8. ¿Qué hemos hecho?
El tiempo siguió pasando sin ninguna eventualidad para los miembros del Santuario, todo esto era perfecto, pero para aquellos que estaban por encima de todos, no era más que una tortura el no saber en qué momento se efectuaría el milagro, la presencia del cuarto guardián seguía siendo un misterio y todo un desafío.
Las cosas iban tranquilamente y en ese momento, tanto Mu como Kiki caminaban sin afán por la maravillosa ciudad de Grecia después de realizar algunas compras, el mayor revisaba una pequeña lista, mientras que el joven pelirrojo se distraía fácilmente observando a su alrededor.
—Señor Mu —dijo Kiki con una sonrisa enorme—. ¿Podemos ir a la playa?... Un rato
El de Aries observó de reojo a su discípulo para luego fijar su vista en un cielo despejado y muy azul, pensando que no tenía nada de malo darse un pequeño gusto de vez en cuando, y ante la sonrisa traviesa de su acompañante no pudo negarse.
—De acuerdo —aceptó tranquilamente—. Pero solo un momento, tenemos muchas cosas que hacer en el templo.
Kiki no pudo evitar dejar salir una grata sonrisa y con un pequeño salto agradeció el obsequio que le entregaba su maestro. Caminaron tranquilamente por el lugar, observando a las personas, sintiendo la brisa en sus tersos rostros y escuchando la fuerza de las potentes olas estrellándose contra las rocas. Finalmente, la playa que albergaba a un gran número de personas se presentó ante sus ojos.
—Señor Mu —llamó el más joven—. Mire, allí están Seiya y los demás.
Ante las palabras, el aludido observó a su discípulo para luego plantar su cálida mirada en los jóvenes de bronce, quienes se divertían en un pequeño juego cerca al mar.
—¿Puedo ir con ellos? —Kiki puso su mejor rostro.
—¿Tenías planeado esto? —interrogó el muviano mayor ante el sonrojo de su igual—. ¿Sabías que ellos iban a estar acá y por eso me trajiste?
—No señor Mu —contestó con rapidez, pero lejos de convencer al mayor—. Se lo juro.
—Te creo —contestó con una sonrisa—. Ve con ellos, pero no te distraigas mucho, recuerda que debemos irnos pronto.
—¿No viene Maestro?
—No, me quedaré aquí un rato a disfrutar de las olas y el sol. Diviértete.
El más joven no se hizo del rogar y antes de que su maestro cambiara de opinión corrió hacia el grupo de chicos para unirse al juego, por su lado, Mu se sentó sobre la arena tibia saboreando el olor del aire fresco mientras cerraba sus ojos los cuales al abrirse volaron por cada rincón del lugar hasta centrarse en las fuertes olas que danzaban en medio de un brillante día. El ariano sonrió complacido ante esos pequeños momentos.
En medio del ir y venir de las olas, Sorrento de Sirena emergió como un dios de dentro de las aguas dejando ver su marcado pecho, en lo que sus mechones caían con vehemencia sobre sus hombros y sus brillantes ojos se intensificaban con la luz del día. Por un momento todo pareció detenerse ante la majestuosa figura del general que caminaba ensimismado a paso lento observando con intensidad a Mu de Aries.
El guerrero de Athena fue consiente de toda la escena, de la hermosura del hombre que caminaba directo hasta él y de la intensidad de sus ojos y su paso elegante, no pudo evitar rodar su vista por todo ese bello cuerpo y descaradamente dejó escapar una risa traviesa, mentalmente se corrigió con afán, para luego girar levemente su rostro sin dejar de mirar al extraordinario hombre que había brotado del mar como un íncubo.
—Hola —saludó el general, a Mu le pareció muy rápida su llegada hasta él.
—Hola —contestó intentando disimular su sonrojo y asombro ante el hombre que sin invitación se sentaba a su lado—. Sorrento de Sirena, ¿cierto?
—Así es. —El General ladeó un poco su cabeza—. Y tú eres Mu de Aries. Gusto encontrarte por acá.
—¿Sueles nadar desde el templo submarino hasta las orillas de Atenas? —preguntó con picardía en lo que el otro bajaba la cabeza divertido.
—No —dijo con una amplia sonrisa—. Me gusta nadar, vengo a la playa seguido. No te había visto antes por aquí.
—Estoy muy ocupado. —Mu observó por un momento al grupo de bronceados en compañía de su aprendiz para luego fijar su vista en el mar—. No salgo mucho.
—Deberías —expuso con pose relajada—. No todo pueden ser deberes y deberes. Eres un hombre joven y apuesto, no tiene nada de malo salir un poco de la rutina. ¿No lo crees? —preguntó buscando la mirada del otro.
—Creo que sí. Pero… bueno, a veces es complicado.
—Desde luego —soltó mirando al ariano fijamente, Mu, por el contrario, seguía perdido con la vista en el horizonte—. Deberíamos tomar un café, o un té… lo que tú quieras. ¿Aceptas?
