6. ¿Esto puede empeorar?

Inframundo

Violet caminaba por la tercera prisión tarareando una canción que parecía solo ella conocía, con calma observaba su alrededor mientras se estiraba después de un largo día de entrenamiento.

—¡Cetus! —escuchó que la llamaban y con un resoplido se giró hasta el juez.

Rhadamanthys —nombró con mucho énfasis.

—Disculpe las molestias, señorita —dijo en el mismo tono de la chica—, pero quiero entregarle una herramienta para que pueda cumplir su misión sin problema.

—¿Cuál misión? —preguntó ella mirando al juez—. ¿La del Santuario?

—¿Tienes alguna otra? —Ella negó—. Exacto.

—No necesito nada, voy bien —aclaró cruzándose de brazos.

—Mira, linda —habló pausadamente el juez—, llevas un par de días sin traernos información. Hace rato que no vas al Santuario.

—No es como si tuviera una excusa para estar allí todos los días. No sin levantar sospechas.

—¿Y si te presento más amigos? —aconsejó levantando una ceja, Violet retrocedió un poco.

—¿Qué quieres de mí?

—Nada, bueno. —Lo pensó mejor rodando sus ojos por la figura de la chica—. Quiero todo de ti, a decir verdad.

—¿Te cansaste de vivir?

—Como si pudieras, primor —expuso, Violet simplemente suspiró—. Tengo un amigo en el Santuario. Supuse que, si conoces a más santos, estar en ese lugar debería ser más fácil para ti.

—Espera, espera. ¿Tienes amigos en el Santuario? ¿Por qué soy yo la que tiene que ir a buscar información si a ti te queda más fácil?

—No me queda más fácil. Yo soy el juez y el espectro más odiado en el Santuario. Según ellos, que porque les gané con trampa. ¿Qué se puede esperar de esas cucarachas?

Violet se sumergió en un estado de confusión antes de atreverse hablar:

—Pero le ganaste a tres santos dorados, gracias a la barrera de Hades.

—Sí, pero no empleé mucha fuerza, en teoría estaba igual que ellos.

—Sin embargo, tú podías moverte libremente y explotar tu cosmos al máximo y ellos no. Y luego Kanon…

—¡Cállate! —gritó haciendo retroceder a la chica—. En fin —continuó acomodando su armadura—. Mi amigo del Santuario apenas es un santo de plata, el cual no tiene mucha información y es algo idiota también, pero ese no es el punto. Pero si tú te haces amiga de él, tendrías más aliados. Ya prácticamente te echaste al Patriarca al bolsillo, ¿no? —expuso guiñando un ojo.

—¿Qué insinúas, idiota?

—Ay, no sé. Él es un tipo solitario, tú una mujer muy bonita.

—¿No se supone que él es un anciano? Aunque no lo parezca.

—Sí, pero a todo anciano le gustan las veinteañeras —sonrió con picardía, a lo que Violet solo le miró molesta—. Ay, no te pongas así. Nos sirve que el Patriarca esté interesado en ti.

—Él no está interesado en mí. Simplemente, es un hombre amable.

—Sí, tú llámalo amabilidad.

—Eres insoportable. Vamos, preséntame a tu amigo.

—¿En este momento?

—Sí.

Rodorio

Dio marchaba divertido a lado de un miedoso Harold, quien le suplicaba no llevarlo a ese lugar, y es que el lugar no era el problema, el problema era la persona a la que irían a ver y la cual aterraba de sobremanera al pobre colombiano. Él prefería mil veces cualquier cosa, menos estar sentado en la misma mesa con lo que él pensaba podría ser el mismo diablo.

Los ruegos de Harold no fueron escuchados, cuando se dio cuenta ya estaba dentro del bar, mirando los ojos confundidos de Claus, mientras que el Santo le sonreía divertido a un hombre que estaba acomodado unas mesas al fondo.

—Dio, amigo —saludó Rhadamanthys—. Que bueno que te llegó mi mensaje.

—Cuando se trata de cerveza gratis, el mensaje siempre llega —dijo el plateado arrastrando a Harold—. ¿Quién es está morrita tan bonita? —preguntó al reparar en Violet.

—¿Morrita? —inquirió ella.

—No seas grosera —sostuvo en baja voz el juez—. Ella es una gran y querida amiga —explicó mientras Cetus lo miraba dudosa—. Su nombre es Violet. Tú eres Harold, ¿no?

Ante la pregunta el colombiano simplemente divagó.

—Vamos amigo —jaló Dio tomando asiento frente a los espectros.

—No temas —expuso Wyvern—. Yo les voy a invitar… ¿Cómo le dices, Dio? ¿Chelas? —el aludido asintió—. Les voy a invitar unas chelas.

Ante esto, Harold tomó asiento prevenido y con mucho cuidado y hablando en español, le preguntó a su amigo:

—¿Marica, en serio este ñero tiene para gastar pola?

—Sé español —expuso el juez haciendo que Harold se congelara en su lugar—. ¿Qué es eso de: 'ñero' y 'pola'?

—La pola —intentó no atragantarse el colombiano—, es, es… cerveza.

—¿Y 'ñero'? —Harold tragó saliva, angustiado.

—Ñero —dijo mirando a Dio que esperaba divertido por una respuesta—. Es: una persona muy importante.

—¿De dónde eres tú, amiguito? —preguntó Violet observando fijamente a Harold, quien seguía con la mirada en Rhadamanthys.

—De Colombia —contestó Dio ante el mutismo del otro. Acto seguido Violet tomó su celular tecleando con premura—. ¿Qué haces?

