11. ¡Feliz cumpleaños Dean!
Templo de Acuario
25 de octubre, un día muy importante para Camus de Acuario, quien en esa fecha se convirtió en padre, aunque no lo supo inmediatamente, tiempo después, aceptó a Dean como parte de su vida. Fue un poco difícil al comienzo, pero con el pasar de los meses las cosas se hicieron más llevaderas. Y ahora, pese a su condición de guerrero, podía compartir al lado de su hijo un maravilloso cumpleaños.
Camus se levantó muy temprano ese día, quería que todo fuera perfecto para el niño, por lo que, lo primero que hizo fue dejar a Dean con Tessa mientras él y sus dos queridos colaboradores organizaban todo para la fiesta. La primera en llegar a Acuario fue Violet. El santo, ni siquiera pensó en pedirle ayuda a ella, no obstante, ella terminó ofreciéndose, y como un buen apoyo llegó muy temprano, ambos ya tenían buena parte de la decoración, para cuando Milo se les unió.
—Llegas tarde —recalcó Camus, el griego hizo un puchero para fingir que no era con él.
—Traje algunas cosas —expuso Milo subiendo las escaleras al segundo piso para dirigirse a la cocina—. ¡Ven y miras! —le gritó a Camus.
Él aludido bajó la cabeza derrotado, luego de un gesto hacia el espectro caminó hasta la cocina donde su compañero de armas lo esperaba.
—No puedo creer que hayas invitado a la niña gótica —dijo Milo cuando vio llegar a su amigo—. ¿Por qué?
—Ella se ofreció —explicó Camus—. Quiere mucho a Dean y por alguna extraña razón que aún no comprendo, él le tiene mucho aprecio también.
—Dean, le tiene aprecio a todo el mundo. Es un niño con un gran corazón.
—Sí —aceptó Camus—, pero la quiere a ella, a ella. Y es una bruja.
Milo se carcajeó.
—¿Qué hay que hacer?
Camus revisó las compras de Milo para luego mirarlo a los ojos.
—Trajiste más globos —recalcó, Escorpio subió los hombros—. Hay muchos globos ya. Muchos.
—Unos pocos más no hacen daño.
—De acuerdo —Camus sonrió con cinismo—. Lo que tienes que hacer es inflar globos. Manos a la obra.
El griego resopló cansado para luego salir a la planta baja donde se llevaría a cabo la fiesta del niño.
—Oh, Kung Fu Panda —reparó Milo en la decoración—. Adoro esa película.
—Yo también —hizo ver Violet—. Me gusta que en la tercera parte…
—Esperen —interrumpió Camus mirando a sus amigos—. ¿Me están diciendo que ese estúpido panda tiene tres películas?
—Sí —contestó Milo—, desde luego le compré toda la colección a Dean.
—No puede ser.
—¿Sí no te gusta por qué decoraste así? —Quiso saber la chica.
—Porque a Dean le gusta ese estúpido panda —explicó el francés—. Milo —señaló en lo que el aludido sonreía con inocencia—, le regaló la primera película y Dean la ve todos los días, todo el tiempo. Y solo quiere ver a ese estúpido panda.
—Bueno —dijo Violet—, a los niños les gusta ver la misma película una y otra vez, porque cada vez que la ven descubren algo nuevo.
—Tú eres perturbadoramente extraña —hizo ver Camus—. El hecho es que odio a ese muñeco, pero no sabía de qué más decorar. Por ahora, sé que eso es lo que le gusta a mi hijo.
—Eres un buen padre. —Milo le palmeó la espalda.
—Bueno, terminemos con esto pronto.
—¿Cuántos niños vendrán a la fiesta? —preguntó Cetus observando el lugar.
—¿Niños? —Camus miró confundido—. Bueno, Haldar, Haleth y Eryx.
—¿No más? —inquirió ella a lo que Acuario afirmaba con la cabeza—. ¿Acaso no hay más niños en el Santuario? Se supone que es una fiesta infantil, ¿no?
—Sí es una fiesta infantil —contestó el francés—. Y sí hay más niños en el Santuario, pero los únicos que me simpatizan son los mencionados y la única razón por la que los invité a ellos, es porque no tuve de otra.
—Oh, teniendo en cuenta eso, le echaré vodka a la gelatina.
—No lo vas a hacer… —Pero Violet no prestó atención a los gritos del Santo—. Espero que no le dé gelatina con Vodka a los niños.
—Dirás a Dean, porque hasta donde yo sé, Eryx y los mellizos, solo se alimentan de leche materna.
—Bueno, espero que no le dé esa gelatina a mi hijo.
Poco a poco el onceavo templo fue cambiando su lúgubre aspecto a un ambiente colorido con música infantil y globos. La primera planta de la casa de Acuario no parecía la misma de siempre, y aquel lugar donde alguna vez se llevaron crueles batallas, ahora, esperaba una gran celebración nunca vista en el Santuario.
El primero en llegar a la fiesta y como siempre tan cumplido fue Shaka de Virgo, el rubio ingresó al templo con varias cajas de regalo en sus brazos, llamando la atención de Camus quien interesado al lado de Violet se acercaron al recién llegado.
—¿Te enviaron con todos los regalos? —inquirió observando a su compañero quien le devolvió la mirada confundido.
—No —contestó como si Camus hubiera hecho una pregunta tonta.
—¿Todo son… de parte tuya? —Violet intentó ser precisa.
—Eh… sí —respondió el rubio con una mueca divertida—. Es qué no sabía qué comprar.
—¿Entonces compraste toda la tienda? —exageró Camus.
—No compré toda la tienda —se defendió—. Es qué no sabía qué comprar. Verán —comenzó a explicarse, dirigiendo su atención a Violet que parecía más interesada en la historia que Camus, que en ese momento ponía los ojos en blanco—: Cuando llegué a la juguetería vi que había juegos didácticos y juegos para divertirse. Pensé, que lo mejor sería un juego didáctico; teniendo en cuenta que Dean tiene un padre muy estricto y, además, es bueno que desde ya aprenda sobre sus habilidades motoras y todas esas cosas. Así que le iba a comprar un juego didáctico —esta vez sus ojos se fijaron en Acuario quien esperaba el desenlace de esa historia con urgencia, porque empezaba a sentir sueño—. Pero entonces después dije: 'Dean tiene derecho a divertirse, ¿no?'
Violet afirmó con entusiasmo.
—Así que, preferí comprarle algún juguete con él que pudiera pasar el rato, digo, los juguetes no tienen que ser aburridos. Y ya estaba a punto de comprar el juguete perfecto. Pero pensé en ti —se dirigió a Camus—. Y sé que en definitiva no te gustaría eso, ¿y quién soy yo para opinar sobre la educación de Dean? —continuó observando a la chica quien levantó la mano dándole la razón—. Exacto, nadie. Y me devolví por el estúpido juguete didáctico. Y… debo confesar que no soy bueno tomando decisiones, a decir verdad, me toma tiempo y esfuerzo decidirme por algo, así que, para no perder más el tiempo, opté por traer ambos tipos de juguetes.