Por primera vez Mu observó al muchacho enfrente suyo, para luego bajar la cabeza divertido y soltar una pequeñísima sonrisa.
—Estoy saliendo con alguien —contestó el ateniense—. Lo siento.
—Debí suponerlo —comentó Sorrento, ahora fue él quien fijó su vista en el océano—. ¿Quién es esa persona tan afortunada?
—Saga de Géminis —expuso con una grata sonrisa.
—No lo conozco bien, conozco a su hermano, el molesto Kanon —suspiró—. Desde luego, ambos son hombres de buen ver. Que afortunado es Saga de Géminis —sostuvo mirando con descaro al pelilila
—El afortunado soy yo —acotó sin parecer nervioso.
—Bueno, debo regresar. Que tenga una bella tarde, señor Mu de Aries.
—Igualmente, Sorrento de Sirena.
Santuario
Sus cabellos negros volaron con el viento ligero, ella sonrió complacida ante el aire y aquel recuerdo olvidado y al que imaginó nunca volver, pero ahí estaba nuevamente, ante la fortuna de una tierra de guerreros, donde por supuesto ella pertenecía sin duda.
—Tomaste la decisión correcta —dijo Shiryu quien parecía ser el más feliz en ese momento.
—Lo sé —contestó ella—. Este es mi lugar, pertenezco aquí.
—Geist, sé que no te arrepentirás.
La amazona sonrió divertida, acostumbrarse nuevamente a las reglas del Santuario iba a ser una tarea complicada. Pero ahí estaba y la decisión ya estaba tomada, ahora, como debía pertenecía a la orden y tenía que cumplir como guerrera.
—De acuerdo vamos a ver a la diosa —musito la chica en lo que subían las largas escaleras hasta el templo principal.
Rodorio
Tessa y Camus caminaban en compañía de Dean por las calles coloridas del pueblo, ambos, estaban muy elegantes y buscaban tranquilamente un lugar donde acomodarse para almorzar. Una hermosa chica de cabellos morados y piel blanca se acercó a ellos y con un entusiasta saludo tomó las manos del más pequeño para luego depositar un enorme beso en el cachete del niño quien dejó escapar una gran carcajada.
—Suéltalo —pidió el francés—. Lo contaminas.
—No seas grosero —dijo Tessa mirando al hombre con desdén en lo que la chica reía divertida—. Mi querida niña hace tiempo no te veía.
—Lo sé Tessa, había estado muy ocupada. ¿Cómo están? Están muy elegantes, ¿vienen de alguna fiesta? Ya sé, el primer año de Dean, ¿cierto corazón? —comentó hacia el niño.
—Violet, aún faltan algunos meses para el cumpleaños del niño —contestó Camus rodando los ojos—. Ya deberías saberlo. Tu servicio de espionaje es muy malo.
—No me enviaron a espiar a Dean.
—Entonces si estás en una misión de espionaje. ¡Lo sabía! —bramó el hombre.
—No, tonto. ¿Dónde estaban entonces?
—¿Y por qué quieres saber? —preguntó él desconfiado en lo que Violet hacía una ligera mueca.
—Estábamos visitando a Alexandra —contestó la anciana con voz cansada—. Le llevábamos flores.
—Que hermoso —comprendió ella.
—Ahora estamos buscando un lugar para almorzar —continuó Tessa—. ¿Quieres venir con nosotros mi niña?
—Claro
—Pero ¿Por qué? —suspiró Camus fingiendo enojo.
Alrededores del Santuario.
—Amor, ¿a dónde vas? —Shura corrió rápidamente hasta June al verla caminar cerca de los campos—. ¿Nos vemos esta noche?
—No lo sé —contestó ella sin detener su andar—. Geist regresó después de tanto tiempo, por lo que iremos a cenar en la noche y no sé, tal vez, vayamos a tomar algo.
—¿Geist, dices? —preguntó indispuesto—. ¿Geist?
—Sí. ¿La conoces?
—No —contestó con rapidez—. Es la chica de los abismos, ¿no? La chica de armadura sin constelación, ¿cierto?
—Sí ella. Estuvo poco en el Santuario. Me sorprende que no la conozcas.
—Pues, no, no la conozco. La distingo… de pasada, pero nada más. ¿Regresó para quedarse o solo está de visita?
—Regresó para quedarse —contestó la rubia felizmente—. Se quedará en la cabaña con Shaina y Naomi, ahora que Marín no está, ella tomará su lugar.
—Qué bueno, es bueno que haya más presencia femenina en el Santuario. Ustedes embellecen el lugar.
—Bueno como guerrera me siento un poco ofendida, pero como mujer y especialmente como tu novia, me siento muy alagada. Muchas gracias.
—Las mujeres, entre más bonitas, más locas.