—Ñero —tomó la palabra la chica leyendo algo en su celular—: Se dice de la persona callejera, sin educación y delincuente. Su uso es despectivo en Colombia.

—¿Con qué una persona muy importante? —enfatizó Wyvern clavando con seriedad su mirada en Harold.

—También —señaló el colombiano a la chica para que mirara bien su celular—. Significa amigo. ¿No monita?

—Oh sí —contestó ella—: Se dice quién es muy amigo, compinche. En Colombia y México.

—En México también se refiere a una persona ordinaria y mal educada —agregó Dio con una sonrisa mientras Harold palidecía más.

—Pero… pero… yo… me refería a… amigo…

—¿Y desde cuándo tú y yo somos amigos? —preguntó Rhadamanthys con voz tenebrosa.

—Bueno… yo… yo…

—Oye mira —llamó Violet a su compañero para luego mostrarle el celular—. Mira, un ñero colombiano, se ve igual a ti, con razón él te dijo eso. —Soltó en una gran carcajada.

—Yo… no… no…

—¿Sabes lo que suelo hacer con los bocones? —Harold intentó esconderse tras la mesa ante las palabras amenazantes del juez—. Los asesino… ¡Bu!

Harold gritó con mucha fuerza quedando de pie y llegando en un par de zancadas hasta la puerta, en lo que sus tres acompañantes se echaban a reír con gana, el colombiano un poco angustiado, decidió volver con ellos con paso muy lento.

—Harold, toma asiento, no te haré nada si no me provocas —expuso Wyvern ante el nerviosismo del chico quien no estaba muy seguro de sentarse en la mesa—. ¡Claus, cuatro polas para esta mesa!

—En un segundo.

—¿Ustedes dos son novios? —preguntó Dio a los espectros.

—No —respondió con rapidez la chica.

—Es dura —contestó Rhadamanthys.

—Yo te he visto —dijo tímidamente Harold—. Con la señora Tessa y el señor Camus.

—Oh, entonces eres novia del señor Camus —Agregó Dio.

—Él quisiera —contestó ella.

—Una chica dura —comentó Wyvern.

—Dio, ¿cómo está todo en el Santuario?

—No señorita —contestó el santo—. No podrá sacarme información, si esa es su intención.

—Oh… que mal… que tal si tomamos algo más fuerte —expuso Violet al ver las cervezas.

—Oye estas cervezas son costosas —aclaró Rhadamanthys en voz baja.

—No seas tacaño —acotó ella mirándolo con desdén—. Y podemos jugar algo.

Ante la sugerencia los tres hombres clavaron su mirada inquieta en la joven.

—¿Algo como qué? —preguntó el juez levantando una ceja mientras le daba un sorbo a su cerveza y rodaba los ojos en Violet.

—¿Prendas? —interrogó divertido el santo.

—Ay, hombres, no… otra cosa.

—Bueno, ¿qué quieres jugar amor? —Quiso saber el espectro pasando sus brazos sobre los hombros de la chica—. Lo que tú quieras.

—Se llama: 'vomitada'.

—Uy, eso suena feo —interrumpió el rubio alejándose de la chica.

—Solo necesitamos —continuó ella—: seis copas pequeñas, un dado y un trago más fuerte.

—¿Qué tan fuerte? —inquirió Harold.

—Solo algo más fuerte que una cerveza —contestó la joven.

Violet clavó su interesante mirada en el juez, quien con un resoplido se levantó para buscar lo pedido. Unos segundos después, Claus llegó con lo solicitado y una botella de Whisky que dejó sobre la mesa.

—De acuerdo, chicos —tomó la palabra Cetus mientras llenaba las copas dejando dos vacías—. Estas copas representan los seis lados del dado: uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis —enumeró los vasos—. El juego consiste en lanzar el dado, si cae en un número de copa vacío, quien lanzó, debe llenar la copa y pasar el turno, pero si, por el contrario, cae en una copa llena, debe beber todo el contenido de ésta de un solo sorbo y seguir lanzando hasta llegar a una vacía.

—¿Es decir que alguien con muy mala suerte, (o buena) podría estar bebiendo el contenido de las seis copas en una sola ronda?

—Así es mi querido amigo, Rada —contestó la chica.

—Ahora entiendo por qué le llaman vomitada —expuso el juez.

—Bueno, juguemos, ¿quién va primero?

—Tú propusiste el juego, tú inicias —declaró Wyvern.

—Pero que miedosos —dijo ella lanzando el dado, el cual cayó en el número tres, copa que estaba vacía y como dictaban las reglas ella la llenó con whisky.

—Que buena suerte —acotó el juez recibiendo el dado y negando con la cabeza para luego lanzar—. Cinco —dijo más para sí, en lo que bebía de la copa con ese número, acto seguido volvió a lanzar—. Seis. Entonces la lleno y paso el turno.

—Así es —contestó la joven.

Una hora después los tres hombres que acompañaban a Violet estaban completamente ebrios, la botella ya casi se acababa, y los tres caballeros lanzaban el dado con torpeza bebiendo sin detenerse a pensar si era su turno o no. Por su lado, Cetus estaba sentada observando y escuchando (principalmente) todo lo que decían sus compañeros. Cuando era el turno de ella, por lo general, el dado caía en una copa vacía, por lo que ella pasaba muchas rondas sin beber ni un solo trago, suerte que no tenían los otros, que terminaban tomando hasta tres o cuatro copas seguidas.

—Cuando era pequeño —contaba con dificultad Rhadamanthys—, estaba locamente enamorado de una niña de mi salón… un día… un día… yo le canté una canción… en plena clase. Y bueno, estaba tan, pero tan nervioso, que vomité… encima de ella.

