Capítulo dedicado a Natalita07, por su cumpleaños. Sé que fue hace más o menos un mes, pero me atrasé con el episodio y no logré traerlo antes. Pero nunca es tarde, mi Nat.
9. El tercer guardián
Ivonne se levantó muy temprano recogiendo su cabello en una coleta para luego elevar los brazos en un gesto de pereza, no se molestó en vestirse de inmediato, apenas llevaba puesta una camisa blanca y su ropa interior, de igual forma estaba sola en su apartamento. Como hacía todas las mañanas caminó con pie descalzo hacia su cocina, pero antes de llegar a ésta un golpe en la puerta la hizo detenerse. Bajó los brazos derrotada para luego dirigirse hasta la entrada, seguramente era Kanon, así que, sin preguntar, abrió la puerta de par en par encontrándose con unos interesantes ojos que la observaban con intensidad.
—Oh, que bonita —dijo el hombre en su umbral recorriendo el cuerpo de la chica con lasciva mirada.
—¡Qué demonios! —Ivonne intentó esconderse tras la madera—. ¿Qué haces aquí?
—Vine a verte.
—¿Cómo es posible?
Pero el muchacho en la puerta no contestó con palabras, y sin ser invitado se arrojó sobre la doctora para acorralarla contra la pared robándole un intenso y placentero beso.
—No podemos hacer esto —expresó ella.
—Nadie tiene porque enterarse —expuso él otra vez besándola con fuerza.
—¡¿Pero qué carajos?! —gritó Kanon desde la puerta—. Ahora sí, Grifo, ¡te voy a matar!
—Espera un momento, Géminis —dijo el juez deteniendo sin problema al hombre—. Podemos compartir. ¿No, Ivonne?
Ante la pregunta la chica se quedó pasmada, se sentía abrumada y contrariada.
—¿Tú quieres compartir? —preguntó Kanon.
—Bueno, los dos me gustan —contestó ella haciendo un puchero.
—De acuerdo —susurró el santo—. No tengo ningún problema con esto.
Y ante el desconcierto de la morena, ahora fue el griego el que le quitó el aliento con un profundo beso, y cuando menos lo pensó ya tenía a ambos hombres acariciando su cuerpo en un candente frenesí y los dos estaban haciendo un magnífico trabajo.
—Amor abre los ojos —escuchó decir a Kanon—. Amor, te traje café.
—¿Qué? —preguntó ella adormilada y viendo a su alrededor—. ¿Qué?
—Te traje café. Ya amaneció —explicó el santo parado frente a la cama.
—¿Dónde está…? —se detuvo entendiendo que todo había sido un sueño—. Que intenso.
—¿Qué intenso qué?
Ivonne observó a su novio ahí parado sin camisa y completamente sexy, además, el sueño que estaba teniendo hacia unos instantes la había dejado completamente exaltada por lo que sin pensarlo tomó el café para hacerlo a un lado en lo que arrojaba al hombre sobre la cama para luego echarse sobre él.
—Me encanta cuando te levantas excitada.
—Cierra la boca.
Alrededores del Santuario
Afrodita de Piscis intentaba movilizarse con el coche de sus hijos por medio de los sinuosos caminos del Santuario, las llantas de la carriola se estrellaban con insistencia mientras el santo mascullaba maldiciones en voz baja empujando el carrito.
—¿Los bebés están adentro? —preguntó Ángelo llegando con él y por respuesta recibió una tétrica mirada—. ¿Están o no están?
—¿Tú que crees?
—Que sí, o si no ya hubieses tirado ese carro cuesta abajo.
—Que observador. Debí traerlos en los canguros. Pensé que sería más cómodo para ellos ir en este endemoniado artefacto.
—El problema no es el vehículo, sino la carretera. Deberíamos mandar a pavimentar —soltó una fuerte carcajada en lo que el sueco gruñía molesto—. Era un chiste.
—No me pareció gracioso.
—¿A dónde vas? No me es claro tu destino —expuso viendo la orientación del carrito.
—Voy para el pueblo y esta cosa no me ayuda a avanzar.
—Ten paciencia, amigo.
—No me pidas paciencia, Ángelo Gabriel. Llevo una semana sin dormir.
—No digas mi nombre completo, Rydeen, me molesta mucho —pero ante la mirada de su igual prefirió callar—. Mejor te ayudo un poco —continuó levantando la parte de adelante de la carriola—. Será más fácil descender así, ¿no lo crees?
—Sí, tienes razón. Gracias.
—Oye, nunca había visto que estos coches vinieran dobles —comentó mirando hacia el cielo.
—Yo sí alguna vez vi a una mujer con uno de estos en Grecia, me pareció de lo más curioso —acotó ya más tranquilo—. Este no los regaló la señorita Athena, y es muy bueno, porque la otra vez lo aventé escaleras abajo debido a que no lo pude cerrar. —Ángelo quiso decir algo, pero prefirió callar—. Ya te dije que no me pidas paciencia.
—Sí, sí, ya lo sé. ¿Y por qué vamos al pueblo?
—Tengo que comprar algunas cosas. Seika se fue esta mañana a Blizz, estaba desesperada por ver como está el negocio. Y la entiendo, Seiya y yo estuvimos a cargo y bueno, ella tiene sus razones para preocuparse. Además, creo que quería estar un poco fuera de casa. Llevaba mucho tiempo sin poder salir.
—Y a ti se te ocurrió dar un paseo con los niños.
—Al principio me pareció una buena idea.
—Oye, tus bebés son muy tranquilos. Pese a todos los movimientos, ellos siguen durmiendo —observó a los más pequeños acostados tranquilamente.
—Sí, ellos duermen todo el día y no hay poder humano que los despierte y en la noche están como si hubiesen consumido alucinógenos y no hay poder humano o divino que los haga dormir nuevamente.
—Tal vez son vampiros.
—Deja tus chistes bobos para otro día, ¿bueno?
—No te enojes.
Ya en el pueblo, ambos santos hicieron algunas compras y disfrutaron de un café, en ese momento estaban comprando pañales y cosas para los niños.
—Pero que bonitos bebés —expresó la cajera viendo a ambos niños por encima del mostrador—. Son adorables. ¿Son gemelos?
—Así es —contestó Afrodita inflando pecho—. Ella es Haleth y él Haldar.
—Que interesantes nombres —comentó la chica con una sonrisa—. ¿De dónde son?
—Son históricos, de la tierra media —explicó el sueco—. Haldar fue el rey de los Haladin, un hombre fuerte y poderoso, hasta que murió en una temible batalla en la que intentó proteger a su padre. Luego su hermana Haleth tomó el liderazgo y aunque los Haladin era un pueblo quebrado por la guerra, la tenaz Haleth mantuvo a su gente en pie hasta que lograron recomponerse y salir adelante para luego ser conocidos como el pueblo de Haleth.