Templo de Escorpio
Milo subía los largos peldaños hasta su templo alcanzando en el camino a su buen amigo Camus que ascendía en compañía de Dean y Violet, al griego se le hizo interesante la escena del espectro y su compañero conversando como si entre ellos nunca hubiera existido una enemistad, por lo que sonrió ladinamente al pensar en lo mucho que habían cambiado las cosas.
—Buenas tardes —dijo cálidamente acercándose a la pareja—. Tú nuevamente por aquí —comentó hacia la chica.
—Sí. Tessa me invitó a tomar té. ¿Cómo vas Escorpio? ¿Y tu novia?
—¿A ti que te importa? —interrogó Camus.
—Mi novia y yo, muy bien gracias por preguntar —contestó Milo sin importancia en lo que su compañero rodaba los ojos—. Nos amamos y tendremos muchos hijos juntos.
—¿Y eso será pronto? —inquirió la joven mientras Camus empezaba a mirarla confundido.
—Por ahora, no lo creo —explicó el griego—. Yo quiero muchos hijos y me gustaría que Dean tuviera un amigo con quien divertirse y jugar, pero… bueno, aún es muy pronto supongo.
—Dean tendrá amigos con quien jugar —refutó Acuario—. No necesitamos a tu estirpe para acompañar a Dean, cualquier cosa que salga de ti, es mala para la tierra.
—Oye, me ofendes amigo, yo soy lo mejor del planeta y ya querrás que tus hijos sean amigos de mis hijos.
—Desde ya, le prohibiré la amistad a mis hijos con los tuyos. No me interesa que terminen en un reformatorio por el caos de tus engendros.
—¿Mis engendros? ¿Mis engendros? Ahora sí Camus, te pasaste de la raya.
—Uy no que miedo.
—Yo quiero ver esa pelea —expresó Violet—. Quítense la camisa para que sea más interesante.
—Oh, ¿te gusta lo que ves preciosa? —Milo guiñó el ojo en lo que Camus negaba cansadamente.
—No cambias, ¿cierto?
—Yo solo le doy al público lo que quiere.
Camus rodó los ojos nuevamente, ese día hacer ese gesto se estaba convirtiendo en su mueca favorita y como no, si debía soportar a sus amigos con sus comentarios para nada buenos o interesantes. ¿Qué podía hacer? Por algún motivo que él no comprendía, tenía que soportar a Milo y ahora, por alguna extraña razón, le tocaba soportar a Violet, y vaya que la combinación no era para nada buena, no cuando ambos guerreros se caracterizaban por ser hostiles y pedantes. Bien dice el dicho: 'Dios los hace y el diablo los junta'. Sí, el demonio más cruel de todo el infierno juntó a Violet y a Milo al lado de Camus.
Un suspiro largo y profundo cortó la ahora conversación que mantenían Milo y Violet, ¿de qué estaban hablando? Camus no lo supo, estaba sumergido en sus propios pensamientos que no fue hasta que dejó escapar una bocanada de aire, que los otros dos recordaron que iban con él, porque inmediatamente dos pares de ojos cayeron sobre su persona, y él, al sentirse observado, resopló una vez, para luego pasar su mano por su larga cabellera en un gesto poco masculino.
—Camus amigo —sostuvo Milo pasando un brazo por los hombros del otro—. ¿No te preocupa que Dean no tenga una presencia masculina a quien seguir? —Sonrió con cinismo y antes de que el aguador golpeara al de Escorpio a Violet se le escapó un gran eructo.
—Perdón —comentó ella sin la menor vergüenza en su rostro.
—No me preocupa Milo, para eso está Violet —contestó el francés, haciendo carcajear al griego.
—Bueno, alguien tiene que hacer el trabajo, porque Camus no va a ser —escupió la joven divertida haciendo reír con más potencia a Milo.
—Bueno ya —acotó Camus soltándose de Milo y mirando fijamente a ambos guerreros—. Ustedes dos son muy molestos juntos y yo, solo puedo soportar a un idiota a la vez.
—Yo voy hasta el templo principal a ver a Tessa —se excusó el espectro.
—Y yo… yo voy para mi casa, ustedes estaban en mi camino, y ambos son muy molestos.
—Algo me dice que jamás me libraré de ustedes dos —comentó el francés bajando los hombros para continuar con su camino.
Templo de Virgo
—¿Qué tal? —preguntó Shaka a sus dos invitados que estaban sentados a la mesa observando un delicioso plato de comida.
—Esto se ve sabroso —expresó felizmente Narella degustando de los alimentos—. Señor Shaka esto está delicioso.
—Que bueno —sostuvo el rubio tomando asiento—. Me lo enseño hacer la señora Sol.
—¿Tu suegra? —preguntó Ángelo—. Vaya, sí está bueno. ¿Cómo se llama?
—Ajiaco —contestó el indio—. Creo que le puse todo lo que ella me dijo.
—Pues está sabroso.