Camus tomó una gran bocanada de aire antes de atreverse hablar, en realidad Shaka cuando se lo proponía podía llegar a ser muy irritante, lo que lo hacía un hombre muy extraño y perturbador, teniendo en cuenta que por lo general siempre era muy elocuente, pero en momentos como ese, a Virgo, simplemente, se le olvidaba lo que era ser un ser superior, y se convertía como todos, en un mortal normal, lleno de defectos y sentimientos muy humanos.
—Eso explica —dijo Camus intentando darle forma a sus palabras—. Eso explica, dos juguetes, ¿qué hay de los otros ocho?
Shaka observó a su compañero con un poco de desdén, ¿por qué hacía esa pregunta? ¿Acaso él no había sido lo suficientemente claro? ¿Camus no prestó atención ni a una sola de sus palabras? Virgo no se veía muy contento.
—¿Qué no acabo de explicarlo? —indagó, su voz sonaba desilusionada, como la de un niño pequeño que cuenta la más maravillosa historia para que al final le digan que no entendieron nada—. Creo que fui muy claro.
—Tiene razón —se interpuso Violet—. Shaka se explicó correctamente. Él acaba de mencionar que compró un regalo de cada uno, porque no estaba seguro de que traer.
—Gracias. —Hizo ver el rubio. Por su parte Camus prefirió quedarse callado—. ¿Dónde puedo dejar esto?
—En aquella mesa —contestó el francés, en lo que su loco amigo se dirigía dejar los regalos donde le indicaban—. Esto es una pesadilla —expuso mirando hacia la entrada donde los ojos de Violet también se posaron—. Muchachos —Llamó a los recién llegados: Mu y Saga—. Era un solo regalo por persona, uno solo. Es más, ustedes como pareja pudieron traer uno entre los dos y ya.
—Pero… —Mu observó las cuatro cajas que llevaba en sus brazos—. Es que no sabíamos qué comprarle al niño.
—Además —continuó Saga que a diferencia de Mu llevaba cinco regalos—, Dean se merece lo mejor. —Finalizó caminando en compañía del lemuriano hasta la mesa donde minutos antes estaba Shaka.
—Necesitaré una mesa más grande —le dijo Camus a Violet la cual sonrió divertida para luego señalarle al francés un nuevo invitado que como los demás, no se limitó a un solo regalo—. Necesitaré un templo más grande.
Desde luego, ningún tío de Dean se tomó la molestia de llegar con un único obsequio, Aioros fue quien llevó la menor cantidad, exactamente dos, pero estos ocupaban la mitad del espacio en el templo debido a que eran impresionantemente enormes. Ana María llegó luego de que un gran número de invitados ya estuvieran en el recinto de Acuario, caminó modestamente con su caja y la dejó en un pequeño rincón que encontró junto a los demás presentes.
—Hola, gracias por venir —la saludó Camus.
—Dean, es un niño muy afortunado. —Analizó viendo la mesa—. Tiene unos tíos muy generosos.
—Son unos desquiciados. En realidad, es que mis hermanos no están bien de la cabeza, somos una familia bastante disfuncional.
—¿Y qué familia no lo es?
—Tienes razón. Me alegra mucho que hayas tenido tiempo en tu ocupada agenda para venir hoy.
—A decir verdad —Ana María dio un rápido vistazo—. Todos mis pacientes, están descansado hoy, y los más pequeños están aquí presentes.
Camus sonrió ante la aclaración, para luego observar la entrada del templo.
—Oh, permíteme un momento. —Pidió para caminar hacia donde Isaac lo esperaba—. Qué bueno que viniste.
—No me lo hubiera perdido maestro —saludó el joven—. ¿Dónde está el pequeño?
Camus dio un rápido vistazo, desde que empezaron a llegar los invitados, Dean pasaba de brazo en brazo.
—Está con Aldebarán y Linda —contestó en lo que el otro lo seguía con la mirada.
—Yo diría que hermosa —acotó el chico observando a la rubia.
—Su nombre es Linda. —Aclaró el francés—. Y está casada con Aldebarán —Ante las últimas palabras, Isaac guardó la compostura.
—Que afortunado es… su compañero. Es una mujer muy bella. —Isaac parecía verse muy serio hasta que sus ojos se fijaron en otra persona—. ¡No puedo creerlo hay dos! ¡Dos! —Y perdió toda la compostura que le quedaba.
—Ella es Lina, y… está con Dohko de Libra.
—Oh, sí, sí. Entiendo.
—Hablando de chicas lindas. ¿No venías con tu novia?
—Oh, no pudo venir —explicó el joven mirando hacia la puerta—. Entonces vine con otra persona, si no le molesta —continuó para llamar a alguien con el brazo en el cual Camus no había reparado—. Él es Sorrento —presentó cuando el general los alcanzó.
—Sí, sé quien es. Bienvenido.
—Espero no ser una molestia. —Indicó Sirena—. Traje algo para su bebé, no es mucho, pero creo que le gustará.
—Muchas gracias. Muchas gracias. Sigan, por favor.
…..
—¿Oigan quieren gomitas? —preguntó Violet a Saga y Mu los cuales conversaban en un rincón del templo.
—Claro —aceptó rápidamente Aries llevándose un par de dulces a la boca, ignorando el hecho de que aquellas golosinas estaban húmedas—. ¿Pero qué tiene esto? —preguntó con la boca entreabierta intentando no escupir las gomas.
—Vodka —contestó la chica.
—Yo quiero. —Saga tomó las pinzas para atrapar un gran número de gomas—. Están… buenas.
—Sí, y eso que las puse esta mañana en Vodka.
—¿Por qué las gomas tienen vodka? —Quiso saber Mu que como pudo tragó los dulces—. Es una fiesta infantil.
—Dime querido: ¿Cuántos niños ves en esta fiesta? —Violet indagó con malicia en lo que los santos miraban por todo el templo—. Exacto.
—A mí me gustan tus gomas, niña —expuso Saga—. Quiero más.
—Claro. Iré a ofrecer mis gomas felices a los demás —dijo la chica dando un par de pasos, para luego volver—. Por cierto, Mu, la gelatina también tiene vodka, para que no te quejes después.
—Pero… —Mu no logró protestar, Violet ya estaba ofreciendo las gomas a un nuevo grupo.
—Tenemos que encontrar esa gelatina. —Apuntó el gemelo, para luego cambiar su semblante divertido a uno de completa seriedad.
—¿Qué pasa? —inquirió Mu.
—Tu amigo —señaló géminis. Sorrento caminaba socarronamente hasta ellos.
—Hola chicos, gusto en verlos.
—Hola, Sorrento. —Mu intentó disimular el mal ambiente—. No me malentiendas, pero ¿qué haces acá?
