Hola, ¿extrañándome?
Bueno, perdón por la demora, pero tengo una buena excusa: me salió un trabajo temporal y como tengo la necesidad de no morirme de hambre y de alimentar a mi gato Yue, pues, me toco trabajar muy duro como un esclavo jajaja… pero bueno, aquí estoy nuevamente y este tiempo recorriendo la ciudad me dio algunas maravillosas ideas que hoy les traigo acá.
Y bueno, si quieren estar un poco informados de como van mis fanfic, los invito a seguir mi página de Facebook. Aún no hay mucho contenido, pero algo es algo. Les dejo el link, ya saben sin espacios e igualmente en mi perfil también lo pueden encontrar:
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Bueno, gracias y aquí los dejo con este nuevo capítulo.
7. Un gran viaje
Era un día soleado o eso parecía, porque al salir del aeropuerto El Dorado, inmediatamente las nubes se oscurecieron. Shaka aún se estaba adaptando al cambio de horario, meditando si todo eso era una buena idea. Cuando Ángelo le sugirió visitar a Alejandra, él no lo pensó dos veces y cuando menos lo imaginó ya estaba en Colombia.
Había sido un viaje muy largo y agotador, y al bajar del avión el santo solo quería ver a su bella novia y caer en sus brazos por largo tiempo, pero ella no sabía de esa visita, porque Cáncer, aconsejó que lo mejor era llegar de sorpresa. Ahora Shaka, empezaba a dudar sobre aquel consejo, y más cuando se vio inmerso en un río de taxistas que no lo dejaban en paz.
En la ciudad colorida de Bogotá, a Shaka le costó un poco de trabajo adaptarse a la forma tan rápida en la que hablaban los lugareños, aturdido, por la cantidad de hombres alrededor suyo, logró entender, algo sobre: '¿A dónde lo llevo?, ¿Busca hotel?, ¿Habla español?'. Cuando por fin logró distinguir entre una frase y otra, simplemente mostró un papel donde había una dirección escrita.
—Mono, esto es en el sur —dijo el más hábil de todos y antes de que Shaka pudiera reaccionar ya estaba siendo arrastrado hasta un taxi—. Raúl, llévelo hasta allá. —Continuó en lo que la maleta del Santo era acomodada en el maletero—. Tranquilo hombre, ahí lo llevan hasta allá, eso es cerca de aquí.
Y sin poder chistar, Shaka se encontró en un vehículo con cojinería desgastada y un sonriente hombre de mediana edad que le preguntó: 'por cuál vía irse', y ante el desconcierto del rubio, el taxista, simplemente contestó:
—Bueno, entonces vámonos por toda la 26 hasta la Boyacá, a esta hora es la ruta más rápida.
Durante el trayecto, Shaka pudo ver la hermosa arquitectura de la ciudad; grandes edificios y varias personas desplazándose por las calles, sin contar la cantidad de veces que observó algún imprudente atravesarse en el camino, algo, que le recordó a su país.
Lo curioso de todo, pese a que era muy temprano, las personas caminaban con mucho afán, no esperaban los cambios de semáforo o se adelantaban al frente de otros para llegar primero, algunos, unos pocos y los más distraídos, iban a paso lento viendo sus celulares completamente ajenos a su alrededor.
Su conductor hablaba muy rápido, éste, intentaba explicarle sobre varias cosas en la zona, entre eso, el sistema de transporte público, lo que el señor llamó, muy coloquialmente: 'Transmilleno'. Y aunque Shaka, no entendió bien a que se refería el taxista se permitió sonreír ante el comentario.
No hubo mucho tráfico como había pensado, o como Alejandra le había comentado; la carretera fue rápida, pese a que algunas calles se encontraban en muy mal estado y en las vías, tanto ciclistas como choferes de grandes autos, transitaban por el mismo carril. Finalmente, el Taxista advirtió ya estar cerca, y poco a poco Shaka, observó un grupo de apartamentos de color azul y gris que contrastaba con el resto de los conjuntos residenciales de la zona.
—Aquí es —dijo el conductor, a lo que Shaka dio un gran vistazo sin saber exactamente donde buscar—. ¿Le dijeron el número del apartamento?
—Sí —contestó Shaka—. Dice: Apartamento 201.
El taxista observó el conjunto para luego mirar a Shaka por el retrovisor.
—Está difícil, porque mire —señaló—: todos los del segundo piso son el 201. Eso debe tener usted un número de torre o algo así.
Shaka dio un rápido vistazo a la información que tenía.
—Aquí dice: interior 11.
—Yo no le puedo ayudar más —expuso el conductor—, no sé cuál sea el interior 11, pero pregúnteles a los vecinos, ellos le dirán. Es más, preguntémosle a esta señora —dijo observando a una anciana mujer—. Vecina, ¿cuál es el interior 11? Aquí el amigo está buscando a una persona y viene de muy lejos.
—Yo no sé —contestó la mujer—. ¡Ismael! —gritó hacia dentro de su apartamento—. ¡¿Cuál es el interior 11?!
—No sé —se escuchó decir—. ¿Quién pregunta? ¿A quién buscan?
La anciana fijó sus ojos oscuros en Shaka.
—Estoy buscando a Alejandra Bejarano —contestó el Santo desde el asiento del auto.
—¡Ismael! —Volvió a gritar la mujer—. ¿Usted conoce a una Alejandra Bejarano?
Un hombre de cabellos oscuros y enredados se asomó por la puerta ubicándose delante de la mujer.
—Ni idea —dijo el señor.
—¿Así no se llama una de las hijas de la señora Sol? —continuó la anciana, iniciando una conversación con el hombre donde claramente Shaka no estaba incluido.