—Que interesante historia —dijo ella impresionada—. No la conocía.
—¡Puf! —soltó Ángelo quien se había mantenido callado todo el tiempo escuchando a su amigo—. ¿Has visto el Señor de los anillos, niña?
—Oh, sí. Un par de ellas.
—Bueno, toda la babosada que te acaba de decir él, es de ese universo. Haleth y Haldar son un par de personajes ficticios de un mundo aún más ficticio.
—¡Ángelo! —bramó Afrodita haciendo reír a la cajera quien le pareció todo muy gracioso—. ¿Por qué siempre arruinas todo?
—Bla, bla, bla.
Piscis suspiró profundo pagando la cuenta correspondiente para luego tomar las cosas que descansaban sobre el mostrador.
—No te vuelvo a sacar a ningún lado —expuso el sueco caminando a grandes zancadas hasta la salida—. Yo estaba contando una maravillosa historia y tú tenías que arruinarla.
—Estabas hablando de los hijos de Haldad como si fueran reales, tenía que intervenir.
—¡Oigan! —llamó la cajera viendo como ambos hombres salían del supermercado sin prestar atención a sus palabras—. ¡Oigan!
—Siempre haces lo mismo, Ángelo —acotó Afrodita revisando la bolsa—. Por eso nadie te quiere.
—A mí todo el mundo me quiere. ¿Oye y los niños?
—¡Mierda! —bramó fuertemente para girar sobre sus talones y volver a la tienda—. Perdón —le dijo a la cajera que se encontraba a un lado del coche—. Soy primerizo.
—Menos mal lo notó rápido o hubiera tenido que llamar a la policía.
—Nada de eso, nada de eso. —Afrodita tomó rápidamente la carriola—. Muchas gracias no volverá a pasar.
—No puedo creer que hayas dejado a tus hijos abandonados en un supermercado —bromeó Ángelo al ver salir a Afrodita—. Tú y Camus son peligrosos como padres.
—¡Cierra el pico!
Blizz
—No puedo creerte, que sueño tan intenso —comentó Naomi entrando al café en compañía de Ivonne—. Y Kanon ni por enterado.
—Me levanté tan excitada que le brinqué encima. Pero es que imagínate a esos dos juntos, besando todo tu cuerpo.
—Sí, todo lo rico.
—¿De qué hablan? —preguntó Seika quien se encontraba con Seiya revisando el inventario.
—De nada en particular —contestó Ivonne girando su mirada hacia el Pegaso—. Luego te cuento.
Seika entendió el comentario sin ningún problema, por lo que prefirió continuar con su trabajo en lo que Naomi e Ivonne seguían conversando.
—Dime la verdad. ¿Te gusta Minos? —preguntó la amazona en tono bajo para no ser escuchada por los demás.
—No, ya te dije: Para pasar el rato y ya. Pero no, no me interesa, ni siquiera sé por qué soñé con él. ¿Crees que ellos puedan manipular los sueños?
Naomi dejó salir una gran y sonora carcajada:
—No intentes culpar a los demás de lo que tu pervertido inconsciente hace.
—Gracias por tu apoyo, amiga. Pero no me gusta Minos, solo me parece interesante y ya. Madura, Naomi —Finalizó viendo la mirada ladina de la otra.
Grecia
—Fue una impresionante obra. La fierecilla domada —dijo Saga caminando hombro a hombro al lado de Mu—. A la próxima vez yo escojo el lugar a donde ir.
—¿No te gustó la obra? —preguntó el lemuriano divertido—. Si estabas muy entretenido.
—No puedes pedirme que me quedé quieto por más de dos horas. —Saga se pasó las manos por el cabello—. Me caí de la silla, ¿lo recuerdas? Creo que me estaba durmiendo.
—De acuerdo —dijo Mu levantando las manos como derrota—. La próxima hacemos lo que tú quieras.
—No me digas esas cosas, que me las tomo muy en serio.
El otro sonrió.
—Oye mira —señaló el ariano una vitrina—. Esas sillitas están muy bonitas para los bebés de Dita.
—Creo que los niños ya tienen unas de esas. Creo que las vi. Estoy casi que seguro.
—¿Casi?
—Sí. Pero creo que sí. Esa silla fue muy práctica para Dean, he de suponer que los dos niños de nombres que no recuerdo y nunca recordaré tienen un par de esas.
—Seguramente sí. Siento que deberíamos comprarle algo a los niños. No les dimos nada cuando nacieron y ellos tampoco hicieron un shower o algo así.
—Tienes razón. ¿Qué les compramos? —preguntó girándose hacia la vitrina para observar los utensilios de bebé—. ¿Unas gomitas?
—Tienen una semana de nacidos. —Mu miró a su pareja con desdén—. Los bebés no comen gomitas.
—Ya lo sé, las gomitas son para mí. A los bebés les podemos comprar ese par de almohadas. —Señaló.
Mu suspiró profundamente, Saga siempre se salía por la tangente, pero antes de poder decir algo su mirada se topó con unos brillantes ojos rosa, cosa que no pasó desapercibida para Géminis quien se giró a ver hacia dirección de Mu.
—Buenas tardes —saludó un elegante chico—. ¿Cómo has estado Mu? Y tú eres Saga de Géminis, ¿no?
—Sí —contestó firmemente el griego—. No estás con tu jefe como siempre, Sorrento.
—Es mi día libre —respondió el general con una amplia sonrisa—. ¿Piensan adoptar un bebé? —preguntó al ver hacia la vitrina que observaban los santos.
—Los bebés de Afrodita de Piscis nacieron hace poco y queríamos darles algo —explicó Mu con mucha amabilidad haciendo que Saga rodara los ojos.
—Si me enteré —dijo Sorrento observando a Mu directamente—. Felicitaciones a Piscis y a su bella esposa. ¿Quieren tomar un café? Yo invito.
—No gracias, estamos ocupados —comentó Saga con seriedad y sin perder su temple.
—De acuerdo. Que tengan un lindo día entonces.
—Muchas gracias, Sorrento, igualmente —contestó Mu viendo partir al muchacho.
—¿Me estás jodiendo? —interrogó Saga a Mu con brusquedad.
—¿Disculpa? —Mu se veía contrariado.
—¿De cuándo acá eres tan amiguito de Sorrento?
—¿Amiguito? Él y yo, espera… ¿Estás celoso?
—¿Y tú que crees? —preguntó cruzándose de brazos sin dejar su mirada furiosa a un lado—. Él viene y te hace risitas y miraditas coquetas y tú pareces corresponderle. ¿Quieres que esté feliz por eso?
