimo, pero confortable, que hizo cuestionarse al príncipe si ese alquimista deseaba algo más de él o si simplemente podía estar en sus manos sin tener que preocuparse por darle placer.

La habitación estaba cerrada, lejos del público y aislada de ruidos, era el lugar perfecto para que Dain lo acorralase para morder su cuello y someter su cuerpo sin que nadie pudiera interferir, todo estaba dispuesto para que usase su fuerza superior y tenerlo a su merced, pero, no lo hacía, ni tampoco pretendía hacerlo. El alquimista regresó sus manos a las mejillas del hermoso principe y juntó sus narices, haciendolo sentir como si estuviese ahi para cuidarlo, no para pedirle sexo a cambio de un rescate; le recordaba mucho a lo que tuvo que Albedo dos años atras, le temía a que acabase tan mal como su historia con él, pero, deseaba que en esa ocasión todo fuese diferente, que las cosas si salieran bien con Dainsleif.

Kaeya colocó sus manos sobre el pecho de Dain, mirándolo a los ojos melancólico y temeroso, como si le estuviese preguntando si podía quedarse así con él o si debía arrodillarse delante de sus piernas para contentarlo, el alquimista desvió la vista sintiendo mucha lástima por él, era un sentimiento con el que no le gustaba lidiar, pero por darle una buena impresión, quiso tranquilizar su espíritu abrazándolo protectoramente, estrechando el espacio hasta que fuesen inseparables. El príncipe Alberich lloró en silencio, aquello no se sentía como el tacto de un amante, era algo más satisfactorio, un calor sin morbo, nada sofocante, algo envolvente; se sintió tan relajado que dejó ir un suspiro, como una última exhalación antes de entregarse a los sueños, con una confianza perfecta para que Dain lo tomara en sus brazos y lo llevase a un mundo donde no necesitaría volver a despertar.

De pronto escucharon el pomo de la puerta siendo girado por alguien, y tuvieron que separarse de improviso, tosiendo avergonzados cuando los dos niños de Liyue llegaron hasta allí guiados por Lisa, Xingqiu se veía mucho más confiado y risueño que en el palacio de Barbatos, el haber compartido con Albedo y los intelectuales que frecuentaban la biblioteca fue muy provechoso para él. Kaeya sonrió cuando notó que tanto Chongyun como su mejor amigo la habían pasado bien, por lo que se propuso mejorar su experiencia volviendo a poner en posición a su violín y tocar una linda melodía para ambos; los dos adolescentes se sentaron en el piso frío de piedra para escucharlo, con las dos manos debajo de sus quijadas mostrando su interés; Lisa y Dain se enternecieron, la primera por los dos jovencitos tan ilusionados gracias al príncipe Alberich, el segundo, por el mismo príncipe y ese nuevo matiz que acababa de descubrir en él.

Luego de pasar toda la mañana en Mondstadt, Kaeya regresó junto a Shenhe, Chongyun y Xingqiu al palacio para almorzar, eran los únicos sentados a la mesa a esas horas, de todos modos disfrutaban la presencia de cada uno sin la molesta voz de Venti sembrando su veneno y disfrazandolo de buenas intenciones. La mayor ventaja que tenía la visita de los príncipes de Liyue era la sensación de seguridad que le daban a Kaeya, a excepción de Alatus; estar junto a ellos era reconfortante para el príncipe Alberich, compartir una comida con alguien más sin que le resultase estresante era algo que no le ocurría todos los días, ya que usualmente sus momentos de convivencia amenos se limitaban a beber con conocidos y desconocidos en la taberna Cola de gato.

Tras el almuerzo salieron en grupo del comedor, Ganyu, Keqing y Qiqi iban de la mano por el pasillo, más atrás se quedó el doctor Baizhu, charlando con las mucamas, poniendo especial atención en Noelle, con quien al parecer ya había entablado un diálogo con anterioridad, pues ella empezaba a tratarlo como a un amigo, ella era dueña de cierta ingenuidad a la hora de relacionarse con otros, la muchacha no salía demasiado del palacio y no se daba cuenta a diferencia de Kaeya que los demás empleados jamás fueron de fiar como amistades. Al príncipe le pareció curioso que Baizhu socializase con ella, aunque también le parecía alentador que siendo una persona ajena a ese ambiente, su cercanía a Noelle la ayudase a entender de una vez por todas que las cosas que ella vivió en ese lugar no estaban bien.

Chongyun le propuso a Xingqiu ir a entrenar con sus nuevas armas, sin embargo recordó luego que el príncipe Alberich no podría ir a verlos, y aquello lo entristeció porque le estaba agradando mucho Kaeya y le parecía injusto que no pudiera tener contacto con armamento; para tranquilizarlo el principe de Khaenri'ah le aseguró que despues de la cena iba a volver a ensayar con su violín y que lo haría tanto para él como para sus hermanos. El joven príncipe de Liyue le mostró una linda sonrisa y agachó la cabeza con gratitud, entonces por el mismo pasillo apareció su padre caminando del brazo con Barbatos, y desde el otro extremo Childe y Alatus también se hicieron presentes, uno parloteando, el otro cruzado de brazos incómodo por no querer escucharlo.

El príncipe Chongyun aprovechó el momento para invitarlos a los cuatro a entrenar, y Xingqiu se mostró entusiasmado con la idea de lucir sus habilidades con la espada y las artes marciales frente a los adultos; Tartaglia no dudó en aceptar e ir directamente junto a los dos niños a la zona de entrenamiento, sin embargo Alatus comentó que deseaba hablar sobre un asunto con Venti. El rey de Mondstadt aceptó gustoso tener una pequeña reunión con él antes de irse con los demás a entrenar, Morax por su parte se retiró con su hijo menor mientras Barbatos y Alatus les daban la espalda para ir a charlar; cuando otros no le prestaban atención Kaeya se quedaba callado, observando las acciones de los demás para saber detalles que podían comunicar con sus cuerpos y tomar nota de lo que le era útil.

Por ejemplo, notó que Alatus iba un paso más atrás de Venti, permitiéndole marcar el rumbo que seguirían como el perro fiel que era, que Zhongli los estaba mirando mientras se iban, para cerciorarse de que Barbatos no se iba a darse la vuelta; una vez los perdió de vista siguió al resto caminando lado a lado con Shenhe, a quien tomó de la cintura con un íntimo y suave tacto. Eso le pareció muy interesante al príncipe Alberich, pero ellos iban hacia la zona de entrenamientos que estaba totalmente prohibida para él, así que decidió tomar otro pasillo a modo de atajo para seguir al monarca de Mondstadt y al príncipe de Liyue.

Tantos años viviendo en el mismo lugar le daban un perfecto mapa mental de cada sector del palacio, por eso no fue difícil encontrar a Venti y a Alatus frente a unos ventanales abiertos que dejaban ondear las cortinas blancas; se arrinconó lo mejor que pudo para mirarlos sin ser descubierto, desde ese sitio vio al príncipe de Liyue inclinarse con una rodilla en el piso, agachando la cabeza en señal de máximo respeto, como si le debiera fidelidad a Barbatos. Este sonreía agraciado, Alatus era dueño cualidades que adoraba más de lo que se podía permitir, y el hecho de que fuese tan devoto a su figura solo lo volvía más perfecto, quizá, mucho más que su propio padre.

-Rey Barbatos, yo… - pronunció el príncipe de Liyue reprimiendo el deseo de decirle hasta el más profundo de sus sentimientos, Kaeya se sorprendió mucho cuando Venti tambien se arrodilló frente al joven, nunca hacía eso con nadie porque lo consideraba rebajarse al nivel de los demás, pero al parecer, solo era otra estrategia para hacer sentir especial a Alatus.

-Por favor Alatus, sabes que puedes llamarme por mi nombre - le dijo Barbatos tocando sus mejillas, el príncipe lo contempló con los ojos brillantes, llenos de devoción y deseo.

-Barbatos… no he terminado de agradecerte por lo que hiciste por mí en la batalla de la llanura Bishui, mi vida, te la debo únicamente a ti… - dijo Alatus con más brillo de emoción en la mirada, el rey deslizó sus manos por el cabello del joven y le besó la frente, lo cual aumentó el calor en todo el cuerpo del príncipe de Liyue.

-Eres lo único que valía la pena rescatar de esa batalla, el heredero de tu imperio, uno de los mejores guerreros, el más valeroso… - le susurraba Venti, Alatus respiraba agitado, como si el hecho de ser tocado por él lo hiciera sentir bendecido - pero ese mismo valor te puso en riesgo…

-Mis hermanos de armas consumieron esa cosa para darlo todo en la batalla, por mi honor, yo debía hacer lo mismo - se excusó el hijo de Morax, Barbatos lo soltó y se puso de pie, abandonando de repente su actitud cariñosa a modo de "castigo".

-"Amanita muscaria", es una peligrosa vía para obtener mejores resultados en combate, tu no eras el indicado para exponerte a algo como eso - lo increpó Venti sin alzar la voz - eres el príncipe de Liyue, y mi príncipe también.

-He aprendido la lección, no volveré a arriesgar mi vida de esa forma, lo juro por lo más sagrado - respondió Alatus en la misma posición de respeto - y en mi arrogancia… te hice arriesgar tu propia vida, eso es algo que nunca me perdonaré.

-Nunca peleo en una batalla que no puedo ganar, pero siendo tú, tenía que hacer algo… lo que fuera - dijo Barbatos, había sonado tan convincente que incluso Kaeya dudó que estuviera mintiendo para manipularlo - lamento mucho, que haya tenido que asesinar a tu amigo para protegerte de esa mala decisión.

-No, por favor, no te culpes por eso, era la única forma… Bosacius… y todos, incluso yo, perdimos el control de nuestras acciones, él me habría matado si tu… - pronunció el príncipe de Liyue, solo para que Venti comenzara a sollozar, aquella actuación si fue fácil de detectar para Kaeya.

-Lo siento tanto… comprendo lo difícil que debe ser ver a tus amigos perder la cordura… si hubiese podido salvarlos a todos para que tu conciencia estuviera limpia, yo no lo habría dudado, Alatus - decía el monarca, el príncipe de Liyue sintió mucha culpa por todo lo ocurrido, pero sobre todo por "hacer llorar" a su rey.

-Quien lo lamenta soy yo… nunca debí usar esa cosa, ni debí dejarlos usarla, si los hubiera detenido no habríamos llegado a eso… - dijo Alatus tocándose el rostro con impotencia, recordando a sus únicos amigos, pereciendo uno por uno en la misma lucha - Bonanius y Menogias no habrían luchado entre ellos hasta la muerte, Indarias habría sido consciente del fuego a su alrededor, y Bosacius…

-Es lo malo de esa sustancia, no distingues entre amigos y enemigos… me alegro de que tu hayas sobrevivido, que no cayeras como ellos lo hicieron… Eso me habría matado a mi también - comentó Barbatos, el príncipe de Liyue se levantó de inmediato y lo miró a los ojos firme, y al mismo tiempo, preocupado.

-Eso es lo que menos deseo, tu vida vale más que la mia, asi que… por favor no se desvele por mi seguridad, nunca más volveré a cometer un error como ese - le juró Alatus, entonces Venti hizo una expresión de paz, posando las manos sobre las clavículas del joven, la cercanía de ambos se le hacía demasiado sospechosa a Kaeya.

-¿Me prometes que no te acercarás más a la primera línea de batalla? - le preguntó el monarca, Alatus titubeó, porque lo que más amaba de luchar era estar a la cabeza, peleando codo a codo con los soldados de mayor rendimiento.

-Si eres tu el que lo pide, lo juro - afirmó el príncipe de Liyue, Barbatos fingió suspirar aliviado, seguía tocándole las clavículas como un modo de mantenerlo engatusado, pues era mucho más sencillo controlar sus acciones si seguía siendo el centro de su mundo - Barbatos…

-¿Si Alatus? - respondió el rey, parecía tan dulce y encantador que Alatus tomó aire para no sucumbir por el nerviosismo.

-Estoy dispuesto a dar mi vida por ti - pronunció sin un ápice de duda, la sonrisa de Venti le derritió el corazón, no tenía idea de que en el fondo lo hacía porque le alegraba que tuviera su total y absoluta devoción.

-Lo sé… me apena admitir que… eso me hace tan feliz - dijo Barbatos, el príncipe de Liyue respiró agitado y cerró los ojos, tenía zonas del cuerpo enrojecidas, sin embargo su rostro era lo que lo hacía evidente - ¿Estás avergonzado?

-Más o menos…

-Qué adorable… - susurró el monarca, Alatus exhaló, acercando sus temblorosas manos hacia Venti, deteniéndose de pronto por considerar una osadía tratar de tocarlo sin pedir permiso.

-¿Puedo…? - preguntó el príncipe de Liyue, Barbatos asintió sin pensar, como si estuviera ansioso por tocarlo también.