—Como que sí, entonces es aquí en la esquina —señaló el moreno—. En el segundo piso.
—Gracias —dijo Shaka no muy convencido—. Yo me bajo aquí a averiguar —le comentó al taxista.
—Pilas mono —refutó el conductor—, porque como usted no conoce, van y lo roban. Esta zona no es que sea peligrosa, pero igual no faltan los ñeros.
—Gracias —volvió a contestar el rubio—. ¿Cuánto le debo?
—70 lukas, nada más. —Shaka miró al frente sin entender bien a que se refería el hombre—. 70 mil pesos —aclaró.
—Ah, muchas gracias.
Ya abajo del taxi y con su maleta y luego de que la pareja señalara nuevamente hacia la esquina, Shaka observaba como llamar o golpear en la puerta del segundo piso.
—Tire una piedrita —le dijo la anciana— a la ventana.
El Santo observó su alrededor sin notar una misera piedra.
—Genial, debí haberle dicho a Alejandra que venía.
—¡Doña Sol! —gritó la anciana al ver al dorado tan abrumado, acto seguido una mujer de cabellos negros y muy parecida Alejandra se asomó por la ventana—. Están buscando a su hija.
—¿Quién la busca?
—Este muchacho.
—Ah, hola buenos días.
—Buenos días, señora —saludó cortésmente el guerrero— Estoy buscando a Alejandra.
—Pero ella no está, está trabajando, ¿quién la busca?
El Santo dejó caer los hombros, siendo consciente de que no había planeado bien ese viaje.
—Soy Shaka Nayak —contestó.
—Ah, sí, yo lo he visto —dijo la señora de la ventana desapareciendo de la vista del rubio, para luego asomarse por la puerta—. Sí, usted es el de la foto —continuó la morena bajando las escaleras para abrir la puerta de la torre—. El novio de mi Aleja. Siga, siga —comentó jalando a Shaka—. Gracias, vecina. Alejandra no me dijo que fuera a venir —acotó subiendo hasta el apartamento—, de haber sabido. Ay, esa Alejandra si no.
—Alejandra no sabía que yo iba a venir, quise sorprenderla —comentó tímidamente el santo.
—Pero que bonita sorpresa, ella lo va a apreciar mucho, tome asiento.
—Muchas gracias.
—Mi Aleja, llega tarde, porque trabaja todo el día y en la noche se está yendo a la universidad.
—Creo que debí tener en cuenta eso, a decir verdad, no planeé con detalle este viaje y un amigo me obligó a venir, es más, él casi me saca de Grecia a patadas.
—Bueno, mijito, ¿quiere un tinto?
Shaka miró fijamente a la mujer ante el ofrecimiento, sin saber que contestar y dándole un rápido repaso a su cabeza recordó las palabras de Alejandra, sobre lo que era un tinto.
—Un café, ¿cierto? —interrogó en lo que la mujer contestaba afirmativamente—. Oh, no, muchas gracias, pero no tomo café.
—¿Entonces un té, una aromática? ¿Limonadita?
—Limonada está bien para mí.
—Ah, bueno ya le sirvo su limonadita. Danielita no demora en llegar, yo le digo a ella que le colabore para que se pueda ver con Alejandra, o si no le toca esperar hasta que ella llegue.
—No quiero molestarlas, iré a un hotel y me comunicaré luego con Alejandra.
—Ay, no. Eso espere a Danielita que ella le ayuda, no se ponga a dar vueltas por acá que después no lo encontramos. ¿Cuánto le cobro el del taxi?
—70 mil pesos.
—Ay, esos usureros, son bien ladrones, siempre hacen lo mismo, me imagino que cogió el taxi en el aeropuerto. Cuando uno coge el taxi allá le cobran el doble y más que ven que usted no conoce, pues se aprovechan.
Luego de una pequeña charla en la que Shaka insistió varias veces en irse a un hotel, una astuta señora Sol logró persuadirlo hasta que llegó la hermana menor de Alejandra, Daniela, quien al ver al Santo fue la más emocionada debido a las grandes anécdotas que su pariente le había contado, y luego de una pequeña negativa, ambas mujeres lograron convencer al guerrero de ir en la noche a buscar a Alejandra hasta la oficina.
—Ya está el almuerzo —comentó la señora Sol—. ¿Si le gustan los frijoles? Están bien ricos —preguntó a Shaka, quien no tuvo tiempo de reaccionar cuando una hábil Daniela lo llevó hasta la mesa del comedor dejándolo frente a un enorme plato de comida.
—Vaya —resopló el rubio—, esto es… mucho.
—Es lo que llamamos: 'una bandeja paisa' —aclaró Daniela—. Aunque no está completa, le falta el chorizo. ¡Ma, ¿no compraste chorizo?!
—¡Pero ¿qué más quiere la niña?! —resopló la mayor—. Todo está caro.
—Ay, ma, pero era para que Shaka comiera bien.
Ante el comentario el Santo hizo un ligero gesto. Era imposible que él, que solía comer muy poco pudiera con el plato que tenía enfrente, el cual estaba compuesto por: arroz, frijol, chicharrón, plátano, carne, aguate, huevo y arepa. Sin contar que las porciones no eran para nada pequeñas. Shaka podía jurar que dos personas podían comer divinamente de ahí y quedar plenamente satisfechas, claro, que, si lo pensaba mejor, Aldebarán, Milo o Aioria quedarían con hambre, aunque estarían muy felices de saborear semejante manjar.
—¿Qué quiere de tomar mijito? ¿Limonada o gaseosa?
—¿Gaseosa?
—Gaseosita, ya le traigo.
—No mamá, él está preguntando: que si gaseosa, ya sabes, sodas, creo que les llaman en otros lados.