Todos menos el juez se echaron a reír.

—Me dijeron durante muchos años: 'el niño vomitón'. El niño vomitón. Yo, era el niño vomitón… por eso los odio a todos.

Durante el resto de la noche, Violet se hizo de mucha información.

Al día siguiente en Blizz.

Aioria dejó caer fuertemente su cabeza sobre la barra del café, frente a él, una divertida Shaina lo observaba intentando disimular y aparentando que en verdad lo comprendía. El pobre león, se sentía agotado entre un ir y venir de cambios de humor de su querida esposa, quien hábilmente pasaba de la felicidad a un completo llanto, sin contar la cantidad de veces que tenía que salir corriendo en busca de uno de los tantos antojos de Marín, que de no encontrarlo significaba la muerte.

Shaina observó por largo tiempo al dorado, quien suspiraba y con cada respiró parecía hacerse más pequeño, con un poco de comprensión dejó una taza de té caliente sobre la mesa justo al frente del rostro de Aioria.

—Toma amigo —dijo la Cobra—. Lo necesitas.

El león suspiró pesadamente antes de levantarse para tomar la bebida.

—Gracias —resopló—, me voy a volver loco.

—Bueno Aioria, tú tampoco le has hecho la vida fácil a Marín —expuso limpiando la madera de la barra—, con esa forma de sobreprotegerla de todo, cualquiera se exaspera.

—¡Pero es que ella…! —explotó, pero una tétrica mirada por parte de la amazona calmó su ímpetu—. Pero es que ella —dijo con tranquilidad— debe estar segura, su bienestar es importante para mí.

—Sí hombre, no obstante que salga de vez en cuando a tomar el sol no le hace daño.

—¡¿Sabes cuantos peligros hay en la calle?! —bramó, pero ahí estaba nuevamente esa mirada asesina de la Cobra—. Hay muchos, Shainita, y alguien podría lastimar a mi princesa.

—Eres un exagerado —un ruido en la puerta la hizo sonreír—, y ahí viene tu princesa.

—Hola, amor —saludó Águila abrazando a Aioria.

—¿Qué haces por ahí sola? Algo malo te puede pasar —expuso el dorado.

—Ay, no empieces.

—Buenas tardes, muchachos —comentó Naomi llegando con una canasta—. El pedido. Kanon dice: que él no es una máquina que pueda estar horneando todo el día.

—Él se comprometió, ahora que no pelee —enfatizó Shaina—. Sus galletas se venden muy bien, no es nuestra culpa.

—¡Qué rico, las galletas de Kanon! —expresó Águila, a lo que Antlia rápidamente apartó las golosinas

—¡Vade retro satanás!

—Amor, comer tanto dulce no te hará bien.

—¡Pero ¿Por qué todo el mundo me molesta?! ¡¿Qué les pasa?!...

.

Shaka sonrió divertido ante la cantidad de palabras que dejó salir Marín sin ningún tapujo e ignorando el hecho que el café estaba llenó en ese momento, muchos giraron a ver a la amazona enfurecida, pero otros, como él, continuaron en lo suyo.

—Vaya, ¿esa es Marín? —preguntó una voz femenina que venía desde su laptop.

—Sí, la misma —contestó él—. Cada día grita más fuerte.

—Pobre niño, nacerá con problemas debió al carácter endemoniado de su madre.

—¿Quieres decírselo?

—¡No! —contestó ella tan rápido como pudo, pero Shaka ya iba a mitad de camino con el computador en la mano.

—Hola, chicos, miren quien los saluda —expuso el rubio, en lo que todos giraban a ver el monitor.

—Hola, Ale —saludaron efusivamente todos.

—¿Cómo está todo en ese lado del mundo? —preguntó Naomi.

—Bien, aquí hace mucho frío, me resfrié los primeros días —contestó la latina.

—¿Y nos has extrañado? —Quiso saber Marín.

—Sí, especialmente a ti —contestó con rapidez Alejandra, en lo que Shaka sonreía al darse cuenta de la mentira de la chica—. ¿Cómo están ustedes?

—Bien, pero Marín cada día está más loca —explicó Shaina, en lo que Aioria palidecía.

—¡Yo no estoy loca!

—Vale, linda tranquila —expuso Alejandra sin analizar la frase.

—No me digas que me tranquilice —sostuvo Marín acercándose peligrosamente a la pantalla.

—Ale dice: que no es adecuado que te exaltes tanto —explicó Shaka con naturalidad—, que el niño se puede enfermar debido a tu carácter, Marín.

—¿En serio? —preguntó la aludida mirando fijamente a Alejandra, tanto que casi se mete dentro del computador.

—Sí, Marín, puede ser contraproducente que te alteres demasiado —informó la morena—. En tu estado un ambiente de paz es más adecuado para la gestación del bebé. Debes tener en cuenta que en un espacio hostil el nene puede verse expuesto al estrés. Tu bebé siente todas tus emociones.

—Ay, cierra la boca —bramó la japonesa—. Vete con toda tu psicología freudiana a molestar a otro.

—¡Uy! —acotó Shaka—. Nombraste a Freud, a ella no le gusta.

—¿Sabes que Marincita? —pronunció pausadamente Alejandra—. Te deseo un largo, seco y doloroso parto. Tú sigue siendo una maldita psicópata, que igual tu bebé va heredad el coeficiente intelectual de su tío Aioros. ¡Adiós!

Marín se quedó quieta observando una pantalla negra, y antes de que alguien pudiera decir algo, se echó a llorar.