Alatus y Venti se miraron a los ojos mientras abrían los brazos de a poco para abrazarse mutuamente, el príncipe de Liyue dejó salir un gran suspiro cuando ambos se unieron, el solo hecho de tenerlo tan cerca lo hizo sentir como si los ángeles lo estuvieran elevando; Barbatos por su parte tanteó la espalda del joven deslizando las manos en una caricia suave y a la vez lujuriosa, lo deseaba tanto como deseaba a su padre. Pero solo a uno de ellos podía tocarlo con total libertad, lo cual era injusto para él, si las cosas le fueran más convenientes, podría tenerlos a los dos, incluso al mismo tiempo, para que estos le entregasen el placer al cual era tan adicto.

Kaeya los espiaba con una sonrisa ladina, si aquello se traducía en un apasionado beso de amantes, tendría algo que usar en contra de esos dos, algo que le permitiera protegerse en cierta medida, ya fuera de los abusos de Venti o de las golpizas de Alatus; el abrazo se prolongó por dos largos minutos, el príncipe de Liyue acarició la mejilla del rey de Mondstadt, embelesado con su divina presencia, y acercando los labios lentamente a los suyos. No obstante y aunque Barbatos también se estaba dejando llevar por esa descomunal atracción, se vio obligado a apartar el rostro antes de que Alatus pudiera alcanzar su boca, estaba verdaderamente avergonzado por su falta de autocontrol, por poco había cruzado la línea con el hijo de Morax, pero le fue inevitable no caer en los encantos de esos ojos ámbar tan penetrantes e intensos.

El príncipe de Liyue lo soltó avergonzado de sí mismo, y lo dejó retirarse en silencio rumbo a la zona de entrenamiento, los dos debían estar allí, y por su culpa el rey no estaría cómodo a su lado teniendo a su padre a solo unos metros de ellos, Alatus ya lo estaba considerando un desastre para su relación con ambos. El príncipe Alberich se decepcionó de que no ocurriera nada en especial, solo había luces de que al heredero al trono de Liyue le gustaba Venti y que este solo lo quería para su uso personal, nada más allá que un perro fiel, ni siquiera como un amante prohibido.

Cuando ellos se alejaron Kaeya dio la vuelta para irse a la biblioteca y pasar el rato, no obstante en cuanto pasó junto a un cuarto del pasillo, sintió que alguien lo jalaba desde adentro con tanta fuerza y velocidad que no pudo ni pedir ayuda al momento en que esa persona le tapó la boca con una mano, cubierta por un guante corto. Un grito se quedó estancado en la garganta del príncipe cuando miró de reojo al joven de Snezhnaya a sus espaldas, reteniendolo con el brazo y cubriendo su boca con la mano, mientras la otra retiraba un cuchillo de la funda, el cual dispuso en la garganta de Kaeya presionando el filo contra su piel.

-No grites - le ordenó, el principe de Khaenri'ah temblaba, aquel momento de su pasado en Espinadragon llegó a su memoria y lo hizo sentir el mismo miedo mortal, el mismo hedor a entrañas y sangre, el mismo dolor que sintió en su cabeza y sus clavículas - si gritas, será peor para ti - reiteró Tartaglia, Kaeya lloró y asintió, desvaneciendose en sus brazos como si se estuviera entregando a la muerte, entonces, Childe le soltó la boca y le abrazó el estómago para retenerlo, sin quitar la daga de su cuello.

-Hazlo rápido… - murmuró el príncipe Alberich con resignación, Tartaglia se rió en voz baja presionando el filo con más fuerza para escuchar sus sollozos.

-¿Hacer que? ¿Esperas que haga algo en especial? - le preguntó, Kaeya se quedó en silencio, imaginaba que sería destripado como los centinelas de Espinadragon, pero ese tipo no hizo más movimientos, aguardando una respuesta suya - vamos, puedes decirmelo sin miedo.

-¿Vas a matarme? - cuestionó el príncipe de Khaenri'ah, Childe se rió y alejó la daga unos milímetros, deslizándola con lentitud para crear un minúsculo corte en el cuello de Kaeya, similar al rasguño de un gato.

-¿Qué harías si te dijera que sí? - se burló el joven de Snezhnaya, el príncipe Alberich derramó otro par de lágrimas y respiró profundamente, para luego mejorar su postura alzando un poco los glúteos, viéndose en la obligación de actuar así por su propia vida.

-Lo que sea para hacerte cambiar de opinión… - susurró provocativo, a Tartaglia le sorprendió escucharlo hablar de esa manera, resultandole algo interesante y extraño a la vez.

-¿A qué te refieres con eso, principito? - le preguntó al oído, Kaeya apegó las nalgas a la pelvis de Childe y echó la cabeza hacia atrás, para ser él quien le susurrase algo cerca de la oreja en esa ocasión.

-Podría dejarte hacer lo que quieras conmigo… - propuso el príncipe, Tartaglia hizo un sonido de interés y comenzó a bajar el cuchillo por el esternón de Kaeya, llegando a la boca del estómago y deteniéndose ahí, apuntando con el extremo del arma hacia el suave abdomen del príncipe Alberich, quien cerró los ojos aterrado.

-¿Estás diciendo que puedo follarte? - cuestionó el joven de Snezhnaya, Kaeya asintió callado, si tenía que elegir entre morir y ser violado otra vez, iba a escoger lo que por experiencia ya podía sobrellevar - ¿En serio?

-Si es lo que deseas… yo puedo dartelo… - reafirmó el príncipe de Khaenri'ah, Childe sonrió aparentemente complacido, devolviendo el filo entre los pectorales de Kaeya.

-¿De verdad? ¿Me dejarías tocar tus pechos? - preguntó Tartaglia, el príncipe asintió en respuesta - ¿Me dejarías metértela en la boca?

-Todo lo que quieras…

-¿Y qué me dices de follar tus tetas?

-Lo que se te ocurra…

-¿Puedes usar tus pies?

-Sé como hacerlo…

-Increible, eso suena genial - comentó Childe, lo cual no tranquilizaba del todo a Kaeya, pues aún no estaba libre de su cuchillo - es una lastima que no esté interesado en meterla donde otros cientos ya lo hicieron - agregó, el principe de Khaenri'ah cerró los ojos entregado a la muerte, pero en vez de ser apuñalado o degollado, Tartaglia le dio un fuerte empujón que casi lo hace tropezar - lo siento pero no me gustan las personas tan fáciles.

-Si me matas, Barbatos se asegurará de torturarte hasta que tu mismo implores la muerte - dijo Kaeya utilizando otra estrategia para salvarse, Childe se acercó para mirarlo a los ojos desafiante y divertido.

-Claro, si me atrapan, o si no los mato primero. Enfrentarse a un rey y a su ejército es un desafío muy estimulante.

-¿Eres amigo de Morax verdad? - le preguntó el príncipe Alberich, entonces Tartaglia dejó de sonreír.

-Sí ¿Por qué preguntas?

-Nunca te perdonará por asesinarme, estarías acabando con una de las piezas de su plan - pronunció Kaeya, Childe miró hacia el lado con preocupación, con un conflicto interno que el príncipe desconocía, pero que estaba dándole provechosos resultados - oh, no solo eso, si me matas, las consecuencias afectarían también la seguridad de sus amados hijos, y te odiaría como a su peor enemigo.

-¿Y por qué asumes que pienso matarte?

-¿Será por ese cuchillo de allí? - replicó el príncipe de Khaenri'ah sarcástico, sin embargo Tartaglia volvió a levantar su arma y comenzó a acercarla al cuello de Kaeya, quien retrocedió lentamente, asustado.

-No voy a rebanarte la garganta, lo único que quiero es que respondas unas preguntas, unas que me he estado haciendo por 9 putos años - se explicó Childe poniéndole la punta de la daga en el centro del cuello.

-Adelante… - dijo el príncipe Alberich con temor, sabiendo que tendría que enfrentarse a algo que hasta lo torturaba a él mismo algunas noches.

-¿Por qué gritaste? - le preguntó Tartaglia, Kaeya cerró los ojos sintiéndose culpable por haber hecho eso en Espinadragon - ¿Por qué te resististe? ¿Por qué me atacaste? ¡¿En qué estabas pensando?! - rugió Childe colérico, el príncipe de Khaenri'ah tembló y lloró arrepentido, le aterraba saber que ese ex soldado tenía una razón completamente válida para querer matarlo - ¡No llores! ¡Responde o te sacare respuestas a puñaladas!

-Puedo explicarlo… - susurró Kaeya, para luego ser agarrado del cuello por la mano de Tartaglia, de inmediato se le vino a la mente el recuerdo de Diluc estrangulandolo, se sentía tan cerca de su muerte que no le vio sentido a seguir llorando.

-Aspiraba a ser un general algún día, me decían que tenía un gran futuro por mi desempeño y eso enorgullecía a mi familia… ¿Tengo 6 hermanos sabes? No he llegado a conocer lo suficiente a tres de ellos, porque arruinaste mi vida - pronunciaba Childe con mucho dolor, el principe Alberich se veía consternado y arrepentido, pues nunca llegó a dimensionar que lo ocurrido en Espinadragon hubiese afectado tanto a ese tipo que intentó sacarlo de allí - por eso, espero que tu explicación sea muy buena…

-Yo… - balbuceó Kaeya, Tartaglia lo esperaba, sujetandole el cuello para mantenerlo quieto, mas no para quitarle el oxígeno; en ese tipo de situaciones, la sinceridad era lo único que funcionaba, por lo que el príncipe formuló una explicación coherente - tenía tres años cuando me secuestraron, crecí en la familia de un hombre que me dio su apellido… antes de esa batalla, yo no era Kaeya Alberich, era Kaeya Ragnvindr, por eso cuando intentaste llevarme, yo creí que…

-¿Quieres decir que pensaste que yo era tu secuestrador?

-Sí… yo no sabía que era un Alberich, pensé que el hombre que me crió era mi verdadero padre, por eso lo llamaba… - se explicó, esa era la verdad, así que no tendría sentido que Tartaglia no le creyera.

-¿Estás diciendo que fue mi culpa? - cuestionó Childe, Kaeya negó con la cabeza asustado, creyendo que por explicarse de esa forma solo conseguiría alterarlo más - si estás diciendo que pensaste que te estaba secuestrando, entonces me estás culpando de lo que pasó.

-No… yo, no te culpo…

-¿Entonces aceptas que fue tu culpa? - pronunció Tartaglia observandolo fijamente con sus aterradores ojos sin brillo, el príncipe de Khaenri'ah se agitó, ninguna de esas dos opciones aseguraba su supervivencia.

-Ambos no sabíamos nada de la vida del otro… por eso, no creo que haya un culpable… - murmuró Kaeya, su voz se trabó en cuanto Childe clavó violentamente el cuchillo en la pared, cerca de su cabeza; el príncipe se encogió sollozando, ya no sabía qué decir para que le perdonase la vida.

-¿Todo este tiempo me equivoqué al creer que eras un imbécil que arruinó todo? ¿Era yo el culpable por no explicarte tu propia vida? - murmuraba el joven de Snezhnaya, Kaeya agachó la mirada, pensando que si de todos modos iba a morir ese día, al menos podría hacerlo liberando de remordimientos a esa persona.

-No eres el culpable… - susurró el príncipe Alberich para hacerlo sentir mejor, sin embargo Tartaglia comenzó a bajar el cuchillo rasgando el papel tapiz de la pared poco a poco, aterrorizando a Kaeya al creer que un solo movimiento le bastaría para arrebatarle la vida.

-No tienes idea de toda la mierda que tuve que pasar desde ese día de mi deserción…

-Lo siento…

-No vas a entenderlo, nuestras vidas son muy diferentes, no sabes lo que es hacer cualquier cosa por sobrevivir… - murmuró mirando hacia abajo, tenía lágrimas en los ojos, hablar de esos meses huyendo de su propia gente lo hacía rememorar el frío de Espinadragon y el hambre que tuvo que pasar entre ese tramo y el Mar de Nubes.

-Yo sé lo que se siente… - respondió el príncipe, ya no le temía a ser apuñalado por decir cualquier cosa, pues aceptaba aquello como un castigo; no obstante Childe lo miró de reojo con la mirada húmeda, reflejando el dolor y el odio que había guardado durante 9 años.

-No, no lo sabes - dijo tajantemente alejando su arma de Kaeya, después dio media vuelta para retirarse y dejarlo a solas en esa habitación, confundido e inquieto por lo impredecible, raro y peligroso que podía ser ese tipo.