—Ah, Isaac me invitó. Espero no ser una molestia.
—Claro que no eres una molestia.
—No, desde luego que no. —La voz de Saga sonó contundente pero sarcástica—. Bienvenido. —Finalizó alejándose de la pareja.
—Oye.
—Parece que no le simpatizo —apuntó el general. Mu por su lado, prefirió ir tras su compañero.
—Hablamos luego.
….
—Kanon, mira, mira. —Saga llegó en un par de zancadas con su gemelo—. Ese imbécil está aquí.
—Oye, sí. ¿Qué querrá?
—No lo sé, pero quiero asesinarlo.
—Ay, no Saga, yo me encargo. —Sostuvo caminando hasta donde su novia en compañía de sus amigas se encontraba—. Amor, mira —señaló al general—, ese es Sorrento, y mi hermano quiere matarlo.
—Oh, eso no sería bueno. Para nada —comentó la chica.
—Por eso necesitamos que Sorrento se mantenga lejos de Mu, en lo posible.
—De acuerdo.
—Por favor no le digas a nadie. —Pero aquellas palabras se las llevó el viento.
—Oigan chicas, miren que el de allá —explicó Ivonne a Marín, Shaina y Naomi, mientras Kanon se llevaba las manos a la cabeza— es Sorrento, y quiere con Mu. Saga está muy molesto con eso.
—No será más bien un malentendido —concilió Águila.
—Para nada. —Tomó la palabra Antlia—. Miren como observa a Mu, ese general se quiere devorar al borreguito.
Naomi tenía razón, pese a que ahora Saga y Mu estaban hablando al otro lado de la habitación, el general marino de Poseidón insistía en mantener sus ojos muy fijos en Aries, no había disimulo en su mirada, ni siquiera se percibía un poco de vergüenza en su rostro. Sorrento estaba siendo irritantemente descarado.
—Es un imbécil —soltó la japonesa—. Matémoslo y que parezca un accidente.
—No vamos a matar a nadie. —Kanon no imaginó ser prudente—. Solo necesitamos que Sorrento se mantenga alejado de Mu. ¿De acuerdo?
Para fortuna de Saga, Mu estuvo todo el tiempo a su lado y las pocas veces que Sorrento quiso llegar con el lemuriano, alguna astuta chica lo interceptaba para charlar un rato, la que lo hizo sufrir un buen momento fue Marín, que claro, como madre orgullosa insistió en que el general conociera a su pequeño, y que desde luego cargara al niño y como no, que se sentara a escuchar todas las anécdotas de las maravillosas cosas que hacía el bebé, pese a sus escasos días de vida.
Sorrento e Isaac fueron los primeros en abandonar el lugar, Sirena no estaba dispuesto a escuchar nada más de niños, ni a un baile más, porque hasta la recreacionista que contrataron parecía parte del juego ideado por Kanon e Ivonne, pese a la cantidad de personas que estaban en el templo de Acuario, parecía que solo él estuviera siempre en el campo de visión de la bella animadora, que sin más lo llamaba en cada momento a hacer cualquier actividad.
Karina, no era parte del complot, simplemente, a la joven, el general se le hizo muy apuesto y ella quería tenerlo cerca. Mala suerte para Sorrento.
Finalmente, la fiesta fue llegando a su fin. Algunos salieron muy contentos del onceavo templo debido a la gelatina y gomitas felices que repartió Violet, otros ayudaron a recoger un poco el desorden para luego marcharse casi a hurtadillas, donde al final, Milo, Shaina, Camus y Violet fueron los últimos que quedaron.
—Dean está rendido —comentó Acuario con su pequeño dormido sobre su pecho.
—Disfrutó la fiesta más de lo que imaginé —expuso Violet, recordando lo mucho que el niño rio, caminó y muy a su modo bailó.
—Lo dejaré en su cuna. ¿Me ayudan a recoger el desorden?
Los otros tres se pusieron manos a la obra en lo que Camus acomodaba a su hijo en su cama, para luego unirse al grupo y terminar en el menor tiempo posible. Después de una hora, el templo de Acuario ya había recuperado su aspecto impecable de siempre.
—Muchas gracias, chicos —dijo Camus cerrando una bolsa de basura.
—No hay de qué. —Milo tomó a Shaina de la mano para marcharse—. Gracias por la fiesta.
—A ustedes gracias por venir.
—Llevaré esto a la cocina —indicó Violet tomando las charolas, mientras los otros se retiraban del lugar—. Ya está todo limpio —acotó ella cuando vio a Camus ingresar a la habitación.
—Muchas gracias, por tu apoyo —le dijo a la joven, mientras ella se secaba las manos—. Aunque contaminaste las gomitas y la gelatina. Lo demás, estuvo bien.
—No contaminé nada. Solo le di algo de sabor. Nadie se quejó, aun así, quedaron unas pocas.
Camus observó el recipiente de gomitas de sabores, las cuales había tomado un tamaño más grande del normal, debido a la cantidad de vodka que absorbieron.
—Tienes un problema con la bebida, niña.
—Claro que no, solo con el vodka —bromeó dándole la espalda el santo quien se llevó un par de gomas a la boca—. Hay algo que tengo que decirte. —Camus la miró distraído—. Por favor no te molestes.
—¿Qué hiciste? ¡No me digas que le diste de esas gomas a mi hijo!
—Claro que no —se excusó caminando hasta la puerta para recargarse en el marco—. Es sobre algo que vi hoy.
—Yo también noté lo de Sorrento y Mu —indicó tomando asiento en el comedor—. Pensé que, en cualquier momento, Saga le caería encima y echaría toda la fiesta a perder.
—No es eso. —Violet empezaba a impacientarse, la culpa era suya por darle tantas vueltas al asunto—. En realidad. Es otra cosa —continuó sentándose enfrente del santo—. Es sobre Ana María. —Camus pareció indiferente—. Me di cuenta de que te gusta mucho.
—No es cierto. Me simpatiza —explicó intentando no perder el rumbo, su tono se percibía algo incómodo—. Es la doctora de mi hijo, me parece una mujer fuerte y hermosa, pero nada más.
—¡Por favor, Camus! —Violet no se dio cuenta en que momento alzó la voz—. Es claro que te gusta. Te gusta mucho. ¿Por qué lo niegas? Hasta donde yo sé, ella está soltera.
—¿Cómo sabes eso?
—Porque se lo pregunté —contestó con obviedad—. Creo que tú no le eres indiferente.
—Me parece que ya es hora de que te vayas —pidió levantándose de lugar para mostrarle a la chica la salida.
—¿Cuál es el problema, Camus? ¿Por qué no puedes estar con ella? ¿Qué te lo impide? —Pero el santo no contestó—. ¿A qué le tienes miedo?
—Violet, siento que te estás metiendo en algo que no te interesa.