—No amor, no le hagas caso —intentó consolar Aioria—, tu parto no será de esa manera. ¿Alejandra que sabe de partos? Nada.

—No es por eso por lo que lloro —expuso la amazona.

—¿Y por qué lloras?

—Porque ella tiene razón —contestó en medio del llanto—: mi hijo heredara el coeficiente intelectual de Aioros —continuó llorando más fuerte.

—Ay, eso no es tan posible —concilió el león.

—¿Cómo que no? —refutó molesta—. Sí tú eres igual o más tarado que tu hermano. Mi hijo será estúpido. —Finalizó llorando más fuerte.

—Oye me ofendes.

—No te preocupes, Marín —dijo Shaka colocando una mano sobre los cabellos rojizos de la guerrera—. Recuerda que el bebé será mitad Aioria, mitad tú. Con suerte, el niño será: mitad histérico, mitad idiota.

Tanto Aioria como Marín observaron al de virgo con demencia.

—El niño será un idiota psicópata —expuso el sexto guardián ante la mirada asesina de sus compañeros.

—¡Shaka, corre por tu vida! —logró advertir Shaina antes de que Marín le cayera encima al rubio.

—¡Ay! Tú y Alejandra son tal para cual —expuso Aioria atajando a su esposa para que no asesinara al indio—. ¡Largo de aquí, Virgo!

—Bueno, si me necesitan ya saben dónde hallarme —informó el sexto guardián caminando con su laptop nuevamente hasta su mesa.

—Son un par de idiotas esos dos —bramó Marín.

—Bueno, tú empezaste —hizo ver Shaina, ganándose una fuerte mirada por parte de Águila—. Bueno, no.

Templo de Piscis.

Seiya ingresó al doceavo templo en compañía de una sonriente Minho, por el camino todos saludaron a la japonesa, y la llenaron de preguntas tontas, alegando que si estaba bien de la cabeza al tener como novio a Seiya. Como siempre, la chica tan gentil, contestó con amabilidad y una enorme sonrisa, cosa que Pegaso no entendió si era a favor o en contra de él.

—Minho, muchas gracias por venir —expuso Seika acostada en la cama—. Eres muy amable. Que pena molestarte.

—No me molestas —contestó la otra—. Yo estoy feliz con este viaje, así puedo ver seguido a mi Seiya —soltó sonriéndole al bronceado.

—¿Ya te hiciste revisar por un profesional, niña? —preguntó Afrodita mirando consternado a la joven.

—Cielo, no seas grosero —pidió Seika.

—¿Y como por qué Minho debería ir con un profesional? —interrogó irritado Seiya.

—¿No escuchaste lo que dijo? —inquirió el dorado—. Dijo: que te quería ver más seguido. Eso solo lo desea un demente.

—¡Ay, te mataré!

—Por favor, chicos no empiecen —pidió la pelirroja, en lo que Afrodita sonreía triunfante y Seiya hacía un puchero.

—Vamos Seiya —llamó Minho—. Vamos a Blizz, dejemos a tu hermana descansar.

—Te lo agradezco mucho, es bueno tener a alguien sensato en este lugar.

—Yo no diría eso, Seika —señaló Dita a Pegaso, ganándose una mirada de indignación por parte de ambos hermanos—. ¿Qué?

Templo de Acuario.

Camus jugueteaba con Dean, alentándolo a ponerse de pie por si solo, el pequeño lograba estar firme por unos segundos y frustrado caía al suelo manoteando. El francés sonreía divertido ante la insignificante pataleta e inflaba pecho al verlo levantarse con más determinación.

—Ya casi —dijo cuando el niño logró ponerse de pie seguido por un efusivo y tierno aplauso—. ¡Muy bien! Ahora ven aquí —ante la orden, el más pequeño se puso a gatas avanzando hasta él—. Eso es trampa.

—Ay, pero sí eres un padre muy comprensivo.

—¿Qué haces aquí? —preguntó el dorado, mientras Dean movía la mano saludando a la recién llegada.

—Hola, peque. Te traje un dulce —dijo la chica sacando una paleta roja de azúcar.

—No le des dulces a mi hijo, Violet. —Pero el niño ya había recibido la golosina—. Genial.

—Solo es un dulce, deja el escándalo. —Camus rodó los ojos seriamente—. Es un dulce pequeño, no molestes.

—Y hablando de molestias. ¿Qué haces aquí? —preguntó el Santo poniéndose de pie con Dean en brazos.

—Vine a verte —contestó ella como si nada.

—En serio, loca, ¿qué haces acá? No quiero problemas.

—¿Y cuál es el problema con que yo esté acá? —interrogó caminando hacia dentro del templo.

—¿A dónde crees que vas? —Quiso saber al verla avanzar por el lugar.

—A la cocina —señaló una bolsa en la cual Camus no había reparado antes—. Traje algunas cosas para la cena.

—Espera, ¿qué haces?

—Oye, es comida gratis, no pelees. Y te contaré una anécdota muy vergonzosa de Rhadamanthys.

Camus paró en seco ante la información y después de un rato, aceptó la presencia del espectro en el templo, igual, no pensaba que significará algo malo tenerla cerca.

Grecia

Naomi y Shun caminaban bajo la noche del cielo griego tomados de la mano, después de un pequeño recorrido se adentraron en un bar y buscando asiento conversaron amenamente entre abrazos y besos.

—¿Quieres bailar? —preguntó Andrómeda luego de un apasionado y nada inocente beso.

—Sí —contestó ella levantándose con entusiasmo hasta la pista.

—Eh estado muy ocupado, lo lamento.

—No te disculpes, amor —comentó ella danzando con sensualidad—. Hace mucho calor, ¿o soy yo?