—Oh, limonada está bien para mí.
La comida estaba deliciosa, por suerte para el santo que se vio obligado a devorar hasta el último bocado para no ofender a la señora Sol, pero era tanto que un fuerte dolor de estómago terminó tumbando al guerrero por un pequeño periodo, cuando se sintió un poco mejor, y llegando la hora de ir a buscar a Alejandra, Shaka pudo conocer a la nada cordial amiga de Daniela, Carolina, quien al verlo no se midió con sus palabras y dijo cosas que hicieron ruborizar al rubio.
Daniela y Carolina eran un par de adolescentes normales, hablaban muy rápido de cosas que solo ellas entendían, hacían comentarios aparentemente de burlas hacia él y el mundo en general, pero todo era en su propio idioma, además, de reír con potencia, lo cual no hizo sino incomodar al santo y al hombre que los transportaba en ese momento hasta el centro de la ciudad. La hermanita de Alejandra y su amiga, aparte de ruidosas tenían la fea costumbre de finalizar sus frases con una mala palabra. Shaka, había escuchado a Alejandra decir cosas subidas de tono, pero las dos jóvenes a su lado, en definitiva, no se median.
Por fin la tortura terminó cuando al descender del vehículo se encontraron en lo que debería ser el lugar más histórico de Bogotá: el centro, un lugar visitado por muchos, y donde las personas andaban con mucho afán, demasiado, a decir verdad. Había mucha gente: oficinistas, que caminaban con rapidez, vendedores ambulantes que ocupaban la mayor parte de la acera, y habitantes de la calle que se acercaban con mucho sigilo buscando alguna moneda.
La cantidad de autos en la calle era exagerada, aún, sin poder moverse de su sitio, los conductores confiaban que sus bocinas aligerarían el tráfico, nada más lejos de la realidad. Algunas partes del centro de Bogotá no tenían buen aroma, lo que contrastaba con la maravillosa arquitectura histórica que se podía apreciar en los edificios y especialmente en las capillas, que parecían estar en cada esquina. Finalmente, llegaron al edificio donde Alejandra trabajaba; ya allí, Daniela sacó su móvil y telefoneo a su hermana.
—Hola, manita, ¿Cómo estás? —preguntó Daniela, en lo que escuchaba una respuesta al otro lado de la línea—. Manita, ¿a qué hora sales? ¿Ya casi? Es que imagínate que estoy por acá en el centro con Carol, y nos quedamos sin plata para volver a la casa, ¿me puedes dar para el bus?
Shaka observó a Daniela sonreír ladinamente, por lo que no hicieron falta las palabras para entender que, al otro lado, Alejandra estaba histérica y que en ese momento le estaba dando un sermón a su pequeña hermana.
—Ay, ¿me va a hacer el favor o no? —fingió enojo la menor—. Pues, porque nos tocó venir a la biblioteca y se nos fue la plata en las fotocopias. —Daniela miró a su amiga para echarse a reír en silencio—. Porque nos mandaron a esta biblioteca en el colegio. —Alejandra al otro lado seguía peleando—. Ay, Aleja, ¿me va a hacer el fa?... Pero usted si es mamona. ¿Sabe qué? Tranquila, deje así, yo me voy caminando hasta la casa… pues como usted no me quiere ayudar… ¿si me va a hacer el favor? Vale manita, eres un amor.
Shaka observó a Daniela por largo rato, había una persona que podía sacar muy rápidamente de quicio a Alejandra y esa era Daniela, sin contar, que la niña, era muy buena actriz.
—Me colgó —dijo la joven—. Me puteó hasta donde no más y me colgó la maldita, y, además, me dijo que era una irresponsable y cuando le dije que era un amor, me llamó lambona, ah
Carolina se echó a reír.
—Como siempre tu hermana tan amorosa —comentó la otra chica.
—¿A qué hora sale? —Quiso saber el rubio.
—Me dijo que en diez minutos —contestó Daniela.
Pero antes de que se cumpliera el tiempo, varias personas empezaron a salir del edificio, entre esas, Alejandra. Shaka, quiso correr hasta ella y abrazarla, además, que se veía tan hermosa, con su cabello liso, su falda corta y tacones, muy diferente a la imagen despreocupada con la que ella andaba en el Santuario.
—Espera aquí —dijo Daniela corriendo rápidamente hasta Alejandra, quien se notaba muy enojada, algo que hizo reír al rubio—. Hola, manita.
—Usted, si no Daniela —comentó la mayor a las adolescentes—. No les puedo creer que se hayan gastado toda la plata en fotocopias, en serio que no.
—Es que nos dio hambre —comentó despreocupadamente Carolina.
—¿Desde qué hora andan por acá?
—Como desde las 3. Ale, plata que ya me quiero ir para la casa —la morena las miró por largo rato.
—Será que sí se van para la casa.
—Sí —contestó Daniela.
—Vengan las dejo en un Uber, antes de irme para la universidad.
—No, tranquila, Aleja —interrumpió Carolina—. Lo del bus y nos vamos.
—No, las dejo en el Uber, ya lo voy a pedir —dijo Alejandra sacando su teléfono, mientras las dos jóvenes se miraban por un momento.
—Espera —llamó Daniela—. Te traje una sorpresa.
Alejandra miró de una en una, en lo que su hermana con un movimiento de mano llamaba a alguien.
—No puedo creerlo —expresó la psicóloga viendo a Shaka caminar hasta ella—. No puedo creerlo, eres tú.
—Hola, preciosa.
—No puedo creerlo, Shaka. Hola —saludó con una gran sonrisa y abrazando al rubio—. Amor, ¿Por qué no me dijiste que venías? Que bella sorpresa.
—Te dije que te tenía una sorpresa —comentó Daniela divertida.