—Sí me interesa —dijo con voz ausente, Acuario dejó de insistir en sacarla—. Eres mi amigo —susurró—. Seguramente el único amigo que he tenido en mucho tiempo. Me interesa.
—Eres perturbadoramente extraña.
—¿Por qué no puedes estar con Ana María? ¿Qué te lo impide? —preguntó mirándolo directamente a los ojos.
—No estoy con Ana María, porque no hay nada entre ella y yo. ¿De acuerdo?
—Eres un cobarde —expuso saliendo de la cocina para irse del templo—. Muy cobarde.
—¿En qué te basas para decirme eso? —Desde luego, Camus marchó tras ella.
—Tienes tanto miedo de poder amar a alguien —enfrentó—, que sientes, que al igual que Alexandra, la vas a perder, por eso te niegas a ser sincero con tus sentimientos.
—Tú no sabes nada de mí.
—Puede que no sepa muchas cosas de ti, porque te empeñas en esconderte detrás de una barrera de insensibilidad, pero por más que te esfuerces, Camus de Acuario, eres un mortal como todos los demás, llenó de sentimientos y dudas, que tiene miedo de volverse a enamorar.
—No —señaló para luego suspirar profundamente—. No es lo que te imaginas. No tengo tiempo para amores —continuó caminando por el lugar buscando las palabras adecuadas para hacerse entender—. En mi vida hay cosas más importantes, mi energía está enfocada en mis entrenamientos y desde luego en Dean. Lo demás no importa.
—¿Por qué? —Violet le observó con duda—. Oye… voy a decirte algo, pero si lo repites o le cuentas a alguien, te asesinaré. —Acuarios sonrió divertido—. Eres un hombre maravilloso. Un hombre que realmente vale la pena y merece ser feliz, y que mejor que con la dulce y sexy doctora, Ana María.
—Oye —acotó tomándola por los brazos—, sé que intentas animarme, o alguna cosa loca, en realidad no logro entenderte. Pero no intentes jugar a Cupido, ya te dije que tengo mis prioridades y… puede que me gusté Ana María, pero… no es el momento. No espero que lo entiendas.
—Lo entiendo. Perdón por molestarte. Lamento sí fui imprudente.
—Sí lo fuiste, pero te perdono. Ahora, quieres ser tan gentil de volver a ser la maldita loca de siempre, esta faceta de ti está logrando asustarme.
—¡Vete al diablo!
—Ahí está, esa es la Violet que me simpatiza.
Templo Principal
Un par de días después las cosas en el Santuario seguían como de costumbre, Shaina caminaba escaleras abajo después de llevar un informe al Patriarca, marchaba sin afán descendiendo con tranquilidad para luego fijar sus ojos esmeraldas en la espalda de Camus quien cargaba a Dean entre sus brazos.
—¿Hay algún problema? —le preguntó al santo notando que, a esa hora, él debería estar en el campo de entrenamiento.
—Sí —contestó con voz cansada—. Tessa no se siente bien, y no tengo con quien dejar al niño.
—Yo lo cuido —ofreció estirando los brazos hacia el más pequeño.
—¿Segura?
—Sí.
—¿No tienes algún compromiso?
—De hecho, me quedé de ver con Milo ahora, pero él entenderá.
—No quisiera…
—Yo lo cuido —volvió a levantar los brazos para tomar al niño, esta vez el santo cedió—. Estaré en tu templo. Dile a Milo que, si me quiere ver, ahí estaré.
—Por favor no forniquen en mi templo.
—Claro que no.
Templo de Acuario
Convencer a Camus no fue tan difícil, finalmente, el dorado marchó a su hora de entrenamiento en lo que la Cobra se hacía cargo del pequeño y fue cuestión de tiempo para que Milo se le uniera después. El día pasó con mucha tranquilidad, la pareja hizo un buen trabajo custodiando a Dean el cual, a esa hora, dormitaba en su habitación.
—¿Ves que cuidar de un niño no es tan difícil? —expuso Milo sentado en la sala al lado de la italiana.
Shaina no contestó, recargando su cabeza en el hombro de su compañero se mantuvo en silencio rogando que Milo guardara, por un escaso segundo, silencio, era todo lo que necesitaba. Silencio. Aquel silencio, él parecía no comprenderlo.
—Hola chicos —Camus entró en el lugar con la ropa empolvada.
—¿Estuvo duro el entrenamiento? —inquirió mojigato Milo.
—Le estaba enseñando una nueva técnica a Hyoga, todo se salió de control. ¿Cómo les fue con Dean?
—Bien —contestó la chica poniéndose de pie—. Estuvo muy tranquilo. Lloró un poco por sus dientes. Así que le di antibiótico.
—Solo un poco, ¿cierto?
—Sí, Camus, solo un poco. Seguí tus indicaciones al pie de la letra. No te preocupes. —Shaina sonrió enternecida.
—Gracias, iré a verlo —expuso dándose la vuelta.
—Bueno amor —le dijo la Cobra a Milo—. Tengo que ir a entrenar. Nos hablamos luego.
—Pensé que iríamos a almorzar.
—Hoy no…
—¡Dean no está en su cuarto! —Camus se veía más pálido de costumbre.
—¿Cómo que Dean no está en su cuarto? —Shaina corrió hacia la habitación del nene.
—Pues no está —resopló Acuario caminando tras ella seguido de Milo.
—Pero yo lo dejé en su cuna —dijo la chica.
—No está.
Los tres se quedaron parados en el umbral de una habitación completamente vacía.
—¿Dónde está el niño? —Shaina se llevó las manos a la cara—. Yo lo dejé dormido en su cuna.
—Tranquila. —Camus no quería parecer preocupado—. Olvidé decirte que Dean, suele escaparse de su cuna.
—Esa información me hubiera servido antes.
—¿Cómo hace para escaparse? —Milo parecía más interesado en la hazaña de su sobrino que en su repentina desaparición.
—Tira esa almohada al suelo y luego se trepa por la baranda, para caer sobre ella. Ese no es el punto Milo. Mi bebé no está.
—No pudo haber ido muy lejos. Debe estar en el templo —intentó suavizar Milo—. Vamos a buscarlo.
Tres pares de ojos se clavaron en cada rincón del onceavo templo, sin embargo, Dean no estaba por ninguna parte, Camus se repetía que no había forma de que el pequeño hubiera salido de la casa, los dormitorios se encontraban en el segundo piso, dando todo el espacio de la primera planta para las batallas si se llegase presentar alguna. Desde luego, en el mismo momento que Dean aprendió a caminar, lo primero que hizo Camus de Acuario, fue poner una reja en las escaleras, para evitar que el niño se deslizara por ellas. Y mientras esa reja estuviera cerrada, no había la mínima posibilidad de que el niño marchara más lejos.