—¿Quieres tomar algo?

—Sí, gracias.

Naomi se quedó danzando en medio de la pista con mucha tranquilidad, Shun no había avanzado mucho, cuando un hombre llegó con galantería a charlar con la amazona. Andrómeda no notó la intromisión de inmediato, atravesando el lugar hasta llegar a la barra.

—Dos cervezas —pidió el santo mientras le daba un largo vistazo al sitio, para luego girar y observar a Naomi bailar.

—¿Es tu chica? —preguntó el barban señalando hacia la pelirroja.

—Sí, es mi novia —contestó Shun.

—Es muy hermosa. Para mí sería muy difícil tener una chica así a mi lado. Tú no tienes nada de que preocuparte —dijo al ver que el santo no se veía celoso ante la cercanía del otro hombre—. No tienes que preocuparte porque te sean infiel y ella tampoco. Ella es muy hermosa y tú muy apuesto.

—No creas eso —contestó Shun con cortesía—. A los hombres guapos y a las mujeres hermosas también los engañan.

—Así que una belleza como la de ustedes, no garantiza nada —soltó el mesero en burla.

—Así es… muchas gracias.

..

—Hola, me llamo Jhon. —Se presentó el hombre que se acercó a Antlia.

—Naomi —contestó ella observándolo detalladamente, notando que era un joven muy apuesto.

—¿Quieres algo?

—Estoy con mi novio. Él me traerá algo.

El chico sonrió derrotado y con un gesto se despidió de la guerrera, justo en el momento cuando Shun llegó con ellos.

—¿Quién era tu amigo? —preguntó el santo a Naomi.

—Su nombre es Jhon —contestó ella recibiendo la cerveza—. ¿Celoso?

—No —respondió abrazándola para luego besarla con lentitud.

—Sí, no estás celoso —dijo ella ante una notoria cercanía por parte de Andrómeda.

Templo de Virgo

Shaka suspiró pesadamente al observar la repisa donde las fotos con Alejandra descansaban, ella no se había ido hace mucho, pero él la extrañaba cada día.

—Que horrible ser tú —dijo una voz.

—¿No ibas a pasar de largo? —preguntó incómodo—. Largo Ángelo.

—Sí iba a pasar de largo —explicó con una socarrona sonrisa mientras tomaba asiento en un gran sofá—. Pero me dije a mi mismo: 'mi mismo, vamos a molestar a Shaka'. Y bueno, estás tan deprimido que me diviertes.

—Te divierte mi tristeza. ¿Qué clase de amigo eres?

—Uno muy malo. Vamos trae una cerveza, esclavo.

—Largo —expuso Shaka intentando levantar al italiano.

—¡No! —acotó él acomodándose más en el sofá.

—¡Ángelo Gabriel, largo de aquí!

—No me llames por mi nombre completo, Shaka Joaquín.

—Yo no me llamo Joaquín —expuso el rubio confundido.

—Ah, ¿no? ¿Cuál es tu segundo nombre? —preguntó muy curioso buscando la mirada de su compañero.

—Yo no tengo segundo nombre —contestó con seriedad.

—Sí lo tienes y lo voy a averiguar —amenazó señalándolo con el dedo.

—¡Largo! Que molesto eres. ¿Por qué no vas con Narella? A propósito. —Siguió tomando asiento—. La he visto muy delgada, ¿tan mala vida le das? —Ángelo resopló como un toro—. Ah, ya, tienes un palito adelgazador.

—Cierra el pico, rubia insípida.

—¡Largo!

—¡No!

Shaka se cruzó de brazos, dejando caer todo su peso en el espaldar del sillón, con disimulo observó la sonrisa ladina de Cáncer, y una diminuta sensación de bienestar se presentó en su rostro. Su compañero, podía a llegar a ser muy molesto, pero tenía que aceptar, que tenerlo entre su grupo de amigos, era reconfortante y que estuviera con él en un momento como ese, le daba paz y tranquilidad su arrugado corazón.

Cabañas Femeninas

Naomi se levantó con pereza y pensativa caminó directo a la cocina, después de servir un poco de café, tomó asiento en el comedor y observó por la ventana distraída.

—Buenos días —saludó la Cobra, tomando un poco de agua para sentarse delante de su amiga—. ¿Y Shun?

—¿Y Milo? —refutó.

—Estaba de guardia anoche, ¿ya lo olvidaste? —inquirió observando fijamente a su amiga.

—Oh, es verdad. Shun también estaba de guardia anoche —contestó distraída.

—No es cierto. Además, anoche estaban juntos. ¿Qué pasó?

—Ah, sí, verdad —dijo colocando sus manos sobre la mesa—. Estaba muy cansada, y lo envié a casa.

—¿Por qué?

—Ayer fue un día difícil, estaba cansada.

—¿Tú cansada? ¿Cansada? —insistió buscando la mirada de su compañera—. ¿Cansada?

—¿Qué quieres Ofiucos?

—¿Qué pasa, Naomi? Tú no eres así.

La de Antlia suspiró profundo, bebió de su café y observó un rato a su amiga, para volver a la taza que sostenía en su mano derecha.

—¿Qué pasa Naomi? —volvió a preguntar Shaina, esta vez con más determinación—. ¿Discutiste con Shun?

—No. Eh estado pensando —empezó a explicar, sabía que su amiga no la dejaría en paz—. Que tener una relación monógama es algo… aburrido. Anoche había un chico muy guapo…

—Entiendo —se adelantó la otra con una sonrisa.

—Nunca imaginé que yo fuera del tipo de mujer: fiel… cielos, Shaina, soy fiel.