—Gracias por invitarnos señor Shaka —comentó amablemente Narella con una grata sonrisa—. Fue muy gentil de su parte.
—Él no se llama: 'señor Shaka', Nella. Se llama Barbie, digo, Shaka
—Oye, no intentes cambiar a las personas decentes, ella tiene suficiente con salir con un maleante como tú, de por sí, eso ya le da mala fama a Narella.
Ángelo no comprendió inmediatamente el humor negro de su compañero y lejos de entender el chiste, se quedó quieto en su lugar, con la cuchara a medio camino, observando entristecido a su amigo.
—No lo dije en serio —expuso rápidamente el rubio—. Era broma, tú no eres un maleante. Tranquilo.
—¿Qué pasa? Era un chiste, ¿no? —quiso saber Narella.
—Claro que sí —contesto Shaka.
—Yo, pues yo…
—Ángelo, tranquilo —pidió Shaka intentando no reír, era un hecho que cáncer, aún no superaba el no sentirse lo suficientemente bueno para Narella.
—No importa —sostuvo la chica con una bella sonrisa—. Como sea yo te quiero.
—Ahora no sé si reír o llorar —Cáncer dejó caer un brazo sobre la mesa.
—Sí que eres dramático —acotó Shaka.
—¿Y qué más conoció en Colombia, señor Shaka?
—La comida muy rica, hay mucha gente, mucha… todo el tiempo, había gente en todo lado. En algunos lugares las tiendas estaban muy cerca, pero en otros, quedaban muy lejos. Como es la capital, encuentras a muchas personas de otras regiones por ahí. Así que escuché mucho tipo de acentos.
—¿Algún acento que te haya gustado? —interrogó Ángelo.
—Según me dijo Alejandra, el acento 'paisa', fue el que me gusto a mí. Hablan muy rápido, pero suena muy bonito, especialmente el de las mujeres. Ese acento es de los nacidos en… Medellín.
—Oh, Antioquia —continuó cáncer en lo que Shaka le daba la razón—. Las mujeres de Medellín son muy hermosas, como las de Manizales. También es de allá, ¿cierto?
—Si no estoy mal, sí.
—¿Sí? —preguntó Narella—. ¿Se te antoja una 'paisa'?
—No, claro que no —contestó rápidamente el italiano mientras Shaka reía con gana.
Templo de Capricornio
Shura estaba sentado en las escalinatas de su templo, suspirando ante un atardecer naranja, con los pies golpeaba una y otra vez los escalones, mientras que con sus manos se sacudía las rodillas.
—Te ves preocupado Shura de Capricornio —dijo una voz que lo hizo ponerse inmediatamente de pie—. ¿Cómo estás?
—¿Qué haces aquí? —interrogó molesto, tomando por el brazo a la mujer que lo saludaba—. ¿A qué has venido? Sea lo que sea, quiero que te marches.
—¿Qué te pasa? —Ella molesta se soltó del agarre para luego fijar su oscura mirada en el hombre que la atacaba sin razón alguna—. Tengo tanto derecho de estar en este lugar como tú. ¿O lo olvidas?
—No creo que tus intenciones sean buenas.
—Espera un momento —solicitó ella con un gesto—. ¿Piensas que la razón por la que volví al Santuario es por ti?
—Sí.
—En serio eres bastante prepotente —dedujo—. ¿Te crees tan importante? No, no señor, yo no me fui por ti y mucho menos volví por ti, Shura de Capricornio.
—¿Entonces que haces acá Geist?
—Soy una guerrera de Athena, mi lugar es al lado de mi diosa y no tengo que darte explicaciones a ti de nada. Pasé por este templo, porque tenía una entrevista con el Patriarca, y lo único que hice, fue saludar a un viejo amigo y lo que recibo son gritos y ultrajes.
—Yo… —lo meditó con sensatez—. Me disculpo, no debí atacarte. Es que…
—Es que nada, Shura. Pasaron cosas entre nosotros en el pasado y en el pasado se quedarán. Sé que no te hice la vida muy sencilla, pero no he venido a aquí a interponerme en tu vida. Ahora, sigo mi camino. ¿Si usted me lo permite?
—Oye no le digas nada de esto a June —Pidió en lo que la chica emprendía el camino, ante las palabras, Geist se detuvo de inmediato—. Tal vez le dije que tú y yo, no nos conocíamos.
—Oh, ¿Cómo puedes mirar a la cara a tu novia después de mentirle? Me sorprende que bajes tanto la guardia, no te preocupes Shura, si June se entera de algo, no lo hará por mí.
El de Capricornio no dijo nada, sin embargo, observó con detenimiento el andar de Geist, recordando aquellos oscuros encuentros en los que ambos se perdieron en los brazos del otro y rogó que la presencia de la amazona no interfiriera en su relación con June.