—¡Maldita sea! —fueron exactamente sus palabras al notar que la reja de las escaleras estaba completamente abierta. ¿Quién había sido el idiota? Él no lo sabía, hasta donde recordaba cuando llegó de su entrenamiento, lo primero que hizo, como siempre, fue cerrar la bendita reja. Entonces, ¿quién fue el idiota?
—Abajo no está. —Milo subía las escaleras apresurado. He ahí al idiota—. Tal vez salió del templo.
—Milo, ¿Cuánto tiempo llevas abajo?
—Le di toda la vuelta al templo. —Camus cerró los puños conteniendo la furia—. Pero no lo encontré.
—¡Dejaste la reja abierta, imbécil! —No quiso gritar, pero así fue—. Dean pudo bajar por esas escaleras mientras lo buscabas. Por la diosa, pudo hacerse daño.
—De haberse hecho daño, estaría ahí tirado en el suelo —hizo ver el griego, de no haber sido porque en ese momento Shaina se les unió debido al grito de Camus, el francés habría asesinado a su compañero.
—¿Creen que salió del templo? —Ella intentaba mantener la calma, siendo consciente que estaba hecha un manojo de nervios.
—De acuerdo —Camus respiró profundo, si alguien no mantenía la calma, no encontrarían al niño—. Todo el Santuario tiene que ayudarme a buscarlo. Tú —señaló a la Cobra— lo buscarás en los templos de arriba y le comunicarás al patriarca. Nosotros dos, lo buscaremos en los templos de abajo. ¿De acuerdo?
—De acuerdo —contestaron los otros dos en unísono.
Rápidamente, la noticia de la desaparición de Dean se extendió por todo el Santuario, por lo tanto, cada miembro del lugar buscaba con brío en cada rincón al pequeño y futuro sucesor de la armadura de Escorpio. Muchas manos participaban en la búsqueda, los de mayor rango se organizaron por equipos abarcando tanto terreno como podían, pero por más que escudriñaban no hallaban rastro del niño.
—¿Crees que alguien lo haya secuestrado? —preguntó Saori a Shion, ambos igual de preocupados—. ¿Cómo es posible que no aparezca? Apenas tiene un año, ¿qué tanto pudo haber avanzado? Ni siquiera ha desarrollado su cosmos como para suponer que puede moverse…
—Señorita, tranquila —pido el lemuriano viendo a la chica caminar de lado a lado, ambos estaban a la entrada del templo del carnero—. Todo estará bien.
—¿Cómo puedes estar tan tranquilo? —suspiró viendo hacia los campos donde una sonriente Violet se acercaba—. ¿Y si fue ella?
La de Cetus no sabía lo que estaba pasando en las grandes tierras de la diosa Athena, por lo que al llegar no imaginó tener a un grupo de cuatro santos: dos de bronce y dos dorados, alrededor suyo reclamándole por el bebé.
—¿Dónde lo tienes? —preguntó con agresividad Ángelo—. Habla niña, si en algo valoras tu vida.
—No nos hagas enojar —siguió Shura—. No nos importa que seas una mujer, usaremos la fuerza de ser necesario, pero no te saldrás con la tuya.
—¿De qué hablan? —Quiso saber la chica bastante confundida.
—Si piensas llevarte a mis sobrinos también, te asesinaré.
—¿Qué te pasa Seiya? —protestó el Cisne—. ¿Acaso no te importa Dean?
—Claro, que me importa.
—¿Qué le pasó a Dean? —Violet se angustió ante la nada clara conversación—. Díganme, ¿Qué le pasó a Dean?
—Dinos tú, ¿qué hiciste con él? —interrogó Cáncer, para Violet quien realmente no lo conocía, el santo se vio amenazante—. ¿Dónde lo tienes?
—Yo no lo tengo.
—Ay, ¿a quién intentas engañar, mocosa? —Shura levantó su brazo derecho, en lo que un haz de luz brillaba entre sus dedos como si de una espada se tratara—. En este momento eres la única sospechosa.
—¿Dónde está Camus? —la chica prefirió ignorar las amenazas.
—Mira, niña…
—Esperen un momento —interrumpió oportunamente Shion colocándose en el medio de sus santos y el espectro—. Están siendo muy precipitados con todo esto. Atacar a Violet así, no solucionará nada.
—Pero maestro —protestó Shura—. Ella tiene al niño.
—Claro que no. —Cetus empezaba a molestarse y sin importarle las miradas asesinas de los cuatro santos que tenía enfrente caminó a grandes zancadas hacia los templos.
—¿A dónde crees que vas niña? —interrogó Ángelo siendo detenido por Shion.
—Voy a buscar a Camus, es el único con el que me interesa hablar en este momento.
—¿Para qué? —Quiso saber Hyoga—. ¿Para pedir un rescate?
—¿Qué?
—¡Cierren la boca! —intercedió Shion—. Yo te llevo con Camus —ofreció dirigiendo a la chica hasta el templo del aguador.
Templo de Acuario
—Esto no puede estar pasando —expuso Camus, era la décima vez que revisaba su casa, Shion, por alguna extraña razón, no lo dejaba salir de esa zona—. Debería estar buscando a mi hijo en otro lugar, es claro que aquí no está —le dijo a Milo y Shaina quien eran su única compañía.
—Shion, simplemente, necesita que estés tranquilo —explicó Escorpio—. Buscar precipitadamente por todo el Santuario no te hará ningún bien.
—¿Quieres cerrar la boca? —Camus se veía muy molesto—. Nada de esto estuviera pasando, si ustedes par de idiotas e incompetentes no hubieran perdido a mi hijo.
Aquellas palabras fueron el límite de la fuerza que le quedaba a Shaina de Ofiucos, quien al escucharlas tan amargamente no pudo evitar echarse a llorar, se sentía tan culpable con todo aquello que oír al Santo de Acuario hablar con tanta ira, terminó quebrando su corazón y por un momento olvidó que ella era una guerrera y le dio paso a la mujer dejando caer sus lágrimas con intensidad.
—Lo lamento mucho —sollozó—. No era mi intención que el niño se perdiera.
Camus estaba molesto y realmente preocupado, pero al ver a la italiana tan irreparablemente vulnerable, notó que había hablado de más, y que, si alguien se sentía muy culpable en ese momento, era ella y nadie más. Pero ahí no había ningún culpable. Ninguno, por lo que prefirió abrazarla ante el desconcierto de su compañero.
—Soy yo el que lo lamenta. Tú no tienes la culpa de nada, ya verás como Dean aparecerá en cualquier momento.
—¡Camus! —bramó Violet al verlo, el aguador dejó su compostura para encarar a la chica—. ¿Qué pasó?
—¿Tú lo tienes? —dijo amenazante en lo que Shion tras Violet levantaba la mano para detener al aguador—. ¿Dónde está?
—Claro que no lo tengo, jamás le haría daño a Dean. Me crees, ¿cierto? —Pero Camus no contestó, sus ojos se clavaron hacia otro punto—. ¿Dónde vieron a Dean por última vez?