—Mira. —Mu intentó serenarse antes de hablar en lo que se rascaba la frente—. Solo somos amables el uno con el otro. Él es un chico amable y yo igual. Tal vez no estés acostumbrado a la cortesía, pero eso que acabas de ver, nada más fue eso: 'cortesía'.
—Sí, eres tan ingenuo para creer que todo lo que acaba de pasar fue simple cortesía. De verdad eres tan… —prefirió callar.
—Idiota —completó Mu, Saga intentó defenderse—. Es lo que querías decir, ¿no? De verdad piensas que, porque tengo menos experiencia que tú, soy idiota y no diferencio una cosa de la otra. No me subestimes, Saga de Géminis.
—No considero que seas un idiota. Es solo que…
—Nada, nada.
—Espera —pidió al ver el semblante poco serio del menor—. No…
—No, no quiero hablar contigo más.
—Mu… —Pero este desapareció con el viento—. No puedo creer que se haya teletransportado y me haya dejado hablando solo —susurró—. ¡Ay, Mu! —dijo dándole una patada al aire—. Eres… —Volvió a callar, apretando los puños.
Blizz
—Ya estoy un poco más tranquila, Ikki —dijo una voz desde un computador—. Ya terminé exámenes y me fue bien, creo que tendré un poco de tiempo libre pronto.
—Me alegra mucho, Shunrei —comentó el santo mirando su laptop—. Nos gustaría verte pronto.
—¿Seguro? Hace tiempo que no sé nada de Shiryu. ¿Está todo bien con él? —Ikki levantó la mirada hacia su hermano quien estaba sentado delante de él, ante la pregunta de la china, Shun simplemente se alzó de hombros.
—Sí, él está muy bien. Solo que ha estado ocupado. Apenas tenga tiempo se comunicará contigo.
—De acuerdo. Muchas gracias. Tengo que irme. Hablamos luego —acotó ella cortando la comunicación.
—Creo que no me creyó —dijo Ikki cerrando el portátil—. Se le veía un poco triste.
—Algún día lo superará, ¿no? —Shun le miró profundamente—. Es una chica fuerte y valiente.
—Que sigue enamorada de Shiryu. ¿Cómo le voy a decir que él está interesado en otra mujer? —preguntó a nadie en particular teniendo en cuenta que había escuchado a Geist y a su compañero el Dragón hablar sobre esa relación clandestina que mantenían—. No imaginé que Shiryu tuviera gustos tan salvajes.
—No escogemos de quien enamorarnos, simplemente pasa —comentó Shun bebiendo de su taza de té—. El corazón quiere lo que quiere. Es como tú que te enamoraste de Shunrei.
—Eso no es cierto.
—Si como no.
—Es solo que ella… bueno, no sé, tal vez, sí siento algo por ella. Me parece una persona maravillosa.
Shun sonrió enternecido para luego observar a su hermano que parecía sumergido en un mundo de contradicciones.
Templo de Géminis
Saga llegó a la tercera casa molesto después de la huida de Mu, furioso caminaba de lado a lado, pronunciando cosas intangibles que parecía únicamente él podía entender. Kanon, quien estaba en la sala pasando la tarde, se inquietó ante el comportamiento de su gemelo que parecía otra vez ser atormentado por un tercero.
—Tengo miedo de preguntar —dijo el exgeneral atrayendo la atención del mayor—. Pero ¿Ker otra vez hizo de la suyas?
—¡No, Kanon! —gritó Saga—. Cada vez que hablé solo no es porque tenga algún problema psicótico otra vez, ¿bueno? Déjate de estupideces —ordenó tirándose sobre el sofá.
—¿Entonces es por las drogas? —preguntó con cinismo, ganándose una fuerte mirada por parte del otro—. ¿No? Ay, ¿Qué te tiene tan molesto?
Saga respiró profundamente antes de hablar:
—Mu. —Kanon no dijo nada, pero ante la respuesta prefirió tomar asiento cerca de su hermano—. Me dejó…
—¡¿Te dejó?! ¡No puedo creerlo! Se había demorado.
—¿Me dejas terminar de hablar?
—Dale.
—Me dejó hablando solo —explicó con rapidez—. Claro que al paso que vamos, creo que sí, nuestra relación se terminó.
—No digas tonterías —expuso en lo que el otro cruzaba los brazos y miraba hacia otro lado—. ¡Arréglalo! No encontrarás a un hombre como Mu. —Saga negó molesto—. ¿Por qué pelearon?
—Sorrento quiere con Mu —acotó apretando los puños—. Ese muñeco de torta quiere devorarse a Mu. Pero Mu es tan idiota que no se da cuenta, y es tan ingenuo que no nota que él también se sienta atraído por Sorrento.
—¿Crees que Mu te cambie por Sorrento? —preguntó buscando la mirada de su hermano—. Oye, en realidad poco o nada me he interesado en tu relación con Mu, pero te aseguro que él no se irá con la primera persona que aparezca por ahí. Nuestro querido borreguito es una persona íntegra. Y si alguien está metiendo la pata en este momento, eres tú y no él, así que soluciónalo.
—Pero…
—Pero nada —dijo poniéndose de pie—. Ya te dije, no vas a encontrar a una persona como Mu, habla con él y arreglen las cosas. No te vas a quedar aquí como un cobarde suponiendo, sabes muy bien que eso no te lleva por buen camino.
Saga no contestó, molesto se levantó del sillón para encerrarse en su habitación por el resto de la tarde.
—Típico —musitó Kanon.
Templo de Aries
Mu pasó toda la tarde en completo silencio, a esa hora había preferido encerrarse todo el día en su taller para reparar las armaduras y olvidarse del mal sabor de boca debido al altercado con Saga. Su discípulo preguntó varias veces por su estado de ánimo, a lo que el santo contestaba con ligereza que todo estaba bien, pero si el niño volvía a parecer por esa puerta de seguro perdería los estribos. Y como si lo hubiese invocado, un golpe en la puerta lo hizo frustrarse.
—Kiki, ya te dije que estoy bien. Ve a dormir ya es tarde —dijo sin levantarse de su puesto.
—Soy yo, Saga. —Ante la afirmación al otro lado de la puerta Mu se tensó en su lugar.
—¿Qué quieres? —preguntó manteniendo la calma.
—Hablar contigo. ¿Puedo pasar?
Mu suspiró dejando caer sus hombros para luego posar su mirada sobre la puerta.
—Pasa —contestó en lo que los brillantes ojos de Saga se asomaban desde el umbral—. Te escucho —dijo acomodándose en su silla cruzando los brazos.
—Lamento mucho mi comportamiento de esta tarde —aclaró Saga entrando en el taller cerrando la puerta tras de sí—. No debí cuestionarte, ni dudar de ti. Pero es todo por lo que pienso disculparme.