Fue un poco extraño e inquietante para el príncipe Alberich caminar por el palacio en los dos días y noches previos a la sinfonía en la iglesia de Favonius, los hijos del emperador le pedían ver sus ensayos y por las noches tanto Morax como Barbatos lo retenían en sus respectivas habitaciones para entretenerse a costa de su cuerpo, eso no cambiaba, pero lo que volvió incómodo el moverse de un lado a otro era percibir la mirada opaca de Childe vigilandolo a lo lejos. Desde un punto de vista lógico, no era conveniente para Tartaglia asesinarlo solo para vengarse por no haber cooperado en su intento de rescate, porque ni a Snezhnaya ni a Liyue les parecería correcto que Kaeya perdiera la vida antes de finalizada la guerra.

Pero Childe no parecía alguien lógico y estratégico, se comportaba más bien como un salvaje sediento de sangre, o al menos esa era la impresión que le daba al principe de Khaenri'ah cada vez que pasaba por su lado y lo oía hablar de batallas, duelos y experiencias cercanas a la muerte, aquello no tenía que significar algo en especial, pero era cuanto menos aterrador que ese fuera su tema de conversación siempre que lo escuchaba. Por el simple hecho de que le temía a ese tipo, Kaeya decidió no alejarse mucho de los hijos de Zhongli, y caminar muy rápido para llegar a los cuartos de sus enemigos o al suyo.

Incluso le estaba costando trabajo conciliar el sueño, pues creía que en cualquier momento Tartaglia se metería allí para rebanarle la garganta cuando estuviera desprevenido; la noche anterior al concierto de la orquesta en la Iglesia de Favonius, Morax atrapó a Kaeya por la espalda y este dio un respingo pensando que se trataba del desertor de Snezhnaya, al emperador le pareció extraño que reaccionase con tanto miedo, así que se disculpó y lo abrazó suavemente para tratar de calmarlo. Al príncipe de Khaenri'ah no lo tranquilizaban ninguna de las acciones que podía tener Zhongli con él, pero en esa ocasión agradeció internamente que sólo fuese él y no alguien más peligroso.

A la mañana siguiente Barbatos le propuso a los hijos de Morax ir juntos hacia su carruaje; por motivos religiosos, Shenhe y el doctor Baizhu se rehusaron a asistir al evento, Baizhu creyó que tendría un dia libre de los cuidados de la princesa Qiqi, pero Zhongli le preguntó a su hija menor si deseaba ir con ellos o quedarse a jugar con sus juguetes, a lo que ella respondió que prefería jugar, por lo cual el doctor no tuvo más remedio que aceptar quedarse en el palacio con la pequeña, mientras que Tartaglia, para alivio del principe Alberich, también optó por quedarse. Entonces Kaeya se fue junto al resto de los hijos del emperador, mirando por la ventana para no sentir la presión que ejercía la dulce mirada de ilusión del príncipe Chongyun, que controlaba el entusiasmo de verlo en la orquesta; el rey de Mondstadt les estuvo hablando mucho de lo buenos que eran los músicos de la ciudad y recalcaba que el príncipe Alberich era uno de los más destacables, agregando por lo bajo que al menos en términos de apariencia sí que lo era.

Kaeya se mentalizó para no colapsar delante de los niños, pues sabía que el monarca les había llenado la cabeza de expectativas que él no iba a cumplir, porque, al llegar al frontis y cuando los jóvenes se adentraron junto a su padre en la iglesia, Venti le indicó al príncipe que entrase por la puerta trasera, y este resignado cargó su violín hasta allá sin ser visto por nadie más. Dentro del lugar se hallaba instalada una gran cortina detrás de la mesa del sacerdote Seamus Pegg, que creaba la ilusión de formar un escenario, la orquesta estaba a los costados, dejando el centro despejado para la linda y dulce Barbara, diaconisa del coro de la iglesia de Favonius e hija de Seamus.

El lugar de Kaeya era el mismo que se le otorgaba en la orquesta de la ópera, o en las que se celebraban al aire libre en elaborados escenarios andantes, siempre tras bambalinas, escondido detrás de las cortinas, haciendo su música para aportar a la sinfonía sin el beneficio de la popularidad; aquello habría sido inaceptable para Barbatos, combinar la belleza y juventud del príncipe de Khaenri'ah con sus talentos llamaría demasiado la atención del pueblo, y eso no sólo era poco provechoso para sus planes políticos donde el tiempo de vida que le daría a Kaeya dependía de su valor estratégico, sino que ocasionaría algo peor, sería opacado por un Alberich. Venti ya no iba a ser la única figura masculina admirable por su apariencia y su talento musical, Barbara ya era su contraparte femenina en ese aspecto y lo dejaba pasar, pero el hecho de que Kaeya lo desplazase era inconcebible.

Lo que el principe de Khaenri'ah si consideraba injusto de esa situación, era que Barbatos ilusionase a los príncipes de Liyue, solo para decepcionarlos cuando no lo encontraran entre los músicos; desde su posición detrás de la cortina ya se imaginaba la cara de desilucion de Ganyu, Chongyun y Xingqiu, y la desaprobación de Keqing, tendría que inventar una buena excusa para no "haber estado presente", pero tampoco estaba de humor para explicarse, en esos instantes solo quería cerrar los ojos, fantaseando con la gloria ante un público que lo amase, que supiera de su existencia. Y así comenzó a tocar su violín acompañando la voz angelical de la diaconisa, quien por un momento casi se distrae cuando una mujer alta de cabello azulado entró acompañada de un puñado de hombres de edades variadas, similares a ella en apariencia; el rey los miró por encima del hombro y se quedó tenso presenciando la orquesta, la gente en la iglesia murmuraba igual de desconcertada por la presencia de esa familia, pero estos firmemente tomaron asiento, con la cabeza en alto, porque nadie intimidaría con sus palabras venenosas al orgulloso clan de los Lawrence.

Kaeya no estaba enterado del ambiente turbio al otro lado de la cortina, él solo estaba allí para compartir su música sin que nadie lo supiera, rememorando el día en que solo una persona, quizá por un agudo sentido del oído, intuición o mera coincidencia, lo encontró detrás de la opera, siguiendo el sonido de un violín que no estaba entre los del escenario, sino en la parte trasera, tras bambalinas en una silla. La hermana Rosaria era una mujer pelirroja de cabello corto, que escondía con un velo negro y blanco, sus ropas de la iglesia cubrían sus curvas pero no las hacían para nada imperceptibles, de hecho, la primera vez que ella encontró a Kaeya, este captó de inmediato un inmenso potencial oculto detrás de una fachada de monja frívola y seria.

Ese día ocurrido 5 años atrás siempre venía a la mente del príncipe para sacarle una sonrisa cuando participaba de la orquesta, había sido algo tan inesperado, pudo poner cara de estúpido o haberse asustado en cuanto la vio aparecer de la nada en la parte de atras de la opera, mas en vez de hacer eso, simplemente le sonrió y continuó tocando su violin con una gracia y una actitud seductora, pero extrañamente, también melancólica. No era algo que la hermana Rosaria se encontrara todos los días, y aunque le resultase superficial de sí misma, admitía que parte de ese encanto enigmático se debía a la apariencia de Kaeya, bellísimo y exótico por su ojo azul violáceo y la piel morena, y misterioso por el parche en su ojo, posiblemente el único hombre de Mondstadt con unas características así.

Entonces el principe de Khaenri'ah abrió los parpados, ya no se hallaba 5 años en el pasado, sin embargo vio que, como en cada orquesta en la cual participaba a escondidas, siempre aparecía la misma mujer detrás del escenario, esperándolo de pie mientras escuchaba su música con los ojos cerrados, disfrutando la melodía mientras su imaginación la transportaba a un sitio diferente, al hogar que tanto anhelaba. Kaeya la miró, esperando a que terminara esa pieza musical para poder mandar su instrumento al diablo y levantarse a medio concierto, y así extender su mano para que Rosaria la tomase.

Como en cada sinfonía, ambos se alejaron en silencio, escabulléndose a cuartos vacíos, sótanos, áticos, y en ese caso, en el campanario de la iglesia donde Rosaria ya tenía preparado su nido del amor hecho de frazadas y almohadas; juntos ahuyentaron a las palomas, para luego besarse apresurados y listos para aprovechar esa oportunidad de tenerse mutuamente. El príncipe Alberich tembló de la emoción y el nerviosismo, nunca se perdonaría que alguien descubriera su relación con la hermana Rosaria, podía tolerar cualquier cosa menos que ella estuviese en la mira de Barbatos como una persona de interés a la cual dañar para dañarlo a él, y ese pensamiento siempre lo torturaba cuando iban a hacer el amor.

Ella lo rodeó con sus brazos, aunque sus bocas demostraban un fuerte deseo mutuo, Rosaria podía notar que algo estaba atormentando a Kaeya, él jamás le habló ni le hablaría de su verdadera identidad y su forma de vivir, lo único que le había contado era que nació huérfano de padre y de madre y que se dedicaba a la prostitución; cuando le habló de ello parecía sincero, pues en teoría si quedó huérfano cuando su madre murió protegiéndolo y cuando Crepus fue asesinado, y si ejercía un tipo de prostitución aunque no lo quisiera así. Por extraño que pareciese, le resultaba más indigno que la hermana Rosaria supiera que era un rehén abusado por sus captores, a que lo viera como un simple tipo sin familia que voluntariamente tenía sexo con otros por dinero.

Sin embargo la actitud del príncipe Alberich siempre le pareció muy sospechosa a Rosaria, pues la única instancia en la que ellos salían juntos en público, era cuando se "encontraban casualmente" en los bares de la ciudad; él nunca quiso que nadie supiera que su relación con ella iba más allá de una amistad de copas; no obstante, la mujer comprobó sin que Kaeya lo recordase, que era mucho más sincero cuando estaba borracho. Los dos eran muy buenos mintiendo, pero ella lo superaba en su capacidad de engañar, porque el principe de Khaenri'ah realmente creía que Rosaria no sabía nada de él, sin embargo ella era consciente de muchas cosas, quizá más de lo que él estaba dispuesto a decirle a alguien de confianza como lo fue Albedo antes de decepcionarlo.

La hermana Rosaria acarició la espalda del príncipe para aliviar el leve temblor de su cuerpo nervioso, después le preguntó porqué le estaba ocurriendo eso, a lo que él respondió que era por las ansias de compartir ese momento con ella; Rosaria actuó como si le creyera, y le dio un pequeño beso en los labios antes de meter suavemente las manos bajo la camisa de Kaeya, tocándole el abdomen con sus guantes blancos en una delicada caricia. Él cerró los ojos, su sonrisa tranquila hizo que la mirada inexpresiva de la hermana Rosaria brillase, a pesar de que no admitiría nunca abiertamente que le parecía muy lindo, en el fondo no podía esconder una ternura casi instintiva cuando lo veía feliz; en ese sentido él era mucho más abierto con sus emociones, cuando la risas de Rosaria se le escapaban de la boca, o sonreía tan discretamente como pudiese, el principe Alberich siempre la elogiaba y acariciaba su mejilla, expresando con palabras lo bien que le hacía a su corazón que ella se sintiera alegre y cómoda.

Con cuidado de no ser muy efusivo, Kaeya llevó las manos atras de Rosaria para desabotonarle el vestido negro de tela gruesa, su espalda era lisa, por eso al principe le encantaba darle caricias y masajes, y cuando tenían tiempo y privacidad asegurada, también le gustaba usar aceites corporales para masajear por completo el voluptuoso cuerpo de la hermana Rosaria antes de hacerla suya. Ella tampoco perdía el tiempo, ya había bajado los pantalones y calzoncillos de Kaeya para comenzar a envolver su pene con su mano, ya sin el guante puesto; así se quedó moviendo la piel del prepucio de arriba a abajo mientras el príncipe bajaba sus manos por la espalda desnuda de la monja, adentrando las manos por debajo de la tela para agarrar sus glúteos grandes y firmes, que a él particularmente le parecían los más perfectos de todo Mondstadt, eso no quería decir que despreciara los cuerpos de sus demás amantes femeninas, pero si hubiera tenido que elegir a una sola de entre todas ellas, esa sería la hermana Rosaria.

Ella volvió a besar la boca de Kaeya, encendida por sentir sus manos traviesas sobre su culo, metiéndose cuidadosamente para tocarle zonas más sensibles e íntimas; aunque el príncipe disfrutaba mucho besarla y tocarla, empezó a sentir ansiedad una vez más, así que retiró las manos para quitarse toda la ropa velozmente, Rosaria lo imitó quitándose el vestido y la ropa interior, su cuerpo era un monumento que Kaeya no necesitaba contemplar de forma pausada, pues ya lo conocía de memoria, y sabía perfectamente que lugares tocar para complacerla. El príncipe Alberich se acercó para agarrarle uno de sus grandes pechos, pellizcando delicadamente el pezón mientras bajaba con cuidado sus dedos al monte de Venus, para usar dos de ellos sobre el clítoris de la monja, susurrandole al oído que se recostara con las piernas abiertas; los ojos de Rosaria brillaron con un entusiasmo que no mostraba en el resto de la cara, pero ella sabía de sobra lo que era capaz de hacer Kaeya cuando le pedía eso, y estaba anticipandolo.