—Tan chistosas ustedes dos.
—Tu hermana es buena diciendo mentiras, es mejor que tú en eso —comentó el rubio para molestia de Alejandra.
—¿A qué hora llegaste?
—Llegó muy temprano a la casa, mi mamá estaba encantada con él.
—¿Conociste a mi mamá?
—Sí, es una mujer encantadora.
—Bueno, nosotras nos vamos y los dejamos solos —expuso Daniela intentando escapar.
—Momentico. Las voy a dejar en el Uber.
—Ay, Ale, déjanos un ratito por acá, ¿sí? —pidió Daniela con una encantadora sonrisa.
—No señora, no las voy a dejar por acá solas y mucho menos a esta hora.
—¡Ale! —expusieron las dos chicas en unísono.
—Les doy plata para que se coman algo en el barrio, pero se me van juiciosas para la casa.
—Listo, trato hecho —aceptó Carolina.
—Uy, usted si es más vendida —le dijo Daniela a su amiga.
Luego dejar a las dos chicas en un carro y asegurarse con el conductor de que tenían que llegar a casa, Shaka y Alejandra caminaron por la ciudad en busca de un lugar donde sentarse a charlar. La noche pasó con tranquilidad, la psicóloga, estaba muy contenta de tener al santo visitándola y cuando la noche iba llegando a su clímax, ambos decidieron buscar un lugar más tranquilo para estar a solas.
Santuario
—Pensé ingenuamente que tus rabietas le harían cambiar de opinión —expuso Shaina caminando por las gradas en compañía de Marín.
—Oye, yo intenté ser lo más molesta posible con él. Y me sale natural.
—Amiga, eras una histérica antes, eres una demente ahora.
—No soy yo, son las hormonas.
—En serio te pasas.
—¿Y qué piensas a hacer? ¿Le darás el gusto?
Shaina guardó un largo silencio antes de contestar:
—Me gustaría ser la madre de los hijos de Milo. Él es el hombre con el que quiero estar, pero… no quiero nada de eso en este momento. No me siento preparada para ser mamá.
—Bueno, Milo deberá tener paciencia entonces —dijo mirando hacia la arena.
—Pides un imposible, amiga —acotó dirigiendo la vista al campo—. Es que míralo nada más —continuó en lo que sus ojos se fijaban en Milo, quien estaba muy entretenido hablando con las aprendices—. Yo… es que…
—Aún no confías en él, ¿cierto? —preguntó la otra buscando la mirada de la italiana—. Temes que Milo se vaya.
—Siempre existe la posibilidad de que encuentre una más joven y bella que yo.
—Amiga no pienses eso. Sé que Milo puede ser algo… coqueto, pero eso no significa que se vaya a ir con facilidad de tu lado.
—Siento que a nuestra relación aún le falta mucho. Y que es muy rápido para hablar de familia. Milo tiene que demostrarme que es capaz de ser el hombre que quiero como padre para mis hijos. Por ahora —señaló al escorpión quien seguía entretenido en la charla y sonriendo con galantería— no estoy dispuesta a dar ese paso. No hasta que él, me dé la confianza que necesito.
—Te entiendo. Igual, su noviazgo apenas está empezando.
—Sí, pero no sé cuanto tiempo voy a soportar a Milo con su impaciencia. A veces quisiera asesinarlo.
—Eso es amor, quien no ha pensado en matar nunca a amado —soltó una fuerte carcajada.
—Ay, Marín. Oye —dijo en voz baja—. ¿Quién es esa muchacha?
—Su nombre es Violet —contestó la otra en el mismo tono—. Es amiga o novia de Camus, no sé. Y es un espectro de Hades.
—¿Un espectro de Hades? ¿Qué hace un espectro de Hades en el Santuario? ¿Y cómo es que anda por los campos como si nada?
—Ya te dije —sostuvo caminando con lentitud—: Es la novia de Camus.
—¿Y si es la novia de Camus, porque está con Dio?
—No lo sé —comentó la otra mirando hacia Violet.
—Además —volvió a bajar la voz la Cobra—, creo que nos estaba escuchando.
—¿A ella que le interesa la conversación que teníamos? —interrogó incrédula—. ¿De qué le sirve a Hades tu situación con Milo?
—No lo sé.
—Ven, vamos a hablar con ella —comentó bajando los escalones donde Violet y Dio estaban sentados—. Hola.
—Hola —saludó el espectro poniéndose de pie—. Marín, ¿cierto? Vaya, estás enorme.
—Sí, pareciera que fuera ella la de los gemelos y no Seika —comentó la Cobra uniéndose al grupo—. Mucho gusto, mi nombre es Shaina.
—Hola, el gusto es mío, yo soy Violet.
—Oye, no queremos ser groseras, pero ¿Qué haces en el santuario?
—Oh, lo siento mucho, entiendo su duda —contestó Violet a Marín—. Soy buena amiga de Camus y de Dio, y, a decir verdad, este lugar es mucho mejor que el inframundo, espero no les moleste.
—Desde luego que no —comentó Shaina—. Pero no creo que sea apropiado.
—Los dioses saben de esto, y prometí no meterme en problemas, así que no tienen por qué temer.
—De acuerdo, está bien para mí —sostuvo Águila—. ¿Y hace cuanto tú y Camus son novios?
Violet dejó salir una gran carcajada ante la pregunta y al ver la seriedad de las otras dos prefirió callar.
—¿Hablas en serio? —las otras seguían con el semblante serio—. Camus y yo no somos pareja, somos amigos. Solo eso.
—Sí claro —soltaron las otras dos.
—Es verdad.
—De acuerdo, Violet, espero no tengamos problemas, nosotras nos vamos —comentó la Cobra alejándose con Marín.