Mu dejó escapar una sonrisa cínica para luego negar y volver a su trabajo ignorando el hecho de que Saga estuviera presente.
—Mu, en serio lo siento —confesó al ver el semblante del lemuriano quien parecía no muy convencido—. De verdad.
—Sí, sí, te perdono. —Hizo un movimiento con el brazo en señal de despedida. Saga resopló acercándose al otro para tomar su mano y captar su atención.
—No te voy a negar que esta relación es algo muy nuevo para mí. Tengo miedo, Mu. —El lemuriano lo miró a los ojos completamente confundido—. Sí, aunque no lo creas, temo que te vayas —suspiró, estaba siendo muy difícil para Saga revelar sus verdaderos sentimientos—. Me siento muy bien al lado tuyo, me siento querido y valioso a tu lado, y temo perder eso, temo perderte a ti. Y siento que un muñequito de torta como Sorrento podría ser un perfecto candidato para conquistarte.
—Yo no…
—Es cierto. Cielos Mu, tengo ojos. Yo he visto a Sorrento y es un hombre impresionante, parece un príncipe. ¿Por qué no querrías eso?
—Porque te quiero a ti. Así con todos tus problemas, complejos y ambiciones, te quiero a ti. —Saga no pudo evitar reír ante las palabras del ariano—. Algunas personas son adictas al poder, al sexo, a tener la razón y tú eres todo eso y aún así te quiero —continuó poniéndose de pie para buscar la mirada del gemelo—. No quiero al príncipe de los cuentos, quiero al lobo feroz.
—No sé como sentirme al respecto, si alagado u ofendido.
—No tienes derecho a protestar, Saga de Géminis —dijo Mu acorralando al otro contra la mesa—. Hoy me hiciste pasar por un mal momento y lograste enfadarme, así que te castigaré.
—Ah, ¿sí? —comentó Saga con picardía—. Me lo merezco.
Mu sonrió divertido y sin ningún cuidado arrojó a Saga sobre la mesa tirando varias cosas en el camino.
—Me encanta cuando tomas el control.
—Silencio, Saga de Géminis. —El gemelo hizo una señal de quedarse callado.
—Señor Mu —llamó Kiki al otro lado—. ¿Está usted bien?
Mu refunfuñó.
—Eso me pasa por meterme con hombres que tienen bendiciones.
—Cállate, Saga —musitó Mu caminando hasta la puerta—. Hola Kiki, estoy bien, ve a dormir.
—¿Seguro, señor Mu?
—Sí. Estoy arreglando algunas cosas. ¿Quieres irte? —pidió mientras Saga soltaba una fuerte carcajada.
—Ah, entiendo —dijo el chico rápidamente— Que descanse señor Mu, usted igual señor Saga.
—Gracias Kiki —contestó Géminis mientras Mu cerraba la puerta.
—Ahora sí, ¿en qué estábamos? —interrogó el ariano mirando con perversión al gemelo.
—En que me ibas a castigar fuertemente.
—Oh, sí. Y lo voy a disfrutar mucho.
Tiempo después – Blizz
Marín se encontraba sentada en la barra con un enorme sándwich mientras se acariciaba su enorme panza. La Cobra que en ese momento acompañaba a Seika en el café veía sorprendida comer a su amiga y como ésta no hacía menor mueca al degustar del emparedado.
—¿Quieres un poco de sándwich con tu jalapeño? —bromeó la italiana en lo que la pelirroja la miraba molesta.
—El doctor dijo que el picante ayudaba a adelantar el parto —explicó Aiora tranquilamente—. Y por alguna extraña razón a ella parece no afectarle el picante.
—Esto ni picante es —expresó Águila.
—¿Saben que otra cosa es buena para adelantar el parto? —inquirió Shaina—: El sexo.
Marín observó de medio lado a Aioria quien pareció nervioso.
—Ya sabemos —dijo la japonesa—, pero a cierta personita le da ansiedad hacer su trabajo. No he tenido sexo desde hace siete meses, y no sabes cuanto me ha faltado.
—Es que… —El griego no sabía exactamente que decir—. Temo lastimar al bebé. Que tal le ponga un ojo morado.
—Créeme mi amor, que ni te acercas —expresó la pelirroja haciendo estallar en risas a Shaina.
—No es gracioso. Me tengo que ir —continuó el guerrero—. Se las dejo, está insoportable, ahora es asunto de ustedes. —Finalizó desapareciendo del lugar.
—¿En serio tenemos que cuidar de ti? —preguntó Seika—. Suficiente tengo con mis hijos. Ellos de por sí ya hacen bastante escandalo para tener que aguantarte a ti.
—Que graciosita te has vuelto, Seika —comentó Marín—. Ay, pero no es mi culpa, este bebé está empeñado en vivir aquí adentro. Que desesperante.
—No te enojes querida, ya llegará, dale tiempo —consoló Shaina.
—¿Cuánto tiempo más? —Águila mandó su cabeza hacia atrás—. Ya no quiero esto, no más. ¿Por qué te tomas tanto tiempo Eryx?
—¿Al fin decidieron llamarlo Eryx?
—Sí —contestó Marín a Seika—. Es un nombre lindo, aunque me saqué de mis cabales acordarme de lo que pasó en el pasado con Dean.
—Eres una loca —dijo Shaina distraída para luego arrepentirse—. Lo siento.
—Buenos días —saludó Shaka entrando al café—. ¿Cómo están?
—Bien —contestó Seika—. ¿Lo mismo de siempre?
—Tú eres mi chica —respondió él con un gesto.
—En realidad soy la chica de Afrodita, pero gracias por el alago —contestó ella con el mismo gesto, mientras se giraba para preparar el té que tomaba todas las mañanas Virgo.
—Oh, vaya tú sigues enorme —le dijo Shaka a Marín quien lo observó molesta—. Perdón.
—El doctor dijo que, si de aquí al viernes el bebé no nace, me inducirán el parto. Dios, aún faltan tres días para eso, y ya estoy harta.
—Lo siento mucho, amiga. —Consoló la Cobra acariciando los rojos cabellos de la otra, quien después la miró confundida—. ¿Qué pasó?
—Creo que me hice pipí —contestó Marín.
—Te hiciste mucho pipí —exclamó Shaka quien dio dos pasos hacia atrás.
—Dios, creo que se me rompió la fuente —musito la pelirroja analizando todo el panorama—. Mi bebé ya va a nacer.
—Oh, por Buda —soltó el rubio para luego ser apretado por el brazo.
—Shaka tienes que llevarme al hospital.