La hermana Rosaria se quedó únicamente con su velo, unas medias de red negras y un collar con un dije que servía para rezar, siempre le daba una pecaminosa imagen al príncipe cuando exhibía recostada su piel pálida, sus pechos grandes con pezones más oscuros, y el poco vello de su vulva abierta, que lo esperaba lista para recibir a su boca hambrienta de travesuras. La primera probada que le dio hizo inhalar y exhalar profundamente a la monja, aún necesitaba estar lista para rendirse de nuevo al pecado con aquel hermoso sátiro; Kaeya no le daría tregua, pues ya estaba moviendo la lengua desde arriba hasta abajo, pasando a llevar el clítoris y el inicio de los labios menores, Rosaria mantuvo la boca cerrada, pero sus pequeños quejidos y la expresión en su rostro lo decían todo, no quedaba mucho para que dejase ver su verdadera forma.

El príncipe comenzó a mover la lengua más rápido, tanto que la vulva de la monja se movía palpitante, ella estaba tan excitada que dejó la compostura y abrió la boca para gemir, gozando los chupones, lamidas y besos del príncipe en su vagina, era tan salvaje y entusiasta que Rosaria tampoco podía controlar sus movimientos corporales, siendo sus brazos y cabeza los más inquietos. Cuando Kaeya empezó a mover sus dedos sobre el clítoris de la hermana Rosaria y a meter la lengua hacia lo más profundo, ella echó los hombros hacia atrás y su espalda formó un arco, en su abdomen bajo sentía cosquillas y calor, los poros de su piel se levantaron al igual que sus pezones, ya no soportaba no tener control de sus propias acciones por culpa de su detallista amante, así que dijo su nombre para llamar su atención, el príncipe se detuvo a escucharla, y esta le pidió que lo hiciese de una vez.

Kaeya se quejó por la impaciencia de su amada, pero cumplió sus deseos, no sin antes molestarla un poco más, rozando su polla entre los labios de su vagina suavemente de abajo hacia arriba para estimularla con el roce y empapar su pene de los fluidos de la monja. Rosaria bufó algo enojada y ansiosa, la risa del príncipe la hizo mover el pie para aplastarle la verga y castigarlo por burlarse de ella; él sonrió pícaro, amaba cuando la hermana Rosaria se volvía más lujuriosa, y el hecho de que conservase el velo y su collar religioso era todavía más estimulante para su imaginación.

Ella usó el pulgar del pié para presionar la uretra con firmeza, Kaeya solo le sonreía con perversión, listo para responder a ese "castigo" con otro; fue entonces cuando tomó los muslos de la monja y le abrió las piernas hasta que pudo ver el agujero de su vagina completamente abierto, mojado y listo para recibirlo, luego se acomodó encima de Rosaria para acercar su polla allí, introduciendola con total facilidad. La hermana Rosaria respiraba profundamente, sentir al príncipe Alberich entre sus paredes internas no era doloroso ni incómodo, pero tampoco le parecía la gran cosa, lo que realmente volvía excepcional a Kaeya como hombre, era que no se quedara quieto simplemente follándola como un animal sin raciocinio, él usaba sus manos, sus mágicas manos que le amasaban los senos apretandole sus sensitivos pezones entre los dedos índice y medio, los cuales movía y apretaba para darles todavía más placer.

Rosaria miró al cielo recibiendo múltiples sensaciones intercaladas por el inquieto principe de Khaenri'ah, quien a veces le movia los pezones con las yemas de sus dedos, les daba chupones, le amasaba las tetas y masajeaba su clítoris mientras le decía al oído que ella era su reina, su más hermosa reina; esas palabras que sazonaban los movimientos lascivos de Kaeya siempre la enloquecían. De pronto la monja llevó un dedo entre las nalgas del príncipe, este sonrió travieso, moviéndose de forma ondulante y más pausada al penetrarla, permitiéndole de esa forma introducirle su dedo en el ano para que le estimulara la próstata mientras se unían en una especie de abrazo, donde ella rodeaba a Kaeya con un solo brazo, y este se apegaba a su torso con las dos manos apretandole los pechos a la hermana Rosaria.

Ambos se miraron apasionados, el príncipe Alberich era el más provocativo, ella en cambio parecía más sería pero igual de ardiente, con su mirada fuerte y sin necesidad de palabras le indicó a Kaeya que hiciera algo en específico, este muy complacido por sus ideas pervertidas la obedeció, estirándose hacia atrás para formar una curva en su espalda y levantar sus pectorales. De inmediato la hermana Rosaria colocó un pezón del príncipe entre sus dientes y lo mordió suavemente, después lo chupó haciendo contacto visual, él seguía moviendo las caderas para follarla, pero al mismo tiempo también estaba recibiendo el placer que recibiría en el rol pasivo, cosa que no le importaba, pues para el principe de Khaenri'ah, todo era bienvenido si lo hacía sentir satisfecho.

Ella prosiguió con el otro pezón de su amante, Kaeya gimió extasiado y feliz, Rosaria era la más maravillosa mujer con la cual había hecho el amor, tal vez no era la más expresiva y emocional, pero solo por ella sentía una atracción permanente e intensa, por eso no podía permitir que la descubriesen, de hecho, le estaba preocupando haber caído a sus bajos instintos a pesar de que se hallaban en el mismo edificio que el rey, fue demasiado impulsivo de su parte. Al percibirlo más tenso de repente, la monja se detuvo y lo empujó, él dejó de pensar en la culpa en cuanto ella le tomó los hombros y lo giró para tenerlo acostado boca arriba; el príncipe sonrió nervioso, a sabiendas de que la hermana Rosaria ya estaba en el pico de su lujuria y que se pondría sobre su pelvis, preparada para usar todas sus energías sobre él.

La monja se introdujo el pene de Kaeya y bajó hasta que estuvo por completo dentro de su vagina, ella lo estaba mirando hacia abajo con una actitud dominante previa a su salvajismo característico de cuando se sobrecalentaba, el principe Alberich extendió una mano y le agarró un pecho, entusiasmado y sin miedo de lo que vendría a continuación. De un momento a otro la hermana Rosaria comenzó a moverse con fuerza, saltando sobre la polla de Kaeya, haciendo que sus glúteos chocaran e hicieran ruido contra los muslos del príncipe; él colocó una de sus manos en su propia nuca para mostrarse relajado, mientras su otra mano estirada tocaba y movía las tetas de Rosaria.

Como si se tratase de un reto, la monja siguió moviéndose con más y más brusquedad, sus labios vaginales chapoteaban por lo mojada que tenía la entrepierna, así que le era sumamente fácil sentir el pene de Kaeya hasta lo más profundo que podía llegar; el sonido lo hacía todo más pecaminoso y deleitante, por eso su energía en lugar de disminuir, se incrementaba haciéndola gimotear y respirar con agitación cuando cabalgaba al príncipe. Kaeya ya no podía quedarse quieto por más tiempo, quería hacerla llegar al orgasmo, por lo que puso todos sus esfuerzos en mover hacia arriba las caderas para penetrarla sin detenerse, mientras se sentaba y ponía una mano en el pezón de Rosaria, otra en su clítoris y la lengua entre su cuello y oreja.

Como desesperado por ganar una competencia de placer, el principe de Khaenri'ah movió los dedos haciendo una fricción descontrolada sobre el monte de Venus, y pellizcó los pezones de la hermana Rosaria mientras le susurraba algo al oído, lamiéndole la oreja y los labios entre cada frase; le hablaba de sus tetas, del pecado que estaba cometiendo con él, de que era una chica mala en un traje de monja y que él debía castigar su coño húmedo, le decía también que cogerían algún día en la mesa de Seamus y que luego se la "llevaría a su reino para volverla su reina". La monja no era capaz de hablarle sucio sin avergonzarse de sí misma, de hecho cuando lo escuchó decir cosas como esas, hasta sus hombros se ruborizaron y ella gimió agudamente, disfrutando imaginarse a Kaeya como un demonio que le follaría los senos en el templo, usando su collar para envolverse los genitales.

Sin querer se le escapó de los labios una petición indecorosa: que lo hiciera más fuerte hasta que le doliera; el príncipe no iba a propinarle dolor jamás en su vida, pero sí fue más rápido y movió frenéticamente sus dedos en el clítoris de la hermana Rosaria, haciéndolo sin darle tiempo de tomar aire para sentirse preparada. El resultado fue algo que Kaeya adoraba del cuerpo de su amada amante, un orgasmo explosivo, muy visual, intenso y que la hacía expulsar a chorros un líquido incoloro, empapandole desde los muslos hasta las costillas por la cantidad descontrolada de agua que estaba soltando ella mientras gritaba de placer.

La voz de Rosaria temblaba al igual que sus piernas y su vagina, mientras emitía chillidos al correrse por estar sufriendo multiorgasmos que le provocaron esos y más movimientos involuntarios; el príncipe Alberich se reía con júbilo, estaba empapado casi por completo de la cintura para abajo y su hermosa reina se sentía satisfecha, eso hizo que todo valiera la pena. La monja respiraba con cansancio, mirándolo abochornada y sería, quiso moverse rápido para salirse de encima, pero terminó a gatas con las caderas todavía temblorosas; Kaeya la miró con ternura y le pidió un beso, pero ella dijo que se lo daría, pero no en los labios.

De pronto la hermana Rosaria se posicionó entre las piernas del príncipe y le metió dos dedos en su culo, él se puso algo tenso y le pidió que no se preocupara por él, mas su amante siguió con su ocurrencia y se metió el glande a la boca para chuparlo mientras movía los dedos hasta la próstata de Kaeya, pulsandola una y otra vez sin parar, manteniendo el contacto visual. En otro contexto esa habría sido la cara de una asesina, pero tratándose de ese momento, ese algo en sus ojos era sensual y muy intenso, casi posesivo, el príncipe adoraba tal expresión en Rosaria, aunque también le daba algo de miedo.

Por educación Kaeya le avisó a su amada que estaba cerca de venirse, ella prosiguió con más insistencia, moviendo sus dos dedos al interior del recto de su hombre sin compasión; aumentó también la fuerza de sus chupadas, el principe de Khaenri'ah contrajo los músculos y reiteró el aviso, siendo ignorado por ella, pues al parecer no le importaba en lo más mínimo recibirlo en la boca. Considerando aquello, Kaeya dejó salir su semen al interior de la boca de Rosaria, y esta lo mantuvo un momento adentro sin despegar sus labios del glande, y sin sacárselo de la boca dejó escapar los fluidos del príncipe, que recorrieron el tronco de su pene deslizándose lentamente hasta la base.

Abajo en la iglesia, el concierto y la misa finalizaron, Chongyun seguía con la cabeza en alto mirando de un lado a otro para saber donde estaba Kaeya, Keqing le mencionó en voz baja que dejara de buscarlo, porque no aparecería, Xingqiu no dijo nada al respecto, pero para él, no se trataba simplemente de una irresponsabilidad, creía de verdad que algo pudo haberle ocurrido al príncipe Alberich antes de meterse a la iglesia. Chongyun apretó los labios, por alguna razón el hecho de que Kaeya no apareciera estaba afectando su estado emocional, lo visitó durante días en sus ensayos y le entusiasmaba mucho verlo junto a toda una orquesta; Barbatos sonreía disimuladamente, las reacciones causadas en los príncipes eran las que esperaba, Alatus furioso por esa ofensa, Keqing molesta por la falta de compromiso, Ganyu triste porque no era la primera vez que ocurría algo así, y Chongyun decepcionado hasta casi llorar.

La aparición de los Lawrence era lo de menos, pues la sinfonía había valido la pena por el solo hecho de ese pequeño caos que causó en la vida del príncipe de Khaenri'ah, y ver las repercusiones luego del evento sería exquisito para él; cuando Morax salió de la iglesia junto a sus hijos, Venti se acercó tarareando detrás de la cortina, listo para reírse frente a Kaeya y llevarlo para que confrontarse las acusaciones de los príncipes con una mentira para evitarse un castigo de su parte. Sin embargo no encontró nada, sólo el violín de su pequeño monstruo sobre la silla que había usado durante el concierto; si su instrumento estaba allí, quería decir que no se fue muy lejos y que de seguro se quedó follando con alguien de la iglesia, su primer candidato de sospechas era Seamus Pegg, pero eso era imposible, pues había estado en la misa durante todo ese tiempo.

Rosaria y Kaeya se habían limpiado y vestido, mas no se separaban de su nido de amor en el campanario, pues se quedaron recostados sobre el piso de madera luego de doblar las sábanas de su cama improvisada; ambos amantes estaban de costado mirándose, el príncipe Alberich acariciaba el brazo y el hombro de la hermana Rosaria, observándola con dulzura y cariño. Ella agachó la vista por la timidez que sentía cuando no era capaz de mostrar abiertamente sus sentimientos, Kaeya lo hacía ver muy sencillo, pero no lo era, para nada.