—Sé que es difícil acostumbrarse, incluso para mí ha sido tedioso eso de tener una relación estable, pero ahí voy y voy muy bien.

—Sí, tienes razón, nosotros como guerreros nunca nos planteamos la posibilidad de tener una relación. Son tiempos diferentes.

—No te abrumes amiga —dijo poniéndose de pie para iniciar su día—. Lo aprenderás con tiempo, además, estás en una relación con el hombre más tolerante, noble, paciente y sensato de toda la orden.

—Es verdad, Shun es impresionante. ¿No has pensado, que Shun no merece a una mujer como yo? ¿Qué él podría tener algo mejor?

—No digas tonterías —comentó desde el umbral—. Más bien ponte a trabajar, cuando estás de inoficiosa te pones muy existencialista.

Universidad Nacional y Kapodistrian de Atenas.

Saori estaba con un fuerte dolor de cabeza cuando salió de su clase, caminando acongojada, llegó hasta la cafetería del campus, justo para clavar sus ojos en Shun y en su acompañante, Cecilia. Pese a su molestia, se dirigió hacia la pareja y allí se dejó caer en una de las sillas vacías.

—¿Te sientes bien? —preguntó Andrómeda al verla posar su cabeza sobre el acero frío de la mesa

—No. Tengo jaqueca, mi cabeza va a estallar —contestó sin levantarse.

—Yo tengo aspirinas —acotó Cecilia buscando entre su bolso—. ¿Quieres una?

—Gracias —sostuvo la diosa aceptando el medicamento.

—Te traeré un poco de agua —ofreció Shun levantándose de la mesa, mientras Cecilia le sonreía con ternura.

—Él tiene novia, ¿lo sabías? —le dijo Saori a la chica, quien inmediatamente se sonrojó.

—Sí, lo sé —contestó con timidez—. Shun habla mucho de ella, Naomi, ¿cierto?

—Cierto. Y él está completamente enamorado de ella —enfatizó con soberbia.

—Aquí tienes —entregó Shun a la diosa una botella de agua.

—Gracias.

—Me tengo que ir —se despidió Cecilia con rapidez—. Que te recuperes.

—Está enamorada de ti —comentó Saori a un confundido Shun quien se quedó mirando el rápido partir de su compañera de clases.

—¿De quién hablas?

—De Cecilia, está enamorada de ti.

—Claro que no —expuso divertido—. Es mi amiga, y es muy amable.

—Y quiere contigo.

—No, eso no es así. Además, ella tiene novio —aclaró.

—Eso no impide que esté enamorada de ti —bufó divertida—. Shun, eres el hombre perfecto, cualquiera se enamoraría de ti.

—¿Tú estás enamorada de mí? —preguntó con picardía.

—En algún tiempo tal vez sí —contestó ella desviando la mirada—. Un poco.

—Oh, vaya sorpresa —expuso con una gran sonrisa—. Yo también en una época me sentía muy atraído hacia ti.

—¿En serio?

—Sí —contestó tiernamente.

—¿Y qué pasó?

—No lo sé, ¿qué pasó contigo?

—No lo sé, tal vez éramos muy jóvenes. ¿No lo crees? —dijo sosteniéndole la mirada.

—Seguramente.

Inframundo

Violet estaba concentrada entrenando en el campo de tiro cuando escuchó su nombre tras de sí, frustrada dejó caer los hombros solo para encontrarse con la mirada cínica de Minos.

—Extraño esos días cuando me buscaban únicamente para mirarme el trasero —dijo ella.

—Aún te sigo mirando el trasero —aclaró el juez.

—¿Qué quieres?

—¿Cómo van las cosas en el santuario? —interrogó mirando al blanco.

—Nada nuevo —contestó Violet colocando una saeta en el arco para luego dispararla a la distancia—. El Santuario es aburrido.

—Nada. ¿Todo está exactamente igual?

—Exactamente igual, mi amigo.

—Qué hay del amigo que te presentó Rhadamanthys, ¿sirvió de algo?

—Oh sí —contestó nuevamente disparando una flecha—. Les saqué mucha información a él, a su extraño amigo y al mismo Rhadamanthys.

—¿Qué? ¿Qué hiciste? —interrogó viendo como la chica daba justo en el blanco.

—Jugamos vomitada —expuso lanzando nuevamente.

—Ay no puede ser —expresó el hombre cabizbajo—. La única razón por la que no te he matado, es porque conoces muchos secretos míos gracias a ese absurdo juego —Violet sonrió divertida—. ¿Cómo es que logras mantenerte sobria en ese juego?

—Fácil jefe: Hago trampa. Pongo el dado, para que siempre caiga en una copa vacía. ¿Crees que soy tan idiota para emborracharme con ustedes?

—Si lo hicieras, nos divertiríamos mucho —sostuvo acercándose lujuriosamente a la chica.

—Prefiero que me saquen todas las cordales sin anestesia.

—Pero que aburrida eres mi amor. ¿Qué? ¿Prefieres dormir con un Santo? ¿Camus? —enfatizó caminando alrededor de la chica—. O más bien, ¿Shion?

Violet observó al juez de arriba abajo.

—Considero que cualquier cosa es mejor que alguno de ustedes.

—Pero que insolente eres muchachita. Apuesto que hasta eres virgen —expuso cruzándose de brazos.

—Tal vez —dijo ella nuevamente lanzando una flecha.

—Yo te ayudo con eso si quieres —ofreció mirando a la chica con cinismo.

—Paso.

—No sabes lo que te pierdes. Además, eso de ser virgen es aburrido, déjame y te ayudo, para que cuando te toque con Camus o Shion, no hagas el ridículo.