—¿Por qué yo? —interrogó en lo que tres pares de ojos se clavaban intensamente sobre él—. Iré por Aioria.
—No, no lo harás —sostuvo con fuerza Marín al guerrero—. Tú tienes que llevarme, ¡ahora!
—¡Shaka! —gritaron las otras dos en unísono.
—Está bien. Ustedes busquen a Aioria —pidió el dorado saliendo con Marín.
—Si quieres tú ve con Aioria, yo me quedo en el café. —Ofreció Seika.
—Esperaré un momento. Quiero ver a Shaka sufriendo un rato.
Campos de entrenamiento
—Hola Aioria, ¿Cómo estás? —Mu llegó corriendo al lado de leo apenas lo vio entrar al campo—. ¿Podrías acompañarme a Jamir? Tengo que traer algunas cosas de las montañas.
—¿Tiene que ser ahora? Voy a empezar mi entrenamiento y no puedo irme muy lejos. Marín puede dar a luz en cualquier momento.
—Te prometo que no demoraremos —acotó Mu— El maestro Dohko dice que no hay problema que te ausentes un poco del entrenamiento. Vamos y volvemos pronto, te lo prometo.
—¿Qué tenemos que traer?
—Polvo estelar…
—Mu, el polvo estelar no es fácil de conseguir. Nos tomará horas recolectarlo.
El lemuriano puso su mejor cara.
—Por eso te pido a ti, que me ayudes —comentó con dulzura.
—¿Por qué no se lo pides al inepto de tu novio?
—El maestro lo tiene ocupado con unos informes. Vamos Aioria, no te hagas del rogar. Te lo compensaré.
—Oye, hasta donde recuerdo tenías una buena cuantía de polvo estelar, ¿qué pasó?
—Es que la otra vez se me cayó una buena cantidad —expuso intentando no sonrojarse, en realidad lo había tirado el día que se reconcilió con Saga, pero no lo había notado hasta entonces.
—De acuerdo, vamos rápido.
—Gracias, amigo.
Hospital del Santuario
—¡¿Qué carajos dices?! —gritó furiosa Marín—. ¿Cómo que el doctor Eduardo no está?
—Es su día libre —contestó Ivonne sin dejarse amedrentar.
—Llámalo —ordenó Shaka—. Ella está a punto de dar a luz.
—No puedo llamarlo, el doctor Eduardo suele apagar su teléfono cuando no está trabajando. Comparte con su familia.
—Ivonne haz algo —volvió a mandar el rubio—. El bebé está a punto de llegar.
—Lo dudo —contestó la morena tranquilamente en lo que dos pares de ojos la fulminaban—. Apenas y rompiste fuente, dudo que ya estés lo suficientemente dilatada para que nazca el niño. Podemos esperar a que Eduardo vuelva o ir a Grecia.
—Eduardo llegará hasta mañana, ¿o me equivoco? —interrogó la amazona.
—Sí, hasta mañana.
—¿Y pretendes que yo esperé hasta mañana?
—Yo te tendré vigilada, vamos a revisarte y ver que tanto has avanzado. —Una mirada furiosa hizo que la doctora buscara una mejor solución—. Vamos al hospital de la ciudad. Eres una mujer muy fuerte, todos tus controles han salido bien, así que lo soportarás.
—De acuerdo, de acuerdo —concilió Shaka antes de que su compañera le arrancara la cabeza a la otra—. Vamos a Grecia.
Campos de entrenamiento
—¡¿Cómo que Aioria no está?! —interrogó enojada la Cobra.
—¿Qué te puedo decir, linda? Se marchó con Mu. —Fue la escueta respuesta de Dohko.
—Pero Maestro, el bebé ya viene en camino, necesitamos a Aioria. Podría decirle que regrese.
—Uy, va a estar complicado linda. En realidad, contactar a Jamir no es fácil. Se podría decir que hay mucha interferencia.
—¡Entonces que alguien vaya y lo busque! —Shaina quería golpear al santo ante la tranquilidad de éste.
—Tampoco es tan fácil linda. —La Cobra dio dos pasos hacia adelante en lo que instintivamente el chino se echaba para atrás. —Es que ellos están dentro de las grandes montañas buscando polvo estelar, no es fácil conseguir el producto y pueden estar en cualquier lado de Jamir —explicó temiendo por su seguridad, la joven italiana se veía muy enojada—. Pero le diré a Kiki que vaya a buscarlo.
—Gracias, maestro —contestó con sarcasmo.
Hospital – Grecia
—Hola, señorita, ella está a punto de tener a su bebé —le dijo Shaka a una mujer castaña que estaba en la recepción.
—Sí, como muchas —contestó la enfermera sin levantar la vista—. Llenen estas planillas y ya la atendemos.
—¡Escuche! —bramó Marín, pero una fuerte contracción la hizo callar.
—Por favor —pidió el rubio siendo fuertemente sostenido por la amazona—. Un doctor urgente, creo que me rompió la mano.
—No exageres —manifestó Ivonne—. Señorita, por favor nos puede ayudar.
La enfermera decidió levantar la vista.
—Doctora Ivonne —dijo la mujer—. Perdón no la había visto. Claro, una silla de ruedas para la señora y llévenla a la sala materna.
—Shaka, ve tú con ella en lo que yo lleno los formularios. —Ante las palabras de la morena, el santo la observó como si fuera el fin del mundo.
—¿Quieres que yo me haga cargo?
—Sí, tú idiota —refunfuñó Marín—. No seas un idiota y vamos.
El santo de virgo respiró hondo y profundo.
—Bien.
Un rato después Marín estaba acostada sobre la cama, completamente estresada y molesta.
—¿Dónde está ese maldito? —bramó en lo que Shaka sentado a su lado la miraba con tranquilidad.
—No debe demorar.
—¿Cómo es posible que desaparezca en un momento como este?
—Oye, no te exaltes, no es bueno para el bebé. —Shaka se acomodó en su puesto—. No querrás que tu hijo nazca en un ambiente hostil.
La amazona quiso caer encima del guerrero, pero prefirió darle la razón.
—Vamos a hacer un trabajo de respiración —dijo el Santo—. Vamos, respira profundo. —La chica cerro los ojos e hizo como se le indicó—. Sostenlo. Uno, dos, tres… —La voz de Shaka era muy armoniosa—. Cinco, exhala. Uno, dos…
—¡¿Ya nació el bebé?! —preguntó un sonriente Aioros distrayendo a los otros dos, su interrupción fue tan grande que hasta el mismo Shaka se giró molesto hacia él—. ¿Tú que haces aquí? —Observó al rubio—. ¿Marín tienes que explicar algo?
—No seas idiota. ¿Dónde está Aioria?
—Pensé que estaba acá —le contestó a la chica—. Pero dime, ¿ya nació el bebé?