—En su habitación —explicó Shaina un poco más tranquila—. Yo lo dejé —no obstante, el llanto volvió a aparecer—. Yo lo dejé en su habitación… y…
—Tranquila —pidió Violet y ahora fue ella quien la abrazó antes de que Milo pudiera hacer algo para consolar a su chica—. ¿Buscaron en la habitación?
—¡Claro que buscamos en la habitación, Violet!
—No es necesario gritar, Camus —Llamó la atención Shion.
—¿Seguro? —Si el francés no le saltó encima a Violet es porque aún tenía algo de cordura—. ¿Buscaste bajo la cuna y dentro de los muebles?
—¿Qué te pasa?
—Escúchala —pidió el Patriarca viendo marchar a Cetus dentro del templo hasta el segundo piso.
—¿A dónde vas?
—Vamos, Camus. —Shion tuvo que arrastrar prácticamente a Acuario.
—¿Ves? Aquí no hay nada —dijo derrotado el francés.
—Él no pudo ir tan lejos —comentó la chica para sí misma mientras se agachaba para mirar bajo la cuna—. Debe estar cerca —continuó abriendo los cajones de la cómoda, hasta que sus ojos de diferente color se posaron en un enorme baúl—. ¿Y eso? No lo había visto antes.
Camus tomó una gran bocanada de aire para contestar:
—Lo compré hace poco para guardar todos los juguetes que los desquiciados tíos de Dean le regalaron.
Violet, sin embargo, no prestó mayor atención a las palabras del santo y con ligereza levantó la tapa del baúl.
—Oye, Camus, tienes un nuevo juguete —dijo divertida.
—Suficiente —acotó Acuario con un movimiento de manos—. Debo encontrar a mi bebé, aquí estoy perdiendo el tiempo.
—Por favor, amargadito, ven y miras tu nuevo juguete.
—¡Violet no estoy para juegos!
No obstante, Shion comprendió todo.
—¿Por qué no miras lo que ella te quiere enseñar?
El aguador frunció furioso y con paso firme caminó hasta el baúl, solo para encontrarse con un dulce y pequeño Dean, completamente dormido en el interior de este.
—¡Por todos los dioses! —El semblante de Camus cambió considerablemente, acto seguido tomó a su hijo entre brazos—. Con que aquí estabas —expuso, en lo que el niño lo miraba soñoliento—. ¿Cómo sabías que estaba ahí? —le preguntó a Violet mientras abrazaba al niño.
—Le diré a todos que ya apareció el bebé. —Shion salió de la habitación con una gran sonrisa.
—Los niños suelen esconderse. —Fue todo lo que contestó la chica, pocos minutos después, Milo y Shaina llegaron apresurados a mirar a Dean—. Estuvo aquí todo el tiempo.
—Gracias a la diosa —musitó la Cobra—. Dean nos diste un gran susto.
—Ya, fue una gran aventura —dijo Camus.
Y poco a poco el Santuario recuperó su calma, luego de que cada uno viera con sus propios ojos que el pequeño Dean, estaba sano y salvo.
—Lamento mucho haberte agredido, niña gótica —dijo Ángelo a Violet, mientras se dirigía a la salida.
—Yo también, lo lamento. —Shura se acercó a pedir disculpas—. No fue apropiado.
—No se preocupen —dijo Violet, sin darle mucha trascendencia—. Estaban angustiados por el niño, de seguro yo hubiera actuado igual.
Los otros dos sonrieron despreocupados, luego de un par de palabras cada uno marchó a su lugar, para continuar con las actividades rutinarias del Santuario.
Templo de Escorpio
Shaina respiró aliviada cuando por fin aceptó que todo había sido una mala racha, aún no podía creer lo que pasó y aunque sus lágrimas ya no estaban presentes el temblor de su cuerpo no había desaparecido por completo.
—Ya está todo bien, linda —dijo Milo comprendiendo su angustia.
—Cariño, no sabes lo mucho que me asuste con todo esto. ¿Ves por qué no sería una buena madre?
—No digas esas cosas —consoló abrazándola—. Dean, está bien. Somos malos rastreando personas, es todo. Además, Camus pierde a Dean a menudo —bromeó, sin embargo, eso no hizo reír a la cobra.
—¿Te imaginas todo lo que hubiera pasado? —preguntó alejándose del abrazo—. ¿Y si algo malo le hubiera pasado al niño? ¿Y si…? Cielos, Milo. ¿Te imaginas dónde alguno hubiera atacado a Violet? Estaríamos enfrentándonos a una nueva guerra santa y seguiríamos sin tener noticias de Dean. ¿Cómo pude ser tan estúpida?
—No es tu culpa.
—Sí es mi culpa, Milo, no soy buena con las personas. No hice un buen trabajo conmigo, no hice un buen trabajo con Cassios y, en definitiva, no hice un buen trabajo con Dean hoy… yo, simplemente, lo echo todo a perder.
—Estás siendo muy cruel contigo misma —Milo llegó con la Cobra para abrazarla nuevamente, esta vez con fuerza para que ella no escapara—. ¿Cómo ibas a saber que Dean se escondería en el baúl de los juguetes? No sabías tampoco que él se escapaba de su cuna. No puedes crucificarte por algo que realmente no pasó a mayores. Todos estamos bien.
—Milo —habló con voz pausada—. ¿Te das cuenta de que yo no estoy preparada para ser madre?
Y finalmente, Escorpio entendió cuál era la verdadera angustia de la Cobra, y es que él, no había dejado el capricho de ser papá ni un segundo y cada que podía traía a colación, el hecho de que ellos dos pudieran tener un hijo. Tal vez, él estaba preparado, pero ella no.
—Te entiendo —la voz de Milo era dulce—. Sé que he sido un pesado, no sabía lo mucho que esto te afectaba. Te esperaré hasta que estés lista. No tengo afán.
—Milo —susurró—. ¿Y si nunca llego a estar lista?
—Entonces seré el mejor de los tíos. No tienes nada de que preocuparte.
Shaina sonrió tranquilamente, perdiéndose en ese maravilloso abrazo.
Templo de Acuario
—Gracias por todo Violet —dijo Camus luego de dejar al bebé en el cuarto.
—Deberías poner una cámara en la habitación de Dean, así sabrás a donde se esconde.
—Es una excelente idea. Mañana mismo la instalo. ¿Cómo sabías donde encontrarlo?
—Antes de despertar como espectro —explicó con voz pausada—, trabajaba como niñera, y había un par de pequeños, adorables, que se escondían en cada lugar en donde pudieran meterse. El primer día, me llevé un susto de muerte, resulta que estaban escondidos en el closet.
—Nunca te lo había preguntado, pero ¿Cómo era tu vida antes… de ser espectro?