—No soy virgen —acotó alejando al juez—. No voy a dormir con ninguno de ustedes tres, sé que hicieron una apuesta desde hace mucho tiempo, sobre quien me llevaría primero a la cama.

—¡Maldito, Rada…! Digo, ¿de dónde sacas eso?

—Los borrachos siempre dicen la verdad —comentó soezmente—. Rhadamanthys dijo muchas cosas.

—Ese imbécil.

—Adiós, señor Minos, o la próxima flecha la apuntaré a tu entrepierna.

El juez resopló derrotado y girando sobre sus talones se alejó de la chica.

—También sé que apostaron sobre con quien dormiría primero: si con Camus o Shion. Déjame decirte, que eso tampoco pasará.

—¡Maldito Wyvern! —gritó emprendiendo el vuelo.

—Idiotas.

Santuario – Hospital

Ana María revisaba al pequeño Dean mientras éste intentaba alcanzar la linterna que ella sostenía en la mano derecha, con una sonrisa felicitó al niño, para luego dirigirse a Camus:

—Todo bien papá —comentó ella sin pensar lo que decía—. Perdón, todo está bien. Solemos decir…

—No te preocupes —concilió Acuario divertido ante el nerviosismo de la doctora.

—Tiene usted un hijo muy sano.

—Que agradable noticia —expuso levantando a Dean entre sus brazos.

—Y usted es un padre muy organizado —aclaró al ver la impecable carpeta donde Camus guardaba toda la documentación del niño—. Nunca había visto esto en un hombre, por lo general las mamás son las que están pendientes de todas las cosas inherentes a los niños. Los padres, por el contrario, se vuelven un caos solo sacándolos a dar un paseo.

—¿Quién lo diría? —comentó rápidamente, rogando que nadie le contará a Ana María su incidente con el niño en el mercado o lo harían quedar muy mal.

—Supongo que todo este tema de ser padre soltero no ha sido fácil para usted.

—No, pero me las arreglo gracias a la cantidad de tíos que tiene este pequeño.

—Los tíos son adorables.

—¿Ya tuviste la oportunidad de conocerlos a todos?

—Sí —contestó sentándose tras el escritorio—. Todos son muy interesantes y fascinantes a su manera. El tal Aioros es todo un personaje. Es especial.

—Espacial exactamente —enfatizó con rapidez—. No le hagas caso, no creas nada de lo que te diga.

—No se preocupe señor Camus, lo he visto coquetear con otras chicas, yo no soy fácil de impresionar.

—Eso me tranquiliza. Bueno, debo seguir con mis deberes, muchas gracias doctora Ana María —Finalizó caminando hasta la salida, pero antes de llegar a la puerta, ésta se abrió dejando ver los ojos de Ivonne.

—Anita, ¿sales a almorzar? Hola, Camus, hola, Dean.

—Ivonne, hola. Nosotros ya nos íbamos —comentó el dorado saliendo de la habitación.

—¿Todo bien con el bebé? —Preguntó Ivonne a Ana María.

—Sí, era solo una revisión de rutina.

—Y de paso veías a un hombre muy guapo —comentó pícaramente.

—No —expuso Ana María sonrojada—. No vine aquí hacer tal cosa.

—Anita, yo solamente te digo que ese, es el último hombre soltero que vale la pena que queda en este Santuario. Así que no desaproveches.

—No molestes.

Templo de Escorpio

—Esto es vida —comentó Milo saliendo de la ducha, en su cama Shaina esperaba con una gran sonrisa—. Nada como llegar a casa después de un día largo de trabajo y tener la oportunidad de estar con el amor de mi vida —continuó besando a la cobra con descaro.

—¿Me extrañaste mucho? —dijo ella abriendo las piernas aceptando el cuerpo húmedo del guerrero.

—Sí mi amor —contestó atrayéndola hasta él—. No sabes cuanto extraño tus besos en esas noches frías de guardia. Deberíamos casarnos —sugirió besándola por el cuello— y tener muchos hijos.

—Otra vez con eso —cortó mirándolo a los ojos—. ¿En serio dices eso en un momento como este?

—No me prestes atención —comentó con rapidez buscando la boca de la Cobra quien se giró para no besarlo—. Oye, a veces digo cosas sin pensar. Ya aclaramos lo de los hijos y que todavía no estás lista.

—Pues parece que no lo entendieras.

—Lo entiendo mi amor, créeme. Yo hablaba a futuro. ¿Sí? —preguntó besándola nuevamente en lo que ella con una sonrisa aceptó divertida para luego perderse entre los brazos de Milo.

Olimpo

—Esto está tomando más tiempo de lo pensado —comentó Zeus en medio de un gran jardín, a su lado Athena resoplaba desilusionada sentada cerca de la fuente—. ¿Qué vamos a hacer hija? ¿Será necesario sabotear los métodos anticonceptivos de tus santos?

La diosa de la guerra levantó los ojos molesta e indignada, dejando caer su barbilla sobre sus manos.

—¿Acaso pretendes que toda mi orden dorada embarace a sus novias? Tendré un Santuario llenó de niños que tal vez, ni deberían existir.

—Si nacen, es porque deberían existir —contestó como si nada—. Es el orden natural de las cosas.

—Eres un desalmado —ironizó la diosa poniéndose de pie—. Tus métodos son cuestionables, no haré tal cosa… Además, aún tenemos tiempo, no ha pasado ni un año.