Tanto Shaka como Marín miraron con desprecio al recién llegado.
—Pero ¿Qué dije? —Aioros reparó en el enorme vientre de su cuñada—. Oh, aún no nace. Que bueno. —Siguió en lo que tomaba asiento al otro lado de la cama—. ¿Por qué no ha nacido aún? Me dijeron que tu fuente ya estaba rota.
—Ay, dios —expresó la chica.
—Marín, apenas y ha dilatado tres centímetros —explicó Shaka.
—Tres centímetros es mucho —dijo Aioros distraído—. Suficiente para que el niño nazca.
—Te lo explicaré de esta manera —acotó Marín—: Mi dilatación en este momento es tan grande como tu cerebro.
—¡Oh! Entonces es muy poco aún. Que tonto.
—Que bueno que lo acepta —comentó Shaka.
—Dame la mano, Aioros —pidió Marín mientras Virgo reía divertido al ver que el otro obedecía.
—¡Oh, por dios! —bramó Sagitario al ser fuertemente apretado por la amazona quien estaba intentando resistir a una larga contracción.
—Esa se vio muy fuerte —dijo el rubio.
—Ya pasó, ya pasó —contestó ella, mientras Aioros observaba su mano lastimada.
—Oh, por la diosa, creo que me fracturó la mano.
—No exageres. Yo llevo soportando esos apretones desde hace una hora. Aunque debo admitir que ya no siento nada en los dedos.
—¡Oye no hagas eso! —gritó Marín, pero el arquero ya había echado todo el hielo sobre su mano—. Eso era para mí.
—Pensé que estaba aquí para estos casos —sostuvo el griego.
—Shaka, sácalo de aquí antes de que lo asesine.
—¡Marín, amor, ¿ya nació el bebé?! —Por respuesta, Aioria recibió una fuerte mirada.
—Así me miraron a mí cuando hice esa pregunta —interrumpió Aioros.
—¿Tú que haces aquí, Shaka? ¿Marín? —inquirió el león mirando a su esposa.
—¿Es en serio, idiota? —La amazona hizo el ademán de levantarse, por lo que el santo se echó para atrás—. Tú no estabas, de no ser por Shaka no estaría acá.
—Bueno —tomó la palabra Virgo—. Ya que llegaste, me voy. Suerte —dijo desapareciendo con rapidez.
—Amor, lo siento mucho, el estúpido de Mu me distrajo, pero ya estoy acá.
—Qué bueno, Marín está muy molesta.
—Aioria, por favor, saca a tu hermano de aquí antes de que lo asesine.
….
—Hola, Shaka, ¿ya nació el bebé? —Quiso saber Mu.
—No —contestó el otro.
—A él si no lo miras mal —increpó Aioros.
—Pensé que te quedarías adentro.
—Marín me corrió.
—Bueno, tenemos que esperar —dijo Mu tomando asiento en la sala de espera, los otros dos hicieron lo mismo.
—¿Dónde está Ivonne? —Shaka observó a su alrededor.
—Se fue apenas llegamos. La señorita Athena nos alcanzará en un momento —contestó Aries.
El rubio se dejó caer sobre la silla, todo el tema de ser el acompañante de Marín, logró abrumarlo y agradeció que Aioria hubiera llegado en el mejor de los momentos, porque no estaba muy seguro de haber podido soportar el parto de la amazona. Ahora, ya más tranquilo, cerró los ojos por un pequeño minuto, hasta que un golpe lo hizo girarse hacia el lado derecho, justo, donde un pequeño de seis años tiraba al suelo las revistas que estaban sobre la mesa.
—No hagas eso —pidió el santo amablemente, acto seguido el infante lo miró disgustado para luego mostrarle la lengua al guerrero—. ¿Quieres levantar las revistas? Por favor.
—¡No! —gritó el pequeño corriendo hacia el otro lado de la sala, en lo que Shaka se incorporaba para levantar las revistas. Sin embargo, unos minutos después, el pequeño regresó para volver a tirarlas.
—No hagas eso.
—¡Cállate anciano!
—¿Qué? —Pero antes de que el rubio pudiera caerle encima al niño, fue detenido por Mu.
—Tranquilo amigo, solo es un niño.
—¿Dónde están los papás de ese mocoso? —preguntó al ver al pequeño correr por todo el lugar—. ¿Por qué no le llaman la atención?
Mu observó a su alrededor y solo vio a una mujer detrás de ellos hablando por celular.
—No lo sé —contestó el lemuriano.
—¡Mami, mami, quiero jugo! —chilló el infante tras Shaka.
—Creo que ella es la mamá —contestó Mu
—No me digas.
—¡Mami, mami, quiero jugo!
—Toma —dijo la mujer entregándole una caja al más pequeño.
—Me lo abres mami. ¡Mami! ¡Mami! —gritó con tanta fuerza que Shaka sintió retumbar su cabeza.
—Estoy hablando por teléfono. No molestes a mami. —Ante la respuesta de su madre, el niño intentó por sí mismo abrir el recipiente con tan mala suerte que terminó regando todo el contenido en el largo y sedoso cabello del santo de la virgen.
—¡Maldita sea! —bramó el indio completamente enojado girándose de inmediato hacia el más joven—. ¿Me echaste leche encima, mocoso?
—Cielos, pensé que era jugo —dijo divertido Aioros logrando hacer enojar más al rubio.
—¡Mami él se tomó mi leche!
—Pero ¿Qué le pasa señor? —preguntó la mujer.
—¿Acaso no se dio cuenta de que su hijo me echó toda la leche encima?
La mujer miró de arriba abajo al santo, pero no contestó nada.
—Siéntate amor, hay gente muy grosera en el mundo —masculló la madre del niño haciendo una mueca molesta.
—Vamos a limpiarte —interrumpió rápidamente Mu tomando a su compañero para llevárselo en lo que Aioros intentaba no morir de risa.
….
—Odio a los niños —acotó Shaka lavando su cabello con intensidad—. Ahora huelo a vómito. ¡Cielos!
—Tranquilo amigo.
—No, ese mocoso no tiene control y su madre está más interesada en ese aparato que en el demonio que tiene por hijo. ¿Sabes qué? Nadie se mete con mi pelo.
—Sí, es tan bonito y sedoso. ¿Qué haces para tenerlo así?
—Pues definitivamente no es porque me apliqué leche.
—Nunca te había visto tan enojado amigo, en serio tu cabello es muy preciado.
Shaka observó al otro completamente indignado:
—¿Sabes que odio en esta vida?: El desorden, la grosería, ¡y la leche en mi pelo! ¿Y adivina quien acaba de hacer las tres cosas?