Templo de Piscis
Afrodita y Seika dormían plácidamente después de un largo día, la futura madre estaba acostada boca arriba en lo que su mano derecha reposaba con suavidad en su enorme vientre. El embarazo avanzaba sin ninguna complicación y aún faltaba tiempo para el nacimiento de los gemelos, pero todo marchaba de maravilla, hasta que un pequeño dolor hizo brincar a la japonesa.
—¿Qué pasa? —preguntó el guerrero cuando Seika se reincorporó en la cama—. ¿Estás bien?
—Sí. Sí —contestó ella volviendo a acomodarse—. No fue nada, tal vez fue algo que comí hoy, llevo así desde hace rato, pensé que se me pasaría al dormir. No le des importancia.
—¿Segura?
—Sí amor.
Pero el de Piscis no se comió ese cuento y agobiado se acomodó nuevamente al lado de su novia, vigilando muy de cerca cualquier cambio que ésta tuviera y no pasó ni una hora cuando Seika nuevamente se levantó por un dolor en su vientre.
—¿Amor, estás bien? Te llevaré con el doctor —expresó buscando su ropa.
—Estoy bien —dijo ella volviendo a la cama—. Estoy bien.
No obstante, una hora después, Seika estaba nuevamente quejándose por el dolor.
—Suficiente, vamos con el doctor.
—Ya te dije que no es nada —acotó ella acomodándose en la cama mientras Afrodita buscaba sus pertenencias.
—¿Y si los bebés ya vienen? ¿Pueden ser contracciones?
—Claro que no. —Seika hizo un gesto restándole importancia al asunto mientras tomaba un almanaque que estaba sobre la mesa—. Estoy en la semana 35, 35… aún falta casi un mes para el nacimiento de los ni… —Pero un nuevo dolor la hizo acallar.
—¿Seika?
—No te afanes —comentó ella como si nada hubiera pasado—. Ya te dije que desde ayer he estado un poco enferma, pero no es nada. Empecé así después de tomar ese horrible chocolate que preparó Seiya. Debe ser solo malestar.
—Igual te llevaré con el médico, mejor llevo todo por si las moscas.
—Dita… —Seika nuevamente se retorció en la cama—. Puta madre, eso realmente dolió bastante —expuso para sorpresa de Afrodita que nunca había escuchado a su novia decir una mala palabra.
—Amor, los bebés vienen en camino. ¡Los bebés ya van a nacer! ¡Van a nacer ya! —expresó tomando la ropa, poniéndose los zapatos y saliendo con rapidez de la habitación.
Por su lado Seika se levantó de la cama y con mucho cuidado intentó buscar su propia ropa mientras ideaba un plan para llegar por sí misma al hospital, ya que su querido compañero parecía haberla olvidado.
—¡Cielo! ¡lo siento tengo que llevarte al hospital! —expresó el dorado regresando rápidamente a la habitación.
—Que bueno que te diste cuenta —contestó Seika divertida.
Poco tiempo después, la gran mayoría de lo que formaban la orden Ateniense se encontraban en la sala de espera del pequeño hospital del Santuario, esperando el nacimiento de dos nuevos integrantes, aunque varias veces se les había pedido que bajaran la voz, era imposible acallar tantas voces, y más cuando todos tenían algo que decir y como no, buscar, sin que se los pidieran, un nombre para los bebés.
—Pero ¿no se supone que aún falta para que los bebés nazcan?
—Bueno ella es primeriza y es un embarazo múltiple —contestó Marín a Aioros—. Son cosas que suelen pasar con esas características. Es un parto rápido.
—Ella lleva bastante tiempo allí. No es por nada, pero eso no me parece rápido.
—¿Qué querías Kanon? —preguntó Saga—. ¿Qué ella estornudara y que el niño saliera ya caminando?
—Tenías que hablar —refunfuñó el gemelo.
—Eso se va a poner feo —expreso Camus haciendo crujir su cuello—. Los bebés de Afrodita no dejarán dormir a Dean.
—Los templos están lo suficiente separados los unos de los otros. ¿Cómo crees que mis sobrinos van a incomodar a tu hijo?
—¿No has escuchado a Afrodita cuando sus rosas se estropean? Lo puedes escuchar por todo el Santuario, algo me dice que los bebés serán tan escandalosos como él.
—Apoyo a Camus —dijo Milo—. Creo que no dormiremos nunca más. Por eso mejor nos ponemos a la tarea, ¿no mi amor? —interrogó a su novia, quien rápidamente se alejó de él—. Oye.
—Hizo usted muy bien, al traer al doctor Eduardo, señorita —expuso Dohko—. No esperamos esto, de no haber estado preparados hubiera sido muy difícil llevar a Seika hasta Grecia.
—¿Cómo atendían los partos antes? —Quiso saber la diosa.
—Con parteras —contestó Shion—. Es un oficio olvidado, y las pocas mujeres que quedan en el Santuario no son expertas en ese campo. Las doncellas mayores del templo como la señora Elvira tienen sus conocimientos, pero no es apropiado ese tipo de prácticas para un embarazo tan complicado como el que tuvo la señorita Seika.