El rey Barbatos registró el subterráneo y el primer piso de la iglesia, buscando al principe de Khaenri'ah con un afán psicótico, pensando que tal vez no sólo se estaba revolcando con alguien, sino que también lo estaba engatusando con su falso amor para que lo ayudara a escapar, tal y como lo había intentado en dos ocasiones años atrás. Rosaria acercó temblorosamente su mano a los labios del príncipe y los tocó con la yema de los dedos, él tomó su muñeca y le besó la palma, susurrando de nuevo que ella era su reina; la monja mantuvo la boca cerrada, jamás podría decirle algo tan lindo como eso, pero sí sacó la voz para recordarle que estaban en la iglesia, y que si los veían saliendo juntos del campanario, iban a descubrirla y sería un escándalo por su voto de "pureza".

Venti subió las escaleras abriendo violentamente cada puerta que se encontraba, a punto de empezar a gritar furioso el nombre de Kaeya, y pensando en la forma de castigarlo para que le contase la verdad sobre la nueva persona a quien estaba manipulando. La hermana Rosaria le indicó a Kaeya que bajara por el mismo atajo que le había indicado una vez: salir del campanario hasta el techo y colgarse desde una de las gárgolas para llegar a un balcón específico que lo dejaría en la escalera de emergencias; al príncipe le daba miedo tomar esa ruta, pero era la más sencilla para no ser descubiertos por nadie de la iglesia.

Mientras Kaeya se iba por el tejado hasta llegar a la gárgola, la monja lo vigilaba, esperando a que desapareciera de repente al entrar por el balcón; entonces, cuando ya no lo vio, pudo respirar tranquila y con la seguridad de que al menos les quedaba un día más de paz. El monarca de Mondstadt llegó corriendo al campanario y llamó colérico a Kaeya un par de veces, registrando las campanas y los recovecos que encontraba allí; Rosaria recostada en los barrotes de madera del techo, escondida con un puñal preparado en caso de emergencias, y las frazadas de su "nido" ocultas en su espalda; afortunadamente para ella, Barbatos se rindió antes de mirar arriba y salió del campanario, entonces la monja llegó a la conclusión de que ese día sí que fue extremadamente descuidada con el príncipe y que nunca más deberían volver a hacerlo de forma tan impulsiva.

Por la madrugada de ese día, Albedo estuvo dentro de su laboratorio en el palacio, había enviado a Sucrose al Valle Estelar para recoger hierbas, pues a ella le entusiasmaba especializarse en una disciplina que involucraba la alquimia y la herbolaria, así que el Jefe Alquimista le dio su permiso para utilizar ese día en conseguir sus materiales; aparentemente lo había consentido porque aprobaba que su alumna tuviera esa gran curiosidad digna de un buen investigador, no obstante, su razón no fue tan honesta en esa oportunidad. Aprovechando la ausencia de Sucrose y luego de darle el día libre a Dainsleif, Albedo había terminado de preparar la solución letal de arsénico blanco a las 8 de la mañana, y la diluyó en una de las botellas de vino que Barbatos se bebía de tres tragos, y que se suponía que ese día iba a contener únicamente aqua vitae.

Entonces se fue a la torre donde Venti y Kaeya tenían sus respectivas habitaciones, y le dijo a la ama de llaves encargada que él iba a estar fuera hasta la noche para dar un paseo con su madre adoptiva y su hermanita menor, por lo que preparó el aqua vitae para el rey con antelación, también la dijo que la dejaría en la mesita de siempre hasta que el rey decidiera bebersela a cualquier hora. Su plan era estúpido y él era conciente de eso, no había nada seguro en su coartada, solo que pasaría el día con su madrastra Alice y su hermanita Klee, el resto de la estrategia era implorar que los vigilantes designados en ese sector del palacio no le impidieran a los huespedes y empleados transitar libremente por esa area, para que no solo sospechasen de él.

La botella estaría todo el resto del día en el mismo lugar, lo que aumentaría el número de sospechosos si él se alejaba y si a los visitantes y a los empleados se les ocurría acercarse ahí; en resumen, no tenía un plan y solo había actuado con impaciencia y desespero por pensar de forma obsesiva que cada noche o incluso durante el día, Kaeya era abusado sexualmente por el mismo hombre, y a veces por otros totalmente diferentes. No obstante si consideró algo más que era muy importante, ese día, se iría al campo con Alice y Klee, y cerca de media tarde le diría a su madrastra que si las cosas parecían extrañas al volver a Mondstadt, que huyese inmediatamente por los pasadizos de la ciudad con Klee, porque el apareceria para defenderlas.

Por la noche él volvería a comprobar los resultados, con su espada lista y la piedra roja que había heredado, si la situación lo ameritaba, era más que capaz de mandar a la mierda toda su vida, utilizando quimeras por montones para sacar al príncipe Alberich esa misma noche de la ciudad. Aquello tenía una grave consecuencia, en cuanto el gremio de alquimistas de Sumeru se enterara de lo que hizo con sus quimeras, lo perseguirían para asesinarlo por usar sus conocimientos de forma desmedida y peligrosa para la humanidad; lo único que se le ocurría en ese caso era enviar a Kaeya solo en un barco hasta Khaenri'ah, mientras el escapaba resignado de sus compañeros, dispuesto a aceptar la muerte siempre y cuando el príncipe lograse volver a su hogar.

Kaeya bajó rápidamente por las escaleras de la iglesia y salió por la parte de atrás, los príncipes de Liyue estaban en el frontis esperando a que apareciera Barbatos y así poder irse al palacio todos juntos; el príncipe Alberich dudó en aparecerse, pues tenía que darles explicaciones que no comprometieran a Venti, y si era sincero consigo mismo, hasta prefería quedarse callado por siempre con tal de no defender a ese monstruo en esa ocasión. Su momento con Rosaria le permitió aliviar el dolor aunque fuera un momento, pero el solo pensar en las consecuencias de su ausencia, lo hacía sentir mucha ansiedad.

Lo que más lo atemorizaba era que Alatus se pusiera frente a él y le gritase que había ofendido a su padre y hermanos, y que por ello iba a hacerlo pagar; conociéndolo era una opción más que probable, y el rey no iba a intervenir, salvo que una de las patadas del príncipe de Liyue lo hiciera convulsionar. Entonces decidió volver al castillo por cuenta propia, evitando a los demás nobles para dilatar la inevitable; si iba por calles concurridas y no paraba a descansar, llegaría sano y salvo a su destino sin ser retenido por algún caballero de Favonius degenerado.

La segunda cosa por la que debía preocuparse era ser visto por los príncipes dentro del palacio, por lo que al menos en esa ocasión, decidió que irse a la parte trasera del castillo era lo mejor; al llegar detrás de la edificación, se encontró a Sucrose en el patio de concreto fuera de la cocina, ella rápidamente se enderezó y lo saludó tartamudeando, esa chica siempre fue muy nerviosa y a Kaeya no le agradaba demasiado entablar conversaciones con ella, pues su actitud tímida no era de ayuda para mantener una duradera. De todos modos la saludó y palpó su cabeza, preguntándole si Albedo estaba cerca, Sucrose miró sus pies algo molesta por el hecho de que el principe de Khaenri'ah siguiera buscando ser el centro de atención de su maestro, y le dijo que el Jefe Alquimista estaría el resto del dia con su familia.

Kaeya sintió una mezcla de decepción y alivio de que Albedo no estuviera cerca, sus sentimientos por él eran similares a los que tenía por otras personas a las que amó, los anhelaba por los buenos momentos, pero recordar las circunstancias que los separaron era muy doloroso como para detenerse a pensar en ello; antes de despedirse de Sucrose, ambos escucharon el sonido de algo moviéndose muy rápido, que tiró algunos barriles y cajas apilados en el patio trasero. Los guardias del sector se acercaron corriendo para comprobar que había sido eso, por el poco espacio entre la pared y los objetos tirados, asumieron que debió tratarse de algo muy pequeño, como un gato.

El principe de Khaenri'ah aprovechó esa distracción para meterse en la cocina y empezar a vagar por el palacio y evitar a todo el mundo allí, ya fuese por huir de Barbatos, de Zhongli o de los hijos de este; era como jugar a las escondidas, ese día se le estaba dificultando menos ese "juego", por alguna razón no había muchos empleados cerca que pudiesen delatarlo. Sin embargo en retrospectiva eso le pareció extraño, ya que luego de deambular por unos minutos, escuchó desde el ala contraria a su habitación a unas empleadas algo inquietas; por mera curiosidad se fue hasta allá a curiosear, y se encontró a una de ellas sentada, hiperventilando y con un fuerte calor que la hacía abanicarse con la mano, mientras sus compañeras la rodeaban tratando de ayudarla.

No se quedó para preguntar si era un bochorno o algo peor, pues debía seguir evitando a los demás, y resguardarse en su cuarto no era una buena alternativa, porque alli facilmente Venti y Morax iban a encontrarlo, y no hacía falta imaginar demasiado como para saber lo que iban a hacerle. Kaeya fue de un lado a otro aprovechando su conocimiento de todos los recovecos de ese castillo, en uno bastante oculto se encontró a dos guardias, un hombre y una mujer, arrimándose contra la pared mientras se besaban y tocaban como dos animales sin control, lo cual era interesante para el príncipe, pero a la vez extraño porque los soldados como esos nunca eran tan descuidados dentro del palacio.

Siguió rondando hasta el atardecer, sin haber almorzado ni comido nada; en un momento quiso acercarse a la cocina otra vez, pero se detuvo al ver a unas mucamas en el pasillo, charlando preocupadas porque no hallaban a una de sus compañeras llamada Gisela; una comentó que no la veía desde hacía muchas horas, lo cual empezó a alarmar a las demás. Kaeya se sintió extrañado tal y como ellas, de todo lo inusual que ocurrió en desde el mediodía, eso era lo unico que realmente le resultaba inquietante; de todos modos no se movió para ir a alertar a los guardias, porque de todos modos las empleadas se encargarían de eso, su preocupación seguía siendo pasar inadvertido hasta que llegase la noche y Barbatos lo sacara de su cuarto para castigarlo por algo que él mismo había causado.

Al caer la noche el príncipe Alberich al fin decidió meterse a su habitación, tenía mucha hambre, pero no pretendía ir al comedor a cenar con los demás, iba a resultarle sumamente incómodo; lo que más le dolía era pensar en Chongyun y Xingqiu, quizás ellos eran los únicos a los cuales les debía una explicación, así que no le quedaba de otra más que pensar una buena excusa. Seguro que iban a perdonarlo si organizaba un pequeño concierto solo para ellos, aunque no veía la diferencia entre eso y verlo ensayar, tal vez solo era cuestión de crear una escenografía y ponerse un lindo disfraz para crear la ilusión de un autentico espectaculo; pensar en todo eso lo ponía nervioso, su boca estaba seca y su estómago vacio, y lo único que tenía a mano en su habitación era vino, que se dispuso a beber con una copa que siempre estaba al lado de la botella.

Luego de la cena Chongyun y Xingqiu caminaron solos por los pasillos rumbo al comedor para cenar, sin embargo el príncipe cambió el rumbo, pues escuchaba atentamente todos los pequeños sonidos a su alrededor, susurrandole a su mejor amigo que oía algo extraño, como una respiración o una presencia desconocida; Xingqiu rió en voz baja comentando que le parecía adorable que Chongyun se sugestionara con la supuesta presencia de espíritus en todos los lugares que visitaban. Sin embargo su actitud burlona y cariñosa cambió drásticamente cuando escuchó unos pasitos ligeros, pero muy rápidos desde otro pasillo oscuro; los dos niños se quedaron mirando y posteriormente siguieron ese sonido rápidamente, pero sin hacer mucho escándalo para no alertar a quien fuera que hubiese pasado por ahí.

El príncipe Chongyun comentó mientras perseguían los pasos que aquello podía ser un fantasma, Xingqiu lo cuestionó al decir que por las características, sonaba a que su hermanita Qiqi estaba caminando sola, posiblemente confundida por su enfermedad, cosa que era realmente peligroso para ella. De pronto dejaron de escuchar esos pasos corriendo, el pasillo quedó en silencio y ellos miraban en diferentes direcciones, inquietados por la ausencia de ruido; sin darse cuenta de que habían llegado a la torre del rey, escucharon de pronto unas arcadas compulsivas que les causaron náuseas y preocupación, provenientes de uno de los cuartos del lugar.