Mu rio divertido en lo que Shaka rodaba los ojos intentando limpiar su dorada cabellera.
—Y definitivamente odio a los niños. Tendré que volver a mi templo, esto no se irá tan fácil.
—Podrías hacerte la vasectomía antes de salir del hospital —bromeó el ariano.
—¿Para qué? Ya ni sexo tengo. Más bien, debo mantener mi celibato —continuó saliendo del baño, seguido de cerca por Mu.
—¿Entonces no has tenido sexo virtual con Alejandra? —Aries sonrió divertido en lo que el otro le correspondía con gesto pícaro.
—Una vez, tuve que ir a un hotel porque el internet en el Santuario es imposible, y bueno, en Blizz hubiera estado difícil con toda esa gente viendo.
—Claro. —Ambos se echaron a reír.
—Mira nada más quien está ahí —comentó Shaka con malicia, observando al niño que había arrojado leche sobre su cabello.
—No mami, no quiero entrar —dijo el pequeño demonio tirándose en el suelo, mientras su madre tomaba el celular y hablaba por este, cuando Shaka vio a donde se dirigía el niño se inclinó para quedar a su altura.
—¿Así que vas al odontólogo, pequeño? —El niño no contestó y nuevamente le enseñó la lengua al rubio—. Adivina que te va a pasar allá dentro. El doctor tomará unas tenazas calientes al rojo vivo y te arrancará uno a uno tus pequeños dientes de leche. Y te dolerá mucho.
—¡Shaka! —Le llamó la atención Mu jalándolo para que se alejara del niño, acto seguido el indio se levantó para continuar su camino como si nada—. Y pensé que el malo era Ángelo —susurró en lo que el niño empezaba a llorar fuertemente y un par de ojos de una madre furiosa se clavaban en él—. Yo no le hice nada. Adiós.
….
Marín estaba sentada en la camilla mientras Aioria sostenía con fuerza las manos de su esposa en lo que ella se reponía de una fuerte contracción, la amazona se veía agotada y molesta, debido a que el tiempo pasaba y aún no estaba lo suficientemente preparada para dar a luz al bebé.
—Vaya, ese niño se está tomando su tiempo. —Aioros estaba sentado cerca a la cama de la guerrera comiendo hielo molido—. ¿Cuánto más tendremos que esperar?
—¿No te dije que lo sacarás de aquí? —preguntó ella a Aioria, quien dejó caer sus hombros.
—Lo hice, pero él vuelve a entrar. No sé qué hacer.
—¿Por qué no le dices a Mu o Saga que lo envíen lejos por un buen rato?
Aioria observó a su hermano por encima del hombro de Marín:
—Oye, no queremos perderlo nuevamente. Por eso lo cuidamos tanto, déjalo estar acá.
—Me molesta cada vez que habla.
—No digas eso cuñada —dijo el arquero—. No querrás que tu hijo se parezca a mí.
—Difícilmente no se va a parecer a ti, ¿no lo crees? —musitó Marín entre dientes.
—No lo sé —contestó el mayor levantando los hombros—. Yo no sé matemáticas, digo de… ay, perdón —Aioros se echó a reír.
—Es tan molesto. Dios, ¿Cuánto tiempo tengo que seguir así?
—No ha venido ningún doctor desde hace rato —observó el león.
—Aquí viene otra —expuso la pelirroja tomando nuevamente las manos de su esposo—. Esta dolió mucho, mis contracciones están siendo cada vez más seguidas.
—Tienes razón —comentó Aioria sin moverse de su lugar, Marín lo observó furiosa.
—Cariño, ¿te molestaría mucho ir por un doctor?
—Bueno, ellos…
Pero antes de poder terminar su frase la amazona lo tomó por la ropa atrayéndolo hacia ella.
—Escúchame bien: tú me metiste en esto, ahora tú me sacas. Ve por un doctor y dile que ya estoy muy preparada. ¡Y no se te ocurra volver hasta que alguien no venga a verme!
—Sí mi amor, sí mi amor —acotó tastabillando hasta la salida.
—Así se hace cuñada —musitó Aioros levantando su mano esperando aprobación por parte de su compañera.
—Te asesinaré, te lo juro.
El dorado hizo un puchero para luego sentarse en su puesto mientras mantenía su boca bien cerrada.
…..
—¿Aioria, como va todo? —preguntó Saori al ver al santo salir de la habitación.
—Demorado. Tengo que encontrar un doctor ahora.
—Claro, voy contigo.
Los dos caminaron por los iluminados pasillos del hospital, justo hasta encontrar al médico que los atendió desde el principio.
—¡Doctor, Makris! —llamó el dorado—. Mi esposa, necesita ir a verla.
—Entiendo —comentó el profesional escribiendo algo en una planilla—. Pero ella no es la única. Tengo que estar aquí y allá.
—Doctor. —Saori interrumpió lo que parecía iba a ser un homicidio por parte de Aioria quien estuvo a milímetros de arrojarse encima del médico—. No tengo que recordarle los generosos donativos que la fundación Graude hace cada mes al hospital, ¿o sí?
—Señorita Kido. —El doctor tragó saliva al reconocer a la heredera—. Disculpe, no sabía que la esposa de este caballero era su amiga.
—Y es más que eso, por lo que le pido que le dé la mejor atención, ¿de acuerdo?
—De acuerdo señorita, iré a ver a la paciente en este momento.
—Muchas gracias.
—Cielos, señorita Athena. —Aioria observó a la diosa con una sonrisa—. Es usted mi heroína.
….
Marín caminaba de lado a lado, mientras Aioros la observaba en su paseo, la chica intentaba no perder los estribos rogando que pronto todo acabara. Por fin, sus súplicas fueron escuchadas cuando la puerta se abrió dejando ver al doctor y Aioria quienes ingresaban a la habitación.
—Déjeme ver como va, señora —pidió el doctor.
—Ah, no —bramó la amazona—. No voy a dejar que nadie más ponga su dedo en mi útero, solo para decirme que aún no estoy lista. Así que más le vale haber venido hasta aquí, para traer a mi bebé al mundo o voy a asesinarlo.
La amazona se fue sobre el doctor quien instintivamente se hizo tras el santo, ante las amenazas de la guerrera.
—Amor por favor —intentó calmar Aioria.
—Señora, necesito revisarla antes de proceder.
—¡Maldición! —gritó la chica tomando su lugar en la camilla en lo que el médico hacías su respectivo trabajo y una enfermera entraba a la habitación.
—Llega en el momento preciso señorita —expuso el doctor—. Hay que llevar a la paciente a la sala de partos, está más que preparada, Marín.
—¡Gracias a los dioses! —dijeron los tres santos al tiempo.
…..