—Yo solo espero que todo esté bien y que los elementos de los que disponemos sean suficientes.
—Yo pienso que deberían llamarse Jake y Jay.
—¿Eso es todo lo que tus neuronas pudieron lograr, Aioros? —interrogó Aldebarán divertido.
…
—Vamos Seika, puja —demandó el doctor Eduardo mientras la pobre japonesa intentaba inútilmente lograr sacar a uno de los bebés de su interior—. Tú puedes.
—No, no puedo —dijo ella agotada mientras Afrodita la sostenía con fuerza y limpiaba su sudor—. No puedo, no quiero más esto. Estoy muy cansada. Amor, esperemos nueve meses más, yo no tengo afán.
—Vamos cielo tú puedes —consoló el guerrero—. Pronto acabará el dolor y tendremos a nuestros hijos en nuestros brazos.
—No puedo.
—Vamos Seika —llamó el doctor—. De ti depende que tus bebés estén bien. Un esfuerzo más.
—Vamos, cielo.
Pese al cansancio y el dolor, la joven madre nuevamente hizo uso de todas sus fuerzas. Estaba roja, despeinada, adolorida y sudorosa, pero no se rendiría.
—Perfecto —acotó el doctor—. Aquí viene. ¡Ivonne!
El llanto del pequeño contrastó débilmente con todo el sufrimiento y molestias del momento, Afrodita observó a su pequeño envuelto en algo de color rojizo pataleando y gritando con fuerza.
—Es un varón —apremió Eduardo—. Muy sano y fuerte —continuó mientras le indicaba al guerrero como cortar el cordón umbilical.
—Es hermoso —dijo en lo que Ivonne recibía al pequeño y lo envolvía en una manta.
—Buen trabajo Seika. —Felicitó el doctor—. No te acomodes demasiado, el otro llegará en cualquier momento.
—¿Podemos venir por ese después? Quiero dormir —dijo ella con la cara enrojecida.
—No mi amor, no podemos —contestó Dita—. Sé que estás muy cansada, pero falta poco. Muy poco.
—De acuerdo, de acuerdo —contestó la joven en lo que todos se ubicaban para recibir al segundo bebé.
Y unos cuantos minutos después nació una hermosa nena regordeta y aunque no lloró tanto como su hermano, si se le veía muy molesta.
—Cielo, has hecho un excelente trabajo —le dijo Piscis a su novia, en lo que Ivonne y una enfermera les entregaban a los pequeños recién nacidos a ambos padres.
—Hola bebés —comentó la japonesa sin nada de fuerza, mientras Ivonne sostenía a uno de los niños—. Son muy lindos.
—Excelente trabajo mamá —acotó el doctor—. Tus bebés se ven muy sanos, pero los mantendremos en observación por su anticipado nacimiento.
—Gracias doctor. —Afrodita no le quitaba los ojos de encima a sus dos pequeños—. Es el mejor regalo que me has dado —le dijo a Seika dándole un beso en su frente—. Gracias.
Para fortuna de todos y pese a todo pronóstico, los gemelos de Afrodita gozaban de buena salud, simplemente se aventuraron a conocer el mundo antes de lo planeado y ahora descansaban en los brazos de sus padres después de un largo y doloroso parto. Seika, se veía un poco pálida, pero conservaba la dulzura y la sonrisa que siempre la caracterizaba, y ahora todos estaban en la habitación de la nueva madre, a espera de poder tener entre sus brazos a los nuevos integrantes de la orden.
—Pero que chiquitos —dijo la diosa quien fue la primera en poder cargar a los gemelos—. Son tan lindos. Me los quiero comer a besos.
—Hiciste un excelente trabajo hermanita —expuso Seiya sin dejar de admirar a su sobrina—. Que linda es.
—¿Bueno y como se llaman? —Quiso saber Milo, quien con habilidad se hizo de uno de los pequeños—. Mira amor, es tan hermoso.
Shaina observó a Milo y con radiante sonrisa acarició con delicadeza la mejilla del bebé.
—Es muy hermoso, en verdad —comento la Cobra, haciendo sonreír al griego.
—Ellos son —habló Dita con mucha seriedad—: Molestia número 1 y molestia número 2.
—Dijiste que no harías ese chiste —refutó Seika dándole un ligero golpe a su novio.
—No lo pude evitar.
—Bueno, ¿y cómo se llaman? —Ahora preguntó Saori.
—Ellos son —contestó Piscis buscando con la mirada en que brazos estaban sus hijos—: Haleth y Haldar.
—Oh, los hijos de Haldad. Que interesante —apreció Shaka mientras Camus le daba la razón.
—Eres un demente Dita, siempre te ha gustado todo lo de Tolkien y ahora llamas a tus hijos como dos de sus personajes.