Albedo estaba volviendo al palacio a esas horas, cauteloso y lleno de nervios, durante su paseo familiar estuvo reflexionando sobre lo que haría si el plan no daba resultado, si lo acusaban o si sencillamente Barbatos no consumía el veneno esa noche, dependiendo de las circunstancias, ya tenía claro que usar su alquimia de forma destructiva era su única vía de escape, tanto para él como para Kaeya; no obstante en dado caso, solo uno de ellos sobreviviría para tener una vida más larga y plena, y estaba seguro de que no iba a ser el. Al ingresar al palacio por la cocina y caminar hasta la torre del rey, escuchó de pronto el fuerte grito del joven Xingqiu, a quien tuvo el gusto de conocer hacía unos días, llamando desesperado al doctor Baizhu; Albedo sonrió, ese sonido le causaba una gran satisfacción, si conocía al rey, seguro se había tomado toda la botella, era imposible que sobreviviera, ni el mejor medico del mundo lo salvaría de una intoxicación como esa.

Sin embargo los gritos de otro niño, el príncipe Chongyun, borraron de inmediato la sonrisa del Jefe Alquimista y lo hicieron correr desaforadamente hasta una de las habitaciones; el adolescente lloraba y clamaba por la ayuda de su padre o de su tía Shenhe, gritando además, el nombre de Kaeya. Albedo entró corriendo al cuarto del príncipe Alberich y lo encontró convulsionando boca arriba en el piso junto a un charco de su vómito, Chongyun estaba arrodillado a su lado sin saber qué más hacer además de pedir ayuda; el Jefe Alquimista sintió que se iba a desmayar, la temperatura de todo su cuerpo bajó por los suelos y su respiración se cortó, como si todas sus expectativas de esa noche y del resto de su vida se hubieran derrumbado con solo ver a Kaeya en ese estado y no al rey.

Antes de perder la conciencia fue salvado por el doctor Baizhu, que lo empujó bruscamente hacia un lado para que no estorbase en la puerta; Baizhu se puso de rodillas y colocó la cabeza del principe de Khaenri'ah en su regazo para evitar que se ahogara en su propio vomito, y le gritó a Xingqiu, que no estaba tan en shock como el príncipe Chongyun, que trajese agua y sal para limpiar el estomago de Kaeya en lo que Albedo iba a preparar un antídoto. El aludido agitó la cabeza desorientado y a punto de derrumbarse en llanto, pero el doctor Baizhu le gritó autoritariamente que corriese a su laboratorio para hacer cuanto antídoto se le ocurriera para salvar la vida del príncipe Alberich.

Albedo despabiló y salió corriendo torpemente a su laboratorio, chocandose con las paredes por lo inestable y desesperado que estaba en esos momentos; lloraba buscando diferentes polvos químicos en sus estanterías, tomandolos con sus temblorosas manos mientras hacía su mejor esfuerzo para curar una dosis de veneno tan grande que no había forma de que Kaeya saliera con vida. Ni siquiera notó que Sucrose ya se encontraba allí, hasta que segundos después de su estupido intento de hacer un antídoto, la vio salir corriendo con un gotero; aquello lo hizo sentir confundido, pero de inmediato asumió que su alumna había conseguido crear el antídoto en tiempo record, por lo que la siguió tan veloz como ella.

Sucrose llegó rápidamente al cuarto del príncipe y le pidió ayuda al doctor Baizhu para que le abriera la boca, Albedo cayó de rodillas junto a los tres, sollozando mientras se cubría la cara con las dos manos, si Kaeya moría por el veneno, jamás se lo perdonaría, ni siquiera iba a ser capaz de seguir viviendo con la culpa. Baizhu abrió la mandíbula del príncipe Alberich y la alquimista dejó caer algunas gotas de una solución de dimercaprol sobre la lengua del príncipe y tomó el balde de agua que había traído Xingqiu, usando sus dos manos para verter un poco al interior de la boca de Kaeya para que el antídoto llegase más rápido a su estómago.

El Jefe Alquimista lloraba con histeria, suplicandole al príncipe que por favor no muriera, nadie reconocía a ese Albedo consumido por sus emociones, pero su alumna sintió mucha pena por él, era la primera vez que lo veía como alguien vulnerable; en ese momento llegaron Barbatos y Morax, y detrás de ellos aparecieron los demás huéspedes, tratando de mirar sin mucho éxito qué estaba ocurriendo. Venti se quedó inmovil en la puerta, Sucrose jamás lo había visto tan asustado, ya que por la cabeza del monarca estaban pasando miles de pensamientos sobre el enorme inconveniente que sería que su pequeño monstruo, la mejor pieza de su juego, falleciera sin haber finalizado oficialmente el conflicto bélico.

Cuando las convulsiones del príncipe se detuvieron, el doctor Baizhu comprobó sus signos vitales, que se encontraban estables luego de haber consumido el antídoto, sin embargo y por obvias razones, Kaeya estaba inconsciente en su regazo y no saldría de ese estado hasta después de unas horas; Albedo apartó sus temblorosas manos de sus ojos cuando Sucrose lo abrazó por la espalda, diciéndole que todo estaría bien y que el príncipe de Khaenri'ah no moriría. El Jefe Alquimista tocó una de las manos de su alumna y miró hacia atrás, dándose cuenta de que sobre uno de los muebles estaba la botella de vino de Kaeya, aún llena hasta dos tercios de su capacidad, y junto a ella una copa de metal; aquello lo alivió como nunca, pues a diferencia de Barbatos, el príncipe Alberich disfrutaba del vino de manera pausada, y solo se había bebido una copa y media, lo cual redujo considerablemente los efectos del veneno.

-Siteen los terrenos de los Lawrence - ordenó Barbatos de pie junto a la cama de Kaeya, que seguía desmayado estando recostado, pero estaba limpio de su vómito y con la pijama puesta, ya que los empleados lo ayudaron luego de que la situación se calmó un poco.

-No lo hagan, todavía no sabemos si estuvieron involucrados, no debemos precipitarnos - lo contradijo Zhongli, su amante se cruzó de brazos indignado.

-¡Esto no es cualquier cosa Morax! ¡Por poco y lo perdemos! Creo que es razón más que suficiente para "precipitarnos".

-No actúes sin pensar, primero debemos averiguar lo ocurrido e identificar a los posibles sospechosos - le sugirió el emperador; el jefe de la guardia real esperaba pacientemente las órdenes finales del rey, no había nadie más a parte de ellos en la habitación, pues Venti los sacó a todos para interrogar por sí mismo al príncipe cuando se despertara.

-Maldita sea… tienes razón Morax, primero hay que encontrar al culpable y luego aplastarlo como a una mosca - gruñó Barbatos, su guardia suspiró aliviado al tener una respuesta menos impulsiva de parte de su soberano - te juro que cuando aparezca le voy a cortar la puta cabeza.

-Calmate.

-¡¿Cómo quieres que me calme?! - exclamó Venti fuera de sí por la ira, Zhongli seguía impasible, sin embargo ocultaba la misma preocupación por la consecuencia casi fatal de lo ocurrido; en ese momento alguien tocó la puerta tímidamente, como si supiese lo tenso que estaba el rey - ¡¿Quién va?!

-Su majestad… - susurró la ama de llaves a cargo, ingresando insegura dentro del cuarto - estuve averiguando sobre un asunto con el resto de las muchachas y…

-Ve al grano.

-Una de nuestras compañeras no ha aparecido en toda la tarde, su nombre es Gisela, aún no hemos dado con ella y no dio aviso de que saldría a la ciudad.

-¿A qué hora desapareció? - preguntó Morax.

-A eso de las tres de la tarde dejamos de verla…

-¿Será esa perra la culpable? - se preguntó Barbatos, Zhongli tosió para llamarle la atención por su vocabulario.

-¿Ha habido otra novedad? ¿Algo que les pareciera extraño? - cuestionó el emperador de Liyue, entonces fue el líder de la guardia quien respondió.

-Ahora que lo menciona, algunos guardias mencionaron que escucharon ruidos extraños dentro y fuera del palacio, y que al ir a comprobar no encontraron nada en especial.

-Distractores… - comentó Morax tomando su mentón mientras pensaba en esos dos datos.

-¿Y por qué no dieron aviso? - pronunció Venti mirándolo de reojo con un semblante aterrador, el guardia tragó saliva con nerviosismo.

-Ellos me dijeron que los ruidos eran de algo pequeño, como de gatos o aves, no creyeron que fuera algo alarmante.

-Pues ya vieron que sí lo fue - dijo Barbatos irónico y enojado; de pronto escucharon una voz desde la cama, era Kaeya emitiendo quejidos de dolor mientras tocaba su estómago con un brazo y apretaba los párpados, resistiendo un fuerte ardor en el interior de su estómago.

-Príncipe Alberich - pronunció Zhongli arrodillándose veloz al lado de la cama, sosteniendo las manos de Kaeya de forma protectora - ¿Se encuentra bien?

-Mi estómago… - murmuró el príncipe con mucho dolor, luego abrió los ojos y vio que Venti estaba de pie cerca de él, mirándolo expectante y más serio que nunca - ¿Qué ocurrió…?

-Alguien puso veneno en su vino - le respondió el jefe de la guardia, entonces Kaeya miró choqueado al monarca, que parecía vigilar sus palabras con una actitud estoicamente aterradora.

-¿En mi vino…? - repitió el príncipe de Khaenri'ah observando a Barbatos, de inmediato su mente se llenó de temores que involucraban directamente al rey y a los planes que tenía para él en su estúpida guerra - no… no puede ser… - susurró Kaeya sudando frío, con un nudo en el estómago que lo hizo sentir náuseas por un terror mortal que se apoderaba de él.

-¿Viste algo sospechoso antes de entrar a tu habitación, Kaeya? - le preguntó seriamente Venti, el príncipe empezó a hiperventilar, apenas podía soportar un profundo miedo que tenía de dejar de ser útil en las estrategias de sus enemigos, porque si eso ocurriera, su vida ya no tendría ningún valor, y ellos se la podrían arrebatar.

-Yo no… - murmuró Kaeya, recordando una y otra vez los juramentos que le hacía Barbatos cuando lo violaba castigandolo por "haberse portado mal", esos donde le decía que al terminar la guerra iba a atacar Khaenri'ah sin devolverlo a su padre, para luego asesinarlo si dejaba de ser "divertido" para él - yo…

-¿Tienes algo que decir? - cuestionó el rey impaciente, el príncipe Alberich derramó una lágrima de temor, creyendo que si su valor como rehén dejaba de importar, toda su vida, y la vida de su gente, sería destruida.

-Debo confesar… - susurró trabajando en inventar una excusa creible, pero su mente no estaba al cien por ciento por la desesperación.

-¿Qué mierda debes confesar? Habla de una vez - le ordenó Venti al borde de perder los estribos, Kaeya respiró agitado, formulando una oración para hacer lo que a su juicio era extender un poco más su vida.

-Yo… intercambié los líquidos de su botella, con los de la mía… - murmuró el príncipe inseguro, el monarca de Mondstadt y el de Liyue lo miraron desconcertados.

-¿Qué hiciste qué?

-Yo… quería saber que se sentía beber su elixir de la juventud - agregó nerviosamente Kaeya, de pronto esa excusa le levantó un poco el ánimo y tuvo más seguridad para hilar una explicación más elaborada - por eso intercambié el vino de su botella por el de la mía, lo que quiere decir que…

-El veneno era para mi, no para ti - completó Barbatos impresionado, el príncipe de Khaenri'ah asintió nervioso - ya veo… es más grave de lo que pensamos…

-¿Cómo intercambiaste todo de una botella a otra? - cuestionó Morax, Kaeya permaneció callado un momento, con la presión baja y ganas de gritar de miedo y frustración.

-Usé una tercera botella que devolví a su sitio… - respondió de forma poco creíble para sí mismo.

-¿Tu hacías todas esas distracciones para los guardias? - cuestionó el jefe, Kaeya volvió a mostrarse nervioso.

-¿Distracciones…? - se preguntó confuso, después sintió las miradas de los demás sobre sí mismo y casi entra en pánico - quiero decir… si recuerdo haber visto bien que los guardias no estuvieran cerca y mover un par de cosas y…

-Ya veo… - murmuró Venti tocándose la barbilla curioso - quien diría que con esta traición a mi confianza salvaste mi vida, mi pequeño y adorable monstruo - comentó Barbatos acercando su rostro al de Kaeya - nunca creí decir esto, pero, gracias por robarte mi vino y tomarte el veneno por mi… no sé si esto amerita un premio o un castigo.

-Olvídate de eso por hoy, está muy delicado - lo increpó Zhongli seriamente, entonces el rey volvió a su posición.

-De acuerdo, nada de castigos hasta que te recuperes - dijo Venti dándose la vuelta para retirarse - sígame capitán, tengo que hablar con usted - le dijo el monarca al jefe de la guardia, saliendo juntos de la habitación. Afuera estaban Xingqiu, Chongyun, Shenhe, Sucrose y Albedo, estos últimos se sentaron en el piso, pues el Jefe Alquimista abrazaba sus rodillas, todavía sollozando preocupado por el príncipe Alberich.

-¡Su majestad! - exclamó el príncipe Chongyun al verlo salir - ¿Cómo está el príncipe? ¿Ya despertó?