—No muy buena, Camus —respondió sin mucha importancia—. Crecí en un orfanato, me escapé a los 12 años, anduve durante mucho tiempo en la calle, enfrentándome a hombres que ofrecían ayudarme a cambio de mi compañía. Nunca fui buena para ser la puta de nadie, así que vivía huyendo. Finalmente, me abrí camino, aprendí a sobrevivir sin ninguna ayuda. Y luego empecé a trabajar como niñera. Y bueno, a los padres les simpatizaba, no temían en dejar a sus hijos conmigo, lo cual era perfecto… Siempre me han gustado los niños, por lo que me pareció el mejor de los trabajos. No era mucho lo que ganaba, pero por lo menos no tenía que quitarme la ropa delante de ningún pervertido.
—Ahora entiendo una buena parte de tu maniática forma de ser, has sido muy valiente.
—Ay, cierra la boca. No te preocupes, Camus, ahora estoy muy bien, ser un espectro tiene sus ventajas. El señor Hades, nos procura una buena vida.
—Me alegra mucho escuchar eso.
Tiempo Después – Grecia
Se dice que los nacidos bajo el signo de Virgo, son personas muy pacientes, bueno, Saori no estaba haciendo honor a su signo y aunque Shion, ya se había hecho a la idea de que tomaría tiempo la llegada del cuarto guardián, Saori no veía la hora de poder salir de todo eso cuanto antes. El Patriarca no podía culparla, mal o bien, la diosa tenía tantas cosas de que encargarse que era lógico que toda su paciencia se hubiera desvanecido con el viento, además, que aún era una mujer muy joven, por lo que la sensatez, no era parte de su gracia.
Otro que estaba demostrando no ser muy paciente era Shun, quien ese momento esperaba ansioso la llegada de Naomi al restaurante que le tomó seis meses para conseguir una reservación. La chica no aparecía, y el pobre muchacho estaba a punto de un colapso nervioso.
—Lo siento mucho —dijo la pelirroja llegando afanada, Shun olvidó todo al verla vestida con un hermoso vestido turquesa y como siempre tan bella—. Se me hizo tarde, tuve algunos problemas para salir del Santuario, pero aquí estoy. —Tomó asiento delante del chico.
—Llegas apenas. —Shun, jamás se molestaría con ella—. Te ves hermosa.
—Gracias, tuviste que haberte esforzado mucho para conseguir una reservación.
—Fueron seis meses de completa insistencia, pero logré que me dieran la reservación, especialmente para este día —acotó subiendo las cejas.
—¿Y qué tiene de especial este día? —Naomi observó por un momento al chico para luego respirar angustiada—. No me digas que es nuestro aniversario. Amor, lo siento mucho, no soy buena con las fechas.
—No es nuestro aniversario —tranquilizó Shun con voz serena, en lo que Antlia suspiraba aliviada.
—Tienes razón, nuestro aniversario es el mismo día que el de Aldebarán y Linda. Y ellos aún no hacen nada como celebración. ¿Entonces que tiene de especial este día?
—Bueno —Shun se pasó las manos por su alborotada cabellera—. Hace un año, tú y yo… ya sabes.
—Llevas un año conmigo y aún te da pena hablar. Espera un momento —Naomi tomó la mano de Shun quien sonrió sonrojado—. Nosotros hace un año hicimos travesuras con unas tarjetas.
—Así es.
—No puedo creer que haya pasado tanto tiempo.
—Este día es muy importante para mí, porque fue cuando tuve la oportunidad de acercarme a ti. Y… me enamoré de ti. No me enamoré de ti ese día, pero si fue la puerta que se abrió para amarte tanto como te amo en este momento.
—Muchas gracias, yo también te amo, me tomo tiempo, pero me terminé enamorando de ti —dijo ella con calidez—. Que te parece si cenamos, vamos por un trago y luego, nos perdemos en el calor de la habitación de un hotel.
—Perfecto.
La cena transcurrió tranquilamente, ambos disfrutaron de la compañía del otro, charlando de varias cosas que surgían en medio de la conversación, como siempre, nunca terminaban hablando del mismo tema con el que había iniciado. Finalmente, los platos fueron retirados y los dos saboreaban de un poco de champaña antes de seguir su camino.
—Naomi —dijo Shun esperanzado—. Como te dije, este día para mí es muy importante. El recuerdo de aquel día en esa habitación llenando tarjetas, sigue muy impreso en mi memoria. Y es por eso… —Suspiró profundo—. Por eso quiero.
—Shun —Quiso interrumpir Naomi, tanto tiempo analizando a las personas prendieron todas sus alarmas al imaginar que era lo que quería su novio—. Shun...
—Espera —pidió él, en lo que ella dejaba su copa a un lado mientras lo miraba suplicante—. Por eso quiero, pedirte que seas mi esposa.
Una enorme sortija brilló bajo la luz tenue del restaurante cuando Shun la puso sobre la mesa en su cajita de terciopelo. Andrómeda sonrió convencido de que estaba haciendo lo correcto, pero Naomi no tenía la misma impresión, y cuando su rostro se tornó incómodo y una lágrima rodó por la mejilla de la pelirroja, Shun comprendió que tal vez eso, había sido demasiado pronto.
—Lo siento —dijo con rapidez tomando la caja para volverla a guardar en el interior de su chaqueta—. Fue inesperado.
—Shun —susurró ella—. ¿Podemos irnos ya?
—Sí.
Naomi se sintió mareada y confundida, por un momento perdió el rumbo y no estaba segura si caminaba hacia el Santuario, el santo por su parte se mantenía a una distancia prudente buscando las palabras precisas para romper ese incómodo silencio que de un momento apareció entre los dos.
—¿Qué estabas pensando, Shun? —dijo finalmente ella, girándose para verlo—. ¿Por qué haces esto? Todo estaba marchando también, ¿por qué tenías que hacer eso?
—¿Hacer qué? ¿Qué hice de malo? No tienes que dar una respuesta ya, puedo esperar.
Naomi sonrió con cinismo para luego llevarse las manos a la cara y caminar hasta quedar delante de Shun.
—¿Acaso no me conoces nada? Llevamos un año juntos, ¿y no has aprendido a conocerme?
—Lo siento fui precipitado, pero esto es lo que quiero y lo quiero contigo.
—No Shun —la voz quebrada de Naomi le impidió hablar con claridad, por lo que se vio en la necesidad de respirar profundo—. Yo no quiero esto, Shun. Yo no me quiero casar, no quiero tener hijos. No quiero nada de esto. Y no creas que puedes esperar, porque simplemente esto, nunca va a cambiar.
—Pero nos amamos, eso hace la gente que se ama: Se casan.
—Sabía que esto iba a pasar, lo sabía —se dijo dándole la espalda para luego encararlo—. Te lo dije, y aun así tanto tú como yo decidimos seguir en este juego.
—¡¿Cuál juego Naomi?! ¡Aquí no hay ningún juego!