—Dijiste que eran nombres heredados de tu familia. —Protestó Seika.
—¿Eso dije? Y tú que te lo creíste.
—¡Rydeen!
—¡¿Rydeen?! —avivaron varios en unísono.
—Gracias amor, ahora todos saben mi verdadero nombre.
—Te lo mereces.
Templo de Piscis
Y más rápido de lo que hubieran pensado Seika y su familia ya se encontraban instalados en el doceavo templo y aunque ambos padres estaban muy felices por tener a sus bebés en casa, no sabían las consecuencias de dos niños recién nacidos en el hogar.
Afrodita sirvió un poco de café en un plato, sin notarlo el líquido caliente empezó a oscurecer las baldosas del templo de los peces, mientras que su guardián sin percatarse seguía derramando el contenido de una pequeña jarra.
—Florecita —llamó Ángelo haciéndolo caer en cuenta de lo que estaba haciendo.
—Maldición —dijo en un suspiro.
—¿Estás bien amigo?
—No, Ángelo —contestó zarandeando a su amigo por los hombros—. Ellos no duermen. No duermen. Lloran, y lloran. ¿Qué hemos hecho Cáncer? ¿Qué hemos hecho? —Continuó empujando con fuerza a su compañero de armas—. Uno se duerme, pero el otro no, y el llanto llega, y luego el que estaba dormido se despierta y ninguno duerme.
—¿Dónde están los bebés? —Observó el italiano—. No me digas que los mataste.
—Lo he pensado —susurro el otro con mirada desquiciada—. Pero luego veo sus hermosos ojitos y sus pequeños deditos y… no puedo evitar amarlos. Aun así, estoy tan cansado.
—¿Qué hemos hecho? —interrogó Seika entrando a la cocina con el cabello alborotado y una descuidada sudadera—. ¿Qué hemos hecho?
—Tan poco es tan horrible —sostuvo cáncer, ganándose una fuerte mirada por ambos padres—. ¿Seiya no los está ayudando?
—Ese imbécil —soltó la japonesa mientras Ángelo la miraba confundido.
—Es una nueva faceta de Seika, ahora dice malas palabras, no le des importancia —explicó Afrodita.
—Seiya está muy comprometido con el negocio, aquí ni viene —continuó la chica.
—Y mejor —tomó la palabra el sueco—. Mucho ayuda el que no estorba. Y él es un estorbo completo.
—Tienes razón —completó Seika.
—Nueva faceta —le dijo Dita a Ángelo—. Y la adoro.
—Oigan no quiero ser grosero, pero se ven del asco —indicó el cuarto guardián—. ¿Qué les parece, si Narella y yo les ayudamos un poco? Para que duerman.
—¿Harías eso por nosotros, amigo? —preguntó Afrodita con ojos vidriosos.
—Si quieren me llevo a los niños al cuarto templo una hora o dos.
—No creo que sea buena idea —interrumpió Seika.
—Yo creo que es una excelente idea. Ya te los traigo —soltó el sueco desapareciendo con rapidez.
—Tiene afán de deshacerse de los niños.
—Estamos muy cansados —explicó Seika—. No tienes por qué llevártelos, estaremos bien.
—No, no te preocupes. Yo cuidaré de ellos. Si Dean sobrevivió a 13 idiotas, tus bebés puedes sobrevivir a mí.
—Gracias Ángelo. Solo tenlos por una hora.
—O dos —acotó Rydeen llegando con los bebés en sus pequeñas sillas.
—Qué bueno, están dormidos —sostuvo Cáncer, mientras Seika y Afrodita reían.
—No durará —soltó Piscis.
Templo de Cáncer
—Son tan adorables —comento Narella sosteniendo a Haleth—. Tú eres una niña muy linda.
—Dita dice que los niños lloran mucho, a mí no me parece —comento Ángelo con el otro bebé entre brazos—. Son muy tranquilos. ¿Crees que intenten molestar a sus padres a propósito?
—No lo creo, son un par de niños inocentes y bellos. No se atreverían a hacer algo así. El señor Afrodita y Seika solo están muy cansados.
—¿Te imaginas a nosotros dos como padres?
—No. No por ahora.
—Sí, tienes razón, no por ahora.
Cabañas Femeninas
Geist observó el trasero desnudo de su amante sobre la cama y aunque en un principio quiso morderlo cambió rápidamente de opinión al escuchar ruidos afuera de su cuarto.
—Oye —llamó zarandeando con poca delicadeza al hombre que dormía plácidamente—. Debes irte.
—¿De quién te escondes Geist? —dijo él levantándose con pereza—. ¿Cuál es el problema que todos sepan que estamos juntos?
—Tú y yo no estamos juntos Shiryu —declaró ella entregándole los pantalones al moreno—. Ahora tienes que irte.
—Claro.
—Iré por una taza de café y cuando vuelva no quiero verte aquí.