En la sala de espera ya casi la mitad del Santuario se encontraba reunida. Todos aguardando el momento de conocer al nuevo integrante de la orden.
—¿Por qué los bebés tardan tanto en nacer? —preguntó Ángelo—. Creo que lo hacen a propósito.
—Como todo lo que hacen los niños —continuó Shaka quien había llegado hace poco después de un largo duchazo en su templo.
—En serio no puedo creer que un niño te haya echado leche encima a propósito —expuso Saga mirando al rubio—. Yo pienso que exageras.
—Es porque tú no estuviste acá cuando ese mocoso apareció en mi vida —objetó el indio.
—En defensa de Shaka —tomó la palabra Mu—. El niño sí estaba molestando mucho, a la madre parecía no preocuparle. Pero —continuó ante la sonrisa triunfante del sexto guardián— el pequeño le echó leche encima a Shaka, sin culpa, no fue intención de él.
—No puedo creerlo, con esos amigos para que enemigos. —Shaka se cruzó de brazos.
—Oye, tú de seguro traumatizaste al niño de por vida, con el comentario que le hiciste sobre el odontólogo.
—¿Qué le dijo? —preguntó Saori a Mu.
—Le dije la verdad, que le iban a sacar los dientes y ya, nada del otro mundo —explicó Shaka sin darle mayor importancia, en lo que todos se le quedaban viendo.
—No te le volverás a acercar a Dean —acotó Camus con su hijo en brazos.
—No, pues voy a ir a cortarme las venas.
—Y decían que el psicópata era Máscara de la Muerte —le susurró Aldebarán a su esposa quien rio divertida.
—¿Ya nació el bebé, Aioros? —preguntó Saori al ver al santo llegar a la sala.
—No lo sé —contestó el arquero tomando asiento en completa tristeza—. Marín y Aioria me corrieron del lugar.
—Igual no tenías nada que hacer ahí —apuntó Kanon.
—¿Cómo que no? —Aioros se levantó molesto—. Es mi sobrino, es parte de mí, tengo derecho a verlo nacer.
—Siéntate Aioros. —Shion lo jaló de la camisa volviéndolo a su lugar.
….
—¡Vamos Marín, tú puedes! —apoyó Aioria junto a su esposa.
—¡Cierra la boca! —La amazona se veía muy agotada—. ¡Todo esto es tu maldita culpa! ¡Te odio! ¡Te odio! ¡Cinco minutos de placer para esto!
—¡No fueron cinco minutos! —se excusó el guerrero sintiendo el peso de las miradas del personal médico—. No fue así.
—Cállate, ¿quieres? No haces esto más fácil, Aioria.
—Vamos Marín, ya casi. —Alentó el doctor—. Falta poco.
La amazona no se dio por vencida, haciendo gala de su resistencia continuó con su trabajo hasta que el llanto de su hijo le indicó que ya todo estaba bien.
—Cielos, es enorme. —Observó el santo para luego besar a su esposa—. Amor, que buen trabajo.
—Sí, sí. ¿Dónde está mi bebé? ¿Dónde está?
—Aquí —dijo la enfermera entregando al niño a los padres.
—Mira, se parece a ti —dijo él.
—Dejémonos de tonterías —comentó Marín agotada—. Se parece a ti.
—Sí, se parece a mí.
Santuario – Despacho de Athena.
—Bueno, señorita Athena, ya nacieron los primeros tres guardianes y aún no tenemos noticias del cuarto niño.
—Todo esto me está volviendo loca, Shion. —Saori se arrojó sobre el sofá que estaba ubicado bajo la ventana—. Hace ocho meses supimos que los niños de Aioria y Afrodita serian los guardianes cardinales, sin embargo, pasa el tiempo y parece ser que el otro no llegará pronto como habíamos pensado. ¿Qué está pasando? ¿Acaso están usando anticonceptivos de mejor calidad? ¿O los chicos ya no tienen sexo? Shion, les encomiendas mucho trabajo y ellos están muy cansados.
—Les encomiendo la misma cantidad de trabajo de siempre —se excusó el mayor—. No sé que está pasando, tal vez ahora son responsables. Igual Zeus dijo que el cuarto guardián se podría engendrar en los años venideros.
—Cuatro años indicó mi padre, cuatro. —Saori se levantó para mirar directamente al hombre—. Y ya casi se cumple el primer año, Shion. No sé tú, pero esto realmente me preocupa mucho. Tal vez deberíamos hacerles un estudio de fertilidad.
—No lo veo necesario, señorita.
—Sí —dijo ella mordiéndose las uñas—. Así nos enfocamos únicamente en los que pueden tener hijos.
—Señorita, tendremos que esperar. El plazo aún no se cumple. Tenemos tiempo. No desconfíe.
—Espero que tengas razón Shion, porque si ese bebé no llega a existir, será el fin del mundo y no habrá nada que podamos hacer.
—Todo estará bien, no lo dude.
Continuará
.
.
Hola, gracias por seguir aquí. Ya nació el bebé de Marín después de tanto tiempo jejeje… me disculpo con todas aquellas mujeres que tienen hijos por si fui un poco exagerada, la verdad yo no soy mamá y me guie por cosas que he escuchado por parte de mis conocidos o visto en la televisión, así que me disculpan si tal vez exageré en algunas situaciones o por si se me fueron las luces en alguna parte jajaja.
A modo de anécdota y porque creo que no les había contado antes, por allá en el 2009 mi mejor amiga y yo, quisimos montar un café - bar, el cual se iba a llamar Blizz; lamentablemente se nos presentaron muchos problemas los cuales entorpecieron nuestro proyecto y no fue posible que Blizz viera la luz del día, por ello quise, que el café de Seika tuviera este mismo nombre, para que Blizz después de tanto tiempo no quedara tan olvidado.
Un agradecimiento muy especial a Natalita07, mi patito de hule jejeje porque me dio muchas ideas para este capítulo.
Nuevamente muchas gracias. Su apoyo es muy importante para mí y no saben lo feliz que hacen a los escritores con su valiosa participación.
Monse: Hola, como siempre tan cumplida… y ya viste que si se le apareció el Saga a Mu jajaja a ver como siguen estos dos… Milo, bueno, esperemos a ver que pasa… ay, ¿quién no quisiera abrazar a Ángelo? Jejeje gracias por leerme. Aquí seguimos.
8D: Oh, bueno, esto es muy adictivo, creo que yo también soy adicta a esto jejeje… pues, Geist llegó a revolotear por ahí, hoy no supimos de ella, pero no pasará desapercibida. Y empiezan a llegar los niños y esto puede ser un caos. Bueno, no tanto por los niños, sino por los adultos jejeje… muchas gracias por tu apoyo y bellos comentarios.
Nos estamos leyendo.