—Yo también espero que no des problemas —comentó Dio—. No querrás meterte con esas dos.
—Claro que no.
Colombia
—Despierta cielo, tenemos mucho que hacer —dijo Alejandra sentándose en la cama en lo que le pasaba una taza de té a Shaka.
—¿Tintito hija? —preguntó la señora Sol asomándose por la puerta del cuarto de Aleja.
—Sí mamita. Gracias.
—No imaginé que fueran tan madrugadoras —comentó el santo bebiendo de su taza.
—El cambio de horario te tiene abrumado.
—¿Y qué me dices del clima? —expuso tronando su cuello—. Hace frío y luego calor y luego frío, pensé que llovería, pero no, y luego hizo mucho sol, pero después hizo mucho frío, que locura.
—Te dije que el clima era raro.
—¿Qué es lo que hay que hacer hoy?
—Bueno —comentó ella caminando por la habitación—, dijiste que querías conocer la ciudad y quedé de verme con mis excompañeros de la universidad esta noche. Vas conmigo, ¿no?
—Claro. Pero si es así, mejor vamos a dar esa vuelta por la ciudad mañana domingo.
—Mañana mi abuelita está de cumpleaños, vamos a ir a su casa a celebrar con mis tíos… ¿No te lo dije?
—No, linda, no me lo dijiste. Así que conoceré al resto de tu familia.
—Te parecerán adorables. No se te haga extraño que mis tíos te pongan algún apodo.
—Que maravilloso.
—Y lo mejor es que habrá mucha comida.
—Genial —expuso con sarcasmo, desde su llegada no había hecho otra cosa que comer y las raciones de comida en esa parte del mundo eran muy grandes.
…..
Oh, maravillosa tortura en la que lo metió Alejandra, aquel artefacto tan extraño de nombre: 'Transmilenio', fue realmente toda una odisea y Shaka, entendió por fin, a que se refería el taxista cuando se dirigió a ese medio de transporte con aquel brillante juego de palabras: 'Transmilleno'. Era el adjetivo perfecto, porque así fue, desde el inicio de su recorrido que costó desde coger, algo a lo que Alejandra llamó alimentador, hasta el 'Portal Tunal', donde una marea de gente corría de lado a lado con mucho afán hasta los servicios articulados de Transmilenio, allí, un sinfín de personas ingresaron a la fuerza a la ruta que les correspondía y como animales se tiraron hacia el interior con el único objetivo de agarrar una silla vacía. Alejandra, sin embargo, espero pacientemente y en compañía del Santo entró, para ubicarse en la zona, que lo que según Shaka entendió era para una silla de ruedas, pero al no ver ninguna por ahí, aquel rincón parecía el lugar favorito de los que se iban de pie.
Desde luego, Shaka se acomodó delante de ella, y aunque en esa primera instancia, iban relativamente cómodos, con el pasar de las estaciones, el rubio empezó a impacientarse; no solo porque el recorrido fue absurdamente largo, sino que además, tuvo que tolerar muchos empujones, malos comentarios, personas que no respetaban la prioridad, entre muchas cosas más, pero cuando por fin salió y aunque Bogotá, no se caracterizaba por tener un medio ambiente limpio, Shaka se sintió feliz de poder respirar y de estar lejos de un tumulto de gente, que en realidad, no había explicación científica para exponer como tantas personas cabían dentro de un vehículo tan pequeño.
Sí, en la India se podían ver cosas parecidas, pero jamás él se había dedicado a prestar realmente atención, cuando necesitaba desplazarse, él, solía tomar largas caminatas, pero claro, ahí en Bogotá, no iba a ser así, mucho menos con Alejandra que no aguantaría un recorrido tan largo, y, además, él podría jurar, que ella lo hizo con la única intención de hacerlo sufrir, porque sí, así era ella, y él no podía escaparse de ese maravilloso viaje en Transmilleno.
Por fin todo había acabado y ahora ellos se encontraban en un pequeño bar esperando a los compañeros de Alejandra, quienes en pocos minutos se unieron a su mesa, ellos eran: Laura y Carlos, ambos muy folclóricos y divertidos, Laura, era más alta que Alejandra, de cabello castaño y muy liso y Carlos, era un muchacho muy alto y delgado de cabello negro. Shaka no estaba seguro de la orientación sexual del joven, quien hablaba un poco afeminado, pero a su vez solía posar su vista en el trasero de las mujeres que pasaban por su lado.
—No puedo creer que te lo hayas traído en Transmilenio —comentó Laura divertida mirando al santo con entusiasmo—. Tan mala, ¿tanto te costaba coger un taxi o Uber?
—Sí —contestó la morena sopesando las sospechas de Shaka.
—A mí no me gusta el Transmilenio, uno sale más manoseado de esos buses —expuso la otra haciendo reír al grupo.
—A mí tampoco me gusta —dijo Carlos dejando su bebida sobre la mesa—, uno sale más iniciado de esos buses.
—Ay, Carlos —Alejandra le lanzó un golpe suave en el brazo.
—Fue una horrible experiencia, si quieren mi opinión —aclaró Shaka—. El bus, como lo llaman, estaba muy lleno y la gente aun así seguía entrando en cada estación, y dos hombres casi se golpean, porque el uno empujó al otro. ¿Cómo no se van a empujar si estábamos uno sobre otro? ¿Acaso la gente no tiene sentido común?
—No en el transporte público. —Hizo ver Laura.
—Alejandra quería que yo conociera ese mundo, es tan adorable —comentó con sarcasmo el rubio abrazando a su novia.
—Es para que te untaras un poquito de pueblo. —Soltó ella.
—Sí, sumerce es bien gomelo —le dijo Carlos a Shaka.