-Sí, ya despertó, no se preocupe, se pondrá bien - respondió Barbatos, Chongyun suspiró con alivio, y Albedo levantó la cabeza todavía más agradecido de que Kaeya estuviera vivo - Capitán.

-¿Si su alteza? - dijo el jefe de la guardia atendiendo su llamado, entonces Venti apuntó acusadoramente al Jefe Alquimista con su dedo índice.

-Arreste a ese hombre - ordenó; Xingqiu y Sucrose se exaltaron mientras Albedo tartamudeaba sin poder creer que lo hubiesen descubierto tan pronto.

-¡¿Qué significa esto?! - exclamó el Jefe Alquimista fingiendo demencia, su alumna se levantó nerviosa y trató de interponerse entre él y los guardias.

-¡Su majestad espere, podemos explicarlo! - dijo Sucrose desesperada, sin embargo el Capitán la empujó hacia un lado para tomar uno de los brazos de Albedo en conjunto con otros guardias.

-Usted es uno de los sospechosos de haber envenenado al príncipe Alberich, por esa razón será el primero en ser interrogado.

-¡No puede hacer esto! ¡No tiene pruebas de que haya sido yo! - se defendió el Jefe Alquimista a pesar de que no tenía idea de si funcionó su coartada.

-¡Espere por favor rey Barbatos! - rogó Sucrose llorando mientras arrastraban a Albedo hacia la planta subterránea - ¡Se lo suplico por favor! ¡Escúcheme!

-Con todo respeto su majestad yo pienso que deberían esperar a reunir las suficientes pruebas para… - comentó Xingqiu siguiendolos, antes de recibir una mirada de reojo terrorífica del rey que lo obligó a detenerse - lo que quiero decir es que…

-¡Su majestad por favor! ¡Lléveme a mi en su lugar! - exclamó Sucrose hecha un mar de lágrimas, persiguiendo a los guardias y al monarca que se llevaban a su maestro a la sala de torturas. De un momento a otro la joven alquimista sintió un fuerte tirón en su brazo que la sacó del pasillo, el doctor Baizhu la había metido dentro de una habitación, mirándola con una inquietante sonrisa ladina.

-Te atrapé.

Los minutos se hicieron eternos para Albedo, su frente sudaba por su cuerpo afiebrado y adolorido, pues cada ciertos segundos recibía un fuerte azote de la mano diabolica del rey, que utilizando un flagrum le daba latigazos que desprendieron parte de la piel de su espalda, sacandole fuertes alaridos de dolor. Barbatos no le estaba preguntando nada, solo reía disfrutando con sadismo de los gritos y quejidos del Jefe Alquimista, saboreando su dolor, pues era muy placentero para él desquitar toda la ira acumulada por el historial que tenía Albedo con Kaeya, llevaba dos años reprimiendo sus deseos de torturarlo por haber sido posiblemente el único amante serio del príncipe Alberich, algo digno de ser castigado brutalmente.

El Jefe Alquimista tomó aire y apretó la mandíbula iracundo, el hecho de que Venti no lo interrogase significaba que simplemente quería hacerlo sufrir por tener sentimientos por Kaeya, eso era bueno para su coartada, pero a la vez lo hacía detestarlo incluso más de lo que ya lo odiaba. Un último latigazo casi deja afónico a Albedo, cuyo cuerpo sangrante templaba de rodillas, atado con esposas en los tobillos y los brazos encadenados a la pared de piedra; Barbatos bajó el flagelo y se acercó un poco más a él, agachándose a sus espaldas para hablarle muy cerca del oído.

-Confiesa, mi querido Jefe Alquimista… - le susurró Venti, Albedo resopló con odio, su espalda ardía sangrando sin parar, aquello más que causarle dolor, lo hacía sentirse más insolente.

-¿Qué mierda quieres que confiese? - respondió sin ningún respeto por su persona, Barbatos sonrió colocando sus largas uñas sobre las heridas abiertas del Jefe Alquimista, moviendolas con pequeños golpecitos para hacerlo estar alerta en caso de que decidiera lastimarlo más con ellas.

-Confiesa… - volvió a susurrar el rey acercándose todavía más al oído de Albedo para decirle algo - confiesa que te lo quieres coger otra vez…

-Y otra vez vas a sacarme en cara eso… esa historia ya terminó hace dos años - pronunció el Jefe Alquimista, sentía tanto dolor que su voz no se oía del todo bien, le era inevitable.

-¿Seguro? ¿Entonces por qué llorabas? - le preguntó Venti moviendo más rápido sus dedos sobre las llagas sangrantes de su alquimista, Albedo chasqueó la lengua.

-¿Esa es tu gran prueba?

-El príncipe me dijo que se robó mi vino, eso significa que alguien que me odia quiso envenenarme y que él se tomó ese veneno por accidente… y el único de este palacio que me odia, eres tú.

-No te haces querer haciéndole esto a quien te provee de aqua vitae… - respondió el Jefe Alquimista sarcástico, entonces sin previo aviso Barbatos arañó fuertemente las heridas de Albedo, haciéndolo soltar un grito que retumbó en las frías paredes de piedra.

-Tu y yo estaríamos en buenos términos si no se notara lo mucho que te quieres follar a Kaeya - comentó Venti limpiando los restos de piel que quedaron en sus uñas - no me importa compartir ese hoyo con otros, pero siendo tu, no puedo permitirlo.

-¿Cuántas veces tengo que decir que… no busco eso del príncipe?... No despues de como me manipuló a mi y a mi hermana… - murmuró el Jefe Alquimista temblando de dolor, Barbatos sonrió incrédulo.

-Dejando de lado las especulaciones sobre tu relación con él ¿Por qué no pasamos a los hechos? - propuso el monarca, al oírlo Albedo aguantó la respiración, nervioso por oír sus acusaciones y las pruebas que podía tener en su contra - a las 8 de la mañana le dijiste a la ama de llaves que preparaste mi aqua vitae con anticipación para, supuestamente, irte con tu linda familia a un dia de campo ¿Eso es cierto?

-Sí, es cierto, y tengo varios testigos que pueden confirmartelo - respondió el Jefe Alquimista con seguridad.

-Lo cual no quita que el veneno pudo haber estado en mi botella desde la mañana - comentó el rey, Albedo se rió burlonamente, mas su voz seguía algo débil por el dolor.

-Esa botella estuvo en el mismo sitio todo el día ¿O no?, no hay manera de comprobarlo, pudo haberlo puesto cualquiera durante mis horas de ausencia - pronunció el Jefe Alquimista, Barbatos movió el pie mientras pensaba en esa posibilidad.

-Los demás testigos de este incidente aún no me confirman un par de cosas, pero, sigues siendo un sospechoso, y nada quitará que tienes razones de sobra para querer verme bajo tierra ¿Verdad? - cuestionó Venti; el silencio de Albedo solo confirmó sus palabras - así que… ¿Vas a confesar?

-No hay nada que confesar, porque yo no puse ese veneno allí… - respondió el Jefe Alquimista hastiado del rey; de pronto Barbatos se acercó todavía más, arrimando todo su cuerpo a su sangrante espalda llena de heridas.

-Tal vez te podría sacar respuestas… sodomizandote, de la misma forma que sodomizo a Kaeya - comentó Venti aguantando la risa; Albedo se quedó callado, girando lentamente la cabeza para mirarlo por el rabillo del ojo, sin miedo ni preocupación, sólo con desprecio, con un odio visceral que se reflejaba en sus pupilas contraídas de la ira - esa reacción reafirma mi hipótesis…

-Sé muy bien mi posición aquí, pero no vuelvas a mencionarme eso…

-¿Y si lo hago qué? ¿Vas a amenazarme? ¿Vas a tomar cartas en el asunto? Lo único que haces es verte más sospechoso.

-¡Entonces déjame en paz!

-Te dejaré en paz cuando vuelvas a jurarme que no intentarás nada en mi contra. Tu sabes muy bien lo que está en juego Albedo… tu querida madre y tu hermanita menor ¿Dejarás que Kaeya se interponga en su seguridad?

-No, no lo permitiré.

-Entonces, jurame otra vez que no harás nada estupido - insistió Barbatos, el Jefe Alquimista arrugó la nariz conteniendo la rabia por tener que prometerle nuevamente estar de su lado, cuando lo único que quería era librarse de él y de paso salvar también al príncipe Alberich de sus sucias garras.

-Juro que no haré nada en su contra, rey Barbatos - pronunció a regañadientes Albedo, Venti sonrió satisfecho, pero sin embargo, volvió a clavar firmemente las uñas en la espalda del joven, sacandole quejidos y temblores de agonía.

-No cantes victoria tan pronto mi querido alquimista, aún no estás libre, y si llego a confirmar que faltaste a tu palabra, despídete de todo lo que amas - lo amenazó Barbatos, el Jefe Alquimista temblaba de dolor, sufriendo en cuerpo y alma por estar a su merced. De un momento a otro el jefe de la guardia ingresó a la sala de torturas con un mensaje para el monarca.

-Su alteza, encontramos el cuerpo de Gisela dentro de un compartimiento de la bodega de alimentos - anunció el Capitán, Albedo se sintió confundido, si supuestamente Kaeya había robado la botella con el veneno que él mismo había colocado por la mañana ¿Por qué habían asesinado a una empleada en el transcurso del dia?

-¿A qué hora fue vista por última vez? - preguntó el rey para confirmar lo que ya sabía.

-A las 3 de la tarde.

-¿Y a qué hora el Jefe Alquimista Albedo abandonó el palacio?

-A las 8 de la mañana… - respondió el mismo Albedo, entonces Venti le sonrió como si no lo hubiese torturado por un largo rato.

-Ya veo. Capitán, por favor suelte a este caballero - ordenó, inmediatamente después el jefe de la guardia le quitó las esposas a Albedo - dentro de unas horas confirmaremos con sus testigos si en realidad estuvo fuera de la ciudad durante todo el dia, por el momento, puede irse a curar sus heridas - le dijo el monarca, a duras penas el Jefe Alquimista se reincorporó, dándose la vuelta sin despedirse, y caminando tambaleante, con la espalda ardiendo de dolor.

Por la madrugada Albedo salió de la enfermería, allí le vendaron todo el torso, pero las gazas seguían manchándose con un poco de sangre, por lo que decidió no colocarse una camisa, solamente una chaqueta sobre los hombros; todavía estaba muy adolorido, pero al menos ya no le ardía todo el cuerpo, por lo que se dispuso a caminar en el palacio, reflexionando sobre los extraños acontecimientos. Seguía dándole vueltas al asunto de la mucama fallecida, ese detalle no encajaba con los hechos, él fue quien intentó envenenar a Barbatos y Kaeya supuestamente se había robado la botella envenenada para "probar el aqua vitae", entonces ¿Por qué encontraron un cuerpo oculto en la bodega? No tenía sentido a menos que hubiera una tercera persona involucrada, pero si era así ¿Por qué esa persona se infiltró en el palacio? ¿Por qué mató a la empleada?

Algo no calzaba, y eso no lo dejó volver a su laboratorio ni a su hogar, tenía que hallar una respuesta, y quizás, iba a encontrarla con el principe de Khaenri'ah; rapidamente cambió de rumbo dirigiéndose a la habitación de Kaeya, sin importarle lo que pudiera decir Barbatos al encontrarlo ahí, porque ya no tenía más pruebas en su contra. Al llegar se encontró a los dos jóvenes de Liyue junto a la cama del príncipe, Kaeya charlaba con ellos con una actitud muy tierna a los ojos de Albedo, cosa que lo hizo sentir unas palpitaciones aceleradas, las mismas que tuvo dos años atrás cuando el príncipe Alberich lo enamoró con su gracia, belleza e intelecto; el Jefe Alquimista se apoyó en la puerta cruzado de brazos, esperando sonriente a que los niños terminasen su charla con Kaeya, Xingqiu se dio cuenta de su presencia, y se ruborizó al ver que las vendas del torso de Albedo marcaban su musculatura.

-Señor Kreideprinz… - balbuceó el joven Xingqiu mirando el torso de Albedo, tardando un poco en recordar la última vez que lo vio, siendo arrastrado a un interrogatorio - ¿Se encuentra bien?

-No se preocupe, lo malo ya pasó, comprobaron que no tuve nada que ver - le explicó el Jefe Alquimista, mas el adolescente agachó la cabeza lamentándose por él.

-Pero… lo torturaron…- susurró Xingqiu, el príncipe Alberich miró con preocupación a Albedo, sentía remordimiento por haber causado de alguna forma que lo incriminaran en lo ocurrido.

-Ya no hay nada que temer, por favor no piense en esto, sanará - sugirió el Jefe Alquimista; Chongyun estaba al pendiente del estado de salud de Kaeya, a quien veía con preocupación, arrodillado junto a su cama mientras usaba el nudillo del dedo índice para remover uno de los largos mechones de cabello del príncipe Alberich que le estorbaban en el rostro.