—Sí, pero tú dijiste que el cuarto guardián se concebiría pronto, y por ahora lo que veo, es que una de las parejas destinadas ya se disolvió. También recuerdo —continuó dando una vuelta por la fuente mientras Athena lo seguía con la mirada— que dijiste, que harías todo lo posible por mantener a las parejas juntas, no obstante, dudo mucho que un bebé se conciba cuando sus padres viven en diferentes continentes.

—Estoy plenamente consiente de eso —acotó bajando los brazos en señal de derrota—, pero no podía hacer nada para retener a Alejandra. Y hablando con Shion, es posible que el niño nazca de cualquier unión.

—¿Cómo así? —Zeus buscó rápidamente la mirada de su hija.

—¿No lo habías deducido? Las Moiras lo dijeron: el niño nacerá de cualquier relación existente que implique a los santos dorados.

—Oh, interesante deducción —expuso con una mano en la barbilla mirando hacia al cielo—. Interesante, eso vuelve la apuesta más divertida, ¿no lo crees?

Athena observó a su padre contrariada, pero antes de dejar salir su mal humor con una buena reprimenda, dijo:

—Quiero participar en la apuesta.

—No, no puedes. —Sostuvo Zeus—. Para poder participar en la apuesta, es necesario que el apostador no interfiera en los eventos que transcurren en el Santuario, tú, por lógica debes intervenir en algunos momentos.

—Lo sé, pero yo voy a intervenir a favor de la concepción del cuarto guardián indistintamente de quien sean sus padres, por lo que no sabotearé a las demás parejas para que gane la que yo deseo.

—Bueno, ya que lo pones así —opinó tranquilamente el dios de dioses—. Vamos a la sala para que hagas tu apuesta.

—Gracias.

Sin embargo, al llegar al enorme despacho, los dioses no recibieron con mucha gracia el que Athena participara y con las mismas palabras que la diosa de la guerra convenció a su padre, logró que algunos se pusieran a su favor, otros, los más orgullosos, discutieron un rato hasta que al final fueron rezagados aceptando la participación de la castaña.

—Espera un momento Athena —aclaró rápidamente Apolo mirando al tablero donde la diosa de la sabiduría acababa de dejar su voto—. ¿Qué tiene de especial esta pareja? ¿Qué sabes?

—Es verdad —apoyó Artemisa—. Tú los conoces mucho mejor que cualquiera de nosotros y ahora, que vengas a apostar precisamente por esos dos, merece una buena explicación.

—Es simple intuición —contestó Athena restándole importancia.

—No mientas —protestó Hera—. Dinos que sabes.

—Nada, no sé nada.

—¿Entonces me vas a decir —tomó la palabra Poseidón—, que de un momento a otro pensaste que un espectro y un Santo pudieran ser los padres del niño?

—Sí —contestó la de los ojos de lechuza—. El amor puede nacer en cualquier rincón del mundo… o del inframundo.

—Dudo mucho que Violet se relacione con alguno de tus santos —apuntó Perséfone—. Con todo respeto, Athena, ¿qué te hace suponer eso?

—Bueno, ella últimamente frecuenta el Santuario y tiene buena relación con Camus. Así que: esta es mi pareja.

—¿Por qué un espectro frecuenta tu Santuario? —Quiso saber Apolo dirigiendo la pregunta con malicia.

—Porque Hades la envió a investigar —contestó Perséfone—. Por tal razón su "amistad" con el santo de Acuario, es simplemente una actuación, y ella es muy buena en eso.

—Lo sé —continuó Athena—, pero eh de suponer que ella podría ser un interés romántico dentro del Santuario, y cualquier cosa puede pasar. Y si no, bueno, solo estoy perdiendo una insignificante apuesta.

—Y sí es tan insignificante, ¿por qué participas? —Soltó Hera.

—Porque quiero, puedo y no me da miedo. ¿Está bien?

—A mí me parece que hay algo más acá. ¿Por qué de un momento a otro, ese espectro entró en el grupo de destinados?

—Desde que Athena y su Patriarca descubrieron que hay una trampa en la palabra: 'relación', Apolo —Todos guardaron un profundo silencio ante las palabras del dios mayor.

—Ay, claro —dijo Hermes dándose un golpecito en la frente—. Que idiota somos, el bebé puede nacer de cualquier relación existente, no importa si es una amistad u otra cosa.

—Gracias padre.

—No te pongas así mi querida Athena, todos tenían derecho de saber.

—Eso nos complica más las cosas. Oh, esto estará muy interesante —sonrió Hera—. Debemos tener los ojos bien fijos en el Santuario. Cuantas posibles combinaciones y el bebé puede nacer de cualquiera de éstas. Fascinante.

Athena rodó los ojos y no pudo evitar sentirse abrumada, ahora los dioses estarían más pendientes de cada movimiento de su majestuoso Santuario, solo esperaba que todos cumpliera su promesa de no intervenir y que a ninguno se le ocurriera la idea —al igual que Hades—, de mandar un espía.

Continuará.

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Hola, hola… gracias como siempre a todos por estar pendientes, por leer y por brindarme su apoyo con sus comentarios y agregando mi historia entre sus listas de favoritos. Y bueno, seguiremos viendo que más pasa con estos muchachos, porque el bebé… no llegará muy pronto.

Monse: Hola, jajaja sí, el Aioros no tiene temor de dios, como dicen por acá: 'ese le da a lo que se mueva'… y bueno, el Milo, sigue sin aprender, esperemos que la Cobra le tenga suficiente paciencia.

Nyan-mx, Ivonne Galvn, Beauty-amazon, ShainaCobra, Monse, Guest, Melka1 y Natalita07: muchas gracias por sus adorables comentarios.

Nos estamos leyendo.