—Es la tercera vez que me dicen así hoy, ¿qué es un gomelo?
—Los gomelos —explicó Alejandra— son los riquillos hijos de papi y mami.
—Sí, esos donde papito y mamita les solucionan todo —continuó Carlos—. No se montan en transporte público, porque solo van en sus Audi o tiene chofer que los llevan de un lado a lado. Viven bien al norte y no saben lo que es una aguapanela.
—Exacto —prosiguió Laura—. Hablan como si tuvieran una papa en la boca, no se juntan con los pobres, consiguen trabajo rápido, siempre andan bien vestidos y caminan como reyes.
—Yo no soy así —refutó Shaka.
—Sí, sí lo eres —expusieron los otros tres para desagrado el santo.
—¿Qué es eso de aguapanela?
—¿Ves que si eres gomelo? No sabes que es una aguapanela —sostuvo Laura. Shaka simplemente rodó los ojos—. Alejandra, ¿su mamá no le dio aguapanela al hombre?
—No, mi mamá le dio mejor desayuno a él del que me suele dar a mí. Como siempre atendiendo mejor a la visita. Pero comió Changua.
—Ay, que rico, Changua —saboreó Carlos—. ¿Y le gustó?
—Sí, muy rica. No sé qué era, pero estaba muy rica. Sin contar el arroz con huevo y chocolate que me dieron después. Creo que voy a explotar si sigo comiendo lo que prepara la señora Sol.
—La señora Sol, cocina tan rico —aclaró Laura—. ¿Se acuerda de ese arroz con pollo del cumpleaños de Aleja de hace dos años?
—Uy, sí — le dio la razón Carlos—. ¿Cuándo su mamita se va a hacer un arroz así de bueno otra vez?
—No sé, toca que vayan a la casa.
—Pero es que usted se fue a vivir tan lejos.
—¡Allí no más, Laurita!
—A mí no me parece que sea allí no más —expuso Shaka haciendo reír al resto.
—¿Y qué tal la ciudad, Shaka? —interrogó Carlos.
—Es linda.
—Ay, diga la verdad, mijito —acotó el otro cruzando la pierna.
—En verdad me ha parecido muy linda —aclaró el guerrero—. Un caos, en cierto sentido, pero linda. Tiene hermosos edificios, las personas… (no todas), son muy amables, la comida es deliciosa, y en realidad hay mucha diversidad.
—Sí, mijito, usted aquí encuentra de todo —sostuvo Carlos—. ¿Y Alejandra, ya se lo llevo a motelear? —Shaka abrió los ojos ante el comentario—. Mire, si la bruja esta, le dice: que camine al Chapinero o Venecia, no le haga caso.
—¿Por qué? —Quiso saber el rubio.
—Porque esas zonas son llenas de moteles, la india esa solo se lo quiere comer —explicó el moreno.
—A Shaka no le molesta eso, así que tus consejos no sirven de nada.
—Queda advertido, esa india es peligrosa.
—Lo tendré en cuenta. Eso de 'motelear' suena interesante.
—Fue lo que hicimos el primer día que llegaste —expuso Aleja haciendo reír a los otros—. Pero me lo llevé para la Primera de Mayo.
—Uy, allá también es peligroso —continuó Laura—. A esos lugares, los llamamos: 'El triángulo de las Bermudas'. Porque allá la gente se pierde por un buen rato. —Finalizó en lo que todos se echaban a reír.
Inframundo.
Violet caminó con pereza en busca de alguno de los jueces para explicarle lo descubierto ese día en el Santuario.
—¿Qué tienes para nosotros? —preguntó Minos al ver a la chica, a su lado, Aiacos esperó paciente.
—Bueno, yo creería que lo mejor es que el señor Hades, tenga una pareja como opción B.
—La opción B de nuestro señor, son Milo y Shaina —explicó Aiacos.
—¿Y la opción A? —preguntó ella.
—Aldebarán y Linda —comentó Minos.
—Aún no entiendo como ese tipo hizo para conseguir una novia tan preciosa como Linda —expuso el otro.
—Aldebarán es un hombre maravilloso y muy amable, ustedes no son ni la mitad de él.
—Es verdad él es el doble de nosotros, es muy grande —corroboró divertido el peliplata—. Y por lo que veo, le estás tomando aprecio a los Santos. ¡Deshonor!
—Claro que no, pero, a decir verdad, muchos son mejores que ustedes. Como Aldebarán, por eso, él está con una hermosa mujer como Linda.
—Golpe bajo —dijo Aiacos fingiendo dolor.
—Volviendo al tema —interrumpió la chica—. El señor Hades, tiene que buscarse una opción C, porque a la pareja Milo y Shaina no les veo futuro.
—¿Por qué lo dices? —interrogó Aiacos entusiasmado—. ¿Acaso ellos piensan terminar? ¿Sabes algo?
—No, ¿Qué?
—¿En serio estás dispuesto a dormir con la novia de tu hermano? —inquirió Minos mirando de arriba abajo al otro.
—¡Que ese idiota de Escorpio no es mi hermano!
—Pero se parecen mucho…
—¡Cállate niña! —ordenó Garuda.
—De acuerdo.
—¿Qué pasa, Violet, con Milo y Shaina? —Quiso saber el Grifo.
—Bueno, él quiere un hijo, pero ella no. Y, además, ella no confía en él, porque él es un completo y descarado coqueto.
—¿Crees que terminen pronto? —Tomó la palabra Aiacos ante la mirada indignada de los otros dos—. ¿Qué? Tal vez ella necesite quien la consuele, y yo estoy dispuesto a ayudar.
—No tienes vergüenza —dijo Minos—. Pero para efectos de la apuesta, ¿crees que lleguen a terminar?