-Disculpen mis niños ¿Podrían dejarnos a solas? Necesito hablar a solas con el Jefe Alquimista Albedo - les pidió Kaeya, observando con algo de picardía su torso delgado pero de musculatura definida - tal vez de cosas de adultos - agregó, el Jefe Alquimista tosió más discreto que el principe de Khaenri'ah, Xingqiu se les quedó mirando, se imaginó por un momento lo que podía pasar entre esos dos, y aquello lo hizo sonrojarse una vez más; Chongyun se levantó, su lindo rostro seguía mostrando lo preocupado que se sentía por Kaeya.

-¿Estará bien? - preguntó el niño, el príncipe Alberich le sonrió cariñosamente y estiró la mano para tocar con un dedo una de las mejillas del príncipe Chongyun.

-Ya estoy mejor - le aseguró Kaeya, Xingqiu se acercó a su amigo y le tomó la mano.

-Vamos - le pidió Xingqiu a Chongyun, guiandolo hasta la puerta para no estorbar a quienes a su apresurado juicio eran "pareja" - volveremos en unas horas príncipe Alberich, por favor recuperese - dijo el niño para luego salir rápidamente con el príncipe Chongyun, quien se quejó metros más allá porque no lo dejó despedirse adecuadamente.

-¿Duele mucho? - le preguntó Kaeya al Jefe Alquimista con una voz más dulce y algo afligida, Albedo suspiró acercándose a la cama para estar sentado a su lado.

-No pienses en eso ¿Cómo estás tú? ¿Realmente te sientes mejor?

-No me estoy muriendo pero… me duele mucho el estomago… No quise decírselo a esos niños para no asustarlos.

-Entiendo… - susurró Albedo arrepentido de haberle causado ese dolor - Kaeya, yo… tengo que decirte algo… - murmuró temiendo que el príncipe lo odiara por casi haber causado su muerte accidentalmente; Kaeya tocó la quijada del Jefe Alquimista, recorriendo el contorno de sus labios con el pulgar, tentandolo a usarlos sobre los suyos.

-Puedes decirme lo que quieras, Jefe… - pronunció el príncipe Alberich provocativamente, Albedo estaba nervioso, Kaeya se había hecho una idea muy diferente de lo que en realidad iba a decirle.

-Yo intenté envenenar a Barbatos - confesó el Jefe Alquimista; de pronto el príncipe de Khaenri'ah dejó de tocarle los labios, mirándolo atónito y sudando frío.

-¿Qué…?

-Yo puse el veneno… no creí que llegaría a ti, yo solo quería… - dijo Albedo con lágrimas en los ojos, Kaeya no terminaba de procesar eso, porque para él, no tenía ni un poco de sentido.

-No puede ser…

-Perdoname por favor - le suplicó el Jefe Alquimista llorando una vez más - no quería hacerte daño… Perdóname… - susurró Albedo angustiado; el principe Alberich seguía en shock.

-No entiendo… en serio, realmente no lo entiendo… - le dijo Kaeya llevándose las manos a la cabeza - tú no pudiste envenenarme… ¿O si?...

-Fue un accidente, yo no quería que ese veneno acabara en tu vino, no sabía que te ibas a robar la botella del rey, nunca quise que…

-Ese es el problema, Albedo - lo interrumpió el príncipe extremadamente confundido, tocándose el cráneo mientras trataba de encontrar una explicación para todo - yo jamas me robé ninguna botella…

-¿Qué? - pronunció el Jefe Alquimista descolocado.

-No robé la botella del rey, mentí…

-Tu dijiste que te llevaste el vino de Barbatos para beberte su aqua vitae - lo increpó Albedo poniéndose de pie nervioso y desconcertado.

-Mentí, no me robe nada…

-No juegues Kaeya, no tiene sentido, no puedes no haberte robado la botella porque en estos momentos el rey estaría muerto… - pronunció el Jefe Alquimista mientras sus palabras se hacían más lentas a medida que él y el príncipe se miraban asustados - ¿Eso quiere decir que…?

-Albedo… - susurró Kaeya aterrado, Albedo volvió a sentarse junto a él y le tomó las manos para tranquilizarlo.

-¿Por qué le mentiste al rey? ¿Por qué le dijiste que te llevaste la botella?

-Porque… si dejo de ser de utilidad para él, me matará… - respondió el príncipe Alberich confundido y asustado - no sabía cómo reaccionar cuando me interrogaron, solo recordé las veces que él me dijo que me mataría cuando la guerra finalizara, por eso…

-¿Pero por qué no le dijiste que alguien quiso matarte?

-Porque tuve miedo. Tuve miedo de que, quien haya puesto ese veneno en mi vino, fuera un enviado de Snezhnaya o de mi propio país…

-Kaeya, entiendo que tengas miedo de que la zarina te considere un obstáculo para ganar la guerra ¿Pero por qué sospechas de Khaenri'ah? Es tu padre, él nunca mandaría a alguien a asesinarte…

-Yo… no lo sé… - respondió llorando afligido - he estado secuestrado por 20 años, solo he servido para que mi padre reciba amenazas… soy un estorbo para él y para Snezhnaya… los entendería si quisieran deshacerse de mí…

-Kaeya… - susurró Albedo acariciándole las manos - no pienses así, no eres un estorbo para tu familia… - lo consoló, sin embargo el príncipe recordó todo el dolor que le causó a la casa Ragnvindr, sobre todo a su hermano Diluc; si ya había sido una carga para ellos, era peor si lo usaban para mantener controlada a toda Khaenri'ah.

-Pero si fuera así, y Barbatos se entera de que la zarina o mi padre quisieron sacarme del camino… - le explicó Kaeya sollozando, al Jefe Alquimista le rompía el corazón verlo así - él va a matarme… mi vida ya no tendría ningún valor para él, ni para nadie…

-Para mí sí - dijo Albedo tomando los hombros del príncipe a la par que lo miraba a los ojos con firmeza - tu vida es valiosa para mí, más que mi propia vida.

-Pero Albedo… - murmuró Kaeya agachando la cabeza, angustiado y triste.

-Además, no podemos asumir que fueron enviados de Khaenri'ah o de Snezhnaya, pudieron ser los Lawrence, no pienses en la peor de las posibilidades… - agregó el Jefe Alquimista, el príncipe Alberich consideró un momento esa posibilidad, pero al mismo tiempo, pensó en otra cosa que no estaban tomando en cuenta.

-Albedo, si el rey no se envenenó y yo sí… significa que alguien a parte de ti sabía que esa botella estaba envenenada…

-Y por eso, quien lo haya hecho, me vio o sabía de algún modo lo que estaba planeando… - pronunció Albedo preocupado al igual que Kaeya.

-Y lo aprovechó para intentar asesinarme… - murmuró el príncipe de Khaenri'ah, el Jefe Alquimista le tomó las manos delicadamente, como una forma de decirle que estaba allí para él - tengo miedo…

-Kaeya, te prometo que no dejaré que alguien atente otra vez contra tu vida, averiguaré quien me vió, y acabaré con él - le juró, Kaeya lloró mirandolo a los ojos, su Albedo seguía siendo el mejor hombre que había conocido en su vida, además de Crepus Ragnvindr.

-¿Por qué quisiste envenenar al rey? - preguntó el príncipe Alberich, el Jefe Alquimista suspiró y cerró sus ojos, mentalizandose para responder eso sin darle tantas ilusiones.

-Porque no puedo soportar que sigas a su merced, ni tampoco toleraré que te siga usando, es injusto y no iba a quedarme sin hacer nada, incluso después de lo que pasó con Klee.

-¿De verdad? ¿De verdad quieres protegerme aunque haya puesto en riesgo a tu hermanita por intentar escapar?

-Aún no te he perdonado por eso, pero, sí, lo hice porque quiero ayudarte - le explicó Albedo, Kaeya le sonrió dulcemente, ese tipo de miradas hacían sentir muy extraño al Jefe Alquimista, pero estaba determinado a resistir la tentación.

-Eres un ángel, Albedo - comentó el príncipe de Khaenri'ah, acercando con lentitud su mano al torso vendado del Jefe Alquimista para tocarlo - eres un hermoso ángel…

-No hagas esto… - le pidió Albedo mientras el príncipe acariciaba sus abdominales, su ojo violeta brillaba extasiado, recordando los hermosos y apasionantes encuentros que tuvieron dos años atrás - Kaeya, no hagas eso por favor…

-¿Cómo puedo compensarte por lo que has tenido que pasar por mi? - preguntó Kaeya tocando las vendas del pecho del Jefe Alquimista; un refrán decía "donde hubo fuego, cenizas quedan", pero tratándose del príncipe Alberich no eran solo cenizas, eran brasas ardientes que en cualquier momento incinerarían a Albedo hasta consumirlo por completo.

-No tienes que compensarme, no quiero que hagas nada por mí - contestó el Jefe Alquimista antes de que Kaeya tomase suavemente una de sus manos, guiandola hasta su camisa del pijama para luego meterla por debajo; Albedo sintió el pectoral izquierdo del principe, su pezón firme, la blandura de su pecho, era una sensación familiar cuyo recuerdo le dio una erección - Kaeya no…

-Yo puedo dartelo todo… - susurró el principe de Khaenri'ah tomando la otra mano del Jefe Alquimita, procediendo a meterse su dedo índice dentro de la boca para chuparlo y enseñarle nuevamente sus habilidades con la lengua; la presión en los pantalones de Albedo era imposible de disimular, pero antes de perder la cabeza, decidió retirar sus manos y colocarlas a la altura de los hombros de Kaeya, estando por encima de él mirándolo fijamente.

-No necesitas darmelo todo, no tienes que hacer nada por mi ni entregarme tu cuerpo como pago. Todo lo que hago, lo hago por mi propia voluntad, así que no vuelvas a ofrecerme nada porque con o sin paga, yo te ayudaré - pronunció el Jefe Alquimista con autoridad, la mirada del príncipe Alberich se iluminó al contemplar el hermoso rostro seguro de su ex amante.

-¿Y qué pasa si quiero darte todo de mi? ¿Si mi deseo es que me uses cuantas veces quieras? - cuestionó Kaeya tocándole los labios con la yema del dedo, Albedo permanecía igual de serio a pesar de que deseaba besarlo y hacerle el amor hasta más no poder.

-Yo nunca te usaré, y espero que tu no quieras usarme a mí otra vez - contestó el Jefe Alquimista, entonces el príncipe se estiró súbitamente para besarle la boca; Albedo abrió los ojos sorprendido, no quería admitirlo, pero volver a besarlo después de tanto tiempo lo hizo sentirse en la gloria.

-Usame…

-No, no lo haré - reiteró el Jefe Alquimista mirándolo con determinación contra las sábanas - estamos juntos en este embrollo, y no te soltaré, por tu vida…

-Yo tampoco te soltaré… - le aseguró Kaeya abrazando su cuello para acercar su rostro al de Albedo con ternura - si por algún motivo vuelven a arrestarte, confesaré todo para que no te ejecuten.

-No, ni lo sueñes, no voy a permitir que hagas algo así, no quiero que Barbatos disponga de tu vida si considera que "ya no eres de utilidad". Vales mucho más que eso.

-No puedes detenerme - se rió el príncipe traviesamente, seguía abrazando al Jefe Alquimista, que no se movía, y que tampoco opuso resistencia cuando Kaeya volvió a besarlo lleno de pasión y ternura.

Mientras ellos estaban juntos en el cuarto, Sucrose salía del laboratorio caminando lenta e inseguramente, según le habían informado, su maestro fue liberado por falta de pruebas, lo cual era un alivio hasta cierto punto; sin embargo la joven había perdido la tranquilidad en el momento en que Albedo fue llevado a la sala de torturas y ella trató de detener a los guardias. Estaba contra la espada y la pared en ese momento, nunca creyó verse envuelta en un complot como aquel, pero de algún modo llegó a meterse hasta el cuello, y era todavía peor por el hecho de que estaba a punto de ahogarse, o de ser ahogada por alguien más.

De seguro en ese momento los huéspedes estaban llegando al comedor para desayunar, Sucrose pensó que aquello la salvaría momentáneamente de sus problemas, pero no contó con que alguien la estaba esperando de pie en el pasillo, con la espalda pegada a la pared y de brazos cruzados en una pose de mucha confianza. Ella se detuvo delante de esa persona sin mirarla, tensa y temerosa, mas no por eso mostrándose débil; por primera vez en su vida estaba controlando las ganas de llorar y pedir ayuda, y ni siquiera lo hizo cuando una serpiente blanca rodeó su pierna, ascendiendo poco a poco por las formas de su cuerpo hasta instalarse alrededor de su cuello, mientras el doctor Baizhu sonreía con un par de ideas en mente.

-¿Ya podemos negociar?