—Claro.
Geist hizo caso omiso al tono molesto del bronceado, sin darle una última mirada salió de la habitación directo a la cocina, donde encontró a alguien que no era ninguna de sus dos compañeras.
—Buenos días —dijo ella tomando asiento—. Espero que estés preparando el desayuno para todos, Shun.
—Desde luego, también hice un poco para Shiryu.
Ante la afirmación la amazona se mostró sorprendida.
—Shiryu. ¿Por qué? ¿Dónde está él?
Shun la miró confundido para luego desviar su mirada hacia la puerta de la cocina.
—Contigo, ¿no? —interrogó—. ¿Es un secreto? —Ella no contestó—. No es por nada, pero yo me di cuenta cuando él llegó a la cabaña, son malos guardando secretos ustedes dos.
—Por favor no le digas a nadie. ¿Quieres?
—Las relaciones clandestinas no funcionan muy bien en el Santuario. Espero que tomes mi consejo en cuenta.
—Dime una cosa, Shun, ¿vives aquí? Porque te he visto muy seguido en la cabaña desde que llegué.
—Bueno, algo —contestó él sirviendo la comida—. Me gusta pasar tiempo con Naomi.
—¿La amas?
—Mucho, más de lo que te puedes imaginar.
—Que lindo. No imaginé encontrarme con tantas parejas enamoradas a mi regreso. Estoy muy sorprendida. Es una lástima que los mejores ya estén ocupados.
—Aún hay algunos libres —comentó tomando asiento—. Como Camus, Hyoga, Jabu, Aioros… no a Aioros táchalo. A menos que te gusten las relaciones de poca duración. Creo que él es tan distraído que olvida que tiene novia.
—Sí, me han dicho. Es todo un personaje. Pero insisto que ya todos los mejores están ocupados. Y los otros, son gay, lo cual es un gran y monumental desperdicio.
—Sí, eso dicen.
Geist suspiró pesadamente colocando sus manos alrededor de la taza de café y luego con una mirada penetrante observó al chico que estaba enfrente suyo.
—¿Tú crees que todo este amor perdure? ¿Qué las parejas actuales tengan un futuro?
—Quisiera creer que sí —contestó él bebiendo de su propia taza—. Y, en realidad deseo que mi relación tenga un próspero futuro.
—Estoy segura de que sí. Tú eres un hombre maravilloso.
—Gracias.
—Buenos días —saludó Shaina entrando en la cocina.
—Buenos días, señora que no vive aquí, pero sí se roba todos nuestros alimentos —bromeó Geist.
—Yo sí vivo aquí, solo que duermo afuera de vez en cuando.
—¡Todos los días! —dijeron los otros dos en unísono.
Continuará
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Muchas gracias a todos que siguen la historia, he estado un poco ocupada y empiezo a sufrir un poquito de bloqueo mental, que espero pronto se me pase. Este capítulo, aunque corto nos da un adelanto de la vida de padres para Dita y Seika, espero empezar a traer un contenido más robusto para los próximos episodios. No coman ansias. Solo necesito organizarme un poco.
No olviden leer la 'Tríada Oscura' para todos aquellos que aún no se han pasado por ahí y claro, solo si quieren. Recuerden que es un fanfic con una trama más oscura. También los invito a visitar mi pagina de Facebook donde estaré publicando algunas cositas e imágenes para que tengan una mejor visión de lo que aquí se relata.
Monse: Como siempre tan puntual. Por favor no mueras, jajaja… estos muchachos salen con cada cosa y como vez, los jueces no pueden mantener las narices fuera de todo esto. Muchas gracias por tus comentarios y por seguir tan atenta a la historia.
Guest: Hola, jajaja morí de la risa con tu comentario. Si a Shaka le quedaba algo de virgen lo perdió completamente en el transporte público jejeje… pero no siempre te ofrecen todos esos servicios gratis, a veces sales sin billetera y sin celular, ya sabes, un buen servicio requiere su pago jejeje… tengo entendido que sí, que el transporte en la India es similar, pero como afirmaba Shaka, él prefería caminar. Y bueno, sí tal vez Shaka y Ale puedan mantener su relación, depende de muchas cosas. Esperemos a ver como les va… oh, sí. Los jueces no se pierden ni una jajaja… oh, infidelidades, van a haber, no tantas como te imaginas, más bien pocas, o más bien una que otra, pero las va a haber, pero un poco más adelante.
8D: Oh, vaya. Esto es tan adictivo como las galletas de Kanon jejeje… por favor, no jejeje… no quiero demandas por sobredosis jejeje… gracias por tu comentario, espero este nuevo capítulo te haya gustado.
Muchas gracias a todos nuevamente: Nyan, Natalita, beuaty, ShainaCobra, Ivonne Galvn, Guest, Monse, 8D y a todos los que siguen tan atentos de la historia.
Nos estamos leyendo.