—Te diré algo —explicó la chica cruzándose de brazos—: La base de una relación es la confianza, sin eso no hay nada y parece ser que la linda Cobra no confía mucho en su novio.
—Es increíble que Milo sea tan idiota. Aunque para mí eso es perfecto.
—Suficiente, Aiacos —pidió Minos—, no puedes involucrarte en ninguna relación del Santuario. Estaríamos poniendo todo en riesgo. No querrás ser asesinado por nuestro señor.
—No estoy diciendo que vaya a interferir —se explicó—. Simplemente, digo, que sí Shaina necesita un hombro en que llorar, le puedo ofrecer el mío.
—Entiendo —continuó el Grifo tranquilamente—. Por mí fuera, ya tendría entre mis brazos a la hermosa doctora Ivonne.
—Se tienen mucha confianza, ¿no? —soltó sarcásticamente Violet—. ¿De verdad creen que ellas dejaran a tremendos hombres, por un par de cucarachas? —Los dos jueces miraron con desprecio a la chica—. Vaya, ¿eso lo dije o lo pensé? Mejor me voy.
—Sí corre, niña —expuso Aiacos viendo la chica partir con rapidez—. Es muy bonita para ser tan osada.
—Le da sabor al inframundo, me cae bien.
—Entonces es mejor que el señor Hades, tenga presente a otra pareja, ¿no?
—A decir verdad —comentó Minos sacudiendo su armadura—. Él dijo tener otra pareja.
—¿Quién?
—Se trata de nuestra hermosa Violet y Acuario.
—¿Qué? ¿Ella se está tirando al francés ese? ¿Qué tiene él que no tenga yo?
—Oye, no me consta que tengan algo, tal vez sí, tal vez no, pero según dijo Radamanthys, la pareja está siendo popular en el Olimpo.
—Vaya, así menos podemos matar a la nena.
—Sí, mejor mantén tus garritas lejos de ella.
Colombia.
El domingo en la mañana, Shaka, Alejandra y su familia salieron camino a la casa de la señora Elvecia, la madre de la señora Sol. Alejandra manejaba tranquilamente por las calles, en lo que Daniela permanecía atenta a su móvil, a su lado, la señora Sol, advertía de los posibles peligros en la vía con constantes: 'cuidado' que parecían no molestar a la psicóloga, pero si incomodaban a Shaka, quien pensaba que esas advertencias lejos de alertar al conductor lo distraían realmente del camino.
—Ay, ma, ya no más —dijo finalmente Alejandra mirando por el retrovisor—. Si quieres le digo a Shaka que conduzca.
—No creo que le guste —expuso el Santo desde el asiento del copiloto—. Aprendí a manejar en la India.
—¿Y allá no saben manejar o qué? —quiso saber la mayor
—No —contestaron Shaka y Alejandra al mismo tiempo.
—¿Mami no has visto ese programa de carreteras peligrosas? Una vez transmitieron desde la India —preguntó Daniela—. Nada que envidiarles a los conductores de aquí.
—Dicen que si aprendes a manejar en Bogotá aprendes a manejar en cualquier lado —comentó Aleja.
—No lo dudo —apuntó Shaka más para sí.
La casa de la señora Elvecia era muy grande, había mucha gente adentro y todos se saludaban de beso y no se entendía bien lo que decían entre ellos, adicionalmente, en el lugar, había: perros, gatos, pájaros y niños correteando de lado a lado. Los tíos de Alejandra tenían cara de pocos amigos y miraron a Shaka como si de un maleante se tratara, las mujeres, por el contrario, lo saludaron con amabilidad.
Realmente todos hablaban de diferentes cosas y en algún punto Shaka empezó a sentirse asfixiado cuando la familia seguía llegando, era como tener a todos los miembros del Santuario en un solo templo. Como lo había indicado Alejandra, el apodo para Shaka no se hizo esperar, vaya sorpresa que todos, empezaron a llamarlo: 'el gomelo'.
Después de un rato, el Santo se dio cuenta de que los tíos de Aleja no eran tan malos como intentaron parecer, siendo Ale, la sobrina favorita, los dos hombres solo pretendían parecer mordaces, sin embargo, poco a poco Shaka se fue integrando o más bien lo fueron integrando al grupo, y más de uno aprovechó para contar cosas vergonzosas de Alejandra cuando estaba más joven.
Hubo mucha comida como lo prometió la latina, tanta que Shaka no estaba dispuesto a volver a comer en su vida, además, que se vio en la obligación de tomar un par de cervezas. Shaka descubrió que no se le puede decir que 'no' a un colombiano, mucho menos a un tío de Alejandra.
—Su novio se ve todo formalito —dijo Isabel, la esposa de Diego, uno de los tíos de Alejandra—. Todo noblecito, ¿cómo lo engañó para que se fijara en usted que bien ñera si es?
—Yo no soy ñera.
—En toda familia hay un ñero —continuó Isabel—. Y En esta es usted.
—Esta familia está llena de ñeros, yo soy lo mejorcito de esta familia.
—Por eso se consiguió un novio gomelo —dijo Diego—. Para parecer mejor que nosotros. Gomela.
—¿Ahora conmigo?
—Los gomelos estos —escupió Diego divertido.
—Pero yo creo que Alejandra le dio a ese inocente muchacho: agua de calzón —acotó Lucia, una tía de la psicóloga.
—Yo simplemente pasé por enfrente y él se enamoró, que culpa que yo sea tan bella.
—Sí ya dijo —comentó Isabel—. Pero eso sí, está bien papacito su novio.
—La verdad sí —comentó Diego—. Lo hace a uno dudar —expuso logrando hacer reír a todos.