Por primera vez Antlia vio a Shun molesto. Él no quería entender.
—¿No has pensado en lo difícil que ha sido todo esto para mí? —acotó con los ojos vidriosos—. ¿No has pensado que tal vez yo no estoy preparada para una relación monógama? —Calló en lo que Shun la observaba desilusionado—. Nunca te he sido infiel, pero si he pensado en la posibilidad, porque esta relación se ha vuelto monótona, porque mientras tu amor crece, el mío se desvanece. Lo siento Shun, todo esto que haces por mí es muy lindo, pero perdiste tu tiempo malgastándolo en una persona como yo. Debiste saber que esto iba a ser así. No entiendo por qué…
—No cuestiones mi inteligencia Naomi, ni tampoco cuestiones la esperanza que tenía en todo esto.
Shun la miró entristecido, ella se veía frágil, sus hermosos ojos castaños estaban opacados por las lágrimas y pesé a que Andrómeda ya no era el mismo niño llorón del pasado, todo aquello le dolía y no podía evitar que el llanto lo cobijara a él también.
—Una parte de mí, una muy pequeña parte de mí pensó que algo así pasaría. Pero fue tan esporádica, que mi lado más optimista soñó con que tú dirías que sí. Al final fui un tonto.
—Shun, no sé en qué momento te di a entender otra cosa. No comprendo por qué hubo una parte de ti, que ingenuamente pensó que yo aceptaría esto.
El bronceado se alzó de hombros.
—Sabía que no podías ir contra la corriente y que al final de todo, llegarías a esto, Shun. Lo supe desde hace tanto tiempo y aun así… sí, esa parte optimista, me hizo creer que entenderías que el matrimonio no es importante para mí.
Naomi suspiró profundo, no quería lastimar a Shun, nunca había sido su intención involucrarse tanto para que se viera en la necesidad de romper el cálido corazón de Andrómeda, pero por más que intentó, por más que quiso amoldarse a la forma de ser del chico, por más que intentó ser una mujer como cualquier otra, su naturaleza, no la dejaba avanzar, porque, simplemente, ella no quería eso, no era su sueño, no era su prioridad y de cierta forma (juzgara quien la juzgara), la sola idea del matrimonio la asqueaba.
Solo los dioses sabían lo mucho que ella se esforzó para que las cosas con Shun funcionaran, porque lo amaba con locura, pero Naomi era consiente que al final del día, tenía que decir no y dejar de fingir ser alguien que no era.
—¡Lo siento Shun! —dijo entre lágrimas, porque todo aquello le dolía—. No soy esa mujer que quiere casarse, tener un hogar, encontrar el amor y ser feliz. Esa no es la felicidad que yo busco, y puedo parecerte estúpida, puedes compadecerte si quieres, porque estoy tan lejos de encontrar el amor, pero es que mi realización no termina al lado de un hombre, ni de un hogar, ni nada de eso.
—Somos dos personas completamente diferentes —indicó con voz ausente.
Había escuchado a Naomi, pero en realidad no prestó atención a sus palabras, analizó todo tan rápido, cuando ella dijo: que no era esa mujer. Descaradamente, Shun pensó que ella era la indicada, su equivocación le estaba pesando. Amar a Naomi dolía demasiado y había dolido desde el primer momento en que se percató que sentía algo por ella, pero el joven y siempre optimista Shun, ignoró todas las señales, su visión de un mundo mejor y su ingenuidad: la que parecía acompañarlo día tras día, le dijo: que todo estaría bien, que el amor que se tenían superaría cualquier barrera.
Cuando compró el anillo, llegó a pensar que seguramente ella se asustaría, y que se echaría para atrás, uno de los tantos escenarios, pero ese, ese que estaba viviendo en ese preciso instante no lo previó. Shun de Andrómeda, comprendió a la fuerza, que él y ella eran distintos, que un futuro para ambos era realmente imposible, casi ilusorio e irrisible.
—Lo siento. Yo también, era consiente de esta situación. —dijo, Naomi lo observó confundida—. Creo que, quise ignorarlo. Estoy tan enamorado de ti, que no tuve en cuenta los detalles, no tuve en cuenta tu fascinante forma de ser, intenté atraparte, lo acepto. Pero es verdad, Naomi. Aquí no hay nada que hacer.
Un silencio sepulcral se interpuso entre los dos, el amor no fue suficiente para mantener a flote esa relación, ambos lo sabían desde mucho tiempo atrás, y, ambos a su manera prefirieron no tomarlo en cuenta. Naomi pensó que, si no revelaba sus miedos e incomodidades en voz alta, nada malo pasaría, Shun, por su lado, imaginó que al dar el siguiente pasó fortalecería lo que en ese instante se estaba destruyendo con el pasar del tiempo. No pudieron estar más equivocados. Hubo amor de parte de los dos, demasiado, y era muy difícil revelar, realmente, cuál de los dos, amo más.
—Lo siento —dijo ella, su voz era triste, frágil y dolorosa.
—Vamos a casa —comentó él estirando la mano para empujarla suavemente por la espalda.
Ambos marcharon en completo silencio hasta llegar al Santuario, donde tomaron caminos diferentes sin mirar atrás.
Continuará.
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Esta era una de las parejas que quería romper hace tiempo y aun así lloré, no puedo creer que haya llorado con mi propia y maliciosa redacción. Pero bueno, así estaba planeado, tenía que ser y se hizo.
Sé (para los que han comentado) que se están preguntando como va la apuesta y como va esto de los dioses, bueno, ténganme un poquito de paciencia, no es fácil incluir tanto personaje y algunas situaciones están completamente planeadas que es muy difícil agregar otros elementos, me esfuerzo, pero no siempre es tan sencillo.
No coman ansias en su respectivo momento verán las cosas que están esperando.
Yue, es mi gato, no sé por qué olvidé decirlo en el anterior capítulo, y la razón por la que le puse ese nombre es porque (para los que no sabían) significa luna en chino, y es que mi Yue, es toda una lunita, una luna llena, pero luna finalmente jejeje.
Por otro lado, también me han preguntado mucho por la continuación de la Tríada Oscura, perdón, Derama ha estado un poco ocupada y no ha podido revisar el capítulo, ya está, pero hasta que no pasé por la revisión respectiva de ella, no puede salir. Ténganos un poquito de paciencia jejeje… por ahora los entretengo con este fanfic.
Bueno, muchas gracias como siempre a todos.
8D: Wow, finalmente los celos no son buenos, Saga no la está pasando bien, y bueno, es que Sorrento es muy descarado y Mu despistado, pero no significa que Saga es un celoso compulsivo, simplemente sabe que las intenciones de la Sirena esa no son buenas jajaja… y bueno, sí, Shura es un tarado, ya lo verás más adelante. *risa siniestra*… muchas gracias por tu bello comentario.
Nuevamente gracias a todos, a todos. Un abrazo enorme. Nos estamos leyendo.