—Pilas, pilas, Alejandra que su tío va y le quita a su novio —apresuró Lucia.
—Prima —tomó la palabra Yesid—. A lo bien, ¿dónde se levantó esa cosita tan rica?
—Sí no se lo lleva su tío se lo lleva su primo —expuso Isabel—. Mejor que se lo lleve su primo, yo no me quiero quedar sin marido.
—Tío yo no te conocía esos gustos.
—Ya les dije, el gomelo ese, lo hace a uno dudar.
—Ay, prima, ¿qué de donde se lo levantó? ¡Contésteme! ¡Berraca vida! Yo quiero uno igual.
—De Grecia.
—Ay, no, muy lejos. Tocó conformarse con lo nacional. Mi abuelita está encantada con él.
—Sí, que tal, lo tratan mejor a él que a mí. —Suspiró Alejandra.
—Quien la manda, para qué les trae pan a los pobres —expuso Isabel—. Mejor vaya y rescátelo, porque mire, le están dando aguardiente.
—Ay, no. Shaka —se apresuró Aleja.
La fiesta terminó bien entrada la noche, Shaka pese a que intentó no recibir mucho alcohol salió de la casa casi sostenido por Alejandra y luego de una cálida despedida cada uno se fue a su casa.
—Tu familia es adorable, Ale —comentó el santo tomándose la cabeza—. En algún momento pensé que iba a morir, son muchos.
—Familia numerosa, sí.
—Y había muchos niños.
—Familia muy fértil también.
—Hay que tener cuidado. Pero son muy agradables. El ambiente de familia es muy acogedor, pese a lo escandalosos que pueden ser.
—Familia bulliciosa.
….
El tiempo que Shaka dispuso para estar en Colombia, pasó más rápido de lo que él había pensado, ahora estaba en aeropuerto en compañía de Alejandra, quien lo despedida no muy contenta.
—Quiero que sepas algo —comentó él mirándola a los ojos—. Te amo, eres maravillosa y tu familia es fantástica, y este lugar muy a su manera es increíble. Ya me estaba acostumbrando al frío. Y el tinto de tu mamá es delicioso.
—No te podías ir sin probarlo.
—Entiendo por qué quieres quedarte.
—Lo sé, pero muchas cosas pueden pasar en este tiempo. Muchas gracias por venir, me hiciste muy feliz.
—Te voy a extrañar mucho.
—Nos mantendremos en contacto. Lo prometo.
—Lo sé, me tengo que ir.
—Hasta la próxima —se despidió intentando no quebrarse.
—Hasta la próxima, Lala.
…
Alejandra salió del aeropuerto directo a su vehículo donde Daniela esperaba con una gran sonrisa, al ver a su hermana guardó silencio observándola hasta que esta se dispuso a hablar:
—Creo que acabo de dejar ir al hombre de mi vida.
—Vaya, sí que te tomaste tu tiempo, hermanita.
Santuario – Templo de Virgo
Después de un muy largo viaje, Shaka estaba de nuevo en Grecia, su templo estaba oscuro y vacío, pero tranquilo y sereno como siempre, o por lo menos eso, es lo que él hubiera querido.
—Hola Shaka —saludó Ángelo—. ¿Por qué no te detuviste en mi templo? ¿Qué me trajiste?
—Bocadillo, ¿quieres? —dijo el rubio buscando en su equipaje.
—No quiero un bocadillo, quiero algo grande de comer.
—No, tonto, mira, es un dulce —comentó colocando un cuadrado delante del italiano.
—¿Qué es eso? —Quiso saber el otro al recibir el obsequio observando que la envoltura del dulce era de alguna planta.
—Es un dulce de guayaba. Es muy rico. —Ángelo seguía sin entender—. Le quitas la envoltura y te lo comes.
—Oh, delicioso. Que cosa tan rica.
—Te lo dije.
—¿Cómo te fue? —Shaka bajó la mirada por un momento—. Amigo.
—Estoy bien, conocí a la familia y amigos de Alejandra. La ciudad es linda, la verdad hasta yo pensé en quedarme… Ay, Ángelo, comprendí que ella no regresará, no lo hará. Todo lo que es ella, está en Colombia.
—Lo siento amigo.
—No importa, hay que seguir adelante, ¿no?
—Sí.
Continuará
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Espero hayan disfrutado del capítulo, no aparecieron muchos personajes, pero ya me estaba quedando largo, espero (no prometo nada) no tardar mucho para el próximo. Y bueno, así se pudieron dar un pequeño recorrido por mi ciudad. ¿Por qué Bogotá? Porque no conozco muy bien las demás ciudades, y no quería hablar de lo que no sé, así que tocó aquí en la capital, que, aunque caótica es hermosa. Quien viva por acá me entenderá.
Muchas gracias como siempre a todos, un agradecimiento especial a mis queridos lectores que siempre comentan, no saben lo feliz que hacen sus comentarios a un escritor. No ofrecemos mucho, por lo que es muy agradable saber que les gusta la historia.
Monse: Hola, ¿Cómo vas? Sí, apareció Harold, lo tenia un poco olvidado, a veces es difícil tener en cuenta a todos los personajes, perdón por eso, jejeje… y Milo, bueno, él quedó tan feliz con Dean que anhela su propio hijo, y Violet, jajaja… bueno, ellos se lo buscan a veces jajaja
Guest: Estás completamente al día con todos estos disparates, que locas se pusieron las cosas por aquí jejeje… sí, el bebé puede ser de cualquiera, así que esa apuesta está muy reñida jejeje
8D: Hola gracias por tu comentario y bueno, he vuelto, he vuelto jejeje… espero este nuevo capítulo haya sido de tu agrado.
Nos estamos leyendo.
